Fic TWC/Billsack de Bethy Peña
Capítulo 8: Desesperación
Casi se cumplía una hora de que el centro nocturno fue vaciado por completo. Los refuerzos ya se habían retirado. Sólo el Detective y sus peones continuaban buscando sin éxito en diferentes negocios.
Bill se esfumó.
— ¿Dónde estás? —preguntó al aire sintiendo un dolor nacer en su pecho.
Algo estaba mal.
— ¡Señor!… ¡Señor! —gritó sin aliento Steven, tenía rato que intentaba comunicarse con William pero los radios-comunicadores no servían.
— ¿Qué ocurre? —se giró para ver a su peón.
— Bill está en el motel Noche Blanca —informó dicho oficial a punto de flaquear.
— ¿Q-qué? ¿Hace cuánto?—
Miró su reloj de pulsera— Desde hace unos 15 o 20 minutos…—
William no lo podía creer.
— ¡Maldición!… ¡¿Por qué hasta ahora?!—
— Pe-perdón señor, los radios están muertos—
— ¡Vamos, vamos!—
Ordeno el Detective corriendo a su patrulla. Una vez listo con su cinturón de seguridad, arrancó el motor y tomó la avenida 20 de Julio. No podían perder tiempo.
Con la sirena encendida William y sus refuerzos se abrieron paso entre los automóviles, tenían menos de 5 segundos para arribar, tenían que proteger a Bill y acabar con Kaulitz.
Pero… ¿Por qué proteger a Bill? Él se encontraba junto a Tom, el único que podía cuidar de su amado. ¿Acaso no lo veían? ¿Acaso es peligroso? ¿Creen que sería capaz de dañar a Bill?
Se preguntó Tom, pero pronto despejó su mente.
— Billy… Eres tan hermoso…—se permitió confesar delineando los rosados pezones del menor. Quien con los ojos cerrados exhibía la intimidad de su ser aún Kaulitz deseoso por hacerlo suyo. Suyo como años atrás.
— Gracias —dijo un tanto ruborizado esbozando una delicada sonrisa. Evitando recordar sin éxito como las caricias de Tom le enloquecían.
Andrew…
Sus pensamientos se aclararon y abrió los ojos. Miró a Tom quien le veía con suma ternura. Se veía tan normal cuando se permitía sonreír.
Andrew…
¿No recuerdas lo que te hizo? ¿No recuerdas sus golpes?
Se preguntó Bill dándose cuenta de la situación.
Recordó todos y cada uno de los buenos y malos momentos con Tom. Recordó cómo años atrás se le entregaba con el corazón. Recordó que Tom fue el primer hombre en su vida. Recordó que Tom le prometió felicidad…
Pero también recordó la primera pelea, el primer golpe. Recordó como sin reparar en su consentimiento abuso de él. Recordó sus celos, sus enojos, sus arranques de ira.
Lo recordó todo y moría por ser rescatado, no quería sufrir una vez más…
Sabía que Tom era bueno, lo sabía, pero muy en el fondo la obsesión esclavizaba su ser.
Unió sus miradas e intentó soltarse del agarre del mayor.
— No temas… sabes que jamás fui un bruto contigo…—
— Sí lo fuiste…—le echó en cara y Tom giró la vista.
Tenía razón.
El día era sin duda alguna el mejor del mes. Bueno, para algunos.
Los rayos del sol no llegaban a su destino. Ya que una espesa sabana de nubes cubría casi toda la ciudad. El cielo amenazaba con llover y eso le emocionaba más a Bill.
Sobre la calle principal de una pequeña colonia se podían escuchar las preguntas curiosas de un joven.
Bill se encontraba en la casa de Jeff, desde que se mudaron y llegaron a Winnipeg intentó socializar con los vecinos, pero hasta el momento sólo pudo congeniar con el mencionado.
¿Pero qué hacía con él?
Como bien sabían los dos, Bill era una pesadilla en la cocina. Por eso pidió su ayuda para mejorar un poco en dicho problema.
Tenía un plan en mente. Y quería prepararse muy bien para este atardecer. Faltaban unas 8 horas como mínimo. Aún tenía tiempo.
— ¡Oh! ¿Entonces, sí lo dejo mucho tiempo, se quema? —preguntó mirando con recelo el sartén caliente.
— Sí, tienes que procurar que se frían unos 2 o 3 minutos, no más —indicó el muchacho mostrando ambos lados de una milanesa. El aceite huía de la pieza, se dejaba caer muy urgido sobre el sartén.
— Entiendo —entrecerró los ojos algo aturdido— ¿Y qué hay de la sopa?…—señaló la olla continúa y acercó su vista.
— Tiene que hervir y para que no se pegue, con ayuda de una pala o algo, mueves el fondo y «raspas» un poco…—
Asintiendo lentamente para entender todo, exhaló saturado y miró la mesa donde se encontraban unos moldes de panecillos a punto de entrar al horno— ¿También haces postres? —preguntó leyendo el pequeño recetario sobre la mesa.
Jeff asintió y, dejando a flama baja el sartén, cogió un puñado de harina e intentó empolvar a Bill, quien al notar aquella maldad salió corriendo hacía el jardín.
Una vez que se sintió a salvo, se giró sobre su eje para después soltar una carcajada al ver que Jeff se encontraba embarrado en el suelo con la cara bañada de dicho polvo.
— ¡Tonto! —Gritó divertido pero al ver la expresión de su amigo, giró la vista a su derecha donde un joven de estatura elevada lo miraba con coraje— ¿Tom? —alcanzó a llamar al mismo tiempo que entendió la situación.
Sin dudarlo, echó a correr hacía el interior de su casa. Cruzó la calle y agradeció su torpeza por dejarla sin seguro. Divisó hacia atrás para verificar que tenía ventaja sobre Tom pero… se equivocó.
La bolsa de compras de Tom, fue olvidada en la acera. No le importó dejar botada su billetera y el paquete que traía.
— ¡¿Qué hacías con él?! —preguntó el mayor enfurecido al momento de alcanzar al chico, le jaló de forma brusca que le hizo caer de bruces al suelo.
— No… To-Tom, sólo quería un consejo…—se apresuró a contestar Bill, sabía que cuando Tom se enojaba no le iba nada bien.
— ¡¿DE QUE?! —
— ¡De cocina! —gritó el menor a punto de romper en llanto.
— ¡Te he dicho miles de veces que no hables con él! ¡¿Acaso me engañas con él?!—
— ¡No, Tom…!—
— ¿No?… ¿Entonces?—
— Yo… solamente quiera preparar algo de comer —confesó en medio del llanto.
— ¡Para eso está la comida rápida!—
— ¡Perdón!…—miró aterrado la víctima a su agresor, pero algo no cuadraba— ¿Qué…que haces? —preguntó al verlo desabrochar su pantalón.
— ¿Qué haré?… recalcarte quien es tu dueño —sentenció acercando una mano hacia el menor.
— ¡No…! ¡No Tom! —Chilló levantándose para correr planta arriba— ¡No lo hagas!… ¡No, detente! —gritaba una y otra vez corriendo por doquier.
— ¡Ven aquí! —exclamó Tom derribándolo. Le azotó contra el piso y su peso cayó sobre el frágil cuerpo de Bill.
Sostuvo sobre su cabeza ambas manos y tiró de su vaquero, se apresuró a quitarle sus prendas íntimas y de mala forma se aprovechó de su ser.
Con el vaquero en los tobillos y su bóxer sobre sus rodillas, Tom le dio vuelta deleitándose con su intimidad. Sonrió con morbo y pronto se despojó de su gran pantalón.
Tomó con ganas su miembro que sin mucha dificultad ya se encontraba despierto, listo para continuar. Colocó la cabeza sobre la entrada del menor y presionó.
Todo era placer. Todo se sentía tan exquisito. Jadeó al penetrarlo por completo y se recargó sobre su espalda.
Los gritos de Bill le excitaban aún más.
— ¡Me duele!…. ¡Tom! —chilló con fuerzas tratando de evitar que continuara.
El mayor sonrió gustoso y comenzó con un poco delicado vaivén. Destrozando por dentro al pequeño.
Tom asintió recordando aquel día. El día que ninguno de los dos olvidará.
— Lo sé, pero sólo fue una vez… ese día me enoje por nada…—
Bill hizo una mueca y parpadeo varias veces. No quería llorar.
— Ese día iba a ser especial —confesó después de un beso— Ese día cumplíamos un año de estar juntos —recalcó.
— ¡Oh, Mi amor! —Acarició su vientre— Perdóname, soy un imbecil. Jamás debí acercarme a ti—
— No digas eso —pidió Bill mirándole con molestia— Jamás se te ocurra decir eso, otra vez—
— Pero es cierto, arruine tu vida…—
— De cierta forma, pero la salvaste…—respondió acariciando los cabello necios de Tom.
— Eres todo para mí, pero no puedo tenerte…—
Bill abrió los ojos, un tanto sorprendido y aliviado— Entonces déjame ir… por favor —suplicó tomando las manos maltratadas de Tom. Las sintió extrañas, le miró llevándose una sorpresa al ver las cicatrices que tenía a lo largo de su palma— Tom, déjame ir…—pidió nuevamente.
— No mi amor, no quiero perderte una vez más—
¿Pero que decía? Hace unos segundos dijo todo lo contrario.
— Pero…—
— ¡NO!…—soltó una bofetada sobre su mejilla— No, sin ti estoy perdido —murmuró reparando en Bill que se tapaba la piel maltratada, retiró su mano y le besó inmediatamente para calmar la situación. Pero Bill le evadía… no quería sentirlo ya.
— ¡Déjame!… ¡Tom, déjame!—
— No, no, no… Perdón mi vida… perdón —le envolvió con fuerza obteniendo sumisión, Bill necesitaba tranquilizarse.
Permanecieron así unos segundos, quizá varios minutos. Todo estaba en calma, sólo se escuchaban las respiraciones de ambos y podían sentir los latidos de sus corazones.
De la nada, un peculiar sonido llegó a oído de ambos. Las sirenas de patrulla se percibían a lo lejos, Kaulitz no les dio importancia pero su chico sí, sabía que el Detective William le buscaba.
¿Ahora qué hacer? ¿Cómo huir de Tom? ¿Cómo salir con vida de ahí?
— ¿Tom? —llamó removiéndose un poco.
— ¿Sí?… ¿Ocurre algo? —preguntó ansioso preocupándose por su repentino cambio después de escucharse las sirenas.
¿Es el estúpido de William que viene por ellos? Preguntó Tom mentalmente haciendo más presión sobre su amado.
— Necesito ir al baño…—informó empujando su cuerpo para poder levantarse.
— ¡Oh!… —suspiró aliviado— Pensé que…—sonrió sin terminar la oración y asintió.
— ¿Qué? —Bill le miró sonriente, pero estaba más nervioso que el mismo Perro Coraje.
El mayor se incorporó y acarició su cabello— Nada mi niño… apresúrate. Quiero hacerte el amor —sonrió feliz contagiando al menor.
— Ok…—aceptó y fue libre de entrar al sanitario. Claro, no sin antes cubrirse con algo… una camisa o algo.
Continúa…
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