Fic TWC/Billsack de Bethy Peña

Capítulo 9: Engaño

Al entrar en aquel reducido, desarreglado y antihigiénico baño, la sonrisa que decoraba su rostro desapareció más rápido de lo que había nacido.

¿Qué hago? –se preguntó en silencio mirando cada rincón de aquel cuarto. Trataba de controlar su respiración, pero no podía. El tener a Kaulitz al otro lado de la pared le hacía temblar.

Se acercó al W.C y tiró de la cadena sólo para tener más tiempo.

Fuera de ahí, Tom se encontraba recostado sobre las almohadas. Con sus delgados dedos jugaba con el celular de su pequeño. Le dio de vueltas por los aires para después entrar a su contenido.

Llamadas. Mensajes. Galería.

Tocó la pantalla táctil del dispositivo e ingresó a la galería. La pantalla se puso en negro para después mostrar la gran mina de fotografías.

Mientras Tom husmeaba, Bill caminaba en círculos dentro del baño.

Alzó la vista encontrándose una diminuta ventana sobre el W.C. La curiosidad ganó y con ayuda de un espejo roto, que estaba en el piso, divisó que era lo que se encontraba fuera de este. Se paró de puntitas y pudo observar que daba hacía un callejón.

Sólo había unas cajas y tenía casi dos metros de altura. Con sumo cuidado, fue quitando los pequeños cristales que quedaban en aquel marco. Esperaba que resultara tan bien como su plan anterior.


Sera mejor que lleve un paraguas –dijo Tom mirando por la ventana.

Llévate una chaqueta –sugirió Bill abrazando con una extraña fuerza la cintura del mayor.

El día estaba nublado, la lluvia pronto caería. A pesar de estar en primavera las lluvias eran frecuentes y eso le daba gusto a Bill.

Después de elegir que chaqueta combinaba bien con su vestimenta, Tom se fue de ahí, no sin antes besar con ganas los labios del menor. En cuanto se marchó la casa se sintió vacía. Sólo se escuchaba el trinar de canarios en el jardín. Su cabellera se movió de un lado a otro, miraba un tanto alertado y corrió al ventanal derecho, la misma dirección que Tom tomó.

La calle estaba solitaria, ni un alma se veía. Suspiró entre-cortadamente sintiendo sus ojos cristalizarse.

Intento ahuyentar aquellas lágrimas y se apresuró a llegar planta arriba para hacer una llamada.

¿Estás listo? –preguntó sin saludar.

Sí, ¿Y tú? –el receptor asintió con un sonido.

Listo –confirmó observando desde el balcón.

Sólo el sonido de llaves bailar se escuchó.

La camioneta esta lista, así que será mejor que lleves algo de comida—

¡No tengo tiempo para eso! –exclamó golpeando el barandal, produciendo un ruido molesto para sus oídos. Tomó con fuerza el fierro e intentó calmar su vibración.

Entonces la llevo yo –balbuceó haciendo caso omiso a la reacción del pelinegro.

Sólo espérame en la estación, llegaré como en tres o cuatro minutos…–contempló una vez más el horizonte.

¿Estás seguro?

Completamente.

Finalizó y desde su ubicación vio como Jeff salía casi corriendo y trepó a su camioneta. Bill le vigiló desesperándose por no arrancar el motor, cuando al fin el muchacho lo hizo, aceleró perdiéndose en el tráfico de la avenida.

Las piernas del pelinegro le traicionaban poco a poco, las sentía flojas, inquietas y algo temblorosas. Caminó como pudo hasta la puerta principal. Pero antes de llegar se detuvo en su habitación. Aquellas cuatro paredes que compartía o dejará de compartir con Tom.

La cama cubierta por un ligero edredón color crema hacía que el interior se encontrara más iluminado. Aquella cama que fue testigo de las tantas caricias, besos, juegos, risas, y sobre todo, de todas las noches llenas de amor y placer.

Enchinó los ojos buscando un motivo más para salir. Pronto encontró la pequeña mancha de sangre en el papel decorativo de la pared.

Exhaló decidido y bajó sin hacer caso en los bellos recuerdos que rogaban a gritos que se detuviera y pensara las cosas.

¿Pero porque? ¿Por qué continuar viviendo con Tom? ¿Por qué continuar con esta pesadilla? Está bien, no fue pesadilla del todo. Pero aun así, tenía que regresar con su familia. Tenía que volver a vivir como años atrás lo hacía.

Arrancó la sudadera que le esperaba en el respaldo del sillón y salió por la puerta. Avanzó unas cuantas cuadras más y llegó a la estación. La camioneta de Jeff se encontraba al final de esta.

Siguió su camino con suma tranquilidad, o quizá eso era lo que aparentaba. Las miradas sobre su nuca no tardaron en sentirse provocando que los nervios aumentaran de nivel, ¿Sera que la gente le miraba, o eran imaginaciones suyas? Realmente no lo sabía.

Alzó la mirada y esquivó a varias personas, le sonrió a uno que otro conocido y se disculpó con un señor. Buscó ubicarse y sonrió al ver la Ford negra de su cómplice. Sólo faltaban unos cuantos pasos más y listo.

Disimuladamente dio un vistazo al interior y Jeff le hizo señas para que se apurara.

¡Vamos! –exclamó Bill y su acompañante arrancó haciendo que las llantas chillaran un poco.

La discreción ante todo.

Las personas cercanas sólo atinaron a encogerse del susto, el ruido producido fue el más molesto de aquella mañana. Algunos observaban la carrera de aquellos jóvenes, pero le restaron importancia.

El parabrisas fue golpeado por la delicada brisa que caía del cielo. La tensión en el vehículo era incomoda. Después de unos diez minutos de viaje, Jeff meditó durante ese tiempo el lugar indicado para dejar al menor.

Te dejaré en la frontera—

¡No! –respondió automáticamente sin verlo.

Pero Bill…—

¡Pero nada! Sólo déjame en la siguiente ciudad –exigió.

Pero…–insistió una vez más.

¡Jeff! –llamó con amenaza, sus ojos estaban casi fuera de control. El joven tragó pesado y Bill se relajó– No me gustaría que te haga daño. Sí sabe que me ayudaste…

No importa –confesó seguro.

Sí importa… tu no lo conoces –dijo consiguiendo silencio. Era cierto, él no lo conocía. Sólo sabía su nombre gracias a Bill, pero de ahí en fuera, nada.

Jamás tuvo la oportunidad de charlar con él. Las únicas veces que se vieron, Tom le miraba con desprecio.

De acuerdo –declaró derrotado.

Se removió en su asiento sin quitar su vista de la autopista. Pero a cada minuto se aseguraba que ningún Cadillac amarillo apareciera por ahí.

Tom no debía saber nada.

Ten el valor…–se dijo a sí mismo mirando algún punto de la pared. Soltó el lavabo mirando de pies a cabeza. Suspiró aliviado al ver que únicamente tenía la gran camisa de Tom, la cual tomó antes de entrar al baño. Regresó su vista a la ventila y asintió decidido. Es ahora o nunca.

Mientras tanto, en la cama, Tom sonreía muy gustoso, no por el hecho de escuchar el agua correr sabiendo que Bill se estaba preparando. Sino por algo malévolo que minutos atrás había hecho.

Ingresó a la mensajería y leyó por quinta vez el mensaje que había enviado a Raquel.


«Estoy en un puente, vengan por mi»

El mensaje llegó a oídos de William en ese momento. ¿Qué hacía Bill en un puente? ¿Cómo llegó a dicho lugar?

Detuvo su patrulla frente a una comisaria— ¡Hey, Steven! Solicitaré unos refuerzos, pide ayuda para que busquen en TODOS los puentes de la ciudad a Bill y rastréame su número—

Sí, señor—

Dicho y hecho, William se adentró y el oficial continuó con lo pedido. Después sacó el dispositivo portátil para rastrear el móvil. Pero algo no cuadraba. Sí Bill mandó ese mensaje, ¿Por qué su móvil sigue en motel Noche Blanca?

Salió de la patrulla y corrió con el Detective, tenía que avisarle.

Pero Steven no fue el único que salió corriendo. Justo a cien metros del motel Noche Blanca, una figura delicada, corría despavorida a mitad de la avenida.

Bill corría a todo lo que podía. Tropezó cayendo de rodillas, poco le importó el raspón que se ganó. Escuchaba las sirenas cada vez más cerca. ¡Ahí estaban! Se apresuró a llegar al cruce. Sólo faltaban unos diez metros, no era mucho.

Sonrió aliviado y giró hacia atrás para verificar que estuviera a salvo. Pero no fue así.

¿Pero porque no fue así? Cuando salió pasó muy cerca de la ventana y vio que Tom estaba muy relajado sobre la cama. ¿Por qué no estaba solo?

Sin que él lo supiera, Tom entro al baño después de ver el celular. Quería sorprender a su pequeño y hacerle el amor bajo la lluvia. Pero cuando corrió la cortina, se encontró con la ducha abierta y cristales en el suelo.

¡Bill no estaba!

Sin dudarlo, corrió a tomar la ropa del menor y salió de la habitación sin siquiera cerrar el grifo. El encargado se alarmó al ver a Tom salir hecho mil demonios. Le vio aventar sus cosas dentro del vehículo y como se congeló al ver que una silueta corría sin dar tegua. Dicha silueta, se situó bajo la farola y el físico de Bill fue iluminado.

La duda le entró sin saber qué hacer, sólo una idea loca cruzó por su mente, pero no tenía otra escapatoria.

Llegó al límite la acera y se atravesó, las luces bi-colores le cegaron, no podía ver muy bien. Pero quien sí veía, fue la patrulla que encabezaba aquel convoy, el oficial se dio cuenta de cómo se atravesaba el muchacho; en un acto de buenos reflejos maniobró de forma que su puerta quedara frente a Bill.

El corazón del recién encontrado se detuvo escasos segundos, sintiéndose morir ante tal acontecimiento.

¡Ahí está! –exclamó para llamar la atención del oficial, señaló hacia donde Tom venía persiguiéndole y, entre un intento de no mirar buscó al agresor pero no lo encontró.

¿Dónde estaba? Se supone que venía tras él, ¿No?

¡Estaba ahí! ¡Ahí! –el oficial con arma en mano le indicó que se aproximara con cuidado, se acercó para verificar que nadie se acercara. El Detective William salió de su patrulla y Bill chilló una vez más– ¡Ayúdeme por favor! –rogó y William no supo que hacer, salvo abrazarlo.

No supo en que momento su alma escapó de su cuerpo, porque cuando tuvo a Bill en brazos, sintió que pudo volver a respirar y pudo relajarse. El protegido sólo aferraba con ansiedad la camisa azul de William, buscaba controlar su respiración, pero no podía.

¡Brian! –llamó a su colega quien por cierto había llegado media hora antes. El solicitado salió de la tercer patrulla, trotó hacía ellos– Llévalo con los demás –pidió soltando sin querer al pequeño.

De acuerdo –asintió ofreciendo su mano a Bill.

¡No, Andrew! –chilló mirando fijamente a William. Quería saber que ocurría con él. ¿Cómo estaba?

Tranquilo, tenemos que ir con el –comentó Brian tomando su brazo e insistió que lo acompañara.

William observó cómo su colega se lo llevaba, miró hacía todas partes sin darse cuenta de que en el camino que tomó Bill, un automóvil viró rumbo al sur para después girar a la derecha.

¡Él le disparo! –escuchó a lo lejos y suspiró.

Lo sé, ahora mismo le están atendiendo –dijo Brian para tranquilizarlo.

Sin mucha batalla ni ganas, caminó junto con el joven y se adentró a la parte trasera de la patrulla. En cuanto el vehículo partió hacía el hospital, otro se veía a dos cuadras.

El Detective se posó a mitad de la avenida. Bill estaba seguro, ya lo tenían. Pero el problema no era ese, el problema crecía.

¿Por qué? Porque no sólo Tom había perseguido a Bill, sino que también lo secuestró y eso indicaba que podía hacer cualquier cosa con tal de tenerlo otra vez. Era más que obvio.

Suspiró perdiéndose en sus pensamientos. ¿Por qué todo esto le tiene que pasar a Bill? ¿Por qué a él? Jamás le hizo daño a nadie, ¿Por qué Dios se ha encargado de lastimarlo? ¿Acaso es una prueba, o algo así?

Quería responder cada una de sus preguntas, pero su celular le hizo romper aquel cuestionamiento.

Dime—

Señor, Bill se está desplazando…–informó pero William negó sin importancia. Ya no había que preocuparse de aquello.

Sí, Brian se lo llevó. Van para el hospital—

¡No señor! –Exclamó el oficial al otro lado de la bocina– Se está dirigiendo hacía usted

En ese momento su respiración se detuvo, escuchó un auto a velocidad a sus espaldas y se volteó. Las luces le cegaron y el intentaba ver que no era Brian.

Pronto el sonido de aceleración le hizo reaccionar. Un Cadillac negro atravesó la pequeña abertura que había entre las patrullas. Era Kaulitz quien en un intento de arrollar al Detective aceleró con determinación. William atinó a correr lo más rápido que pudo lanzándose al suelo para esquivar las llantas que por poco le pasaban encima.

Desde el suelo pudo ver como Kaulitz le miraba con desprecio y coraje, el Detective quedo en shock, estuvo a punto de ser arrollado y no era menos decir que Kaulitz quería matarlo. Observó como el vehículo continuó su carrera violando las reglas de tránsito.

Cuando al fin el Cadillac desapareció William se levantó saliendo del estupor.

¡Mierda!…–Gritó sabiendo el gran error que había cometido. Corrió a su patrulla y se percató del gran raspón que tenía, poco le importó y movilizó a sus refuerzos. Arrancó el motor y aceleró para seguir la pista de Kaulitz. Tenían que atraparlo sí o sí.

Continúa…

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por Bethy Pena

Escritora del Fandom

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