Fic TWC/Billsack de Bethy Peña

Capítulo 10: Objetivo claro

En cuanto la avenida fue despejada de tantos vehículos, otro aparcaba en el estacionamiento del Hospital Nevados. Del cual salieron dos individuos. Brian ayudó a Bill para caminar, se sentía débil. Muy cansado. En cuanto se sintió protegido, las fuerzas le abandonaron a su merced.

Caminaron por el pasillo principal, para después subir al tercer piso y sentarse en la sala de espera. Brian consiguió algo de comida, le llevaron una bandeja bien surtida y agradeció la presencia de un postre.

Quito la envoltura del panecillo y miró al menor. Lucia mal, muy mal. No por la vestimenta, sino por su aspecto y por la energía que despedía. Bill se sintió observado y encogió su cuerpo sobre el asiento, ocultó sus piernas en el interior de la camisa que traía y miró a Brian un tanto molesto.

El Detective sonrió amable— Tienes que comer algo…-ofreció acercando el panecillo.

— No tengo hambre…-estiró su mano para alejar lo ofrecido.

— Vamos, solo un poco—

Ambos unieron miradas y Bill bufó. ¿Acaso nadie entiende que está bien? ¿Cuántas personas faltan para que vea como le tienen lastima?

Sin ganas tomó el panecillo, lo colocó entre sus dientes y dio una pequeña mordida. Solo para que dejase de molestar. Brian sonrió complacido y giró la vista para buscar a alguno de sus amigos.

— Ahora vuelvo…- comentó el joven caminando por un pasillo, dejando a Bill degustando el postre. Después de unos segundos regreso acompañado.

— Hola…-saludó Raquel a sus espaldas y el solo se giró sorprendido.

Ellos están bien.

— ¿Cómo estás, corazón? –preguntó con cariño y Bill sonrió. Acortó la distancia que tenían y se dejó abrazar.

— Bien, solo tengo hambre –respondió y sonrió con falsedad, cosa que Raquel se creyó.

La muchacha asintió y se giró al Detective— Perdón, pero ¿me permite llevármelo? Tiene que vestirse…-señaló con cierta incomodidad el atuendo que llevaba.

Brian asintió dejando que ambos se retiraran. Vigiló su partida, mirando con una pizca de tristeza y lastima a Bill, quien solo avanzaba comiendo y se dejaba proteger por su amiga.

Después de unos minutos, Bill ya se encontraba aseado y vestido. Raquel tuvo la brillante idea de recolectar algunas prendas entre sus amigos. Y funcionó. Se adentró al sanitario y escogió el último cubículo, tomo asiento bajando la tapadera y rompió en llanto.

No podía creer que todo esto volvía a pasar. No podía cargar con esto, no una vez más. ¿Por qué después de caminar correctamente, sin ningún tropiezo o desvió, porque vuelve a suceder? ¿Por qué la vida se ha encargado de hacerle sufrir? ¿Sera que es una prueba? ¿Quizá el Destino desea terminar con esto definitivamente? ¿Sera eso? ¿Tiene que terminar con esto para volver a hacer su vida y ser feliz?

— ¡Eso es!…—

Saltó de su asiento atinando a su objetivo. No por nada Tom regreso. No por nada esto reaparece. No. Tom tiene que ser acabado en cuanto tenga oportunidad. Obviamente el no será el que lo hará. Pero William sí, el también desea con fervor que Tom sea borrado de la faz de la tierra. Solo él puede hacerlo.

Sonrió abiertamente, la idea era clara y muy obvia. Pero…

¿Qué hay de los sentimientos de Tom? ¿Acaso no recuerda lo mucho que vivió con él? ¿Recuerda que Tom lo ama? ¿Lo recuerda acaso? ¿Sera que intenta ignorarlo?

No es que no lo recuerde y trate de ignorarlo, de hecho, lo tiene muy grabado en su mente y corazón. Aunque no lo sepa, aún sobrevive un delicado hilo carmín entre ellos dos.
Tom fue el que salvo a Bill, de cierta forma. Pero también le hizo daño. A pesar de eso, lo ama. Y aunque no lo quiera admitir, su amor hacía Kaulitz es mayor que el amor que tiene hacía Andrew.

Esa es la verdad.

Llevó sus manos al rostro mojándolas con la ligera cascada de lágrimas, no podía con esto. Menos con el estado de su novio. Andrew se encontraba siendo preparado para ingresar lo más pronto posible a cirugía. A pesar de que le suministraron Morfina para desvanecer el dolor, un gran vacío crecía en su pecho, un dolor que nada lo puede quitar.

Su rostro también era bañado por las delicadas lágrimas que desfilaban sobre sus mejillas. También él sufría por su novio, por Bill. No porque Kaulitz regreso y mando al carajo su día, sino porque su amado se encontraba a merced de ese imbecil y expuesto a cualquier idea bizarra que podía llegar a hacerle daño.

Cerró los ojos y suspiró. La hora se acercaba, tenía que ingresar en 15 minutos a Cirugía. Primero que nada era asegurarse de que William rescatara al chico que cambió su vida… él estaba después.

— Bill…—

Andrew…—

Nombraron a su amado al mismo tiempo.

Sin saberlo a ciencia cierta, Andrew sonrió relajado. Sentía que Bill estaba cerca de él… a salvo.

— ¿Estas bien? –preguntó Corie tomando su mano. Aunque no está permitido que alguien más este con los programados, Andrew casi rogó para que ella estuviese ahí.

Al ser familia directa, pudo quedarse a su lado. Primos no son, de sangre no. Pero es como sí lo fueran, desde que sus padres –sí se les podía llamar así- le abandonaron en la calle, solo los Deep fueron quienes le brindaron ayuda y lo mejor, un techo para dormir.

Desde aquella casi gris Navidad, Corie le está eternamente agradecida, él fue quien convenció a sus padres para adoptarla. Mejor regalo no puede haber.

— ¿Sabes si han encontrado a Bill? –preguntó a Corie al sentir un leve pinchazo en su pecho.

— No…—

Andrew cerró los ojos molesto— ¡Es un maldito! –soltó Andrew dando un golpe a la camilla.

— ¿De qué hablas?…—

— Cuando me fui a buscar a Bill, me topé con William –Corie asintió– intentó detenerme pero no le hice caso…—

— ¿Entonces?—

— Entonces corrí para continuar y llegue al final del edificio, donde tienen los contenedores y eso…–hizo ademanes con las manos, pero no podía expresar muy bien– vi a mi niño…lo vi. Estaba aterrado, nervioso… solo, solo con ese idiota. ¡Ese malparido! –Gritó y se cubrió el rostro, haciendo que las lágrimas brotaran con mayor fuerza– Bill estaba detrás de un contenedor, con su maquillaje corrido… me sentí aliviado cuando lo vi, pero… Kaulitz me hizo esto –soltó pronunciándolo con desprecio y odio– ¡Y no supe que fue de él! —

— Tranquilo… debes tranquilizarte, por favor—

— ¿Pero porque? –Preguntó desesperado en medio del llanto– ¿Por qué no puede vivir en paz, Corie? ¿Qué hizo para merecer esto?—

— No lo sé, pero no te preocupes –se acercó acunándolo en brazos– Él ha sabido afrontar esto…—

Dijo como consuelo y Andrew asintió. Desde que lo conoció, hace casi un año, se dio cuenta de que Bill es un joven maduro, correcto y sobre todo fuerte. Todo lo que ha sufrido fue barrido con lágrimas y coraje. Se prometió continuar cargando aquel oscuro recuerdo, pero aquella oscuridad jamás podrá apagar la llama que se prometió tener siempre viva.

Andrew lo sabía, aceptó cada termino y condición que su amado le puso desde el principio. Por eso precisamente, por su valentía y determinación, aquellas cualidades que lo enloquecían. Cada virtud y defecto que tiene es inmensamente amado por él, por eso se propuso ayudarlo, protegerlo, y sobre todo construir un posible futuro bien establecido a su lado. Justo como él lo tenía planeado, por eso sí algo le llegase a lastimar, no pararía hasta ver muerto al causante de su dolor.

Todo estaba claro. Más claro que agua no podía ser.

Después de un rato de espera, Andrew fue atendido como se tenía programado. Pero la situación se descontrolo un poco. Mientras el Cirujano se esforzaba por mantener con vida a Andrew, fuera de ahí, en la sala de espera algunas enfermeras atendían a los custodiados, gracias a la autoridad de Brian. Solo Raquel quien cayó en fiebre y sufría mareos, fue llevada a una habitación para su recuperación.

Gustav esperaba sentado junto con Corie. Tenía cerca de una hora que llegó a sus brazos y no quiso separarse más. Georg caminaba en círculos frente a ellos, incluso se mareó un poco, pero nada le importaba, solo quería noticias de su novia y amigo.

Suspiró cansado y se giró para ver a Bill quien dormía un poco incómodo sobre su asiento. El muchacho desde que entendió la situación, se alejó un poco de sus amigos para descansar. No quería alertarlos, ni mucho menos asustarlos. Solo quería digerir todo lentamente.

Georg se acercó a su rostro y se percató de que estaba un poco sonrojado. Tenía fiebre. Sin dudarlo le tomó en brazos y caminó hasta la habitación de Raquel para recostarlo y ser atendido.

La enfermera a cargo indico en que camilla recostarlo y pronto humedeció una toalla para colocarla sobre su frente ardiente. Después de supervisar a ambos jóvenes, se retiró al ver que Raquel se sentía mucho mejor.

El ambiente era fresco, un poco de frio quizá. Pero se soportaba. La noche caía sobre ellos con diversión, haciendo que la luna sonriera feliz y danzara sobre las nubes para divertirse.

Pronto Bill abrió los ojos, sintió húmeda la cara, pero no eran lágrimas. Elevó su mano enganchando con sus dedos la pequeña toalla blanca. Buscó ubicarse al mismo tiempo que se incorporaba.

— ¿Cómo estás? –preguntó Raquel en la camilla continua. Bill reparó en su presencia y sonrió.

— Bien…–respondió tranquilo, pero se alteró– ¡¿Dónde está Andrew!?—

— Ahorita mismo…sigue en cirugía. Al parecer su situación no es buena, y tuvieron que actuar de inmediato –informó con tristeza.

— ¿Han llamado a sus padres? —

— Sí, hace poco… después de que te trajeran, Corie les habló. Creo que vienen en camino—

Se levantó de su lugar y se acercó a su amigo, Bill le hizo espacio para que se sentara.

— ¡Oh Raquel! Me muero sí le llega a pasar algo –sollozó y se abrazó de su amiga.

— Descuida, todo saldrá bien –aseguró aferrando aún más al menor– Te lo prometo—

— ¡Bill! –una voz masculina se escuchó y ambos giraron hacía la puerta, donde un hombre varonil de voz imponente la atravesaba sin problema alguno– Bill tenemos que sacarte de aquí—

El mencionado buscó la mirada de su amiga y temió por su amado— Pero Andrew… él…—

— Él estará bien, ahora importas tu…–le tomó de los hombros como sí de ello dependiera.

Bill notó aquella ansiedad y asintió estando de acuerdo. Ambos jóvenes abandonaron la comodidad de la camilla y el Detective sonrió posándose a espaldas de ambos y les incitó a caminar. Como buen caballero, William cedió el paso a Raquel y después a Bill. Caminaron por el corredor hasta llegar a la puerta que daba a la sala de espera, donde sus amigos les esperaban.

Al aparecer en escena, Georg y Gustav observaron como el Detective les escoltaba. Ambos se alarmaron pero Bill sonrió para tranquilizarlos. Con una seña, los tres se acercaron al otro trio y William les ordenó que no se separaran otra vez.

¿Por qué otra vez? Por Andrew precisamente.

Al salir por la entrada principal se percataron de las, al menos, 7 patrullas que aguardaban frente al edificio. Raquel se encogió de miedo, ¿En serio esto era muy grave? Miró a su novio preocupada y Georg solo le besó la frente.

Corie por su parte, aferró a Gustav de la mano. Al igual que Andrew, ella sabía que la cosa estaba fuerte. Pero lo que desconocía era que el amarillo-fase 2 podría pasar al rojo-fase 3. Todo de un jalón.

Caminaron a la par de William y según las indicaciones de Brian, 4 oficiales custodiarían a Andrew hasta su recuperación y los demás les escoltarían hasta Agua Azul.

Partieron con prudencia, nada de sirenas ni velocidad. El plan consistía en pasar a desapercibidos para librarse de cualquier sospecha de Kaulitz. Pero lo que nadie sospechaba era lo que les esperaba.

Solo la luna era la única conocedora de todo lo que pasaba en sus narices. La única que conocía a ciencia cierta los movimientos de cada equipo. Pronto su mirada se enfocó hacía cierto lugar. Donde un hombre lloraba con gran dolor en su alma.

— ¿Por qué me dejaste?… ¿Porque te fuiste?…–repetía una y otra vez Tom en medio del llanto. Se sentía destrozado… engañado.

¿Pero qué hacía Kaulitz ahí? Solo la luna lo sabía. Desde las alturas fue testigo de cómo al pasar a escasos metros de William condujo lo más rápido que pudo hasta Agua Azul. Con rabia y dolor manejó para liberar todos aquellos sentimientos que nacían y le carcomían por dentro.

En cuanto arribó, escondió muy bien el Cadillac entre la maleza, agradeció el hecho de haber robado un vehículo oscuro. Ya que con la obscuridad de la noche, nadie podría encontrarlo.

Pero volviendo a sus sentimientos. Tom se sentía roto. Algo le faltaba y era Bill.

Se revolvió en su lugar y miró hacia el cielo, a través del gran ventanal. La luna se sintió mal por ver a este enamorado desconsolado. ¿Acaso nadie se daba cuenta de su dolor? ¿Acaso merece sufrir? No señor, nadie merece sufrir. No importa lo que hizo, solo importa con que lo hizo. Con amor.

Como pudo acaricio su rostro, haciendo que sus rayos de luz resaltaran el camino de lágrimas que había en él. Tom sonrió triste, encogió sus piernas e intentó levantarse, cosa que logro hasta el tercer intento. Salió al exterior deleitándose con la luna.

No podía creer que su pequeño le dejara como lo hizo. Había sufrido por él ya dos veces. No quería perderlo una vez más. No quería.

¿Sera que el Destino se tomó muy en serio lo que dijo?


— Eres todo para mí, pero no puedo tenerte…—

¿Acaso eso es? ¿No puede tener a Bill? ¿Él no lo merece? ¡No!, nadie puede decir sí lo merece o no. Solo es decisión de ambos. Solo ellos tienen ese derecho de elegir. Pero…

Bill lo abandono, él lo dejó. Quizá solo este confundido, alterado. O quizá es así. ¿Pero lo ama, verdad? ¿Bill lo ama, cierto? ¡Pero por supuesto que lo ama!

Bill no lo admitía, Tom lo dudaba. Pero esa es la verdad. Bill ama a Tom y punto.

Dejando a un lado aquel debate mental. Caminó lento hacía el mar, dio unos cuantos pasos más haciendo que su calzado se inundará del agua salada. El agua estaba fría, y su cuerpo tiritó un poco. Poco le importó, no había nada más frio que el dolor que le congelaba el corazón.

Cuando al fin la marea le llegaba a mitad de pecho, se dejó llevar hacía donde el mar quisiera. Quería acabar con este sufrimiento. Lo quería.

¡¿Pero que decía?! ¡Estaba olvidando su propósito! No podía dejar esto así porque sí.

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a comentar.

por Bethy Pena

Escritora del Fandom

2 comentario en “Obsesionado por tu amor 10”
    1. Te entiendo, nosotros como lectores, amamos a nuestros protagonistas (en especial a los gemelos), por eso nos duele verlos mal 🙁

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