«Once in a Lifetime» Fic de lyra
Capítulo 48
Edimburgo, año 1764
Rodeado de una fría oscuridad, Bill continuaba con los ojos cerrado. Se sentía muy mareado y a pesar del frío que calaba sus huesos se resistía a abrir los ojos… Hasta que lo recordó todo. Había viajado al pasado, estaba a escasos metros de su esposo y eso fue lo que le hizo reaccionar.
Abrió los ojos y se incorporó con lentitud, sentía que la cabeza le daba vueltas y el estómago revuelto. Las dos últimas veces que realizó un viaje en el tiempo no se había sentido así de enfermo, y eso le hizo preocupar.
Se puso en pie y respiró con suavidad mientras sentía como su estómago iba calmándose y poco a poco volvía a la normalidad.
Empezó a observar donde se encontraba, en un oscuro y sucio callejón. No sabía que hora era, recordaba que cuando dejó Leipzig era por la tarde y no sabía si había estado un tiempo inconsciente y las horas habían pasado.
Empezó a caminar por el callejón, a lo lejos escuchaba el bullicio de la gente y hacia el se dirigió.
O esa fue su intención, a mitad de camino un hombre entró en el callejón y sintió miedo. Se paró en seco y pegándose todo lo que pudo a la pared dejó pasa al hombre quien pareció no percatarse de su presencia, pero cuando estaba a su altura se dio cuenta y se paró de golpe.
Bill tragó con esfuerzo, el hombre le estaba haciendo un buen repaso de arriba abajo y recordando como fue su anterior encuentro con un desconocido en el pasado y sabiendo cuales serían sus oscuras intenciones echó a correr por el callejón.
No llegó a salir de el, el hombre le cogió con fuerza del brazo y tiró de él haciéndole caer al suelo.
Al momento le sintió encima de él y como sus manos iban directos a sus pantalones. Sentía su cara pegada a la suya y un rancio olor a alcohol que le hizo revolverse de nuevo a su estómago.
—Eres un joven realmente guapo—siseó el hombre en su oído.
Quería resistirse, pero una vez más volvía a sentirse mareado tras su caída. Sentía las manos del hombre frotarse contra su entrepierna mientras que sus labios besuqueaban su cuello haciendo que se le revolviera el estomago.
No podía creerse que su viaje al pasado fuera a empezar de tan cruel manera, y eso si después su atacante tenía la consideración de dejarle con vida…
Pensar en que iba a morir de una forma tan cruel le hizo reaccionar y luchar con las pocas fuerzas que tenía contra ese hombre que trataba de forzarle, le arañó en la cara y le escuchó gritar de dolor y rabia, recibiendo a cambio una bofetada que le robó el aliento.
Por suerte la puerta que había al fondo del callejón y que Bill no había visto se abrió de repente y salió una mujer por ella. Empezó a gritar al hombre y Bill no podía entender lo que le decía, parecía que hablaban en francés y en ese momento no lograba entender un idioma que había estudiado y hablaba a la perfección.
El hombre le soltó y salió huyendo mientras que la mujer se arrodillaba a su lado y trataba de consolarlo.
—Jeune femme tranquille—le pidió con un tono dulce.
Bill no podía articular palabra, aún no había recuperado el aliento y temblaba sin poder evitarlo.
La mujer le ayudó a ponerse en pie y a caminar. Regresó por el callejón y le hizo entrar por la puerta que había salido en el momento que más ayuda necesitaba.
Resultó ser una agradable cocina, y le ayudó a tomar asiento.
—Gracias—susurró Bill con la voz temblorosa.
—Ah, hablas inglés—dijo la mujer sonriendo—No debes preocuparte por nada, aquí estás a salvo.
Bill esbozó una débil sonrisa, si no fuera por ella en esos momentos podía estar muerto.
Antes de que pudieran seguir hablando la puerta que comunicaba la cocina con otra estancia de la casa se abrió de golpe y entró otra mujer hablando a gritos.
—Bernardette, ¿qué pasa con la cena de mis invitados?
Bill dio un respingo al escuchar la voz de la recién llegada, a quien miró con miedo en los ojos.
— ¿Quién es?—exigió saber la mujer.
—Una chica que me he encontrado en el callejón, Madame Jeanne—explicó Bernardette con voz temblorosa—Le estaban atacando, no podía dejarla en manos de ese rufián.
Madame Jeanne entró del todo en la cocina y echó un vistazo a su invitada, apenas podía ver su rostro cubierto por su largo y moreno pelo.
Lo que más le llamó la atención era que vistiera ropas masculinas, y empezó a pensar que quizás serían robadas.
—Quizás podía trabajar para usted, Madame Jeanne—sugirió Bernardette.
—Echala de mi casa, no quiero ladronas entre mis chicas—replicó Madame Jeanne.
—No…no soy una mujer…—explicó Bill son la voz aún temblorosa.
Alzó la cara y se retiró el pelo a un lado, dejando a la vista su rostro bañado en lágrimas.
—Oh, Mon Dieu—susurró Bernardette al ver su rostro—Le han pegado, tiene la mejilla herida.
—No me hagas repetirte las cosas dos veces Bernardette, échale de mi casa—insistió Madame Jeanne.
—Pero…está herido y… ¿se ha fijado en lo atractivo que es?—insistió Bernardette—Muchos clientes pagarían una fortuna por estar con él…
Bill entendió entonces donde había ido a parar, a la puerta de un burdel. Y le estaban proponiendo a la Madame que le aceptara como uno de sus trabajadores.
Negó con la cabeza al tiempo que se ponía en pie apoyándose en la mesa.
—Gracias por la ayuda, pero no quiero quedarme—susurró Bill tratando de caminar.
Pero sus piernas le temblaban y estuvo a punto de caer si no llega a ser porque Bernardette corrió a sujetarle con sus fuertes brazos.
—No está en condiciones—suplicó mirando a Madame Jeanne.
Madame Jeanne quiso negarse de nuevo, pero no pudo. Veía al joven en los brazos de Bernardette y en tan mal estado que su corazón se ablandó.
—Solo por esta noche—murmuró Madame Jeanne—Súbele a las habitaciones de los sirviente y cuida de él. Mañana no quiero verle en mi casa.
Bernardette se dio prisa en obedecer sus órdenes, no fuera a ser que Madame Jeanne cambiase de opinión.
Cargó con todo el peso del joven y le ayudó a subir por las escaleras que llevaban a las habitaciones de los sirvientes situadas en la tercera planta.
Entró en la del portero del burdel, era su amante y en esos momentos trabajaba. No terminaría hasta tarde y entonces no le sería difícil de convencerlo de que compartiera su cama dejando que el joven descansara en la suya toda la noche.
Le ayudó a despojarse de la chaqueta que llevaba y las botas. Le tumbó sobre la cama y tapó con una manta, sintiéndole que se acomodaba bajo ella temblando sin poder evitarlo.
—Iré a buscarle algo caliente—dijo Bernardette saliendo de la habitación—Vuelvo enseguida.
Bajó a la cocina y descubrió que Madame Jeanne le estaba aún esperando.
—Si mañana sigue en mi casa yo mismo me encargaré de echarle, y buscaré una nueva cocinera—amenazó Madame Jeanne.
Antes de que Bernardette pudiera replicarle la puerta de la cocina se abrió y entró una persona por ella. Era Monsieur Alexander, un cliente especial de Madame Jeanne que se alojaba en una de las habitaciones.
—No puede dejarle en la calle con el tiempo que hace—insistió Bernardette.
—Mi burdel no es ninguna posada—dijo Madame Jeanne—No puede ir acogiendo a cada persona que me encuentre tirada en la calle en mitad de una tormenta. Una noche solo, mañana no quiero volver a verle.
Bernardette asintió con la cabeza y se dispuso a prepararle un poco de sopa caliente a su invitado, esperando que así entrara en calor.
Mientras, Madame Jeanne hablaba con el recién llegado explicándole la situación a su manera antes de regresar al salón para atender a sus clientes.
Una vez a solas, Bernardette le dirigió una tímida sonrisa a Monsieur Alexander.
— ¿Qué es lo que ha pasado?—quiso saber Monsieur Alexander.
—Solo salí a tirar la basura y me encontré lo que creí una chica siendo atacada en la calle—explicó Bernardette—Logré hacer huir a su agresor, hace frío y me dio lástima, tuve que ayudarle a levantarse y entrar en la cocina. Pensé que quizás Madame Jeanne podía darle una oportunidad de trabajar en el burdel a cambio de alojamiento y comida.
Vio como Monsieur Alexander arrugaba la frente, sabía lo que estaría pensando. Trabajar en un burdel no era la mejor de las opciones que se le podría presentar al joven pero sin dinero ni un hogar, mejor eso que quedarse en la calle con el tiempo que estaba haciendo.
—Pero tras entrar en la cocina y escucharle hablar me di cuenta de que era un joven—siguió explicando en un susurro Bernardette—Me llevé una sorpresa, vi su pelo largo y su rostro tan femenino que me llevó a equivocarme. Aún así hablé con Madame Jeanne, en muchos burdeles tienen también chicos trabajando pero Madame Jeanne insistió que en su burdel solo trabajan chicas y que me deshiciera del joven.
—Madame Jeanne no cambiará de opinión, por suerte ha permitido que pase aquí la noche—murmuró Monsieur Alexander.
—Quizás debería subir a verlo—comentó Bernardette—Creo que tiene fiebre y sé que a usted se le da muy bien curar a las personas.
—Prepárale un té de jengibre—pidió Monsieur Alexander—Aumentará su temperatura corporal y mañana se le habrá pasado la fiebre.
Así lo hizo Bernardette, le dio las gracias a Monsieur Alexander y dejó que subiera a su habitación a descansar. No quería que Madame Jeanne pensara que le había estado atosigando para que subiera a ver al joven que había rescatado.
Le preparó el té y se lo subió, descubriendo que se había quedado dormido. No tuvo más remedio que despertarlo para que se lo tomara, cosa que el joven agradeció.
Luego le dejó que siguiera descansando y bajó a la cocina antes de que Madame Jeanne volviera a recriminarle que había abandonado sus quehaceres.
&
Al día siguiente Bill se despertó sintiéndose un poco mejor. Sabía que había tenido fiebre la noche anterior pero no sabía como había desaparecido milagrosamente.
No sabía que hora era, solo que no se encontraba en Leipzig ni en su propia cama. Recordaba lo sucedido la noche anterior, y que había viajado atrás en el tiempo pero no sabía cómo había terminado alojado en un burdel.
No lo entendía, se puso la alianza de Claire que una vez más había desaparecido de su dedo y en vez de llevarle de vuelta al lado de Thomas le había llevado allí.
Decidió levantarse y salir a preguntar, necesitaba saber donde estada exactamente, en que parte de Escocia y empezar a buscar a Thomas. Quizás podía ir a Lallybroch, seguro que allí sabrían decirle donde estaba su esposo…
Descubrió su chaqueta colgada del respaldo de una silla y se la puso, comprobando que las fotos que se había traído de Jamie seguían en su sitio. Se calzó y salió de la habitación.
Caminó por un largo y oscuro pasillo y descubrió unas escaleras por las que bajó con miedo. Pero por suerte le llevaron a la cocina, donde su salvadora preparaba la comida.
—Buenos días—saludó entrando en la cocina.
—Oh, me alegro que se encuentre mucho mejor—saludó a su ver Bernardette—No he querido despertarlo porque necesitaba descansar, y por suerte Madame Jeanne aun descansa también y no ha podido echarle.
—No quiero causar ningún problema, me voy enseguida—dijo Bill al momento.
—No sin comer algo antes—insistió Bernardette.
Le señaló una silla y Bill se sentó en ella sonriendo a la cocinera, que puso ante él un plato rebosando de un guiso que Bill comió hambriento.
—El té de jengibre hizo que se le fuera la fiebre—comentó Bernardette de repente viéndole comer con avidez.
—El jengibre es muy bueno para la fiebre—murmuró Bill sonriendo— ¿Conoce el uso de las plantas medicinales?
—No, en absoluto—contestó Bernardette—Pero tenemos un cliente alojado aquí que sabe mucho sobre ellas.
Bill alzó una ceja al escucharlo, no podía ser tan fácil…. ¿verdad?
—Me gustaría mucho hablar con él—dijo empezando a ponerse muy nervioso—Yo trabajo como sanador y siempre me gusta hablar de plantas medicinales con otro experto en la materia.
—Pues me temo que no va a ser posible, Monsieur Alexander ha salido a trabajar y no volverá hasta la noche—explicó Bernardette.
— ¿Podría decirme donde trabaja?—preguntó Bill poniéndose en pie sin haber terminado de comer.
—Tiene su herrería al final de esta misma calle—explicó Bernardette—Pero le suplico que no le diga que yo se lo he dicho, no quisiera que le molestara y se quejara a Madame Jeanne.
—Se lo prometo Bernardette—dijo Bill poniéndose en marcha—Me ha ayudado más de lo que se imagina, siempre le estaré muy agradecido.
Salió de la cocina y se encontró de nuevo en el callejón donde fue atacado pero no tenía miedo alguno. Echó a correr por el y fue a dar a una larga calle que parecía no tener fin.
No quería perderse y terminó preguntando a un joven que pasaba por su lado si sabía donde quedaba la herrería. El joven se lo indicó con mucho gusto y echó a correr de nuevo.
Se paró ante la puerta para recobrar el aliento, sabía que Thomas estaba a escasos metros de él y quería que la emoción le dejara hablar antes de echarse a llorar.
Una vez recobrado el aliento entró en la herrería y se guió de su instinto. Había un establo en el fondo de la misma y se dirigió a el, escuchando como si alguien diera martillazos sobre una superficie de metal.
Entonces le vio. Le daba la espalda pero sabía que era él. Sentía los ojos llenos de lágrimas, y que le impedían hablar. Quería llamarle a gritos, pero solo podía susurrar.
— ¿Dónde has ido a por la valeriana Fergus, al bosque?—preguntó de repente Thomas siguiendo con su trabajo.
—No soy Fergus—susurró Bill a su espalda.
Vio como Thomas se quedaba inmóvil y su respiración se agitaba. Le había reconocido por la voz, lo sabía.
—Soy yo…Bill.
Continuará…
😲😲😲😲😱😱😱😱 que emocionante!!! Ahora sabemos como encontró Bill a Tom.
Continua por favor, no imagino como será ese encuentro, creo que ambos se desmayan… ojalá que no, ya que eso solo alargaría un encuentro tan esperado.
Saludos 😘❤❤❤❤