
Fic TWC/Billsack de Bethy Peña
Capítulo 22: Epílogo (P.2)
— ¿Tom? –Llamó el menor girándose lentamente para verle con una mirada perdida– ¿Tomy…? –alzó sus manos extremadamente delgadas y pálidas a su rostro. Sus uñas delinearon un diminuto camino por sus mejillas y lo miró buscando algo en él que le dijera que ahí estaba Tom. Que Tom por fin había llegado en su búsqueda– ¿Mi amor? –Acercó su rostro un poco más– ¿Tomy?…
— No…soy Andrew. Andy…–mencionó esperanzado. Le miró a los ojos buscando encender la llama que hacia brillar sus ojos, pero no la encontró. No la encontró en aquel lago cubierto por tinieblas.
— ¿Andy?
— Sí…soy yo –sonrió sin evitar que las lágrimas brotaran alegres, asió sus manos y las acercó a su boca para besarles. Por fin Bill lo reconoció.
— ¿Tom?
— No…Andy…
— ¿Por qué no has venido, Tom?…–Bill abrió los ojos desilusionado. Tom no estaba ahí. Tom lo engañó. Le prometió que a pesar de estar separados él vendría en su búsqueda, para estar siempre juntos. Juntos contra el mundo.
— ¿Por qué mencionas a ese idiota? –demandó Andrew dolido. Su garganta se cerró de golpe mostrándose totalmente vulnerable. Las lágrimas opacaron su vista por unos segundos para después caer por el largo de sus mejillas. No dijo nada más, no emitió sonido alguno, sólo sus respiraciones eran las únicas que se escuchaban. Los sonidos del ambiente también.
Aquel tormentoso silencio reinó cuanto quiso, las manos de Bill seguían sujetadas haciendo que las lágrimas de su antiguo amor le humectaran poco a poco su piel templada.
Parpadeó contadas veces logrando asimilar el rostro de aquel muchacho, le contempló con tristeza, ¿Por qué lloraba? ¿También extrañaba a alguien? ¿Deseaba con todas sus ganas que alguien a quien ama regresara?
Pero… ¿Por qué lloraba por alguien más sí le tenía sujetado de las manos? ¿Quién era él, para que le presenciara de esa manera? ¿Quién fue la causa de sus lágrimas? ¿Qué significaban los besos que le había regalado escasos minutos?
Le detalló profundamente, inhalando inclusive el aroma que despedía… enderezó su rostro y sus ojos se agrandaron. Andrew estaba sentado frente a él, llorando por él, mostrándose totalmente derrotado por primera vez ante sus ojos.
Andrew… Andrew estaba aquí…después de tantos días complicados estaba aquí. Después de herirle y casi atentar contra su vida… estaba aquí. A pesar de todo ese infierno, estaba presente demostrando que aún le quería. Pero eso no era suficiente, no lo era. ¿Cómo, después de jurarle su apoyo incondicional y amor eterno, como se atreve a posarse frente a él después de obligarlo a estar en un lugar como este? En un hospital mental.
— Andrew…–mencionó totalmente serio.
— Sí…soy yo.
— ¿Me amas? –cuestionó seguro de la pregunta. Necesitaba saber la verdad.
— Obvio que sí cariño… ¿lo dudas? –se miraron por largos segundos y Bill negó.
— Mientes…
— No Bill… no miento.
— ¿Entonces porque estoy aquí? –rebatió liberando una de sus manos para sujetar algo sobre su cuello.
Las sirenas policiacas retumbaban por las calles de la ciudad, una emergencia debía ser atendida inmediatamente, pero que va… no era una “emergencia”, era un llamado de “Auxilio”.
Pasando como sí el “demonio” se lo llevara, William aceleró determinado. La luz roja no podía impedir su camino, no esta vez.
Después de unos tortuosos tres minutos de travesía, arribó al suburbio que permitía que sus inquilinos se escondieran temerosos, que buscaran refugio sí se podía. Esto no era para nada sencillo.
— Eres mío… ¡Mío y de nadie más! –se escuchó aquel grito por la calle principal. La patrulla se detuvo y con suma rapidez el Detective William cruzó la puerta de aquella casa. La casa de Bill.
Al ingresar sintió como su ser se vino abajo, su respiración y pulso se detuvieron un segundo para después normalizarse poco a poco. Bill se encontraba de espaldas a él, ni cuenta se dio de la sirena, mucho menos de su presencia. Alguien se posaba frente a él de rodillas, el pelinegro susurraba cosas que no pudo descifrar. Guardó su arma y desabrochó su camisa, sólo el primer botón, aquel que en estas situaciones le incomodaba.
— Amor… Bill baja eso… por favor –rogó Andrew estirando su mano para tomar aquel cuchillo e intentar alejarlo unos centímetros.
— ¡NO!…–exclamó su novio haciendo más presión, a tal punto de casi atravesar su piel. Sí Andrew no era suyo…de nadie más iba a ser.
— Baja eso…Bill, por favor –pidió William provocando que Bill flaqueara un instante, viró su vista y desafío al Detective. William elevó sus manos mostrándole que no haría nada, no estaba armado, así que no era una “amenaza”.
— ¡No lo haré! –sentenció sosteniendo la hoja metálica sobre el cuello de su novio. El menor le miró hastiado y regresó con Andrew. Quien supo desde hace ya varios minutos que esto no acabaría bien.
— Bill, óyeme bien…–pidió el Detective alzando de nueva cuenta sus ambas manos sobre el aire, dándole a entender… o queriéndole decir que no haría nada para lastimarlo– Hey, mira… sí bajas el cuchillo, te prometo que nada saldrá mal…—
Dijo rogando a Dios que así fuera. Espero unos segundos pero Bill no cambió de parecer, continuaba observando como la piel de su amado contrastaba perfectamente con aquel metal. Humectó sus labios un tanto encantado. Andrew era suyo… y como suyo lo disfrutaría hasta el fin.
William buscó la mirada del sometido, y entendió que Bill no recapacitaría, mucho menos quitaría eso de su cuello. Se sobó la nuca buscando que hacer, dio sin querer la espalda a los chicos y se percató de la presencia de los trabajadores de YMH, con un ligero meneo de cabeza les hizo entender que no sería gratificante que Bill los viera.
Llevó sus manos a sus bolsillos y su “salvación” la tenía ahí. Pidió disculpas a su esposa mentalmente. Era su regalo de Aniversario, pero esto es más importante— Bill… Bill, mira lo que encontré. Mira…–sacó una pequeña cajita…una cajita misteriosa, Bill bajando la guardia, giró su cuerpo unos cuantos grados para ver de qué diablos hablaba.
— ¿Qué es eso?
— ¿Te gusta? –mostró su contenido y Bill se maravilló. Aquel dije era sin duda alguna precioso– Se le ha caído a Andrew…es para ti.
— ¿En serio? –sonrió de par en par y rió un tanto ruborizado.
— Claro… así que te pido que bajes esa cosa, lo sueltes y así podrá ponerte este hermoso collar.
Bill dudó unos segundos… segundos que fueron una eternidad para ambos sujetos. Andrew sentía su piel arder contra el metal, y William tenía los nervios inquietos. Tenía que apartar a Andrew para que los enfermeros lo sometieran.
— Mi amor…es bellísimo –confesó botando por alguna parte de la sala el cuchillo y besó los labios de su amado– ¿Cómo supiste que el Azul es mi favorito?
— L-lo supe desde que te conocí…–respondió casi anonado el mayor. Como pudo se levantó, tosió contadas veces y respiró profundamente.
— ¡Oh Andy! –saltó en su lugar alzando la cadena detallándola a fondo, se giró hacia el antes agredido pidiendo en silencio que se lo colocara.
— Ammm claro…–se posó a sus espaldas, ya que William por medio de señas así se lo pidió. Inhaló sintiendo sus piernas temblar, pasó por su cuello la fina cadena y la cerró detrás de su nuca, en ese mismo instante tres hombres con una camisa de fuerza aparecieron sometiendo al menor.
— ¡¿Pero qué?!… ¡¿Qué están haciendo?!
— Tranquilo Bill… sólo te están…
— ¡No! ¡No, Andrew!
— Bill, amor… tranquilízate –pidió Andrew tapando boca y nariz con sus manos. El hecho de presenciar aquella escena era lo más cruel y duro que había.
— ¡Andrew, no dejes que me lleven!
— Es por tu bien
— ¡No mi amor…! ¡Yo te amo!
— Yo también, pero es lo mejor –respondió el chico a punto de flaquear, sus fuerzas huyeron de su cuerpo obligándolo a soportar los gritos de ayuda que liberaba Bill.
Cerró los ojos tratando de ignorar el sufrimiento de su amado…de su chico.
— ¡No mi amor! ¡Yo te haré feliz! –gritó haciendo que William recordara el día que el pequeño tuvo que reconocer a Kaulitz. Quedándose en un incómodo trance.
— Por favor, apresúrense… ¿no ven que está sufriendo? –las lágrimas corrían por sus mejillas, Bill sufría y además de eso se sentía entregado a un mundo sin Andrew.
— ¡NO!… ¡Andrew! –el menor forcejeó una y otra vez. ¿Por qué Andrew le hacía esto? ¿Por qué?
Las luces le cegaron por completo al ser obligado a salir de su casa. Luces blancas y rojas…
La multitud que rodeaba los vehículos no podía creer lo que veían.
— ¡Andrew! –gritó con todas sus fuerzas hasta sentir su garganta arder. Las puertas de un vehículo grande y blanco se abrieron. Pataleó evitando ingresar a aquel reducido espacio. El color metálico y la colchoneta no le agradaban para nada. Ya que sólo significan una cosa.
— Andy…Andy…–llamó con la voz apagada incontables veces a su amado. Desde la ventanilla observó cómo su novio era atendido por los paramédicos. William unió su mirada con la suya y negó frustrado.
— Por tu bien…–enfatizó acariciando su mano. Hace meses que no las tocaba…
— Tom…–mencionó una vez más mirando al horizonte.
Tom no regresaría, nunca más.
Andrew asintió sabiendo que ya no había vuelta atrás, acarició su rostro perdido y besó sin esperar respuesta sus labios resecos— Bill, me tengo que ir…—
— Tom…—
— Adiós…para siempre—
Se levantó con lentitud esperando que Bill reaccionara, pero no fue así. Llamó a la puerta y el enfermero le abrió vigilando al chico.
Regresó por el pasillo cabizbajo. Recordó una y otra vez los sucesos que habían ocurrido en los meses atrás y en Bill. Bill estaba perdido. No se percató del cuándo llegó a la sala de espera. Sólo supo que William le recibió de pie.
— ¿Qué dices ahora?—
— No puedo con esto…–confesó tapando su rostro. El hecho de ver a Bill en esa condición le destrozaba el alma. No podía creer que por culpa de aquel intento de viaje todo, ¡Todo se fue a la mierda!
— No puedes hacerle esto…–dijo en voz suave.
— ¡Pero…! –William asintió comprensivo.
Está decidido.
— Vámonos…–abrazó por el costado al muchacho y salieron juntos hacia el estacionamiento.
El sol se ocultó triste tras las nubes, el cielo lloraría por el amor de estos dos jóvenes. Aquel amor que ya nada puede rescatar. El viento danzaba gustoso con las arboles ignorando que su participación sólo hacía más inconsolable su partida. Por el camino que atravesaba el jardín, Andrew buscó ubicar la habitación de Bill. No tardó mucho en encontrarla… era la única que de aquel edificio que se mantenía con las ventanas cerradas.
Dentro de aquella habitación, detrás de la cortina crema, Bill esperó el momento adecuado para ver como Andrew se marchaba.
Andrew se iba para siempre.
Encogió su rostro en una mueca de dolor, se quedaba solo. Esta vez sería por su culpa. Elevó su vista opaca y las lágrimas cayeron por su piel.
¡Pero un segundo! ¿Acaso valía la pena perder la oportunidad de recapacitar y pensar detenidamente todo lo que vivió con él? Por supuesto que no.
¿Por qué se permitía hundir en esta depresión que no servía de nada? ¿Por qué dejarse a merced de la obsesión que hasta hace un año le asediaba? ¿Por qué, después de tropezar con la misma piedra, se dejaba doblegar con algo que casi acababa con su vida? ¿Por qué? ¿Por qué no se daba cuenta de que lo único que hacía era cerrarse en un mundo gris? Un mundo gris rodeado de recuerdos inservibles, recuerdos que no valían la pena conservar.
¿Por qué no se atrevía a superar esta prueba y luchar por su felicidad? ¿Por qué no abría los ojos y se daba cuenta de que lo único que hacía era alejar cada vez más a Andrew? Porque eso es lo que hacía, se envolvía en su melancolía haciendo caso omiso al gran esfuerzo que Andrew dedicó y dedicaba cada vez que decaía en esta absurda tristeza. Tom no valía la pena perder al hombre que a pesar de la situación y de sus acciones siempre vio por su bienestar. No lo valía… ¿O sí?
— No…No lo vale…–dijo perdiendo de vista al muchacho– ¡No lo vale!… ¡No!—
¡Eso es todo!
Corrió a la puerta, pero estaba cerrada. Gritó llamando al enfermero… a alguien. Debía detener a Andrew.
— Hey… ¿Qué te pasa? –curioseó el enfermero sonriente lo cual hizo enfurecer al menor.
— Abre la puerta… por favor.
— Pero tu salida es hasta las 5:00 pm…
— Déjame salir… ya reaccioné… he vuelto a la normalidad. ¿Lo ves? –Alzó sus manos mostrando lo obvio, el enfermero le miró preocupado– ¡Déjame salir!—
— No Bill… —
Miró por la ventana… ¿Qué podía hacer?
Andrew también se preguntaba eso… ¿Qué podía hacer?
— No volveré…–declaró arribando al automóvil del Detective.
— Ya te dije que lo pienses… no puedes decirlo así porque sí—
— Ya lleva 9 meses así…Bill no mejora en nada. Bill está perdido –Se recargó sobre el cofre de la patrulla y negó lentamente. Exhaló alzando la mirada, miró hacia las instalaciones de YMH y se dio cuenta de que la ventana de Bill estaba abierta.
— No lo dig…
— ¡Andrew! ¡No te vayas! –grito una voz a escasos metros de ellos.
— ¡¿Bill?! –preguntaron al unísono al ver al muchacho llegar corriendo en bata, paso de largo y llegó con su amado. Le estrechó con fuerzas y sollozó sobre su pecho.
— No Andrew… no puedes dejarme… Yo te amo –suplicó casi sin aliento y enterró sus uñas en la espalda de Andrew.
El joven cerro los ojos… esto va de mal en peor.
— No Bill… es mejor que…
— No me dejes…–suplicó con la voz cortada.
— Oh Bill… vamos, te llevare a tu habitación –asió su brazo instándole a seguirlo, pero Bill se soltó.
— ¡No! Andrew… yo te amo. Sé que estos últimos meses te hice daño… desconfié de ti… atenté contra tu vida. Lo se… y me arrepiento de todo. Tom no vale la pena perderte. No lo vale…—aferró su chaqueta rogándole con la mirada que creyera en su palabra.
— Bill…–nombró totalmente estupefacto. ¿Qué decía? ¿Estaba consciente de lo que decía? ¿Bill volvió? El menor sacudió contadas veces su cuerpo, exigiendo que le creyera. Que por una jodida vez le tomara en serio.
— Bill, espera…–el Detective se le acercó investigando atentamente sus ojos– Bill, dime lo que piensas y deseas hacer.
— Olvidar todo… olvidar todo lo que viví… olvidarlo para estar junto a Andrew. Reparar el daño que le he hecho y además… demostrarle que él vale mil veces más que Kaulitz –recalcó con desprecio. William se sorprendió al escuchar aquella palabra: Kaulitz.
Enfocó su mirada, deleitándose aquellos ojos que le hacían casi casi someterse. Aferró sus hombros y parándose de puntitas logro elevarse lo suficiente para que su amado le creyera— Andy… mi amor… Tú vales más que él. Más que mi propia vida incluso…
El mayor de los tres calló escasos segundos, sólo para ver que hacía o decía Andrew, quien no dejaba de admirar a su chico, negó por los aires incrédulo y se enfocó al menor— ¿Deseas seguir adelante, luchando por su felicidad? –Bill asintió limpiando sus mejillas ya húmedas por el llanto– Andrew… Bill no está diciendo locuras. Está siendo razonable—
Las palabras retumbaron en su mente cuantas veces quisieron. Su garganta se cerró de nueva cuenta, no lo podía creer… ¿Acaso el Destino también le puso esta prueba? ¿Se la habrá jugado de esta forma para ver qué tan desesperado estaba? ¿Lo habrá hecho para que ambos meditaran bajo presión lo sucedido?
La respuesta no la sabía… lo único que sabía era que deseaba trabajar junto con Bill para olvidar todo… olvidar todo y reconstruir sus lazos color carmín que fueron dañados a causa de Kaulitz.
— Amor… Andy te estoy diciendo la verdad. Créeme, mi vida…–acarició su rostro y se acercó a sus labios para besarle– Vamos a salir de esto… lo haremos… ¿Sí?—
Andrew asintió abrazando con todas sus fuerzas a su enamorado. Bill hipó sin controlar esta vez el llanto. Se aferró a su novio y besó su pecho, estaba eternamente agradecido por esta segunda oportunidad.
Andrew sonrió incrédulo ante esta situación. Todo se sumergió en la perdición por el imbécil de Tom Kaulitz, quien a pesar de estar muerto casi lograba separarlos por segunda vez. Pero esta vez… pudo haber sido para siempre.
F I N
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