Obsesión sexual 51

«Obsesión sexual» (Fic de Eivy)

Epílogo: Parte I

Narra Katriel

-¡Maricón! ¡Mariconazo!
Giré la cara y allí estaban de nuevo, todos y cada uno de los gilipollas que habitaban este lugar, esta ciudad de mierda, en este barrio pijo lleno de retrasados mentales y niños y niñas de papá, ahí estaban todos ellos, riéndose de mí tras haberme llamado lo que ellos consideraban un insulto y lo que yo consideraba un modo vulgar de llamar mi sexualidad. Porque si, yo me consideraba gay, además desde hace mucho tiempo y no me molestaba en esconderlo, pero ellos procuraban que no se me olvide.
Cuando pasé por su lado les saqué mi dedo corazón en un gesto bastante obvio.
-Que os den, manada de descerebrados – hubo risas, pero sobre todo réplicas a mi contestación, algo más desagradables que un simple “maricón” pero esta vez pasé de ellos y como cada mañana entré a ese instituto de pago en el que obviamente yo estudiaba, y el que abandoné tras irme a vivir a Magdeburgo con Bill.

Hoy era el último día de clases y no iba porque sí, si no por obligación obviamente, aun a mis 17 años dependía de mi padre, esa época de rebeldía que sufrí el año pasado se acabó para mí. Y es curioso, cuanto más mayor me hacía más atado me querían tener. Supongo que era bastante propenso a hacer lo que me diese la gana, y es que en parte, así era.

Pero últimamente mi señor padre me estaba tocando demasiado la moral, demasiadas reglas nuevas, demasiados impedimentos así de repente. Supongo que enterarse por bocas ajenas que su hijo era homosexual no había sido agradable para él. Aun así a mi me importaba más bien poco, no se lo dije básicamente por que no le importaba, era mi vida, no la suya… Pero claro, tras enterarse lo puso todo patas arriba como no y era algo que me estaba mosqueando de sobremanera.

Estoy tan cansado de toda esta mierda… Tan cansado de que quieran controlar mi vida como si les perteneciese, tan cansado de soportar a toda esta gente que no sabe nada de lo que es pasarlo mal, tantísimo niño mimado y gilipollas, tantísima hipocresía y falsedad, niñas estúpidas que solo saben hablar de ropita y de lo divino que llevan el pelo…

Sin duda este no es mi lugar, nunca lo ha sido. Yo necesito romper con todo y enfrentarme a mi vida, mirar más allá de esto… necesito volver a ser libre.

La campana sonó y todo el mundo empezó a entrar. Subí al piso superior donde tenía a primera hora una estupenda sesión de biología, con un estupendo y homófobo profesor y unos estupendos y comprensivos compañeros de clase.

Me paré frente a mi taquilla para coger los libros, totalmente asqueado de todo, quemado, deseando que se acabase este día y me dieran de una vez las malditas vacaciones para largarme a algún sitio lejos de aquí.

-¡Precioso miooo! – sonreí y cerré la taquilla, viendo como la chica más linda que había tenido el placer de conocer se acercaba a mí agitando la mano efusivamente.
-Buenos días Klein – pero como no, para ella eso no era suficiente, se abrazó a mi cuello y se puso a darme un montón de besos en la cara, constantes y sonoros. Me reí de nuevo.
Klein era la chica más guapa del instituto, era una verdadera preciosidad, tenía el pelo larguísimo y de color negro, siempre con el flequillo hacia el lado, el uniforme le sentaba de lujo, parecía una muñeca.
-¿Que tal el fin de semana cosita bonita? – se separó de mi mejilla pero se quedó abrazada a mí, de puntillas para estar frente a mi cara. Sus preciosos ojos verdes me miraban atentos.
-Pues si te soy sincero ha sido una mierda – Ella puso una expresión de sorpresa bastante exagerada, y me preguntó interesada que por qué. Lo más increíble es que ella era así, no fingía, era así de efusiva y alegre, una autentica monada. -Pues después te lo cuento, ahora tengo clase de biología y ya sabes que el profesor me tiene entre ceja y ceja, no puedo llegar tarde.
-Oh, claro, claro – se separó de mí y tras echarme otro vistazo se puso la mano en la boca riendo coquetamente.
-¿Que? – sonreí.
-Me encanta como llevas el pelo hoy.
-Ya lo suponía – y ella rió otra vez.
-Te pareces a él mucho. – alzó la mano y tocó con cuidado las puntas superiores de mi pelo, que estaban un poco subidas con laca, no demasiado, pero con algo de volumen.
-Ya lo sé – moví las cejas varias veces en gesto vacilón, en broma.
-¿Puedo…?
-Claro – Klein rió otra vez y se acercó a mis labios con intención de besarme, claramente, yo no me aparté, es más la agarré de la cintura y ladeé la cabeza, correspondiendo al suave pico.

Estaba claro que todo el pasillo nos estaría mirando, pues nuestras muestras de cariño matutinas desconcertaban hasta al más listo.
Al separarnos ella sonreía radiantemente y se mordió el labio rozando su nariz con la mía.

-Deja de dejarme hacer esto – me dijo toda colorada, reí de nuevo.
-¿Por qué? Si te encanta.
-Siiii, demasiado, no es justo – infló los mofletes.
-Tranquila, no me importa ser tu Bill particular, ya lo sabes. -Tras eso me dio otro achuchón efusivo y cariñoso y se separó de mi tirándome un beso con la mano.
-¡Hasta luego precioso mio!
-Hasta luego princesa. – Rió coqueta otra vez ante esa forma de llamarla y se dio la vuelta correteando graciosamente, los chicos se giraban para mirarla, pues era digna de ello, seguramente sin entender porque la chica más bonita del instituto estaba tan encaprichada con el marica.
Ellos que van a saber, no sabía nada. Solo la veían como un polvazo, pero me alegraba que ella fuese tan a su rollo, viviendo en su mundo color de rosa en el que Bill Kaulitz un día aparecería en su puerta y la besaría.

Ella era una de las pocas personas que merecían la pena en este lugar….por no decir la única.

Entré a clase tras perder de vista a Klein, allá voy, es el último día, el último día…
Nada más poner un pie dentro del aula ya tenía a toda la clase pendiente de mí. Había un poco de todo, pero siempre había algo, yo despertaba de todo excepto indiferencia en la gente.
Los chicos me miraban con desprecio, soltando alguna que otra perla por la boca que no me voy a molestar en repetir. En cambio las chicas me miraban coquetas, con interés.
Una de mis compañeras, una muy maja se acercó una vez me senté en mi pupitre.
-Buenos días Katriel – me saludó con una sonrisa, yo alcé la cara extrañado.
-Buenos días – respondí.
-Siempre te he dicho que te pareces mogollón a Bill Kaulitz, pero hoy especialmente… Guau, me ha entrado una cosilla cuando te he visto, eres clavado. -Claro, con que era eso. Rodé los ojos sonriendo, era el simple hecho de haberme subido un poco el pelo y maquillado los ojos de negro.
No lo hice con ninguna intención en especial, simplemente me apeteció, era el último día y había que celebrarlo.
-Ya – reí – él me gusta mucho, me apeteció imitar su estilo – y era cierto, llevaba el uniforme, pero la camisa remangada hasta los codos y las muñecas llenas de complementos, las uñas de negro, la corbata floja… Vamos, hoy estaba rebelde.
Lo dije en voz perfectamente alta para que se enterase todo el mundo. Por lo que hubo grititos y burlas, como no, pero no era ninguna mentira, dios si ellos supiesen la mitad de lo que yo había hecho…

-Silencio – en cuanto el estirado profesor de Biología pisó la clase con su característico mal humor matutino, cada cual se sentó inmediatamente.
Se dirigió a su mesa y sacó la lista, al levantar la cabeza echó un vistazo a la clase en general y como no, sus ojos se quedaron fijos en mí unos segundos, yo sonreí a modo de digamos, saludo, pero estaba bien claro que le estaba vacilando.
-Señor Collide – entornó la mirada, escrutándome.
-¿Si profesor Wetherall?
-¿Me quiere usted explicar a que viene ese atuendo? – bajé la cabeza y me miré, haciéndome el loco, me agarré la camiseta por el pecho y le volví a mirar.
-¿Esto? Pensaba que era el uniforme reglamentario profesor – mis compañeros rieron bajito ante mi manera de vacilarle.
-Sabe a que me refiero señor Collide, vaya al baño inmediatamente quítese eso de la cara y todo lo que lleva en las muñecas, y por dios échese agua en ese pelo, esto es una institución sería este tipo de juegos son inapropiados, no intente quedarse conmigo, vamos vaya. – se puso las gafas y volvió a mirar a su lista.
Yo no me moví del sitio y le seguí mirando, las risitas flojas de mis compañeros era lo único que sonaba.
El señor Wetherall volvió a mirarme al ver que no me movía.
-¿Es que no me a entendido? – me habló algo más exasperado, se notaba en su tono.
-Si que le he oído profesor, pero me parece algo estúpido, y no pienso hacerlo. – Mis compañeros se callaron totalmente.
-¿Como ha dicho? – se acercó a mi pupitre y se plantó frente a él.
Yo me giré y señalé a uno de mis compañeros.
-Carl lleva el pelo teñido y de punta y nunca le ha dicho nada – cambié de dirección y señalé a otra de mis compañeras – Sindy lleva más mierda en la cara que una Drak Queen y usted nunca le ha dicho nada.- volví a señalar a otra compañera – y Anna lleva las muñecas llenas de pulseras de colores y la falda dos tercios más corta y usted nunca le ha dicho nada – me puse derecho y miré al profesor de nuevo, cruzando las manos sobre la mesa – ¿me quiere usted explicar entonces porque yo debo dar un ejemplo que todo el mundo en este instituto se pasa por el forro?

Parecerá algo estúpido, pero me quedé en la santa gloria cuando le solté todo eso, los inútiles de mi clase se pusieron a murmurar y mi profesor se quedó con los ojos desorbitados sin saber que decirme.
-Ah no, creo que ya lo sé – levanté el dedo a la vez que me ponía en pie, encarándome al profesor – es porque el señor Collide es maricón, y por eso no puede soportar verlo con los ojos pintados en sus narices – Ahora lo que se escucharon fueron exclamaciones ahogadas y algún que otro comentario estúpido por parte del delegado.
-Salga de mi clase ahora mismo – sonreí y cogí mi mochila.
-Será un placer.

Al abandonar el aula oí un montón de murmullos en alto de mis compañeros, y el gilipollas de Wetherall intentando hacerles callar.
Buah, que les den joder, estaba hasta la polla de todo, y hoy ya era una saturación tan grande la que tenía que no me apetecía callarme la boca sin más.

Caminé por los pasillos desiertos con la mochila al hombro y saqué mi móvil, escribiendo un mensaje.

“M an echado d clse, paso d star mas tiempo aquí, le echas huevos y t lrgas conmigo? T spero en el patio trasero, ya sabes dnde, cuento asta 50 si no aparecs m largo.”

Le dí a enviar y cerré la tapa de mi teléfono, pues escribí el mensaje mientras caminaba y ya estaba casi en el patio.
Me senté en la hierva, donde siempre me ponía a la hora de comer y me encendí un cigarrillo mientras esperaba. Expulsé el humo y me eché hacia atrás, tumbándome.
-Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho… – interrumpí la cuenta para darle otra calada y tras expirar seguí contando – …nueve, diez, once, doce, trece, cator… – entorné los ojos al ver como se había puesto sobre mí, de pié, con sus pies a ambos lados de mi cuerpo, mirándome desde arriba con una sonrisita socarrona, y jadeando escandalosamente – Tampoco hacia falta que corrieses tanto, iba por el catorce – reí y me llevé el pitillo a los labios de nuevo.
-No podía permitir que te fueses sin mí, era una proposición demasiado tentadora – se agachó, poniéndose de rodillas sobre mí. Sonreí y me incorporé en mis codos.
-Hoy estoy rebelde -acercó su cara a la mía e hizo un amago de besarme, a lo que yo jadeé inconscientemente.
-Ya lo veo – se echó más sobre mí acariciando mi pecho hacia abajo, me mordí los labios y medio gemí para adentro – y me encanta. – bajó lo que le quedaba y me beso despacio mientras me desabrochaba el cinturón del pantalón de uniforme, tremendamente a tono se lo permití mientras correspondía a su beso. – Katriel vamos a tu casa que te folle… – jadeó separándose un momento de mis labios, respirando como un animal ansioso, acariciándome de la misma forma.
-Claro… Eso es lo que quería joder.. – le agarré de la corbata y le atraje hacia mí de nuevo para comerle la boca, mi efusividad lo mataba, ya lo sabía de sobra.
-Maldita sea.. Vámonos de aquí, venga – se levantó como pudo, pues antes de separarse apuró un poco más dentro de mi boca y me agarró la mano ansioso por salir.
Me reí pícaro y me colgué la mochila, dejándome llevar por él después.

Alam era mi novio desde hacía algo más de dos meses, y estábamos en plena época pasional, él era mayor que yo, un curso solamente, tenía los 18, este era su último año, y yo le envidaba por eso.
Era el capitán del equipo de baloncesto del instituto, era de película, alguien realmente popular y conocido, guapísimo y super encantador. Lo que nadie sabia es que le iban los chicos, y que era realmente matador en la cama.
La primera vez que lo hice con él lo pude comprobar.

Yo estaba… ¿que estaba haciendo? Creo que fue al terminar la clase de gimnasia, por contestar mal al profesor me castigó con recoger todos los chismes que habíamos utilizado y guardarlo en el cuartillo.
Justo en ese momento los de baloncesto habían terminado y pasaban todos a los vestuarios, solo que el capitán tenía que guardar la pelota, obviamente.
Al cruzar miradas saltaron chispas. Yo estaba encorvado metiendo todos los conos en su caja y él entró con la pelota en alto, me miró descaradamente mientras yo me puse derecho, enseguida supe que me deseaba, se le notaba demasiado, la expresión que tenía su cara me decía cuanto le había gustado y las ganas que tenía de hacerme… Algo.

Lo recuerdo perfectamente, dejó caer la pelota que botó unas cinco o seis veces hasta que rodó hasta una esquina y cerró la puerta con un golpe seco. Yo me eché hacia atrás inconscientemente viéndole venir, topándome con los potros amontonados, cuando llegó a mí me agarró en peso como si yo fuese una pluma y me sentó sobre el potro que había encima de los demás, él irradiaba pasión y esa espontaneidad, sin decirnos nada ya empezamos a besarnos, a magrearnos, no sabía ni su nombre, solo sabía que estaba tremendo y que era maricón, pues estaba dispuesto a hacérmelo allí mismo en ese preciso momento.

Y yo…me dejé, me lo hizo allí, con todos los tíos del equipo pasando frente a la puerta, en esos momentos me tapaba la boca para que no gimiera alto pero sin parar de follarme… Fue brutal.
Al acabar, pues tardó la vida en correrse a lo que yo lo hice tres veces, me dijo que se llamaba Alam y que si quería quedar con él esa tarde.
Él…me gustaba, pero no conseguía sentir por él nada más allá de eso.

&

-Me dijiste que tu padre… No estaba…
-Y no está – Giré la cara y puse una mano sobre la suya, con la que me agarraba la cintura para darse impulso dentro de mí.
-Pero he oído algo..
-Será Sara, no te preocupes… Vamos sigue. – me mordí el labio aun con la cara girada y mirándole con gesto vicioso y lascivo. Antes no me gustaba que nadie me lo hiciese en esta postura, me parecía pésimo ser jodido a cuatro patas, como las putas de película porno, pero desde que Bill empezó a obligarme a hacerlo digamos que aprendí a disfrutar de ella… – Hmmm si, eso es…vamos, más fuerte más… – gemí sin ningún tipo de tapujos.
-Nene no grites… -Se echó sobre mi cuerpo y me empezó a besar el cuello por detrás, los hombros, bajando un poco incluso, pero sin parar.
Alam era bueno, me hacía disfrutar mucho, pero quizá…solo estaba con él por eso.
No tardé demasiando en acabar y en pedirle que parase una vez lo hice. Se tumbó a mi lado en la cama sonriendo y jadeando.
-No has llegado.. – le dije entre respiraciones entrecortadas.
-No importa. – me dijo sin más y cerró los ojos, descansando.
Este tipo de actitudes me desconcertaban, era demasiado bueno y eso no me gustaba… Pues implicaba demasiadas cosas y yo no quería que así fuese, pues si hay algo que yo tuviese claro es que solo había un hombre que había conseguido llegarme a lo más hondo y que aun estaba ahí. Yo estaba enamorado desde hacía más de un año y medio… Estaba enamorado de Bill Kaulitz.

-Bueno, debo irme – se incorporó y empezó a vestirse, yo lo hice también en mis codos.
-¿Que..? Pero ¿por qué?
-Tengo entrenamiento a las once, el resto de las clases me la trae floja, pero al entrenamiento no puedo faltar, soy el capitán
-Oh – hice un mohin con la cara aun desnudo sobre la cama, Alam se inclinó y me dio un ultimo beso de despedida.
-Bueno, hasta luego – y se largó.

Me tumbé de nuevo y me puse la mano sobre los ojos, tapándomelos. Me sentía tan… Vacío.

BRRR! BRRR!

El sonido que hacían las vibraciones del móvil sobre la madera me despertó, pues tras la marcha de Alam me quedé dormido. Me giré en la cama y extendí la mano para cogerlo, sería Papá, seguro que le han avisado de lo de hoy y ya va a échame la bronca.
Bufé desganado y me puse el teléfono frente a las narices pues no podía ni abrir los ojos totalmente.
Era un numero cualquiera, seguramente se habrían equivocado, estuve por no cogerlo pero bueno, que más da.
-¿Si? -Me estiracé sin ningún reparo mientras hablaba, desperezándome, retorciéndome en la cama.
-¿Estabas durmiendo a las dos de la tarde? Eres peor que yo – Fruncí el entrecejo, sin ubicar para nada esa voz.
-Perdona, ¿Quien eres?
-Oh, que te den enano -y seguidamente se rió. Yo seguía sin caer.
-Oye, ¿te conozco? ¿no te habrás equivocado?
¿Este no es el número del enano toca pelotas y destroza relaciones con la fea costumbre de espiar a los demás mientras follan? Si es así, no, creo que no me he equivocado.
Cuando escuché eso, dentro de lo que mi poca lucidez me permitía, reaccioné…y casi me da un ataque. Me incorporé estrepitosamente y temblando de lo nervioso que me puse.
-¿T…Tom? ¿eres tú?
Un poco -Y volvió a reírse tras la línea.

Me quedé con la boca abierta sin saber que decir… De todas las cosas imposibles que podrían suceder en este planeta una de ellas era que Tom Kaulitz me llamase por teléfono después de todo lo que pasó, de como fui capaz de joderle y bueno… Tras aquel accidente pensé que muchísimo menos, pero si ya ni siquiera tenía relación con Bill, no me llamaba y yo… Tampoco le llamaba a él… No desde hacia algo más de medio año…

-Ah.. Joder… Pu..pues hola – No sabía que decirle ¿que coño iba a decirle? No había hablado con él desde que me despedí en el aeropuerto de ambos, y precisamente lo último que le dije que es que me gustaba mucho, y tras eso…nada. Lo único que supe de él después de ese día era lo poco que Bill me contaba por teléfono tras aquel desagradable incidente que yo tuve la mala suerte de presenciar tras la línea, como Bill gritaba ayuda y yo… Impotente, no podía hacer nada más que oírle llorar sin saber que había pasado…
Si, hola. ¿Como te va? – me preguntó en tono casual, su voz sonaba diferente a como yo la recordaba, también es cierto que nunca antes había hablado por teléfono con él, tenía la sensación de estar hablando con un completo desconocido.
-Oh pues…normal, supongo.
Ya – me soltó ese monosílabo medio riéndose.
-Bueno.. Tu como.. ¿como estás?
Hmmm ¿de que exactamente? – lo poco que pude conocer de él es lo desesperante que era a veces, he aquí la muestra.
-Hablo en general, estoy intentando ser cortés.
Pues guárdate tus cortesías para cuando sean necesarias – me dejó tieso, recuerdo que una de las cosas que me fascinaban de Tom era lo sincero y directo que podía llegar a ser, decía las cosas sin tapujos, tal y como las sentía, en eso era lo opuesto a Bill. Siempre me había intimidado, lo poco que pude conocer de él me dejó absolutamente maravillado, nunca había conocido una persona tan… Auténtica.
-Está bien, entonces concretaré, ya se que ha pasado mucho tiempo pero Bill a penas me contó nada de que te pasó tras el accidente, supongo que ya estarás bien completamente ¿no? – le oí reírse suavemente, ¿no quería que concretase? Pues eso es lo que me interesaba saber
Si, hace bastante además, ya estoy bien, pero… Pfff estuve jodido.
-Ya, me imagino
Lo que más me reventaba es que no me dejaban fumar las putas de las enfermeras. – Me reí suavemente ante esto.
-Obviamente.
Pero soy Tom Kaulitz, me la comen todas joder.
-¡Ajajajajaja! – me eché hacia atrás en la cama riéndome, este chico era la hostia, sin duda. -¿Porque estuviste tanto tiempo ingresado? -le pregunté, lo único que sabía es que ingresaron a Tom por haber sufrido una agresión en la que le asestaron ocho puñaladas, por suerte ninguna le dañó los órganos internos. Aun así junto con las puñaladas tenía graves contusiones en la cabeza de haberle dado una paliza antes de apuñalarle, y por lo visto sufrió algún tipo de trastorno, y ya está, no sabía nada más.
Porque decían que tenía alguna mierda en la cabeza, que no estaban seguros, vamos se me iba la pinza y me daban ataques de ansiedad constantemente. -me mordí los labios al oír esto, enseguida lo relacioné con algo que me contó Bill.
-Entonces como a tu hermano…
¿Como cojones sabes tu eso?
-Él me lo contó.. – solté titubeante.
Ya veo, pues si, igual que a Bill, es algo que le pasa desde los trece años, pero solo cuando sufría un exceso de nervios y de tensión, cuando empezó a acostumbrarse a la fama y dar conciertos frente a millones de fans dejo de sufrirlos – escuché atento.
-Oh…eso yo no lo sabía, solo sabía que cuando estaba en alguna situación extrema le sucedía.
Pues ya lo sabes.
-Bueno pero… Estábamos hablando de ti.. – dije apurado, se notaba demasiado lo mucho que Bill me seguía importando, enseguida tuve que sacarle.
Ajá, y ya te he respondido a tu pregunta.
-No porque… Algo más tendría que pasarte para estar tanto tiempo ingresado… Pero oye, no tienes por que…contármelo que yo…
Sufría trastornos de personalidad – me cortó, cerré la boca al instante al oír esto – o directamente me cabreaba tanto que me ponía a dar patadas a las cosas y a quien se me pusiese por delante, me tenían que atar a la cama con correas, como en las películas – y tras decir eso se rió, yo tragué saliva.
-¿En serio?
Si, como si estuviese majara, y la verdad después de todo lo que me ha pasado me extraña mucho que no sea así.

Todo lo que me estaba contando así, por la cara, me estaba dejando de piedra, por la gravedad de las cosas que eran y por el hecho de que lo estuviese compartiendo conmigo que no fui más que un parásito molesto en su vida…

-Tom ¿por qué me has llamado? – le dije de repente, él se mantuvo en silencio durante unos segundos en los que temí haber metido la pata, pero… Estaba en tensión, no entendía al porque de su llamada y al porqué de que me contase todo esto.
Pues porque me apetecía hablar contigo, simplemente.
-Mientes, estoy seguro.
Eres un impertinente Katriel.
-Y tu un tío muy extraño.
Ya, y por eso te gusto tanto – me ruborice al instante, joder si yo mismo se lo dije, ahora no puedo quejarme de que me lo suelte.
-Te juro que no entiendo nada, hace mucho que no se de vosotros, ¿dónde está Bill? – fruncí los labios tras preguntarle, no podía aguantarme más, necesitaba saber porqué dejó de llamarme.
¿Bill? -repitió medio riéndose, eso no me gustó. –Pues si te soy sincero no tengo ni la más remota idea.
-¿Cómo?
-Que no se donde está.
-Oh… Pero… – Seguro que mentía, en vez de despejar mis dudas no hacía más que confundirme – Recuerdo que antes de que se anunciase, Bill me lo contó… Ya sabes, lo pintasteis todo muy bonito, os ibais a tomar un año de descanso porque estabais saturados, que necesitabais descansar, que volveríais con un nuevo disco, bla, bla, bla… Era todo mentira ¿verdad?
Bueno, lo de que estábamos saturados era completamente verdad, en la situación en la que nos encontrábamos no podíamos seguir con la gira, nadie podía enterarse de lo que me pasó, fue todo una tapadera para darnos tiempo a ver si la cosa se arreglaba…pero ya ves, las fans aun siguen creyendo que estamos de año sabático, pero dudo mucho que Tokio Hotel vaya a volver.
-Joder… – murmuré, no tenía ni idea de que estaba tan mal la cosa.
-¡Katriel! – Me incorporé rápidamente
-Mierda… – me levanté aun con el teléfono en el oído y agarré mis pantalones del suelo pues aun estaba desnudo y ni me había dado cuenta. -¡Estoy aquí Sara! – le contesté apurado mientras me abrochaba los pantalones como podía.
-Bueno, te dejo ya, tengo cosas que hacer – oí a Tom decir.
-¡No! Nono, por favor espera un momento.
-¿Quien es Sara? – me preguntó con picardía en el tono, yo sonreí.
-Es mi madre.
-Tu no tienes madre – paré de vestirme y suspiré cerrando los ojos, Bill ya veo que a Tom se lo cuentas todo…
-Tienes razón… Pero es como si lo fuese, ¿te puedes esperar un momento? – le dije con un tono algo más violento, Tom me puso un extraño tono de condescendencia.
-No hay problema.
Dejé el teléfono sobre la cama y salí a hablar con Sara.
-¿Que pasa? Estoy ocupado ahora – dije asomándome a la barandilla.
-Oh, perdona corazón, es para avisarte que la comida está, ya ha llegado tu hermano y se ha sentado a comer.
-Ya… ¿y papá?
-Tu padre tiene cosas que hacer hoy y me dijo que…
-Ya, ya, que no podía venir a comer, lo de siempre – dije poniendo los ojos en blanco mientras hacía un gesto con las manos de obviedad. -Bajaré más tarde, no tengo hambre – y sin más me metí de nuevo en mi habitación, tirándome sobre la cama mientras cogía el móvil, temiéndome que Tom hubiese colgado. – Tom, ¿sigues ahí?
Sigo aquí – suspiré una vez mientras sonreía. Todavía no entendía a que venía esto…pero yo quería seguir hablando con él.
-Vale, pues..
Voy a serte franco Katriel – me cortó, cerré la boca y parpadeé sin cesar.
-Oh.. De acuerdo.
Se que más o menos para esta fecha os dan las vacaciones de verano ¿no es cierto?
-Eh si, hoy ha sido mi último día, es más – le contesté sin entender.
Ahá, lo suponía, pues te he llamado para preguntarte si te apetece venir a Los Ángeles conmigo a pasar unos días.

Mi boca llegó al suelo.

-E.. Estas de coña.. – dije medio riéndome pues era del todo surrealista.
No, te lo digo en serio.
-Pero.. ¿a Los Ángeles? ¿Por qué allí?
Jujuju – me mordí el labio, ¿de que se reía ahora? -Katriel, te estoy llamando desde Los Ángeles.
-Oh… – fruncí el ceño ante esta revelación. -¿Y que haces allí?
Me he fugado con el amor de mi vida. – creo que puse cara de tonto, me conozco.
-Pero si me habías dicho que no sabías donde estaba Bill. -Tom se rió suave y brevemente.
-Y no lo sé – abrí tanto la boca que creí que iba a desencajárseme.
-¿¡Entonces quien es el amor de tu vida?! Creí que ese era Bill – me puse de pie en la cama, mi vena justiciera salió a flote.
-Pues estabas equivocado.
-¿Qui… Quien es él..? ¿o ella?
-Ella – respondió.
-¿Co.. Como se llama? – que fuerte… O sea que lo había dejado con Bill y ahora estaba con una tía y..
Yo la llamo Clara, le puse nombre porque era mi preferida.
-¿Eh? – mi cara de alelado debía de ser impresionante. Tom volvió a reírse y suspiró tras hacerlo.
-Mi Gibson Les Paul en color blanco. Mi preciosa Clara.

Me entraron ganas de matarle, me había tenido en ascuas y resulta que el amor de su vida no era otra que su guitarra, una de sus guitarras, al parecer una muy especial.
Iba a cantarle las cuarenta por darme ese susto, pero a la vez…me pareció tan precioso lo que dijo, algo tan… Profundo, algo que no entendería por mucho que quisiese, lo que una guitarra puede significar para un guitarrista y más cuando llevas toda la vida dedicado a ese instrumento.

Me quedé varios segundo en silencio, considerando su proposición.
Esta claro que se estaba quedando conmigo constantemente pero lo de ir iba en serio, pero… Me extraña mucho que haya salido de él, ¿se lo habrá dicho Bill para que sea una sorpresa?
-Tom…
-¿Hmm?
-¿Cuando sería?
-Cuando tu quieras que sea. – Me mordí los labios dejándolos en una fina línea mientras movía las pupilas sin parar repasando los dibujos de mi colcha.

“Sin duda este no es mi lugar, nunca lo ha sido. Yo necesito romper con todo y enfrentarme a mi vida, mirar más allá de esto… necesito volver a ser libre.”

-Mañana – le dije mientras alzaba la mirada, seguro de mi decisión.
-Si coges el avión mañana llegarás aquí pasado mañana -ah claro… Un vuelo a Los Ángeles que está en la costa este de América tardaría como poco unas diecisiete horas – ¿Quieres que te reserve el vuelo?
-No, yo lo haré.
-¿Y el dinero?
-Tengo algo ahorrado, yo me lo costearé, no voy depender de nadie nunca más.
-Me alegra oír eso, se nota que has crecido.
-Dentro de dos semanas es mi cumpleaños – le dije… No se, me hacía ilusión que lo supiese. -Cumplo los 18
-Ahá, pues mejor para ti.
-Oh Tom, eres un borde – le reproché sin poder evitar sonreír.
-No, soy sincero, que es diferente.

Y es una de las cosas que me fascinaban de él, decía las cosas sin tapujos, claramente, si así lo pensaba así te lo decía, no era una persona falsa, él no fingía nada, no tenía por qué, iba arrasando con todo lo que se encontraba, o al menos, así es como yo lo veo.

-¿Que me dices entonces? ¿te arriesgas? – la decisión final, luego no iba a poder arrepentirme.
-Si… – susurré.
-Estupendo, algo me decía que no ibas a negarte, aun así eres un chico con muchas agallas.
-¿Por qué dices eso? -cuestioné extrañado
-No importa, cuando estés aquí te lo diré.
-Oh… – torcí la boca pensando a que se podría referir.
-Bueno, te tengo que dejar, llevo hablando contigo la vida y es una llamada internacional y a móvil ni más ni menos, te voy a enviar el recibo. – sonreí, me sentía tan…emocionado. – Entonces, nos vemos.
-Si, adiós – dije suavemente, tras unos segundos colgó. Me quedé con el móvil comunicando en el oído un par de segundos, intentando asimilar lo que acababa de pasar.

Tengo que reservar un vuelo para mañana a Los Ángeles para pasar unos día con ellos de nuevo.

¡QUE FUERTE!

Me incorporé violentamente y tiré mi móvil a la cama sin cuidado haciéndolo rebotar. Fui hasta mi mesa y abrí mi portátil, encendiéndolo, mientras tanto abrí el armario y aparté la ropa para coger la maleta. La saqué y la puse sobre la cama. El ordenador ya se había encendido, me metí en internet y empecé a buscar vuelo en la compañía más barata.
Aun así al ser tan precipitado y a Los Ángeles ni más ni menos no estaba nada barato, de todas formas lo pagaba con el dinero de papá pues yo todavía era muy joven para tener una cuenta propia.
Nunca hacía esto pues me podía caer gorda si se enteraba que faltaba mucho dinero… Pero era una urgencia y no podía permitir que Tom me lo pagase, nada de eso.
Reservé con la cuenta de Papá un vuelo a Los Ángeles a las diez de la noche, pues haciendo cuentas, si lo cogía a las diez llegaría allí sobre las cinco de la tarde del día siguiente.

Me eché hacia atrás en la silla y resoplé… Joder… A Los Ángeles, a los Estados Unidos de América, es como un sueño.
Vale no era momento de alelarse, necesito ser rápido, tengo demasiadas cosas que hacer.

Salí de mi habitación de nuevo y fui a la de mi hermano, tocando con los nudillos varias veces en la puerta.
-Glen ¿puedo entrar? – Como de costumbre no me respondió, entorné los ojos y entré sin más, le vi tirado en su cama boca arriba, con ropa deportiva, su media melena echada hacia atrás con una ancha felpa y con los cascos puestos y una revista en alto.
Avancé y me tiré en la cama sobre él, sentándome sobre su estómago, enseguida tiró la revista a un lado y se bajó los cascos mirándome con cara de mala leche.
-¿Que coño haces enano? – daba gusto estar con él.
-Necesito que me ayudes – dije juntando ambas manos frente a mi cara. Él entornó los ojos y alzó las cejas.
-Pues la respuesta es no, y ahora largo – y volvió a coger la revista para seguir leyendo. La agarré y la tiré al suelo. – Katriel te la vas a ganar.
-Por favor es muy urgente, te necesito, mira que nunca te pido nada pero es una urgencia – dije inclinándome hacia delante, con las manos puestas sobre su pecho.
Su cara era la misma, de indiferencia y mala leche juntas.

Glen pasaba de mí total y absolutamente y yo hacía lo propio con él, pero como por el interés te quiero Andrés… Puees…

Suspiró y rodó los ojos en gesto exasperante.
-A ver, dispara – sonreí y me enderecé dando unas cuantas palmas ante la buena noticia.
-Pues necesito que me firmes una autorización para poder volar solo, sin la compañía de un mayor de edad.
-Tu estas flipado – me dio un manotazo y me tiró a un lado en la cama mientras él se incorporaba y se quedaba sentado. -¿Dónde se supone que te vas?
-A Los Ángeles – abrió mucho los ojos y parpadeó varias veces.
-¿Pero tu sabes lo lejos que está eso? – asentí varias veces -¿Y se puede saber a que coño te vas a Los Ángeles tu solo? – me mordí los labios y bajé la mirada un segundo.
-Un amigo.. Me ha invitado. – mi hermano soltó un suspirito de incredulidad y se cruzó de brazos.
-Con que un amigo.
-Por favor Glen – puse cara de súplica.
-Ni hablar Katriel, como papá se entere de que te he ayudado me mata. – me adelanté en la cama y le agarré una mano.
-Pero papá no tiene por qué enterarse, si te pregunta dile que no lo sabes, de todas formas nunca me prestas la más mínima atención, ¿porque ibas a saber a donde me he ido? – me miró torciendo la boca y suspiró.
-¿Cuanto tiempo pretendes estar fuera?
-Son unos días, volveré sano y salvo – sonreí.
-Por mí como si no vuelves y lo sabes – negué con la cabeza sonriendo.
-¿Me vas a ayudar entonces? – pregunté esperanzado.
-Si no queda más remedio…
-¡Bien! – extendí los brazos y me tiré encima de él abrazándole, haciéndole caer en la cama de espaldas de nuevo. Le oí reírse levemente. -¡Gracias!
-Vale, ya está, corta el rollo, quítate de encima que se lo que te va – abrí la boca indignado y le solté muy digno, bromeando claramente.
-Pues no sabes lo que te pierdes – le hice un gesto con las cejas y todo.
-¡Ahg! Calla, que asco, largo de aquí a ver si se me va a pegar tu mariconez – le saqué la lengua y me levanté.
-Firmarme eso, luego vengo a recogerlo. – él me hizo un gesto con la mano de que no me preocupase y se tumbó a seguir leyendo.

Mi hermano Glen era un borde y un pasota, y conmigo tenía el mínimo contacto, no le interesaba mi vida y ni a mi la suya… Pero daba gusto saber que cuando le necesitaba estaba ahí para ayudarme.

Sonreí mordiéndome el labio una vez salí.
Me iba a Los Ángeles… Me iba porque Tom me había invitado, se me aceleraba el corazón con solo pensarlo, y seguramente Bill estuviese allí con él, iba a pasar unos días con ellos.
Que feliz era.

&


Aeropuerto internacional de Los Ángeles

18:30 de la tarde.

-Ah, Thank you – le sonreí al chico que me había ayudado a sacar mi maleta de la cinta. Él en respuesta me guiñó un ojo y tras eso se giró esperando la suya. Sonreí, acababa de llegar y ya estaba ligando.
Empecé a caminar tirando de mi maleta y con el bolso el cual llevé de equipaje de mano colgando a modo bandolera.
Dios esto era grandísimo. ¿Como voy a encontrarles en este pedazo de aeropuerto?

No hacía más que mirar a todas partes. El vuelo había tardado veinte horas, me dolía el culo y por primera vez no era de que me lo petasen. Joder, veinte putas horas seguidas sentado

Me paré de repente pues me estaba sonando el móvil. Mire el número, era Tom.

-Tom ya estoy aquí, en el aeropuerto.
-¿Donde? ¿Sabes lo grande que es esto?
-Si ya, lo veo. – dije mirando a mi alrededor de nuevo a ver si lo ubicaba – ¿donde estás tu?
-Ah, ya te he visto – y seguidamente se rió, yo volví a mirar hacia todas partes y seguía sin verle, había mucha gente con maletas de allá para acá
-No te veo – dios estaba tan nervioso…
-¿Ves los paneles esos enormes donde se anuncian los vuelos que vienen y van? A tu derecha. -me giré y vi los grandes paneles en alto.
-Si los veo.
-Pues allí es precisamente donde no tienes que ir – me despegué el teléfono del oído pues oí su voz a mi espalda, me giré inmediatamente.
Conforme lo hice abrí mucho los ojos y la boca, más que flipado.
-Oh.. Joder.
-Bienvenido a Los Ángeles – dijo sonriendo.

Ahí estaba él, pero lo que más me chocó fue ver que sus rastas ya no estaban, se había cambiado el pelo radicalmente, ahora llevaba unas especie de trenzas negras, estaba irreconocible. La ropa si seguía siendo igual, estaba echo todo un rapero americano.

Sonreí nerviosamente, joder se me iba a salir el puto corazón por la boca.
-Gracias – le respondí.
-Has crecido – me dijo mirándome de arriba abajo, llevaba puestas unas gafas, pero no eran de sol si no de adorno, eran chulisimas, con los cristales naranjas, y estaba mascando chicle.
-Si – dije bajando la cara, algo azorado. Él entornó la mirada un momento y sonrió después.
-Te pareces mucho a Bill ahora, el pelo, la ropa… – alcé la mirada y le miré, pues en su tono no pude diferenciar si eso era bueno…o malo.
-Ya, mucha gente me lo dice.
-Uhum – se remojó los labios y me hizo otro descarado escáner. Me intimidaba – Bueno, venga vámonos – agarró mi maleta y empezó a andar. Yo reaccioné y me puse a su altura.
-Pero… ¿no ha venido Bill? – pregunté extrañado, Tom se paró en seco y me miró frunciendo el ceño pero con una sonrisa.
-¿Bill? ¿es que no me escuchas cuando te digo las cosas? – mi cara de idiota debió de ser alucinante.
-Eh… Pero yo creí que…
-Katriel, Bill está en Alemania.

Alucintane…
O sea que iba en serio. Bill no estaba aquí con él. Esto me pasa por hacer conjeturas y creérmelas, claro, con lo enamorados que estaban estos dos era imposible que estuviese cada uno en una punta del país… Pero en casi dos años pueden pasar muchas cosas… Demasiadas.

-Oh… – no supe que decir, o sea… He venido hasta Los Ángeles para estar con Tom… A solas..
Él se rió y me pasó un brazo por los hombros, echando a andar de nuevo.
-Tranquilo, nos lo vamos a pasar en grande tu y yo, ya verás como esta ciudad es una pasada, no olvidarás estas vacaciones en tu vida.

“-Aun así eres un chico con muchas agallas.
-¿Por qué dices eso?
-No importa, cuando estés aquí te lo diré.”

Joder… A solas… Con Tom, con mi enemigo. Con el tío que quiso matarme cuando se enteró de que yo había jodido su relación con la persona que amaba… ¿como no he caído antes?

“-Sufría trastornos de personalidad, o directamente me cabreaba tanto que me ponía a dar patadas a las cosas y a quien se me pusiese por delante, me tenían que atar a la cama con correas, como en las películas.”

Mierda…

“eres un chico con muchas agallas”

Levanté la vista y le miré, y juraría haber visto una leve pero sádica sonrisa dibujarse en sus labios.
Había ido directo a mi perdición.

El diablo me dijo ven….y yo fui de cabeza al infierno.

Continúa…

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