Obsesión sexual 42

«Obsesión sexual» (Fic de Eivy)

Capítulo 42

Pov Tom

Sentía su aliento contra mis labios entreabiertos, colándose entre ellos, dejándome saborearle indirectamente.
Vamos… Vamos Bill.

Mis ojos, mi boca, mi pecho, mi piel, mi alma… Ardían por él. Ese descontrol que revoloteaba dentro de mí, ansiando salir, me hizo empezar a respirar agitadamente. Tenía a Bill a un palmo de mis narices, con esa carita de calentón, con esos ojos, esos labios entreabiertos, pidiendo a gritos ser mordidos y penetrados…
-N..no Tom, ya hemos hablado de esto – dijo de repente separándose de mí, dejándome totalmente descolocado, con el corazón a mil, con todo tipo de sensaciones recorriendo mis estómago de arriba abajo..

Maldita sea… No puede ser que haya dejado de desearme, imposible, lo veo en su cara ¿por que cojones es tan tozudo? ¿por que no se deja llevar? ¿por qué…? ¿realmente ese tío con el que está le ha calado tan hondo que….?

Me incorporé rápidamente, puse los pies en el suelo y quedé sentado, con las piernas muy abiertas y entrelazando mis manos entre ellas, mirando hacia abajo…

-¿Tom..? – le oí susurrar, se levantó del suelo y se sentó a mi lado poniéndome una mano en la espalda.
-Me he cansado Bill…
-¿¡Qu…?! – no le dí tiempo a pronunciar palabra y le agarré de los hombros, empujándole en el sofá, haciendo que quedase recostado, le hice abrir las piernas y me posicioné entre ellas.
Se quedó mirándome desde abajo con los ojos desorbitados y las manos echadas a ambos lados de su cabeza, jadeando por el susto. – ¿Que… Que haces Tom…? – preguntó con voz tenue tragando saliva después.
-Voy a follarte joder… – gruñí crispando mis dedos sobre el brazo del sofá, donde los tenía apoyados, justo por encima de su cabeza.
Abrió la boca para decirme algo pero el labio inferior empezó a temblarle de repente así que lo que hizo fue mordérselo sin más.
No me pongas esa cara joder… Esa carita me pone muy caliente, demasiado…
-To.. Tom… – tartamudeó a causa del tembleque del labio cuando bajé una de mis manos por su pecho y atrapé el filo de su camiseta, se le veía toda la cadera, el ombligo, la insinuante estrella y por supuesto, el final del tatuaje que se hizo para mí.
-Te dije que te estaba pequeña, debiste hacerme caso y cambiártela, porque ahora mira lo que pasa – apreté el filo entre mis dedos y le pegué un tirón hacia arriba, subiéndosela de repente, hasta que quedó por sus axilas.

Me relamí en cuanto volví a ver su desnudez… Después de tanto tiempo sin hacerlo.
Seguía igual que entonces, tan delgado y delicado, tan pálido… Tan jodidamente deseable…
Bill puso una de sus manos sobre la mía, que agarraba su camiseta, sujetándosela en alto, él empezó a hacer presión hacia abajo, intentando taparse. Pero yo me mantuve firme, y no fue capaz de mover mi mano ni un centímetro.
Mis ojos ahora estaban fijos en el tatuaje de su costado, comiéndomelo con los ojos, recordándolo, viniendo a mi mente aquel entonces en el que todas las noches lo delineaba con mi boca húmeda…

Alcé la mirada y ví su cara de angustia, como intentaba bajarse la camiseta, ahora con ambas manos.
Sonreí con malicia y me aparté de su cuerpo, quedándome erguido y poco a poco fui subiendo los brazos y agarré la amplia goma con la que me sujetaba las rastas.
Me deshice la coleta mientras Bill se pegaba un tirón, apurado, de la camiseta hacia abajo.
Cuando lo conseguí todas mis rastas cayeron en cascada sobre mis hombros y espalda. Mi hermano me observó confuso hasta que volví a agarrarle ambas manos por las muñecas.
-¡Au, Tom! – gritó.
-Shhhhhh – siseé a la vez que le ataba las muñecas con la goma de mi pelo.
-¿Que… Que diablos haces? – volvió a elevar el tono, poniéndose cada vez más nervioso.
Cuando terminé le sujeté el agarre con una mano y lo guié en alto, poniendo sus brazos hacia arriba y sus manos atadas por encima de su cabeza, totalmente a mi merced.
-Voy a jugar contigo Bill. – le contesté.
Su cara se tornó en algo que no sabría decir si fue angustia o deseo… Ya casi no recordaba lo masoca que era mi pequeño Bill en la cama, lo que le ponía que lo tratase como una zorrita…

Abandoné el agarre que tenía a sus muñecas y le subí la camiseta de nuevo, ahora si que no iba a ser capaz de bajársela, puse ambas manos abiertas sobre su pecho, sintiendo arder mis palmas ante el contacto, el calor que desprendía, lo rápido que le latía el corazón…
Le volví a mirar al notar que no oponía resistencia cuando mis manos empezaron a descender por su cuerpo.
Su mirada… Era totalmente lujuriosa, era realmente increíble lo que Bill podía llegar a transmitir con su expresión. Seguía con los brazos en alto, justo como se los dejé, se estaba dejando hacer.
Deslicé mis manos hacia sus costados y los acaricié bajando, notando la suavidad de su piel, llegando por fin al principio de su ingle, pues llevaba los pantalones de pijama muy bajos.
Él medio gimió ante el contacto. Yo suspiré fuertemente por la boca, intentando mantenerme medianamente en mi lugar, si me descontrolaba ahora nada me saldría como yo quería. Tenía que mostrarme sereno…
Bajé mi cabeza poco a poco haciendo que mis rastas cayeran hacia abajo, rozando su piel, y sin más abrí la boca, impactando contra su pezón derecho, cerrándola una vez tuve toda su piel entre mis labios.
-Oh Toooom… – gimió alto, lo que me hizo empezar una febril batalla con mi lengua sobre él, abriendo y cerrando los labios, atrapándolo entre ellos, acariciando rudamente el otro con mi mano, apretándolo en torno a mis dedos – ¡Ah!… Uhmm… – no paraba de gemir el muy cabrón…

Me separé en un jadeo, dejando un hilo de saliva entre su piel y mi boca. Bill gimió una última vez, respirando fuerte y entrecortadamente después, mirándome fijamente.
-¿Por que me dejaste Bill? – le pregunté de golpe, acariciando con mi pulgar su pezón estimulado anteriormente. Noté como se deshizo en un escalofrío. -Dímelo… ¡dímelo pedazo maricón masoca! – le grité entre dientes, pellizcándoselo, a lo que un quejido salió de sus labios, haciéndole retorcer debajo de mí.
-No… No lo sé.. – gimoteó.
-¿Que no lo sabes? – pregunté en mal tono, una especie de sarcasmo pero a mala leche, porque eso era lo que me empezó a envolver entero, un cabreo de los que no había experimentado en mucho tiempo.
Bajé mis manos hasta el filo de goma de sus pantalones de pijama y pegué un rudo tirón hacia abajo, dejándoselos de repente por las rodillas, él se quejó medio incorporándose.
-¡No! Tom, no me hagas esto – dijo en un tono lastimero al ver como yo me apartaba para poder sacarle bien las dos perneras, voleando los pantalones a algún rincón del salón y dejándole en ropa interior y con la camiseta subida a más no poder, casi totalmente expuesto a mí.
-Uh oh, ¿pero que tenemos aquí? – sonreí con maldad y le abrí las piernas colocándome entre ellas de nuevo, mirando como su polla estaba totalmente tiesa debajo del boxer negro que llevaba.
-Mierda… Joder.. – le oí susurrar y vi como giraba la cara hacia un lado apretando los ojos, totalmente azorado, rabioso de no ser capaz de controlarse.

Deslicé mi mano desde su plano vientre hasta que llegué a la abultada tela de su ropa interior, sobándosela de arriba abajo, meneándosela sin llegar a cogérsela, jugando con ella, me moría de ganas de vérsela, pero todo a su tiempo.
-Ahora me vas a decir por que cojones me dejaste, me lo vas a contar todo, y quiero la verdad, porque esta de aquí no me puede engañar, te mueres de ganas de que te folle Bill ¿verdad? – dije y por fin la rodeé con mi mano por encima del boxer, amoldando mis dedos a su forma, notando lo caliente y dura que la tenía.
-Uhm… Por Dios Tom.. – apretó los ojos y vi sus mejillas totalmente coloradas, estaba sulfurado y acalorado.
-Empieza – le ordené y comencé un suave masaje sin dejar de aprisionarla debajo de su boxer, poco a poco.
-Basta Tom… No puedes hacerme esto…
-Oh claro que puedo – sonreí con maldad y me encorvé totalmente hasta rozar con mis labios la punta de su polla, sobre la tela de su ropa interior, dando una leve chupada, solo a la punta, aun así eso le hizo revolverse y gemir como la perra que era.
Me incorporé y seguí sacudiéndosela pero esta vez aceleré el ritmo.
-No Tom… Déjalo ya por favor…
-Vamos, escupelo, o me lo dices o te muelo a hostias. Que ya me tienes harto, tengo todo el derecho a saberlo y si no me lo dices tendré que obligarte a que lo hagas – y poco a poco bajé la otra mano y acaricié entre sus nalgas sobre la tela, haciendo presión con mi dedo corazón en donde estaba ese ansiado lugar.
-¡Joder no! – gritó retorciéndose debajo de mí. Volví a sonreír con malicia, esta manera de tratarlo y de hacerle sufrir me estaba gustando más de la cuenta, me estaba poniendo increíblemente cachondo, mi polla ya estaba preparada desde hace rato, esperando.
-¡Pues empieza! – grité furioso agarrándole de la cara con saña, apretando mis dedos en sus mejillas. Él me miró frunciendo el ceño y sacudió la cabeza, yo cedí y le solté. Se remojó los labios con expresión apurada y el calentón instalado en el cuerpo y después de soltar un leve gemido ante la paja que yo le seguía propinando, empezó a hablar.
-Yo… Yo nunca quise dejarte, me gustaba estar contigo, te quería… Era feliz…. – entorné la mirada en gesto amenazante sin dejar de masturbarle, él no paraba de fruncir los labios, intentando no berrear, se que le costaba pues él era el colmo de lo escandaloso. – Pero… – continuó. – un día recibí una llamada y me enteré de que nos habían vuelto a pillar follando en un lugar público, otra vez estábamos en peligro, otra vez entre la espada y la pared.

Paré el movimiento de mi mano y cerré los ojos expirando aire por la nariz fuerte y exasperadamente, en gesto furioso, conteniendo la ira que empezó a recorrerme por las venas, envenenándome. Cuando por fin los abrí vi su expresión lastimera.
-¿Por que coño no me habías dicho esto antes, Bill? – dije en tono helado.
-Porque no quería que… Que la historia se repitiese, pensé que lo mejor era dejarlo y ya está… Y no volvería a pasar. Lo hice por el bien de los dos Tom.
-¿¡Como cojones te atreves a decidir por los dos, Bill!? – me adelanté y le grité en la cara, él cerró los ojos encogiendo los hombros, con expresión asustada, abriéndolos después poco a poco. -¿¡Te das cuenta de que yo al no saber nada de esto, pensé habías dejado de amarme, Bill? ¡Me quería morir! ¡Sin ti no podía estar maldito gilipollas! ¡CASI LA PALMO POR TU ESTÚPIDO RAZONAMIENTO, EGOISTA DE MIERDA!
-Lo siento Tom ¡Lo siento, lo siento, lo siento! ¡PERDONAME! – Gritó con los ojos fuertemente apretados.- Lo último que yo quería era que a ti te pasase algo…
Se hizo un silencio interrumpido por nuestros jadeos.

Ahora empecé a entenderlo todo.
No me dejó por no querer seguir conmigo como me dijo aquel día, si no por que nos habían vuelto a pillar y se vio nuevamente atrapado, debía habérmelo dicho, ambos lo hubiésemos solucionado de alguna forma. No dejarme muerto en vida, creo que todavía no se da cuenta del daño que me hizo, creo que no se da cuenta de lo mucho que yo le amo…. Sin embargo aquí siguen sin cuadrarme cosas…

-¿Quien fue? – pregunté sereno, intentando calmarme, subiendo mis manos por sus costados hasta llegar a su camiseta y pegando un tirón hacia arriba se la saqué bruscamente, dejándola enredada en sus muñecas, pues al tenerlas atadas no se la pude quitar completamente. Él me miraba como desesperado, viéndose cada vez más atrapado, cada vez más expuesto, cada vez más al borde del precipicio de nuevo… -¿Quien te llamó? ¿Quien fue quien nos pilló? ¿que pruebas tenía y que quería a cambio de su silencio? – Cuando se descubre algo así y aún no ha salido a la luz, Bill ha tenido que hacer algo más que dejarme para que todo siga tan bien, no soy gilipollas.
-Ehh… – vaciló un momento, intentando escoger las palabras mientras yo volvía a besar su pecho hacia abajo, dándole unos nada cuidadosos bocados, marcándole con mis dientes. – No quería nada en especial solo… ¡Tom, no, no hagas eso..!. – se interrumpió al notar como colé mi mano por fin por debajo de su ropa interior y se agarré con fuerza, notándola húmeda y caliente, le tiré de la goma hacia abajo dejándola fuera. – No… No la mires Tom…
Se removió desesperado, completamente avergonzado al ver como se la miraba, teniéndola atrapada entre mis dedos, el líquido preseminal se escurría por su punta, mojándome la mano.
Esto le estaba poniendo tan al borde que su cuerpo reaccionaba solo. Sin mover la cabeza alcé la mirada y ví su carita de gatito atrapado, de niño asustado, de vergüenza total.
-Sigue. – ordené en tono amenazante, moviendo mis dedos, resbalándolos por su longitud, acariciando la punta con mi pulgar sin mucho cuidado.
-Él solo quería estar conmigo… Que te dejase y saliese con él, solo eso, nada más…
-No me jodas… ¿entonces tu novio de ahora es..? – Bill desvió la mirada mordiéndose el labio. -¡Pero que hijo de puta! – grité con un tonito de incredulidad, sonriendo sin poder evitarlo, la situación era demasiado irreal – ¿Y todavía tienes los cojones de seguir con ese tío sin sentir nada por él? Eres una completa puta viciosa Bill, que pocos escrúpulos joder, me dejas flipando.
-¡Te equivocas! – gritó dejándome tieso. – ¡Él me gusta! ¿te enteras?
Abrí la boca y me puse la mano en el pecho, fingiendo sentirme ofendido, riéndome en toda su cara.
-¡No me digas! – grité teatrero, sin soltar su polla en ningún momento, que bombeaba entre mis dedos – ¿Y ahora que hago yo?
-¡Vete a la puta mierda Tom!

Hice una media sonrisa con la maldad dibujada en ella, estaba disfrutando con la puta situación, había escondido la poca sensibilidad que me quedaba, ahora mismo me daban igual todos los motivos por los que me dejó, eso ya era el pasado y me había jurado no volver a lamentarme por su culpa, no dejar que nada de lo que él hiciese me dañase. Creé una barrera, me inmunicé, ahora tenía que ser fuerte, tenía que darme todo igual, tenía que demostrarle que conmigo no se juega.
Ahora solo quería divertirme con él, hacerle sufrir, desbaratar la perfecta vida que se había creado, volver a hacer que se comportase como un anormal, pero sobre todo, iba a enterarme de quien era ese tío y no parar hasta matarle por arrebatarme lo que es mío, lo que nunca debería haber tocado…

-¿Quien es él Bill? ¿como se llama? – jugueteé con el piercing de mi labio moviendolo hacia los lados sin dejar de mirarle con mi malvada media sonrisa.
-No te lo pienso decir, no soy tan estúpido. – jadeó intentando soltarse las manos.
-Bueno… -me hice el pensativo y solté su polla húmeda llevándome la mano a la boca y lamiéndome la palma ante su atenta mirada. – y Kat, ¿que tal la chupa?
Sus ojos se desorbitaron al oírme, vi como la angustia se apoderaba de nuevo de su rostro. Como la rabia y la impotencia invadían. Le dio un repentino ataque de furia y se incorporó pataleando, intentando escapar. Cosa que no le dejé hacer en absoluto.
Me abalancé sobre él haciéndole quedar recostado nuevamente, sujeté por el muslo la pierna con la que intentaba patearme y con la otra le mantuve ambas manos atadas por encima de su cabeza.
Él me miraba con rabia, casi hiperventilando, de los nervios, sudoroso y colorado, totalmente cachondo, con su polla rozándome el abdomen.
Yo le miraba con autosuficiencia desde arriba, con el poder pintado en la cara, la situación era mía y a él le daba rabia no poder conmigo.
Bajé la cara y le dí un sucio lametón en los labios mientras él los apretaba furioso, impidiéndome el paso al interior de su boca, me separé y le miré relamiendome.
-¿Quieres saberlo Tom? – dijo de repente, yo sonreí en respuesta – Kat la chupa mejor que tu mil veces.
La sonrisa desapareció de mi cara.
¿Era consciente? ¿Este puto subnormal era consciente de lo que le podía hacer si quería? ¿de donde sacaba los cojones para vacilarme?
La cara que se me quedó le hizo sonreír victorioso.
-¿Que pasa Tom? ¿Ahora quien se ríe? ¿te he herido tu orgullo de maricón novato al decirte que no tienes ni puta idea de como se chupa una polla?
Cerré los ojos y sonreí exasperado, inmensamente cabreado, apretando los puños para no estamparlos contra su cara.
Vale Tom, tranquilo, tu tienes el poder, no hagas estupideces, no pierdas el control. Bill es una víbora, pero hoy no va a conseguir manejarme.
Yo juego con Bill hoy, no al revés.

Me enderecé y agarré mi camiseta por los costados y pegué un tirón hacia arriba, quitándomela de repente y sacudiendo mis rastas hacia atrás.
-¿Crees que estoy bueno Bill? – él hizo una mueca de extrañeza ante mi inesperada pregunta. – ¿Crees que cualquier chica daría lo que fuese para poder acostarse conmigo? – susurré delineando mi pecho con mi dedo índice, viendo como él lo seguía con la mirada, hasta que paré en el filo que sobresalía de mi ropa interior.
-No pienso aumentar tu puto ego, Tom. – contestó girando la cara.
-¿Sabes con cuantas mujeres me he acostado durante todo este tiempo? – Volvió a mirarme, reprochándome con la mirada tal pregunta.
-No me interesa.
-Con ninguna.
Sus ojos y boca demostraron claramente la sorpresa ante tal afirmación.
-No me lo creo – se removió incómodo al tener tanto tiempo los brazos en alto. Yo comportándome de repente de un modo totalmente inesperado, le solté el agarre de sus muñecas ante su cara de extrañeza.
Me miró con el ceño fruncido mientras bajaba los brazos y se sobaba las muñecas.
-No he mantenido relaciones con ninguna mujer en estos putos meses de martirio ¿sabes por que? – me agaché, poniendo ambas manos a los lados de su cabeza, acercándome a él sensualmente.
-No… -susurró en el mismo tono – ¿Por qué?
-Porque me entretenía follándome a todos los tíos que se me presentaban, por eso, porque yo lo que necesitaba no era el cuerpo de una mujer, necesitaba otro tipo de sexo, sexo con chicos pasivos, metersela por detrás…

Abrió la boca en toda su amplitud, totalmente flipado.
-No me jodas Tom… – dijo incrédulo, poniendo las manos en mis costados y subiéndolas por mi espalda desnuda, acariciándola, rascandola levemente con sus uñas.
-Lo reconozco, me gustan los chicos Bill, me gustan de verdad, por tu culpa.
-Me parece muy fuerte, en serio Tom… – de repente se le pasó la tontería y empezó a acariciar mi espalda insistentemente, mientras me miraba con un brillo extraño en la mirada.
Lo sabia…
-Me pillé por un chico muy guapo hace un par de meses – dije sin moverme, sin atacarle, sin embargo él cada vez me manoseaba con más insistencia, alzaba la cabeza y me daba leves besos en el cuello.
-¿Si? ¿estuviste saliendo con un chico?
-Si, y me gustaba de verdad – bajó sus manos a la parte baja de mi espalda y empujó mi cuerpo contra el suyo, yo cedí y bajé, juntando nuestros pechos desnudos, notando su erección restregarse con mi abdomen, mi boca dio contra su hombro y se lo besé insistentemente.
-Hummm, no me esperaba algo así… – susurró totalmente receptivo ahora.
-Me recordaba tanto a ti Bill… Me lo follaba diciendo tu nombre sin parar…
Él gimió y reaccionó a mi provocación, enrolló sus piernas al rededor de mi cintura, siendo ahora él el que me buscaba a mi.

Es que lo sabia… Sabia perfectamente que no iba a mantenerse impasible ante este hecho, eso no te ha hecho gracia ¿verdad? Tu si puedes joderte al tal Kat pero en el momento en el que te he dicho que yo estoy por otro chico me enganchas y no me sueltas… Eres como el puto perro del hortelano Bill… Ni comes ni dejas comer, mira como te restriegas ahora, mira como me agarras y gimes ante mi contacto…
Eres increíble…

Aparté la cara de su hombro y me quedé a un suspiro de sus labios, él jadeó contra mi boca y poniéndome la mano en la nuca empujó mi cabeza contra la suya haciendo que me apoderase de sus labios , que abrió al instante para que los penetrase con mi lengua.
Sus manos recorrían como locas toda mi espalda y sus piernas me empujaban contra su cuerpo mientras que yo me movía en un delicioso vaivén, estimulándole con el roce de mi cuerpo.

-Bill… Te he echado tanto de menos.. Cada noche pensaba en ti cariño.. Cada vez que me corría gritaba tu nombre, te necesitaba tanto… – dije entre jadeos cuando separaba nuestros labios antes de volver a unirlos en un húmedo y desesperado encuentro.
-Tom… Yo.. Yo también… – calló al encontrarse con mis labios danzando sobre los suyos de nuevo, girando la cabeza y llegando al cielo de su boca con mi lengua.

Descendí una de mis manos y me bajé como pude los pantalones, sin dejar de comerle la boca a Bill, que me correspondía extasiado con los ojos cerrados, yo ahora los tenía abiertos, mientras dejaba libre esa parte de mi cuerpo… Me conseguí bajar los pantalones y los boxers hasta debajo del culo exactamente, era más que suficiente….

Una vez lo hice, bajé, uní nuestros cuerpos de nuevo, haciéndole notar que yo estaba tan empalmado como él.
-Oh Tom.. – gimió rompiendo el beso de inmediato al notar como frotaba mi polla con la suya en un continuo vaivén. – Eso es.. Así… Oh que bien… Uuhm.

Era realmente increíble, ese cambio de actitud tan drástico, me lo podría follar si quisiese, Bill era mío de nuevo, se estaba entregando a mi completamente, pero no, ahora yo tenía otros planes para él….

De repente, me alcé y le dejé totalmente descolocado.
-Bueno, se acabó, tu y yo ya no somos nada ¿verdad? Tu tienes novio Bill ¿que coño haces restregándote con tu hermano de esta forma? – y sin más me levanté subiéndome los pantalones y recogiendo mi camiseta del suelo, dejándole medio desnudo y jadeante sobre el sofá. – Vístete joder, no te quedes así.
Él abrió la boca indignado, con algo de vergüenza en su expresión, le acababa de dejar tirado, empalmado y cachondo, y eso le jodió enormemente.
Yo, fuese cual fuese mi objetivo final, ahora iba a hacer todo lo posible por llevarle la contraria a Bill en absolutamente todo, ¿no quieres que te folle? Pues te obligo, ¿te dejas que te folle? Pues ahora yo no quiero.
¿Te ha jodido verdad? No hay más que ver la cara que tienes mientras te vistes apresuradamente.

Me senté en el suelo, mostrando una indiferencia aplastante y continué viendo la película mientras me cogía otro trozo de pizza ya frió.
Vi como se puso de pie a mi lado una vez se hubo vestido y se quedó ahí, yo tardé un rato en alzar la cabeza, pero cuando lo hice me topé con su mirada furiosa y las lágrimas saltadas de pura rabia.
-¿Por que has hecho algo así? Eres un desgraciado.
-Y tu un gilipollas integral, maricona, chupapollas, te he dejado a un paso de correrte ¿verdad? Jodete, conmigo no vas a volver a jugar. – le contesté volviendo a mirar la televisión sin dejar de masticar.
-¡Te odio Tom! – gritó tirándome la caja de pizza entera encima, antes de subir a su habitación corriendo y cerrar de un portazo.

Me quité el cartón de encima sonriendo radiantemente.
Me había salido perfecto, había jugado con él en toda regla, justo como me propuse. Dije que le jodería, como él me hizo a mí y esto no es más que el principio. Iba a cobrar por sus errores, por mis huevos que iba a hacerlo, y más después de enterarme de la razón de toda esta mierda.

Alcé la cabeza apoyándola en el sofá y me metí la mano por el pantalón para acabarme. Me mordí el labio sonriendo mientras me la sacudía con fuerza, acordándome de todo lo que acababa de hacer con mi pequeña zorrita de nuevo.
No se escapará, este se tiene que enterar, le he dejado por ahora pero cuando de verdad me lo proponga va a llorar sangre. Ahora seguro que se siente fatal por haberse magreado conmigo.
-¡A Kat se lo voy a decir Bill! – grité burlándome, riéndome con ganas, mientras me pajeaba de manera voraz. -¡Ah! ¡Y lo del tío era una trola, gilipollas!
-¡Muérete Tom! ¡MUÉRETE! – le oí gritar desde arriba con voz rasposa, como si estuviese llorando.
Me reí a mala leche sin dejar de masturbarme, sin dejar que los putos sentimientos que me habían llevado a mi ruina interviniesen para nada. Ya había conseguido lo que quería de él hoy, que me contase la verdad, aparte de un buen magreo, volver a meterle mano, ha sido tremendamente delicioso.
Ahora ya lo se todo, ahora puedo actuar en consecuencia, ellos ya no llevan ventaja en el juego, les estoy alcanzando peligrosamente, hasta que me tope con ellos y me coma todas sus fichas.

Como me gustaba haber vuelto a la carga, ahora voy a ser un cabrón integral, voy a ir a mala hostia, no me van a volver a pisotear.
Bill agarrate, porque esto no ha sido nada…
Y Kat, ahora que lo se todo voy a ir por ti, y créeme que desearas no haber empezado con todo esto, desearás haberte estado quietecito y no haberte metido donde no te llaman. Me ocuparé personalmente de ti, estoy más que ansioso por conocerte.

Continúa…

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