Fic TWC/Billsack de Bethy Peña

Capítulo 12: Una…Dos veces

Mientras las estrellas convivían armoniosas en el cielo, la luna contemplaba desde las alturas la playa, sonrió con ternura al mar quien le demostraba su amor al reflejar su luz platinada.

Sí ellos se amaban, ¿Por qué los demás no podrían hacerlo? Pero claro que podían. Y se lo demostraban a su fiel confidente: La luna.

Raquel, desde su asiento, alzo los brazos sonriente y se aferró con gusto al cuello de su novio. Unieron sus labios que se acoplaban a la perfección. Danzando con elegancia dejaron que la brisa del mar les refrescara un poco, debido al aumento de temperatura en sus cuerpos. Por otra parte, Gustav beso con delicadeza los labios de su novia, quien quedó dormida después de cenar un poco. Le acarició lo largo de su mejilla y sonrió enternecido. Corie era un Ángel cuando dormía.

Todo era amor. Todo…excepto para alguien en concreto: Bill.

Perdido entre las sabanas de la cama, Bill lloraba desconsolado. No tenía ganas de nada. Ni de respirar siquiera. Solo podía pensar en Andrew que se encontraba a 10 kilómetros de ahí. Postrado en una cama, luchando contra la luz que le rogaba cruzar el arco de cristal y se uniera a sus familiares perdidos.

— ¡Deja de pensar en eso! –chillo y hundió su rostro sobre la almohada. Aferró su volumen imaginando que Andrew le envolvía con sus musculosos brazos. Sonrió al darse cuenta de lo tonto que se había escuchado, Andrew estaba bien. Andrew tarde o temprano regresaría a sus brazos.

Relajó su cuerpo y lo estiró a más no poder, llevo su mano hasta la orilla del cobertor y tiró de el para poder salir de su escondite. Bajó las escaleras con cautela y gracias a que las luces estaban prendidas logró esquivar con la maceta que decoraba la esquina del pasillo.

Llegó a la cocina y se sirvió un vaso de leche, que fue vaciado en escasos segundos. Llevo su mano hasta su boca para limpiar el diminuto bigote de leche. Sonrió un tanto divertido y volvió a su habitación.

Se recostó sobre la gran cama matrimonial -la cual compartía con Raquel y Corie- y se dispuso a dormir. Quería despejar su mente, desconectarse de este mundo. ¿Toda la noche? Bueno, sí eso se podía.

Encogió su cuerpo en posición fetal y acercó sus dedos hasta el interruptor de la lámpara, haciendo que aquella habitación quedara a media luz. La luna no quería dejarle solo a merced de la oscuridad.

Mientras los oficiales y la luna custodiaban la cabaña, otro sujeto muy distanciado de la cabaña, observaba con disgusto y coraje todo eso. Rogaba mil veces que algún OVNI apareciera y todo mundo corriera a idiotizarse para que pudiese tomar a su pequeño.

¡Pero genial! Los OVNI no existen, o eso es lo que él quiere creer. De hecho le teme a todo lo sobrenatural que ha escuchado mencionar. Pero, pensándolo bien…quizá sí existan, ya que hace tiempo vio una extraña luz en el cielo, parecía que estaba lejos, pero de hecho se encontraba como a 50 metros de su ventana. Tal vez fue algún experimento o…

— ¡Concéntrate! –se gritó a sí mismo. Se sintió estúpido al pensar en otras cosas que no tenían siquiera una pizca de importancia.

Miró hacía aquella dirección y se percató de la pareja que ocupaba el balcón. Sintió envidia, coraje y tristeza. ¿Cómo es que ellos sí podían estar juntos?

Suspiró e intentó acomodarse en su asiento, dicho asiento era el más cómodo que encontró, pero que va. Solo eran unas rocas, no podía esperar más que eso, ¿Verdad?

Sonrió divertido pero su sonrisa se esfumo al ver como de la patrulla aparcada frente a la cabaña, salía un hombre alto y delgado. ¿Sera William, será Brian?, se preguntó enchinando los ojos para ver mejor, en cuanto identificó al sujeto apretó la mandíbula y balbuceó una infinidad de cosas entre dientes.

Era obvio que la mascotita de William estuviera obedeciendo cada una de las instrucciones que le dejó. Le molestaba la participación de ambos Detectives, siempre que él quería ser feliz con su pequeño, alguno de los dos se interponía y rompía cada uno de los escalones que había entre ellos. Los escalones que fueron elaborados con esfuerzo y amor.

Recordó la última vez que lo hizo y furioso liberó su rabia sobre un indefenso arbusto que curiosamente bailaba muy gustoso con el viento que azotaba contra él. El arbusto quedando completamente herido fue consolado por la luna y por el viento, pronto su dolor se suavizó y volvió a danzar con su pareja, el viento.

Maldiciendo por lo alto, finalizó su coraje dando una patada al suelo. Estiró sus brazos adoloridos y emprendió su descenso.

Tenía poco tiempo claro está, tenía que actuar de una vez por todas. Esta vez ya nadie ni nada podría separarlos. Sí alguien intenta detenerlo, no se tentaría el corazón y lo haría desaparecer de la faz de la tierra. Borrando su ser como hicieron con el amor que Bill le había profesado hace tiempo. Ellos fueron los únicos culpables, solo ellos.

Dio un salto para llegar a la siguiente roca que le esperaba atenta, sostuvo sus pies lo mejor que pudo y le permitió continuar. Tom bajó de las alturas con cuidado. El camino era poco viable, pero bueno, con algo la naturaleza le ayudaba, ¿No?

Tropezó varias veces y en una cayó de cara. Se levantó sin importarle el gran raspón que tenía en su mejilla. Solo se llevó la mano y quito con violencia todo rastro de tierra y piedras.

Llegó al Cadillac y sonrió bendecido, movió un poco las ramas que tenía encima y se aventó hacia su interior para tomar algo que se estaba oculto bajo el asiento. ¿Cómo alguien cargaba con eso? ¿Qué le motivó a hacerlo?, preguntó sonriente, y agradeció al cielo que el dueño del automóvil fuese atropellado.

Tomó dicho objeto y ocultando otra vez el vehículo, caminó hacia la cabaña decidido para recuperar a su pequeño. Quien seguramente le esperaba ansioso.

Y quizá sí estaba ansioso, pero que estuviera esperándolo, no.

El buscado continuaba en la habitación, ahora yacía en penumbra, gracias a una nube que paso lentamente por los aires dejando un dulce beso a la luna. Después de unos largos minutos, la luz arribó a la playa y con una extraña insistencia iluminaba el armario.

Pero eso pasó a desapercibido para Bill, seguía recostado durmiendo pacíficamente. Desconociendo lo que le esperaba.

El sueño ganó la batalla desde hace rato, haciendo que se olvidara por completo de todo.

Su delgado cuerpo tiritó sintiendo algo de frio, olvidó cerrar la ventana y sí continuaba así, probablemente en la mañana amanecería con un resfriado. Así que para evitar eso, se estiró para tomar una cobija o algo para taparse. A ciegas tanteó el colchón para poder alcanzar algo.

Pronto su mano se topó con una tela suave y cálida. Rodeó con sus dedos la orilla y tiró de ella. Jaló tres veces y dicho objeto no cedía. Suspiró resignando y se arrastró por la cama para calentarse, y cuando se percató de lo que era sonrió.

Un cuerpo cálido ocupaba la parte derecha de la cama, esa prenda le pertenecía a alguien, el aroma era de alguien en particular, elevó su mano hasta llegar a su rostro y sin abrir los ojos detallo cada poro de su piel. Sonrió al saber que Andrew velaba su sueño. Sin reparar el su consentimiento hizo fuerza en sus brazos para después montarse sobre su pecho y sentirse completo.

La respiración de Andrew era pausada y profunda, Bill giro su rostro para encontrarse con su amado.

— Hola mí amor…–saludó Andrew, pero esa no era su voz.

Abrió los ojos aterrado. Elevo su vista y se encontró con un Kaulitz muy sonriente.

Bill no lo podía creer.

— ¡Ahhh!

Gritó con todas sus fuerzas y se lanzó hacia atrás para huir de su acosador. Dicho grito llegó hasta oídos de sus amigos, Raquel entró en pánico y en pleno llanto rogó que Georg no le dejara sola. Cosa que obedeció, seguramente Bill entro en un ataque de pánico o algo así, además estaban protegidos, no había de que preocuparse.

Por otra parte Corie y Gustav corrieron a auxiliarlo. En cuanto llegaron buscaron por toda la estancia al menor, Corie desesperada se adentró y pronto escuchó un llanto, giró la vista y se acercó a Bill quien yacía tirado a un lado de la cama. Abrazado a sus piernas lloraba desconsoladamente, las lágrimas bañaban su rostro y con sus manos luchaba contra ellas.

— ¿Qué paso? –preguntó temerosa Corie, pero tal miedo no servía de nada. Tenía que mostrar calma y seguridad.

— Es-estaba aquí… ¡Tom estaba aquí! –exclamó y se aventó a los brazos de su amiga. Corie al escuchar eso miro a su alrededor esperando que Gustav siguiera presente. En cuanto unieron sus miradas Gustav asintió atinando a lo que tenía que hacer.

— Amor, cuida de él –habló desde la puerta– Ahora vuelvo –dijo abandonando su lugar y después se escuchó una carrera por las escaleras.

Llegó a la sala y salió para ver a Brian. El Detective jugaba con su celular y en cuanto vio al joven lo botó por alguna parte y salió en su encuentro. No perdió tiempo al ser informado de lo ocurrido y ordenó a varios oficiales que registraran de nueva cuenta y con extremo detalle la cabaña.

Dejó que sus peones realizaran lo pedido y suspiró cansado, ansioso y molesto. Cerró los ojos y le rogó a Dios que Kaulitz no se hubiera burlado de ellos.

Pero como se dijo anteriormente, ¿Quién no les asegura que podría hacerlo otra vez? Bueno, quizá sí, Tom podía timarlos cuantas veces lo quisiera, pero la cosa no es así, en este caso no.

Después de un estricto registro, los jóvenes volvieron a separarse en parejas. Bueno, la mayoría. Volvieron a ocupar sus espacios, pero Bill se cambió de habitación. No por miedo o algo así, solo para relajarse. Según sus pensamientos.

Sacudió la cabeza y se sobó la nuca preguntándose si aquello fue real… o sí solo había sido su imaginación. Fue tan claro, tan… tan real. Pero se equivocaba, ya que Tom aún se encontraba a 50 metros de su ubicación. Ocultándose lo mejor que podía en las narices de los oficiales.

El protegido se dejó caer sin ganas sobre la cama y trato de cerrar los ojos, rogando que Tom no volviese a aparecer en su mente. Ya estaba cansado de pensar el él y de tenerle miedo.

Ya era suficiente…ya tenía demasiado, ¿No? ¿O quizá es un mensaje subliminal? ¿Algo podría pasar? ¿Corre peligro?

Eso era justo lo que se preguntaba William, continuaba en la ciudad pero al parecer Kaulitz desapareció por arte de magia. Recorrió toda la ciudad, incluso mandó refuerzos a las ciudades fronterizas. Tenían que encontrarlo.

Suspiró y se dirigió otra vez, por sexta vez al lugar donde encontraron a Bill. Miró su reloj que ya marcaba las 3:00 am, ya era un nuevo día. Molesto, sacó su celular e ignorando las llamadas de su esposa, llamó a su colega.

&

— ¿Qué ocurre?

— Rastréame el número.

— Ok…–se acomodó en su asiento y encendió el dispositivo, después de 60 segundos salió el resultado– Que raro…–soltó frunciendo el ceño.

— ¿Qué?

—Sigue en el mismo lugar… a menos –balbuceó cerrando los ojos. Kaulitz los burló otra vez.

— ¡Carajo! –exclamó el Detective al otro lado de la línea, obligando a Brian separar la bocina de su oído– ¡Nos engañó! –gritó furioso al momento de recoger las ropas de Bill. Dentro del vaquero, en su bolsillo se encontraba el móvil del muchacho.

Brian asintió confirmando su teoría.

— Por cierto, Bill tuvo un momento de tensión, pero nada grave…

¡¿Nada grave?! ¡Claro, todo está bien! Pensó Brian pero no dijo nada.

— De acuerdo. Brian vigila bien a los chicos, voy hacía allá.

— Ok.

&

Colgó sintiendo sus piernas temblar. Salió de su vehículo, y buscó con la mirada a sus peones, por suerte estaban ahí, perdiendo el tiempo, pero seguían ahí.

Continúa…

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por Bethy Pena

Escritora del Fandom

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