Fic TWC/Billsack de Bethy Peña
Capítulo 1: El viaje
Dos días después…
El hogar de Bill se vio inundado de alegría y ansiedad que derramaban sus amigos, listos con sus maletas en mano esperaron a que el Señorito de la casa -apodo puesto por su mejor amigo: Geo- bajase a unirse a su diversión.
Las vacaciones se habían adelantado debido a un malentendido en la fecha oficial y no quisieron desaprovechar tal situación.
Mientras que aquella habitación era ocupada. Por la calle caminaba un joven de estatura elevada, al acercarse detalló la fachada de la casa y sonrió. Al fin había llegado a su destino.
Se acercó con cuidado de no ser visto y caminó hacia la parte derecha de la casa. Se detuvo frente a unos arbustos y pudo observar la escena con gusto y disgusto a la vez. Miró por la ventana que dejaba admirar la hermosa decoración de aquel hogar, pronto una figura masculina llegó al primer piso, dejando relucir su figura bien tonificada cubierta por un delicado vaquero de piel, una muy bien puesta camisa color negro de manga larga y sus destacados tacones que por gusto se dejaba lucir, su vestimenta también era acompañada de un exquisito aroma: Vainilla, que le daba una pizca de elegancia y romanticismo.
Los ojos de dos sujetos en particular se deleitaron ante tal belleza: uno sonreía, feliz y orgulloso de su enamorado, tomando la mano que Bill ofrecía listo para partir a su inolvidable viaje; otro se limpiaba las lágrimas que desfilaban muy gustosas de su existencia sobre sus mejillas maltratadas al observar la felicidad que fluía de aquella pareja enamorada. Sintiendo unas terribles ganas de llorar, esperó a que el interior de dicha casa se encontrara vacío.
Suspiró cerrando sus ojos para tratar de calmarse, no llegaría a nada sí su cabeza hervía por el coraje.
El ligero clic de seguridad que hizo la puerta, le indicó que pronto los muchachos pasarían por ahí. Escuchó voces a poca distancia y corrió hacía la parte trasera.
Una vez ya oculto, observó desde la esquina como se alejaban lentamente.
Restándole importancia se adentró muy quitado de la pena por el gran ventanal trasero, recorrió cada rincón del hogar de su pequeño Bill, indagó por los largos y elegantes pasillos con sumo cuidado evitando dejar alguna pista de su inesperada visita. Regresó a la pequeña sala principal y se encontró con un diminuto bolso, al parecer su dueño le había olvidado instantes antes.
Muriéndose de curiosidad por saber sí le pertenecía a su amado, caminó decidido a tomarlo, pero al escuchar el discreto sonar de unos tacones le obligaron a buscar un escondite en menos de 3 segundos, cuando al fin se encontraba protegido, la puerta de roble se abrió dándole la bienvenida a Bill.
— Sabía que te dejé aquí…—
Sin resistirse, miró con encanto la sonrisa que se escapaba por los labios del joven enamorado, y aprovechando de que este se encontraba de espaldas a él, se acercó sutilmente con intenciones de recibirle con un gran abrazo y por supuesto con un placentero beso que hace años echaba de menos.
Bill revisó su bolso, esperando que nada se le olvidara. Por suerte no fue así.
Decidió retirarse ya, pero recordó la pequeña caja de chocolates que apenas había comprado. Dio vuelta mirando a donde segundos atrás se encontraba maravillado su espectador -que ahora estaría oculto tras un enorme pilar que decoraba la base de las escaleras- y se dirigió a la cocina en busca de unos bocadillos para el viaje. Regresó por sus pasos pero antes de salir, se detuvo un instante para liberar desde el fondo de su ser, tres simples palabras que hirieron como dagas al sujeto que le vigilaba con sigilo.
— ¡Te amo Andrew! –expresó encantado y finalmente regresó a donde sus acompañantes le esperaban deseosos de poder partir a la playa.
— Bill, tardas mucho…–reprochó su amiga a tres metros de distancia.
— Perdón, es que pase por unos dulces—
— Te perdono sí me das uno—
— ¡Claro!—
Continuaron su caminata hasta el estacionamiento del suburbio. Y después de unos minutos de fiesta, abordaron la pequeña camioneta que les acompañaría en su tan excitante viaje.
En todo el camino, Corie junto con Andrew acoplaban sus dedos en la guitarra para hacer más divertido el viaje, buscaron interpretar algunas melodías y canciones, pero al ver la incongruencia de sus ideas, optaron por cantar lo que les llegase a su mente.
Gustav estudiaba el mapa mientras que Georg manejaba. Sin perder ningún detalle platicaban gustosos y reían ante las ocurrencias de los primos.
Dos horas después de viaje, cuatro jóvenes decidieron tomar una pequeña siesta, dejando a Bill y a Gustav -quien por cierto había suplido a Georg para manejar- platicar muy emocionados. Su conversación era acerca de la gran cabaña que les aguardaba en Agua Azul.
— ¿Crees que el clima esté bueno?—
— Claro, no ha dejado de hacer sol en tres meses y es verano—
— Eso espero…—
— ¿Te sientes bien? –preguntó Gustav al notar lo pálido de su rostro.
— Sí, es sólo que hace unas horas, cuando regresé por mi bolso a casa, percibí un olor… un aroma que hace años no lo había vuelto a oler… fue raro –confesó el menor mirando el horizonte. Algo lo desconcertaba.
— ¿Y que era?…–lo miró un segundo para después enfocar su vista a la autopista– Por tu aspecto diría que daba asco—
— Para nada, sólo que medio un tipo de ansiedad…–cayó unos segundos pero finalmente sonrió cambiando de tema– ¿Falta mucho para llegar?—
— Para nada, únicamente 10 minutos…—
— ¡Estoy ansioso! –soltó enérgico buscando controlarse.
Continúa…
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