Fic TWC/Billsack de Bethy Peña

Capítulo 4: Cambio de planes

Señor…

Se escuchaba un poco cortada la transmisión de los radio-comunicadores, el Detective ajustó un par de sintonizadores para que se escuchase claro, pero no lo logró, así que tomó su celular y marcó al individuo que supuso le había tratado de contactar.

¿Señor?—

¿Qué pasa? ¿No sirven los radios?—

No señor, están en buen estado… ¿Ocurre algo?—

Confundido por lo anterior, dejó a un lado su preocupación y no mencionó nada, seguramente alguna señal fue captada por su radio.

Miró su reloj de muñeca e hizo una mueca, le quedaban solamente diez minutos de arribar a la playa, donde Bill se encontraba jugando muy alegre con las chicas, se maquillaban unas a otras, y Bill fue quien salió ganando. Puesto que su maquillaje fue el mejor.

Pero los varones estaban algo molestos por no poder avivar la fogata, Andrew estaba molesto, Georg solamente veía a Gustav tratar de encenderla.

¡YA ME ARTE! –gritó efusivo el más tranquilo de los chicos– ¡No quiere encender esta porquería! –pateó las pequeñas ramas dejando atónitos a sus amigos. Era la primera vez que reaccionaba así.

Tranquilo amor, no te preocupes –se apresuró a decir Corie a su novio.

Perdón—

Chicos… como vemos que esto no resulta, ¿Les parece sí viajamos a la ciudad?—

No se amor, es muy largo el viaje y estoy cansado—

¡Oh vamos! No hay clases, no hay trabajo –exclamó Raquel viendo a todos para tratar de animarlos– Tenemos mucho tiempo libre, son nuestras vacaciones y hay que disfrutarlas—

Todos se miraban entre sí, preguntándose sí su amiga estaba loca o realmente tenía razón. El rostro de Bill fue evolucionando hasta mostrar una gran sonrisa, miró a su novio y se contagió haciendo que los demás sonrieran convencidos.

Gritaron como si fuese la mejor idea del mundo, a pesar de que prácticamente lo es para ellos, corrieron hacia la cabaña para arreglarse lo más rápido posible para partir a la ciudad.

Bill se adelantó corriendo como niño por dulces hacía su habitación. Las maletas aún no eran desempacadas y eso le molestó demasiado, toda su ropa mostraba unas pequeñas arrugas, pero eso ya no le importó.

Agarró unos vaqueros oscuros y una playera azul oscuro. Se colocó su calzado y retocó maquillaje.

Cariño, ¿Ya estás listo?—

Ya voy Andy…–el mencionado dejó escapar una pequeña risilla que fue percibida por Bill– ¿Qué ocurre?

Nada… simplemente que me encanta que me llames así—

¿En serio? –Andrew asintió dando un paso al interior de la habitación de las chicas… y de Bill, a pesar de que no pertenece a ese espacio, se siente mucho mejor con mujeres que con hombres– ¡Hey! No puedes pasar…

¿Por qué?—

Por qué no –justificó travieso.

Estando a pocos pasos Andrew asió las delicadas manos de su enamorado y les depositó un pequeño beso a cada una– Me encanta verte así…

¿Cómo que así?—

Sí, así… por sí no te habías dado cuenta, los vaqueros que te pones hacen que tu…—

¡Hey! –interrumpió Bill al ver el camino de sus palabras.

Iba a decir piernas…—

¡Aja!—

¡Te lo juro!—

Ok, ¿Cómo me veo? –se soltó del agarre de Andrew y dando un paso atrás dio una… dos vueltas para que su chico le juzgara.

Vestía un vaquero de mezclilla azul rey que eran sujetados en las caderas por su sencillo cinturón. Dejando al descubierto parte de su prenda íntima que abarcaba desde la cadera hasta la cintura. Una sudadera ligera -que cubría su playera- de líneas blancas y negras, con el cierre cerrado y con las mangas algo recogidas.

Su cabello fue peinado con ayuda de fijador, haciendo que las puntas se elevaran por lo menos de 5 a 7 centímetros.

Preferiría que te pusieses un vaquero MENOS ajustado…

¿Por qué? –protestó haciendo un puchero.

No quiero que nadie te vea –afirmó serio.

Amor, sabes que adoro la ropa SUPER ajustada, aparte… ¿Qué tiene que me vean?… Me encanta ser atractivo…—

Pero…—

Pero lo hago para que sepan que yo soy de alguien más…y me encanta que tú me veas –confesó Bill un tanto sonrojado, haciendo que su acompañante sonriera abiertamente y le besara con gran emoción.

El beso pudo haber sido planeado, ya que las otras dos parejas que se encontraban en la planta baja unieron sus labios. Quizá sí el Detective tuviese a su mujer en el automóvil, no dudaría en besarle debido a la ansiedad que tenía. Las manos le sudaban, su pulso se aceleró, todo daba de vueltas y rogaba a Dios que el tiempo se hiciera más corto. Divisó por el retrovisor, pero antes de enfocar bien su celular comenzó a sonar.

¿Qué ocurre?—

Bill está desplazándose—

¿Qué? –articuló Will sin creérselo.

Le estamos ubicando y… acaba de tomar la autopista a Nevados…—

Ok, tendré que apresurarme…—

Sí señor—

Colgó el teléfono y dio un fuerte manotazo al volante— ¡Maldición!..–tomó su radio-comunicador para informarles a sus peones el nuevo plan, pisó con decisión el acelerador para no perder tiempo, ahora más que nunca deseaba tener un vehículo más rápido que la luz.

Y como sí alguien tuviese ese privilegio. Cerca de la playa de Agua Azul justamente por la cabaña de los Jost, el mismo sujeto que había sufrido un contratiempo en su trayecto, consiguió arribar antes que sus enemigos al lugar.

¿Cómo lo hizo? Simplemente la interferencia de la señal del Detective fue percibida por la radio de su vehículo revelando su destino, y teniendo a su alcance el GPS, encontró un atajo.

Bajó de su automóvil caminando por la arena, admiró con detalle la apenas visible luna que era cubierta por unas grandes y esponjosas nubes, a pesar de ser verano una pequeña brisa caía sobre la fina arena, permitiendo que las gotas dejaran unos diminutos cráteres; caminó gustoso por la playa y decidió ingresar a la cabaña para abrigarse y por sí acaso comer un poco.

Por fortuna el pequeño lugar se encontraba solitario, había visto a los chicos partir, sabía que su Bill estaba con ellos, pero eso no le preocupó mucho. Tarde o temprano le encontraría y estarían juntos nuevamente.

Cerró la puerta con cuidado y observó con detalle el interior de la cabaña. No era nada sencillo dicho hogar. Todo era tan impecable y fino.

Se adentró al comedor donde por cierto se encontraban unos platos a medio comer. Bill quiso dejar limpio dicho comedor, pero Andrew se lo impidió.

El aroma a carne asada llegó a su olfato despertando su apetito. Desde que escapó de aquel cereso no había probado ni gota de agua.

Sonrió de lado y un pequeño destello se alcanzó a ver. Caminó hasta el segundo asiento del lado derecho y alcanzó entre sus dedos un pequeño cristal. Al parecer pertenecía a la pulsera de Raquel. Hizo una mueca de disgusto y lo botó por la habitación. No era de Bill, y sí no era de Bill, no le importaba nada.

Se sentó en el mismo lugar que curiosamente Bill había ocupado, probó del plato y fascinado tomó otra porción, el sazón que se percibía en cada bocado era nada más ni nada menos que de Bill, a pesar de haber sido atendido por él hace más de 2 años, era inconfundible el toque de su amado.


Ya está…–dijo Bill llegando al comedor con unos platos servidos.

Desde que Tom le obligó a servirle, se puso como meta aprender a cocinar.

Veamos…–tomó un cubierto y picó curioso la carne.

Buscaba algo mal en el platillo, algo que estuviera fuera de lugar. Pero no fue así. El bistec lucia delicioso, el aroma de las especias lo hacía más apetitoso. El jugo que se escurría por la porcelana tenía una consistencia maravillosa.

¿Está bien? –preguntó tímido el menor viéndole con nervios. Tom le acarició la mano y dio el primer bocado.

Al momento en que su paladar recibió el bombardeo de especias, no resistió más y lo escupió lejos de su alcance. Soltó la mano de Bill concentrándose en controlar la horrible tos que sufría.

Tapándose el rostro un poco colorado, buscó recordar la forma correcta de respirar, pero lo hacía con dificultad, buscó a Bill y el menor se percató del color rojizo que sus ojos adquirieron.

Bill tenía el rostro encogido en una mueca de temor. Sabía que era pésimo en la cocina. Lo sabía. Pero el hecho de que Tom escupiera la comida, no era buena señal.

¡Perdón Tom! –se apresuró a decir y de un manotazo alejó el plato.

El mayor no podía hablar, su garganta estaba herida y sí hablaba podría sufrir otro ataque de tos. Movió sus manos por el aire tratando de decirle a Bill que necesitaba agua.

¡¿Qué?! –preguntó histérico Bill. No entendía nada– Te traeré agua

Tom suspiro aliviado. Bill entendió sin entender lo que quería decir.

El chico llegó corriendo, pero tropezó a escasos metros y sin planearlo se deslizó por el suelo. El vaso no perdió gota alguna. Sonrió divertido y ofreció el agua a su amado.

Después de tres vasos de agua, Tom recuperó la voz, pero la tenía algo ronca.

Pequeño…–carraspeó unos segundos– Ya van… van tres semanas y aún… aún no puedes –tosió un poco y Bill bajo la mirada.

Perdón…—

Tom negó con la cabeza y sonrió— Pasemos…al Plan B

¿Plan B? ¿Comida rápida? –Tom asintió.

Sí…pero una vez… a la semana cocinaras—

¡Ok! –aceptó Bill y se montó sobre Tom. Le sostuvo con fuerza y unieron sus labios– ¡Oh Dios! –exclamó con cara de asco, los labios de su amado tenían un sabor muy penetrante y horrible– Le puse demasiado ajo…–encogió su rostro tratando de soportar el sabor. Tom sonrió buscando unir sus labios. A pesar de su malestar, el delicioso lubricante que producían logro desvanecer un poco el dolor.

Quizá muchos creían que Tom lo obligó a ser su mujer. A pesar de que en parte lo hizo, no fue con ese fin. Fue duro, sí. Pero lo hizo únicamente para que aprendiera a realizar las cosas el mismo. Para que supiera valerse y no ser un inútil en su vida.

Continúa…

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por Bethy Pena

Escritora del Fandom

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