«Obsesión sexual» (Fic de Eivy)
Capítulo 46
Pov Bill
Después de una larga e intensa tarde de compras por todas las tiendas de firma de la ciudad, uno de los guardaespaldas que me acompañó me dejó en casa y me ayudó a cargar las bolsas hasta la puerta.
-Muchas gracias – le sonreí.
-Para eso estamos – se encogió de hombros y se volvió al coche en el que me acompañó toda la tarde.
-Claro que sí, para eso te pagamos.. – dije para mí una vez arrancó el coche y desapareció. Tenía un montón de llamadas perdidas de Tom, que por supuesto no me molesté en responder.
Busqué en una de las bolsas y saqué una piruleta redonda de colorines. Me la compré en una tienda de golosinas del centro comercial y estaba deseando comérmela, lo hubiese hecho de no ser porque la gente me perseguía y me hacia fotos mientras compraba, y claro, no voy a salir con la piruleta en la boca, como cantante y famoso que soy siempre tengo que ir aparentando lo que no soy o reprimiendo las ganas de lo que realmente me apetece hacer o decir, pero bueno… Ya estoy acostumbrado.
Aunque era de noche yo no me había quitado mis enormes gafas de sol, me sentía más protegido con ellas, siempre había sido así. Me puse la piruleta en la boca para poder abrir la puerta y entré con el mogollón de bolsas, cerrándola de una patada.
Y tal y como esperaba ahí estaba Tom, cruzado de brazos en la entrada, esperándome, habría oído el coche o vete a saber, pero ahí estaba con su cara de ser el amo del lugar.
Sonreí de lado.
-¿Que miras tanto? – le dije dejando las bolsas en el suelo y sacándome la piruleta de la boca, vacilándole con mi expresión.
-¿Donde cojones has estado toda la tarde? – su tono era imponente y demandante, pero como que me la soplaba.
-Eso no te importa.
Sonrió incrédulo, como si fuese imposible que yo le contestase así. Es su culpa, últimamente está muy subido, no, más bien anda por las nubes y Tom nunca me había podido vacilar… Nunca hasta que pasó aquello entre nosotros y yo era el nene sometido, eso aumentó su ego aun más si cabía, pero estoy dispuesto a recuperar mi honor perdido. Tom no es más que yo, nunca lo ha sido, no veo porque ahora tendría que ser diferente, simplemente no me da la gana.
Le di unos cuantos lametones a la piruleta ante su mirada incrédula, cogí las bolsas y caminé hasta las escaleras rumbo a mi habitación.
-Bill – volví la cara ante su llamada – ¿Quieres salir conmigo esta noche?
Me pilló totalmente por sorpresa, abrí la boca para decir algo… ¿pero que coño iba a decirle?…
-Emm… – vacilé, él sonreía aún apoyado en la pared de la entrada, tsk, si se ha propuesto ponerme nervioso con su comportamiento impredecible las llevaba claras. – Lo siento, pero ya he quedado esta noche, otra vez será. – Mentira… Pero es lo primero que se me ocurrió, aun así me costó aguantarme la risa ante la cara que se le quedó.
-¿Has quedado? – se despegó de la pared entornando la mirada y caminando hasta estar a mi altura en las escaleras, bajé la miraba y vi como tiraba de un puñado de bolsas, cogiéndolas él y siguió subiendo. – ¿con quien?
Fruncí el ceño extrañado al ver este gesto y seguí subiendo con él.
-Eso no te importa. – soltó una carcajada burletera pero no dijo nada más.
Me ayudó a llevar todas las bolsas hasta mi habitación, poniéndolas todas sobre la cama.
-¿Te has comprado toda la tienda? Joder… – dijo al ver la cantidad de cosas que había en las bolsas. Encogí los hombros sonriendo.
-Me apetecía concederme unos cuantos caprichitos.
-¿Cuando vas a dejar de derrochar? – Sonrió y se sentó en la cama, viendo como yo sacaba las distintas camisetas y chaquetas que me había comprado, pegándomelas al pecho frente al espejo -¿Con quien has quedado, Bill? – me relamí los labios, aguantándome la sonrisa.
-¿Cual crees que debería ponerme esta noche? – me volví hacia él y fui alternando dos camisetas, una en negra y plateada y otra en roja. – ¿Esta o esta?
Sin más Tom se levantó y me agarró de las muñecas, acosándome con su cuerpo y con la mirada.
-Respóndeme. – Me reí en su cara y ladeé la cabeza.
-Eso… – me acerqué a sus labios, haciéndole jadear – …no te importa. – Y me separé, sacudiéndome el agarre que tenía impuesto a mis muñecas.
Le dí la espalda de nuevo y seguí sacando ropa y accesorios de las bolsas, no se que cara tenía, o si se estaba mosqueando, pero tenía que arriesgarme.
Rebuscando encontré algo que olvidé que había comprado. Me volví y vi como Tom alzaba ambas manos en gesto de derrota y encogía los hombros.
-Vale, haz lo que te de la gana – y para mi sorpresa se dio la vuelta dispuesto a salir de mi habitación. Impredecible era sin duda, pero dejé la tontería un momento para darle lo que tenía para él.
-Tom, espera – el se giró con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón. -Mira ¿Te gusta? – extendí y exhibí una camiseta enorme, tenía un dibujo de un grafitti super guapo, era negra pero además alternaba distintos tonos de azul claro y azul marino, blanco y morado, pero el remate es que debajo del dibujo principal tenía escrito “I’m the fucking king” Tom la miró con los ojos muy abiertos – La vi, y no me pude aguantar, esta echa para ti, toma – se la lancé y él la agarró al vuelo – Te la regalo.
Sonreí de nuevo, mordiéndome el labio esta vez, satisfecho por su reacción. Claramente no se esperaba semejante gesto por mi parte. Extendió los brazos para poder mirarla bien y así estuvo un rato. Yo esperaba impaciente, hasta que bajó los brazos y me miró.
-Bueno, ¿he acertado? – pregunté.
-No, es horrible. – me dijo serio.
-Oh… – fruncí en entrecejo, chafado.
-Toma, la puedes devolver, no me gusta. – la tiró encima de la cama con un gesto despectivo y se dio la vuelta, saliendo de mi habitación.
Pues vale… Está claro que yo no le puedo ganar a Tom en lo que joder a otros se refiere, siempre salgo perdiendo y como soy gilipollas no puedo evitar que me afecte.
No sentía rabia, si no tristeza, pero fingí que no me importaba, no puedo permitirme humillarme más aun de lo que él ya hacía.
Cogí la camiseta y le miré de nuevo, me dejó escamado ¿que era lo que no le gustaba? Las camisetas con esta clase de dibujos le gustan mucho… No lo entiendo, ¿será el color? Es negra y azul… Esos colores son los que más suele usar.
Me mordí los labios y dejé caer mis brazos, suspirando.
Dios, que chafado me había dejado, se le quitan a uno las ganas de todo. Dejé todo lo que estaba haciendo y cogí las llaves de mi coche. Salí de casa sin encontrarme con Tom.
Me puse las gafas de sol y arranqué, me estaban entrando unas ganas impresionantes de ponerme a llorar como un niño pequeño, de derrumbarme y si lo hacía, no sería Tom quien lo viese.
&
Caminé por la fina arena que cubría el espacia vallado. Ahora mismo no había ni un solo niño allí, eran las doce de la noche, normal.
Me quedé mirando la valla de colores mientras me sentaba en uno de los balancines, agarrándome a las cadenas de las que colgaba el asiento.
Hace tanto tiempo que no venía a un parque. A mis alrededores tampoco había nadie, pero yo estaba dentro de el espacio infantil y allí aun menos, necesitaba estar solo.
Me empujé con las piernas, balanceándome lentamente hacia delante y hacia atrás sin despegarlos del suelo, una suave brisa nocturna mecía mi pelo.
Por mucho que yo intentaba mantenerme indiferente… No podía evitar que las cosas me doliesen, no soy de hielo, los sentimientos siempre me pierden, soy una persona apasionada, o al menos eso creo. Me afecta mucho lo que la gente diga de mí, aunque aparente todo lo contrario, es inevitable.
A nadie le gusta sentirse rechazado, que le desprecien un regalo, Tom eres un idiota… ¿Por qué has cambiado tanto?
Agaché la cabeza y seguí meciéndome suavemente.
Quiero ser fuerte… Y no me dan más que palos, no me dejan levantarme, enseguida me empujan hacia abajo otra vez, quiero reponerme, quiero volver a resurgir… No quiero sufrir.. No quiero… No quiero estar solo…
Oí un sonido de cadenas a mi derecha, giré la cara y vi como Tom se había sentado en el columpio de al lado, agarró con dos dedos el cigarrillo que se estaba fumando, dándole una intensa calada y apartándoselo de los labios después.
-¿Que haces aquí? – me dijo mirando al frente, entornando los ojos mientras expulsaba la bocanada de humo. Dejé de mirarle y giré la cara al frente como él, sin dejar de moverme levemente.
Me había vuelto a seguir.
-Eso no te…
-Si que me importa – me cortó.
Nos quedamos en silencio otra vez. Solo se oía el chirrido que hacia el columpio cada vez que yo me mecía despacio.
-¿Que te ha pasado Tom…? – susurré, sé que él entendió a que me refería.
-La pregunta es ¿que te ha pasado a ti? – respondió con serenidad, sin mirarme, sin dejar de fumar, como si eso le calmara.
-Yo no me he vuelto un cabrón que va solamente a joder.
-Tu eres el mayor de los cabrones Bill. – Giré la cara para mirarle incrédulo – Lo que hiciste no tiene nombre. – Cerré los ojos lentamente, otra vez metiendo el dedo en la yaga.
-Lo hice por el bien de los dos.
-No, lo hiciste porque no podías más con la situación, estabas acojonado, eres un maldito cobarde. – Me mordí los labios y me callé de nuevo durante largos segundos. -Contéstame a una cosa Bill – se removió acomodándose, metiendo una de sus manos en los bolsillos de su sudadera– ¿Cuándo vas a dejar de mirar por ti y centrarte un poco en las personas que tienes alrededor?
Miré el suelo de arena, moviendo mis pupilas sin parar, escuchado como me reprochaba las cosas..
-Yo no hago eso Tom.
-Oh, si que lo haces, y constantemente además.
-Te equivocas Tom, no me gusta hacerle daño a la gente…
-Pues que raro porque en eso tu eres experto. – Se estaba pasando… Aunque siempre lo diré, tiene todo el derecho del mundo a estar furioso, a odiarme…
-No empecé con Kat para hacerte daño…
-Ya lo sé. – le dio otra intensa calada a su cigarro y lo tiró a la arena. – Lo que de verdad me hace daño es que tu le quieres, que te quieres olvidar de mí amándole a él… Eso es lo que me jode, que me estés intentando sustituir.
-Todo es inútil, nunca he dejado de quererte Tom – susurré.
-Eso también lo sé, pero no consigo comprender tu manera de hacer las cosas, como si te empeñases en hacer todo lo contrario a lo que en realidad deseas.
-No es tan fácil…
-Tienes razón… Pero yo quiero vivir la vida a tu lado Bill, no quiero aparentar que no te quiero cuando no es así. – Él empezó a balancearse también, más lento y más pausado que yo, sin dejar de mirar al frente mientras me hablaba.
-Entonces ¿que sugieres tu que hagamos? ¿que es lo correcto?
-Nada, esto es una equivocación – dijo sereno, hablando serio.
-No entiendo porque te empeñas tanto entonces… Porque no dejas las cosas como están..
-Creo que está bien claro el por qué..
-Si… Pero eso sería ser egoístas, mirar por nosotros en vez de por las personas que tenemos alrededor, no me reproches algo que tu mismo haces Tom.
-Quiero ser egoísta Bill, el ser más egoísta de la tierra. – Y por primera vez en toda la conversación giró la cara para mirarme fijamente. – Porque te quiero solo para mí.
El corazón me dio un vuelco en el pecho… Oh Dios…
Me levanté y me acerqué a él, me agarré con las manos a las cadenas, a ambos lados de su cabeza, colocándome entre sus piernas abiertas. Tom alzó la cara para mirarme.
-Quiero ser el único que te posea siempre Bill… – susurró esta vez, alzando las manos hasta agarrarse a mis piernas por los laterales. – Tu eres mío desde aquella primera vez, cuando perdiste la virginidad con aquella chica y llegaste al orgasmo gritando mi nombre… Pues no has parado de hacerlo desde entonces.
Me mordí los labios con cara de dolor.. Porque eso era lo que sentía… Dolor, una fuerte opresión en el pecho.
Nunca, jamás, sabré que pasó entre nosotros para empezar a desearnos de ese modo, que fue lo que estalló ahí… No soy capaz de echarme toda la culpa al empezarlo, porque seguro que a Tom también le habían ocurrido cosas que nunca me contará…
-Sabes que esto no puede ser Tom… Sabes que no voy a volver contigo – murmuré mirándole a los ojos mientras él me acariciaba la cadera esta vez.
-Pues voy a hacer todo lo posible para que así sea, porque yo sin ti no puedo vivir.
-Siempre estaré a tu lado Tom… Pero no de esta forma.
-Yo te necesito de esta forma Bill, no me dejes probar la droga si luego me la vas a quitar, porque yo ya estoy enganchado, y cada vez estoy más loco porque la necesito y no me la das… – Alzó la cabeza tratando de rozar mis labios mientras colaba su mano por mi camiseta y me acariciaba. – Siento que me desespero, me dan ganas de romper cosas, de hacer locuras… Te necesito… ¿porque no me lo das?
-Tom… – suspiré entrecerrando los ojos… Siempre, siempre caía, no tenía aguante, no cuando me miraba de ese modo…
-Mio, Bill… – acarició mis labios con los suyos, de un modo infinitamente dulce mientras me agarraba con firmeza la cintura por debajo de la camiseta y me pegaba a él totalmente – … eres y siempre serás mío.
Cerré los ojos lentamente dejándome llevar por la dulzura de este momento, sintiendo como él era la única persona con la cual yo dejaba de ser yo, todos estos sentimientos que sentía únicamente a su lado, no solo deseo sexual… No, y la profundidad de esas sensaciones me asustaba… Me aterraba.
Todavía recuerdo perfectamente la primera vez que Tom me dijo palabras bonitas… Oh si, aquella noche… En la que nos demostramos tantas cosas..
-Eres… eres tan guapo Bill.
Oh Dios, me quedé atónito, porque Tom jamás habría soltado, como él dice, semejante mariconada.
-Soy igual que tú…
Si, eso le contesté, queriendo devolverle el piropo de alguna manera pues me sentía como nunca me había sentido.
-No hay comparación, tú eres hermoso… yo no.
Después de decirme aquello, me besó… Por primera vez, fue tan maravilloso.
Lo recuerdo todo… La primera vez que me dijo que me quería… Me lo dijo entre sueños, no puedo estar cien por cien seguro, pero de algún modo se que, aquella noche en el tour bus, sus palabras, desde el sueño iban dedicadas a mí..
Recuerdo perfectamente el tono de su voz, me lo dijo en un susurro, mientras yo le besaba despacio en los labios, oh Dios, fue perfecto… Tan perfecto como la primera vez que yo se lo confesé a él..
-Te quiero…
Él no me respondió… Estaba tumbado a mi lado después de haber echo el amor, y yo estaba tremendamente confuso, lo único que sabía es que yo le amaba…
-¿Tu… tu me quieres a mí?
Oh… Estaba tan nervioso, pero necesitaba saberlo… Y él, tan perfecto, tan hermoso me dijo…
-Más que a mi vida.
-Bill… Eh Bill ¿por que lloras? – Abrí los ojos y atendí a sus palabras, me había quedado absorto, divagando en mis recuerdos, en nuestros recuerdos.
-No.. No es nada. – me limpié las mejillas con las palmas abiertas mientras él me abrazaba y besaba mi cuello, me agarré a sus hombros y enterré mi cabeza en su cuello, sollozando sin poder evitarlo.
-Dime que me amas Tom… necesito oírlo, necesito que me lo digas de una vez…
-Te amo…
Sollocé más fuerte, rodeando su cuello con mis brazos, apretando fuerte, aspirando su aroma, atándolo a mi cuerpo, Tom…
-Oye que si eras más feliz con tus chicas nadie te está obligando a seguir con esto ¿eh?
-¡Jajajajajaja! ¡Picajoso!
-No, vete con tus chicas que son mejores que yo.
-Nadie es mejor que tú…
-Oh Tom… – susurré en su oído, llorando sin parar, entrelazando mis dedos con sus rastas, acariciándolas sin parar.
-Dime que soy mejor que cualquier chica con la que hayas estado.
-Eres mil veces más increíble, guapo y adorable que cualquier chica con la que haya estado…
Ascendí las manos hasta sus mejillas y me separé de su cuello, mirándole a los ojos de nuevo, viendo su mirada clara, limpia, esa mirada que me lo decía todo. Pasé un dedo por sus labios y se los acaricié mientras me acercaba a ellos de nuevo.
…Te quiero como no he querido nunca a una tía.
Los uní y empecé a moverlos, él por supuesto correspondió apretándome fuerte contra su pecho.
…Cuando hacemos el amor siento que me teletransporto al mismísimo paraíso.
-Hmmm… – gemí suavemente mientras él subía las manos por mi espalda, por debajo de mi camiseta y me besaba de un modo infinitamente apasionado, calentando mi cuerpo.
Se separó de mis labios y me la subió de un tirón, dejándome expuesto y empezó a besar y lamer mi pecho, mis pezones, febrilmente, con deseo…
…Adoro todo tu ser… desde cuando te ríes a carcajadas a cuando me mandas a la mierda…
-Tom.. Oh Tom… – jadeé su nombre mientras sus manos acariciaban mi trasero, excitándome sin remedio.
-Oh Dios como te deseo Bill… – susurró mientras no paraba de estimularme con su boca.
…me encantas, y por supuesto ni que decir cuando te pones modosito en la cama.
Sonreí… Si, lo recuerdo perfectamente, todas y cada una de las cosas que me dijo aquella tarde….
Llevé mis manos a la cremallera de su sudadera y se la desabroché, ansioso, él sonrió y se apartó un poco para que pudiese hacerlo con más facilidad. Cuando se la abrí… Me quedé sin palabras.
…Bill algún día de estos voy a comerte y no quedará nada de ti.
-Oh Joder… – me puse ambas manos en la boca, totalmente emocionado.
-Es una pasada cariño, es preciosa, me encanta, si pudiese la llevaría puesta siempre… Gracias.
La llevaba puesta… La camiseta que me despreció esta tarde…
¿Podía ser más grande este sentimiento? Había sobrepasado el límite, estoy seguro de que pocas personas en el mundo se amaban como Tom y yo lo hacíamos, con nuestras contradicciones, trampas, mentiras… Pero era un amor tan puro, tan supremo.. Que no creo que nadie lo pueda entender jamás.
Es como si sintieses que esa persona a nacido solo para tí, que ha sido creada para encajar contigo… ¿el sexo? No importa, hombre o mujer estoy seguro que me hubiese enamorado de él igual…
Pero Dios… Ese maldito hijo de puta nos hizo nacer gemelos… Nos castigo con esa condición… Para hacernos sentir sucios cuando ocurriese lo inevitable.
Por que era inevitable.
-Bill… – me acarició la mejilla mientras me penetraba con sus ojos. Se levantó del columpió y quedó frente a mí, yo seguía sollozando con las manos en la boca. Tom suspiró y cerró los ojos despacio, cuando los abrió los vi brillantes, acuosos. -… Por favor, te necesito, se mi chico otra vez… No te separes más de mí.
-Pero… – sollocé.
-Te quiero – me cortó – vuelve conmigo.
Continúa…