Odio quererte tanto 3

Fic original de lyra

Capítulo 3: No me hagas llorar de nuevo

Encontró el rincón solitario que buscaba y en el se quedó apoyado en la pared mientras se pasaba disimuladamente una mano por la mejilla, borrando esa lágrima que se le escapó sin poder hacer nada por evitarlo.

Desde allí observaba como la gente se divertía. Chicos y chicas de su misma edad bailando y riendo, no como él, arrinconado sin nadie al lado, sin ganas de divertirse, sin ganas de nada.

Se incorporó de la pared al ver como Gustav se abría camino hacia él. Siempre era igual, Tom le lastimaba con sus palabras y a los pocos minutos aparecía Gustav para brindarle su consuelo, incluso un hombro en el que llorar algunas veces. Ojala Tom fuera tan sensible como su amigo, tal vez así las cosas serían bien distintas entre ellos.

—Te traigo una bebida—dijo Gustav con una sonrisa.

Bill se la devolvió agradecido y aceptó la cerveza que le había traído, tratando de beberla más despacio para no atragantarse como antes.

—¿Y donde has dejado al capullo de mi hermano?—preguntó tras su trago.

—Él y Georg han divisado a las chicas del concierto y se han ido a por ellas—explicó guiñándole un ojo.

—Espero que le de calabazas—pensó Bill en voz alta.

—¿Qué te pasa?—preguntó Gustav con mucha curiosidad—Ya sé que tu hermano siempre te trata mal, pero no se, te veo raro.

—¿Más de lo habitual?—no pudo evitar replicar Bill.

Gustav se mordió los labios antes de contestar. Era cierto que últimamente le encontraba muy cambiado, distraído en los ensayos y con la mirada perdida, como si su mente estuviera en otra parte. Y luego estaban las miradas. Cuando pensaba que nadie le veía, se quedaba mirando a Tom con una extraña expresión en la cara. No sabía explicarla, solo que no le gustaba nada.

—Como siempre—contestó Gustav tras unos silenciosos segundos.

Dejaron de hablar y se concentraron en estudiar el ambiente. Sonrieron al ver a Georg bailar con la chica que había elegido desde el escenario. Le vieron abrazarse a ella y susurrarle algo al oído, que le arrancó una gran carcajada a la chica.

—Ojala fuera tan fácil—murmuró Bill sin darse cuenta.

—¿El qué?—preguntó Gustav distraído.

—Acercarse a la persona que amas y hacerla reír—contestó Bill con la mirada perdida.

O eso era lo que creía Gustav. No se había dado cuenta de que había visto a Tom con su chica elegida. Sabe que debería apartar la mirada para no sufrir, pero no lo podía evitar y se quedó mirándolos. Vio como Tom se le acerca mucho, como la estrechaba con fuerza en sus brazos y le besaba en los labios.

Ya no pudo seguir mirando. Las lágrimas le empañaban los ojos así que decidió dejarlo. Carraspeó para que su voz sonase normal y se disculpó diciendo que tenía que ir al baño, dando un gran rodeo para no pasar cerca de Tom.

Cuando consiguió llegar hasta el en medio de tantas chicas que se giraban al verle y suspiraban sonriendo, se encerró en una de las cabinas para dar rienda suelta a su tristeza, sin importarle estropear el maquillaje que con tanto esfuerzo se había aplicado.

Se pasó una mano con rabia secándose las mejillas, de nuevo. Cogió el borde de la camiseta y se lo pasó con cuidado por los ojos. Respiró hondo y se miró en la puerta de metal de la cabina, viendo en ella su distorsionado reflejo, como su cara era una mueca grotesca de dolor intenso.

Salió de la cabina y se miró ya en un espejo, viendo que el maquillaje no estaba perdido del todo. Solo se le había corrido el rimel en uno de sus ojos. Cogió una toallita de papel y tras humedecerla se la pasó con cuidado limpiando una lágrima negra que allí se le había quedado. Cuando terminó de arreglarlo, salió del baño dispuesto a marcharse al apartamento. No le hacía falta buscar una buena excusa, el dolor de cabeza que siempre acompañaba a su llanto le servía.

Regresó al rincón en el que dejó a su amigo y le vio hablar con unas chicas.

—Bill, deja que te las presente—dijo Gustav tratando de animarle.

—Otro día, lo siento. ¿Puedo hablar contigo un momento?—preguntó Bill sin mirar a las chicas que suspiraron decepcionadas.

Gustav les sonrió para disculpar al cantante y vio como se marchaban con gran pesar.

—Eso ha sido un poco cruel, ¿no crees?—dijo Gustav sin poderse contener.

—Ya me he disculpado, además, no estoy para conocer a nadie. Me voy a casa—explicó Bill en voz baja.

—Pero ¿por qué? Nos estamos divirtiendo, pasa de Tom—dijo Gustav tratando de hacerle cambiar de idea—Llamaré a las chicas, verás como te lo pasas bien con ellas.

—Por favor, no insistas—pidió Bill resoplando—Me duele la cabeza, y no me estoy divirtiendo nada. Llamaré un taxi, quédate y pásalo bien por mí.

Se fue antes de que se lo pudiera impedir. Se abrió camino hasta la puerta atravesando la pista de baile, sin mirar si Tom continuaba allí con la chica o había buscado un rincón solitario.

Una vez en al calle, cogió el móvil y llamó un taxi, que se presentó a los 15 minutos. Subió a el y le dio la dirección mientras se recostaba en el asiento cerrando los ojos durante todo el trayecto.

.

Ya en casa y tras pagar al taxista, subió las escaleras hacia su habitación arrastrando los pies, como si de repente le pesaran demasiado. Solo pensaba en su blanda y solitaria cama, que le estaría esperando, en acostarse en ella, cerrar los ojos y no despertar hasta que se le hubiera pasado el amor hacia su propio hermano.

Sabía que quizás con el tiempo lo pudiera olvidar. Pero, ¿cómo hacerlo si le tenía que ver todos los días? Escuchar sus crueles palabras, ver sus ojos tan brillantes, la dulce sonrisa de sus labios…

Sacudió la cabeza para dejar de pensar en esas tonterías y abrió la puerta de su habitación despacio, quedándose plantado en el umbral al ver el espectáculo que había allí montado.

—¿T-tom?—logró susurrar.

—Bill…—llamó Tom con un gran gemido.

Continúa.

por lyra

Escritora del fandom

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