
«Obsesión sexual» (Fic de Eivy)
Capítulo 50
Pov Bill
-¿De verdad que te lo has pensado bien? – Le insistí otra vez mientras le agarraba de los hombros, zarandeándole suavemente. En mi rostro y mis palabras se notaba la inconformidad hacia esa decisión.
-Si, ya es hora de que vuelva a casa – sonrió, lo dijo de tal forma que realmente parecía que quisiese volver, estaba actuando increíblemente bien, incluso yo estaba sorprendido.
-Pero… No nos ha dado tiempo a nada, ahora que lo habíamos arreglado… – le insistí de nuevo, queriendo hacerle cambiar de opinión fuese como fuese, aunque ya era algo tarde…
“Pasajeros con destino Dortmund, por favor embarquen por la terminal nueve”
Me mordí los labios y le puse cara de súplica. Él agarró el equipaje de mano y se encogió de hombros.
-Bueno, ese es el mio – y sonrió.
Suspiré y me saqué las gafas de sol, aunque era extremadamente arriesgado, estábamos en el aeropuerto y encima sin guardaespaldas, demasiada suerte estábamos teniendo ya, Tom no nos prestaba atención, él estaba alerta, yo insistí en traer a Kat personalmente y nos arriesgábamos a eso, por lo tanto no dejaba de mirar hacia todos lados, por si efectivamente alguien se daba cuenta y se nos echaban encima.
La voz de megafonía repitió lo del vuelo y mi angustia creció, se iba… Mi gatito se iba.
-Katriel… – lo llamé dejándole ver esta vez la misma angustia pero reflejada en mis ojos. – No te vayas. -Él volvió a sonreír tiernamente, conmovido por mis palabras, soltó el bolso bandolera un momento y se acercó, inmediatamente lo abracé fuerte, como si me fuese la vida en ello, como si a fuerza de agarrarlo fuerte se quedaría conmigo.
-Me tengo que ir Bill… Ya he pasado suficiente, entiéndeme, no es por ti, es por mí… No puedo quedarme. – me respondió mientras correspondía mi abrazo con las mismas ganas.
-Te echaré mucho de menos – le susurré meciéndolo entre mis brazos, dándole besos en la cabeza que era lo que tenía más a tiro.
-Yo también, pensaré en ti cada día, te llamaré y…y te enviaré e-mails… – cerré los ojos fuerte pues me entraron ganas de echarme a llorar.
-Oh joder, ojalá pudiese hacer algo para que te quedases conmigo..
-Nada Bill, ya no depende de ti, tengo que irme – y se soltó de mis brazos, miró a mi derecha donde estaba Tom aun mirando hacia otro lado, pasando totalmente, con sus gafas de sol – Tom… – lo llamó Kat, él giró la cara y le miró.
Observé atento pues no tenía ni idea de que se dirían y cuales serían sus reacciones el uno con el otro.
-Buen viaje, supongo – dijo Tom sonriendo de lado. Kat se rió, es como si… Como si estos dos tuviesen algo más que yo no sé… Esa manera que tenía Kat de mirar a mi hermano era demasiado rara, no sabría decir si era… ¿fascinación? ¿respeto?
-Gracias, y bueno… Lo siento mucho, ya sabes – dijo Kat llevándose la mano a la nuca en gesto apurado.
-Ya – Tom se rió un momento – todo olvidado y recuerda, la próxima vez intenta tener más cuidado con las cosas – no entendí esto ultimo hasta que le vi sacarse del bolsillo las que eran las llaves de Kat, las del apartamento en el centro, con ese característico llavero de Bob Esponja que tanta gracia me hacía.
Kat se quedó mirando las llaves con los ojos muy abiertos y la boca casi igual, totalmente flipado. Yo no pude evitar ponerme una mano en la boca para evitar descojonarme así por la cara… Pero es que, que cabrón que era Tom, el mal rato que le hizo pasar al pobre con las llaves.
-Eres increíble Tom Kaulitz – dijo Kat aun quieto en el mismo sitio. Tom se remojó los labios y sonrió de nuevo.
-Bueno ahora si no te importa me las quedo, creo que yo le daré más uso que tu – Dios que malo estaba siendo, me acerqué y le dí un toque en el hombro, cogiendo las llaves que aun colgaban de sus dos dedos.
-Oh Tom por favor, no seas maricón.
-Déjalo Bill, si tiene razón pero es que no me lo esperaba para nada – para mi sorpresa Kat se echo a reír – la próxima vez intentaré no ser tan despistado. – se encaró a Tom, yo me aparté a un lado incluso, se puso justo en frente, mirándole desde abajo, era super chiquitín al lado de Tom. Mi hermano sonrió y se cruzó de brazos ante el encare de Kat, esperando.
-Hey, hey.. A ver no vayamos a…
-Me gustas un montón Tom – le soltó de repente. Yo me callé al instante, y la sonrisa socarrona de Tom se esfumó.
¿Como que…? ¿pero que coño..? Miré a Tom con cara de ir a matarlo.
-Eh, eh no Bill, no le he echo nada, se ha flipado el solito – me dijo alzando las manos en plan “no dispares”
-¡Pero que fuerte me parece Tom! – me puse como loco, será liante, este ha hecho algo a mi no me engaña.
-Shhh calla cariño que todo el mundo..
-¡Ni cariño ni hostias! Ya sabia yo que lo golfo no se te había quitado así por arte divino, es culo veo culo quiero, es que vamos – yo estaba echo una furia, no me importaba una mierda quien nos mirase.
De nuevo oí a Kat reírse a nuestro lado, esta vez con las manos en su estómago, si se supone que íbamos en plan infraganti nos había salido el tiro por la culata.
-Ya vale Bill, no es eso – me cortó Kat aun riéndose – ahora entiendo porque le elegiste a él, tienes un novio increíble, que envidia me das – y para más flipe mio se acercó a Tom todo resuelto, cosa que hizo a mi hermano retroceder varios pasos, viéndolo venir con cara de “quita bicho”
Pero Kat como gatito que era se lanzó a su cuello y le dio un fuerte achuchón, no correspondido por supuesto, pues Tom me miró alzando de nuevo las manos.
-¿Ves? Yo no soy, es él – y vale… Era todo muy fuerte, y es que se me antojó de lo más cómico, no me pude enfadar, me eché a reír, si, así por la cara.
“Ultimo aviso para los pasajeros con destino a Dortmund…”
-¡Ay hostias que me quedo en tierra! – Kat soltó a Tom y cogió de nuevo su bolso, colgándoselo al hombro. Se acercó a mi de nuevo y me habló al oído – 26 de Julio Bill… – me susurró, hoy era esa fecha pero no pillé que quería decir, enseguida aclaró mi duda – Hoy hace cinco meses que empezaste a salir conmigo… Gracias, ha sido maravilloso. – Y sin más, sin dejarme respondele ni hacer nada más, echó a correr hacia la puerta de embarque agitando la mano. – ¡Adiós! ¡ya nos veremos algún día!.
Nos quedamos uno al lado del otro viendo como ese niño que me había robado parte de mi corazón corría terminal arriba.
Se volvió una vez más caminando de espaldas y volvió a agitar la mano efusivamente, gesto que ambos le devolvimos, y después… Desapareció.
Agaché la cabeza y parpadeé varias veces, notando como me escocían los ojos de las lágrimas que había estado aguantándome.
-No llores Bill – me dijo Tom pasándome un brazo por los hombros, yo correspondí, haciendo lo mismo con su cintura, pero solo unos segundos, nos podrían ver. – Venga, vámonos. – Echó a andar y yo… Me quedé un momento mirando por donde se había ido mi Katriel. Se acababa de ir y ya le echaba de menos, pero algo me decía que…algún día, volvería a verle.
Aparté la vista y eché a andar tras Tom hasta ponerme a su altura y rozarle la mano un momento, en gesto cómplice, viéndole sonreír tras haberlo echo.
Sentí mi teléfono móvil vibrar dentro del bolsillo de mi pantalón. Al mirar el nombre en la pantalla se me hizo raro. ¿Él llamándome? Tom meneó la cabeza en plan “¿Que pasa?” le enseñé el nombre que se reflejaba una y otra vez y puso los ojos en blanco sonriendo.
Yo hice lo mismo y descolgué.
-¿Que te pica a ti?
-¡Bill me cago en tu suerte!- me aparté el teléfono del oído un poco, cerrando un ojo.
-¡No me grites Listing! -Tom se rió fuerte un par de veces mientras avanzaba por el aparcamiento del aeropuerto donde había aparcado su Escalade.
-Si te grito mamón, que es este abandone que tienes hacia mi persona no es normal, el fuma mierdas de tu gemelo me da lo mismo pero tu Bill… Creía que lo nuestro era especial.
-¡Ajajajajajaja! – eché la cabeza hacia atrás riéndome a carcajadas, Tom me miró con los ojos muy abiertos. – Si claaaaaaro que lo es.
-A saber lo que te estará diciendo – refunfuñó negando con la cabeza mientras se montaba en el coche.
-Me da exactamente igual los planes que tengáis para hoy, Gus y yo nos vamos a apalancar esta noche para beber y ver pelis porno que hace vidas que no lo hacemos, y tranquilo llevaré una gay de ese fuerte para ti.
-Que cabrón – le dije. Miré a Tom aguantándome la risa una vez dentro del coche.
-No me jodas – dijo él haciendo un movimiento con la cabeza.
-Si – le confirmé – esta noche.
-Si, si eso es ¡Tom tu eres otro maricón! ¡el que más! ¡ya te pillaré! – me quité el móvil del oído y se lo acerqué para que escuchase, Tom gruñó y me lo quitó de las manos.
-A ver pedazo de carne con ojos – dijo sonriendo. Yo me descojoné irremediablemente – No, a ver… ¡que te calles coño! Déjame hablar.
-¡Jajajajaja! – me retorcí de la risa en el asiento.
-Uy si, si… Porque tenemos vida social monicaco, no como tú.
-Ya está, ya está – dije medio meándome vivo.
-¡Mariquita, tu a callar! – Ahora fue Tom el que tuvo que apartarse el auricular del oído ante otro grito de Georg, esta vez para mí.
-Dame Tom, que tienes que conducir- extendí la mano pidiéndole el móvil.
-Te declaro la guerra que lo sepas – le soltó a Georg antes de posar el teléfono en mi mano. Dejándolo refunfuñando solo.
-Cabezón, calla ya anda – dije de nuevo, picándole.
-Habló, a ver quien tiene más cabeza, que en las fotos nos tenemos que apartar para poder salir.
-Que agresivo estás hoy cielo – Me crucé de piernas poniéndole tono meloso.
-¡Que repelús me das a veces Bill! -me soltó Georg con desprecio.
-¡Mira niño!
-¡jajajajaja! -se rió esta vez Tom.
Por un momento me sentí feliz de nuevo, Kat se había ido, pero podría rellenar el hueco que había dejado en mi vida con la compañía de mi chico y mis amigos.
Todo en la vida tiene que empezar y acabar.
Y ahora acaba de termina una etapa importante de mi vida, tendría que enfrentarme a la siguiente pero no me importaba mientras tuviese a Tom a mi lado, ahora estábamos de nuevo juntos, y él y yo juntos éramos invencibles.
O al menos eso es lo que yo creía…
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-Si joder, pero me he cansado – Metí la llave en la cerradura mientras me sujetaba el móvil con el hombro.
-Vaya hombre, eres un niño caprichoso Bill, espero que sea algo discreto – me respondió David al otro lado de la línea.
-Pues, la verdad es que tampoco es algo muy cantoso. Son rastas.
-¡¿Que son qué?!
Sonreí de nuevo mientras cerraba la puerta de casa y dejaba la bolsa con la comida rápida sobre el mueble del recibidor.
-¡Tom, ya estoy en casa! – grité sujetando el teléfono con mi mano de nuevo. – David te tengo que dejar que vamos a comer y eso.
-Un momento, párate listillo, ¿porque no me habías consultado que te quieres hacer rastas, ni más ni menos? – Torcí la boca y caminé hacia el salón.
-Porque es mi cabeza
-Si, y yo tu productor y sabes que este tipo de decisiones pueden afectar a…
-Venga no me jodas David, ¿vamos a bajar las ventas solo por que yo me cambie el puto pelo? Por favor – Me senté en el sofá bufando.
-Pues Bill, si a las fans no les gusta pues… Quizá. – Resoplé exasperadamente.
-Vale ya está, tengo cosas que hacer, más tarde te llamo – y sin esperar respuesta colgué.
Este tipo de cosas me mosqueaban de sobremanera, estaba empezando a cansarme esta forma de hacer las cosas, no como a mi me guste, si no como se supone que le va a gustar a la gente, o lo que se supone que van a esperar de mi… Puta fama de mierda..
-¡Tom! – me levanté y le llamé de nuevo al ver que no me respondía. Extrañado empecé a subir, pues si no estaba aquí abajo, estaría arriba.
Al llegar al principio del pasillo superior oí un fuerte golpe, alarmado corrí hasta su habitación y abrí sin pararme a llamar.
Abrí la boca para decirle algo, pero la cerré de inmediato junto con los ojos al ver como estrellaba la silla de ruedas de su escritorio contra el armario, provocando un fuerte estruendo y que la silla volcase casi a mis pies.
-¿Pero que…? – murmuré al ver como ponía toda la habitación patas arriba como loco, haciéndose aire de vez en cuando con la amplia camiseta de tirantes blanca que llevaba, parecía realmente sofocado.
-Mierda, ¡joder, joder y más joder! ¿Como he podido perderla? – Me encogí de hombros una vez más ante otro golpe, esta vez al cerrar los cajones de su cómoda demasiado fuerte.
-¿Pero que coño haces? – Me acuclillé agarrando la silla que yacía volcada en el suelo, y tras ponerla derecha me acerqué a él, mirando como ahora se agachaba a mirar debajo de la cama.
-Que no lo encuentro joder… Bill ayúdame a buscar – se elevó y pasó por mi lado, sin ni siquiera mirarme, para buscar esta vez en las estanterías superiores, donde tenía todos sus Cds de música perfectamente colocados.
Yo no entendía nada.
-¿Qué? ¿pero que es lo que buscas? – le dije perdido, acercándome a su lado de nuevo.
-La… – sacudió la cabeza y se mordió los labios- …nada, da igual – bajó los brazos de la estantería y se puso una mano tras la nuca y otra en la cadera, suspirando fuerte e intensamente varias veces. Tras eso se giró para mirarme – No importa, es algo que me prestaron y tengo que devolver, ya lo buscaré luego, ¿has traído la cena?
Fruncí el ceño ante este intento de cambiar de tema, me agarró de la cintura y me pegó a él, rondando su cara cerca de la mía, acechando con ir a devorarme de un momento a otro.
-¿Sabes lo que me apetece hacer? -me susurró sobre los labios, rozándolos con los suyos.
-Siempre pensando en lo mismo – rodé los ojos y negué levemente con la cabeza, en gesto de desaprobación.
-Nada de eso, tu que eres un mal pensado.
-Pues que milagro, vamos, ilumíname. – me rodeó la cintura con los brazos fuerte, haciéndome jadear ante tan brusco contacto, claramente receptivo a su cuerpo y sus movimientos.
-Quiero llevarte a bailar. – con un desenfreno repentino Tom empezó a acariciarme y a sobarme el oído con sus labios, lamiéndolo incluso, me mordí el labio cerrando los ojos mientras enrollaba mis brazos a su cuello.
-Estas…de coña.. – jadeé. La temperatura estaba subiendo en milésimas de segundo.
-No, quiero ver como te mueves, se que lo haces muy bien y nunca me lo enseñas – subió una de sus manos por mi espalda, colándola por debajo de mi camiseta.
-Ni hablar hmm… Yo no bailo.
-Quiero que te muevas conmigo a tu espalda, llevarte a algún antro donde la gente no nos mire y pueda meterte mano en la pista de baile.
Sonreí y le besé el cuello desenfrenadamente, correspondiendo a sus caricias
No se a que venía querer hacer esa estupidez ahora, porque si, siendo quienes éramos hacer lo que Tom me acababa de proponer era algo imprudente.
-Vamos, dime que si – insistió mientras jadeaba en mi oído y me acariciaba todo el tronco con sus manos por los costados hacía arriba, por debajo de la ropa.
Por supuesto yo le dejaba que me tocase, es más, hará cosa de dos meses, desde que Kat se marchó, era un no parar. Aunque no me lo diga yo se que Tom le veía como un obstáculo molesto, no demasiado difícil de quitarse de en medio, pero ahí estaba. Y ahora que se había ido reclamaba lo que era suyo una y otra vez, sin parar. Teníamos sexo con mucha frecuencia, era como antes, como si nada hubiese pasado nunca, todo seguía igual, a diferencia de una cosa, Tom.
Él no ha vuelto ser el que era, y todo el mundo lo notó, incluso venían a preguntarme que qué le pasaba últimamente. La personalidad de Tom había mutado, dando lugar a otra forma de hablar, de mirar a la gente, de comportarse con ellos, de hacer las cosas.
No se si era a mejor o a peor, pues en distintos casos y situaciones veía su comportamiento como algo totalmente fuera de lugar y en otros me dejaba impresionado con su saber estar y su madurez.
El problema que yo le veía a Tom es que ahora era imprevisible y demasiado espontaneo, ya no podía adivinar, ni siquiera suponer que iba a hacer en cierto momento. Ya no era transparente para mí, es como si le acabase de conocer.
No sabía si esto era pasajero o no, lo cierto es que echaba de menos al Tom que él era antes, tan previsible, tan vivaracho, tan tonto…. Ahora es tan serio y distante a veces… No se, incluso hay veces que me cohíbo en acercarme a él por cual será su reacción. Por si le molestaré.
Aun así le quiero, estoy enamorado de él, y aunque haya cambiado su forma de ser tras tantos acontecimientos y tantísimos palos que se ha llevado… Yo seguiré estando a su lado, pues me siento responsable de ello.
-De acuerdo.. – boqueé al fin, antes de que metiese sus manos por dentro de mis pantalones.
-Bien. – sonrió y me agarró de la nuca para unir nuestras bocas, sofocado le seguí, me abrumaba tanto todo él. Creo que por mucho tiempo que pase no lograré acostumbrarme. Ya no puedo mandar nada, me dejo llevar por él, ya no puede ser al revés, ya no.
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Me quedé con la boca abierta, Tom sonreía a mi lado mientras mascaba chicle y meneaba la cabeza al ritmo de la música disco o dance, o lo que fuese que sonaba.
-¿Te gusta? – se acercó a mi oído y a habló fuerte.
Era un antro de lo más guapo, una especie de pub discoteca de lo más extravagante, la gente vestía rarísimo, como si fuese del futuro, llevaban el pelo de colores, otros vestían de cuero, había lolitas góticas, preciosas, parecían muñequitas, no se… Había de todo. El sitio era espacioso, no muy grande pero estaba bien, todo lleno de fluorescentes, luces de colore, de neón, la decoración también de lo más extraña, una de las paredes estaba forrada de recortes de revistas, periódicos, posters…
-Es… Una pasada – dije al fin tras analizar todo el panorama, el lugar estaba situado en una especie de bajos, entrabas a una tienda rarísima y abajo estaba el pub, había que pagar para entrar pero no era nada del otro mundo.
-Sabía que te molaría – me agarró de la mano y empezó a tirar de mí entre la gente. Que cada cual estaba a su rollo, nadie, absolutamente nadie me miró dos veces, pues comparado con ellos yo iba de lo más soso. Y eso se me antojó raro, pues estaba acostumbrado a ir dando el cante con mi forma de vestir, pero aquí nadie reparó en mí lo más mínimo, ni siquiera se dieron cuenta de quien era yo.
-¿Como has encontrado un sitio así? – una vez en la barra me acerqué a Tom y le pregunté sin dejar de mirar a mi alrededor.
-Un día vine aquí con unos…llamémosles colegas, y pensé que te gustaría, pero en aquél tiempo no te hablaba, así que te traigo ahora.
-Oh.. – entendí inmediatamente a que tiempo se refería. – ¿te das cuenta de que nadie nos mira? – le hablé de nuevo fuerte al oído mientras él pedía algo de beber al vistoso camarero.
-Por eso te he traído aquí, porque cuando yo vine absolutamente nadie se pispó de mi presencia, nada de fans pesadas ni gente plasta, aquí cada cual va a su bola, si tu no te metes con ellos, pues ellos no lo hacen contigo.
Volví a mirar el ambiente y me mordí el labio sonriendo. Que bien, que bien.
Mientras se me iban los ojos mirando las luces desternillantes y la gente bailando, Tom me agarró por detrás, rodeándome la cintura y extendiéndome un vaso de tubo con algo de contenido naranja. Lo cogí y me lo llevé a los labios.
-Hmmm, dios que rico – me relamí tras beber.
-No tan rico como tu… – y tras decirme eso hizo que se me pusiese la carne de gallina al empezar a besar mi cuello desde atrás. Me puse nervioso y miré de nuevo a mi alrededor, pero no, nadie, nadie miraba. – No te he dicho lo guapísimo que vas. – sonreí como un bobo tras esto, no iba tampoco especialmente diferente a otras veces.
Unos pantalones negros ajustados, botas, una camiseta roja con adornos plateados, los tirantes, el pelo con algo de volumen, y complementos, nada raro en mí.
Me dí la vuelta y quedé frente a él y satisfecho volví a mirar la camiseta que Tom llevaba puesta, efectivamente era la camiseta que yo le regalé ese día. Sonreí y pasé mis manos por su pecho, tocándosela.
-Tu si que vas guapísimo. – me devolvió la sonrisa y se dispuso besarme, pero inconscientemente eché la cabeza hacia atrás, no podía evitarlo…había tanta gente. Él sonrió pero no me dijo nada.
Dejó los vasos de nuevo sobre la barra y me llevó hacia la pista de baile, colándose entre el mogollón de gente, buscando un hueco donde quedarnos, se paró en un sitio donde estábamos bastante apelotonados la verdad.
-Joder, ¿aquí? A penas puedo moverme – le dije pegándome más a él.
-Pues mejor todavía – sonrió pícaro y me agarró de la cintura con ganas -Vamos cariño – empezó a moverse suavemente al ritmo de la música.
Yo agaché la cabeza sonriendo tímidamente, joder…
-No.. No se bailar Tom – me excusé aun sin moverme ni un ápice.
-Tonterías, te mueves excepcionalmente cuando estas encima de mí
-Tom por favor – le dí un golpe en el hombro mientras sonreía azorado. Él conservando en todo momento esa sonrisa de estar disfrutando de lo lindo, siguió insistiendo con su cuerpo pegado al mío.
-Venga, baila conmigo Bill, como la primera vez, aquel día, como me provocaste y terminé follándote en la habitación de ese hotel, nuestra primera vez nene – su tono era de lo más sensual y sugerente, hacía que mi cuerpo se calentase peligrosamente, y yo se que eso era lo que quería.
Me dio la vuelta y me hizo darle la espalda, empezó a sonar “Rapture” de IIO una canción que me flipaba. El ritmo no era demasiado exagerado, era perfecta para bailarla con un contoneo sensual, cosa que no pasó desapercibida para Tom que fue el que empezó a moverse a mi espalda insistentemente, me agarró de las manos y las subió por encima de mi cabeza mientras me respiraba en la nuca, una respiración fuerte y ruda, y yo sabía perfectamente por qué era.
Entorné los ojos y dejé las manos arriba sin poder evitar moverme despacio y suavemente al ritmo de las caderas de Tom a mi espalda, correspondiendo a ese restriegue tan sugerente.
Sus manos bajaron por mis brazos despacio, recreándose, acariciándome, llegó a mis costados y las deslizó un momento hacia delante, tocándome, jadeé y cerré los ojos, sintiendo sus caricias, que ahora bajaban por mis costados llegando a mi cintura… Hasta mi cadera y ahí las ancló fuerte, agarrándome con ansias, respirándome en la nuca, moviendo su pelvis contra mi trasero.
Tom acercó sus labios a mi oído mientras sus manos bajaban un poco más.
-Quiero follarte Bill… – me mordí el labio y solté un leve y pequeño gemido ante sus palabras. -Quiero hacerte mío ahora.
Insistió, me rozó un poco más hasta que pude notar la erección que tenía, cosa que me puso increíblemente a tono, sabía que esto pasaría, y sinceramente me estaba gustando mucho.
-Quiero ser espontáneo Tom – le dije dándome la vuelta mientras me mordía el labio y sonreía con picardía. La amplitud de su sonrisa me dijo la satisfacción que le dio mis palabras.
-Perfecto, sin duda estas hecho para mí. – fue su respuesta y agarrándome de la mano me arrastró por el local sin duda a algún lugar donde poder tener sexo espontáneo y excitante. Me dejé llevar con una expresión de bobo impresionante y no es porque fuese borracho, estaba cachondo, que no es lo mismo.
Pero algo nos hizo parar pues llamaron la atención de Tom con un fuerte chiflido. Cosa que hizo a mi hermano parar en seco y mirar hacia donde le llamaban.
Yo, aturdido, mire también hacia allí, era concretamente desde la segunda planta que tenía el pub y vi como dos chicos le hacían señas con la mano, estaban apoyados a la barandilla transparente que cubría todo ese espacio.
Uno tenía el pelo larguísimo, rubio y liso, solo me fijé en eso, joder que pelazo…
El otro era un tío con pintas parecidas a las de Tom, con una gorra colocada al revés, una gran camiseta y con un pitillo entre los labios. Miré a mi hermano que aun sin moverse los observaba con los ojos entrecerrados.
-¡Kaulitz! ¡vamos acércate! – y seguidamente se rieron escandalosamente.
-Bill, espera aquí un segundo.- Tom me soltó la mano y se dispuso a avanzar hacia las escaleras que daban acceso al segundo nivel, miré de nuevo a los chicos que ahora me miraban a mí curiosos y tras eso eché a andar tras Tom.
-No, no, espera – le agarré de la camiseta y me puse frente a él. – ¿Quienes son Tom?
La actitud de mi hermano ahora era distinta, una mezcla de cabreo y nerviosismo, así lo definiría.
-Nadie, tranquilo, solo será un momento, quédate aquí, enseguida vuelvo. – Me acarició la mejilla con su mano abierta un par de veces, mirándome fijamente, tras eso se dio la vuelta y subió.
Suspiré fuerte y me quedé algo pillado durante varios segundos. Me giré y como pude volví a la barra, cogí mi vaso con el contenido naranja que aun seguía allí y me apoyé de espaldas a esta. Bebí un trago largo y miré de nuevo arriba, donde pude ver a esos dos chicos ahora de espaldas a la barandilla y Tom frente a ellos, parecían solamente hablar, pero era como si mi hermano estuviese gritando… No se, perecía enfadado.
Contemplé la escena con unos segundos más y casi estaba dispuesto a subir cuando noté como mi teléfono móvil vibraba en mi bolsillo. Dejé el vaso en la barra de nuevo y lo cogí, al ver el nombre que brillaba en la pantalla se me iluminaron los ojos y una agradable sensación se instaló en mi cuerpo, haciéndome sentir de feliz para arriba.
“Katriel”
Me mordí el labio y salí de allí lo más rápido que pude para poder descolgar y que se me oyese algo. Subí las escaleras hasta la tienda que seguía abierta a las 12 de la noche y una vez en la calle descolgué.
-¡Kat, hola! – saludé efusivamente.
-Hola Bill ¿como estas? – cerré los ojos fuerte y suspiré, era la primera vez que me llamaba desde que se marchó hace unos meses.
-Estoy muy bien cariño, ¿y tu? ¿que tal el instituto? – me apoyé en la pared inconscientemente mientras hablaba.
-Pues va bien, no sé, la gente es gilipollas ya sabes – y se rió, yo sonreí al escucharle. -Siento llamarte a estas horas pero es que tenía muchas ganas de hablar contigo.
-Oh tranquilo, yo tampoco tengo excusa por no haberlo hecho, pero si te soy sincero no quería.. No se, molestarte o meter el dedo en la yaga, por eso esperaba que lo hicieses tu – hablé sinceramente, pues es así como me sentía.
-¡Que idiota eres! Y yo esperando que tu lo hicieses… – me reí de nuevo, esa vocecita tan mona que tenía por teléfono…
-Como te hecho de menos gatito.
-Oh y yo a ti Bill, estaba tan a gusto allí contigo, aquí no para de tocarme la moral entre la familia, el instituto incluso los amigos, un asco
-Jajajaja, claro, en el fondo lo echabas de menos, no lo niegues.
-Hombre… No sé, pero todo esto comparado contigo es una mierda. – sonreí de nuevo, totalmente feliz ante sus palabras, pues me hacía feliz saber lo mucho que yo le importaba.
De repente sentí revuelo y follón cerca, algo que me molestaba a la hora de hablar con Kat, eran voces.
-Espera un momento Kat – Me despegué un momento el teléfono del oído y tapé el auricular. Miré hacia mi derecha y ví a un grupo de cuatro o cinco tíos correr fuera del callejón que tenía justo al lado.
Miré como corrían mientras sonreían e incluso se chocaban las manos en gesto de victoria. Hasta que ví algo que me dejó muerto, helado…
Dos de los chicos que corrían apresurados eran ellos… Los que llamaron a Tom.. El rubio de pelo largo y el de la gorra. Al llegar al final de la calle dejaron de correr y se alejaron andando, sin dejar de reír a carcajadas fuerte y desagradablemente.
Empecé a respirar fuerte, a jadear, a casi hiperventilar.
Di un par de pasos, reaccionando más tarde y corrí hasta el callejón, hasta que… Lo vi.
Dejé caer la mano que tenía en el oído hacia abajo, resbalándose el teléfono de ella hasta impactar contra el suelo.
-No… Nonono… – Sentí como si me estuviesen retorciendo el corazón, retorciéndolo hasta hacer que explotase.- Dios… ¡TOM! – me acerqué lo que me faltaba y caí de rodillas a su lado. Le agarré como pude, dándole la vuelta pues yacía boca abajo. -Cariño… No me hagas esto.. No.. – mis manos empezaron a temblar al ver como me estaba poniendo perdido de sangre, tal y como estaba su ropa, su cara…
Mi labio inferior temblaba tanto como mis manos, y estaba hiperventilando sin parar, tanto que sentía que me iba a asfixiar de un momento a otro, me estaba dando un puto ataque de ansiedad en un momento como este.
Me abracé a su cuerpo fuerte, enterrando mi cara en su pecho, elevándolo casi todo lo que podía, amarrándome a él desesperadamente, intentando impedir lo peor…
¿Como es posible que…la felicidad venga y se vaya de esta forma tan jodidamente imprevisible?
Continúa…