Fic TWC/Billsack de Bethy Peña
Capítulo 7: Al fin juntos
Bill no estaba ahí, él se encontraba afuera del edificio y nadie lo sabía.
— ¡Billy!… Te he extrañado tanto, mi amor —exclamaba Kaulitz tomando delicadamente la mano de su amado, quien a su vez no daba crédito a lo que sucedía, era él, ¡Era Tom!… ¿Cómo pudo encontrarlo?
— ¿To-Tom? —preguntó parpadeando varias veces. Enfocó su rostro sintiéndose morir al reconocerlo.
— Sí mi amor… el mismo —sonrió feliz dejándolo más aterrado— No puedo creer que permitieras que me encerraran, ¿Sabes cuánto he sufrido sin ti?
— N-no…yo —quería decir algo, siquiera alguna oración coherente.
Echó una mirada sobre el hombro de Tom y sólo vio una puerta de emergencias, contenedores de basura mal olientes y un callejón oscuro.
— No temas amor, no puedo odiarte por algo que se me salió de las manos —extendió a las mencionadas hasta el rostro de Bill y él sólo pudo quedarse quieto, sabía que corría peligro y lo mejor es tranquilizarse.
— ¿Cómo me encontraste? —logró articular dejando escapar una indefensa lágrima.
— No llores, me haces sentir mal —con su pulgar borró rastro alguno, bajó la mirada contemplando la dulce y tentadora piel de su cuello, elevó su vista y le miró deseoso.
— No…—saltó hacia atrás el aterrado joven al ver que Kaulitz se acercaba hambriento a sus labios. No esperaba esto, quería huir de ahí… pero la mala noticia es que estaba acorralado.
— Shh… tranquilízate —dijo acariciando los suaves, rozados y carnosos labios de su amado— ¿Me pregunto todavía como es que te fuiste de mí?… ¿Cómo lo hiciste cariño?
— ¿Eh? Yo…yo sólo.
El reloj anunciaba que el medio día llegó.
Sobre la acera de la avenida principal, un chico con ropas e higiene destruidas caminaba con prisa. Miraba a todas partes, como sí algo o alguien le asediaba.
Pasó por varios negocios que despedían un olor alucinante, tenía hambre, sí. Pero no podía perder tiempo. Pronto llegó a un café donde en su entrada se encontraban varias personas. Se acercó dudoso. No sabía qué hacer.
Después de un pequeño debate mental. Se dio una palmada en su frente y suspiró. Avanzó con tranquilidad, pero reaccionó, tenía que hacerlo rápido.
— ¡¿Puede ayudarme?! —preguntó a un señor de edad avanzada que se encontraba fascinado leyendo el diario matutino.
— ¿Qué tienes? —cuestionó el sujeto examinándolo. Su aspecto no era nada agradable.
— Yo… puede decirme en donde estamos ¿Qué lugar es este?—
— Es la Avenida Patterson —respondió doblando el diario sobre su regazo.
— ¡No! ¿Qué ciudad, estado… condado? ¿Dónde estoy?—
— ¡Oh! Estamos en Armstrong, ¿Estás perdido? —le tocó el hombro esperando respuesta o reacción errónea.
— No, yo…—
— Puedo ayudarte ¿Cómo te llamas? —pidió con preocupación. No era nada bueno encontrarse a muchachos así.
— ¡No! —gritó asustado el chico y dando un manotazo salió corriendo tratando de huir de Kaulitz.
Habían pasado ya tres días desde que Bill escapó de Winnipeg. A pesar de su mal estado, ha sobrevivido sin alimento, agua y sin un «techo» bajo el cual dormir.
Tratando de mantener una carrera continua, vigilaba sus espaldas, costados e incluso vigilaba las casas, balcones y todo lo que se encontraba arriba suyo.
Todo estaba marchando muy bien, según su plan… pero ¿Por cuánto tiempo seguiría así?
Kaulitz rió ante el nerviosismo de su chico y le besó efusivamente, Bill al percatarse de aquello no hizo más que quedarse inmóvil, hace años que no sentía los suaves y suculentos labios de Tom. Todo a su alrededor dio vueltas. A pesar de que los labios de Tom estaban llenos de cicatrices, conservaban aquella dulce textura que le encantaba.
De hecho, cuando mantuvieron una relación amorosa se volvió adicto a sus labios, lo cual provocó que en su interior una oleada de mariposas se desatara dándole cierta sensación de alegría, ansiedad y miedo.
— Bésame Bill, ¡Bésame! —rogó Tom profundizando su contacto a lo cual Bill obedeció, sabía que pasaría si no lo hacía, pero además de eso, logró satisfacer un pequeño deseo que muy en el fondo anhelaba: saborear los exquisitos labios de Tom.
Ambos con los ojos cerrados, se sumergieron en la deleitable paz que había en esos momentos.
Andrew…
— Por favor…—suplicó Bill apartándose del rostro de su acompañante. No podía hacerle esto a su novio. No debía hacer esto.
Su amorío con Tom pasó hace tiempo. Ahora él tenía una nueva vida.
— ¿Qué ocurre amor?… ¿No te gustó?…
¿No le agrada? ¿Qué tiene que ya no le guste? ¿Acaso para su amado le resulta repugnante?
Se preguntó mirando sus ojos. Los mismos que le volvían loco. Aquellos que sin dar tregua le mataban de amor.
Esos mismos ojos eran los que buscaba William.
Buscó por doquier. Por cielo, mar y tierra. Tenían que encontrarlo.
— ¡Señor, no hay rastro alguno de Bill! —declaró el oficial.
— ¡Maldición!… Llama a los refuerzos, que limpien este lugar. Debemos encontrarlo—
— ¡Señor! —Llamó otro peón a sus espaldas— Tengo localizada a la chica…—William con sus ojos apunto de dispararse lo miró molesto.
— ¡Chico! —exclamó.
Está bien que Bill sea femenino. Está bien que sea delicado. Pero no está bien que le cataloguen así.
Cerró los ojos cansado. No hay tiempo para esto.
El policía avergonzado bajó la mirada y mostró la pantalla de aquel dispositivo para que William, al darse cuenta de donde estaba, saliera corriendo con pistola en mano seguido de unos 5 o más policías armados.
El oficial Conan observó cómo William salía en su búsqueda. Giró la vista reparando en la gran multitud que observaba el trabajo de los oficiales. Algunos sacaban fotos, otros sólo esperaban.
Caminó en círculos por unos segundos, pero un llanto llamó su atención.
Detrás de una patrulla, en el suelo. Se encontraba Andrew cubierto por la sudadera de Bill.
No lloraba por ser un miedoso y querer salir de aquello. Lloraba porque Bill estaba desparecido y sabía muy bien lo que pasaba.
— ¿Cómo estas, muchacho? —preguntó colocando una mano en su hombro. Tratando de trasmitirle fuerzas.
— ¡¿Cómo quiere que este?! —chilló aferrando más la prenda y aquel oficial enmudeció, sabía que fue mala idea preguntar.
— ¡Vamos Andrew! Tranquilízate… pronto le encontraremos —pidió Corie nerviosa.
— ¡No!…—gritó eufórico Andrew levantándose para correr hacia la parte trasera del lugar, seguramente Bill salió por ahí al escuchar la alerta.
Seguramente fue así, ¿No? Pudo salir cuando lo escuchó, ¿Verdad? Sonrió creyéndoselo y continuó su carrera.
Gustav partió siguiendo al joven y Georg lo imitó. El oficial no pudo detenerlos y prefirió resguardar a las señoritas. Ambas a regañadientes ingresaron a una patrulla, pero era lo mejor.
Mientras sus amigos le seguían preocupados y asustados, Tom seguía muy gustoso con Bill.
Ahora el menor, además de estar acorralado, se encontraba sentado. Haciendo que su posible huida sea imposible.
— ¿Estás listo? —cuestionó acariciando lo largo de su mejilla.
— ¿Irnos?
— Sí, te juro que todo cambiara…—aseguró sonriente.
— ¡Bill! —se escuchó a lo lejos.
Kaulitz se levantó inmediatamente y dejando al menor oculto tras un contenedor, caminó hacia la derecha, de aquella dirección provino el llamado.
— ¡Andrew! —se escuchó otro llamado, pero Kaulitz no lo escuchó, solamente aquel chico que era buscado con desesperación.
El menor abrió de golpe los ojos.
Andrew…
No podía ser cierto. Sí Andrew aparecía tenía un 99% de probabilidad de salir herido.
Peligro seguro era el que le aguardaba, peligro que desconocía William, quien ahora tenía custodiada la azotea del lugar, habían llegado francotiradores y granaderos, el interior del centro nocturno había sido barrido por los elementos militares, sólo faltaba investigar en las bodegas y la parte trasera justo donde Kaulitz retenía a Bill.
¿Pero porque ha tardado tanto? Se supone que fue el primero en enterarse de la ubicación de Bill. ¿Por qué no llegaba?
Aún no llegaba con Bill debido a que las puertas de salida y emergencia estaban bloqueadas.
¿Cómo a alguien se le ocurre poner tres cerrojos y dos candados? ¿Qué clase de seguridad es esa?
Se preguntaba una y otra vez.
— ¡Esto es el colmo! —exclamó molesto. Perdió 10 minutos de búsqueda y cinco de bloqueo.
Regresó a la puerta anterior abriéndola de golpe. Escuchó el llamado de Andrew molestándose más. Quería gritar y golpear a quien se le cruzaba en el camino. Eso quería hacer, todo se estaba derrumbando.
Esos mismos deseos tenía Tom. ¿Quién era ese tipo? ¿Por qué buscaba a su pequeño? Se preguntó observando con cautela el interior del callejón. Nadie se veía, ni un alma.
Ni siquiera el alma de Bill se encontraba presente. Hace minutos que se sintió vacío, se sintió solo a merced de Tom.
—Tom —llamó y Kaulitz regresó de inmediato frente a él.
— Dime amor mío, ¿Listo para irnos?—
— ¡Bill! —una vez más llamaron. Y Tom quería matar a ese tipo.
El chico tomó su rostro e hizo que lo viera— Dime, vamos dime…. —insistía Tom, no quedaba tiempo, tenía que decidir ahora.
— Sí…—soltó causando que Kaulitz le besara la frente lentamente. Se sintió morir de miedo, estaba condenado, sabía que Andrew le buscaba y no iba a dejar que le pasara algo malo…Algo que le costara la vida.
Al mismo tiempo en que pensaba en su chico, el Detective se topó con él y le obligó a quedarse en ese mismo lugar o de lo contrario le llevarían hasta la patrulla.
El joven ojeó una y otra vez ambos caminos. Miró a William y encogió su rostro en una mueca de: Me importa un carajo.
Tom percibió las voces de aquellos sujetos y se preparó.
Mientras levantaba a Bill, de su sudadera sacó una Colt 9 mm y apuntó hacía el callejón. Al igual que Andrew también le importaba un carajo lo que pasara.
A casi 10 metros atrás, Andrew retrocedió un paso pero pronto prosiguió su carrera. Lo cual fue una pésima idea ya que al llegar al límite de la pared giró hacia su izquierda donde Kaulitz le recibió con un breve pero critico impacto de bala.
— ¡Andrew! —exclamó Bill y corrió hacía el cuerpo de su novio.
Tom al percatarse de aquello, jaló su brazo obligándolo a irse con él. Bill aceptó, no podía arrepentirse.
En medio del llanto Bill caminaba tratando de seguir el paso de Kaulitz. Soltaba uno que otro hipido al pronunciar el nombre de su amado.
¿Por qué lo hizo? Andrew no tenía la culpa de nada. Sólo él. Bill fue el que inició todo esto. Pero para el Detective, solamente Kaulitz era el culpable. De no ser por la obsesión de Kaulitz y la irresponsabilidad del cereso, la vida de Bill y de sus amigos estaría intacta.
Minutos antes el cuerpo policiaco se movilizó apresurándose a llegar hasta el joven herido, todo se volvió frustrante para William.
— ¡Steven, búscame a los otros 4 chicos! Los quiero seguros —ordenó.
— Sí, señor—
— Llévense a Andrew al hospital—
— Sí, señor—
— ¡Hey William!…—
— ¿Qué?—
— La prensa ha arribado y están un poco ansiosos—
— ¡Mierda!… solamente van a estorbar —dio un gran golpe en su cintura y junto con el Sargento Gerald regresaron por sus pasos.
Por otra parte, Kaulitz y su amado se encontraban ya cruzando la ciudad. Abordaron el automóvil y Tom manejaba con calma. Aquella calma que a Bill le hacía falta.
El llanto pronto disminuyó de nivel, pero aún se sentía devastado.
El mayor le miró de reojo preocupado. ¿Qué le pasaba? ¿Acaso no estaba feliz de estar con él? ¿Acaso aquel chico era importante para él?
— Bill, ¿Quién es ese tipo? —preguntó suavemente, no quería explotar y agredir una vez más a su pequeño. Necesitaba saber la verdad.
— Nadie —respondió lanzando un suspiro.
Andrew…
— Nadie —repitió con ironía. Detuvo el vehículo en medio de la avenida -que por suerte estaba solitaria- y le tomó del rostro— Pequeño, no me mientas… sé que me estas engañando con el…—
Bill negó con la cabeza. No engañó a nadie.
— ¿Qué querías que hiciera?… —le miró molesto— Solamente me apoyaron —mintió evitando su mirada.
— ¿Todos?… ¿Tus otros amigos también?—
Bill le miró rápidamente rogando que ninguna idea malévola los involucrara.
— Sí… pero, Tom…—observó sus mejillas percatándose de las cicatrices. No recordaba la gran cicatriz que adornaba su mejilla derecha. Acercó mano, le acarició con ternura y pronto unió sus miradas— No les hagas daño… por favor —pidió ganándose una extraña mirada de Tom.
— ¿Por qué?
— Porque ellos estuvieron conmigo en todo momento —confesó y contempló al cielo, justo a las espaldas de Tom.
— Entiendo…—asintió comprensivo— Pero mi amor, tu eres mío…—le besó ferozmente a lo que Bill contesto de inmediato— ¿Cuidaron de ti? —preguntó curioso.
¿Ellos tuvieron que ver con su huida? ¿Ellos participaron en su separación?
— Sí… te alejaron de mí… y me sentía solo—
— ¡Oh Bill!… Te prometo que NUNCA más te dejare solo —prometió para después besar su frente— Ahora… busquemos algún lugar donde quedarnos—
El menor asintió sintiendo su corazón cada vez más pequeño. Rogaba mil y una veces a Dios que le ayudase en ese momento.
Observó el horizonte y suspiró, no podía creer lo que su corazón le decía: Una milésima parte de él estaba feliz de su reencuentro.
Kaulitz aceleró y cruzaron unas 20 cuadras más, hasta que encontraron un hotel no muy acogedor. Estacionó el automóvil en lo más oscuro del estacionamiento y bajó.
Bill abrió la puerta topándose con la mano de Tom. La miró por varios segundos y la cogió. El mayor sonrió encantado.
Bill quería estar con él, y eso le hacía feliz.
Caminaron con algo de prisa y se posaron frente a dicho edificio. No era nada agradable a primera vista. La fachada contaba con manchones y garabatos de pintura. Las ventanas opacas eran adornadas por unas telas que se hacían pasar por cortinas.
Arrugó la nariz y Tom la tocó juguetón, Bill esbozó una sonrisa. A pesar de la situación, Tom podía arrancarle las que quisiera.
Ingresaron acercándose a la recepción. El encargado le sonrió al mayor y estrecharon sus manos muy sonrientes. Bill no creía lo que veía.
¿Qué no sabía la clase de persona que era Tom?
Ambos sujetos platicaron por unos minutos y entre diálogos hicieron el trámite lo más rápido que se pudo. Por ultimo dicho sujeto tomó un llavero entregándoselo a Tom.
— Quisiera cama extra —pidió el menor haciendo que Tom negara de inmediato.
— No será posible, amor… Sólo hay cuartos individuales. Además…—se acercó a él— Es nuestra noche —finalizó besando sus labios.
El menor resignándose le siguió por el pasillo, caminaba de forma lenta y pausada. Observó los pies del mayor detenerse y alzó la mirada. Habían llegado a su habitación.
Abrió la puerta permitiendo que su amado se adentrara con confianza.
La habitación lucía agradable, siempre y cuando no se prendiera la luz. Se podía apreciar una alfombra que decoraba el centro de la habitación. A la derecha se encontraba un tocador color crema, con los suficientes utensilios para el arreglo personal. A su izquierda, como a 30 centímetros estaba la puerta del baño.
Más al fondo, justo debajo de la ventana se encontraba la cama, que era cubierta por un edredón negro y contaba con varios almohadones. A cada lado de esta, dos mesitas de madera, cada una con una pequeña lámpara.
Bill suspiró abandonando su postura.
Tom le tomó de los hombros incitándolo a caminar. Entre caricias le recostó sobre la cama y sin hacer algo más peligroso se acomodó detrás de su amado, realizando una posición muy romántica.
Los minutos fueron eternos para Bill.
Se encontraba de lado, con una mano bajo su mejilla y la otra en su pecho. Inspeccionó como pudo su entorno consiguiendo quedarse inmóvil, tenía los ojos muy abiertos y respiraba de forma pausada y lenta, sintiéndose expuesto a cualquier acción e idea de su acompañante. Quien a su vez se deleitaba con el cabello del menor. Le urgía inhalar una y otra vez la rica fragancia que despedía este. Pero el problema era el peinado que llevaba su pequeño. Tomaba algunos mechones entre sus dedos para después dejarlos caer sobre la sabana.
Sonrió muy feliz. El hecho de volver a tener a su pequeño, le hacía olvidar todos y cada uno de los oscuros días sin Bill.
— Bill… ¿Estas despierto? —preguntó besándole el hombro.
— Mmmm…—contestó nervioso.
— ¿Sabes?… Me muero por hacerte el amor…—confesó garabateando sobre su espalda.
— ¿Eh?—
— En la mañana quede maravillado… te veías realmente hermoso con ese vaquero… quise tomarte entre mis brazos y no soltarte nunca más…—soltó trazando un estrecho camino de besos sobre su piel desnuda.
— ¿Vaquero?—
Sin permitirse respirar, Bill recordó lo ocurrido esa mañana.
Al bajar las escaleras se percató de una mancha negra en la ventana, pero cuando enfocó bien solamente era el arbusto. ¡Él había estado ahí! Por eso al regresar por su bolso el aroma a hierba buena que percibió en su casa era nada más ni nada menos que de Tom Kaulitz.
¿Cómo no se dio cuenta? ¿Cómo es que no le vio? ¿Cómo es que pudo salir vivo de ahí? Obviamente porque Tom le buscaba para volver a estar juntos.
— Sí, perdón por espiarte, pero tus amigos estaban ahí… y también aquel chico que te besó…—
Andrew…
— Sí…—respondió por inercia.
Su cuerpo estaba presente, pero no su alma.
Se dejó llevar por el tormentoso recuerdo de como Andrew salió de aquel callejón. Como lo miró preocupado, como miró a Tom y como su cuerpo cayó al piso.
Las lágrimas nacieron de inmediato para morir sobre la almohada.
— Aunque el este cerca de ti yo sé que tú eres mío… tú sabes que eres mío. Por eso quiero recordártelo ahora mismo —decretó.
— ¡No! —aterrado dio un brinco en la cama. Corrió por la habitación, pero no podía escapar.
Y tal como sí William se sintiera amenazado abrió los ojos algo nervioso.
Continúa…
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