Obsesión sexual 52

«Obsesión sexual» (Fic de Eivy)

Epílogo: Parte II

Narra Tom

-Haz lo mismo que cuando te fumas un cigarro, aspira – me puse el canuto entre los labios y aspire – trágate el humo – hablé con el humo dentro de mis pulmones – y después lo expulsas – y soplé hacia fuera, haciendo que el denso humo flotase alrededor de mi cara.
-Vale…a ver – el nene cogió el canuto algo reticente y se lo puso entre los labios, yo sonreía y le miraba atento.

Aspiró y antes de poder tragárselo todo ya estaba tosiendo.

Me empecé a reír y negué con la cabeza varias veces, me incorporé pues estaba tumbado en el suelo boca abajo, sobre la alfombra.

-Ya está, ya pasó – me reí de él mientras le daba palmadas en la espalda, él paró de toser y se pasó la mano por los ojos porque le empezaron a llorar.
-Que asco Tom, que asco, que asco – cerró muy fuerte los ojos y se apretó las palmas ahí. – me pican joder.
-Pues esta mierda es de primera calidad – cogí el porro y lo observé unos segundos.
-Pues es asqueroso…
-Oh que pena – se quitó las manos de los ojos y me miró con reproche. -¿eres un nene de mamá o que te pasa? – abrió la boca levemente ante mi provocación, indignado. Alcé un poco la cara, mirándole con altanería, esperando su respuesta, que por supuesto no me dio, bajó la cara enseguida. – ya, lo que suponía.

Me levanté del suelo y me fui directo a la cocina a por algo de beber.

Había crecido, eso era verdad, pero no era más alto que yo ni por asomo. Pero esa puta cara que me ponía, esos ojitos de cordero con los que me miraba, de confusión, de inocencia y provocación juntas… Su cuerpo, su forma de andar y de moverse, su pelo…Bill con tres años menos, igualito, pero supongo que era parte del morbo.

-Me encanta tu casa… – le oí decir desde el salón.
-Venga ya, ¿en serio? Es la quinta vez que me lo dices desde que hemos llegado – hablé fuerte mientras sacaba una cerveza de la nevera.
-Es que es una pasada, ¿quien puede permitirse un ático en Los Ángeles? – salí y le vi de pie mirando por los grandes ventanales que formaban toda una pared.
-Yo, yo puedo – me apoyé en el marco de la puerta y bebí, Katriel giró la cara y me miró unos segundos.
-¿Porque vives aquí solo Tom? – quite la vista de su silueta asomada a las ventanas y suspiré… Se me antojaba, se me antojaba demasiado, se parecía a él en todos los ángulos posibles.
-¿Por que no dejas de hacer preguntas por todo?. – desde que le había traído del aeropuerto hace aproximadamente unas cinco horas no había parado de hacer preguntas, una tras otra, preguntas que ahora mismo no me apetecía responderle.
-Lo siento.. – quitó los ojos de mí y puso la mano en el cristal empezando a hacer formas en él con los dedos sin dejar de mirar la panorámica, el paisaje de Los Ángeles de noche. – es que hay tantas cosas que no entiendo, es todo tan raro que necesito preguntarte, necesito saberlo..

Me reí un momento, con despreocupación y me acerqué mientras le metía otro trago a la cerveza y la dejé en la mesa. Me pegué a su espalda sin tocarle. Puse mis dos manos a los lados de su cuerpo y las apoyé en el cristal, encerrándole con mi cuerpo. En seguida noté su respiración acelerarse, sonreí satisfecho, era tan predecible.

-Voy a salir dentro de un rato, ¿te apetece acompañarme? – hablé cerca de su oído, pude ver como lentamente crispaba sus dedos en el cristal, resbalando las yemas hasta hacer dos puños sobre la ventana.
-Eh… Pues..
-¿Pues? – le presioné, y más nervioso se puso. Jadeó fuerte y encogió los hombros al notar como pegué mi pecho a su espalda al fin, teniendo contacto. – ¿Quieres que me aparte? ¿te molesta que haga este tipo de cosas? – le pregunté claramente y sin tapujos, los rodeos eran mierdas, me desesperaba.
-No es que…me moleste.. Solo me pones nervioso -contestó en un hilo de voz.
-Ya – me reí y me separé, dejándole respirar tranquilo. – voy a cambiarme, ya sabes, como si estuvieses en tu casa, ponte cómodo y haz lo que quieras pero sin romper nada – retrocedí y extendí los brazos mientras hablaba, ofreciéndole mi casa como la suya propia, se giró y quedó de espaldas a los cristales aun mirándome con las mejillas rojas y respirando algo irregular.

Y ahí le dejé para irme a mi habitación, me había dado una ducha antes de ir a recogerle así que no tenía que hacerlo de nuevo, simplemente me vestí con unos de mis vaqueros anchos en color negro, un jersey grisáceo el cual me remangué hasta los codos y una gorra negra colocada al revés, con la visera hacia atrás.
Había cambiado mi look, el pelo radicalmente, lo demás no mucho pero ya no era tan cerrado en mi estilo, camiseta XXL gorra y las rastas en una coleta. Al final te acabas cansando de que siempre se te vea igual. De todas formas quiero ser discreto, ahora que ya no pertenezco a Tokio Hotel quiero poder salir por ahí y que la gente no me de la tabarra.

Me metí las llaves, el tabaco y la cartera en los bolsillos traseros de mis vaqueros y salí de mi habitación encendiéndome un cigarro. Me paré al llegar al salón al ver al nene sentado en el suelo, sobre la alfombra, donde antes le había enseñado a liar un canuto de maría.
-¿Que haces? – le pregunté al verle con la cabeza gacha y el móvil en la mano.
-Mi padre me está llamando – miré el teléfono y pude ver como se iluminaba la pantalla y vibraba entre sus manos.
-¿No vas a cogérselo? – pregunté mientras fumaba, metiéndome la otra mano en el bolsillo del pantalón. Le vi morderse el labio apurado y sonreí – ahá, entiendo, has venido sin decírselo, técnicamente te has escapado de casa ¿es eso? – solté una pequeña carcajada, él alzo la cabeza y me miró aun con cara de no saber que hacer, el móvil seguía sonando.
Caminé hasta él y me agaché, quitándole el móvil de las manos.
-Tom ¡no! No lo hagas, sería peor.. – pero me erguí y lo descolgué llevándomelo al oído.
-¿Sí? – respondí como si el móvil fuese mío.
¿Quien es? – la voz era la de un hombre mayor sin duda, cuarentón o cincuentón.
-Tom Kaulitz – respondí sin más.
¿Cómo..? ¿Tu..? ¿donde está Katriel?
-Está conmigo, en mi casa – la cara del nene era de acojone total, se puso de pie frente a mí y esperaba atento.
Dile que se ponga inmediatamente – me dijo en tono demandante, hice un sonidito con la boca de pasotismo alcé una mano acariciándole el pelo a Katriel.
-No va a ser posible – y le sonreí, él parpadeaba muy deprisa, frunciendo los labios sin parar, nervioso por lo que su padre me pudiese estar diciendo.
Mira, se perfectamente todo el rollo que mi hijo se trajo con vosotros y todo lo que tuve que pasar para que volviese a casa, ¿porque diablos se ha vuelto a ir?
-Deberías haberle preguntado a él si era feliz – Katriel abrió la boca, sorprendido, luego bajo la mirada. – Y no, no creo que sepa que clase de rollo, como usted dice, se traía con nosotros.
Lo que no creo es que debas meterte en esto, mi hijo se ha ido de casa sin consultarme y ahora no se donde está, pásamelo que al menos sepa que está bien.
-Está perfectamente, y ya le he dicho que está conmigo. Cuando él quiera volver le llamará, mientras tanto, estará conmigo. – Katriel volvió a mirarme mientras que yo me quitaba el móvil del oído con parsimonia aunque su padre me seguía hablado, pero no tenía más que decir. Cerré la tapa con una mano y sonreí al nene. – La libertad es algo que nadie te puede negar, ni siquiera tu padre.
-Pero tiene razón al estar enfadado y preocupado… Hace poco se enteró de mi homosexualidad y se que no se sintió nada orgulloso al saberlo, no hacía más controlarme, si un chico me llamaba no me lo decía…no sé, cosas así, supongo que solo intentaba protegerme y yo ahora he echo una trastada al no avisarle y..
-Katriel – le agarré de la barbilla y le hice mirarme. – es tu vida, no la suya, no necesitas su aprobación para hacer las cosas, si a la víspera de tus dieciocho años tu te quieres largar de casa él tiene que entenderlo y si lo que te gusta es follar con tíos tiene que respetarte ¿que es esta mierda de intolerancia? Es tu padre, si el no te apoya ¿quien cojones lo hará?- dije muy seguro de mis palabras, vi sus ojazos aguarse levemente mientras se mordía los labios.

Le estuve escrutando un momento, mirándole fijamente a los ojos, sollozó y los cerró, entonces pillándome totalmente por sorpresa acortó la distancia de nuestros rostros, lanzándose, poniendo sus manos en mi pecho, de puntillas frente a mí, con los ojos apretados y los labios junto a los míos.
Me quedé quieto sin hacer nada, mirándole aun, sin corresponder.
Poco a poco se fue separando de mí y abriendo los ojos lentamente, no fue más que un pico suave, pero ya se lo tomó a la tremenda.
-Perdón… – retrocedió y se puso una mano en la boca, como si acabase de hacer una locura – lo siento no debí…hacerlo, tu ya tienes a Bill y no quiero meterme más en…
-Cállate joder – me puse una mano en la sien y cerré los ojos frunciendo el ceño – eres agotador, no paras de hablar y de preguntar por todo, muestra un poco de aplomo maldita sea, deja de lloriquear y ve a vestirte, te espero. – Abrió la boca para decir algo, aun desconcertado por todo. – ¿Vas a venir o no? – le pregunté empezando a impacientarme, haciéndole un gesto con las cejas.
-Eh.. De acuerdo, ya voy – y sin volver a mirarme corrió a la habitación en la que iba a dormir, donde dejó todo su equipaje.

Me dejé caer en el sofá, agotado, últimamente me encontraba de lo más apático, todo, absolutamente todo me daba igual, no tenía ganas de hacer nada y mucho menos nada por nadie. No le veía la más mínima importancia a las cosas ni a las personas por lo que no me implicaba con nadie más de la cuenta.
No creía en nadie más que en mí mismo, la gente es una falsa asquerosa que no va nada más a lo suyo… Había visto tanta mierda este último año que me había vuelto un escéptico de cuidado, como ya he dicho, todo me da igual, nadie es importante, solo yo mismo, nadie vale una mierda… Bueno, digamos que hay una excepción, pero sin duda una excepción que debe dejar de serlo, por mi bien y por el suyo.

-Ya estoy listo Tom – giré la cara y no pude evitar sonreír gratamente sorprendido.
-Vaya, vaya – me acerqué y comencé a caminar a su alrededor, rondándole, mientras le miraba desde todos los ángulos, muy descaradamente.
Se había puesto unos shorts vaqueros bastante ajustados, es lo que más me llamó la atención junto a las botas altas de cordones, tan parecidas a las que se ponía Bill por encima de los pantalones, arriba llevaba una camiseta negra con un enorme cráneo de esqueleto en el centro. Aquí me quedó más que claro como Katriel imitaba el estilo de mi hermano pero siendo algo más descarado.
Se había cepillado el pelo el cual llevaba liso y largo y maquillado los ojos.
-¿Que? ¿que pasa? – se volvió para que dejase de rondarle y me miró soltando una risita nerviosa. Subí mi mirada de sus largas piernas y le miré a los ojos.
-Estás muy sexy, te follaría. – le solté ladeando la cabeza hacia un lado le pasé la mano por el pecho con el reverso de mis dedos.
Abrió mucho los ojos y parpadeó sin parar, era increíble lo fácil que era sorprenderle, pero yo creo que era bastante obvio que era de mi agrado todo él, tanto que me lo tiraría con gusto, pero solo cuando mantenía la boca cerrada, de lo contrario de lo que me daban ganas era de partirle la boca.

Era Sábado, y como tal todo él mundo salía de marcha, a beber y a bailar, a colocarse o a buscar a alguien a quien cepillarse.
Yo solía pasarme por todos esos barrios con locales que la gente joven solía frecuentar y más los fines de semana, descartando muchos de ellos y quedándome con otros cuantos.

Aparqué el coche cuando encontré un hueco en frente de la acera, cerca de donde tenía pensado ir.
Por toda esta zona había unos cuantos locales de ambiente que llenaban la calle de maricones viciosos y sinvergüenzas pues no tenían el más mínimo reparo de enrollarse abiertamente en la calle, frente a los otros locales, llamémosles heteros. Pero los dos ambientes convivían en armonía, y no voy a negar que más de una vez he entrado a alguno de esos bares de gays buscando ese tipo de sexo que se había convertido en una rutina para mí desde que mi insaciable gemelo me sugirió experimentar sensaciones nuevas…

Me bajé del coche y me fijé que había un grupito de maricones justo en frente, a la salida de uno de los pubs, bebiendo en la calle pues el local estaba abarrotado. En cuanto Katriel salió del coche los tíos empezaron a silbarle y ha decirle obscenidades, sonreí al ver como el nene les miraba con cara rara pues se lo estaban soltando todo en inglés y no se estaba enterando de nada.
Rodeé el coche y me puse a su lado, pasándole un brazo por los hombros.
-Meteos la lengua por el culo, el nene es mío – les escupí en inglés, Katriel aun me miraba sin entender nada.
Los maricones me sacaron el dedo y me dijeron que me jodieran y eso, sonreí y empecé a caminar agarrando al niño.
-¿Que estaban diciendo? ¿se estaban metiendo conmigo?- me preguntó aun algo cohibido.
-No – me reí y miré hacia la izquierda para cruzar la carretera – no exactamente.
-Oh… – avancé cruzando y antes de entrar en el pub le solté.
-Querían follarte, estaban piropeándote y haciéndote proposiciones bastante indecentes. – Vi como sonrió tontamente y volvió a mirar atrás a ese grupo de chicos, interesado. Sonreí y saludé al portero que me cedió el paso – ¿entras conmigo o te vas a que te destrocen el culo entre todos? – enseguida giró la cara y se vino conmigo, agarrándose a mi brazo. -Lo que suponía.

Caminé entre la multitud que bailaba con Katriel agarrado a mí, intentando no rozarse mucho con la gente, fui directo al camarero que se inclinó al verme llamarle.
-Romeo ha estado preguntando por ti, Tom.
-Acabo de llegar – le grité como él a mí pues la música estaba algo alta.
-Creo que se han ido para el Black Hole. – di una palmada en la barra.
-Ok, Gracias Sam.
Me giré y vi a Katriel mirándome atentamente sin entender una mierda, me reí y le acaricié el pelo.
-Que frustrante – me dijo haciendo un mohín con la cara.
-¿No te enseñaron inglés en el instituto?
-Si joder, pero una cosa es saberse los tiempos y los verbos irregulares y otra muy distinta es entender cuando la gente habla.
-Mejor que no lo entiendas, anda vamos – lo agarré de la mano y lo conduje afuera.
-¿Ya nos vamos?
-No, solo cambiamos de local – pero antes de llegar vi al grupo fuera del Black Hole que estaba prácticamente a la vuelta de la esquina, en un callejón sin salida, pues en un lateral del callejón estaba la entrada al local.
Me vieron a la vez que yo a ellos y me chiflaron alzando las manos.
-Tom… – antes de avanzar volteé la mirada a Kat que me apretaba la mano fuerte aun anclado en el sitio.
-¿Que pasa?
-Pues que este es el típico sitio, y ellos el típico grupo de chicos a los que alguien como yo no debería acercase… Se van a meter conmigo, seguro.
-No digas gilipolleces, vienes conmigo, si te dicen algo les parto la cara. – se mordió el labio aun mirando hacia los chicos.
-¿Son amigos tuyos? – preguntó.
-Hmmm, no exactamente.
-Entonces te espero aquí.
-No es buena idea dejarte solo, créeme – resopló.
-¿Vas a…tardar mucho?
-No, solo tengo que hablar unos asuntos con Romeo, el gilipollas rubio que va de verde, ¿le ves? – Katriel miró hacia allí y asintió. -No vamos a tardar te lo prometo, después te llevaré a tomar algo. Tu quédate a mi lado y no me sueltes ¿vale? No te van a hacer nada no te preocupes, si no no te hubiese traído.
Volvió a asentir y cambió el agarre a que tenía mi mano, entrelazó nuestros dedos y con la otra mano me agarró del brazo.

Caminé hasta ellos que abrieron el corro para recibirme.
-Aaaah el gran Tom, por fin apareces, tengo que preguntar por ti y todo – como no Romeo ya estaba destacando del resto. No le reí la gracia porque no suelo fingir nada delante de nadie, aunque con esta gente había que ir con pies de plomo.
-Sam me ha dicho que andabas por aquí.
-Si, el hijo de puta de Leon no cumplió su parte y la voy a montar gorda, de mi no se ríen.
-No me jodas.. – me puse los dos dedos en la parte alta de la nariz y resoplé. – ¿Le has dado algún tipo de margen?
-¿¡Que mierda de margen le voy a dar!? Ya es la tercera vez que me da largas.
-Yo opto por pegarle un tiro de una vez – uno de los chicos se metió en nuestra conversación.
-Cierra la boca – fue la respuesta de Romeo mientras rodaba los ojos.
Los chicos se rieron y noté como Katriel estaba pegado a mí todo lo que se podía, apretando fuerte la mano con la que se agarraba a mi brazo, me fijé como alguno de los chicos lo miraba interesado, como otros tantos se decían cosas al oído sin dejar de mirarlo y esto lo estaba poniendo nervioso, pero enseguida Romeo volvió a captar mi atención.
-Tom mañana te voy a pasar la mitad para que la guardes tu.
-¡Ni de coña Romeo! – alcé la voz ante su propuesta.
-¿Por que no?
-¿Tengo que recordarte la movida en la que me metí hace un año y medio y casi la palmo?
-Ah cojones… Lo que te pasó en Alemania. – dijo cayendo en la cuenta mientras bebía a morro de una botella de cerveza.
-Si, eso mismo, por guardarle mierda a un colega, por hacerle un favor la peor parte me la llevé yo, no se como cojones se enteraron de que la tenía yo, pero casi me matan a puñaladas así que me niego.
Resopló y se cruzó de brazos mientras divagaba.
-Si, supongo que el que la guarda es el que más se arriesga.
-Leon no es trigo limpio Romeo, no desviste hacer negocios con él. – él se rió aun con los brazos cruzados y mirando al suelo.
-Si, ahora me doy cuenta de eso – alzó la mirada y de repente frunciendo el ceño ladeó la cabeza y sonrió- ¿Que es eso que tienes ahí? – mierda…. Tenía la esperanza de que no reparase en él, pero es imposible no mirarle, mucho había tardado en darse cuenta.
-¿Esto? – adelanté a Katriel que estaba algo escondido detrás de mí y lo agarré de la cintura posesivamente. Katriel me miró sorprendido y desconcertado, sin entender que hacía y que estaba diciendo.
-¿Es un chico?
-Si, es un chico – Romeo silbó y lo miró de arriba abajo.
-Esta muy bueno, es toda una muchachita sexy – Era más que eso. Katriel era la copia exacta de la perfección hecha hombre, de todos mis anhelos desde hacia casi dos años…

El corro de tíos se rió ante esto, Katriel se agarró a mi camiseta fuerte, se que no entendía nada y estaba asustado, aun así yo lo tenía protegido, bien agarrado.

-¿Significa algo para ti? – le miré desconcertado ante esta pregunta.
-Eso no te interesa, creo yo.
-Me interesa, para que me lo dejes aquí ahora y cuando acabe unos asuntos, follármelo – Se oyeron grandes risotadas de todos los patanes que nos rodeaban. Todo el mundo sabía lo cruzados que tenía los cables Romeo, era bisexual, le podía dar muy fuerte por una tía o por un tío. A partes iguales.
-Pues siento decepcionarte pero yo lo vi primero – los chicos se volvieron a reír.
-Oh vamos Tom, es la segunda vez esta noche que me niegas algo, concédeme al muñequito que ando de mala leche y tengo que liberar tensiones. – se estaba poniendo pesado… Katriel le había gustado y eso no era bueno.
-He dicho que no. – Él me miró con el ceño fruncido ante mi contestación.
-Dame al niño Tom, te lo devolveré dentro de media hora ¿hecho? -extendió la mano para que le diese a Katriel… Maldita sea, no hubiese imaginado que esto sucedería, si le doy a Kat se lo van a follar entre tres o cuatro, conozco las mierdas que se hacen, le harán daño. Y si no se lo doy…
-Venga, ánimo chico – pillándome por sorpresa uno de los hombres de Romeo empujó a Katriel desde atrás y me lo quitó de las manos.
-¡Eh! – grite ante la trampa, Romeo lo recibió agarrándolo del brazo.
-Eso es, ven aquí putita preciosa. -Katriel se retorció intentando soltarse y me miró con los ojos llorosos.
-¡Tom…! – me llamó. Fruncí los labios aun parado en mi sitio… Mierda, mierda. El pequeño se desesperó al ver que no me movía. -¡Tom no me hagas esto! ¡Ayúdame! – me volvió a gritar con la misma expresión lastimera y las lágrimas saltadas.
-Vaaaya, si es una putita extranjera. – dijo Romeo agarrándolo, intentando que no se le escapase.
Aspiré aire fuerte por la nariz y le eché una mirada helada.
-Devuélvemelo – le dije, tajante.
-¿Cómo? – preguntó incrédulo, avancé y me plante frente a él, Kat se mordió el labio, esperanzado.
-Que me lo devuelvas, ahora. -Me retó con la mirada, sabía que cuando yo me ponía serio no era conveniente tocarme la moral.
-Me está tocando mucho la polla esa vena rebelde que te gastas Tom. -alargué la mano y Katriel me la cogió enseguida, tiré de él y se abrazó a mí pues Romeo cedió, y lo soltó.
-Me largo -dije cabreado.
-La próxima vez que me niegues algo así haré que te den una paliza Tom – me grito pues ya me estaba alejando con Katriel. Se que se cabreó porque el nene se la puso dura y estaba frustrado al ver que no pudo conseguir lo que quería esta vez.

Al salir del callejón resoplé fuerte pero seguí avanzando.
-Tom… – susurró Kat.
-No te pares, sigue andando. – se mordió los labios y obedeció. -No pensé que Romeo se encapricharía de ti, gran error por mi parte, lo siento Katriel.
-Que mal lo he pasado…
-Vámonos de aquí, te llevaré a un sitio que te va a gustar mucho – hoy este ambiente era inapropiado, con Katriel a mi lado no podía moverme por aquí, no quería ningún otro accidente.

Por el camino paré en un restaurante de comida rápida, le dejé en el coche y entré, ya estaba quedándose vacío pues ya era algo tarde.
Compré un par de hamburguesas y refresco para llevar y volví al coche.
-Toma, sujétalas – se las dí a Katriel que sonrió no se por qué – ¿que te pasa? – pregunté mientras quitaba el freno de mano y giraba el volante con una mano para salir del aparcamiento.
-Nada – pude ver como se remojaba los labios y sonreía antes de girar la cara hacia la ventanilla. Quité los ojos de él aun extrañado.
-Que fácil es hacerte feliz – hablé mirando a la carretera, conduciendo con una mano y la otra sacada por la ventana.
-No estoy feliz por la comida.
-¿Entonces?
-Al ver como…te preocupas por mí, como me cuidas. – fruncí el ceño ante sus palabras.
-Deja de decir gilipolleces – le solté en mal tono, pero él sonrió de nuevo, seguro de su conclusión.
-Di lo que quieras, yo se que es así. – giré la cara para mirarle un segundo.
-O cierras la puta boca o doy la vuelta y te regalo a Romeo para que te sodomice.
-N..no serias capaz.
-¡Já! ¿que no? – di un volantazo dispuesto a dar la vuelta.
-¡vale, vale! Perdona, ya me callo Tom, ya me callo – me reí y seguí derecho, él suspiró y se echó hacia atrás.

Lo llevé a un parque en el cual te podías tirar en la hierva y había unas colinas desde las cuales se veían unas vistas muy bonitas a un lago.
-Oooooh, es genial – dijo el nene subiendo a la colina y extendiendo los brazos, aspirando el aire y mirando las vistas. Subí y me puse a su lado.
-Cuando estoy de mala leche vengo aquí y me tumbo a pensar – le dije mirando el lago y las luces de los rascacielos reflejarse en él.
Me senté cruzando las piernas como los indios y empecé a sacar la comida, Katriel se me quedó mirando un momento y después de sentó a mi lado, recogiendo las piernas y apoyando la cara en sus rodillas sin dejar de mirarme.
-¿Cuando vas a contarme lo que pasó? – sin esperarle mordí mi hamburguesa y empecé a comer.
-¿Contarte el que? – le dije masticando.
-Pues porque viniste a vivir aquí, tu solo, sin nadie, lejos de Bill.
-No hables de Bill – le dije, tajante. Él giró la cara y miró de nuevo las vistas.
-¿Entonces ya no estáis juntos?
-Te he dicho que no hables de él – saqué el refresco y quitándole la tapa y la pajita bebí del vaso de cartón.
Cogió lo suyo y empezó a comer.
-Es una pena, pensé que me alegraría el día que esto pasase, pero si te soy sincero ahora no quiero que sea así… – suspiré y cerré los ojos despacio.
-Tu no lo entiendes – reí despectivamente – ¿una pena? Es una mierda, eso es lo que es.
-¿Te dejó él a ti? – empezó a correr una suave brisa y que me hizo parpadear despacio, pensando, acordándome de aquel momento.
-No… – respondí en un monosílabo afónico. Vi por el rabillo del ojo como Katriel me miraba abriendo la boca, sorprendido ante tal revelación.
-Entonces…
-Yo, yo le dejé a él, yo joder, yo le dejé solo y me alejé de su vida – empecé a respirar algo más agitado, yo siempre iba sereno, pero cuando él entraba en juego toda mi determinación me abandonaba, me hacía desmoronarme. -Ahora cállate la puta boca y cómete eso.
Ante mi repentino ataque de mala leche se calló y no dijo nada más sobre él, ni sobre el tema.

Al llegar a casa tiré las llaves en el mueble del recibidor y sin prestarle atención me tiré en el sofá y encendí la televisión, pude ver como se quedaba un momento parado sin saber que hacer, mirándome.
-¿Que quieres? – le pregunté secamente un poco cansado ya de todo.
-Emm, nada, me voy a dormir, buenas noches. – se giró y oí la puerta de la que iba a ser su habitación cerrarse despacio y con cuidado.

Tiré el mando sobre la mesa haciendo un ruido bastante alto y alcé ambos brazos, los puse en forma de cruz sobre mi cara respirando profundamente una y otra vez.

Cuando le llamé para que viniese no se me pasó por la cabeza que iba a ser un continuo y constante Bill, Bill y más Bill… No deja de hablar de él y encima se le parece.
Pero yo soy más fuerte que todo eso, si he aguantado todo este tiempo, ahora no va a ser diferente, esto es el examen final tras tanto prepararme, ese niño es meter el dedo en la yaga y yo tengo que demostrar que la yaga se ha cerrado y soy inmune al dolor, soy inmune, soy inmune…tengo que serlo maldita sea, si no… ¿de que ha servido todo esto?

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-Tom cómete lo verde – alcé una ceja y le miré incrédulo.
-¿Estas de coña? ¿esta porquería?
-¡No es una porquería! Son espinacas, cómetelas – solté un suspirito chulesco y dejé el tenedor sobre el plato.
-¿Te crees mi madre niño? – le reté, entornó los ojos y pinchó las espinacas de su plato y se las comió.
-Ay que ricas por dios – se mordió el labio como si eso fuese posible. Empecé a reírme mientras me echaba hacia atrás en la silla.

Eran las cuatro y media de la tarde, hoy era Miércoles me parece, hacia cuatro días que le tenía en casa, y hoy se ofreció voluntario a hacer la comida y usar la cocina pues yo raramente lo hacía.
Me hizo mucha gracia su interés y le dejé.

-Eso lo dices porque las has cocinado tu.
-No, lo digo porque están de muerte, venga abre la boquitaaaa – pinchó de nuevo y me extendió el tenedor, puse una mueca de asco y me eché más atrás aun.
-Ahg aparta eso de mí – le agarré la muñeca haciendo retroceder su mano.
-Que te las comas – dijo haciendo fuerza.
-Que te doy una hostia – se rió y como seguimos forcejeando las espinacas acabaron en el suelo. – ¡Me has manchado el suelo de mi precioso ático con esa mierda! – me levanté de la mesa y vi el estropicio, el enano se seguía riendo – ahora lo vas a limpiar con la lengua. – entorné los ojos y sonreí a mala leche, Katriel dejó de reírse.
-¿Como? – me acerqué a él amenazante. Echó la silla hacia atrás mirándome fijamente y en el momento en el que fui a agarrarle se subió en la mesa y gateó hasta el otro lado escapándose de mí.
-Maldito gatito escurridizo – sonreí y le fui detrás, corrió al rededor del sofá y se puso detrás de la mesa baja del salón, salté por encima del sillón y casi lo pillo pero se me volvió a escapar.
-Basta Tom, ¡déjame! – jadeó riéndose, iba hacia el pasillo que daba a las habitaciones pero le agarré de la camiseta y perdió el equilibrio, estampándose de cara a los ventanales que formaban toda una pared, se apoyó con las manos para no partirse la cabeza y justo cuando se dio la vuelta yo ya estaba ahí.
Dí dos golpes a los lados de su cabeza con el lateral de los puños cosa que le hizo cerrar los ojos.
-Ya te tengo y de nuevo acorralado contra los cristales – me relamí los labios sonriendo y jadeando. – la última vez que haces de comer, mira la que has liado.
-La comida estaba riquísima, lo que pasa es que tu no comes nada más que basura y cuando te ponen un buen plato sano y nutritivo no te gusta.
Eché la cabeza hacia atrás y me reí con ganas.
-Eres un impertinente, te puedo castigar por hablarme así ¿sabes? – le vi remojarse los labios, respondiendo a mi provocación.
-¿En serio?

Más de una vez en estos cuatro días había me habían dado ganas de hacerle alguna barbaridad pues era un niño muy sexy y con según que gestos y momentos se me antojaba realmente tentador, pero enseguida me ocupaba con otra cosa, no tenía especial interés en tirármelo, a no ser que me diera uno de esos subidones que me dan a mí y destrozarlo, eso es lo que temía, pero no, yo ya estaba curado, tenía suficiente autocontrol para con mis instintos más bajos.
Sin embargo nunca le había visto tan receptivo como estaba hoy, y si me provocaba yo obviamente iba a responder.

-En serio – bajé mis manos por el cristal y las coloqué sobre sus caderas, acaparándolas con mis manos, era tan fino, tan delgado…
Suspiró y subió las manos por mis brazos, acariciándolos hacia arriba, mirándome tan fijamente como yo le miraba a él.
Él lo deseaba, se le notaba.
Adelantó su cara e inclinándose hacia a mí me dio un beso en un lateral de la boca, en la comisura, suave, y sin despegarse siguió rozando los labios ahí de un modo infinitamente sensual, haciendo amago de ir a mi boca mientras que sus manos viajaron de mis brazos a mis hombros pasándolos hacia mis pectorales y fue bajando por mi abdomen.
Joder con el niño.
Subí mis manos por sus costados arrastrando la camiseta en el recorrido, al llegar arriba él enseguida alzó los brazos permitiendo que se la quitase, haciendo que su pelo negro y largo se alborotase.

Se le parecía tanto maldita sea…

No se porqué pero con él me mostraba de lo más reticente, ya había tenido sexo con algún que otro chico pasivo en el tiempo que llevo viviendo aquí pues ya era una necesidad pero con él… No se porqué pero tenía la sensación de que no debería tocarlo.

Tiré su camiseta al suelo y seguí sosteniéndole la mirada, ahora no conseguía adivinar que le pasaba por la cabeza, no se lo que quería hacer o lo que esperaba de mí, ni si estaba nervioso o seguro. No sabía nada.
Se volvió a acercar y fue directamente a besar mi cuello, a besarme en la boca no se llegaba a atrever y noté como lo evadía. Yo le dejé hacer, beso mi cuello suave y constantemente, bajando.
Sus manos bajaron hasta el filo de la camiseta blanca que yo llevaba y me la subió de un tirón, no pude evitar sonreír de lado cuando vi como descendía por mi pecho, paseando su boca por mis pectorales y fue bajando por mis marcados abdominales conforme se iba agachando.
-Joder… – murmuré y resoplé por la boca aun con las manos sobre los enormes ventanales y el puto niño se puso de rodillas frente a mí y de espalda a la ventana. Me reí incrédulo -¿Vas a chupármela?
-Si…voy a… – se mordió los labios mientras mirando lo que estaba haciendo me desabrochaba los pantalones.
-Hay que joderse – reí una vez más y miré al frente con las palmas de las manos contra la ventana, suspiré por la nariz y cerré los ojos lentamente cuando sentí como había bajado mi ropa interior y me la agarró con una mano.
-Dios… – le oí susurrar.
-Eso dicen muchos. – sonreí y bajé la cabeza para mirar al fin como se lo había montado, y cojones… Yo había tardado muy poco en empalmarme, llevaba bastante tiempo sin cepillarme a nadie eso es verdad.
-Que grande Tom… Es magnífica. – se relamió y deslizó la mano desde la punta a la base varias veces. Gruñí como un puto perro.
-Pues cómetela, vamos – le puse una mano en la cabeza y enredé mis dedos en su pelo, cerrando el puño y acaparando gran parte de su melena lisa.
Soltó un leve quejido de gusto ante este gesto mío le vi acercar su boca a la punta de mi polla, más tiesa imposible, no podía mentir, era demasiado evidente que me ponía y me lo quería tirar, pero antes disfrutaría un rato de su disposición a hacerme sexo oral.

Alcé la cara al frente mientras ponía los ojos en blanco poco a poco… Dios.. Me entró un corrientazo enorme en cuanto sentí la calidez de su boca envolvérmela. Los abrí despacio, mirando las vistas mientras escuchaba el sonido húmedo de su boca tragándose mi polla una y otra vez, se la sacaba un momento y le oía jadear y de nuevo volvía ese sonido húmedo de su boca empaparme de saliva, del movimiento, de la succión…

-Hmm… – dejé escapar sin poder evitar un leve y grave gemido con la boca cerrada y los ojos entrecerrados, con mi mano en su pelo, empujándole la cabeza, pero sin mirarle… No quería mirarle, bastante receptivo estoy como para descontrolarme al mirarle y ver a Bill ahí abajo… Haciendo eso que sabe que a mi me volvía loco y que nadie hacia mejor que él… Dios, mi pequeño marica pasivo, mi preciosa musa, la tentación hecha hombre… -Oooh joder… – dí un puñetazo al cristal ante un intenso fogonazo dentro de mí.
-Vamos Tom, dime que te gusta, quiero oírlo… – bajé la cabeza enseguida y ahí estaba él, esa mirada felina, esa expresión lasciva, esa perfección, ese tono tan sugerente en el que hablaba.
-Bill… – murmuré perdido en sus ojos. Él sonrió y aun tocándome con insistencia, pasaba su lengua por la punta, dejándome disfrutar de esa bolita que su lengua portaba, enseñándomela mientras me miraba provocador…como todo él, precioso…
-Sí, aquí estoy Tom – cerró los ojos y se la volvió a meter en la boca haciendo un gran y profundo sonido de gusto. Me mordí el labio mientras ponía una expresión lastimera.
-Si cariño… Dios, eso es… – seguí con mi mano en su pelo sin dejar de mirarle, de deleitarme con esa increíble escena, como me la chupaba y como disfrutaba haciéndomelo. – Para, para, ven aquí – le dije jadeando como un loco y le agarré de su brazo, tirando de él hacia arriba. Me miró y se levanto poco a poco, desesperándome y cuando estuvo frente a mi me acerqué girando la cara y, literalmente, me lo comí.
Abrí la boca y acaparé toda la suya, gimió y enseguida correspondió enrollando sus brazos a mi cuello.
-Hmmm Tom…llevo tanto tiempo esperando este momento.. – murmuró cuando separé nuestras bocas, jadeando, me temblaba el labio, estaba tan pletórico de tenerle aquí para mí, tan entregado, tan jodidamente increíble y perfecto.
-Voy a follarte… – le susurré en un tono ansioso.
-Sí…fóllame Tom, soy todo tuyo. – gruñí de puro gusto mientras recorría mis manos por su cuerpo lleno de tatuajes, manoseando todo su ser, todo para mí como siempre ha sido y siempre será maldita sea.
-Date la vuelta – le dije mientras besaba la piel de debajo de su oído. Y él como siempre obediente y entregado se giró y quedo de cara al cristal y de espaldas a mí. – Eso es.. – me mordí el labio de nuevo, joder, joder, me iba a reventar la polla si no lo hacía mío ya.
Giró la cara mientras se sacudía el pelo hacia atrás, en gesto coqueto, con la cabeza, altamente sensual a mis ojos.

Deslicé mis manos por sus costados, arrasando con su piel ardiendo, me lo comería y no dejaba nada. Atrapé el filo del pantalón de chándal que llevaba y se lo fue bajando junto a su ropa interior. Le oí jadear y sin dejar de mirar todo lo que hacía, solté su pantalón que calló al suelo una vez se lo bajé del trasero, y ahí estaba, desnudo para mí, dispuesto a que le hiciese mío como más me gustase.
-Bien, voy – le avisé, puse mis manos encima de las suyas sobre el cristal y acerqué mi pelvis a su culo, rozándole la entrada con la punta.
-Hmm.. Dios, vamos cariño hazlo, quiero sentirte dentro – gimió, suspiré fuerte, iba a volverme loco si seguía así.
-Te quiero Bill… – le susurré al oído.
Empujé y casi pude notar esa calidez envolverme, pero se apartó, pegó su cuerpo al cristal alejándose de mí.
-¿Que haces Tom? ¡no! – abrí y cerré los ojos, me mareé por un leve mini-segundo.
-¿Eh?
-Que estás flipado, me la ibas a meter a pelo, ponte un condón joder – fruncí el ceño y vi un rostro difuso, hasta que al parpadear otra vez lo vi todo con claridad.
-Katriel.. – susurré abriendo la boca levemente aun con el ceño fruncido.
-¿Pero que te pasa? – se giró y me puso una mano en la mejilla con expresión preocupada. – ¿Te encuentras bien?

No quise pensar, no quise darle vueltas pues sería peor.
Otra vez lo mismo, pensaba que estaba curado… ¡estaba curado maldita sea! El médico me lo dijo, ya le había sacado de mi cabeza, de mi ser, podía tener relaciones con cualquier persona y no pensar en él, pasé muchas penurias y muchas mierdas para lograr que así fuese… Pero en el momento de la verdad siempre le veía a él, siempre.
Aun así mentí y dije que ya no me pasaba para poder salir de ese putrefacto hospital lleno de enfermos mentales… Pero seguía viéndole a él, mi amor, mi vida, mi anhelo….mi puta obsesión, para siempre…

Me aparté de su lado y me abroché los pantalones en gesto apurado.
-Se acabó, vístete – le solté, secamente, como siempre hacía con cualquier tío al darme cuenta que había alcanzado el orgasmo con Bill y abrir los ojos y ver que no era él.
-Eh.. Pero..
-¡Ponte la puta ropa! – me agaché recogiéndola y se la tiré, él la agarró cerrando los ojos y apretándola contra su pecho. Y sin volver a mirarle cogí el tabaco de la mesa baja del salón y me fui directo a mi habitación, dando un soberano portazo. -¡Mierda! ¡JODER! – Le dí una patada al armario y me tiré en la cama boca abajo.

¿Cuando va a acabarse? Me he ido a la otra punta del mundo, alejándome de la tentación, alejándome de mi puta perdición… Y lo único que he conseguido con el tiempo es anhelar más y más todo su ser, estar cada vez más loco por tenerle, cada vez le veo más claramente cuando intento follarme a otro tío.

Giré la cara y vi mi teléfono móvil sobre la mesita, alargué la mano y me coloqué boca arriba, sosteniendo el móvil en alto. Con cara que mostraba impasibilidad fui marcando despacio el número de la casa de Magdeburgo, donde Bill y yo vivíamos. Pues su móvil seguramente ya no sea el mismo… Cuando terminé coloqué el dedo pulgar sobre la tecla de descolgar y la pulsé.

“Marcando”

Me mordí el labio y noté como empezaba a dolerme el estómago de puros nervios.

“Conectando”

Me lo llevé al oído con inseguridad, oyendo como daba los tonos…
No lo coje… Bueno, mejor, que no lo coja, me consolaré a mi mismo haciéndome pensar que lo he intentado, pero él no estaba, no puedo hacer nada…

¿Si? – me incorporé en la cama de inmediato, quedando sentado. Lo ha cogido. Abrí la boca para decir algo pero no soy capaz, asi que la dejé así, le oí de nuevo. –¿Hola? ¿quién es? – cerré los ojos a la vez que sentí una punzada en el pecho al oír su voz clara y limpia, si le contesto todo lo que he intentado hasta ahora no habrá servido para nada… Tengo que colgar el puto teléfono y dejar que viva al margen de mí, ya no puede ser…no puede ser… –¿Tom..? ¿e…eres tu? – susurró con tono aterciopelado.

Mi cara se torvó en una mueca de dolor, que estúpido eres Bill…sigues teniendo esperanzas, enseguida has adivinado que soy yo o quizá es eso lo que quieres creer… Que cada vez que suena el teléfono soy yo quien está detrás, con algo tan simple me has demostrado lo mucho que me añoras… Y esta vez si, soy yo.

Me quité el móvil del oído despacio y pulsé la tecla de colgar, interrumpiendo la conexión.
Flexioné las rodillas aun con las piernas abiertas y enterré mi cara en mis manos, levemente encorvado hacia delante.

Bill, tienes que olvidarte de mí, tienes que dejar de preguntar si soy yo el que te llama, la única manera era esta, no se me ocurrió nada más radical para arreglar el nudo que habíamos formado, durante un tiempo pensé que eras lo único que importaba, y me daba igual ser egoísta mientras que te tuviese a mi lado… Pero cuando me diagnosticaron el desequilibrio mental comprendí que lo que estaba pasando era perjudicial para ti, para mí, para mi salud mental, para nuestra carrera y lo que era nuestra vida en general.

De todas formas quien forjó la paranoia fue mi cabeza, no la tuya, así que el que tenía que arreglarlo era yo, por mucho que tu fueses el que tiraba de mi vida y sigas siéndolo a pesar de la distancia, el problema era mío.

&

Flash Back

No paraba de mover la pierna nerviosamente, esa estúpida sala de espera me ponía de los nervios, necesitaba fumarme un puto cigarrillo pero el enorme cartel que había pegado en la pared lo prohibía.
Suspiré otra vez.
-¿Estas bien? – giré la cara y Bill me miraba con expresión preocupada, tenía mi mano agarrada, posada sobre sus rodillas y la acariciaba con sus pulgares en gesto reconfortante.
-Si, tranquilo -le dediqué una sonrisa forzada.
Supuestamente iba a que me diesen los resultados de unas pruebas que me hicieron para comprobar que los golpes en la cabeza no me habían dañado ninguna parte del cerebro, pues además de pruebas clínicas, tuve una sesión con un Psicólogo para verificar mi salud mental.

-¿Tom Kaulitz? – al oír mi nombre levanté la vista, y como no la enfermera me reconoció al instante -Acompáñeme por favor.
Antes de levantarme Bill me dio un beso en el reverso de la mano mostrándome su apoyo, pues él tenía que quedarse fuera. Yo le acaricié la cara en un leve y fugaz movimiento mientras me levantaba y seguí a la enfermera.

Al entrar me sentí totalmente fuera de lugar, estaba el médico que me había estado atendiendo el día que me ingresaron por la agresión y el psicólogo con el que tuve una sesión intensa, respondiendo a todo tipo de cuestiones.

Resoplé fuerte y me senté en la butaca frente a ellos, a esperas de que me digan de una vez cual era el problema.

Toc Toc Toc

Oí golpes de nudillos en la puerta y volví a la realidad, y obviamente solo podía ser una persona.
-Tom… ¿puedo pasar? – suspiré y le dí paso.
-Adelante.
Abrió con cuidado, despacio, y entró cerrando tras de si. Se quedó apoyado en la puerta, yo me senté en la cama, posando mis pies en el suelo con las piernas muy abiertas. Le hice un gesto con las cejas al ver que no hacía y decía nada.
-Bueno.. Quería preguntarte si…antes hice algo mal, algo que te molestase para no…llegar al final. – tras decir esto bajó la mirada y se mordió el labio.
No pude evitar sonreír.
-No, no hiciste nada malo, es solo que me dio un… -me lo pensé un momento desviando la vista y todo – subidón de adrenalina – me inventé así, por la cara. Él frunció el ceño extrañado.
-Ahá, un…subidón.
-Si, exacto. – asentí, se notaba a leguas que era mentira, pero no me aprecia partirme la cabeza para que el enano este se convenciese. También es cierto que me importaba más bien poco lo que él pudiese pensar.
-Entonces..
-Si joder, de esos que te dan a veces y te entran ganas de matar al que tienes enfrente, y para no hacerlo te vas y te descargas con cualquier otra cosa, de esos – le vi mirar de reojo la grieta que había hecho al armario al meterle la patada.
-Como eso – y lo señaló.
-Si, como eso. -volví a fruncir el ceño ante la nueva trola, el caso es que esos subidones me daban a mí en serio, según el momento y la situación, pero esta vez no fue por eso.
-¿Y el hecho de que me llamases Bill una y otra vez tiene algo que ver? – suspiré, ya lo suponía, se me veía el plumero.
-Ese no es tu problema, ¿porque no te largas y me dejas en paz?
-¿Que me largue? – me preguntó incrédulo, aun de pie frente a mí.
-Si, que te largues, ahora no me apetece jugar contigo.
-¿Cómo puedes ser tan..
-¿Tan qué? ¿Tan generoso por haberte hecho salir de tu aburrida vida? ¿De haberte ofrecido mi casa y haberme enfrentado a tu padre por ti para que te quedes aquí conmigo?, ¿por haberte dado la oportunidad de viajar a una de las ciudades más increíbles del mundo y llevarte a prácticamente a todos los sitios que merece la pena ver? ¿Tienes alguna puta queja aparte de que me echado atrás cuando iba a follarte? ¿eh? – me levanté de la cama, escupiéndole todo eso.
Él retrocedió un poco, entendí los brazos y le miré alzando las cejas.
-Vamos, ¿que? ¿que soy Katriel?
-Un cobarde.. – me dijo en un susurro, aun así tuvo las pelotas de decírmelo.
-¿Un cobarde? – reí despectivamente mientras lo decía -¿Por no haberte follado? – alzó la cara y me miró serio.
-No, por haber huido, dejando al chico al que amas solo, por eso.

Debo admitir que me quedé pasmado, asimilando sus palabras, y las agallas que le echó al decírmelo.

Me acerqué a él y le hablé cerca de la cara.
-Tu, no tienes ni idea – le dije hablando despacio, haciendo pausas entre las palabras, notándose mi tono amenazador.
-Pero…¿por qué no quieres contármelo?
-¡Porque no es tu puto problema! Deja de intentar meterte donde no te llaman y dedícate a disfrutar mi generosa invitación, punto y final. – me giré y cogí un cigarrillo de la cajetilla que había sobre la mesa, me lo encendí muy nervioso e intenté relajarme dándole profundas caladas.
-Estoy seguro de que… Pese a todo, sea lo que sea, él te sigue esperando… – susurró, hice un sonido despectivo con la boca.
-Pfft si, seguro que si. – solté con ironía, mientras me sentaba en la cama de nuevo y me masajeaba la sien con la mano en la que tenía el cigarrillo, con los dedos restantes.
Katriel se acercó a mí y se puso de cuclillas en el suelo, para estar frente a mi cara, poniendo sus dos manos sobre mis rodillas.
-Recuerdo una cosa que Bill me dijo una vez. – parpadeé despacio varias veces y le miré en silencio durante unos segundos.
-¿Que te dijo? -pregunté al fin.
-Que te admiraba.
-Tonterías, Bill nunca me ha admirado – agaché la vista y miré al suelo. – no hay motivos para admirarme, dejé bastante que desear el tiempo que tuvimos juntos.
-Hmmm no, eso no es lo que él me dijo – le volví a mirar y me incliné ligeramente hacia delante, interesado. – una noche que se vino a dormir al piso del centro, me estuvo contando cosas de ti, y recuerdo que me sorprendió descubrir que te tenía en muy alta estima.
-¿Que te contaba?
-Hmm no recuerdo exactamente, pero me dio a entender en muchas ocasiones que se sentía bastante inferior a ti – debo admitir que eso no me lo esperaba en absoluto. – me dijo que eras una persona increíble, que se tuvo que enamorar de ti para darse cuenta de ello. Que admiraba tu saber estar y sobre todo tu persistencia a la hora de hacer las cosas, si querías algo no parabas hasta conseguirlo… Cosas así, no hacía nada más que soltar perlas hacia tu persona. Te tiene en un pedestal.
-Oh…vaya – alcé las cejas y volví a desviar la vista.
-Por eso ahora… No entiendo porque has hecho esto, y estoy seguro que él está tan confuso como yo.
-¡Hay una buena razón joder! Deja de echarme mierda si no sabes porque lo hice.
-Por eso quiero que me lo cuentes, quiero ser tu amigo Tom, cuéntamelo…igual te sientes mejor.. Tu eres importante para mí, quiero que me tengas en cuenta, quiero ser parte de tu vida, déjame ayudarte… – le miré algo confundido, por un momento reconsideré sus palabras…pero mi manera de ser y de hacer las cosas no coincidía con esos pensamientos.
-No gracias, no necesito la ayuda de nadie para llevar mi vida, y soy totalmente consciente de que lo he echo bien, pero a veces lo correcto no es lo que te hace feliz…
-Oh Tom… – Me miró con cara de compasión, y eso me reventó.
-Bah, se acabó, me largo. – me levanté en un gesto brusco y salí de la habitación cogiendo mi sudadera de rayas negras y grises, poniéndomela sobre la camiseta de tirantes blanca que tenía, no me la abroché, simplemente me la arremangué hasta los codos, me puse una gorra blanca y las gafas de sol, me calcé las zapatillas sin calcetines pues iba en piratas. Y salí de casa con intención de darme una vuelta y despejarme.

Bajé caminando por los paseillos en dirección a la costa, eran las siete de la tarde largas y el cielo empezaba a adoptar tonos naranjas y rosáceos por el efecto del sol escondiéndose por el horizonte.
No puedo creer que tenga que largarme de mi propia casa para no escuchar los reproches de ese niño idiota.. Pero él no lo entiende, no debería meterse.

Llegué al camino que había echo a escasos metros de la playa, cruzada en su totalidad por una fila interminable de finas palmeras que separaban la playa del paseo. La gente caminaba por ahí, otros bajaban patinando, en bicicleta o en Skate, era justo como salía en las películas de Hollywood, que no estaba muy lejos de aquí ciertamente.
A estas horas no había demasiada gente en la playa así que antes de pisar la arena me quité las zapatillas y las llevé en la mano caminando descalzo hasta el mar.

Desde que llegué aquí y cada vez que veía un lugar nuevo de esta apasionante ciudad no podía evitar pensar lo mucho que le gustaría a Bill ver esto o aquello.

Llegué a donde rompían las olas y me senté de cara al mar, haciendo que mis pies se mojasen y dejando que la suave brisa de la tarde noche acariciase mi cara, haciendo mover mi sudadera levemente, flexioné las rodillas, puse mis antebrazos sobre ellas y entrelacé las manos mirando fijamente al horizonte, hacia donde él estaba a miles de kilómetros de mí..

He fracasado.
Pese a que hasta hoy no me había dado cuenta de ello, pues ese niño me ha abierto los ojos, pero en realidad fracasé hace tiempo, solo que no quería verlo.
Pensé que podría con todo, pensé que yo era mucho más fuerte que cualquier obstáculo que me impidiese vivir la vida como yo quería hacerlo, a su lado, amándole y haciéndole mio hasta el fin de los días… Amarle hasta morir…

Pero parece ser que la mía es la única historia de amor que no se puede cumplir, la única que no puede ser verdad, a causa de esto no hago más que hundirme en una profunda oscuridad, volverme más loco por momentos, porque lo que yo quiero es lo que no puedo tener.
Estoy intentando curar mi adicción a él, hundiéndome en otras adicciones peores, pero ambas son perjudiciales para mí así que ya no sé que hacer… No lo sé, me pudriré en el infierno un día sin haber echo nada bien.

Agaché la cara y la enterré entre mis brazos, me estoy hundiendo, cada vez más… Pero no se si esta vez quiero que me ayuden a subir…

&


Me ponía nervioso esa forma que tenían ambos de mirarme, entonces deduje que algo no estaba bien, que había algo malo, pues entonces seria un simple, “hola, felicidades no tienes nada, puedes marcharte” pero esa forma de mirar lo que fuese que tuviesen apuntado en sus archivadores y carraspear, sin terminar de cederse el turno ninguno para hablar me hacia pensar todo lo contrario.
-¿Y bien? – dije yo empezando a desesperarme.
-Bueno, a ver – el que habló primero fue el doctor que miró algo más en su carpeta y cruzó las manos sobre la mesa mientras hablaba. -Como ya sabes te hemos echo varias resonancias para comprobar que ninguna parte de tu cerebro pudiese estar dañada a causa de los golpes que recibiste. – Yo asentí levemente – pues todas las pruebas han verificado que no hay ninguna zona dañada, todas están bien.
Resoplé fuertemente hacia afuera, joder, ya me había temido lo peor.
-Joder, esto es genial – cante victoria demasiado pronto.
-Sin embargo.. – dijo él inmediatamente, yo fruncí el entrecejo – …el problema reside no en daños físicos directamente en el cerebro, es algo más bien mental, algo que ha ido desarrollándose solo de un tiempo a esta parte.
Debo admitir que me dejaron totalmente trastocado.
-Eh.. ¿que quiere decir? – dije perdido.
El doctor miró al psicólogo que estaba de pie a su lado y le dio pie a continuar él con un movimiento de cejas.
-Veras Tom – empezó a decir el psicólogo mientras se subía las gafas y me miraba fijamente – ¿recuerdas cuando empecé a hacerte cuestiones sobre tu vida sexual y nos extendimos con ese tema porque tenías mucho que contarme?
-Eeeeh, pues si, es posible – hice una mueca con la cara intentando acordarme de lo que le conté.
-Si, pues tus respuestas y tu conducta me hicieron diagnosticare un TOC, es decir un trastorno obsesivo compulsivo.
Me reí un momento, incrédulo, pero su seriedad me hizo parar de reír.
-Es coña ¿no?
-Pero el tuyo concretamente es por una adicción al sexo. – al decirme esto me relajé un poco.
-Bah, pues que novedad, como todos los jóvenes de hoy en día no -y me reí de forma sobrada.
-No, porque según lo que me estuviste contando, el sexo se ha convertido en algo prioritario para ti, escúchame Tom, la obsesión por el sexo se manifiesta por medio de conductas que persisten e interfieren en la vida cotidiana. La actividad sexual en cuestión se convierte en una prioridad y se descuidan otros aspectos.
-¡Eso es una gilipollez! – le solté algo cabreado – yo no estoy pensando todo el día en tirarme a mi pareja, simplemente es algo que me gusta muchísimo hacer y por eso pienso en ello bastante, pero no descuido nada y eso es todo, no… – el psicólogo empezó a negar con la cabeza antes de dejarme acabar, seguro de que estaba diciendo tonterías, y me sentí estúpido por ello, por lo que cerré la boca y le dejé hablar, realmente frustrado, pues empecé a divagar y dentro de lo que cabe… No era ningún disparate lo que me había dicho.
-A ver Tom no es algo con lo cual tengas que escandalizarte pues le pasa a mucha gente, pero es algo que te tienes que tratar pues puede tener serias repercusiones en tu vida, y más en tu vida como personaje famoso.
-Pero… ¿esta usted seguro de que yo tengo… Trastorno de ese?
-Dime una cosa Tom, cuando tienes relaciones con tu pareja, y termináis el acto sexual tu te sientes satisfecho después?
-Eehh… – bajé la vista y pensé. – pues yo diría que si, pero enseguida tengo ganas de volver a hacérselo.
-¿Ves? Este tipo de respuestas estuviste dándome durante la sesión, y me lo confirmaste, veras tu practicas el sexo con tu pareja pero la ejecución no disminuye el deseo ni satisface la necesidad, ¿me equivoco? – volví a mirar al suelo con el entrecejo fruncido, ¿que era toda esta mierda?
-Pues joder… Puede ser, no lo sé, ahora mismo no se… – me puse una mano en la frente y suspiré.
-Las consecuencias de la obsesión por el sexo pueden tener repercusiones en el ámbito social, emocional, físico, provocarte estrés, nerviosismo… ¿te sientes así muy a menudo? ¿Tienes alguno de estos síntomas?
Me cago en la puta….
-Si.. -murmuré al fin – ..constantemente además, me pongo de mala hostia cuando mi pareja no quiere hacerlo o cuando estoy bastante tiempo sin ello…tenemos problemas por mi continuas ganas de follar, llegando a arriesgarnos en público… No se…y cosas de esas – levanté la vista y le vi asentir al verificar lo que él me había diagnosticado. -Esto es un problema para mi relación? – pregunté de repente al caer en ello.
-Pues sinceramente si, tal fijación no es buena para ninguno de los dos, y es más, me atrevo a decir que tu pareja es la peor parada en todo este asunto.
-Joder… – murmuré
-En cualquier caso, este trastorno se genera porque el sexo es contemplado como algo prohibido. Y, a menudo, lo prohibido fascina. Además, suele ir acompañada por sentimientos de culpa en quien la padece. -abrí mucho los ojos ante esto… Había dado en el puto clavo.
-Eso es – asentí, él me puso cara de obviedad
-Por eso puedes llegar a descuidar tanto las cosas importantes y tener una fijación ilógica hacia el sexo, tanto que hasta dejas de ver a tu pareja como tal, y lo terminas viendo como un recipiente para descargar tus deseos frustrados, cosa que ella nota irremediablemente, pudiendo llegar a perderla. – Me mordí los labios sintiendo como si me estuviesen juzgando… Bill…
-Joder… Y que.. ¿que es la mierda que tengo entonces?
-Lo que se llama un Trastorno obsesivo compulsivo por el sexo, llamémoslo, para que lo entiendas, obsesión sexual.

&

Noté una mano en mi hombro y luego una presencia a mi lado. Alcé la cara y miré a mi izquierda, viendo como ese niño que casi me jode la existencia ahora era el único que estaba a mi lado y me sonreía, me apoyaba, simplemente estaba ahí.

Me pasó el brazo por la cintura y me dio un beso en la cara, apoyándose en mi, sentado a mi lado.
Cerré los ojos despacio y al abrirlos nos noté húmedos.
-Me siento tan…vacío – murmuré.
-Todo irá bien, ya lo verás.

Rompí al agarré de mis manos y le abracé, pasándole un brazo por los hombros, sintiendo su calidez y su compañía reconfortarme.
-Gracias por ser tan pesado – susurré, pues sin duda ahora me sentía mucho mejor, rió suavemente y se abrazó a mi cintura con fuerza.
-De nada, ya sabes que puedes contar con… – le interrumpí agarrando su mentón y alzándolo, Katriel me miró confuso por unos segundos pero no le dí tiempo a mucho más porque me acerqué y le besé, en la boca, por primera vez desde que él y yo nos conocimos.
Sin embargo fue un beso casto y suave, sin segundas intenciones, simplemente me apeteció agradecerle su compañía, nada más.
Puso su mano en mi mejilla y correspondió a los suaves movimientos que yo hacía con mis labios, sin lenguas de por medio. Al separarme vi como abría los ojos despacio y sonreía mientras su pelo liso se movía al compás del viento.

Sin decir nada, ni volver a preguntar al tema o simplemente por que hice esto, se volvió a apoyar en mi hombro y miró al horizonte.
Y sin saber exactamente muy bien por que, me sentí mucho mejor, este niño en según que momento era un martillo que daba en mi cabeza cuando me dolía y a la misma vez era la aspirina que calmaba el dolor.

-Tom
-¿Hmm?
-Volvamos a Alemania – me quedé en silencio, observando el mar y no dije nada más.

Continúa…

por administrador

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