
Fic TWC/Billsack de Bethy Peña
Capítulo 17: Una vieja amiga (P.3)
El tráfico era un martirio, pero por fin, después de casi dos horas de estar estancado sobre la avenida logro llegar a casa. Bajó de su Cadillac y abrió la puerta con algo de dificultad.
— Amor, ¿Dónde estás?
La televisión prendida, revistas sobre el sofá. La estufa encendida y el guisado apestando a horrores.
— ¿Bill? –después de desechar la comida en el fregadero, subió con tranquilidad a su habitación. La música del estéreo zumbaba detrás de la puerta– Bill, la TV está encendida y tienes la música muy alta, ¿Qué te pasa? –preguntó molesto, apagó dicho aparato y buscó sobre el tocador, el buró e incluso bajo la cama la cartera de Bill. Pero no la encontró sino dentro de su bolso.
Algo no cuadraba… ¿Dónde estaba?
Se acercó al tocador una vez más posando sus manos sobre la madera. Dibujó sin sentido hasta que algo ensució sus dedos.
Se trataba de viruta de…— ¿Maquillaje? –inspeccionó aquella bolita negra que manchaba su piel.
— ¡Ooohhh! ¡I love you, baby! —cantó Bill con ganas, abrió la puerta de un fuerte golpe posando muy sexy frente a su novio.
Tom soltó una risilla y al momento de ser escuchado el menor lo miró entre sorprendido y avergonzado— ¿Me estas cantando?—
— ¡Oh que dices! –bajó la mirada muy sonrojado y sonrió.
— Hey…un segundo…–pidió detallando el rostro de su amado– ¿Te has maquillado?—
— ¡Oh! ¿No te gusta?… M-me lo puedo quitar, no te preo…
— Shh… no es eso. Es sólo que…–contempló su belleza y sonrió– Eres hermoso… pero no tanto como tu interior—
— ¿Te gusta? –Tom asintió encantado– ¿Puedo maquillarme cuando quiera?
— ¿Desde cuándo te maquillas? –preguntó ignorando lo anterior.
— Ammm…desde la primaria. Bueno, a finales. Mis maestros no se molestaron, por eso decidí maquillarme y asistir así. ¿No es genial?
— Mucho, bien…–besó sus labios con hambre– Bien… ahora amado mío… tendremos que salir a comer.
— Ya cociné .
— Pero se te ha quemado.
— ¡¿Qué?! ¡No! –se separó y bajó corriendo a la cocina, para encontrarse con la cacerola vacía.
— Te prometo que todo cambiara…–besó sus labios y pronto caminó apresurado hacía la cama, se puso de rodillas y alcanzó algo. Jaló de dicho objeto y Bill se sorprendió más. La maleta que Tom había preparado fue sacada de ahí. ¿Cómo es posible?
El cierre se deslizó sin ningún problema por los rieles mostrando avergonzada su contenido.
Ropa de Bill. Listo.
Dinero. Listo.
Identificación. Listo.
Celular. Listo.
Mientras Tom revisaba que todo estuviera en orden, Bill contemplaba desde su lugar. Pero…
¡¿Qué carajos estaba haciendo?! Se preguntó y corrió hacía la puerta, Tom al ver sus pies moverse se aventó sobre de él, su carrera se vio interrumpida, cayó al suelo soltando un gemido de dolor.
El aire abandono sus pulmones, fue el primero en huir…
Bill se retorció sobre el suelo, su boca se abría y cerraba tratando de recobrar la respiración. Con su vista algo perdida, enfocó la puerta… William debía volver.
— ¡Ah! ¡AUXILIO! –gritó con sus pocas fuerzas que pudo juntar y de una patada alejó a Tom escasos segundos.
El golpe recibido en su entrepierna le provoco una sensación poco agradable. Quizá poco resistible, sentía que su masculinidad fue aplastada por un elefante… o algo parecido.
Bill se incorporó para escapar de nueva cuenta pero Tom, casi al límite de la razón, alzó su brazo y le tomó con firmeza del tobillo. El menor movía sus piernas hacia todas direcciones, con tal de liberarse. Tom no se daba por vencido.
Uno luchaba por su libertad y otro para someterlo.
Entre patadas, gritos y golpes, que fueron recibidos por Tom, pudo sacar su Colt 9 mm y amenazó con hacer lo que sea para detenerlo.
— ¡No, mi amor…! –rogó desesperado y buscó los labios del menor, para asegurarle que todo saldría bien y que por fin vivirían felices.
¿No es lo que quería? ¿No quería estar con él?
Bill encogió los labios y evito a toda costa la unión— ¡No…William! –llamó alterado a su protector y Tom se sintió hervir. Sintió como su sangre ardía por sus venas haciendo que su piel se sintiera caliente. Su rostro se tiño de un tono peculiar y soltó un puñetazo al piso.
¿Cómo se atreve a llamar al responsable de su separación? ¿Acaso no recuerda que fue su culpa el haberse separado? ¿No recuerda que les condeno a vivir con el corazón y alma destrozados, poniendo la excusa de que eso era lo correcto? ¿No recuerda que por su culpa él le engañó?
¡No lo recuerda!
— ¡Déjame! –exigió Bill empujando los hombros de Tom. Haciendo que este último se desequilibrara y callera al suelo.
Raquel escuchó algo extraño, pronto un golpe en el pasillo le inquietó. Miró al Detective que intentaba por milésima vez contactar a la comisaria.
— ¿Dónde está Bill? –preguntó la chica y William no respondió, sólo elevó su mirada perdida y recordó su objetivo.
— ¡No me obligues hacerte daño! –advirtió por segunda vez el mayor sujetando el arma sobre el rostro de Bill.
— ¡Déjame!…–gritó sintiendo el frio metal de la Colt sobre su cuello.
¡No lo hagas! Rogó a su vieja amiga que sólo se dejaba hacer por Tom.
Unos pasos se escucharon por el pasillo… en cuanto arribó dicha persona, un silencio profundo reino en la estancia.
Continúa…
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