Odio quererte tanto 2

Fic original de lyra

Capítulo 2: No me hagas daño

Suspiró y tras comprobar que podía salir en condiciones, descorrió el cerrojo del baño dispuesto a enfrentarse a su hermano.

Tom dio un paso atrás cuando la puerta se abrió lentamente y apareció Bill con la cabeza agachada. Alargó una mano y se la levantó poniendo un dedo en su barbilla, estudiando esos ojos rojos por las lágrimas derramadas.

Negó con la cabeza y le soltó la cara. Odiaba verle llorar, porque sabía que era por él. Últimamente todo lo que hacía o decía le sentaba mal a Bill. Tenía que andar con pies de plomo, pensar dos veces antes de hablar para que Bill no se sintiera enojado o triste por su culpa.

—¿Y ahora que he dicho?—preguntó con cansancio.

Bill le miró sin comprender. No pensaba decirle que sus palabras le habían hecho sentirse así de mal. Si no lo sabía el porqué de su malestar, que se rompiera la cabeza hasta averiguarlo por sí solito.

—Déjame en paz—murmuró tratando de pasar a su lado.

Pero Tom le cogió del brazo y se lo impidió. Le puso enfrente de él y le miró fijamente a los ojos.

—¿Por qué siempre estás llorando? ¿No eres ya algo mayor para eso?—preguntó enfadado.

—Suéltame, me haces daño—protestó Bill tratando de soltarse.

—¿Y vas a llorar por eso? —picó Tom resoplando.

Bill dejó de revolverse y le miró con los ojos llenos de lágrimas. Se burlaba de sus sentimientos, otra vez. Agachó la cabeza cuando sintió una lágrima bajar por su mejilla y temblarle el labio inferior.

—Suéltame, por favor—suplicó en voz baja.

Tom escuchó el dolor en su voz y le soltó de una mano, llevando la otra a su cara y acariciando su húmeda mejilla, recogiendo de ella esa lágrima que resbala despacio.

—No me merezco tus lágrimas, lo siento—murmuró suspirando.

Tras decir eso le soltó y pasó a su lado, dejándole llorar en soledad, una vez más. Regresó a la sala en donde estaban sus amigos y se quedó sentado en un rincón pensando en que hacer para que Bill se sintiera bien.

—Chicos, muy buen concierto—les felicitó David entrando muy contento en la sala.

Se quedó de pie en mitad de ella buscando con la mirada al componente del grupo que faltaba.

—¿Y Bill?—preguntó sin dirigirse a nadie en particular—Tengo buenas noticias.

—Está en el baño—contestó Tom en voz baja.

—No, estoy aquí—apuntó el aludido tras David.

—Perfecto—dijo David, sin observar las miradas que se dirigían los hermano —Ya sé que debéis estar cansados, pero os han invitado a una fiesta para celebrarlo.

—Acepta, acepta, ya descansaremos mañana –saltó Georg muy emocionado.

—Ya me lo imaginaba—dijo David entre risas— En 10 minutos os veo en la puerta.

Iba a salir cuando una voz le detuvo.

—Yo no voy—dijo Bill muy serio.

Tom se le quedó mirando adivinando sus pensamientos. Se encontraba mal, y sabía lo que pasaría en la fiesta. Se sentaría en un rincón solitario viendo como los demás se divertían sin hacerlo él mismo.

—¿Estás cansado?—preguntó David preocupado.

Iba a contestar, pero Tom se le adelantó enfadado.

—Vamos Bill, no te vas a morir por tratar de divertirte un rato.

Le miró con odio en los ojos. Solo le había faltado decir delante de los demás que había estado llorando para rematar la noche.

—No hay que obligarle, si se siente mal o le duele la garganta es mejor que se vaya al apartamento a descansar—trató de poner paz David.

—La garganta no es lo que me duele—no pudo evitar murmurar Bill.

—¿Entonces?—insistió David empezándose a preocupar.

El corazón”—pensó Bill con dolor.

Negó con la cabeza y echó a andar hacia la puerta mientras murmuraba en voz baja que les esperaba en el coche. Decidió ir solo para demostrar a Tom que él también se podía divertir.

—Estupendo, a ver si vemos a nuestras chicas—dijo Georg palmeando la espalda de Tom.

Todos siguieron al cantante y se subieron al coche emocionados. Por el camino Bill le dio la espalda a su hermano, quien como siempre iba sentado a su lado. Cerró los ojos tratando de no pensar en esa pierna que rozaba la suya, ese calor que traspasaba su piel y le recorría el cuerpo por dentro.

Giró la cabeza y fingió mirar por la ventanilla sin poder evitar suspirar.

—¿Estás bien? —preguntó Tom al escucharle.

—Sí—contestó Bill en tono serio.

Tom se le quedó mirando. Sabía que estaba con los ojos cerrados, que pensaba que le había vuelto a hacer daño. Suspiró él también y dejó de observarle. Allá él, que pensara lo que quisiera. Él dejaría de romperse la cabeza, esa noche se lo iba a pasar muy bien y su hermano pequeño no se lo iba a estropear con sus delirios.

Llegaron a la sala en al que se daba la fiesta y salieron del coche con su mejor sonrisa en la cara. Se pararon unos minutos para que los fotógrafos allí reunidos sacasen esas fotos tan esperadas. Tom, como siempre, posó al lado de Bill, observando extrañado como era capaz de esbozar una sonrisa en su estado.

—Ahora los dos solos, por favor –les pidió un fotógrafo.

Georg y Gustav les dejaron y fueron entrando al local mientras que ellos posaban más juntos tal y como les habían pedido.

Bill miró fijamente a la cámara que le enfocaba con esfuerzo, estirando sus labios en una falsa sonrisa que amenazaba con transformarse en una mueca de tristeza. No sabía cuanto tiempo más puede estar fingiendo algo que no sentía. Felicidad cuando la tristeza invadía su cuerpo…odio cuando estaba lleno de amor….hacia su propio hermano…

Tras terminar esa improvisada sesión de fotos en la que la frialdad de sus poses era más que evidente, pudieron reunirse con sus compañeros, que ya les habían pedido una bebida y guardado sitio.

—¿Has visto cuantas nenas?—preguntó emocionado Georg a Tom sonriendo.

—Todavía no, pero dame un minuto y echó un buen repaso al genero —contestó Tom tomando su cerveza de un trago.

Bill le imitó, solo para tragar así las lágrimas que luchaban por salir. Pero lo único que consiguió fue atragantarse y acabar de nuevo llorando.

—Ten cuidado, esto es muy fuerte para ti—resopló Tom quitándole el vaso de las manos.

Bill le miró con odio dispuesto a decirle algo, pero sus palabras fueron ahogadas por la tos que no le abandonaba. Aceptó el vaso de agua que le ofrecía Gustav y bebió despacio para no atragantarse más.

—Es mejor que bebas solo agua, eres pequeño para algo más fuerte—repitió Tom con una sonrisa.

—Eres un imbécil—estalló Bill enfadado.

Se dio la vuelta y caminó sin rumbo, haciendo caso omiso de las proposiciones de las chicas para que bailase con ellas. Buscó un oscuro rincón en el que calmar su agitado corazón. No sabía como podía seguir sintiendo lo mismo por Tom después de ese cruel trato recibido por su parte.

Continúa.

por lyra

Escritora del fandom

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