Fic TWC/Billsack de Bethy Peña

Capítulo 14: ¿Peligro? (P.2)

Caminó hacia la ducha de la habitación y dejó que todo el maquillaje, sudor y los toqueteos de Tom se fueran con el agua. En cuanto los toqueteos comenzaron a borrarse el agua dejó de ser caliente. Se sentía mal por borrar los besos, mordidas y caricias que Tom había plasmado en él con tanto amor.

— ¡Ahhh! ¡Dios! –dio un brinco para evitar el chorro helado, de un manotazo cerró el grifo y salió secándose con la toalla.

Buscó el interruptor y encendió las luces, buscó su ropa pero ya estaba usada, así que cubrió sus piernas con la toalla y caminó hacía su habitación para buscar algo de ropa y su cosmetiquera bien equipada. Observó el interior y sintió miedo. Ahora sí tenía miedo.

Opto por volver a la habitación anterior para arreglarse. Comenzó colocándose su fiel compañera: crema corporal. Siguió con su bóxer y vaquero. Tomo su loción, la que Andrew le había regalado hace unos meses, y se roció dos veces el cuello y pecho. El desodorante no falto y se untó un poco de este. Caminó hacia la cama y tomo la playera que le esperaba anhelosa de ser usada. Se dio un leve vistazo por el espejo, solo para acomodar su vestimenta.

Tomó su cosmetiquera y se adentró al baño, encendió las luces y se miró al espejo. Realmente lucia espantoso. Suspiro molesto y comenzó su obra de arte en su rostro.

En cuanto se puso el rímel cuidadosamente, escucho un vehículo a velocidad y le restó importancia. Solo le importaba limpiar el desastre que tenía en el parpado. Se había embarrado un poco y sí no lo limpiaba a tiempo todo se iría a la ruina. O bien a la mierda.

Una vez terminado, bajó las manos y miró fijamente su reflejo, inspeccionó su rostro buscando cualquier error, falta o sobra. Pronto sonrió encantado, borrando todos y cada uno de los asquerosos restos de tristeza que había ensuciado su piel.

Se permitió por primera vez, en estas terribles horas, sonreír como sí no hubiera mañana. Hizo muecas al espejo y su gemelo le imitaba con gusto. Se coqueteó muy galán, se guiñó el ojo contadas veces, se mandó besitos, sonrió muy seductor y por último se piropeó el mismo.

No había nada que le quitara era hermosa, exquisita y maravillosa sonrisa… nada. Excepto Andrew y Tom…

— ¡Otra vez con lo mismo! –exclamó regañándose y cerró los ojos.

Las luces del vehículo se colaron por la ventana haciendo que las paredes se iluminaran un poco asustadas de su repentina aparición. El Detective arribo con éxito a Agua Azul.

En cuanto vio las patrullas frunció el ceño molesto, se detuvo cerca de Brian y salió gritando su nombre, lo extraño fue que no apareció, ni él ni sus peones.

Con urgencia abrió la puerta y lo que vio lo dejó congelado.

Giró la vista para respirar… No podía asimilarlo.

Brian, su compañero de trabajo y colega, yacía tendido sobre el asiento de piloto con la cabeza perforada. La sangre impregnada en la ropa y asiento del mismo le saludó con melancolía, su dueño estaba muerto y no había nada que impidiera su propia muerte. Pronto partiría de este mundo acompañando a su dueño. Eso le consolaba, morirían juntos.

William no entendió nada, ni siquiera se dio cuenta de aquello, solo se concentraba en reprimir las lágrimas y poder controlar su cuerpo. Ya que sus manos no dejaban de moverse involuntariamente, quería luchar contra el impulso de coger a Brian y hacerle despertar de aquel sueño eterno.

Cerró sus manos formando unos increíbles puños, pronto las relajó y tomó su pistola algo torpe. La sostuvo con la derecha y afirmo su agarre con la izquierda. Caminó hacia la entrada muy precavido, al momento de entrar Gustav lo miró sorprendido, ahora no entendía lo que pasaba, el Detective le pidió silencio, lo cual el muchacho obedeció, ambos miraron a la señorita y le despertó con delicadeza.

Corie abrió los ojos soñolienta y se aferró de Gustav al ver la pistola del William, no sabía qué hacer. William frunció el ceño al ver su estupor, caminó hacia las escaleras y con señas les ordenó salir y adentrarse a su patrulla. Solo así estarían protegidos.

La pareja casi corriendo, abandonó la estancia y el Detective continuó con su búsqueda.

A pocos metros del Detective, Bill se dio un último coqueteo al espejo y sonrió dándose cuenta de lo tonto que se veía. Guardó todo lo que había ocupado, tanto en su cosmetiquera como en el tocador del baño, pronto escuchó una puerta cerrarse, se escuchó cerca… muy cerca, se asomó por el marco pero no había nadie, se encogió de hombros y apagó la luz, por ultimo cerró la puerta. Se acercó a la ventana y se asomó curioso, solo pudo ver unas siluetas entrar a una patrulla.

— Quizá les han hablado…–comentó y se alejó del cristal.

Apagó la luz de la habitación y bostezó, el hecho de transformar su rostro melancólico a uno de super-estrella, le agotó demasiado.

Se sentó sobre la cama, no quería dormir y arruinar su obra de arte, mucho menos arrugar su ropa. Suspiró indeciso mirando sin mirar la pared, desconectando su mente del mundo. Otra vez.

Enfocó su vista hacia la puerta, se había olvidado de cerrarla. Se puso de pie pero no pudo moverse ni un milímetro. Una sombra se dejó ver en el piso del pasillo. La sombra era proyectada gracias a una lámpara que se encontraba en dicho corredor.

Con una extremada lentitud arrastró un pie hacia atrás, lo realizo dos veces más y pronto caminó con prisa y sigilo hacía el armario, sostuvo entre sus dedos el picaporte de cristal y giró de el para abrí la puerta, la cual soltó un rechinido haciendo que la persona en el corredor se detuviera unos segundos para después continuar su camino.

Bill se mordió el labio inferior temeroso, cerró la puerta con cuidado y vigilo a la sombra que llegaba al marco de la puerta. Se adentró un poco más entre las prendas colgadas de dicho espacio. Los ganchos bailaron un poco, pero no hicieron el más mínimo ruido.

Las rendijas de la puerta, le permitieron presenciar la entrada de la persona. No vio su rostro, pero sí su silueta. Un hombre de estatura elevada de complexión delgada.

Aquellas características que casualmente coincidían en Tom. Solo podía pensar en él, tenía miedo de que Tom le encontrara.

— ¿Bill? –llamó William al posarse frente a la cama, miró hacia todos lados nervioso.

La cama le mostraba la evidencia de que Bill estuvo sentado hace poco, también la ropa en el cesto del rincón. Pero el pequeño no estaba.

A simple vista no, eso es lo que desconocía.

Continúa…

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por Bethy Pena

Escritora del Fandom

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