“Ojitos que hechizan” Fic de Michelle483
Capítulo 19: Roma no es aceptada por los príncipes
Tom se levantó de la mesa, le aburría ese banquete y la presencia de forasteros lo fastidiaba y le enojaba solo pensaba en buscar a Bill Su Namur su quejoso esclavo al encontrarlo supo que había llorado por su rostro y porque se limpiaba su rostro de algunas lágrimas perdidas.
—No me pondré a rogar—exclamo exaltando al pelinegro.
—Lo se…..siempre eres así—declaro con una tímida sonrisa— ¿entonces a que vienes? —pregunto
—A solucionar algo—respondió abrazándolo por la espalda—se supone que tu no querías que mi padre supiera algo.
—Sé que me arriesgo que el faraón sepa algo…pero no quiero que se lo cuentes a él, hasta ahorita solo lo sabe Gustav.
—Tu insistencia de confesar esta….relación me está estresando a los extremos—cruzo de brazos.
—Tú dices que no sientes nada…pero tú…—se acercó para besarlo castamente—si lo sientes, si tienes miedo de algo tan simple como será cuando conquistes Egipto.
Bill noto el enojo de Tom así marchándose, la verdad Tom le había contado que sus padres lo han presionado tanto desde adolescente el heredero tiene mas responsabilidades, la realeza siempre está en el ojo de Egipto.
Bill no espero a que la flor de loto se cerrara solo salió y aunque le tocase caminar hasta el palacio le daba igual, el casi nunca seguía las reglas y si antes era sumiso con Tom era por miedo pero al conocerlo más se pudo soltar su modo salvaje.
Al llegar al palacio, pensó un poco en el encuentro con el romano se le había olvidado por completo ya era de atardecer la flor de loto tuvo que haberse extinguido hace tiempo eso significaba que los romanos vendrían aquí, así que Bill fue a la recamara donde dormía estaba más que solo las esclavas obviamente estaban en el banquetes, la curiosidad le invadió a Bill al pensar en los romanos.
Busco en sus cosas la antiguas diadema que tenia se la puso y tapo su rostro con una tela algo trasparente para no ser un poco obvio se puso una túnica blanca y larga no eran sus típicos trajes de bailarina, un pequeño aire paso por su espalda volteo a ver así encontrándose con una esclava que había apartado la manta que tenían como puerta.
— ¿Eso es para los romanos? —pregunto a la chica que sostenía algunas mantas, ella asintió con amabilidad—yo se lo llevare—le fue entregado las mantas era hora de “espiar” a los romanos, al entrar a la habitación se tensó un poco los romanos estaban presente y algunos sin respeto alguno sin camisa y bromeando—están más que ebrios—susurro—dejo las sabanas pero le abrumo cosas que le gritaba un chico le intrigaban mucho y lo ponían nervioso ya que no comprendía que le decía, salió y en su camino a la recamara un jalón a su tela le enojo, solo existía una persona que hacia eso.
—Recuerdo haberte dicho que odiaba que te taparas el rostro—examino la cara del pelinegro—e todas las coronas que te hemos dado te pones esa vieja diadema.
—Es mi diadema…—confeso con enojo
—Ya le dije a mi hermano, ¿contento? —Bill sonrió al saberlo
—Yo se lo diré a mi madre—asintió
—Ya no está molesto conmigo—El pelinegro negó y fue a besar al príncipe— ¿dormirás conmigo esta noche? —acaricio su hombro.
—Eh estado tanto en tu habitación que tus guardias deben aburrirse de verme.
—Oh Ra, eso no importa—negó
—Recuerda que le tengo que decir a mi madre de nuestra…relación…. ¿te casaras conmigo cierto?—sonrió en tono de broma.
— ¿Quieres gobernar Egipto conmigo? —Pregunto, el otro asintió alegremente—lo pensare—antes de irse unió su nariz con la del pelinegro.
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— ¡Dion! —se escuchó un grito a pleno amanecer era una vista hermosa en Egipto en las mañanas ese naranja amanecer, rojo, amarillo los dioses bendecían a Egipto enormemente—tienes que enseñarme Egipcio…—confeso el castaño.
— ¿Para qué?
—No quiero que me traduzcas a cada rato—mintió las verdaderas razones de Marco era que quería comunicarse con el bailarín.
—De acuerdo vamos…a la biblioteca vi una por aquí.
Al llegar a la biblioteca Marco se sentó y espero a que Dion se acercara y le enseñaría Egipcio finalmente, miro al su alrededor y vio que no era tan lujosa como algunas tiendas en Roma pero para ese lugar eso se le podría llamar lujo; desvió su mirada al frente y se encontró con un auténtico ¡príncipe!, ¡un Dios! Recostado sensualmente en ese sofá rojo como la sangre lleno de oro, joyas y escaza ropa esa cabellera negra era la perdición de Marco, ahora Marco no sabía si el chico era esclavo o alguien de la realeza le daban aire con esos abanicos gigantes lo trataban como al mismísimo faraón.
— ¡Si es el! —camino como hechizado a donde está el chico revisando un libro, antes que pudiera decir algo en su idioma las lanzas de los guardias le impedían pasar.
Bill se asustó al ver que los guardias amenazaban al romano, luego llego un chico rubio que les explicaba a los guardias lo que pasaba.
—Aléjenlo de Bill…. —llego Tomhotep en tono posesivo—levántate Bill—el pelinegro se quedó quieto no entendía que estaba ocurriendo— ¡Levántate Bill! —alzo la Voz, Bill se levantó de inmediato Tom lucia molesto y por segunda vez la mirada de Marco y Tom se volvieron a cruzar.
— ¿Qué sucede Tomhotep? —pregunto Bill tratando de entender la furia de su pareja.
—No quiero que te acerques a esos romanos—lo sujeto por la cintura posesivamente.
Continúa…