
«Once in a Lifetime» Fic de lyra
Capítulo 35
Edimburgo, año 1747
Sentía como el frío se calaba en sus huesos, y no sabía si sentirse agradecido porque era señal de que estaba vivo.
Había pasado ya 1 año desde la derrota de Escocia en Culloden, y en todo ese tiempo Thomas había deseado estar muerto. Y casi lo había conseguido, sus heridas eran mortales pero tras pasar toda la larga noche tendido en el campo de batalla sobre los cuerpos de sus propios hombres que habían dado su vida inútilmente por Escocia, al llegar el alba fue rescatado por un soldado británico.
Durante la noche había podido escuchar como los hombres que quedaban aún con vida se quejaban de sus heridas, lo que atraía a los soldados británicos que hacían guardia para rematarlos con sus bayonetas.
Y Thomas había sido testigo de todo, de como eran matados sus hombres y saqueados sin él poder hacer nada para impedirlo. Pensó en acabar así con su vida, dar una señal de que aun seguía vivo y poner fin a su sufrimiento.
Pero algo se lo impedía, y manteniendo un absoluto silencio pasó el resto de la noche mientras sentía un frío intenso que junto con la sangre que había perdido por sus heridas hacía que la fiebre que tenía le subiera y su mente le jugara una mala pasada.
De repente vio que alguien se acercaba, caminando entre los cuerpos caídos en la batalla una persona se iba acercando en su dirección, como si presintiera que seguía vivo.
Thomas se encogió donde estaba, respiraba con dificultad y sentía la boca seca tras tantas horas sin haber probado nada de agua.
No podía apartar sus ojos de esa persona a la que no podía verle la cara. Solo sus ropas, una túnica blanca que le llegaba hasta sus pies. Y cuando le tuvo más cerca, esbozó con esfuerzo una débil sonrisa.
Era Bill. Se acercaba con paso firme con su pelo alborotado por el viento. Había vuelto a por él, e inclinándose a su lado tendió una mano y la puso en su mejilla. (*)
— ¿Estás vivo?—preguntó Bill en voz baja.
Thomas no podía hablar, sentía la garganta reseca y estaba paralizado por el frío. Cerró los ojos antes de contestar tragando con esfuerzo y al volverlos a abrir…Bill se había ido, y en su lugar había un soldado británico que le miraba con un odio intenso.
—Si, estás vivo—siseó con furia echando mano a su bayoneta.
Se puso en pie dispuesto a rematarle, levantó la bayoneta y entonces Thomas sonrió de nuevo y se dispuso a morir pensando que al fin había llegado su momento.
Pero no ocurrió nada, esperó conteniendo el aliento hasta que el soldado se inclinó de nuevo y puso una mano sobre su hombro.
— ¿Eres un McKaulitz?—quiso saber.
Thomas abrió los ojos al tiempo que asentía con la cabeza, incapaz aún de pronunciar palabra.
—De Lallybroch, ¿verdad?—preguntó el soldado de nuevo, viéndole asentir otra vez con la cabeza—Te he reconocido, tu madre es sanadora y gracias a ella estoy vivo.
Thomas no entendía bien lo que le estaba diciendo, entre la fiebre y sus heridas le costaba pensar con claridad.
—Me llamo Luke—se presentó el soldado—Hace un par de años fui gravemente herido cerca de tu hogar, Lallybroch. Fui llevado a tu madre y cuidó de mi durante meses. En ese tiempo coincidimos y recuerdo que ayudaste a tu madre en mi recuperación, pasamos mucho tiempo junto y es por eso por lo que te he reconocido. Tienes la misma sonrisa que tu madre, y cuando he ido a clavarte la bayoneta has sonreído…y la he visto a ella.
Thomas tragó con esfuerzo mientras que negaba con la cabeza, sabía lo que el tal Luke quería hacer. Devolver el favor que su madre le había hecho.
—Haz tu trabajo de una vez—susurró Thomas con la voz ronca.
—No puedo matarte—insistió Luke—Estoy vivo gracias a tu madre, y a ti. Estoy en deuda con los dos, y por mi honor que pienso devolveros el favor perdonando tu vida.
—No quiero que me perdones nada, ¡quiero que acabes con mi vida!—quiso gritar Thomas.
—Deliras por la fiebre—murmuró Luke—Tengo que perdonarte la vida y así lo haré. Pero no puedo dejarte marchar, todos los prisioneros que hemos hecho van rumbo a la prisión Ardsmuir en Edimburgo, y ese será tu destino.
Thomas quiso negarse de nuevo pero sabía que era inútil, el soldado había jurado por su honor no matarle esa noche y dijera lo que dijera jamás rompería su promesa.
Cerró con los ojos con pesadez y sintió que poco a poco iba cayendo en la inconsciencia, dejando que Luke se encargara de trasladarle al que iba a ser su hogar para el resto de su vida…
.
Y así fue como había ido a parar a Ardsmuir. Fue un viaje largo en carreta, alguien había cosido sus heridas y cuando llegó a la prisión no sabía como no había muerto por el camino. Se sentía tan débil y enfermo que pasaba la mitad del tiempo delirando o inconsciente.
Por suerte estuvo bien cuidado, allí se reencontró con parte de su clan y entre todos sus hombres, estaba Georg. Fue él quien se encargó personalmente de su cuidado y de que comiera lo suficiente para poder reponerse.
Y a él le debía seguir vivo un año después. había recobrado todas sus fuerzas y una vez repuesto del todo fue trasladado junto con el resto de lo quedaba del clan McKaulitz a otra parte de la prisión.
Allí fueron todos encerrados en una celda amplia y pasaban el día trabajando las tierras que rodeaban Ardsmuir, la prisión era regentada por una formación británica y los alimentos escaseaban, sabían que la mayoría de los soldados escoceses eran campesinos y pensaron en usarlos para obtener una buena cosecha con la que alimentarse ellos y también los prisioneros.
Thomas agradecía trabajar en las tierras, le recordaba a su niñez en Lallybroch y así mantenía la mente ocupada sin pensar en que quizás en esos momentos su hijo ya había nacido y cumplido un año de vida.
Y no era el único, a su lado Georg fantaseaba con haber dejado embarazada a Alice y que ya tenía un hijo o hija al que al igual que Thomas no vería crecer, pero llevaba su sangre.
Por las noches, Thomas se dedicaba a cuidar de algunos hombres que llegado el invierno habían caído enfermos. Aparte de cultivar las tierras Thomas se dedicaba a estudiar las plantas que les rodeaba y recolectar las necesarias para tratar por ejemplo la gripe que Georg había contraído.
—Esto te ayudará—murmuró Thomas sacando unas hierbas de una pequeña bolsa de cuero.
— ¿Qué es?—preguntó Georg arrugando la nariz.
—Leche de cardo—explicó Thomas—Le voy a quitar las espinas y triturar las hojas y los tallos. Te haré una infusión que te vendrá muy bien.
—Cuando hablas así me recuerdas a tu madre—dijo Georg sonriendo—Tenía remedio para todo, de niño pensaba que….bueno, que era una bruja y hacia magia.
—Mucha gente pensaba como tú—murmuró Thomas arrugando la frente con dolor—Y bueno, teníais razón. Gracias a su magia Bill vino al pasado, y mi madre pudo hacerle volver a su época.
Dejó de hablar, hacía tiempo que no nombraba a su esposo y aún sentía dolor al hacerlo.
—Estará bien, no debes preocuparte por él—dijo Georg con firmeza—Al igual que mi Alice, sé que tu tío Simon habrá cuidado muy bien de ella. Si algún día salimos de aquí…
Thomas le miró alzando una ceja. ¿Salir de Ardsmuir? Eso sería imposible, nadie se atrevía a intentar escapar. Al principio así fue pero nadie lo había logrado y lo que lo intentaron fueron severamente castigados. Ya nadie se atrevía a hacerlo, bastante mal se pasaba en plenas condiciones físicas como para tener que soportar la prisión con la espalda llena de latigazos como le gustaba castigar al alcaide.
Y eso Thomas lo odiaba, había tenido que encargarse luego él de curar esas espaldas en sangre viva y cada vez que lo hacía no podía evitar acordarse de su padre que pasó por la misma situación. Era ver una espalda cruzada por un látigo y tener a su padre ante sus ojos llorando de dolor y rabia.
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Meses después, un nuevo alcaide llegaba a Ardsmuir. La noticia corrió como la pólvora entre los prisioneros que no lamentaban tener que despedir al antiguo que tan cruel habían sido con michos de ellos.
Pero eso no quería decir que el nuevo fuera a ser más benevolente, y cuando todos fueron sacados al patio para dar la bienvenida al nuevo alcaide le pudieron ver con sus propios ojos.
Era un joven comandante llamado Lord John Grey, y a pesar de su semblante frío y distante Thomas tuvo que reconocer que en sus ojos se podía ver algo de bondad.
Y quedó demostrado cuando días después empezaron a hacerse reformas en Ardsmuir, un grupo de prisioneros fueron encargados de limpiar a fondo las celdas y colocar paja fresca a modo de camas.
Lord John quiso interesarse en persona de las cosechas que habían obtenido en ese año y tuvo que admitir que el anterior alcaide había hecho algo bien.
Todas las mañanas paseaba por las tierras que se cultivaban y se dedicaba a estudiar a los prisioneros, descubriendo así que había uno que destacaba por sus conocimientos de las plantas medicinales y quiso conocerle en persona.
Esa noche, Thomas fue llamado al despacho del alcaide. Nunca nadie había estado allí antes, y fue escoltado por dos soldados armados que le guiaron por la prisión.
—Adelante—dijo Lord John cuando llamaron a la puerta.
Uno de los soldados la abrió y dejó pasar a Thomas, quien se quedó en mitad de la puerta sin atreverse a entrar del todo. El despacho le recordaba mucho a Lallybroch, con sus paredes de piedra y una gran chimenea que caldeaba la estancia.
Ante ella había una mesa recién puesta, y se asombró al ver que había dos sillas y dos platos.
Lord John sentado ante sus despacho terminaba de escribir un documento y una vez hecho dejó la pluma a un lado y se levantó, haciendo una señal con la cabeza a uno de los soldados que habían escoltado a Thomas.
—Pase, no se quede en medio—pidió Lord John—La cena será servida en unos minutos.
Thomas obedeció pero no se acercó a la mesa, aún no entendía que hacía ahí.
—Es usted Thomas Alexander James McKaulitz Fraser—recitó Lord John casi sin aliento—Originario de Inverness…está muy lejos de su hogar ¿verdad?
—Si, señor—murmuró Thomas.
Antes de que pudieran seguir hablando entró en cocinero con la cena que dejó sobre la mesa ya preparada y salió del despacho dejándolos a solas y cerrando la puerta tras él.
—Tengo entendido que su madre era sanadora y usted al parecer también lo es—dijo Lord John tomando asiento.
—No sé tanto como mi madre—dejó Thomas bien claro—Ni como mi esposo…
— ¿Está usted casado?—quiso saber Lord John.
Thomas se maldijo por lo bajo, no sabía porque tenía que haber dado esa información. A Lord John no le interesaba saberlo ni a él tener que hablar de Bill ante un completo desconocido.
—Yo…lo estaba, ya no—murmuró carraspeando Thomas.
— ¿Ha muerto su esposo?—preguntó de nuevo Lord John.
—Si…mi esposo se ha ido—contestó Thomas, sabiendo que en parte era verdad.
—Lo siento mucho, mi sincera disculpa por habérselo hecho recordar—se disculpó Lord John—Pero tome asiento por favor, se enfría la cena.
Antes de que Thomas se fuera a negar vio como Lord John levantaba una tapadera de plata y ante sus ojos apareció un manjar. Y el aroma era embriagador, su estómago protestó al notarlo y no le quedó otra que tomar asiento tal y como le habían ordenado y cenar antes de que se enfriara.
La velada transcurrió en silencio, roto solo cuando Lord John hacía una pregunta que Thomas contestaba con monosílabos y con la boca llena.
Una vez terminada la cena, Lord John le invitó a tomar una copa de oporto y Thomas no pudo negarse de nuevo. Se sentía saciado y aunque aún no sabía porque había solicitado su presencia, pensaba disfrutar del momento mientras pudiera.
—Señor McKaulitz… ¿puedo llamarle así?—quiso saber Lord John.
—Puede llamarme Thomas, señor—dijo Thomas tomando un sorbo de oporto.
—Bien Thomas, se preguntará por qué le he hecho llamar—empezó a decir Lord John—Y por qué he invitado a un prisionero a compartir mi cena. La respuesta es sencilla, necesito de sus servicios.
Thomas se le quedó mirando, ¿servicios? ¿A qué tipo de servicios se refería? Porque no era tonto, mientras cenaba había observado como en más de una ocasión Lord John le había dirigido más de una mirada significativa, y no podía apartar los ojos de él en esos momentos.
—Me temo que se equivoca Lord John—siseó Thomas poniéndose en pie—No puede pagarme con una suculenta cualquier clase de servicio que pretenda obtener de mi. Ninguno, de hecho.
—Solo pretendo que sea mi sanador—soltó Lord John para asombro de Thomas—Me han dicho que su madre era una de las mejores sanadoras de Escocia hasta que embarcó rumbo a Prusia antes de que estallara la batalla de Culloden, ¿es eso cierto?
Thomas asintió con la cabeza, sabía que era inútil tratar de mentir pues Lord John parecía estar informado de cada detalle de su vida.
—Y a la vista está que usted ha aprendido muy bien de ella—siguió diciendo Lord John—Sufro jaquecas desde niño, últimamente son muy fuertes y nada logra aplacarlas. Mis médicos lo han probado todo sin resultado alguno.
—La melisa es la hierba indicada para la jaqueca—empezó a explicar Thomas—Debe beber dos tazas de agua caliente con dos cucharaditas de melisa a lo largo del día. Si no se le pasa, se le puede añadir un poco de jengibre en polvo y otro de cúrcuma.
Lord John sonrió al escucharle, es cierto que su medico le había hablado de la melisa pero no de añadir otras plantas si el dolor persistía, y así era pues últimamente parecía que la cabeza le iba a estallar de un momento a otro.
– También está la lavanda—siguió explicando Thomas—Puedo prepararle un poco de aceite de lavanda para que se lo aplique en las sienes, mezclado con otro poco de aceite de oliva. Esto también le ayudará y colocar una ramita de menta debajo de la almohada antes de dormir. Y también inhalar el aroma de otra ramita a lo largo del día. Incluso beber agua de menta.
—Vaya, con tantos remedios espero que mis jaquecas se curen al fin—dijo Lord John sonriendo de nuevo—Sabía que me sería de gran ayuda Thomas.
—Le ayudaré siempre que lo necesite, pero no quiero que me pague con suculentas cenas—se atrevió a decir Thomas.
Lord John dejó de sonreír y se le quedó mirando…con cierta esperanza brillando en sus ojos…
—No puedo comer estos manjares mientras que mis compañeros de celda se mueren de hambre—empezó a decir Thomas—Trabajamos las tierras para que sus hombres puedan comer, y recibimos una mínima cantidad a cambio que no es suficiente. Queremos más, y que nos permita poner trampas y cazar.
—Creo que se está excediendo—murmuró Lord John.
—Y yo que es lo justo—saltó Thomas—Estamos pagando con nuestras vidas el haber luchado por nuestro país, y lo aceptamos. Solo pedimos un poco de consideración, caemos enfermos por la mala alimentación, me pide que le cure a usted pero no que haga lo mismo por mis hombres. Me duele verlos enfermos cuando todo se podía remediar siendo un poco más considerados con nuestra situación. Trabajamos duro todos los días sin protesta alguna, caemos rendidos al anochecer y muchos enferman, piense que de esta manera podremos trabajar en mejores condiciones y aumentarían las cosechas.
Lord John le escuchaba en silencio, sabía que en parte tenía razón pues había visto el estado en el que se encontraban muchos de los prisioneros y era lamentable.
—Consideraré su proposición—dijo al fin Lord John—Ahora regrese a su celda, necesito descansar…mi cabeza…
—Mañana mismo le buscaré las hierbas que le he mencionado—prometió Thomas—Se lo debo como pago por la cena de hoy.
Lord John asintió con la cabeza y Thomas salió de su despacho pensando que con un poco de suerte, su vida y la de sus hombres en prisión iba a ser un poco más llevaderas.
Continuará…
aqui os dejo la escena donde Thomas ve a Bill en su delirio:
Lord John es un personaje cogido de la serie, aqui os dejo una biografia suya y para que le pongais cara (tiene su atractivo, la verdad):
https://outlander.fandom.com/es/wiki/John_William_Grey
En el rodaje de la serie , la prisión de Ardsmuir es un lugar ficticio aunque se grabaron escenas en el Craigmillar Castle, una fortaleza del siglo XV al sur de Edimburgo, por eso en el fic he situado la prisión de Ardsmuir en Edimburgo.
aquí os dejo un enlace donde he sacado esta información:
https://outlander.fandom.com/es/wiki/Prisi%C3%B3n_de_Ardsmuir
Oh!!! Siempre tan detallista 😘
Thomas está vivo!! 😢❤
Gracias!!!
claro!! estuvo a punto de morir, él quería morir pero el destino tiene otra cosa preparada para él. ahora lo malo, que está en prisión y allí se quedará unos años…
gracias a ti!