Fic TOLL de PinkGirl

Capítulo 3: Nuevas emociones

«Ya no le temía… todo lo contrario.»

Su primer beso, Bill no sabía que un beso se sentiría así de suave, así de cálido.

Su cuerpo temblaba de miedo y por un momento, sintió vergüenza, así que llevó sus manos hacia él para empujarlo un poco y romper con esa unión. Así fue, Tom se separó y Bill jadeó ante ello para luego cerrar su boca algo atemorizado, estaba totalmente ruborizado y aún mantenía sus manos en el pecho de Tom, arrugando su pijama.

—Tom… —susurró sin verle, se encogió en la cama y le soltó de golpe, juntado sus manos en su pecho, haciéndose una bolita en la cama. El mayor acarició su cabeza.

—No temas, no te pongas así —le decía con voz calmada. Bill suspiró intentando relajarse sin mucho éxito.

—Me has besado —Tom sonrió.

—Dijiste que podía hacerlo, ¿lo recuerdas? En el almacén tú lo dijiste, que te dejarías besar —Bill recordó aquello y se mordió el labio.

—No pensé que lo harías —Tom se puso serio, mirándole de cerca con la poca luz de su lamparín.

—Lo haré muchas veces, será mejor que te acostumbres, es una condición —Bill a pesar de todo asintió—. Ahora duerme, mañana saldré muy temprano de aquí, te encerraré y deberás mantenerte callado.

—Lo sé —Tom extendió una mano y le acarició la cabeza, Bill cerró los ojos sintiéndose confortable.

—Ahora duerme, Bill…

&

Los días pasaban y Bill comenzaba a sentirse mejor, Tom era amable con él, le traía comida todas las veces que entraba en el cuarto y hasta algo de carne. Bill comenzaba a ponerse fuerte.

Despertó una mañana en cuanto Tom estaba por irse. Bill se sentó en la cama y Tom se le acercó por un beso, el pequeño cerró los ojos dejándose besar, que agradable sensación eran los suaves labios de Tom, estos se movían lentamente en los suyos provocando suaves suspiros, Tom le acarició la mejilla y luego se separó, debía irse.

—Ya sabes —le sonrió—, ni un solo ruido, no abras a nadie, entraré en la tarde para traerte algo de comer.

—Gracias —dijo con una sonrisita y cerró sus ojos esperando otro beso, Tom rió suave y tomó su mentón para plantarle otro besito.

—Nos vemos, polizón… —y salió de su habitación cerrándola con llave.

Bill suspiró recostándose en la cama con miles de sensaciones agradables en su vientre que le hizo reír de la nada. Suspiró prolongadamente, su estadía en ese barco era de las mejores, ya el hecho de sentirse confundido había pasado a segundo plano, no importaba que Tom fuese un hombre, él le dejaba dormir en su cama, le traía comida y le besaba, qué más podía pedir.

Decidió hacer algo por él, aquella habitación era pequeña y fea, el ropero de Tom parecía un chiquero de chucherías y su mesita andrajosa necesitaba una buena limpieza. Así que tuvo una genial idea, limpiaría todo y así ambos se sentirían cómodos. Pero debía ser muy silencioso… como una rata asustada.

Sacó cada una de las camisas y pantalones del ropero para doblarlos y acomodarlos en un mejor orden, muy dentro del ropero habían cachivaches, cajas de cartón con cosas dentro, entre ellas un carrito de madera el cual tenía escrito letras con tintas, Bill no sabía leer, pero moría de la curiosidad por saber qué decía, así que tomó un trozo de papel y con un carboncillo escribió en el papel las letras que veía. Sacó dos cajas y las abrió, eran papeles escritos, muchos de ellos tenían escrito aquellas letras que se repetían, estaba curioso. En la otra caja habían revistas, publicidades de teatros y fotografías de jóvenes bonitas en calzones, Bill rió algo emocionado, qué era eso… él nunca había visto las piernas descubiertas de una mujer.

—Que bonitas… que piernas que tienen, oh… —se mordía el labio. En esa caja había mucho por ver, aunque no podía entender nada, solo buscaba imágenes con qué distraerse.

Había una muñeca de porcelana muy bien guardada al fondo de la caja, Bill la sacó con cuidado, su brillante rostro le fascinó y lo delicada de sus facciones, sus pestañas largas y el vestido floreado que tenía. La muñeca pesaba un poco, ¿Por qué tenía una muñeca? Bill no lo sabía. Suspiró y quitó todo el polvo de ahí para meter todo cuidadosamente, dobló hasta sus calzoncillos poniéndolos en orden y cerró el ropero con todas las cajas dentro.

Sacó y sacudió cada manta de la cama, ahuyentó una rata que salió de debajo de ésta y salió por debajo de la puerta… Bill sabía que no debía dejar desperdicios de comida por las ratas.

Limpió el baño y el cuarto en sí, dejó toda la basura encontrada al lado de la puerta y luego, sigiloso tomó un baño sin hacer mucho ruido. Ya había pasado tantas horas y su pancita rugía de hambre… Debía esperar. Así que se recostó en la cama muy bien tendida y suspiró. Cerró los ojos y cuando estuvo por dormir, Tom entró rápido.

—¿Qué pasó aquí? —miró su cuarto diferente, Bill se sentó en la cama y le sonrió— Polizón, que me entere que moviste mis cosas te dejo sin comer —el pequeño agachó la cabeza algo nervioso— Demonios, lo hiciste… —Bill asintió.

—Lo siento…

—Ya, que va, ten —alzó la vista y Tom le pasaba una manzana—, solo pude traerte esto, lo siento, en la noche te traeré galletas horneadas —Bill se devoraba la manzana en grandes bocados.

—Gracias… —Tom le acarició la cabeza desordenando sus cabellos.

—Sé sigiloso, nos vemos —ni le besó, solo salió de ahí muy rápido. Bill suspiró, le extrañaría.

Tom estaba algo estresado, el capitán del barco le observaba, al menos él se sentía observado por casi medio barco, sentía que no podía caminar tranquilo o hacer su trabajo sin problemas. Estaba en la cubierta limpiando como siempre, cuando el propio capitán se le acercó un poco molesto.

—Joven.

—Sí, mi capitán —Tom le miró limpiándose el sudor de la frente.

—Tenemos un serio problema de ratas, los pasajeros se están quejando, esta vez nos ha tocado gente exigente —Tom frunció el ceño, las ratas no subían a donde los pasajeros estaban, entonces era de pensar que éstos eran los que bajaban, ¿y qué esperaban ver? ¿Delfines danzando en el agua? No, toda la cubierta estaba infectada de ratas y estas con el tiempo se desesperaban por conseguir comida, por eso salía, Tom sabía que era cuestión de tiempo para que todas murieran—. Exijo hagas bien tu trabajo, veo que te vas a dormir temprano, que andas metido en tu habitación, para eso no te pago marinero —Tom tragó saliva y asintió.

—No se preocupe, yo me encargo…

—Te estaré vigilando —Tom asintió bajando la cabeza.

Maldijo por lo bajo y siguió trapeando la cubierta. El capitán lo había visto en la cocina cogiendo comida por las puras, eso le había disgustado, al parecer lo tomaba por ocioso y comelón, esas cosas le desagradaban al hombre mayor de barba, por eso lo tendría vigilado.

Había un precioso atardecer y Tom subía a la segunda plata, la de arriba con los pasajeros, junto con Andreas llevando dos pequeñas jaulas de trampa para ratas. La gente era algo refinada, Tom estaba molesto por aquello porque justamente esa clase de gente era de la más quejosa. Pusieron las jaulitas en los pasadizos principales con pequeños trozos de pan adentro como carnada.

—Vas a ver que mañana no aparecerá ninguna rata —le dijo a Andreas—. Esto es pura pantalla.

—Lo sé, en realidad las ratas están en el almacén, descubrí dos cargas abiertas, ahí hubo un polizón, estoy seguro —Tom le miró atento.

—No es posible…

—Sí, estuvo en la caja de telas, hay indicios y fue él quien estuvo revisando la carga de correspondencia, las ratas malograron algunas cosas, estuvimos arreglando en la mañana aquel desastre… Y advertimos que hay un polizón más en el barco, pero no sabemos dónde se ha metido —Tom se asustó un poco…

—Pues, cuando tenga hambre saldrá como las ratas, aún faltan casi dos semana para llegar —dijo frío.

Luego de aquello, bajaron para cenar. Tom sentía que el capitán lo vigilaba hasta ver cuántos panes cogía y si se los comía o no. Esa noche quizá no podría llevar comida.

Todos tenían que come muy rápido y luego regresar a sus puestos de trabajo, aún no era la semana en la cual a Tom le tocaba vigilar en ancho mar en la noche, era el turno de Andreas.

Casi tan rápido como un ratón pudo guardar un pan entero en su bolsillo y junto a todos salió para las habitaciones. Disimuladamente entró en la suya, hallando oscuridad total y silencio.

Entró y cerró la puerta para dirigirse a su mesa en donde estaba el lamparín de cera que tenía y lo encendió. No había nadie, buscó con la mirada al polizón, no estaba ahí…

—¿Polizón? —llamó en un susurro y luego escuchó un sonidito proveniente de debajo de la cama. De ahí salió Bill.

—Hola —le sonrió—. ¿Qué tal? Debí ocultarme por si acaso —Tom le sonrió.

—Hiciste bien, eso fue genial, hasta yo mismo creí que no estabas —Tom sacó el pan de su bolsillo y se lo dio, Bill se lo devoró en dos bocados, sabía que no podía quejarse, Tom hacía su mayor esfuerzo por traerle aquello.

Tom tomó una toalla de su ropero y frunció el ceño—. Tocaste mis cosas, removiste todo aquí —habló algo molesto.

—Bueno… —Bill se sentía algo culpable— Lo limpié y hasta saqué una rata, se fue por debajo de la puerta —agachó la cabeza, Tom suspiró y pasó por su lado para irse al baño, tomaría una ducha.

—Ya, descuida, me gusta ahora más mi cuarto… humm… gracias —dijo sin muchas ganas, no era tan expresivo, en realidad estaba contento por tener el cuarto así y es que carecía de tiempo para limpiarlo y eso le parecía de niñas.

Se adentró al baño y comenzó a bañarse con esa agua helada que depositaba en las mañanas. El día había sido bastante agotador, quería descansar.

Pero Bill deseaba hacerle tantas preguntas, estaba curioso, más por todo lo que había visto que él tenía. Tom terminó de bañarse y salió. Se amarró las rastas y se sentó en la cama suspirando de cansancio, tenía puesto un pijama y Bill estaba arrodillado en la cama solo mirándole.

—Hoy… bueno, hay gente que sospecha, Bill —le miró preocupado—. Me temo que… Dios, no sé… no quiero que te atrapen, solo no hagas ningún ruido, nada —Bill gateó a su lado y se sentó junto a él.

—No lo haré —habló en un susurro—. Agradezco todo lo que haces por mí aún sin conocerme —Tom le miró y le acarició la cabeza.

—Vamos a dormir, hoy tuve un día bastante cansado, me duele algo el cuerpo —habló pesadamente recostándose en su cama para taparse con sus frazadas marrones. Bill se quedó arrodillado a un lado y luego reaccionó yendo a su lado, metiéndose bajo las mantas.

—Puedo… —calló no sabiendo como decirlo. Tom le daba la espalda y luego se giró para verle.

—¿Pasa algo? —Bill le sonrió y extendió sus manos hacia su cuello haciendo presión con sus dedos en su endurecida carne, estaba tenso.

—Puedo darle un masaje si usted quiere —ofreció acariciándole, Tom cerró los ojos y se dejó.

—De acuerdo… —Bill se irguió un poco comenzando a masajear su cuello y luego sus manos sin querer bajaron un poco hacia el pecho de Tom quien suspiró relajándose, pero luego que Bill lo acariciara, se tensó— No me toques —dijo serio y Bill quitó sus manos tan rápido como pudo, Tom le miró—. Lo siento, no quise… no sé qué no quise, solo que… —se había puesto nervioso, Bill lucía algo intimidado por aquella reacción.

—No lo haré más, disculpe —apenas dijo acomodándose para dormir. Tom se quedó callado por un momento, pensando, y es que dentro de él había muchas confusiones. No quería ligarse mucho a aquel chico de miraba hermosa sabiendo que podía ser tirado por la borda si lo pescaban o cuando llegara a América le dejaría; mejor no avanzar, mejor ya no pensar en aprovecharse, mejor concentrarse en llegar al destino y trabajar arduo por un poco de comida, eso sería lo mejor.

Tom suspiró otra vez, aunque esta vez era de frustración—. Bill, me… —calló sabiendo que era lo mejor, aunque Bill se removió para mirarle, Tom solo miraba el techo inclinado de su habitación y es que éste estaba debajo de una gran escalera— Duerme.

—Sí —contestó el otro dándose cuenta de la extraña situación, su corazón latía extraño y no podía quitar su mente y su interés por el otro. Eso era raro, y comenzó a tener culpa.

Tom no pudo dormir y tampoco lo hizo Bill. La lámpara pronto se consumió y todo fue penumbra. A veces había movimientos que mareaban, el barco seguía avanzando con normalidad. Las horas pasabas y Bill abrió los ojos en cuanto Tom le acarició la cabeza, a Bill le gustaba dormir boca abajo, parecía dormido lo cual no estaba. Escuchó la respiración de Tom cerca de su oído, Bill abrió los ojos viendo todo negro, Tom aún no sabía si había despertado, con una mano acarició parte de su mejilla, y luego su dedo índice delineó sus labios, Bill sacó la punta de su lengua y Tom se percató de que estaba despierto.

—Bill… —le llamó en un susurro, éste se removió en la cama para ponerse de costado.

—¿Sí?

—¿Por qué huyes de Inglaterra? —hablaba en susurros. Bill suspiró y se dispuso a hablarle un poco de él.

—No tengo nada allá… Solo una madrastra que me odiaba, todo el tiempo me metía en problemas, así que pensé en cambiar de vida.

—Ya veo… ¿tienes donde llegar en América?

—No… supongo que a las calles, luego alguien me dará trabajo y así, sabré sobrevivir, ¿usted?

—¿Yo qué? —Bill rió un poco.

—¿Qué hará en América? —Tom no sabía si decirlo o no.

—Pues… cosas de mayores y luego regresar al barco de nuevo a Inglaterra… —la vida de Tom era algo monótona, solía frecuentar un burdel allá en América y luego regresar a pasar la vida en el barco de regreso a Inglaterra.

—¿Cosas de mayores? —preguntó el pequeño.

—Soy un hombre, Bill.

—También yo —frunció el entrecejo aunque Tom no podía verle, éste comenzó a reír y recibió un manotazo de parte del otro, sus manos fueron prisioneras por las ásperas manos de Tom las cuales jaló tanto hasta ponerlo sobre él, Bill se agitó y quejó un poco—. Ahh… qué hace… —le soltó de las manos y Bill las apoyó con mucho temor sobre el pecho de Tom y sus piernas fueron a ambos lados de los costados del mayor, qué incómodo, Tom suspiró y le tomó de la cintura.

—Eres un niño, no sabes nada de la vida —Bill se removió un poco, y Tom se sentó para estar frente a frente, haciéndose a un lado, tomó el lamparín para encenderlo con un fósforo, la habitación se iluminó tenuemente, él lamparín no tenía mucho aceite.

—Sé más que usted, me crié en las calles… —habló con la voz temblorosa por la cercanía del otro, Tom estaba sentado con él encima de su cuerpo. Tom rió un poco y le sonrió.

—¿Sabes entonces lo que dos personas pueden hacer en una cama si no tienen sueño? —las mejillas de Bill se sonrojaron y bajó la mirada, aún mantenía sus manos apoyadas en el pecho de Tom para mantener la distancia—. Oh, sí lo sabes…

—Si es un hombre con una mujer, claro…

—Entiendo —le sonrió otra vez y Bill también lo hizo, no le temía. Tom acarició sus muñecas percatándose de las pulseras que tenía, una azul y otra naranja— ¿Qué es esto?

—Unas pulseras…

—¿Tienen significado? —Bill asintió.

—Me las regaló un amigo, el único que tuve en las calles.

—El tal Alex —habló Tom con desprecio y Bill asintió—. Pero ya no lo verás más… —parecía disfrutar ese concepto. Bill intentó bajar de su regazo pero Tom se lo impidió.

—Ahora usted, dígame que son esos… esas cosas que tiene en el ropero —Tom frunció el ceño—. También quiero conocerle más… —Tom le hizo a un lado para salir de su cama e ir a su ropero para abrirlo y de ahí sacar las cajas muy bien ordenadas.

—No habrás estado leyendo mis cosas, ¿no polizón? —éste calló, Tom se volteó para verle, lucía triste— Habla, por qué es cara.

—No sé…

—¿Ah?

—No sé leer —dijo desde su posición y Tom entendió, ¿qué chico crecido en las calles sabía? Tomó sus cosas y las regresó al armario para regresar a la cama.

—Ven aquí —le dijo jalándole de la cama, sacándolo de ahí, lo sentó en su mesa andrajosa y buscó un papel y un carboncillo—. Ten —Bill tomó aquello con algo de temor.

—Tom, simplemente no sé hacerlo.

—No digas eso, vamos —puso su mano sobre la suya y le ayudó a trazar unas líneas, Bill vio como Tom movía su mano—. Ahí dice Bill —éste le sonrió y volvió a trazar en la hoja—, y ahí dice mi nombre —Bill se soltó de él y buscando un papel en su bolsillo sacó la nota que tenía y la leyó.

—“Tom” —era lo que había escrito.

—¿De dónde escribiste eso?

—Decía en casi todas tus cosas —le dijo con una sonrisa—. En las cartas y en el carro de madera.

—Eres un… —no encontró calificativo— No importa, vamos a dormir…

Regresaron a la cama y se acostaron, Tom terminó de apagar el pequeño lamparín, ya era demasiado tarde.

—Voy a enseñarte a leer y escribir —le dijo cerca de su rostro.

—Gracias —le susurró. Tom suspiró y llevó una mano hacia su rostro.

—¿Puedo besarte? —pidió permiso acariciándole. Eso era lo que Bill más deseaba escuchar, desde que Tom había entrado en la habitación, ni lo había besado.

—Claro que sí —él no pensó que algún día contestaría así a un hombre. Segundos más tarde los labios de Tom se posaron sobre los suyos, Bill le rodeó el cuello con sus delgados brazos y aunque todo estaba oscuro, cerró sus ojos ladeando la cabeza y abriendo un poco la boca, lo cual permitió al otro entrar con su lengua, Bill gimió sin poder evitarlo, aquello se sentía tan bien, suave, cálido, húmedo; una combinación agradable que le calentaba.

Se separaron en busca de aire. Tom repartía pequeños besos en todo su rostro, a donde caían sus labios.

—Me… —calló otra vez, pero sabía que quería decirlo—. Me gustas, Bill… —él otro se encogió en la cama, había un mar de emociones todas nuevas, no sabía cómo lidiar con todas ellas.

—Creo que… me pasa lo mismo —le confesó avergonzado, pero se dejó abrazar por el otro. Que extraño era todo eso, pero era correspondido.

Al parecer la oscuridad era su acompañante, Tom no sabía como reaccionaria al día siguiente, qué le diría, cómo afrontaría todo aquello. Y Bill, él quería que sea mañana para verlo otra vez con la luz del día y dejarse besar…

Ya no quería llegar pronto a América.

Continúa…

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por Pink Girl

Escritora del Fandom

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