«Obsesión sexual» (Fic de Eivy)
Capítulo 36
Pov Bill
Lo sabia…. Sabía que tarde o temprano esto iba a suceder…
Todo esto esta podiendo conmigo… Las palabras tatuadas en mi piel cada vez quemaban más y más, ya no sabía como expresar a Tom como me sentía…
-Tom… Lo siento… – susurré entre quejidos al ver sus claras intenciones, me empotró en el colchón, de rodillas en el suelo mientras que con su mano me apretaba la cabeza fuertemente contra la cama, impidiéndome levantarla…
No sabia que decirle… Si ni yo mismo sabía nada…
-Traidor… – murmuró entre dientes e inmediatamente noté como me bajaba los pantalones y la ropa interior hasta las rodillas…
Hundí el rostro en el colchón.
Traidor… No, yo no soy capaz de traicionarte Tom… No soy capaz..
Agarró mis nalgas con sus manos y apretó fuerte, separándolas, dejándome totalmente expuesto.
-Por esto… Es por esto que los tíos están locos por ti ¿verdad? Pensaba que esto era solo mío Bill ¡Era mio maldita sea! ¿Has dejado que otro tío posea algo que me pertenece? ¡Contesta!
Negué frenéticamente con la cabeza.
-No.. No Tom… ¡aau!.. – noté como su miembro tieso hacia presión para entrar. – No.. Nononono ¡Tom no lo hagas así!
-¡Callate maldita sea! – volvió a agarrar mi cabeza y la empotró contra el colchón, impidiéndome enderezarme.
-Tom joder… Lubrícame… No lo hagas así… – supliqué al ver que no iba a detenerse.
-Ya no tienes derecho a pedirme eso…
-Uhm.. – me quejé, pero la profundidad de mi grito se quedó ahogada en el colchón dando lugar a un gemido ahogado. Lo hizo, así, sin más… Sin cuidado… Justo como me dijo que no volvería a hacerlo.
-¡Eres un maldito traidor Bill! – me gritó furioso mientras pegaba su pelvis completamente a mi trasero, dejándola ahí, quemándome… Desgarrando mis paredes, introduciéndose sin permiso… Aunque en realidad no se si quedará algo de mi cuerpo que ya no sea suyo…
-No Tom.. Yo… – intenté articular, intenté defenderme pero las palabras no podían salir, se me formó un nudo en la garganta en el mismo momento en el que empezó a hacérmelo, no… No lo hagas fuerte Tom joder…
-¿Para que..? ¿¡Para qué tanta palabrería!? ¡Tanto te quiero y tantas mierdas! ¿para que tanto fóllame Tom, para que tanto tatuaje…? ¿por qué? ¿por que me has hecho esto..? ¿por que lo has ni siquiera empezado para ahora traicionarme..?
Apreté los dientes y cerré los ojos con fuerza mientras mis lágrimas brotaban silenciosas, no era solo el dolor físico… Era más bien otra cosa… Otra mucho peor.
-Tom… Por favor… Ya.. No más… – articulé en grandes bocanadas, pues cada vez me hacía más daño..
Incluso la cama se chocaba contra la pared por el impulso de los empujones que yo daba con mi cuerpo al colchón, sin saber a donde agarrarme apreté las sábanas entre mis dedos con fuerza, arrugándolas en torno a mi mano… Intentando desahogar todo mi dolor.
Tom jadeaba como un loco detrás de mí, pero en ningún momento hizo otra cosa más que penetrarme con fuerza, haciéndome daño incluso al clavarme los huesos de su pelvis cuando impactaban contra mí…
-Eres una zorra Bill… Eso es lo que eres… – apreté los labios y sollocé en silencio, lo único que me faltaba era que alguien subiese y se encontrase con esto…
-Para… Para Tom… – no podía decir nada… Me dolía el pecho, me estaba ahogando.
-Yo te quiero ¿sabes? Estoy jodidamente loco por ti, por todo tu ser hermano… Me has arrastrado al precipicio contigo y ahora me dejas caer solo… No me digas que soy el único que está enfermo… No me digas que soy el único que siente esto…
Le noté flaquear y su voz se quebró. Disminuyó el ritmo hasta parar. Quedando ambos jadeantes, yo sollozaba levemente.
Le oí almacenar saliva ruidosamente y escupió una y otra vez en la zona donde empezaba mi trasero.
Pude levantar la cabeza y la giré despacio, viendo como empapaba mi entrada y se lo esparcía por su miembro, el cual había sacado.
-Bill… – susurró mi nombre mientras se encorvaba sobre mí y me daba besos en la espalda.
Hmm…- gemí suavemente al notar sus dedos introducirse despacio, esparciendo la humedad por mi interior, aliviando ese rasposo dolor, acariciándome dulcemente.
Su otra mano se deslizó hasta mi pene, masturbándome con cuidado, sin dejar de besar mi espalda.
Me enderecé y alcé una mano agarrando su nuca para atraerle hasta mi boca. Encontrándome con la suya, abriendo y cerrando los labios en suaves roces, probando su sabor, una vez más como tantas veces…
-Te quiero Tom… – susurré a la vez que notaba como me penetraba despacio, me dolió a causa del maltrato sufrido antes, pero lo podría soportar por él.
-Dime que no lo has hecho… Dime que no.. – susurró mientras no dejaba de besar mi cuello y hombro, masturbándome con su otra mano y embistiéndome despacio.
-No lo sé… Realmente no lo sé…
Le oí hacer un sonido de frustración y me echó de nuevo en la cama, puso sus manos sobre las mías, entrelazando nuestros dedos y aceleró el movimiento.
-Uhm.. Bill… No quiero separarme de ti… No me obligues a hacerlo.. – susurró gimiendo entre palabras.
-Aah.. Ah.. Tom..
-Tu eres mío… Nadie puede meterse entre nosotros dos… Sabes que siempre vas a volver a mí… Siempre. – Apoyé mis brazos en mis codos sobre el colchón, arrugando las sábanas y giré la cara para mirarle. El apartó sus manos de las mías y las puso en mi cintura para darse impulso. -Te juro que yo ya no puedo vivir sin esto… Oh Dios… – echó la cabeza hacia atrás deshaciéndose en gemidos, mientras me hacía suyo una vez más.
Noté como se derramó dentro de mí, cogió mi miembro apurado, pajeándome con urgencia para que le siguiese.
Cuando lo logró, se quedó un rato más dentro de mí. Me dejé caer en el colchón, jadeando derrotado…
La sacó y se apartó de mi. Yo me resbalé hasta quedar de rodillas y medio sentado. Me subí los pantalones y me giré, aun en el suelo.
Vi como se quitaba la ropa y la tiraba a un rincón, sacó unos pantalones de chándal y una camiseta vieja, poniéndoselo ante mi atenta mirada. Se quitó la gorra y se soltó las rastas.
Después caminó hasta su cama y se sentó, mirándome fijamente, yo todavía de rodillas en el suelo le sostuve la mirada.
No sabía que decirle, no sabía ni que pensar.
Me mordí el labio y me levanté con dificultad, empecé a notar todo el dolor ahora..
-Voy al baño un momento… – susurré introduciéndome en el que ambos compartíamos.
Me senté en el váter, notando como el semen de mi hermano se escurría hacia afuera. Yo suspiré y cogí papel. Al pasármelo para limpiarme noté un pinchonazo de dolor, miré el papel y me escandalicé.
La hemorragia era demasiado exagerada esta vez. El papel estaba completamente manchado de sangre…
Apreté los ojos intentando no llorar, pero me fue imposible, seguí limpiándome pero la cantidad no disminuía. Fue entonces cuando me asusté.
-¡Tooom! – le llamé, viéndome incapaz de afrontar esto sin él.
Abrió la puerta de inmediato y me miró arrugando la frente, se acercó rápidamente, acuclillándose enfrente de mí.
Tenía el papel en la mano, reposando sobre mis rodillas, no me hizo falta decirle nada, lo vio y arrebatándomelo de las manos lo tiró a la papelera.
-No es nada, se te cortará enseguida… – susurró en tono histérico, agarrándome la cara con ambas manos. Yo asentí con la cabeza y suspiré de nuevo, intentando calmar mis sollozos. – vamos, limpiate otra vez… Ya veras como tengo razón..
Yo cogí papel de nuevo con la mano temblorosa y volví a hacerlo, haciendo una mueca con la cara, al notar ese intenso dolor otra vez.
Miré el papel y rompí a llorar.
-¡Maldita sea! ¡Joder! – gritó Tom levantándose y le dio una patada a la puerta cerrándola, yo tiré el trozo de papel aun más ensangrentado que antes y le extendí los brazos. – Eh.. Eh.. No pasa nada Bill.. – enseguida volvió a agacharse y me abrazó. Estaba temblando, lo notaba. Más que yo incluso.
-Tom… Llévame al hospital..
-¿Que dices? No, no te preocupes Bill, es como las otras veces, como me pasó a mi, se te cortará enseguida, ya lo veras… -intentó tranquilizarme, pero yo negué con la cabeza.
-No Tom… Esta hemorragia no es normal… Llévame, es mucha sangre.
Ví como le temblaba el labio inferior, estaba pálido. Se levantó y dio vueltas por el baño, me estaba asustando su comportamiento… Parecía como si se le estuviese yendo la cabeza.
-Es por mi culpa… Perdóname… Estaba tan enfadado… No.. No quería hacerte tanto daño… – Apoyé mis codos en mis rodillas y me tapé la cara con las manos. Noté como se volvía a agachar a mi altura y me apartó las manos. – Bill, vuelve a hacerlo, si está igual que antes te llevó al hospital.
Fruncí los labios y asentí con la cabeza.
Al hacerlo el dolor fue el mismo, pero el papel no se manchó tanto como antes, es más, me limpié dos veces más y a la tercera ya no salió casi nada.
Tom suspiró aliviado, y se inclinó para darme un beso en la cabeza.
-Menos mal… – susurró. Yo alcé los brazos y le abracé, apretándole fuertemente contra mí.
Me agarró de la cintura y me elevó, se agachó un poco y me subió los pantalones y la ropa interior a la vez, yo me limpiaba las lágrimas con la palma de mi mano.
Oí como Tom tiraba de la cadena y volvió a cogerme por la cintura. Me alzó, cogiéndome en brazos, sosteniéndome en el corto tramo hasta mi cama y me soltó.
-Tumbate boca abajo – obedecí, y me eché en el borde, el que pegaba a la pared porque él se tumbó a mi lado.
Deshizo la cama y me tapó, acomodándose dentro de las mantas conmigo.
No dijo nada más, ni yo tampoco.
Alargó la mano hasta el interruptor y apagó la luz. En la oscuridad se volvió a acercar a mi, rodeando mi cuerpo con su brazo, y besándome en la frente varias veces, yo alcé la cabeza y busqué sus labios en la penumbra. Al principio se negó a dármelos, echó la cabeza hacia atrás varias veces cerrando la boca, pero yo le agarré la nuca y le susurré un pequeñísimo “por favor” a lo que él dejó de negarse.
Entreabrí los labios y los encajé con los suyos, haciendo varios movimientos dulces y castos, sin lenguas de por medio. Pero enseguida Tom lo rompió y me puso la mano en los labios susurrándome un “basta”
Se movió un par de veces más, aun con su brazo al rededor de mi cintura hasta que le oí respirar tranquilamente.
Cerré los ojos y volví a buscar sus labios en la penumbra. Le dí un suave piquito y me puse de lado como él, abrazándole con fuerza.
Parecía que todo el mundo estaba en contra de esto, que por mucho que intentásemos ser felices, siempre había alguien que se empeñaba en romper nuestra unión, nuestra felicidad..
Ahora nuestra relación prendía de un hilo… Ambos nos amábamos pero había consecuencias de por medio, no podíamos ignorar los hechos. Puedes perdonar a una persona muchas veces… Pero hasta cierto punto.
¿Debería yo perdonar una violación…? ¿debería él perdonar una traición..?
¿Quien tiene la culpa realmente?
…
Quizá esto se esté descontrolando porque es el momento de acabarlo… es el momento de cortar con todo, ya hemos jugado demasiado con fuego y nos hemos quemado varias veces… Ahora estamos apunto de achicharrarnos completamente. El que es listo sabe cuando tiene que parar, el que es listo sabe cuando lo tiene que dejar antes de que vaya a peores…
Ahora… ¿quien de los dos es el más listo? ¿quien va a tener el valor de acabar con esto?
¿Él…. O yo?
&
Me desperté varias veces en la noche a causa del poco espacio que tenía para moverme, pues con Tom ocupando casi toda la cama era imposible conciliar el sueño.
Pero no me importó, con tal de que se quedase a mi lado, abrazándome, a mi me daba igual no dormir, me quedaba simplemente mirándole.
Caí rendido varias veces, despertándome al instante, y así hasta que amaneció..
Se giró, quedando de lado, de frente a mi, con la mano bajo la mejilla y con las rastas sobre la cara.
Sonreí y se las aparté con cuidado. Por eso me decía que no le gustaba dormir con el pelo suelto, porque le picaban mucho en el cuello y la cara.
-Tom… – susurré en voz baja – Tom… Despierta..
Abrió los ojos lentamente y se quedó mirándome.
-Dime que lo de ayer no fue más que una pesadilla… – susurró con voz ronca. Yo sonreí amargamente, así es como avanzamos, ignorando la realidad, metiéndonos en nuestra burbuja de felicidad, tapándonos los idos para no escuchar como nos acusan, cerrando los ojos para no ver sus caras de desprecio.
Allí, los dos en la cama, regocijándonos en nuestros actos equívocos, en esta relación prohibida…
-¿Ayer..? ¿que paso ayer?… – dije mirándole con extrañeza. Sonrió y cerró los ojos pesadamente.
-Nada…. No pasó nada…
-Exacto… Nada de nada… – me acerqué y uní nuestros labios.
Y de esta manera es como cerramos el asunto, sin ninguna explicación, simplemente perdonándonos… Yo no era capaz de acabar con esto, yo no fui el listo esta vez, ni Tom tampoco, él era tan estúpido como yo…
Me abrazó fuertemente, besándome como si me fuese a escapar, con urgencia, con posesión, con arrepentimiento y con ira, estaba arrepentido y enfadado a la vez. Tom estaba volviéndose loco… Y yo tenía la culpa de ello…
Nuestros días juntos estaban contados, yo lo notaba… No se si a él le pasaba lo mismo.
¿Cuanto tiempo más duraría lo nuestro?
Empiezo a contar desde ya….
&
Dos meses más tarde.
26 de Febrero.
21:45 de la Noche
….
-¿Que tenéis pensado hacer mañana? – preguntó mamá sentándose en el sofá de al lado.
-Hmm… Yo no tengo ganas de hacer nada – dijo Tom subiéndose la camiseta y rascándose el estómago.
-Yo tampoco la verdad, ya que es el último día nos quedaremos aquí en casa ¿no Tom? – dije alzando la cara y mirando a mi hermano desde abajo pues yo tenía mi cabeza apoyada en sus piernas, mientras que sobre mi estómago descansaba un bold de palomitas que ambos nos estábamos zampando.
Mi gemelo asintió sin apartar la vista del televisor, llevándose un puñado de palomitas a la boca.
-Bueno ya… Pero precisamente por eso. Habéis salido muy poco durante vuestra estancia aquí, ¿no echáis de menos ningún lugar? – animó ella.
Yo flexioné las rodillas, aún acostado en el sofá alcé el brazo hacia atrás y agarré el mando que Tom sujetaba en su mano muerta sobre uno de los cojines.
-¡Eh! – se quejó e intentó arrebatármelo.
-Calla, estoy harto de ver las estúpidas carreras de coches, es Sábado, digo yo que pondrán alguna película. – Y me puse a cambiar.
-¿Me habéis oído? – insistió mamá al ver que la ignorábamos.
-Venga ya, el piloto Alemán iba el tercero, ahora me pica la curiosidad, vuelve a ponerlo.
-Que no Tom, que estoy hasta las narices, hemos estado viéndolo toda la tarde, me he cansado.
-Coño, pues precisamente por eso, no me lo quites al final, déjame ver quien gana.
-Venga, vale, me doy por respondida – y suspirando se levantó adentrándose a la cocina para hacer la cena.
-¡Hey mami! – giré la cabeza pero ya se había ido. – Oh, por tu culpa Tom. – y le dí un guantazo en la pierna, justo al lado de donde yo descansaba mi cabeza.
-¡Au! No me pegues cabrón – rió y atacó a mis costillas.
-Nooooo por favor cosquillas no.. – reí agarrando sus manos, él se quedó parado, mirándome desde arriba.
Cogí el bold y lo puse sobre la mesa, acomodándome aun más sobre su regazo, tumbado a lo largo del sofá, como un rey.
-Te podrías quitar ya, te pesa la cabeza. – me picó sonriendo.
-Por que la tengo llena de ideas, no como tú. – solté tan pancho cerrando los ojos en la misma posición.
-Bueno pero yo la tengo más grande que tu. – abrí los ojos y le miré extrañado.
-¿La cabeza?
-No, la polla.
Estallé en carcajadas encogiendo las piernas y poniéndome las manos en el estómago.
-Que burro eres Tom… – dije sin parar de reír, a él se le contagió mi risa y no pudo terminar de masticar el puñado de palomitas que tenía en la boca, escupiéndomelas casi todas en la cara.
-Cállate idiota..cof cof… – carcajeó tapándose la boca y tosiendo entre medias.
-¡Que asco Tooooooom! – grité como un histérico quitando las palomitas de mi cuerpo, sin parar de reír escandalosamente.
Me incorporé y empecé a darle golpes en la espalda.
-Cof.. Cof cof.. Me muedo.. Cof.. – Yo apoyé la cabeza en su hombro sin parar de reírme.
-Jajaja… No te mueras Tom…
Carraspeó y se levantó echando a correr hacia el baño. Yo me quedé revolcándome de la risa en el sofá.
-¿Que pasa? – preguntó mamá alarmada, asomándose desde la cocina.
-Tu hijo… Que se ahoga.. – le dije sin poder parar de reír.
Se oyó el ruido de la cisterna y se abrió la puerta del baño.
-Tom, ¿que has hecho? – preguntó mi madre.
-Escupir la masa de palomitas por el váter.
-¡Jajajajaja! – yo me meaba vivo, un ataque de risa en toda regla, no podía parar.
-Desde luego… – murmuró mi madre volviendo a la cocina. Yo conseguí calmarme y me quedé tumbado boca arriba, jadeando, con dolor de estómago, y los ojos encharcados en lágrimas de la risa.
Tenía la mirada fija en el techo, observando la lámpara, pero Tom se puso en medio, haciéndome sombra, apoyó las manos en el reposabrazos del sofá y se inclinó hacia delante, yo tenía la cabeza en el lado donde el se había apoyado, estaba al revés.
-Por tu culpa casi me muero… – susurró acercando su cara a la mía.
-Por desgracia no ha sido así – le miré, con una mueca maliciosa, queriendo picarle.
-Sabes que si yo me muero tu vienes detrás – dijo en voz baja, hablando con su boca pegada a la mía, rozando mis labios con su aliento.
Noté mis mejillas ruborizarse, y esos calambres en mi estómago. A pesar de tanto tiempo juntos Tom seguía despertando esta clase de reacciones en mí, con cosas tan simples como un susurro o una mirada.
Se quedó ahí hasta que yo alcé mi mano, posándola sobre su mejilla, poniendo mi pulgar sobre sus labios y acariciándolos mientras los miraba, después bajé la mirada a sus ojos.
-Besame… – le susurré muy bajito. Él bajó completamente encajando nuestros labios al revés.
Gemí de gusto, nunca me había besado así con nadie, y me resultó de lo más excitante…
Tom se inclinó más sobre mí, apoyando sus manos a ambos lados de mi cuerpo. Sus rastas me rozaron la cara.
Me removí entero, la excitación de la postura y el momento hicieron que sintiese calambrazos en mi entrepierna. Alcé ambas manos rodeando su cuello y torciendo la cabeza, profundizando, sintiéndome más excitado por momentos.
-Uuuhm Tom… Joder.. – jadeé al notar como el ritmo del beso cada vez era más desenfrenado, mi hermano me estaba comiendo la boca como no hacía desde hace tiempo.
-Bill… Vamos arriba… – susurró separándose y volviendo a juntarse, yo alcé mi pelvis hacia arriba y Tom lo vio, llevando su mano ahí y apretándome con la palma abierta en mis abultados vaqueros..
-Oh Tom.. – me mordí el labio gimiendo de puro gusto.
-Shhhh… Vamos arriba Bill…
-¿Para qué? – le piqué con una sonrisita malévola.
-Para follarte maldita sea… Levanta… – rodeó el sillón y se quedó en frente de la parte delantera, me cogió de los brazos y tiró hacia arriba, me dejé llevar y quedé de rodillas, con su pecho a la altura de mi cara.
Bajé las manos apresurado y le subí la camiseta hasta las axilas, él me regañó con la mirada y miró a la puerta de la cocina, pero yo no le hice caso. Cerré mis labios en torno a uno de sus pezones, lamiéndoselo con ganas.
-Me encanta hacerte esto… Estás tan rico.. – gemí chupeteándoselo con vicio. Me cogió del pelo y me hizo mirarle, besándome suciamente una vez más mientras yo bajaba mis manos por su musculoso abdomen hasta llegar a sus abultados pantalones.
Gruñó contra mi boca mientras yo le desabrochaba el cinturón con el que se sujetaba ese vaquero tan ancho.
-Espera joder… Aquí no, mamá nos va a pillar.
-Pues que nos pillé, que vea como su hijo mayor se folla al menor… – le dije en un tono de lo más guarro mientras le empujaba y se cayó sentado sobre el sofá.
Rápidamente pasé mi pierna por su cuerpo y me senté a horcajadas sobre él.
-Bill estás rematadamente loco…
-Estoy rematadamente cachondo… Métemela Tom.. Aquí, ahora..
-Bájate el pantalón, ¡venga, rápido! – susurró mirando de nuevo a la puerta de la cocina cerrada y ayudándome a deshacerme de una de las perneras, sacándomela junto con la del boxer. – la madre que te parió… – dijo al ver lo empalmado que estaba.
-No la menciones que aparece… – jadeé desabrochando el botón de su pantalón.
-Vamos coño… – dijo desesperado y quitó mis manos para hacerlo él, rápido, ansioso. – lubrícate mientras.
Yo obedecí, escupí en mi mano y lo extendí por mis dedos, sin pensármelo me los llevé al trasero y me los metí mientras fruncía los labios y cerraba los ojos.
Gemí ante el placer que me estaba propinando a mi mismo. Tom me miró sonriendo mientras agarraba su polla y se la sacudía. -¿Que haces mirándome? – le regañé.
-Me pones mucho cuando haces ese tipo de cosas, pareces tan pequeñito cuando estás en mis brazos…
-Vamos ya joder… – me alcé agarrándosela a lo que se calló.
-Que morbo Bill… – jadeó mi hermano mientras yo me la ponía en la entrada a mi trasero y empecé a bajar. – Venga, venga, venga nene, así… – me agarró la cintura y tiró de mi hacia abajo.
-Aaa… – me tapó la boca con la mano cortando el grito que empecé a soltar. Sin apartar la mano se remojó los labios dejándolos fruncidos y miró hacia abajo.
Se medio acostó y yo apoyé mis manos en el cabecero del sofá.
-Como grites te doy de hostias ¿entendido? – me susurró alzando un dedo, yo asentí agarrándome fuerte a la tela del sofá, preparándome, esperando.
Tom volvió a mirar a la puerta de la cocina y tragó saliva mirándome de nuevo.
-Vale, voy. – avisó, yo asentí.
Empezó a mover su pelvis hacia arriba, abrí la boca sin dejar escapar ningún sonido, solamente dejándola así.
Callados, completamente en silencio, jadeando, yo me derrumbé sobre su hombro y le mordí la camiseta para no gritar.
-Oooh coño coño coño… – articuló en voz baja.
-Uuuuhm… Tomi no pares.. Más… Jódeme. – dije en un susurro lastimero en su oído, mis palabras eran suspiros.
-¿Cuanto hace que no lo hacemos Bill?
-Dos semanas…
-¿Lo has contado? – yo asentí.
Hablábamos en susurros, el sonido húmedo de la penetración hacia más ruido que nuestros murmullos.
Llevábamos dos semanas sin tener relaciones. Tuvimos una pelea muy gorda por una estupidez, en realidad nos peleábamos por cualquier cosa, yo pensaba entonces que nuestra relación estaba ya en su momento más crítico, pero siempre venía Tom a hacer las paces, a que nos perdonásemos y yo no podía negarme.
Nos arreglamos esta tarde, pero no pensé que le echaría tanto de menos como para no poder aguantarnos y exponernos de esta manera a que nuestra propia madre nos pille…
-Te he echado tanto de menos Tom… – subí mis manos por debajo de su camiseta acariciando su piel, mientras me balanceaba levemente hacia él cada vez que me embestía, pues yo no estaba aportando movimiento alguno.
-Yo si que te he echado de menos mi putita.. – me agarró del culo y me penetró con más fuerza mientras me mordía la barbilla. -¿Te gusta? ¿eh?
-Si, sisisisi.. Me encanta…
-¿Que es lo que te encanta? – me azotó en el culo mientras se movía.
-¡Ah! Que me petes… Que me folles fuerte…
-Así me gusta…
Oímos un ruido en la cocina y a mamá tarareando una canción
-Nos va a pillar… – gemí mientras que mi balanceo era ya exagerado debido a que sus embestidas eran cada vez más fuertes y rápidas.
-Que nos pille… Yo ya no puedo parar… Tu culo es una jodida perdición..
De repente me empujó hacia un lado, yo solté una exclamación ahogada cayendo en el sofá.
-Tom.. ¿que..?
-A cuatro patas maldita sea… ¡vamos! – elevó un poco el tono de voz, yo me mordí el labio y miré hacia la puerta de la cocina, viendo a través de los cristales ahumados la silueta de mamá moviéndose. – Venga Bill… Que voy a reventar.. Ponte como a mi me gusta..
Me agarró de la cadera y tiró de mi hacia arriba, yo hinqué las rodillas en el sofá y me sujeté en mis manos, giré la cara y le vi mirando como me penetraba de nuevo, una vez dentro alzó la vista para mirarme.
-No me gusta esta postura… – me quejé.
-Pues a mi me vuelve loco..
-Ya… – gemí dando una palmada al sofá – .. Ya lo se..
Inconscientemente no dejaba de mirar hacia la puerta, solo de pensar que mamá saliese y se encontrase con su hijo menor a cuatro patas sobre el sofá mientra que el otro se lo folla por detrás….
-Aaaah… Que maravilla joder… Más Tom más… – grite desahogando todo mi placer. Mi hermano se volvió loco detrás de mí, desalmándome por dentro, jodiéndome como un desesperado.
-¡Chicos!
De repente paramos, pálidos como la cal. Vi la silueta de mamá acercándose a la puerta.
Todo pasó muy rápido.
Tom salió de mí y se abrochó los pantalones, yo me incorporé viendo que no me daba tiempo a vestirme, pero para mi sorpresa Tom me cogió de la cintura, alzándome por encima del sofá y tirándome por detrás, resbalé por el cabecero y me dí de morros contra el suelo. Quedando tirado en el suelo detrás del sillón y medio desnudo.
-La cena ya está… ¿donde está tu hermano? – oí a mamá acercándose a Tom.
-Eeeeh… Está… En.. En el baño, creo. – soltó lo primero que se le vino a la mente, seguro.
-Ah, bueno, ven ayudame a poner la mesa.
-Claro.. – el inútil todavía seguía jadeando..
-Tom.. ¿que te pasa? Estás muy alterado – me mordí el labio mientras me subía los pantalones aun tumbado en el suelo.
-Es que… ¡el piloto Alemán a quedado último y me he cabreado!
Me tapé la boca con las manos para no partirme el culo ante semejante gilipollez.
-Oh… ¿pero no iba tercero? – oí como se alejaban y se adentraban en la cocina, me asomé por un lado del sofá y vi a Tom caminar detrás de mi madre, giró la cara y me hizo un gesto desesperado con la mano para que me fuese hacia el baño.
-Si.. Pero no veas, lo han adelantado todos y… – cerró la puerta de la cocina y yo me derrumbé apoyado en la pared del pasillo, al lado del baño.
¿Se puede ser más descarados?
No entiendo como todavía no nos han pillado, es imposible…
Me metí en el baño de abajo y me miré al espejo, totalmente colorado y desaliñado. Un desastre, el corazón se me iba a salir por la boca.
Me refresqué, me tranquilicé y salí, entré en la cocina y los vi charlando, mi madre de pié sirviendo los platos y mi hermano medio recostado en la silla con las manos en los bolsillos y moviendo la pierna en un tic nervioso.
Cruzamos una mirada de lo más porno.
Estaba deseando terminar de cenar para continuar donde lo dejamos… Pero como siempre mi madre nos volvió a chafar.
-Bill ¿puedes sacar a pasear a Scotty? No ha salido en todo el día.
-Para eso está el jardín ¿no? No creo que haga falta sacarle – respondí terminando mis natillas.
-Pero el animal no sale de ahí, anda dale un paseo.
-¿Por que tengo que sacarle yo? ¿porque no lo hace Tom? – él me miró con la cuchara en la boca y frunció en entrecejo.
-Por que el perro es tuyo.
-Jajajaja Tooooooma, hazte así en la frente que la tienes roja del palo que te ha dado. – me chinchó en muy inútil.
-Vete a tomar por culo, pedazo de subnormal.
-¡Bill! – me regañó mi madre. Bufé y me levanté de la mesa.
-Ale, pues me voy – le saqué la lengua a mi hermano y él me hizo un gesto con la mano de “luego te vas a enterar”
Cogí mi abrigo, mi bufanda, el móvil, las llaves de la casa y la correa del perro. Una vez lo tuve todo salí al jardín a por el perro.
-Coooooño, que frío – me quejé encogiéndome sobre mi mismo. -¡Scotty! – lo llamé, no tardó ni dos segundos en plantarse frente a mí moviendo la cola juguetón – ¿Vamos a la calle?
Se puso a ladrar y a aullar contento, sonreí y le enganché la correa al collar. Al instante empezó a tirar de mí.
Sería un paseo breve, hacía mucho frío y ya estaba echando de menos a Tom..
Lo llevé hasta el parque que había cerca de mi casa y lo solté para que desfogase. Me senté en un banco y me eche el vaho en las manos para calentármelas, hacia un frío increíble, y eso que ya casi era primavera…
Sentí vibrar el móvil en mi bolsillo, dí un respingo sonriendo.
-Tom… – sonreí, pensando que claramente sería él, ya me echaba de menos. Lo abrí y sin mirar la pantalla me lo llevé al oído – No puedes estar sin mi ni media hora ¿eh?
-No, no puedo, por eso haré lo que sea para volver a verte – mi sonrisa se congeló en mis labios, las manos me empezaron a temblar – ¿Por que no me has cogido el teléfono todo este tiempo Bill? – no contesté, tenía miedo… Mucho.. – no importa, ya te dije que teníamos que hablar, y si tu no quieres iré yo a buscarte, porque ¿sabes que? Me he enterado de una cosa muy guay que hacéis tu hermano y tu – empecé a jadear, a hiperventilar, los ojos se me aguaron. – vamos Bill, no sigas esquivándome, me puedo enfadar, y créeme que no te conviene. ¿Estás ahí? ¡quieres contestar!
-¡Que quieres de mi! – grité furioso. Le oí reír suavemente.
Ya está… La tregua se ha acabado, dos meses exactos después de aquél día en el que nuestra relación empezó a joderse.
–Pues lo que quiero precisamente es a ti Bill… – me tapé la boca reprimiendo un sollozo. – Oye, ¿me puedes explicar como haces esas cosas con tu hermano? Es muy fuerte ¿no? Te veía más sensato Bill cariño…
Me aparté el móvil del oído y dejé caer la mano en el banco, encontrándome hacia delante, me empezó a doler mucho el estómago, me empezó a doler todo…
Esto ya era demasiado…
Me rindo…
Yo ya no puedo más…. No puedo más…
Continúa…