Oscuro Berlín (P.2)

Mit dir, in die Nacht III: Oscuro Berlín

Capítulo 1: Otra manera de empezar (P.2)

Tom

Me quedé a solas con el hippiemierdas y me empezó a nacer en el estómago la mayor sensación de querer salir corriendo que había tenido nunca. Me estaba costando horrores fingir que me daba igual no sólo la presencia de Bill, si no la de éste. ¿Y ahora qué mierdas hacía? Bill no me quería como hermano, y era comprensible, pero tampoco me estaba dejando descubrir la verdad…

Me pegué dos puñetazos en la frente intentado serenarme.

-Voy a pedir la cuenta. –dije levantándome de ahí cuanto antes.

-Espera espera. – no me agarró del brazo pero cuando me giré a mirarle vi que tenía la intención de hacerlo. Una mano encima mío y te parto la vida, chaval. – Oye… He de admitir que estoy un poco… Confuso. Las fotos son muy convincentes y todas las coincidencias… Joder, aquí pasa algo.

Vaya, ¿Se le había aparecido Dios en estos dos segundos y lo había iluminado con su sabiduría? Me quedé en silencio esperando a ver si iba a decir algo más, y finalmente así fue.

-Me fastidia muchísimo que Bill tenga que pasar por toda esta mierda, y sin querer te estoy echando la culpa a ti, pero… También creo que tienes… Derecho a saber cual es la verdad. ¿Tu padre nunca te habló de alguien que conoció en el campamento éste verano? –le aguanté la mirada y finalmente negué con la cabeza. Si él supiera porqué me había ocultado esa información… – Bueno pues… Hablaré con Bill a ver si lo convenzo.

Asentí y fui hacia la barra, Jake me siguió y pagó lo de Bill. Cuando estuve apunto de salir por la puerta, oí de nuevo su irritante voz. ¿Pero qué mierdas la pasa a este? ¿No se da cuenta que no lo trago? Tenía demasiadas cosas en las que pensar como para que el hippiemierdas me entretuviera de esta manera.

-Dame tu teléfono móvil, si consigo convencer a Bill te llamo o algo… – ¿pero ahora porqué se estaba involucrando tanto este tío? ¿Es que le doy pena? ¿Tiene un pasado como el mío o qué mierdas pasa? – Podría probar a decirle que te llame o algo así… Pero necesito tu teléfono primero. – sonreí cínico ante ese comentario. No sería la primera vez que espero una llamada de Bill y aun teniendo mi número no me llama. Pero claro, una vez más, no podía decirle eso.

Hicimos el intercambio de móviles y en ningún momento nadie dijo nada del teléfono de Bill. Tampoco estaba muy seguro de quererlo. Después de cómo se había ido, y con todo lo que me había dicho, empezaba a pensar que era mucho mejor tener una relación de distancia y odio (o al menos de indiferencia) que la de una constante fachada en la que pretendíamos que jamás había pasado nada y teníamos que aguantar “llevarnos bien”.

No, lo siento pero no podía. Me entraban arcadas de pensarlo.

Me fui de ahí intentando guiarme por los pasos que habíamos hecho antes. Sin quererlo había llegado de nuevo a casa de Bill y pude ver una única luz parpadeante en una de las ventanas. En la calle ya estaba oscureciendo y apenas esa luz era un faro luminoso que empezaba a alumbrar la calle antes de que se encendieran las farolas. Suspiré, resignado, y seguí caminando. Por fortuna o por desgracia, la casa de Bill era mi punto de inicio. Sólo habría podido llegar desde aquí. Dios santo, tengo que hacer el camino al curro antes de empezar el lunes para saber llegar bien. Menudo estoy hecho…

No me di cuenta de lo realmente cerca que estaba de su casa hasta que no hice de nuevo el camino de vuelta. ¿Cuánto tardaba? ¿Dos minutos? ¿Tres si el semáforo estaba en rojo? Genial… Sólo a mí se me había ocurrido venir a vivir tan cerca. Aunque claro, tampoco sabía que todo esto iba a ocurrir de esta manera.

Dejé las llaves de mi casa en la repisa de un pequeño mueble que había en la entrada y me estiré en el sofá. Tendría que comprarle un pequeño cuenco o bol para las llaves…

Mi mente no dejaba de repasar cada instante de lo que había sucedido: Recordaba cuando estaba esperando en su puerta prácticamente mordiéndome las uñas de los nervios, también se me repetían las escenas del buzón, con sus nombres… Me volví a ver vomitando en el parque. Sentí de nuevo aquel “¿Hola?” que había dicho. Aún sentía como me iba a explotar el pecho del pánico, de estar a punto de enfrentarme a la verdad, de… De ver que realmente era Bill quien vivía en esa casa. “¿Tom?” también dijo.

Intenté eliminar todo pensamiento y aceptar la verdad como si se tratara de una lección de matemáticas que no entiendes pero que está ahí para el examen. Me fui a mi habitación y me puse a seguir metiendo cosas de las cajas en su sitio. No quería pensar. No quería pensar absolutamente nada de nada.

Encendí el ordenador y puse música de fondo para distraerme mientras seguía a lo mío. No dejes que esto te afecte. Es… Jodido, pero al menos todo este tiempo ha servido para que ¿duela menos? Supongo que si aún estuviéramos juntos esto habría sido casi imposible…

Cuando apenas llevaba diez minutos colocando cosas en las estanterías, algunos posters y de más, intentando cantar las letras de las canciones para tener algo en lo que pensar, algo paró esa música y me giré, algo extrañado, a ver qué pasaba con el ordenador.

Biel quería iniciar una video llamada conmigo.

Me entró una sensación muy extraña. Por un lado quería aceptarla y arrancar su cuerpo de la pantalla para tenerlo aquí conmigo, pero por otro no quería que me preguntara por mi madre, ni por nada que estuviera relacionado con ello. Tardé en contestar pero finalmente acabé aceptando. No me senté en la silla, prefería seguir haciendo cosas e ir hablando con él de fondo.

– ¿Hola? ¿Tom? – vaya, esas eran las dos palabras estrellas del día.

-Hola Cachorro. – dije apareciendo en el ángulo de visión de la cámara. Biel ensanchó una sonrisa preciosa y me saludó con la mano enérgicamente. – ¿Qué haces aburrido tan pronto?

-¡De aburrido nada! Quería hablar contigo viéndote la cara y en cuanto he visto que estabas conectado he aprovechado. –dijo del tirón. – ¿Qué tal? ¿Cómo estás?

-Pues ya ves… Liado con la mudanza. – intenté sonar lo más casual que pude.

-¿Y porqué no te quitas la camiseta? La vas a dejar toda sudada… – dijo con una voz un tanto sensual.

-No me la vas a colar, estamos en Febrero y no tengo calefacción aún. Creo que me quedaré así. – dije riéndome de lo que acababa de pasar. – ¿Tan rápido queriendo hacer marranadas por internet? Eres un depravado sexual eh…

-Se llama echarte de menos, ¡listo! Aparte, te fuiste de muy mala manera… Esto es una especie de recompensa.– me recriminó.

-Yo también te echo de menos… – intenté pasar por alto ese último comentario y le acabé diciendo algo que le alegraría mucho y que además, era cierto. Por fin podía decir algo que sí era verdad. Por fin podía sacar una parte sincera. Maldita sea, echaba de menos a ese imbécil. Y sólo hacía dos días que no nos veíamos. No dijo nada y se llevó la mano a la boca. Se la tapó y enseguida vi cómo se le humedecían los ojos. – Eeeehhh… Qué haces. Ni se te ocurra. – lo que me faltaba, más lágrimas al otro lado del país, como si no tuviera suficiente con las de éste. – Vamos Bieel… No te pongas así. – vi como enterraba la cara en las manos y empezaba a convulsionarse un poco. – Joooodeeer… Va por favor. – Me senté en la silla y me aproximé a la pantalla como si de esa manera realmente me aproximara a él. – Biel, Biel. Mírame ¿quieres? – con mucha lentitud se pasó las palmas de las manos por las mejillas e intentó secar las lágrimas mientras me miraba, con los ojos hundidos. – ¿Has comprado los billetes ya? – lo vi asentir como con desesperación. – Pues ya está cachorro, de aquí cuatro semanas podrás estar como 7 o 10 días tocándome la moral como sólo tú sabes hacerlo.

Soltó una risilla extraña, entre el hipo, el llanto y la risa. Después asintió lentamente y se tranquilizó.

-Perdón… Soy un exagerado.

-Beh… Me has conquistado así igual – le guiñé un ojo y él se mordió el labio. No fue de una manera provocativa ni nada así, fue simplemente… añoranza, supongo.

-Como me entere que has estado con alguien más… – rodé los ojos ante el tema. Ya empezábamos otra vez..

-Pero a ver Biel, ¿Por qué te preocupas tanto? Ya te dije que no quería una relación precisamente por eso. Yo ya sabía que me iba a ir tarde o temprano. No sé lo que haré aquí…

-Acabas de decirme que te he conquistado. – dijo citando mis propias palabras. Sonreí.

-Y así es. Pero ¿Cómo voy a vivir mis días sin tu amor? Tengo que hacer algo al respecto ¿no? – me puse algo teatrero. – Alguien con quien estar mientras pienso en ti. – y mientras decía eso me llevaba una mano al pecho y con la otra señalaba la pantalla. Sólo me había faltado ponerle algo de ritmo a mis ultimas palabras. Biel se rió, algo abatido por haber tenido esta conversación cientos de veces. Él sabe que si estuviera aquí, todo sería distinto. Pero no era así. Además, él también podía hacer lo que quisiera. Aunque me fastidiara, claro.

-Tengo una idea.

-Sorpréndeme. – le reté.

-Sólo podrás estar con gente que sea más guapo a guapa que yo. – dijo muy seguro de sus palabras.

-¿Y eso porqué? ¿No tienes miedo de que te acaben sustituyendo de verdad?

-Nop, ¡Porque no existen! MUAHAHAHAHAH – fingió esa última risa de la forma más maligna que pudo y no pude evitar reír como no lo había hecho en semanas.

-Bieeeel…

-¡Prométemelo!

-Está bien, te lo promeeto… – dije con resignación.

Una vibración en el suelo de la habitación hizo que volviera al mundo real. Miré hacia mi móvil, que se estaba cargando en el enchufe que había cerca de la puerta.

-Biel espera, que me han enviado algo al móvil. – no esperé ninguna respuesta y simplemente me acerqué al sitio en cuestión y miré qué había en la pantalla. La notificación indicaba un número que no estaba registrado. Con el corazón en un puño me metí dentro del móvil y me adentré en los mensajes. Abrí el primero de todos que rezaba lo siguiente:

“Mi madre llega en una hora. Ya sabes dónde vivo”.

No me hizo falta razonar demasiado para saber que el propietario de aquel mensaje era Bill. El pulso de mi mano se había acelerado tanto que me costó horrores volver a bloquear el móvil. Me puse muy nervioso de pronto, como cuando llamé a la puerta de Bill por primera vez hacía ya unas horas.

¿Se supone que realmente Bill quiere que vaya? Seguro que Jake lo ha llamado y lo ha acabado convenciendo. Joder, me toca la moral que ese gilipollas se esté portando bien conmigo. Yo no quiero deberle nada a ese pintamonas. Negué con la cabeza y dejé el móvil donde estaba. No tenía pensado responder, tampoco sabía realmente si ir o no.

Me serené lo mejor que pude y me enfrenté de nuevo a la cámara.

-¿Qué pasaba?

-Nada, me han enviado un mensaje con cosas del curro del lunes. Dónde tengo que ir primero y eso… – mentí muy descaradamente. Biel simplemente asintió y se puso serio.

-Oye… ¿Has ido ya a…? Bueno… ¿A ver tu madre? – sacó el tema con mucho cuidado y tensé la mandíbula al instante.

-No. He estado muy liado con las cosas de la casa la verdad… – tragué fuertemente. – Ya iré mañana… La verdad es que me pongo nervioso al pensarlo… – intenté reír tímidamente, dándole credibilidad a la mentira, y me pareció ver en el rostro de Biel, que estaba funcionando.

-Claro Tom, no te preocupes.

Estuvimos hablando un rato más, de cosas sin importancia, disfrutando de lo poco que podíamos conseguir del otro en esos instantes. Yo seguía colocando las cosas en su sitio y de vez en cuando miraba el reloj. No tenía muy claro que quisiera ir. Me parecía que Bill sólo había aceptado por el mero hecho de sentirse obligado a ello, y no era un tema cualquiera. No es la indecisión de comprar una marca u otra, estábamos hablando de personas. De él, de su madre, y de mí. Aunque Bill estaba pensando poco en mí la verdad.

Aunque por otro lado, si realmente éramos hermanos, no quería saberlo…

Volví a sentir una vibración de fondo. ¿Sería Bill otra vez? ¿Está esperando a que le conteste? De nuevo, me excusé ante Biel y fui a mirar el teléfono, algo nervioso. Esta vez, la pantalla mostraba claramente la palabra “Jake”. Me entraron ganas de aplastar el móvil con las manos, de no abrirlo, o de enviarle un virus virtual.

Me serené y me dirigí a abrir el contenido del mensaje.

“Lo siento Tom, llevo toda la tarde llamándolo y no me contesta. Supongo que hay que dejarle tiempo”

Mi cara de incredulidad debía ser como para hacerle una foto y crear un meme de internet. ¿Perdón? ¿Cómo que no había hablado con Bill aún? Releí el mensaje cientos de veces intentando descubrir algún significado oculto, o esperando a que las letras cambiaran de posición y todo tuviera más sentido, pero no era así.

¿Qué diablos?

Mi cabeza empezó a pensar mil cosas. Primero que Bill había tomado la determinación él solo finalmente y sí quería que fuera a hablar con Simone. Lo segundo fue mirar la hora al instante y cerciorarme de aún tenía tiempo de poder vestirme y prepararme mejor para presentarme en casa de Bill. De sólo pensarlo me puse a sudar de los nervios. Madre mía, ¿iba a conocer a Simone? ¿Iba a saber la verdad definitivamente? Me sentí mal por “quitarle” la madre a Bill, pero… Él mejor que nadie sabe que yo no habría escogido esto. Él sabía desde siempre que mi único objetivo era venir a Berlín a descubrir la verdad…

Soy el primero que piensa que es una desgracia que las cosas hayan acabado de esta manera en mi vida. Jamás me habría imaginado que algo así pudiera pasarme. Era macabro.

Mi mente siguió viajando por cientos de pensamientos y llegó a una conclusión que me hizo sentir bien y mal al mismo tiempo. En primer lugar, la idea de que Bill hubiera estado evitando a Jake toda la tarde, me sacaba una sonrisa traviesa que no sabía cómo describir apropiadamente. Por otro lado, la mala sensación era precisamente que no quería alegrarme por ese hecho. No podía… Alegrarme por algo así. De hecho, tenía que apoyar la relación de Bill con Jake. Tenía… Que superarlo. Y ahora más que nunca.

Pero bueno, nunca estaba de más llevarme una pequeña satisfacción, y sobre todo después del día de mierda que estaba teniendo. Jódete Jake. Alégrate de que al menos tú si puedes llamarlo. No todos tuvimos esa suerte.

¡Tom supéralo!

Espera… Espera… Espera. ESPERA. ¿Si Jake no le ha llamado, jamás le ha llegado a dar mi número, no? ¿Eso quiere decir que Bill lo sigue conservando? ¿Si yo le hubiera cogido el teléfono a Bill antes de sentarnos a hablar en la cafetería siquiera, y mirara en sus contactos, vería mi nombre escrito? ¿Pero qué broma tan macabra era esta? ¿Para qué mierdas iba a seguir conservando mi número? ¿Es que pensaba usarlo de verdad? ¿Qué mierdas de sin sentido era este?

Negué con la cabeza e intenté no pensar en el tema. Si quería que todo quedara reducido a un pasado lejano, el primer ejercicio era no pensar en el pasado como si aún estuviera vigente.

¿Que Bill ha decidido mostrar ampliamente que si quiso llamarme alguna vez, siempre tuvo mi teléfono? Pues bien. ¿Que al final Bill no me quiso llamar nunca? Pues bien también.

Me despedí de Biel y le prometí que lo llamaría por la noche después de acabar de recoger todo y de cenar un poco. La última imagen de él mostraba a un muchacho demasiado conmocionado y triste como para decirme adiós y eso me rompió un poco el corazón. Suspiré sonoramente y agarré a Nit mientras me tiraba en la cama, con ella en brazos. Al principio eso la descolocó un poco pero finalmente se acomodó en mi pecho mientras le acariciaba el lomo suavemente.

-Nit, puede que hoy descubra la verdad, y estoy totalmente aterrorizado…

.

Conté hasta tres por lo menos diez veces y al final de la cuenta atrás jamás conseguía acabar dando al interfono. Antes, cuando me había encontrado en esta situación, no había tenido tantos problemas para llamar a la puerta, pero desde todo lo ocurrido… Simplemente me daba pánico.

Respiré fuertemente y tras un impulso que ni supe controlar, le di al interfono fuertemente. Oh dios, oh dios, oh dios, oh dios que lo he hecho.

Me temblaba tanto el pulso que si hubiera llevado algo en las manos, habría acabado en el suelo seguramente. Adiós móvil, o llaves, o cartera, o lo que fuera.

Sentí unos pasos aproximándose y no supe decidir qué hubiera sido peor, si encontrarme con Simone o con Bill. Cerré los ojos y recé un padre nuestro sin saber muy bien qué le estaba pidiendo a Dios, así que cuando Bill abrió la puerta, solamente pude mirar al suelo y esperar a que dijera algo, sin sostenerle la mirada.

Pude sentir su ojos fijos en mí durante un instante, y luego se giró, empezando a andar de vuelta hacia dentro de la casa.

-Pasa. – dijo con la voz fúnebre. Arrastré los pies detrás de él, como si yo también formara parte del velatorio, y me tocara cargar el féretro. Miré las paredes, y un poco de la casa, y pude ver que era enorme. Encima de mí habían al menos dos o tres pisos más, y eso era una pasada. Lo seguí durante un largo pasillo, y éste acabó desembocando en una sala de estar, con una puerta de cristal que llevaba al jardín trasero. Estaba tan nervioso que si me quedaba quieto de pie, se me verían temblar las piernas como si fueran pura gelatina.

Bill se sentó en el sofá individual más cercano a la puerta del jardín y me dio paso para que me sentara en el que había justo al lado, ésta vez para dos personas. Sacó la cajetilla de tabaco, y después de agenciarse un cigarro, me lo puso justo enfrente, en una mesa que había.

-Pilla si quieres. – dijo seco. Asentí, y procedí a calmar tensiones usando el humo del cigarro. Volví a dejar el paquete donde estaba y me tendí hacia delante, con las dos manos entrelazadas, justo debajo de la barbilla, sin saber qué decir o hacer. – Mi madre debe de estar al caer. – de pronto alcé la mirada, sorprendido. Su voz se habría quebrado tanto que apenas había podido entender la última palabra. Se había tapado la cara con las manos y estaba respirando fuerte, como si intenta contener el llanto. – Esto no puede estar pasando… – al oírle decir eso a mí también se me empezaron a aguar los ojos.

-Yo tampoco quiero nada de esto. – dije en voz alta. Intentándolo dejar bien claro, aunque fuera obvio.

El sonido de las llaves hizo que mi cabeza se girara instintivamente hasta la dirección de la puerta. El corazón me palpitaba mas fuerte si cabía y pronto no supe qué hacer con las manos. ¿Dejaba el cigarro? ¿No sería de mala educación estar fumando ahora? Bill también miraba a la puerta, pero seguía llorando, y le parecía más bien poco importante el cigarro ahora.

Empecé a respirar más fuerte y pronto se escuchó la puerta.

– ¿Hola? ¿Hay alguien en casa? – quise desaparecer.

Por un momento no quise estar ahí, y sencillamente quería volver a mi casa, en Düsseldorf, quise incluso ver a Biel, y echar de menos a Bill como lo hacía siempre. Quería ver a mis maricas, quería incluso estar trabajando en la fábrica de mierda… Lo quería todo, menos esto.

-Sí… Aquí mamá. – La voz rota poco disimulada de Bill, sonó a mi lado, haciéndome más real el momento y menos posible de eliminar. Aquí estás Tom, aquí estás.

-¿Bill? ¿Cielo? – la voz de una madre preocupada se acercó a pasos agigantados. Pronto, apareció del pasillo, con los ojos desesperados en busca de su hijo.

Lo vio mucho antes que a mí, y se le acercó corriendo. Al verlo llorar le despegó las manos del rostro y lo miró directamente. Bill se puso a negar con la cabeza mientras que intentaba volver a taparse la cara, volviendo a llorar desconsolado.

-¿Bill? ¿Qué te pasa? – al no recibir respuesta buscó ayuda a su alrededor, y como era de esperar, fijó sus ojos en mí. Yo me quedé quieto, mudo, estático. Sin querer, aguanté incluso la respiración. – ¿Qué… qué le pasa? – me preguntó, como si me conociera de toda la vida. – ¿Qui… Quién eres? – la vi examinarme el rostro paseándose por todas partes, como si estuviera analizando cada centímetro de mí. ¿Me habría reconocido? ¿Sería este el instinto de una madre? Negó rápidamente con la cabeza y volvió a mirar a Bill. – ¿Ha pasado algo con Jake, cielo? ¿Estás saliendo con este chico de aquí ahora? ¿Qué pasa…? Explícamelo. – me puse rojo de oír eso. Lo que faltaba… ¿¡Porqué mierdas es lo primero que ha pensado!?

-NO. – dijo prácticamente al instante, lo más rápido que le permitió su voz en cuanto se recuperó- No es eso… Con Jake estoy bien. – se intentó apartar las lágrimas con cuidado y de pronto, cogió mucho aire, y la miró seriamente.

Se puso de pie lentamente, y su madre se irguió a su lado. Sin querer, sentí la obligación de alzarme junto a ellos. La madre de Bill reparó en mi de nuevo, y volví a sentir que su mirada estaba llena de contradicciones. Me miraba extrañada, y con algo de miedo. Durante un instante la vi comparándonos, cambiando de un rostro a otro. Oh dios… Oh dios.

-¿Qué… Qué está pasando? – dijo con cierto miedo en la voz.

-Mamá… Quiero que seas totalmente sincera. Ni se te ocurra mentirme. – la voz seria de Bill me heló la sangre, y casi pude sentir que le pasaba lo mismo a Simone. – ¿Conoces a un hombre que se llama Jörg? – las cejas de Simone, pasaron de un estado de preocupación a un estado de desolación. Se había quedado pálida, y muda. Durante unos instantes no la vi con intención de responder. Miraba a Bill, con los ojos igual de aguados y respirando costosamente. – Mamá, contéstame. – le suplicó Bill, aún siendo tajante e intimidante.

-Sí. – contestó miedosa.

-¿Y quién es? – preguntó de nuevo Bill. Yo volví a estar como un puñetero flan. Los miraba de uno a otro, y sentía cómo el pecho se me iba cerrando poco a poco de los nervios.

-¿Porqué me preguntas esto Bill? ¿Quién es este chico? – eso último lo hizo mirándome a mí, y casi sentí una súplica en sus ojos, pidiéndome que por favor le explicara ya, qué diablos pasaba.

-Éste chico se llama Tom. – de nuevo me miró, con los ojos como platos. Se llevó las manos a la boca y se fue encogiendo poco a poco. – Puedes… ¿enseñarle la foto? – dijo Bill, mirándome, volviéndome a dirigir la palabra de nuevo.

Actué casi al instante, buscando la cartera y sintiendo la necesidad de ayudar a Bill en algo que en realidad debería estar haciendo yo. La encontré rápidamente y la desdoblé. La miré un instante antes de entregársela, viendo cómo la catástrofe se iba a apoderar de la situación.

Me temblaba la mano como nunca en la vida, pero no me di cuenta hasta que Bill acercó la suya para agarrar el papel. Él se estaba manteniendo serio y muy sereno. ¿Cuánto le duraría esta fachada? ¿Habría llorado ya lo suficiente para mantenerse calmado? No… Aún habían océanos que derramar si esto acababa siendo verdad.

-¿Quién sale en esta foto? – la miró unos instantes antes de tendérsela y lo que ocurrió a continuación fue simplemente horrible.

Simone miró la foto con los ojos que se le salían de las órbitas. La observó detenidamente y depositó los ojos en mí una última vez. Me preguntaba si realmente me estaba viendo a través de todas las lágrimas que parecían amenazantes en descender.

-¿To…? – empezó la frase pero de pronto empezó a no poder respirar bien. Bill y yo la miramos preocupada. – ¿Tom…? – dijo antes de simplemente, desfallecer.

Me lancé desesperado a cogerla pero para cuando la pude sujetar, se había golpeado con la mesa que había al lado.

-¡¡MAMAA!! – gritó Bill al instante, tendiéndose a mi lado. Mi pulso estaba tan acelerado que no podía pensar con claridad. La mujer estaba en mis brazos, respirando, pero tenía algo de sangre en la cabeza. Mierda se había golpeado con la puñetera esquina. –¡¡TOOOOM!! MI MADREEE – empezó a chillar desesperado. La miró a la cara. –MAMAAAA – intentó zarandearla pero no reaccionaba. Empezó a berrear y a chillar de miedo.

-Bill, Bill. Por favor cálmate. Si está sangrando por fuera es buena señal ¿vale? Simplemente se ha desmallado y se ha golpeado. – intenté tranquilizarlo, sacando la racionalidad de donde no podía. Tenía que recuperar la compostura. – Llamo a una ambulancia que vengan volando. Prepárale cosas para poder llevarla al hospital. No sé, muda para la noche por si la tienen que ingresar, lo que sea, cepillo de dientes, cargador del móvil…

Bill empezó a asentir como si fuera una marioneta controlada por mi mismo, y empezó a tranquilizarse. Creo que lo que ahora más necesitaba era alguien que le diera soluciones en un momento tan complicado de su vida. Bueno, de nuestra vida…

Se limpió las lágrimas mientras iba corriendo a por cosas. Yo adentré mis manos en el bolsillo para sacar el móvil, llamé a urgencias y en poco menos de cinco minutos estaban plantados en la puerta. Madre mía, qué eficiencia.

-Coge también muda para ti. – dije a Bill, que lo vi con una pequeña bolsa.

Los de la ambulancia llegaron con una camilla y la levantaron del suelo con mucho cuidado. Bill llegó justo para presenciar la escena y con una mano en la boca no pudo evitar apretarme en un brazo con la otra.

Me quedé tenso, sin saber qué hacer. No quería sentir a Bill tan cerca, no podía dejar que su tacto me volviera a embriagar… No. No podía dejar que su olor volviera a ser mi razón de vivir. Tom, ahora es tu hermano. Piensa simplemente eso.

Intenté que su contacto no me preocupara y avanzamos juntos hasta donde estaban los hombres.

-¿Quién viene en la ambulancia? – preguntó un hombre, apurado.

-Yo. – dijo Bill enseguida. Asentí ante la información. Lo vi dirigiéndose hasta la puerta, y de pronto se giró. – Ten. – me tendió las llaves de su casa. – Yo llevo las de mi madre. –supongo que me las daba por si necesitaba algo y quería que lo viniera a buscar yo. – ¿Nos vemos ahora en el hospital? – más que una pregunta, parecía una pequeña súplica escondida.

-Claro. – le aseguré. Asintió y se apresuró a salir por la puerta.

La casa se quedó en silencio y yo me quedé ahí. Sin saber qué hacer o pensar. Inspiré varias veces y finalmente salí de la casa, cerrándolo todo debidamente. Llegue a mi coche y volví a sentir el cuero de los asientos. Supe que jamás me había sentido tan seguro de algo; Bill y yo éramos hermanos.

La reacción de Simone había sido más que normal para el reencuentro de un hijo perdido.

Por el amor de dios, si me llega a pasar a mí habría muerto en vez de sólo desmayarme.

Así que ahora no había marcha atrás. Bill y yo éramos hermanos. No solamente teníamos la misma puñetera sangre, sino que teníamos la misma puñetera cara. Pero… ¿realmente nos parecemos? No creo que seamos gemelos…

Joder, no me creo aún que realmente esté dando por sentado todo esto. Bill siendo mi hermano. El karma me tiene muy jodido. Algo muy malo tuve que haber hecho en otra vida, porque no creo que haya nada posible hecho o por hacer que se pueda equiparar a pagarlo con esto. ¿Llevaría bigotillo en otra época? Esto de ser alemán da un par de pistas…

Ts… Sí, más vale que lo lleves con humor, Tom. Porque todo lo que queda por delante son demasiadas piedras que vas a tener que sufrir con una sonrisa en la cara para que nadie se cerciore del dolor.

.

Llegué al hospital y pregunté por Simone. Me indicaron el piso de atención de urgencias y llegué lo más deprisa que pude. Me encontré a Bill de frente, al teléfono, dando vueltas sin parar, en la sala de espera.

– Sí… Sí, Jake. Se ha desmayado… Por el amor de dios… Esta mierda es cierta… Estoy en el hospital.- hubo un silencio y ni siquiera se cercioró de que me estaba acercando a él. Supongo que en el fondo ya me iba bien saber que Bill sólo tenía sus ojos para el hippiemierdas. Tom, así está la situación. Aprende a vivir con ella. – Se ha golpeado con la mesa… Lo sé, lo sé. – de pronto se dio cuenta de que yo estaba allí. Le saludé con la mano, de manera algo incómoda, como quien no quiere la cosa, y él simplemente asintió. – No, tranquilo… No hace falta que vengas. Tom acaba de llegar. – silencio de nuevo. Bill asintiendo. – Vale, te quiero. Luego hablamos.

¿Te quiero? No me ha dicho te quiero en su puñetera vida. ¿Qué diablos es esto? Bueno vale… Nosotros no duramos ni un mes, ellos llevan más. Aunque el amor de su vida, era yo ¿no?

No Tom, eres su hermano. Su puto hermano. ¡Acéptalo!

-Hola… – dijo al separar el móvil del oído.

No le supe responder con palabras así que hice una mueca extraña con la boca. ¿Era una sonrisa? No, seguro que no lo era… Aunque esa era mi intención.

Compartimos una mirada muy extraña en la que no supe realmente descifrar lo que me decía y en la que ni yo mismo sabía qué podría él leer en mis ojos. Finalmente nos acabamos sentando en las sillas de la sala de espera. Entre ambos se quedó una silla vacía y eso hizo que se ensanchara el agujero de mi pecho.

Nos quedamos en silencio un buen rato en el que podría jurar que Bill escuchaba los latidos de mi corazón de lo fuerte que golpeaba. Intentaba serenarme, pero su olor no me dejaba. Cada vez que inspiraba más fuerte nada más que lo podía ver tumbado en mi cama, en el campamento, chillando mi nombre.

Sacudí la cabeza con fuerza y hablé sin querer.

-¿No han dicho nada? – me salió casi de una manera ininteligible. Como si mente hubiera soltado lo primero que vi adecuado para deshacerme de esas imágenes. Y qué imágenes…

-Han dicho que tiene una pequeña contusión. Que pasará la noche hospitalizada para descartar lo que sea y que pueda estar bien atendida en ese caso.

Asentí profundamente y volví a hablar.

-¿Se puede entrar a visitarla?

-Sí… Me han dicho que solo teníamos que esperar diez minutos o así… Pero ya han pasado veint… -la frase se quedó a medias al oír el sonido de una puerta abierta. 

Todos los de la sala nos giramos corriendo a ver quién era. Un hombre con una bata blanca y una carpeta, tenía de golpe, toda nuestra atención.

-¿Bill Trümper? – el susodicho se levantó de golpe y yo me uní a él sin querer. – ¿Usted también es familiar? – dijo el doctor de golpe. Jamás me había enfrentado a una pregunta tan difícil. Ni siquiera creí ver tanta dificultad cuando empecé a cuestionarme a mi mismo si realmente me estaba enamorando de un hombre.

-Sí. – contestó Bill por mí, con una seriedad y serenidad que no supe entender.

-Está bien, ya pueden entrar. – dejé que Bill se encaminara primero y en cuanto entramos al pasillo que estaba al otro lado de la puerta, el hombre nos volvió a hablar – Aún no está despierta. Como ya habíamos dicho ha sido un golpe superficial. Le hemos puesto puntos, pero parece que aun estará un par de horas en estado inconsciente. – Nos plantamos delante de una puerta, y no nos movimos de ahí hasta que dejó claro lo siguiente. – es evidente que algo le ha afectado profundamente. Será mejor que cuando se despierte, todo sea tratado de manera más delicada. – nos dedicó una mirada profunda y luego abrió la puerta. Nos indicó que entráramos, y una vez ambos estuvimos dentro de la habitación, cerró y desapareció.

Bill y yo avanzamos a pasos cortos e inseguros pero acabamos cada uno al lado de la cama de… nuestra madre. Oí un sollozo a mi izquierda y miré al moreno. Estaba gimoteando, todo rojo, con el maquillaje empezándosele a correr.

-Ey… Tranquilo, ella se recuperará. –en el fondo, yo quería portarme de manera despiadada con él. No podía simplemente olvidar todo el daño que me había hecho estos meses y empezar una relación de cero. La verdad es que yo lo que quería era tener el mínimo contacto con él, un “hola y adiós” en el caso de encontrarnos inevitablemente por la calle.

Quería que tuviéramos la relación más fría y arisca que pudiera crear entre los dos. Quería que él estuviera “feliz” (y entre comillas, porque tampoco quiero su felicidad) con Jake y esto debía ser así desde el primer momento. Pero… Dios, con lo que acaba de pasar… No podía ser de esa manera. Al menos, no aún…

-Oye… ¿Quieres que te traiga algo para desmaquillarte? – él se sorprendió de mi comentario y puso una cara rara. – Se te ha esparcido todo por la cara. – se miró las manos, y se las vio manchadas en color negro, supongo que de intentar limpiarse las lágrimas que ya estaban manchadas en tinta.

-Sí… Sí por favor. Gracias. – me fui a levantar y a dirigirme a ello cuando de pronto me vi perdido en mis actos. ¿Y ahora qué hacía? ¿Dónde conseguía yo algo para desmaquillarlo? ¿Papel mojado? ¿Con eso bastaba…? – en el baño encontrarás un neceser. – asentí, aliviado ante la información y pronto acabé adentrándome en el lugar indicado.

En medio de las dos picas que había en la encimera del baño, encontré una bolsa bastante grande. Deduje que se trataba de eso. Era como cuadrada y acolchada, y una tira de cremallera bordeaba todos los lados excepto uno. Lo fui abriendo poco a poco hasta cerciorarme de que se quedaba como un plumier de colores de la escuela. A cada lado había un departamento enorme. En uno de ellos, vi tres elementos que de pronto me parecieron de lo más enigmáticos.

Toallitas desmaquillantes

Cuchilla

Espuma de afeitar.

Se me cruzaron millones de pensamientos y sólo pude sacar una idea en claro de todo aquel remolino de caos y sinsentidos; No recordaba a Bill sin maquillaje. ¿Me habría dado cuenta que Bill era mi hermano si alguna vez lo hubiera visto sin maquillar?

Sólo su maquillaje y mi barba nos separaba de ponernos uno al lado del otro, con las caras desnudas, y ver cuan dolorosa era la verdad.

Sin pensarlo demasiado (porque si lo hacía me iba a arrepentir), unté un poco de espuma en mi cara y me la esparcí por todo lo que ésta me permitió. Puse el tapón de la pica de la derecha, y dejé que cayera agua hasta llenarse un poco. Cuando creí que había llegado a la altura adecuada, paré el agua e inspiré fuertemente.

-Vamos Tom, hazlo. – me dije a mi mismo. La verdad es que no tenía pensado afeitarme en mucho tiempo. Me gustaba mi look, me agradaba el resultado y me hacía olvidar gratamente el resto de días de adolescencia y de amor veraniego… Mi aspecto actual me recordaba a una persona más seria, menos débil, y más centrada en sí misma.

Pero bueno, el pelo crece ¿no? Esto se tenía que llevar a cabo sí o sí.

Empecé a pasar la cuchilla por debajo de mis patillas y fui descendiendo. Poco a poco empezaba a ver la piel de debajo de mi barba, y paseando los dedos tontamente por la pequeña superficie que había quedado libre, me di cuenta que el tacto era más suave de lo que lo recordaba. ¿Sería de no afeitarme tan seguido?

Intenté concentrarme para seguir con lo importante pero de pronto, una voz me llamó la atención. Un muchacho moreno apreció por la puerta, con la cara de preocupación.

-¿Tom? ¿No lo encuen…? – se quedó tieso en el sitio. – ¿Qué haces?

Me giré, con una mueca en la cara un tanto graciosa. Había puesto la boca de la forma más extraña para poder llegar a cada rincón de mi barbilla, y Bill me había pillado así. Si es que más tonto y no nazco…

-He pensado… Bueno, quería ver si realmente nos parecemos. Y ya que te ibas a desmaquillar… – no lo miré a la cara, le hablé al cristal, y continué con mi tarea.

-Oh… – pude oír de fondo. Se quedó parado un instante, pero enseguida fue a alcanzar las toallitas desmaquillantes. Se colocó en la pica de la izquierda, y se pasó agua por toda la cara. Sacó una toallita y empezó a paseársela por el rostro. No pude evitar poner cara de asco al ver cómo no solamente salía color negro de sus ojos, si no que también habían manchas de color carne… ¿Se pintaba la cara con color carne? ¿Qué mierdas les pasa a las tías? O sea… Bueno, sí, a las tías, Bill es imbécil por maquillarse como ellas. – No pongas esa cara que te he visto… – dijo mirándome de reojo.

No pude evitar soltar una risilla, haciendo una mueca de lado, y eso me llenó de rabia por mi interior. Tom, has de aguantar. ¿Es que acaso éste quiere ser amigo mío de golpe o qué? Está claro que nadie de los dos deberíamos hacer eso.

Otra vez me estaban entrando náuseas…

Continuamos con nuestra tarea. Bill parecía tener hasta más trabajo que yo. Sin querer ya me había afeitado la mitad del rostro y el moreno iba a sacar una segunda toallita, viendo que con una era incapaz de acabar con su trabajo. Fuimos avanzando en silencio. Yo lo miraba de reojo y alguna que otra vez había visto que él también lo hacía. Inmediatamente sumergía la mirada en al agua, muerto de vergüenza, y sintiendo las puñeteras mariposas que había sentido cada jodido día del campamento nada más verlo aparecer.

El destino quiso que acabáramos al mismo tiempo, y pronto nos acercamos el uno al otro sin querer. Bill se hizo una coleta para despejarse la cara y yo me arreglé la mía.

El espejo mostró dos rostros tan parecidos, que me entró vértigo. Le observé cada puñetero rasgo, y me vi reflejado en ellos. La nariz… La misma puñetera nariz. Los labios, idénticos. Él tenía los ojos más rasgados y con las pestañas más grandes, pero tenían la misma puñetera forma.

Bill pareció cerciorarse de lo mismo, y se alejó poco a poco del espejo, tapándose la boca, como si evitara así ponerse a chillar de histeria. Creo que podía leer hasta miedo en sus ojos. Aunque esta vez no se puso a llorar. Acabó por apoyarse en la pared y dejó resbalar su espalda hasta sentarse en el suelo.

-¿Cómo…? ¿Cómo hemos estado tan ciegos? – en realidad nadie esperaba una respuesta para ello, prácticamente se podía entender como una exigencia a ambos.

Enseguida supe que teníamos que ponernos serios en este asunto. No podíamos dejar vencernos por la debilidad de nuestros actos, no podíamos vivir atormentados por lo que había sucedido. No.

Esto tenía que aclararse ya.

-Mira, está claro que el… destino o como mierdas quieras llamarlo, quiso que nos encontráramos ¿vale? – ordenaba las ideas a medida que las iba diciendo en voz alta, no muy seguro de estar haciéndolo correctamente. Bill asentía mientras me miraba intensamente – El caso es que… Malinterpretamos las señales. Las… “Sobre- interpretamos”. – me inventé una palabra nueva. Ole yo.

-Y que lo digas… – dijo con voz sarcástica, rodando los ojos y negando con la cabeza. Seh, sé exactamente qué es lo que sientes.

-Pero no importa ¿vale? – dije alto y claro.

-¿Cómo?

-Sí, que hay que olvidarse de ello. Jamás ocurrió, Bill. JAMÁS. – alcé la voz demasiado para mi gusto, pero el sobresalto que pegó Bill me aseguró que había entendido la intensidad del problema. Aunque él era más que consciente de ello, claro.

-Ah… ¿Y actuamos como si nada? – se cruzó de brazos.

-No. No actuamos. No nos hablamos y ya está. – sentencié. Sentí como fruncía el ceño por un instante y luego alzó una ceja. Como desafiante.

-Si vas a ser mi hermanito del alma, te voy a tener que ver demasiado por casa ahora ¿No? ¿Qué va a decir mi madre? Se va a oler que hay algo entre nosotros. No verá normal que no nos hablemos en la misma habitación. – puntualizó.

-Pero es que… No va a ocurrir esa situación. Yo te pregunto antes de ir si tú vas a estar en casa, si estás, no voy. Y intenta decirme cada vez que no vayas a estar por casa y así sabré si yo tengo vía libre ¿entiendes? – pude leer durante un instante, un resquicio de dolor en sus ojos. ¿Era eso posible?

-¿Y si nos quiere ver juntos?

-A ver, Bill macho, no es tan difícil. Se evita lo máximo posible, y si quiere vernos juntos, entonces SÍ que actuamos como si nada. ¿Vale? – me estaba poniendo un poco agresivo, pero es que Bill parecía ser más irritante que al principio del campamento. ¿Lo está haciendo aposta o qué?

-Que sí que sí… Que lo entiendo.

Nos quedamos en silencio un buen rato. Yo me acabé sentado igual de él, en la pared de enfrente, y pronto se hizo el silencio. Era prácticamente sepulcral y parece que ninguno iba a hablar. Pero era curioso, porque esto se podía solucionar, saliendo directamente fuera del baño, y sentándonos con Simone, esperando a que despierte.

Pero no, parecía que nadie quería… Separarse del todo. Quizás iban a ser las últimas palabras que nos íbamos a decir en un tiempo.

De pronto, pareció tener una visión y lo encontré, mirándome con los ojos abiertos, casi consumido por el pánico.

-Tom. – dijo sin más.

-¿Qué? – no pude evitar mostrar algo de preocupación en mi tono de voz.

-Georg… Ashley… Dawn… Toda mi puñetera clase… Todos lo saben. ¿Cómo vas a presentarte ahora como mi hermano? – empecé a pensar a mil por hora, al mismo tiempo que los latidos de mi corazón cobraban la misma velocidad. Mierda. Mierda. MIERDA.

-A ver, a ver, a veeeer… – intenté razonar. Empecé por la parte más sencilla. – ¿Toda tu clase? Nadie sabe nada. En todo caso… Deberías añadir a Mario y Andy a esa lista. –Jooooooooder, no me acordaba de ellos. No me acordaba de todo esto. – Pero volvamos a lo de la clase. ¿Porqué dices que lo sabe toda la clase? ¿Acaso lo fuiste contando?

-No… – dijo lentamente. – Pero no sé… ¿No se notaba?

-No. No se notaba. – en realidad no sabía la respuesta a esa pregunta, pero tenía que impartir esa nueva idea. – Sólo cuenta si alguien nos vio. Y jamás… pasó algo en público. –le recordé.

-El juego de la botella. – saltó.

-Era un puñetero juego. Y ni siquiera era con los de tu clase, Bill. Te estás desquiciando solo.

-Joder, estoy muy nervioso… esto jamás tubo que pasar.

-Bueno, pero ha pasado – casi no me daba tiempo a pensar las respuestas que ya las estaba diciendo. Teníamos que poner orden en todo este caos. Siguiente problema. – Hay que hablar con ellos… – puso cara de no comprender. – Con Georg, Ashley y la profesora. – suspiré sonoramente y me froté las sientes fuertemente. – Habrá que sacar el tema una última vez. – nos imaginé a todos sentados en una cafetería, como hacía un par de horas con Bill y Jake. Aunque de pronto, algo asaltó esa alucinación. Georg. – Aunque… Georg al parecer me quiere matar. – no lo dije por querer saber nada al respecto. El tema estaba enterrado y prefería no saber nada sobre ello, pero tenía que aclarar ese tema.

-Cierto. – suspiró. – Vale, ya hablaré yo con ellos dos. Tú ya tendrás que hablar con los tuyos. –asentí, medio agradecido por ello. – Entonces… Esto no se vuelve a hablar nunca más. Ni entre nosotros, ¿no?

-No.

-Jamás ocurrió, Bill. – asintió, mirándome fijamente a los ojos, y se le humedecieron sin querer. Tensé la mandíbula y reprimí todas mis ganas de levantarme corriendo y abrazarle.

Dios, deseaba olerle el pelo hundiendo ahí mi nariz. Deseaba perder mis dedos entre sus mechones. – Es asqueroso, Bill. Lo que ha pasado es asqueroso. Me dan náuseas de pensarlo.

Pero, por primera vez… Pensar en lo sucedido, realmente, no me revolvió el estómago.

Continúa…

Administración: Este es el último capítulo que tenemos de esta obra, al parecer son 5 de esta temporada, estoy viendo la posibilidad de conseguir el resto, pero no es seguro aún, les avisaré en el chat. Entre tanto, gracias por la visita.

por administrador

Publico con autorización del autor

6 comentario en “Oscuro Berlín (P.2)”
    1. Lo sé, lo sé. A veces ni ganas me dan de rescatar fics que sé que están abandonados, pero la gente lo pide y lo único que me queda -como administradora- es tratar de dar al público lo que pide 😉
      Mil gracias a ti por ser fiel lectora y por siempre dejar tu amor (por el fic) y respeto (por la administración) en estos comentarios.

  1. omg no me digas esoo porfavor, este es uno de mis fics favoritos, ya que hace un tiempo no leia fics th, les mando toda mi buena suerte para que puedan rescatar el resto, fuerza!!

  2. Holaaaa, justo hoy me «acabe» la historia, pense que si estaba completaaa:(((((no haz conseguido el resto? o la autora simplemente dejó abandonada la historia:((((?

    1. Hola linda. Las 2 primeras temporadas estaban terminadas, pero esta última nunca fue acabada por la autora. Pensamos que habían 2 capis más, pero fue un error, sólo estaba el inicio de la temporada y eso sería todo 🙁 Lo siento

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