Oscuro Berlín (P.1)

Mit dir, in die Nacht III: Oscuro Berlín

Capítulo 1: Otra manera de empezar (P.1)

Bill

El tintineo de las cucharas era lo único que se podía escuchar. Pero ni tan solo eran las nuestras, ya que nosotros estábamos en total silencio. Estábamos en el bar más próximo que habíamos encontrado. Tom quería hablarnos y dijo que necesitaba sentarse. Jake dio la iniciativa de ir a un sitio tranquilo y aquí estábamos. Yo llevaba desde entonces en completo silencio. Bueno, en realidad los tres. Caminábamos hasta el bar como si estuviéramos en un funeral, se podían oír los pasos como si estos provinieran de personas que cargaban toneladas de peso. Y quizás, sí era así.

Podía sentir la presencia de Tom detrás nuestro, siguiéndonos, ya que no conocía el sitio. En realidad, ese tampoco era un gran factor por el cual estar en modo zombie, ya que yo estaba igual, y seguía a Jake hasta donde nos llevara. Yo sentía que en realidad todo era una pesadilla. Quizás una dulce pesadilla teniendo en cuenta que sentía a Tom estando realmente aquí conmigo. Pero no… Eso no podía ser real.

-¿Qué os sirvo? – todos levantamos la cabeza hacia la chica que estaba tomando nota. Estábamos en una mesa cuadrada con dos sofás, dentro de un bar un tanto lúgubre pero acogedor. Jake y yo estábamos sentados en uno y Tom (oh dios, Tom está aquí, sigo sin creerlo) estaba sentado enfrente de nosotros, un tanto más hacia mí que hacia él, y es que si yo apenas le podía dirigir la mirada, Jake no se la quitaba de encima. Le estaba observando cada uno de los movimientos y eso me ponía nervioso. Tom en cambio estaba actuando más a mi manera y no miraba más allá de sus manos.

-Un café con leche. – dijo primeramente Jake. Puso una mano en mi muslo como para darme paso y dejó que se acomodara ahí.

-Otro. – Tom y yo nos miramos prácticamente por inercia, ya que habíamos hablando al unísono. Poco tardamos en retirar las miradas. Creo que me había puesto rojo de la vergüenza. Lo peor era fingir que no nos conocíamos. Y ahora entendía porqué. ¿Cómo iba a admitir que era mi ex si ahora se presentaba como mi hermano? ¿Qué mierda era esta? La verdad es que no me lo habría creído si no fuera por aquella foto. No me hacía falta sujetarla para segur viéndola. La tenía clavada en mi cabeza y me taladraba sin darme un minuto de descanso.

La camarera no tardó nada en traernos los tres cafés con leche y seguimos cada uno nuestro ritual en silencio. Noté que Tom y yo hicimos lo mismo. Cogimos el sobrecito de café y lo sacudimos tres veces prácticamente al mismo tiempo, rompimos una de las esquinas y vertimos todo el azúcar con una mano mientras que con la otra removíamos el café para que se disolviera. Mi cara era de póquer. ¿Alguna vez habíamos hecho cosas iguales? ¿Gestos parecidos? ¿Por qué de golpe estaba pasando esto? ¿Era solo una paranoia mía?

-Joder, al final si que va a resultar que sois hermanos. – dijo de pronto Jake, algo asombrado. Mierda. Lo que faltaba. Yo no pude mas que bufar fuerte y enterrar la cara en las manos, haciendo muy notorio mi descontento ante la idea. Cuando la desenterré Tom había tirado el cuerpo para atrás y apoyando la cabeza en el respaldo del sofá, y nos miraba desde esa posición. – Bueno Tom, creo que deberías empezar a hablar. – dijo Jake fríamente. Me cogió del hombro y me acercó a él, como si Tom fuera a darme una mala noticia otra vez. Por un instante recordé que Jake y yo estábamos muy enfadados y que lo había dejado plantado en el coche sin darle opción a hacer nada al respecto. Parecía que todo había vuelto a la normalidad por causas mayores y agradecí no tener una preocupación encima como la de estar enfadados. No después de esto.

Noté cómo la mirada de Tom se ponía encima de su mano, en mi hombro, y luego la apartó.

En realidad yo estaba muy tranquilo. Bueno, igual no. Pero yo en el fondo sabía que esto no era verdad. Yo conocía a mi padre, yo sabía quién era. Yo tengo fotos con mi padre, y no es Jörg. Era imposible. Sólo tenía que dejar que el chico hablara para poder refutar mi parte. Aún tenía que fingir un poco más que no sabía qué iba a pasar. Al fin y al cabo, se supone que no nos conocemos.

-Yo emm… – lo vi muy indeciso, probablemente no sabía no cómo empezar. Lo único que tenía que hacer era repetir lo mismo que me dijo aquella noche en su casa. Y yo tenía que fingir no saberlo. – Yo… Bueno, he vivido toda mi vida sin saber nada de mi madre. Lo único que sabía de ella es que me abandonó. – No nos miraba a la cara, y probablemente no quería estar admitiéndole esto a alguien a quién no conocía de nada como era Jake. Éste por su parte, asentía a todo lo que nos decía. – Mi padre nunca me quiso decir nada de ella, ni un sola cosa. Hasta… Este verano. Lo vi en su despacho, muy hecho polvo y me enseñó una foto ella, junto a él, en el campamento. Detrás de esa foto ponían los nombres de Jörg y Simone. – me tensé al oír ese nombre. No es cierto, se llamaba Silvia. Lo recuerdo perfectamente. ¿Porqué dice Simone? ¿Es que no recuerda el nombre de su madre o qué?

-¿Tienes esa foto? – miré a Jake, con pánico. No, no, no. Me niego a ver esa foto. Seguro… Seguro que está trucada con photoshop, como la otra. En la otra en realidad sí que salgo yo, pero porque está retocada. Esto no puede ser. El corazón me latía desenfrenado esperando una negación por parte de Tom. Pero no pasó.

-Sí. – Me puse nervioso en cuanto sacó la cartera. Volvió a sacar otro papel y lo tendió sobre la mesa. ¿¿Pero qué diablos tiene en esa puñetera cartera?? Jake pareció leerme la mente.

-¿Tienes ahí a todo tu árbol genealógico? – dijo con sorna. – ¿Alguna foto más? – Tom sonrió cínico y después rebuscó dentro de la cartera, pero esta vez no sacó nada, simplemente la abrió mucho para que él pudiera ver el contenido de esta. Como si sólo él pudiera disfrutar de lo que había dentro.

-Sólo una más. – dijo mientras la observaba. – pero no tiene nada que ver con el tema. –la verdad es que no me gustó oír eso. ¿Quién salía en esa foto? Estaba claro que yo no era, ¿quién podía tener fotos mías? Bueno… Igual Mario, porque se había tirado todo el campamento tomando fotos. Pero… Tom no tenía un foto mía… ¿verdad? No… Seguro que era de aquella zorra que se estaba tirando al otro lado del teléfono cuando los escuché. –¿No vas a ver la foto? – Tom se refería a la que acababa de poner encima de la mesa. Quería decir en voz alta que “no”, que no quería verla. Que me daba pánico ver lo que había ahí, pero eso nada más que corroboraba el echo de que pudiéramos ser hermanos.

Con una mano temblorosa me acerqué poco a poco de nuevo, a un trozo de papel que podía destruirme por segunda vez. Pero no iba a hacerlo. Era imposible.

Una sonrisa demasiado conocida iluminaba la fotografía de forma asombrosa. Y a su misma vez, entristecía mi mundo de una forma estrepitosa.

-¿Por qué mi madre sale en ésta foto? – era una pregunta retórica, casi ahogada en lamentos mientras la dejaba donde estaba antes. Jake la cogió al vuelo y le dedicó una larga mirada.

-Está claro que es ella, y él es el mismo que sale con el niño pequeño… – sus labios me besaron el hombro con delicadeza y yo rompí a llorar. – ¿Has visto a Simone ya? – le preguntó a Tom.

-No… He llamado un par de veces a la puerta y no me ha respondido nadie. Después habéis aparecido vosotros.

-Bueno, continúa con la historia, por favor. – cuando dijo eso, alcé un poco la cara de entre mis manos y pude observar que él también tenía los ojos enrojecidos. Me miraba directamente y por un instante pude sentir el mismo pánico que yo estaba sintiendo. Podía no sólo ver el miedo en sus ojos, si no que lo podía notar en mi propia piel. Por un instante nos redujimos los dos a la nada, y nos sentimos chafados por la realidad. Una realidad cada vez más… aplastante.

-Me dijo que la mujer de la foto era mi madre, y bueno… No pude más y le exigí que me explicara la verdad de una vez.

Ahí empezó una danza de palabras de la cual yo ya me sabía la melodía. La partitura se escribía delante de mis ojos antes de que sonara y simplemente la recibí como a una vieja conocida. Nos habló de cómo se conocieron Jörg y Simone, nos contó cómo la precaria situación de él había llevado a la enemistad a los padres de ella, y a la terrible decisión de fingir la muerte de uno de los dos.

-Bill… Eso… ¿Eso no es lo que tu madre explica siempre? – yo ya había atado cabos en ese asunto hacía tiempo. Estaba claro que aquella historia tan trágica había sido en primera persona y no lo admitió jamás. Asentí pesadamente y empecé a temblar. – Entonces… ¿Sois gemelos? – Jake se incorporó tanto que se separó de mí. Se dedicó a observarnos a los dos y yo me tapé la cara otra vez. No quería empezar con tonterías, no… Ahora no. –Esto es imposible… Pero si no os… Bueno, la nariz… Dios tenéis la misma puñetera nariz. – bizqueé sin querer al oír eso y centré la vista en mi propia nariz, y después en la suya. Por un instante, yo también lo admití. Tom había hecho el mismo juego de miradas y volvimos a coincidir en una. No podía soportarlo, esto era demasiado.

-Y bueno, he estado ahorrando desde verano para poder venir ahora a… buscarte. – un pinchazo atravesó mi corazón. Por un instante en mi mente se recreó una de las cientos de escenas que había imaginado sobre Tom apareciendo de repente en mi vida. Y el diciéndome “que me venía a buscar”.

Por un instante el chico de delante de mí tenía rastas y el rostro mucho menos maduro.

-Esto es imposible, esto es imposible, esto es imposible…

-Espera un segundo. ¿Dónde has dicho que se habían conocido ellos dos? – saltó Jake de pronto, con un tono en la voz algo inquietante.

-En el campamento donde trabaja mi padre. – el corazón empezó a latirme muy deprisa. Mierda.

-¿Es Campamento Kaulitz? ¿No has dicho que te llamas Tom Kaulitz? – abrí los ojos desmesuradamente y quise que la tierra me tragara. Si Tom buscó mi mirada para ayudarle en este apuro, yo no quise ni participar.

-Ehh… Sí. – contestó temblorosamente.

-Cielo, ¿no es ahí donde has estado este verano? – Miiiiiieeeeeeeerda. Bill, usa tus dotes de actor. Es el momento que has estado esperando toda tu vida y para el que te has estado preparando. Por favor Bill, haz el papelón. ¡Como si te fuera el Óscar en ello! 

Me hice el sorprendido y primero miré a Jake como con desconcierto.

-Hostia, tienes razón… – después miré a Tom con una ceja alzada, esperando que entendiera con algún tipo de milagro divino “que me dejara a mí”. – ¡No me jodas! ¡De eso me sonaba el tío de las fotos! – no sé si había usado este cartucho demasiado pronto, pero tenía que acabar diciéndolo tarde o temprano.

-¿Has estado en el campamento este verano? – Tom hizo también su parte, sorprendiéndose de una manera hasta creíble. – Justo este año yo no he ido… – me descoloqué al oír eso, pero pensé que era una buena jugada.

-Justo en eso estaba pensando. La verdad es que no me suenas de nada… – Primer beso. Borracheras. Mañanas juntos. Cenas en el comedor. Sexo. – Nop, no localizo ningún recuerdo.

-¿Y… hablaste con mi padre allí? – Tom intentó pasar de ese tema enseguida y sin querer sacó otro en el que me pude ver confiado, ya que no hacía falta que fingiera aquí.

-Sí… Un par de veces. – ese hombre siempre había sido muy atento conmigo. Desde el principio, cada vez que me veía me saludaba. Incluso tiempo más tarde con lo de Tom, seguíamos hablando cada semana. Ahora que lo pienso, hace igual un mes que no sé nada de él.

-Apuesto a que te reconoció. – los dos pusimos la vista en Jake, el que había formulado la frase. – ¿De qué sino estaría viendo aquella foto? ¿De qué si no después de 20 años decidió explicártelo? Algo tuvo que ser el detonante… – esa posibilidad pareció encajar de una forma macabra en mi mente. De hecho, la palabra macabra se quedaba completamente corta.

-¿Te refieres a que por arte de magia me vio y supo que era su hijo? – pregunté, aún algo anonadado por la conclusión.

-Sí… No sé, es tu padre… – sentí que se me encogieron los hombros en un dolor punzante después de esa afirmación. – Igual fue instinto o algo. ¿Notaste que te siguiera mucho? ¿O que te preguntara por tu familia…?

De pronto, me vi, medio año atrás, manteniendo una conversación con Jörg. Recuerdo quedarme algo extrañado porque se me había acercado sin más. No consigo encontrar el contexto exacto en el que fue, pero estaba solo… Creo que me había pillado hablando en voz alta maldiciendo a Tom.

Lo único que sé, es que admitió haber conocido a mi madre, y haber estado enamorado de ella. Pero… ¿Qué edades me dijo que tenían? Como mucho catorce o así, ¿no? Mucho más jóvenes de lo que dice Tom… Las dos historias no encajan… Aunque claro, está claro que se inventó una excusa para saber de mí.

De pronto, sin quererlo, empecé a asentir, encajando muchas piezas de un puzle muy grande. Digamos que no se veía el dibujo, pero ya estaban las esquinas hechas.

-¿Sí qué? – Preguntó Jake.

Yo no podía responder así que seguí asintiendo cada vez más frenéticamente, como acordándome de más cosas. Siempre había sido muy atento conmigo, se interesaba por mí, me preguntaba a veces qué tal todo… Espera un momento, ¿le hablé de que mi madre era doctora pediatra? ¿Le hablé del porqué? ¿Le dije lo de la mujer de la cama de al lado y el niño muerto? ¡No lo recuerdo! ¿¡Qué cara puso!? ¿Y le hablé de mi padre? ¡¡Mierda, tampoco lo recuerdo!! Espera… La pieza más importante; mi padre. Eso sigue sin encajar. Yo YA TENGO un padre. Y tengo recuerdos con él…

-¿Bill puedes responder? – salí de mi ensimismamiento y miré al frente. – ¿Qué mierdas pasa? ¿Qué piensas? – fruncí el ceño al ver a Tom hablarme tan abiertamente. Se supone que a un extraño no le hablas con expresiones como “qué mierdas”, ¿no? Decidí pasar de ese tema, tenía que dejar los tecnicismos de la mentira. Si se daba cuenta ya se improvisaría algo… – ¡Bill!

Me sobresalté y respondí casi sin pensar.

-Sí, sí, sí… Jörg me preguntó por mi madre, me dijo que la conocía…

-¿QUÉÉ? – Tom sonó tan sorprendido que me hizo pensar que jamás le había llegado a hablar de esta conversación. O simplemente la había borrado de la memoria, como yo.

-Acabo de acordarme… L-Lo había olvidado completamente. Me lo comentó al principio del campamento. – Tom se relajó en la silla, sabiendo que su reacción había sido demasiado exagerada para tener a Jake delante, pero empecé a notar como le temblaba un pie de los nervios. – Jamás pensé que… Bueno, en la vida habría pensado esto.

-¿Y qué te dijo? – quiso saber, enseguida.

-Pues a ver… No lo recuerdo mucho. – cerré los ojos e intenté visualizar la cara de ese hombre. Durante un tiempo había sido lo más cercano a Tom que tenía y me producía una agradable sensación en el estómago, pero ahora me estaba empezando a parecer una persona ruin y medio psicópata. Si siempre supo que éramos hermanos (en el caso de que sea verdad), quiere decir que fue cómplice de un romance incestuoso consciente. Sin querer me entró una arcada. – Me preguntó que cómo se llamaba mi madre. – pude decir en claro.– Le contesté que se llamaba Simone y enseguida me dijo que la había conocido en la escuela secundaria.

-Eso no es lo que me dijo a mí. – saltó Tom de pronto.

-Está claro que lo que le contó a Bill era una mentira. – Jake esta vez, veía la situación desde un punto de vista más calmado y podía sacar cosas en claro de manera más fácil y racional. – Pensadlo, tu padre es de Düsseldorf y Simone es de Berlín, no se pudieron conocer en la escuela secundaria… – argumentó. – La única historia con relación al inicio del romance es la del campamento. – los dos asentimos al mismo momento. Mierda ¿Siempre habíamos actuado tan igual? ¿No se supone que eso es algo que se desarrolla al crecer juntos? – Probablemente te reconocería la cara, al fin y al cabo la tenéis igual.

-Discrepo. – Tom y yo hablamos al unísono, incluso con un tono de voz rencoroso casi inconsciente. Ahora, en vez de compartir miradas, yo me tapé la cara con las manos, enterrándola ahí. – Deja de decir lo mismo que yo.

-Los cojones, eres tú el que me está copiando. – soltó cabreado. Le saqué el dedo corazón en señal de desprecio. No pude ver su reacción pero la voz de Jake me distrajo. Él continuaba con su análisis de la situación.

-Estoy diciendo, que probablemente Jörg te reconoció cuando te vio pero no podía estar del todo seguro. Esperó a tenerte cerca para hacerte una emboscada y te preguntó algo con lo que seguro del todo iba a saber la respuesta a sus dudas; el nombre de tu madre. Si coincidíais en nombre y cara…

-Me dijo que me recordaba mucho a ella y que por eso me preguntaba si yo era su hijo… Oh dios, ahora que me acuerdo, me dijo que había estado muy enamorado de ella muchos años. Bueno, igual años no… Pero creo que me dijo que estuvo mucho tiempo colado por ella. – ¡Por el amor de dios, qué hijo de puta! ¡¡LO SABÍA TODO!!

Notaba la cara de incredulidad de Tom, como intentando decirme “¿Cómo no me lo dijiste en aquel entonces?”. Tampoco sabría qué responder… Sencillamente… Se había borrado de mi memoria.

-Pues ahí lo tienes, cuando volvió a Düsseldorf y vio a Tom, le entraría tanta nostalgia que se pondría a ver la foto de ellos y ahí fue cuando tú lo pillaste.

-Pero a ver… Sigue fallando una cosa. Sí es cierto que mi padre nos abandonó, pero eso fue cuando yo tenía cinco años. Yo tengo algunos recuerdos con él. Yo sé quién es, y no es Jörg… – intenté decir lo más calmado que pude. No quería sonar como si estuviera recriminándole a Tom que estaba mintiendo, era solo… Que yo estaba dando mi posición… mi punto de vista real según mis recuerdos.

-Es cierto…- dijo Jake en voz alta. Se frotó las sientes y finalmente habló en voz alta: –esto es algo que deberíais hablar con Simone. – en cuanto finalizó esa frase sentí cómo un cubo de agua helada descendía por mi espalda haciendo que me retorciera como si me estuvieran clavando cuchillos por todas partes.

Empecé a sentir que eso era demasiado para mí. Estaba claro que tarde o temprano íbamos a tener que involucrar a mi madre en todo este asunto, pero… Pero sentía que aquello era demasiado para mí.

-No. No quiero. No quiero ni que veas a mi madre, ni que te acerques a ella, y mucho menos quiero que seas mi hermano. – me levanté de ahí sin mirar a nadie y me enfile hacia la puerta con los ojos llenos de lágrimas. Noté cómo se levantaban y chillaban mi nombre –Dejadme en paz, ¡los dos! – no sé porqué me enfadaba tanto con ellos, porque en el fondo… Ellos no habían hecho nada, pero por lo pronto yo necesitaba salir de ahí, solo.

Necesitaba pensar, necesitaba digerir toda esta mierda. Necesitaba… Que no fuera verdad. Eso era lo único que quería.

El frío de la calle me azotó como nunca antes, probablemente porque de llorar, mis mejillas ardientes ahora se tenían que enfrentar a algo congelado. Ojalá se me congelaran las lágrimas con el frio, ojalá no fuera tan nenaza ante cualquier cosa que me ocurriera…

Pero es que… ¿Quién se queda inmune de esta situación? Incluso… Incluso él. Me lo había encontrado llorando en mi puerta. Tom también estaba destrozado.

Continúa…

Gracias por la visita.

Publico con autorización del autor

1 Comment

  1. 😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭💔💔💔

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