Fic TWC/Billsack de Bethy Peña

Capítulo 21: Epílogo (P.1)

1 año después…

La racha de este mes era sin duda alguna la mejor del año, claro, los delitos son inaceptables, el punto es que el Detective William continuaba sirviendo a la comunidad de una forma impecable.

Arribó a la comisaria un tanto preocupado, tenía que aclarar el arresto de tres jóvenes que insistían una y otra vez con que ellos eran inocentes, por supuesto, inocentes hasta que se demuestre lo contrario.

Con pasos un tanto apurados llegó a su piso, su secretaria sonrió en forma de saludo y le alcanzó un informe acerca del caso 96577/13. Lo revisó asintiendo en todo momento, dando a entender que estaba correcto. Devolvió el folder azul marino y con una mirada se despidió.

— Señor…–llamo Ruth– Tiene una visita –recalcó dando a entender que era un asunto importante.

William asintió— ¿Nombre?

— El joven Andrew Deep…

Cerró los ojos unos segundos y recordó el día: Jueves. Suspiró llenándose de calma, serenidad… y sobre todo de fuerzas, no para golpear a Andrew, sino para soportar lo siguiente. Tomó el picaporte y lo giró encontrándose con un joven muchacho que le aguardaba, se encontraba jugando con su celular, dispositivo que dejó al ver al Detective.

Tenía esperando ya medía hora ahí, pero no importaba ¿no podían expulsarlo de la escuela por faltar un día, verdad? Bueno, quizá no… Faltar un día no es problema. El problema es faltar cada jueves al instituto, hacerlo sin siquiera justificarlo. Pero bueno… es un asunto importante.

— ¿Qué te trae por aquí, Andrew? –preguntó William respondiéndose él mismo.

— Eso es más que obvio…–William reprobó dicha respuesta con una mirada, Andrew la desvió suspirando– Quiero…quiero ir…por última vez…—

— ¿Quieres un café? –el joven negó enfocando su rostro. ¿Acaso no le escuchó?

— No volveré después de hoy…—

— ¿Has dicho: Por última vez?–preguntó para rectificar, cosa que fue así– Ultima vez –repitió sosteniendo su mentón con su palma. Aquellas dos simples palabras que fueron dichas ya muchas veces.

— Así es… esta vez es definitivo. Sí sigue con lo mismo…me obligaré a dejar todo atrás…—

— No puedes…o más bien. No es razonable.

— Sí lo es…–el mayor negó, eso no es lo correcto.

— No…para nada que lo es. Quizá tengas razón, este último año no fue nada…nada bueno. Todo dio un giro inesperado. Todo terminó mal. Todo… se vino abajo, muy abajo…casi topando con el infierno.

— Por eso mismo…

— No Andrew… rememora lo que él sufrió. Recuerda que esta solo… ¡Solo, Andrew! –alzó los brazos exasperado– Solo…

— Yo…

— Andrew… escucha, sé que deseas tanto como yo que él se recupere, pero no será tan rápido y eficaz como la primera vez. Hace años fue casi rápido, lo fue porque sí bien recordamos su familia le apoyó incondicionalmente, su familia… y tú. ¿Recuerdas?—

Asintió rápidamente… es cierto. Pero ya no podía cargar con esto. Ya no.


Dos meses después de la muerte de Kaulitz la situación mejoró… pero sólo algo no. La recuperación de Andrew fue exitosa, Corie brincaba reconfortada, su primo estaba perfecto, como nuevo. Bill simplemente no lo podía asimilar, Andrew se encontraba ya rodeándolo y besándole los labios. Tanto como él añoro.

La pandilla se reencontró después de unos días, su lugar de encuentro fue nuevamente el hogar de Raquel, dado que como ese mismo día ella cumplía ya sus 21 años, decidieron festejar esos dos eventos.

Sus padres no se encontraban debido a su larga jornada laboral, pero que importa, por una horas que no estén no se acaba el mundo, ella los tendría cerca en los próximos años, más aún porque ambos se jubilarían en unos meses más.

Después de cortar el pastel y repartir con juegos cada pedazo, decidieron salir al patio trasero para nadar un poco en su fabulosa gran piscina.

Los primos jugaban dentro del agua cual niños pequeños, Georg sólo veía el momento adecuado para tocar por primera vez aquel vital liquido, Gustav se aplicaba el bloqueador solar y Raquel trataba de cepillar los cabellos escurridizos de su amigo.

Las caricias de Raquel le daban cosquillas tanto en el cuello como espalda, se sentía… se sentía tan similar a cuando él lo hacía. Sí…él.

Sonrió disfrutando aquellos recuerdos, jugó con su lengua un tanto extasiado y relamió sus labios.

¿Podemos volver a la playa? ¿A Agua Azul? –preguntó inocente provocando que su amiga se detuviera en seco y Gustav regara de más el bloqueador. Los demás por suerte no escucharon nada.

¿La cabaña?… ¿porque? –preguntó Raquel inquieta, el sólo recordar aquellas horas de temor, inquietud y de peligro le hacían casi llorar.

¿Quieres regresar al lugar donde ocurrió algo sumamente horrible?, preguntó mentalmente para reafirmar lo que Bill dijo.

Extraño ese lugar…–confesó mirando el cielo despejado y sonriendo como hace unos meses no lo hacía.

Gustav se sintió extraño con aquella mueca, más aún con la intensa mirada que le echaba a su amigo. Andrew se encontraba de espaldas tratando de obligar a Georg meterse de una vez por todas al agua.

— ¿Estás seguro de hacerlo?—

— Sí… quiero estar con él por última vez…—

— No lo digas…porque no lo harás—

— ¡Por favor, quiero terminar con esto de una puta vez! –exclamó dando un fuerte golpe al escritorio, William no tenía idea de lo que sentía.


El último timbre retumbó en sus oídos, la mayoría de sus compañeros de clase ya se habían retirado a sus hogares. Bill continuaba esperando en las jardineras del Instituto, espera que consumió su paciencia. Bufó molesto y puso a todo volumen su música, importándole un cacahuate sí a alguien le disgustaba su música.

Con molestia trató de seguir la pista y cerró los ojos sumergiéndose en la letra. Pronto un vehículo arribó al estacionamiento del lugar, justamente a unos metros de Bill.

¡Amor! He llegado…–se anunció un Andrew totalmente alegre de ver a su amado moverse al ritmo de la canción– Bill…–llegó a su lado y con cariño le tomó de las mejillas para besar sus labios, labios que en ningún momento le correspondieron.

Se separó desconcertado y su ser quedó paralizado al ver la mirada tan profunda pero indiferente que su amado le dirigía.

¿Bill? ¿Qué te pasa? ¿Todo bien?…–indagó preocupado, su novio nunca le miraba de esa forma, y sí llegaba pasar… era algo grave. Pero algo más le preocupaba, jamás había visto esa mirada, por lo cual no podría decir sí estaba en lo correcto o no.

No hubo respuesta por unos largos minutos, ambos se miraban directamente pero no con amor. Los últimos segundos de la canción casi ni se percibían, poco a poco se silenciaban un tanto temerosos de lo que podría venir. Bill suspiró sin quitarle la mirada de encima, y detuvo la siguiente pista que comenzaba a sonar.

Son más de las 4 de la tarde… se supone que iríamos al cine a las 3:30 de esta linda tarde –guardó su querido amigo en su bolsillo y cruzó sus manos– ¿Qué carajo estabas haciendo, como para llegar tarde… o más bien, ignorar nuestra cita?—

No amor… no la olvide, es sólo que…—

¡No puedes irte con tus amigas cada vez que te dé la gana!—

¿Qué? – Articuló sorprendido por tan repentina reacción– ¿Qué dices?—

No te hagas… hueles a Cassandra, ¿O qué, no percibes que traes su asqueroso perfume encima?…—

¿Cómo…?—

¡Cállate!… ¿Me lo vas a negar? ¿Me vas a decir que no estabas con ella?—

No… bueno sí… Pero no es lo que piensas—

¡¿No?!…—

Bill, por dios. Sólo tuvimos que hacer un trabajo escolar…—

Ahora se le llama “Trabajo escolar”… —

Bill, es la verdad…—

¡No importa! ¿Acaso me engañas con alguna de esas zorras? ¿Eh? –cuestionó fuera de sí, mirando muy furioso a su novio– ¡Es eso! —

No… amor…—

¡No me llames así! Después de engañarme, ¿te atreves a hacerlo?—

Andrew calló sin poder contestar o defenderse, no porque Bill tenía razón, sino porque todo lo que decía eran puras estupideces. ¡Puras estupideces! ¿Cómo se le ocurría pensar eso? ¿Quién se atrevería a creer que podría engañar a su chico?

Amor… ven…–pidió posándose frente a él abriendo sus brazos, Bill viró la vista rechazándolo muy digno.

Vete y abraza a tus “compañeras de trabajo escolar” –escupió totalmente enojado.

Sólo quiero que tú me abraces… tú y nadie más…–se inclinó dispuesto a estrecharlo, acariciarlo y sí se puede apachurrarlo con todas sus fuerzas– Perdón por llegar tarde, pero era importante –terminó de acortar el pequeño gran abismo que había entre ellos y fusionó sus cuerpos.

¡No!… ¿Por qué me haces daño, Andrew? ¿Por qué?—

Yo no te hago daño… es lo menos que quiero—

¿Entonces…porque te fuiste con ellas? –le empujó logrando zafarse de su agarre y comenzó a caminar.

Por un trabajo –repitió sintiéndose molesto al mismo tiempo que le seguía.

Claro… y a mí que me parta un rayo, genial –cruzaron el jardín, uno detrás del otro.

No… ¡Dios! Esto es tonto…—

Andy, ¿tú me amas? –el menor se detuvo en seco esperando respuesta, pero no la obtuvo tras unos largos segundos. No porque Andrew estuviera pensando que contestarle para no herirlo, sino porque esa pregunta había surgido de la nada y lo que más le desconcertó fue que la voz de su enamorado estaba cortada, Bill estaba a escasos instantes de romper en llanto. ¿Qué ocurría ahora?

Oh Bill… ¿Eso a que viene?—

¿No me amas? ¡Entonces es cierto!…—

¡No! B-Bill, yo…—

¿Por qué no me amas?… ¿porque?… Yo he sido un buen novio, siempre estuve contigo. Siempre. ¿Por qué ahora me haces daño? ¿Por qué? –cubrió su rostro totalmente dolido. Algunos estudiantes e incluso el director presenciaron aquella incomoda escena. Andrew suspiró fastidiado, era demasiado.

No… Bill, esto ya…ya es mucho. ¿No te parece?—

¿Mucho? ¿A qué te refieres? –bajó sus brazos y le miró con el rostro casi variado por el maquillaje corrido.

Exageras demasiado…–reafirmó mirándolo serio, esta vez tenían que hablar seriamente. Le estrechó el brazo y jaló de él para hablar en un lugar más privado.

La carretera se encontraba, a pesar de la hora, extremadamente vacía. El camino a YMH sería un tanto largo, pero no importaba el tiempo, importaba demasiado que Andrew recapacitara para no dejar en el olvido a Bill. No podía hacerle esto.

Tras una extensa hora, arribaron a aquel edificio que les recibía con sus puertas abiertas, puertas que mentían sobre su interior. Atravesaron la recepción y se dirigieron directamente al pasillo 3-D, aquella zona donde los casos más necesitados se encontraban. Mientras el Detective alargaba sus pasos, Andrew se detenía poco a poco mirando por la pared de cristal el jardín trasero.

¿Por qué Bill, su amado, porque tuvo que terminar así? ¿Por qué diablos su pasado regreso para arruinarle la vida? ¿Por qué?

— ¡Andrew!…–llamó por cuarta vez William, el muchacho volvió a la realidad con un simple pestañeo y miró a esa dirección. Caminó casi sin ganas, pero tenía que hacerlo.

— Cada quien tendrá 10 minutos de visita, aprovéchenlo…–recomendó el enfermero que custodiaba y tomaba nota de todas las visitas de aquel pasillo.

— Esta vez entrara él sólo–notificó el Detective– No se sí pueda… supervisarlos –el varón de casi dos metros abrió los ojos totalmente incrédulo.

— ¿Él, sólo? –William asintió– De acuerdo, mandaré aún colega y él se encargara –asintió anotando en su carpeta número de visita, nombre, paciente y hora de visita.

— Gracias—

El enfermero alcanzó su radio-comunicador y solicitó un refuerzo para el paciente 85.

— Ya puede pasar, en unos minutos llega mi colega—

William suspiró, es la hora de la verdad. Estaba listo para ver cuán decidido estaba Andrew. Con un gesto dejó que el enfermero le mostrara el camino, camino que ya se sabía de memoria. Caminaron por el pasillo y doblaron a la izquierda. Rumbo a los pacientes más latosos de ahí.

El bailar de las llaves era todo lo que se escuchaba, pronto llegaron a la habitación 85, su corazón se disparó a mil por hora. Tenía miedo, miedo de saber que siempre sí lo iba a perder. En cuanto la puerta de metal rechinó un poco su piel se erizó obligándolo a temblar.

— Hey Bill, tienes una visita. ¿Adivina quién vino? –dijo el enfermero con tono suave y alegre. Lo que faltaba en su amado.

El chico no prestó atención alguna… de espaldas a ellos miraba por la ventana hacia la nada. Ansiaba ver que alguien emergiera de ahí precisamente.

Andrew alzó la mirada y notó como la sonrisa del individuo disminuía entristecida, se miraron por unos segundos y permitió su entrada.

— Hola Bill…–saludó intentando parecer lo más cuerdo posible– ¿Cómo estás? –le miró esperando respuesta pero no llegó, la respiración de su pequeño era pausada, inclusive parecía que era forzada. Andrew miró a sus espaldas y por la ventanilla vio cómo el colega del enfermero había llegado.

¿Qué hacer? ¿Qué hacer para saber que Bill evolucionó?

Detalló la habitación y sin más remedio tomó asiento a su lado, justo a escasos centímetros de su espalda.

— ¿Bill?…–acarició su hombro derecho, degustando su dulce tacto, su piel tan suave como una flor, tan cálida como un latido. Tan perfecta– ¿Amor? ¿Me escuchas? –susurró prolongando su contacto.

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a comentar.

por Bethy Pena

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!