
«Obsesión sexual» (Fic de Eivy)
Capítulo 45
Pov Tom
En el instante en el que puse mis ojos sobre la silueta de ese chico, continuos y constantes flashes me empezaron a asaltar la cabeza sin parar…
Una discoteca en una ciudad de Alemania que no consigo recordar…
Una apuesta con Bill…
Una mirada entornada y penetrante entre un corro de chicas gritando emocionadas…
Una sonrisa repleta de malas intenciones…
Una sensación escalofriante, un mal presentimiento desde entonces…
-Tu…. – susurré, casi inaudible.
Bill me agarró cuando empecé a avanzar hacia ese joven tan parecido a él cuando tenía quince años. Me lo sacudí de encima dándole un fuerte empujón y entorné la mirada mientras me acercaba a ese niño que me miraba paralizado en su lugar.
-¡Tom! ¡TOM POR FAVOR! ¡NO! -gritó Bill a mi espalda.
Era aquél jodido niño…
Cuando estuve frente a él le miré desde arriba, me llegaba por los hombros. Apreté los puños fuertemente, y unas tremendas ganas de destrozarlo me atizaron el cuerpo con fuerza… Pero no, no era tan estúpido, dije que ahora iba a ser yo el que jugase… Y me tocaba a mí ganar la partida esta vez.
-No entiendo nada… – susurré mirando al chico y a Bill alternativamente. – ¿que significa esto Bill? – mi hermano se paró de repente quedándose tieso, desconcertado. – Me dijiste que lo habías dejado con él, ¿que hace aquí? – Bill abrió la boca, totalmente flipado.
-¿Que coño estás diciendo Tom? – consiguió articular.
-¿Que coño estoy diciendo? ¿y tienes la puta cara de hacerte el loco? ¡Que cojones hace él en tu piso! ¿¡Lo tenías aquí escondido para que yo no lo viese!? ¿te has divertido jugando a dos bandas?
La cara de mi hermano cada vez estaba más descompuesta.
-¿Pe.. Pero que…?
-Me cago en la puta Bill, joder… ¿como me haces esto otra vez..?. Cuando salí del hospital me juraste que te quedarías conmigo, que terminarías con él… ¿me has estado mintiendo?
Buah.. Me estaba saliendo de puto lujo, me daban ganas de echarme a reír en sus caras, pero no, tengo que joderles hasta el final, tengo que acabar con lo que tienen.
-¿Que…? ¿que es todo esto? – ambos giramos la cara hacia el chico, que estaba flipando en colores. Le miré de arriba abajo, era un crío, un niño, estaba despeinado y en pijama, jadeando levemente, alterado.
-Tu debes de ser… – le dije apretando los labios fingiendo sentirme apurado, incómodo.
-Soy Katriel Collide, el novio de Bill – me cortó en tono firme y tremendamente serio, alzando la mano, esperando que se la estrechase. – o al menos lo era…
Wow.. Menudo nene, que cojones le echaba. Pero conmigo no puede, se a buscado un rival demasiado fuerte para él.
Alcé yo la mía escondiendo la sonrisita que luchaba por dibujarse en mis labios. Se la estreché y le miré con cara de circunstancias, haciéndome el inocente, el desconcertado.
-Yo soy Tom, su… Hermano. Siento que nos hayamos tenido que conocer de este modo.. – se la estreché y él me miró fijamente, achinando la mirada levemente, como intentando encontrar algo, como queriendo ver detrás de mi comportamiento.
Por un momento temí que así fuese, pero no, finalmente se tragó mi excelente númerito
-Un placer Tom – dijo al fin – Bill.. – miró a mi hermano que estaba a punto de darle un chungo en mitad del pasillo. – Eres un completo gilipollas, se acabó ¿me oyes? Estaba dispuesto a hacerlo todo por ti… Por que estuvieses conmigo, que me eligieses a mí, pero ya me he cansado de ser tu marioneta… – le dijo esas palabras con lágrimas en los ojos, a punto de descender por sus mejillas, pero no, se mantuvo firme, y… Sí, las ganas de reventarlo a hostias se esfumaron.
Me gustó… Si, definitivamente podía sacarle mucho partido a ese niño, había hecho de él mi aliado con tan solo unas palabras y un poco de teatro, no me quiero ni imaginar lo que podría hacer con él si me lo proponía.
Pero lo importante ahora es que había conseguido lo que quería.
-Pero Kat… Es todo mentira… ¿no lo ves? – articuló Bill desesperado avanzando hasta nosotros. – ¡Tom joder! ¿¡que estas haciendo?! – se volvió hacia mí y me dio un empujón en el pecho, mirándome con expresión dolida.
-¿Que qué estoy haciendo yo? ¿que estas haciendo tu? ¿te diviertes jugando con la gente?
-¡Pero es que esto es increíble! ¿¡Como te atreves?! ¡Yo ya no quiero estar contigo Tom!
-¿Como eres tan sumamente descarado, Bill? Anoche mientras te hacia el amor no decías lo mismo – Bill alzó la mano para pagarme, pero se la agarré inmediatamente y la aparté de mí.
Vi como el chico suspiraba incrédulo mirando hacia el suelo, con la boca semi abierta de la indignación.
-Esto es increíble… – murmuró. Bill me echó una mirada furiosa y decepcionada y se volvió hacia él de nuevo.
-Kat, escúchame por favor…
¡PLAF!
…
Ahí si que me quedé flipando… Menuda hostia le metió, yo hice una mueca con la cara al ver semejante impacto.
-Eres despreciable… Mil veces más despreciable de lo que yo pude ser Bill… Eres un enfermo, ambos lo sois. Seguid con vuestra asquerosa e incestuosa relación, ya no voy a interponerme más. No mereces la pena Bill… No la mereces.
Me tuve que poner la mano en la boca para disimular la gran sonrisa que se dibujó en mis labios.
Ví atentamente como el enano se giraba muy digno y se metía en el apartamento, cerrándole a Bill la puerta en las narices.
Dios, increíble, brutal, así se hace nene, me has ahorrado todo el trabajo. Pero no me olvido de ti, de eso nada… Tu y yo vamos a tener más que unas palabras, pero ahora tenía que concentrarme en ese muñeco que giraba la cara para mirarme, con la mejilla izquierda completamente roja.
-Tom… Tu… – susurró agachando la cabeza, poniéndose la mano en el lado de la cara golpeado, su pelo liso cayó como una cortina tapándole medio rostro. Sus hombros temblaban.
Si… Si.. Vamos Bill, así es como te quería ver, vamos, enfádate, saca todo lo que tienes que sacar, te acabo de joder, me he comportado como un completo cabrón, me he reído de los dos, he destrozado vuestra relación ¿A que esperas? Oh Dios, como me pone verte así…
-Bueno pues yo ya no tengo más que hacer aquí – dije yo encogiendo los hombros y moviendo mi piercing juguetonamente mientras le observaba, provocándole. Me mordí el labio y sonreí abiertamente después -¿Te vienes cariño?
Todo pasó muy deprisa, solo pude percibir con claridad su mirada repleta de odio antes de ver como se me venía encima.
-¡TE MATARÉ TOM! – y casi sin darme tiempo a reaccionar se abalanzó sobre mí tras ese grito desgarrador. Por suerte mis reflejos eran buenos y esquivé su cuerpo echándome hacia un lado, casi cayéndome de boca al suelo. Él impactó contra la puerta que yo tenía a mi espalda haciendo un gran ruido al chocar su cuerpo contra la madera.
Abrí mucho la boca apoyado en la pared antes de darme cuenta de que no tenía tiempo para pensar de nuevo, enseguida se separó de la puerta y corrió de nuevo hacia mí.
-¡Hostia!.. – maldije y agarrándome al barrote que hacía esquina en la baranda de las escaleras me deslicé por el suelo resbaladizo, derrapando en la curva y empezando a bajar estrepitosamente, saltando los escalones de tres en tres.
Entre curva y curva para cambiar de nivel echaba un vistazo arriba, viendo como Bill me pisaba los talones. Me mordí el labio sonriendo, esa sensación de adrenalina que recorría mi cuerpo era brutal, no por miedo, ni mucho menos, era por el echo de haberle echo reaccionar, que me persiguiese para destrozarme. Era tremendamente excitante…
-¡Vamos nenaza! – le provoqué parándome un momento en el hueco entre un nivel y otro, apoyándome en la pared mientras abría los brazos, exhibiéndome – ¡Aquí me tienes! ¡vamos! – grité jadeando, viendo como él bajaba ese tramo rápidamente e intentó atraparme, pero rodé por la pared hacia la izquierda, haciendo que de nuevo se estampase contra ella y continué bajando.
-¡Cuando te coja te voy a estrangular con mis manos maldito hijo de puta! – gritó comiéndose de un salto ese tramo y consiguió agarrarme de la sudadera, tirando me mí, haciéndome resbalar hacia atrás.
-Mierda… – murmuré agarrándome a un barrote de la baranda y sacudiéndome los brazos me saqué la sudadera dejándosela a Bill en las manos. De ese modo conseguí zafarme.
-¡Maldita sea Tom, voy a matarte!
Joder como me ponía verle cabreado….
Nos estábamos haciendo daño al bajar de esa manera tan tremendamente bruta, yo me caí un par de veces haciéndome trizas las espinillas con los bordes de los peldaños y Bill no se como no estaba retorciéndose de dolor ante esos impactos que se daba con las paredes cuando intentaba atraparme.
Realmente brutal.
Cuando llegué abajo del todo, en el portal principal me paré jadeando escandalosamente. Y me dí la vuelta despacio para recibirle. Ya basta de correr.
Sonreí al verle girar la escalera y se me quedó mirando con la cabeza gacha, totalmente despeinado, jadeando como yo y con una cara de psicópata impresionante.
Apreté los dientes sin dejar de sonreír, notando esa sensación atizarme el cuerpo por dentro al verle en ese estado, era algo increíble… Era un deseo realmente masoca. Dios… Baja aquí maldita sea Bill.
Y como si me hubiese leído el pensamiento se abalanzó sobré mí, haciéndome retroceder ante tal impacto, chocando mi espalda contra la pared de atrás.
Sin esperarlo en absoluto su puño impactó contra mi cara, removiendo mi cerebro con una sensación increíblemente desagradable. Pero nada que no pudiese soportar.
-¿Quieres jugar duro, zorra? – dije en tono imponente mientras le agarraba del pelo, cerrando mi puño en su nuca y tirando fuerte. Él apretó los dientes para no gritar ante semejante tirón.
Pero rápidamente contraatacó cerrando su mano en torno a mi cuello y apretando, clavándome las uñas con fuerza.
Maldita maricona… ¿donde tenía toda esa fuerza escondida?
Le agarré esa mano y tiré, intentando apartarla de mi cuello mientras le miraba como advirtiéndole, pero él apretaba más fuerte.
Bill quería matarme de verdad… Ardía de ira, no había más que ver sus ojos.
Sonreí sin poder evitarlo.. Esto era algo que me superaba.
Ya bastaba de gilipolleces, le apreté tanto la muñeca que tuvo que apartar la mano de mi cuello por voluntad propia, con un gesto de dolor, pero no escarmentó, alzó la rodilla en un intento de destrozarme las partes nobles, pero se la paré al verle las intenciones.
Maldita sea… No quería tener que atizarle pero no me estaba dejando otra…
-¡Muerete Tom! – gritó pataleando, dándome golpes esta vez en el pecho sin parar.
Al ver que no es estaba quieto le dí una bofetada en el lado contrario donde lo hizo el niño, haciendo que su ira hacia mí aumentase.
Se puso como loco, empezó a pegarme fuerte, tirándome de las rastas, dándome hostias en la cara sin parar, puñetazos en el pecho y abdomen… Me estaba dando pero bien.
-Me cago en la puta Bill… – murmuré tras otro fuerte puñetazo en la cara. Me pasé el reverso de la mano por el labio viendo como me lo dejé empapado en sangre – ¡No me calientes que acabo contigo! – grité fuera de mí, sin controlar demasiado mi fuerza crispé mi mano en un puño y lo impacté sobre su estómago.
Retrocedió encorvándose hacia delante, abrazándoselo mientras tosía.
Entorné la mirada mientras le observaba desde arriba, giré la cara y escupí a un lado, la sangre de mi labio se filtraba dentro de mi boca y me producía un sabor salado bastante desagradable.
-¿Crees que voy a dejar que me des de hostias sin más? Antes de reviento enano maricón, conmigo no puedes. – le empujé, dándole con mi mano en el hombro, él estaba tan aturdido por el golpe que le propiné que cayó al suelo. Avancé y le agarré del pelo bruscamente. – ¡Levanta manicona! – le zarandeé y tiré con fuerza, él tuvo que ceder si no quería que se lo arrancase.
-Aau.. ¡joder Tom! – se quejó.
-¿Que te pasa? ¿eh? Tu has empezado. – Lo arrastré hasta la pared que hacia esquina en las escaleras de bajada, a un lado del ascensor, fuera de la vista de cualquiera que entrase por la puerta principal del edificio.
-Cof.. Cof.. No tú me has puteado a mí… ¿como coño te atreves a inventarte semejante trola? – murmuró aun retorciéndose ante el golpe que le dí. Lo apoyé en la pared y puse ambas manos a los lados de su cabeza, acosándole.
-Me ha quedado redondo ¿eh? Soy un actor de puta madre. – sonreí de lado, a mala leche, él alzó su mirada felina, totalmente entornada, llena de ira.
-Que hijo de puta eres… – Puso ambas manos en mi pecho y apretó los puños, arañando mis pectorales por encima de la camiseta incluso, arrugándola entorno a sus dedos – …Tom – y ese calor me abrasó de nuevo por dentro al mirarle a los ojos fijamente.
Deseo… Eso era lo que veía, fuego, furia, rencor, y un deseo sexual realmente brutal.
-Bill… Nene… – jadeé fuerte y me relamí los labios ansioso.
Él se pasó la lengua por su labio superior mientras jadeaba ruidosamente, su pecho subía y bajaba sin cesar y sus manos descendieron por mi abdomen hacía abajo en un movimiento rápido y desesperado, llegando a introducirlas por debajo una vez llegó al borde. Sus yemas ardieron contra mi piel. Dibujando la forma de mis abdominales, palpándolos a su gusto, clavándome las uñas, queriendo hacerme daño… Queriendo desahogar ese deseo masoca que él sentía en estos momentos..
Sin poder contenerme más bajé mis dos manos a su cintura y agarré también el filo de su camiseta, subíendosela despacio mientras mis manos perfectamente amoldadas a la forma de sus costados, arrasaban por su piel, dejándole la camiseta por sus axilas al final.
Nuestros jadeos eran tremendamente ruidosos, podía incluso oírle tragar saliva de lo atacado que estaba.
-¿Sabes lo que me apetece hacerte ahora Bill? ¿lo sabes? – le susurré juntando mi frente con la suya, él siguió recorriendo las manos por mi pecho hasta conseguir subirme la camiseta exactamente igual a como se la dejé yo, rodeando mi talle inmediatamente con sus brazos y abrazándome por la cintura, juntando nuestros cuerpos expuestos, nuestro calor, el movimiento que hacían nuestros pechos ante tal forma de respirar.
Me miró fijamente otra vez, haciéndome estremecer entero.
-Si, lo sé – fue su respuesta.
-Pues mejor, porque esta vez voy a llegar hasta el final..
-De acuerdo… – Sonreí contra contra sus labios, incrédulo, no me lo tragaba, Bill no accedería tan de buenas. Pero igualmente me moría de ganas así que hice lo que me pedía el cuerpo, ya entrase el Papa por aquel portal, me lo follaría allí mismo, contra esa pared.
Sonreí de lado y pude percibir el mismo gesto por su parte antes de unir nuestras bocas en un encuentro en el que los dos colaboramos para acortar la distancia, tanto como yo me tiré a los suyos él se tiró a los míos.
Entreabrí la boca y me encontré con los suyos igual, húmedos, tremendamente deliciosos. No fue un beso con preliminares, nada de eso, enseguida nuestras lenguas se tocaron, buscándose, entrelazándose dentro de nuestras bocas unidas, mientras que movíamos los labios casi al compás, de un modo ansioso, comiéndonos, deborándonos más bien.
Descargando todo el deseo que nos procesábamos y que había sido retenido por cojones, por la cabezonería de Bill… Pero era algo innegable, no podíamos estar sin sentirnos, sin tocarnos de esta manera, nos deseábamos de un modo casi imposible, incomprensible… Pero así era y así sería siempre.
Entorné los ojos mientras nos comíamos la boca sin parar, pudiendo ver que él tenía los suyos igual, me estaba mirando mientras nos besábamos, era un completo vicioso, no podía disfrutarlo sin más, no, él tenía que verlo.
Sus dedos no paraban de palpar los músculos de mi abdomen, como recreándose en mi breve musculatura. Sonreí en mitad del beso y le agarré las manos por las muñecas, llevándolas a la pared y aprisionandoselas ahí mientras me separaba de sus labios haciendo un sonido de lo más húmedo.
Él me miraba como un autentico obseso, con la cabeza medio gacha y la mirada alzada, jadeando sin parar, sumiso ahora, sin hacer fuerza al agarre que le impuse al empotrar sus manos contra la pared.
-Eres una autentica preciosidad Bill… – murmuré mordiéndome el labio al observar lo increíblemente apetecible que estaba ahora. – Necesito volver a tenerte o me volveré loco.. ¡loco Bill!
-Yo creo que ya es tarde… Tu ya estás loco Tom…
-Sí… Completamente loco por ti.
Sonrió y se sacudió el agarré de sus muñecas, llevando sus manos a mi cintura de nuevo, sobándome, mientras que me daba leves y excitantes bocados en el cuello.
Joder, mierda… Estaba que iba a reventar y Bill se estaba entregando a mi de nuevo. Después de más de cuatro putos meses de martirio, después de cuatro meses sin hacerle mio… Aun así estaba siendo demasiado fácil… Demasiado, Bill ahora mismo haría cualquier cosa menos acceder a que me lo tirase, él era demasiado orgulloso…
Le miraba fijamente pero no veía nada, su mirada era totalmente lujuriosa, y sin duda me pedía sexo…
Enseguida bajó sus manos hasta mis pantalones, vi, flipado, como me desabrochaba el cinturón con rapidez. Echándome miradas fugaces mientras lo hacía, provocándome.
-Bill joder…
-Vamos Tom, me arrepentiré de esto pero ahora necesito que me folles.. – me mordí el labio con fuerza y le agarré de la nuca de nuevo, haciendo que me mirase.
-¿Que estas tramando Bill? No soy gilipollas, ¿porque estás siendo tan fácil? A mi no me la cuelas nene.
Bajé mi mano libre hasta el bulto del pantalón de chandal que llevaba. Metiendo la mano por el borde, colándola con facilidad por su ropa interior y se la agarré con firmeza, rodeándola con mis dedos.
-Hmmm… Tom… – gimió mi nombre a lo que yo sonreí. Increíble, si Bill tenía principios hoy se los dejó olvidados en algún lado, primero intenta matarme y ahora me suplica que me lo folle… Flípante, no doy crédito.
-Que bien se lo ha pasado esta de aquí ¿eh? – se la apreté con saña, haciéndole gemir de nuevo, agudamente esta vez. Se la solté y llevé mi mano a su culo, yendo de golpe entre sus nalgas, a ese jodido lugar que era mi perdición. – ¿Y que me dices de esto nene?.. Ahora a ver quien la mete aquí, demasiado tiempo sin dejarme darte lo tuyo…
-Mierda Tom… – jadeó contra mis labios, acercándose más… – no me hagas esto… Si vas a hacerme algo, házmelo ya…
Me meneé el pendiente del labio con la lengua y sonreí a mala hostia, me encantaba verle así. Bill era un putón, lo era, este en su otra vida era chapero sin duda.
-¡Pues dí de quien eres joder! ¡Quien es tu chico! ¡¿Quien te da lo que tu necesitas Bill?! Déjate de gilipolleces y reconoce que eres un puto maricón pasivo, adoras que te joda, que yo lo haga, eso es lo que te pone, eso es lo que de verdad te hace ver las putas estrellas solo al imaginarlo. ¿A que a venido toda esta mierda Bill? ¿a qué? – Él me puso cara de desesperación y llevó sus manos sobre las mías, amoldadas a la forma de mi trasero.
-Vamos Tom… Ya.. Házmelo.. – resoplé fuertemente y le sujeté de la cintura con fuerza haciéndole quedar de espaldas a mí.
Apoyó los antebrazos en la pared mientras que yo hacia la forma de su cuerpo bajando mis manos por sus costados, hasta llegar a su perfecto trasero.
Le bajé los pantalones y la ropa interior a la vez, dejándoselos por los muslos, Dios que culo se gastaba… Ese culazo que siempre fue mio…
Me pegué a él, haciendo que notase mi erección por encima de la ropa.
Él gimió al notar la forma de mi pene hacer presión entre sus nalgas por encima de la ropa.
-Ummm… – ronroneó de puro gusto.
Yo aun tenía ambas manos amoldadas a su fina cintura mientras que mi boca danzaba sobre su cuello expuesto, pues le eché el pelo a un lado y fui dejando besos húmedos por debajo del lóbulo de su oreja.
Bill alzó una de sus manos y me agarró la nuca a la vez que giraba la cabeza, queriendo encontrarse con mis labios de nuevo pero antes de volver a perdernos en la boca del otro oí algo así como una exclamación ahogada.
Separé mi cabeza de inmediato y miré al lado contrario a donde estaba a punto de besarme con Bill.
Una señora mayor con bolsas de la compra dispuesta a coger el ascensor nos había pillado, y nos miraba con los ojos como platos. Bill giró la cara y para mi sorpresa se empezó a reír a carcajadas, miré a la anciana y sonreí con chulería.
-Señora estoy intentando follarme a mi pequeño, y usted ahí mirando me corta un poco el rollo, ¿le importaría largarse o quiere ver como se la meto? ¿lo quiere ver? – dije haciendo ademán de sacármela y metérsela.
-Jesús… No me lo puedo creer.. – le dio al botón del ascensor totalmente pálida y se metió apresuradamente.
-¡Ajajajajaja! Joder… Jujuju… – Bill se estaba partiendo de mala manera, y me resultó de lo más chocante, él que tanto había dramatizado por el hecho de que nos pillasen, que le daban bajones, que incluso me dejó por eso ¿y ahora se reía…? Definitivamente no entiendo que le pasa por la cabeza.
Me empujó y se subió los pantalones mientras se daba la vuelta, yo le solté y me separé, accedí y le dejé libre.
Achiné la mirada ante su cara sonriente, dobló la lengua y atrapó la bolita entre sus dientes.
-Bill…
-Oh cállate Tom – me cortó y puso los ojos en blanco mientras negaba con la cabeza. Yo me quedé un poco bastante flipado, mi hermano definitivamente era bipolar, aun así no me molesté, pasaba de amargarme, ya me imaginaba algo así pero el magreo había estado bien, sin duda.
No tengo prisa, intentaré aguantar, aguantaré toooodo lo que haga falta hasta que sea el momento… Hasta que Bill sea completamente mío de nuevo. Estoy avanzando, y eso es algo que me pone de buen humor. Todo me estaba saliendo redondo, de puta madre.
Encogí los hombros y me saqué un cigarro del bolsillo del pantalón, llevándomelo a los labios y encendiéndomelo. Pasé por su lado dándole una palmada en el trasero y caminé hacia la salida, él enseguida se puso a mi altura.
-¿Quieres? – dije hablando con el cigarro entre los labios, extendiéndole la cajetilla.
Él cogió uno mientras que con la otra mano se peinaba el pelo con los dedos hacia atrás, intentando arreglárselo levemente antes de salir. – Por cierto se te nota mucho que vas empalmado.
Se miró y vio como los pantalones al ser de tela de chándal, la erección que tenía cantaba que no veas.
-Hijo de perra.. – puso su mano en mi hombro y me empujó hacia un lado, yo dí un par de pasos hacia ese lado al no esperármelo. Chupé del filtro y atrapé el cigarro con los dedos apartándolo de mi boca mientras expulsaba el humo.
-Maricona… – le contesté, lancé el mechero al aire y él lo atrapó sin problema sonriendo, mientras que yo abría la puerta de la calle se lo encendió.
Salimos con unos aires increíbles, fumando y caminando como auténticos vacilones rumbo a mi Escalade, aparcado justo enfrente.
Definitivamente eramos dos chicos iguales, con exactamente la misma cara, pero aparte de eso no podían existir dos personas más opuestas. Pero los polos opuestos se atraen, esa es una verdad como una catedral de grande.
Creo sinceramente que nunca entenderé a mi hermano, nunca, jamás, por mucho que tengamos conexión y todas esas chorradas, no consigo entender nada de lo que hace, como es, como se viste, como se peina, porque coño se pinta… Nada, cero. Si Bill no fuese mi hermano hace tiempo que le habría dado una paliza por divo insoportable. Pero irremediablemente esa puta manera de ser me había atrapado totalmente. Sin remedio.
Le quiero… Y si esta pedazo de diva maricona no era mía no seria absolutamente de nadie más.
Y punto.
Continúa…