«Obsesión sexual» (Fic de Eivy)
Capítulo 48
Pov Tom
No podía, era imposible, no podía dejar de mirarle.
Descendí mi mano por su cara hasta su cuello fino, ahora lleno de marcas rojas causadas por mis labios tan solo horas antes.. Era tan hermoso.
Cada mechón de su pelo parecía estar colocado a propósito en esa posición, acompañando esa cara de porcelana, su mano bajo su mejilla, la pintura de los ojos levemente corrida hacia un lado, sus pestañas aun húmedas de haber llorado mientras le hacia el amor sin parar…
Suspiré al acordarme y me removí bajo las sábanas, colocándome más cerca, de costado en la cama, frente a él.
-Tom…. – me llamó de repente, presté atención a su cara, pero seguía relajada, y su cuerpo inerte, pensaba que ya estaba dormido.
-Dime… – susurré igual que él, aunque estábamos en nuestra burbuja, en completa intimidad era parte de la magia de ese momento.
-Justo ayer… Soñé algo muy extraño… – me acomodé, rodeando su cuerpo bajo el edredón, su fina cintura, acariciando su espada suavemente de arriba abajo con los dedos. Él seguía con los ojos cerrados y expresión serena.
-¿Hmm? ¿que soñaste? – pregunté interesado, me adelanté un momento y besé su hombro.
-Pues, en el sueño tu no eras mi hermano… – me aparté y retrocedí de nuevo para poder míralo a la cara, sus ojos ya estaban abiertos – eras… Un compañero de mi clase… – fruncí el entrecejo levemente, pero le dejé seguir hablando – era como un universo alterno a este, no existía Tokio Hotel, éramos chavales corrientes que iban a la universidad… Y tu no eras mi hermano… – volvió a repetir, suspirando levemente tras haberlo dicho.
-Bueno, ¿y que pasaba? ¿Tu y yo nos conocíamos? – pregunté, él desvió la mirada pensativo, sin moverse de la postura que había adoptado.
-Emm… Pues no exactamente – sonrió, yo alcé las cejas sorprendido ante su expresión – tu eras, como el rey del lugar, inalcanzable, super guapo, yo estaba colado por ti – abrí la boca levemente, tornándola en una sonrisa poco a poco.
-¿A si? – mi interés en ese sueño cada vez era mayor.
-Uhum… – me dio la razón suspirando y abrazándose a mí.
-Bueno pero cuéntame que pasaba, no me dejes así.
-No, prefiero guardármelo para mí – y volvió a sonreír.
-Oh venga ya, no me jodas Bill – sonreí estrujándole – ahora me lo dices. – Él se revolvió juguetón, tenía muchas cosquillas.
-Jujuju no..
-Ven aquí canijo – lo agarré de la cintura y le hice montarse encima, el edredón se movió al Bill alzarse sobre mi cuerpo y quedó por casi mis rodillas.
-¿Quieres…? – me preguntó algo cortado ante la situación, algo parecido a como estuvo anoche.
-¿Que si quiero qué? – jadeé hacia afuera subiendo mis manos por sus muslos, que ahora reposaban a ambos lados de mi cuerpo, sentado sobre mí.
-¿Volver a…?
-¿A que cariño? Vamos, dímelo. – frunció los labios y agachó la mirada. Era increíble que ahora se mostrase tan azorado ante estas situaciones. – Álzate Bill, déjame verte. – le dije en tono demandante, pues estaba encorvado sobre mí.
-Pero… – pude ver la inseguridad en su cara, la vergüenza.
-Bill – dije su nombre con tono medio severo, como regañándole, él finalmente obedeció ante mi imponente tono. Se que ahora, tras todo lo ocurrido me tenía más respeto que antes, eso ya era algo irremediable
Aun con la mirada gacha fue subiendo su cuerpo hasta quedar sentado a horcajadas sobre mí y con ambas manos puestas hacia delante, tapándose, con su pelo todo revuelto, con las mejillas adorablemente rojas. Era… Pfff..
-Eso es preciosidad – dije entornando los ojos y gruñendo como un puto perro en celo, apretando mis manos en sus muslos ansiosamente, poniéndome rematadamente caliente solo con mirarle, solo con eso, con esa jodida actitud de colegiala vergonzosa e inexperta en manos de su pervertido profesor… – Tócate Bill, enséñame como te lo haces, déjame disfrutar de ti.
Bill gimió apartando la vista ante esto, seguramente ahora notando como se me había puesto tiesa detrás de él, rozándole.
-N.. No – movió la cabeza, negándome, yo alcé mucho las cejas.
-¿Que no? – no me lo tragaba, Bill era un puto pervertido, un exhibicionista, siempre era el que hacía más guarradas en la cama, hemos llegado a hacer de todo, ¿como que ahora no? – ¿Por que no? -subí mis manos hasta su cadera y apreté, haciéndole ver mi disconformidad.
-Joder Tom… Me da corte, no me hagas hacerlo – Irremediable me eché a reír
-¿Cómo es eso? ¿vergüenza tu? Venga Bill que nos conocemos, has estado así desde ayer, echo de menos a ese Bill que no tenía reparos en experimentar cualquier cosa ¿que ha pasado con él?
Él frunció en ceño, mostrándome cara de nene enfurruñado, yo cada vez estaba más flipado con su actitud, pues parecía que le daba vergüenza de verdad.
-Pues si Tom, ahora me siento… Distinto al estar contigo, es diferente a como era antes.
-Hmmm ajá, sigo sin entender por qué.
-Pues no.. No lo sé, pero yo lo siento así… Eres tú, pero has cambiado tanto, pareces otra persona… No puedo… – le puse cara de extrañeza, pero en parte lo entendía, yo me había mostrado ya de tantas maneras que él estaba perdido conmigo y eso… Me gustaba.
-Bueno, pues este tío que te impone tanto te está diciendo que quiere míirate mientras te das placer, y si desobedeces igual se enfada.. – Oh Dios como me gustaba jugar con él de esta forma..
-Oh venga ya Tom – se quejó mirándome con súplica y rabia mezcladas – que sepas que si lo hago va a ser muriéndome de vergüenza.
-Uhmm pues más morbo me da.
-Oh Por favor… – rodó los ojos en gesto exasperarte. Yo me eché a reír otra vez, Dios, era tan adorable, tan fácil hacerle rabiar.
Le agarré de los brazos y tiré de él hacia mí, haciendo que quedase como antes, acercándole a mis labios.
-Está bien, hoy no seré malo.. – susurré y le di un húmedo beso, separándome al instante y haciéndole caer a mi lado, colocándome ahora yo sobre él, acaparándole, comiéndomelo, el cuello, la boca… Mientras él se agarraba a mi espalda y suspiraba y gimoteaba.
Otra vez dispuesto a hacerle morir de placer, dedicándome a él al cien por cien, de nuevo solo él, no hacia falta que hiciese nada, yo me encargaría de todo hasta que Bill estuviese curado, hasta que todas sus grietas desaparecieran. Era mi deber, era mi responsabilidad, cuidar de Bill, cuidarle, protegerle y quererle… Siempre, hasta que Dios me apartase irremediablemente de su lado, aquí estaría, por y para él…
Pov Katriel
Alcé la mirada y comprobé que era ese el edificio de aquél canal de televisión, que no me había confundido, pues aun me costaba trabajo moverme por una ciudad tan grande como Magdeburgo.
Apreté el agarre al asa de mi mochila bandolera, donde tenía el CD en el que ayer gravé el video..
Me mordí el labio y eché a andar, no se sí realmente me tomarían en serio al verme con el uniforme del instituto, con estos estúpidos y ridículos pantalones de cuadros grises… Pero me concertaron la cita a las tres y media, no me daba tiempo a ir a casa..
Subí las escaleras de entrada al imponente edificio, como si realmente me pesase llegar hasta allí, y aquél peso no era precisamente los libros que llevaba en la mochila.
Me paré a medio subir. Gente trajeada subía a bajaba a mi lado. Alcé una mano, me quité el flequillo de la cara y aspiré hondo.
Tanta inseguridad no era nueva en mí. Intento aparentar lo contrario a lo que soy… Para que la gente no me vea débil, para que él no me viese débil.. Pero en realidad.. No me gusta estar solo, odiaba estar solo.. Y ahora lo estaba. Este era mi último día aquí… Hoy me despedí de los profesores y pocos amigos que había conseguido hacer en ese instituto privado en el que Bill me matriculó.
Sonreí inconscientemente al recordarlo…
-¿Un privado? – abrí mucho los ojos y la boca.
-Si, ya que me lo puedo permitir, prefiero que estudies ahí, estarás mejor. – dijo él sentado en el sofá mientras se ponía unas gafas de ver y ojeaba un montón de papeles de matrículas esparcidos sobre la mesa.
-Pero seguro que son todos un puñado de repelentes, no quieroooo – dije pataleando, medio colgado en el sofá, a su lado. Él me ignoraba y estudiaba atento todas las posibilidades, yo me quedé mirándole fijamente.
-No sabia que llevases gafas ¿así que el gran Bill Kaultiz está cegato? – reí, picándole. Él giró la cara y me miró frunciendo el ceño y sonriendo.
-No, solo me las pongo para leer y ver la televisión.
-Uuuuh sisi, excusas, excusas – sonrió negando con la cabeza y me alborotó el pelo mientras seguía mirando esas montañas de papeles de las cuales yo no entendía la mitad.
-Oye Kat si de verdad no quieres estudiar allí… – dijo rompiendo el silencio, mirándome un momento mientras se sacaba las gafas con expresión insegura.
Sonreí y me adelanté abrazándome a su estómago.
-Estudiaré donde tu quieras que estudie Bill, porque ahora soy tuyo…
Me agaché, poniéndome de cuclillas y encorvándome sobre mi mismo, en medio de las escaleras.
Realmente siempre me he sentido un mocoso insignificante desde la primera vez que nos vimos… intentando aparentar esa seguridad que no poseo para que fuese mío y al bajar la guardia y mostrarme como soy en realidad.. Me lo quitan.
Me senté en uno de los peldaños y encogí mis piernas, enterrando mi cabeza entre ellas y mis brazos.
¿Que debería hacer…? ¿me voy como un cobarde con el rabo entre las piernas mientras que ellos ahora están felices riéndose de mí? ¿les jodo de la peor manera entrando ahí y mostrando su intimidad?
¿Que hago..? ¡¿que hago?!
-Oye chico – alcé la cabeza al instante y vi como un señor trajeado con pinta de ser algún pez gordo de ese canal de televisión me miraba extrañado – ¿estas bien? ¿Puedo ayudarte en algo?
Jadeé atacado, y apreté fuerte el agarre de mi mochila donde estaba aquel CD.
-No.. Nono, yo ya me iba.. – dije nervioso y me levanté de un salto, echando a correr escaleras abajo.
No puedo hacerlo, ¡no puedo hacerle eso! ¡Katriel eres un cobarde, un gilipollas, se han reído de ti y aun así…!
Apreté los ojos mientras corría lo más rápido que podía, sin apenas mirar hacia donde me dirigía, solamente corrí calle abajo, alejándome de aquél lugar.
No sé por donde pasé ni adonde iba, simplemente corría… Hasta que no pude más.
Fui disminuyendo hasta parar, encorvándome hacia delante, jadeando escandalosamente, haciendo que todo mi pelo cayese a ambos lados de mi cara.
Una buena forma de desfogar todo ese cúmulo que había dentro de mí, me alcé y miré a mi alrededor, me había adentrado en un parque que había frente a una amplia calle llena de edificios enormes, me recordaba al Regent’s Park… Ese parque tan inmenso que visité cuando estuve en Londres.
Salí del camino y me adentré en el gran césped, tirándome de espaldas directamente, mientras trataba de recuperar el aliento.
No fui capaz de hacerlo y ya no tenia más oportunidades, pues mi avión salía hoy a las ocho de la tarde… Me iría.. Sin ni siquiera despedirme de él.. Y no volver a verle más que en televisión desde Dortmund.
Me puse ambas manos en la cara, pues unas ganar enormes de llorar me asaltaron de golpe, haciendo que mis ojos se aguaran… Maldita sea.. Si él supiese cuanto lo quiero ahora mismo…
Quería verle… Una última vez, necesitaba verle…
Me incorporé quedando sentado, abrí el bolsillo pequeño de mi mochila y saqué el teléfono móvil. No me atrevía a llamarle, era demasiado cobarde, así que le escribí un sms.
Le dije que tenía que hablar con él, me levanté y miré el nombre de la avenida que había al lado del parque y se lo escribí, que me buscase aquí, en el parque, al lado de un pequeño lago lleno de patos.
Me mordí el labio caminando de nuevo hasta el césped y envié el mensaje.
Si no venía antes de las seis ya no nos volveríamos a ver, las seis era la hora tope, pues tenía que volver a casa a coger las maletas y estar una hora antes de que saliese mi avión en el aeropuerto.
Volví a sentarme encogiendo las rodillas, mirando el fondo de pantalla del móvil… Una foto suya, sonreí y agaché la cabeza, apoyando la frente en mis rodillas… Era tan patético que no podía evitar reírme de mi mismo.
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Abrí los ojos y me incorporé parpadeando sin cesar, aun estaba en aquel césped, echado, el sol había desaparecido, el cielo estaba algo naranja y lleno de nubes. Me había dormido esperándole.
Reaccioné alarmado y busqué de nuevo en mi mochila el móvil, miré la hora. Las siete menos veinte.
Los ojos se me pusieron como platos… No puede ser tan tarde… ¡no voy a llegar al avión!
Me levanté estrepitosamente y antes de poder echar a correr le vi… Ahí, en el camino que había frente el espacio de césped en el que yo estaba. Pero… ¿él..? ¿por qué él..?
Me quedé quieto, no pude marcharme con él ahí, mirándome, sin duda no era coincidencia que estuviese allí…
Tenía las manos metidas en los bolsillos de su sudadera negra con adornos grises, y miraba hacia mí, aunque sus ojos estaban cubiertos por unas enormes gafas de sol.
Lo supuse… Sí, sin duda él estaba aquí porque me estaba buscando y finalmente me encontró…
-¿Qué haces tu aquí? – le pregunté intentando disimular lo dolido que me sentía en ese momento. – ¿Por qué no ha venido él?
-Porque he sido yo quien ha visto el mensaje. – respondió sin más..
Desde la primera vez que le vi formalmente… Aquél rasposo encuentro, hubo algo en él que no me cuadró del todo, esa manera de comportarse… No me la tragué, no del todo, y ahora estaba cien por cien alerta, no sabia si realmente venía en son de paz o buscaba algo más… Algo peor.
-Pero yo…
-Ya lo sé – me cortó, me dejó tieso – querías hablar con Bill, lo sé, pero él no podía venir y no me pareció buena idea ignorar tu mensaje. – fruncí el ceño, enrabiado.
-Ah vaya, ¿y se puede saber porque no podía venir? ¿y por qué has visto tu el mensaje que he enviado a su móvil? – sentía tanto coraje que se me saltaron las lágrimas de pura rabia.
Le vi sonreír levemente, pero una sonrisa absolutamente vacilona. Abrió mucho las piernas y adoptó otra pose más chulesca, aun con las manos dentro de los bolsillos de su sudadera.
-Pues porqué él aun está dormido, estaba muy cansado y pues fui yo quien se enteró de que él móvil sonaba, lo siguiente ya lo sabes y no te puedes ni imaginar lo que me ha costado dar contigo – entorné los ojos y apreté los puños a ambos lados de mi cuerpo.
-¿Que más da que hayas llegado hasta aquí? Yo contigo no tengo nada que hablar… Así que me voy – me estaba costando un mundo mantenerme firme después de todo lo que había pasado, y aun más con él, con Tom…
Eché a andar apresuradamente, con suerte si cogía un taxi que me parase en casa y esperase a que cogiese las maletas y las cargase… Me daría tiempo a llegar y..
-¡Oye! – me llamó, me detuve y giré mi cara para mirarle, aún parado en el mismo sitio. – ¿a que viene tanta prisa?
-Me vuelvo a Dortmund… Y si no me voy ahora perderé el avión – vi como se quitaba las gafas y me mostraba bien su rostro, la expresión que adoptó su cara.
-¿Que te vuelves? ¿Bill sabe esto? – me preguntó caminando hacia mí, yo me dí la vuelta para recibirle de frente.
-No… Se lo iba a decir ahora.. Pero no ha venido. – agaché la mirada, joder… Tenía unas ganas impresionantes de echarme a llorar como un crío… Como el crío que era y siempre he sido..
-Eso es de cobardes, veo que tenía una imagen equivocada de ti Katriel – alcé la cara totalmente furioso.. ¿pero como se atreve a..?
-¡¿Y que te importa a ti lo que yo haga?! ¿eh? ¿no es mejor? Un obstáculo menos, ahora podréis ser felices sin mí en medio… ¿no es esto lo que querías? ¡Has ganado Tom! – le grité furioso ante su aplastante expresión serena, fue entonces cuando me di cuenta cuanto imponía. Nunca había hablado con él, no sabía como era… No tenía ni idea..
Se me quedó mirado sin decir nada, nada. Yo le sostenía la mirada mientras jadeaba levemente, con las lágrimas saltadas.
-Haz lo que te de la gana, pero que sepas que Bill nunca te perdonará que te largues sin decirle adiós – y con las mismas pasó por mi lado y alejándose de mí.
No pude más, mi cara se torvó en una mueca de pena y las lágrimas se escaparon de mis ojos a borbotones, haciéndome sollozar sin poder evitarlo…
Me puse a lloriquear como el débil que era… A veces me odio a mi mismo. Puse las palmas de mis manos sobre mis ojos, cerrándolas en un puño una vez ahí, presionando con rabia.
Noté como me empezaron a caer gotitas en la cabeza, en las manos, me las aparté de los ojos y miré hacia arriba, entornando los ojos tras caerme unas cuantas en la cara… Parece que hoy no era yo el único que lloraba.
Agaché de nuevo la cabeza y miré como el suelo gris se iba llenando de circulitos del mismo color pero más oscuro, cada vez más y más… Hasta que el cielo tronó y algo explotó allí arriba. Empezó a llover fuerte, muy fuerte, empapándome entero.
No podía sentirme más miserable que en ese momento… Todo lo que he echo desde que me encapriché de él ha sido miserable y este está siendo mi castigo. Acabar solo y enamorado de una persona que en la vida me va a corresponder. Habiendo estado a punto de destrozarle la vida con ese objeto con el cual empecé toda esta mierda.
Me mordí los labios cada vez más furioso conmigo mismo y con todo en general. La gente que había a mi alrededor corría fuera del parque, intentando no mojarse, pues se había puesto a llover fuerte y de pronto.
Abrí mi mochila y busqué entre las cosas la funda de plástico en la que estaba guardado el CD y lo sostuve con rabia en mi mano diestra, apretando, deseando hacerlo pedazos entre mis dedos. De repente una mano detrás de mí me lo arrebató, yo me giré alarmado y vi de nuevo a Tom. Empapándose como yo.
Sostuvo el CD en alto y me miró severamente, lo pilló, no era estúpido.
-¡¿Que mierdas pensabas hacer con esto?! – casi me gritó, en tono duro, reprochante y lo entendí… Bajé de nuevo la cabeza, atrapado, sin saber que decirle, mi pelo mojado se pegaba a mi cara y cuello y la ropa me calaba, haciéndome tiritar levemente.
-Iba a… Venderlo a la televisión… Pero al final no pude hacerlo…- le fui sincero, ya no me servía de nada mentir, ya no…
-¿¡Como..?!
Sus ojos marrones se desorbitaron, frunciendo el entrecejo más tarde. Las gotas de lluvia caían de la visera de su gorra hacia abajo y su pelo tomó un color más oscuro al empaparse completamente.
Me abracé el cuerpo con mis manos sin dejar de tiritar, como un gatito con las orejas agachadas ante su imponente presencia y toda su furia.
-Lo… Lo siento… – susurré al fin, cerrando los ojos más fuerte y haciendo que mis lágrimas y las gotas de lluvia hiciesen un recorrido juntas por mis mejillas hasta mi cuello.
Oí un “Crak” y vi como él con sus propias manos había partido en dos el CD y lo tiró a un lado sin dejar de mirarme con los ojos entornados y respirando algo agitado.
Si ahora me intentaba partir la cara yo… Yo…
De pronto le sentí acercarse y cerré los ojos con fuerza, esperando que me hiciese pedazos pero lo que sentí fue una de sus manos introducirse en mi pelo empapado y echármelo todo a un lado, quitándomelo de la cara pero sosteniéndolo en su mano con el puño cerrado. Alcé la mirada y vi su rostro ahora relajado y suspiró fuerte.
-Si lo llegas a hacer te mato… Tenlo por seguro – me dio un tirón del pelo y me empujó contra su pecho. Yo parpadeé sin cesar ante esto… – enano gilipollas… – volvió a resoplar aliviado, esta vez con sus labios pegados a mi oído, pues agachó la cabeza y se quedó quieto ahí, mientras nos llovía.
Mi mandíbula empezó a temblar de nuevo pues ante todo esto me entraron más ganas de llorar que antes. Alcé mis manos y agarré los costados de su ancha y empapada sudadera, correspondiendo de alguna manera a esa especie de abrazo tan brusco, cerrando los puños con fuerza y sollozando, convulsionando mis hombros sin parar, enterrando la cara en su pecho mojado.
Me sentí como un niño perdido y abandonado al que acababan de encontrar…
Tras unos segundos se apartó y observé como se bajaba la cremallera de la sudadera, le miré a la cara sin entender, pero se colocó a mi lado sin darme tiempo a decirle nada y se la abrió dejándome a mí debajo, pues yo era mucho más bajito que él, mi cabeza quedaba algo más abajo de su hombro.
Me quedé muy sorprendido ante este gesto y sin más el echó a andar empujándome a caminar con él, aun con su sudadera haciéndome de paraguas.
Me dejé llevar totalmente perdido. En vez de darme una hostia por idiota va y me abraza… Bueno de alguna manera y ahora me protege de la lluvia…
No pude evitar notar entre todo el frío de mi cuerpo un leve y agradable calor recorrerme el cuerpo hasta parar en mis mejillas. Me puse las manos ahí inmediatamente intentando enfriarlas pues mis manos si que estaban heladas.
No Katriel no… No hagas eso joder… Pareces tonto..
-Ese es mi coche – dijo de repente, interrumpiendo mis estúpidas divagaciones. Miré donde me había señalado y vi su enorme todoterreno negro que ya había visto alguna que otra vez.
Cuando estábamos cruzando la calle para llegar le dio al botoncito que quitaba el seguro de las puertas, me acompañó hasta el asiento del copiloto y abrió. Yo sin más me metí, notando la calidez del interior de ese pedazo de coche.
Él cerró la puerta y le seguí con los ojos mientras rodeaba la parte delantera y se metía en el asiento del conductor.
¿Por que diablos me he dejado arrastrar hasta su coche? ¿Ahora qué?
-¿A qué hora sale tu avión? – me habló de repente, yo estaba encogido sobre mi mismo, con las manos entre mis piernas intentando entrar en calor de alguna manera, además de muerto de frío, abrumado por esa tapicería marrón clara que ahora yo estaba mojando y también… Algo cohibido.
-A.. A las ocho – tartamudeé incluso.
Vi como metía la llave en el contacto y arrancaba, toqueteó unos botones del salpicadero y empezó a salir aire calentito.
-¿Mejor?
-Sí… Gracias.. – realmente no me esperaba nada de lo que estaba haciendo, creí que él era… ¿como lo diría? Más agresivo.
Arrancó y metió una marcha, saliendo a la carretera y mirando hacia ella concentrado, con una mano en el volante y otra en la palanca de marchas, parece que a él estar empapado no le importaba, pues estaba quieto, sereno, en cambio yo tiritaba sin parar.
Giró un momento la cara y me pilló mirándole, quité la vista enseguida sintiéndome terriblemente estúpido.
-Ponte el cinturón – me dijo mirando de nuevo a la carretera.
Oh Dios, cierto, no estoy en lo que tengo que estar. Lo hice y agaché la cabeza, me sentía absolutamente fuera de lugar. Montado con Tom en su coche, el que se supone que es mi rival, estaba seguro que él me odiaba… ¿que es todo esto? ¿acaso yo estaba equivocado con él?
Ambos estábamos en silencio, era bastante incómodo.
-¿A donde vamos? – me atreví a preguntar, él entornaba la vista de vez en cuando pues la lluvia caía con fuerza y los limpiaparabrisas no ayudaban mucho.
-A tu casa – me dijo – ya no te da tiempo a coger ningún avión.
Abrí mucho los ojos, ¿que hora era? Miré el reloj digital que el reproductor de CD que el coche tenía incorporado. Las Las 19:36
Me puse una mano en la frente, que desastre… Mi padre me iba a matar.
No dije nada más ni Tom tampoco, él era bastante serio, o sería la situación, no hablaba, no sonreía. Supongo que conmigo no tenía motivos para hacer nada de eso…
Al cabo de unos veinte minutos en los cuales yo me dediqué a mirar por la ventanilla la lluvia caer y él conducir sin más, llegamos a la puerta de aquel edificio de apartamentos en el que yo vivía.
Paró el coche justo en frente con los intermitentes puestos y apagó el motor. Estornudó y le miré rápidamente. Resopló y sorbió con la nariz.. Claro, normal.
-Gracias por traerme – le dije desabrochándome el cinturón y me dispuse a salir.
-Espera Katriel – dejé la puerta abierta y me volví para mirarle de nuevo – ¿que piensas hacer ahora?
-Pues… Supongo que mañana iré a comprarme otro billete.. No lo sé pero aquí ya no pinto nada – le respondí, realmente no sabía que hacer.
-Bueno, pero basta de hacer estupideces, ¿me oyes? O yo mismo me encargaré de ti – me dio un intenso escalofrío, sería de ir con la ropa y el pelo empapado pero yo juraría que fue por él.
-Tranquilo… Puedes confiar en mí. – él se calló, no dijo nada, simplemente me miraba con ese semblante serio y aplastante. No fui capaz de sostenerle la mirada ni dos segundos, la tuve que desviar mordiéndome los labios. – Bueno… Adiós – dije abriendo la puerta de nuevo, esa iba a ser la tercera y ya última vez que Tom Kaulitz y yo nos veríamos, y de algún modo me supo mal que nos hubiésemos conocido de esta forma y en estas circunstancias, pero yo me metí en su vida, le quité a Bill… Demasiado bien me estaba tratando, no pinto nada más aquí.
Salí del coche y cerré la puerta con cuidado, corrí hasta el portal para no empaparme más aun de lo que ya estaba y busqué en mi mochila las llaves del portal… ¿donde estaban? No las encontraba, me estaba poniendo nervioso, pues el inmenso coche de Tom aun seguía ahí, supongo que esperando a que entrase, un detalle más por su parte… Pero no encontraba las putas llaves ¡maldita sea! ¿se me cayeron mientras corría? ¿en el parque? ¿cuando..?
Bajé los brazos y la cabeza… Mierda, mierda… Giré de nuevo la cara y vi como el coche seguía ahí, no veía nada de dentro pues los cristales estaban ahumados.
Me daba vergüenza volver, pero no tenía más opciones, la copia de las llaves las tenía Bill, tendría que ir a pedírselas…
Bajé las escaleras y me agaché de nuevo a la ventanilla del copiloto, la bajó con un botón desde su lado del coche y me miró extrañado, se adelantó un poco para hablarme.
-¿Que te pasa ahora? – puse cara de circunstancias y entorné los ojos pues no paraban de caerme gotas de lluvia en la cara.
-Las llaves.. No las encuentro.
-Joder entra, mira como estás – se adelantó un poco más y me abrió la puerta. Me metí dando tiritones, estaba calado.
-Se me debieron caer… Cuando corría hacia el parque, si, estoy seguro, o cuando me tiré en el césped, vaya.. Que mal – es que no me podía sentir más estúpido, no paraba de quedar mal delante de Tom.
Para mi sorpresa oí un par de risotadas, giré la cara y le miré algo flipado, se puso una mano en la visera de la gorra, recolocándosela a pesar de que estaba empapado y se reía… Tom se estaba riendo.
-Desde luego.. – dijo sonriendo y volvió a arrancar.
-Lo siento – Yo medio sonreí también con los labios apretados mientras Tom conducía esta vez rumbo a donde vivían Bill y él… Nunca visité esa casa.. Y tendría que encontrarme con Bill de nuevo ¿que iba a decirle?
Me puse el cinturón antes de que Tom me llamase la atención otra vez y resoplé nervioso por a donde íbamos. Sin embargo oí a Tom reírse de nuevo, supongo que de mi comportamiento y mis gestos, es que realmente era para reírse.
Por muy mojado que estuviese yo ya no pensaba en eso, simplemente le miraba, sin poder evitar pensar que él era… Increíble, me fascinó en todos los sentidos. Cada uno de sus gestos, su comportamiento, su saber estar, su madurez y por un momento se me pasó por la cabeza que, de mayor, yo quería ser como él.
Más de una vez me pilló mirándole pero por lo visto no le importaba, enseguida volvía a mirar a la carretera.
Pero es que yo… no podía, era imposible, no podía dejar de mirarle.
Continúa…