
Fic TOLL de PinkGirl
Introducción
«Cambiar de vida…»
Inglaterra, 1920.
Bill era un pequeño adolescente que andaba en las calles andrajosas de Bedford, buscando algún bocado de pan, la caridad de alguna buena persona, en otras palabras, sobrevivir. Su familia era una sarta de personas que solo pensaban en ellas mismas, tenía un padre ausente y una madrastra que le torturaba con cuidar a sus medios hermanos todos menores que él… Bill estaba harto y no encontraba sentido a su vida, alguna razón para vivir, nada, estaba estancado, en medio de la desesperanza y desesperación.
Bedford, era un bullicio de gente ambulante, cada quien buscaba la manera de sobrevivir, habían muchos ladronzuelos y personas de mal vivir, él no sabía cómo no serlo pues sentía que estaba adelgazando mucho debido a que no se alimentaba bien.
Robó unas manzanas y salió corriendo por las calles mientras un señor lo perseguía insultándole con las palabras más feas que ni su madrastra se había atrevido a decirle. Así, corriendo, llegó hasta el puerto de Priory, había muchos recovecos en donde esconderse, corrió hasta que perdió al hombre que lo perseguía. Había robado dos manzanas de las cuales una se había caído de sus manos mientras corría, así que un poco resignado comenzó a devorar la única que le quedaba, estaba sospechando que sería lo único que comería pues en casa había comida solo para los niños pequeños. En realidad no quería regresar más… Allá en casa la pasaba mucho peor que en las calles perdiendo el tiempo, delinquiendo y sintiéndose más miserable de lo que ya era.
Entonces, oculto cerca a la carga de una embarcación, oyó una conversación de dos marineros quienes estaban fumando una pipa descansando en el puerto.
—Sabes que allá en América hay más oportunidades de vida, estoy pensando llevar a mi mujer conmigo, las tierras están baratas allá.
América, el nuevo continente… Había escuchando tantas historias fantasiosas incluso que vivían salvajes y había sido difícil la conquista, pero que ahora muchas personas comenzaban a viajar buscando nuevas oportunidades.
Él no perdería nada… Él no tenía nada que perder, no era nadie, y nadie le extrañaría.
—Disculpe… —les interrumpió con fina voz, acercándose poco a poco a los dos marineros— Bueno, me gustaría saber con quién tendría que hablar para viajar —ellos rieron un poco casi ignorándole.
—Mira, niño, viajar allá demora casi un mes, además te costará muchos Francos, ¿tienes dinero?
—No, pero puedo trabajar todo el día y de noche también, quiero viajar —ellos rieron.
—Pues, incluso los que trabajan en los barcos pagan una cuota, no es gratis, además no está permitido que viajen menores de edad, anda ve a tu casa que esta zona es solo para marinos, ¿cómo entraste? —Bill se encogió de hombros ahí y decidió irse.
Retrocedió y caminó por el inmenso puerto, muchas embarcaciones subían cargas pesadas… ¿A qué hora saldría el siguiente barco? Una idea loca comenzaba a formarse en su cabeza. Él quería viajar, quien sabe y allá tendría mejores oportunidades… Así que su cuerpo se llenó de adrenalina buscando a su alrededor algún buen barco en donde pudiera escabullirse y viajar como polizón ya que juntar dinero para él sería imposible.
Divisó un barco enorme que se llamaba “América” y lo vio bueno. El problema seria cómo entrar ahí… había un enorme puente de carga que metía cajas inmensas de algo, había mucha seguridad y en eso, mientras observaba aquella embarcación escuchó los gritos desesperados de un hombre algo mayor, era sacado del barco a golpizas con palos hasta que cayó al suelo. Le gritaban muchas cosas, y pudo entenderlas.
—¡Maldito polizón! ¡No se permite gente colada! ¡Fuera! —le daban una paliza pública para cualquiera que se atreviera a hacer lo mismo tuviera muy en claro no colarse en ese barco, él se asustó mucho ya que podía imaginar que sus huesos crujirían si alguien le metiera una paliza como esa.
Pero si no se arriesgaba, nunca podría viajar ni cambiar de vida, entonces, valdría la pena los huesos rotos, si se atrevía y no funcionaba igual moriría de hambre si no lo intentaba.
Suspiró tembloroso y buscó con su vista algún lugar para meterse. Sería difícil acercarse a la carga.
Usando sus habilidades de ladrón, se escabulló por entre los trabajadores con mucha cautela, casi como un ratón sin levantar sospechas y en la primera caja de madera que vio, se metió encogiéndose lo más que pudo y la cerró. Adentro había muchas telas que le asfixiaban y hasta apretaban el cuerpo, aunque la caja era amplia. Pero luego de muchos minutos, la caja fue alzada y pesada. Se ocultó bajo las pesadas telas aguantando la respiración en cuanto sintió que alguien abría la caja y luego no esperó que penetraran la caja con un fierro. Era por precaución, si algo se movía, si alguien gritaba, entonces sería sacado inmediatamente.
La vara de metal le golpeó fuertemente uno de sus costados y se quejó. Unas manos rudas removieron las telas.
—¡Polizón! ¡Polizón! —gritando una advertencia. Bill alzó la mirada angustiosa mirando a su delator, sabía que lo golpearían, que podría hasta morir si le rompían algún hueso.
Aquellos ojos angustiosos apaciguaron los gritos de su descubridor. Aquel chico de rastas estaba asombrado del atrevimiento del pequeño polizón de ser capaz de querer viajar arriesgando su vida, una mano de Bill le toco la suya y la apretó, suplicándole con la mirada.
—¡Falsa alarma! —se rectificó cubriéndolo con las mantas otra vez— Era una rata, jejeje, chilló y creí que era una persona, ya la maté —se excusó con sus compañeros.
—¡Carga revisada! —gritó otro hombre y levantaron la caja usando una máquina para luego deslizarla hacia el almacén del barco.
El hombre de rastas la ubicó en un extremo del almacén y la subió junto a otros más sobre otras cajas de madera ya que si ponían una caja encima estaría encerrado ahí casi un mes.
—Que niño más tonto —masculló, él no quiso delatarlo para que no le dieran una paliza, esperaba poder sacarlo por las buenas antes que el barco arribara. En aquel almacén había un enorme escrito en la pared “polizón encontrado, polizón lanzado por la borda, no te arriesgues” esa era la política de los barcos, no quería que le pasara eso a ese jovencito.
Después de algunas horas, toda la carga estuvo a bordo, era tiempo de partir. Así que el rastrudo se dirigió hacia el almacén y divisando la enorme caja en donde el polizón estaba escondido, la tocó.
—Sal de ahí polizón, ya debes irte por las buenas —se subió en unas cajas y así logró abrir la caja de telas, hallando al pequeño Bill—, te tengo, ahora sal —estaba recostado entre las telas, tenía una expresión como de desesperación.
—Quiero ir a América, lo necesito…
—No, no puedes, lo siento, no se permiten polizontes, anda trabaja, junta tu dinero y compra un boleto —el barco comenzaba a moverse ligeramente—. Debes irte ahora, prometo que nadie te golpeará.
Bill sintió tal desesperación cuando el hombre le tomó de la muñeca y lo jaló queriendo sacarlo a la fuerza. El pelinegro gritó y se le colgó del cuello, le abrazó desesperado.
—No me eche, no por favor, no tengo a donde ir… —el de rastas se quedó pensativo, si le dejaba quedarse podía meterse en problemas, serios problemas.
—Puedes morir de hambre, son casi tres semanas de viaje, en las noches hará demasiado frío tanto que puedes morir y tendrás hambre, cuando quieras buscar comida y alguien te atrape te tirarán por la borda, nadie reclamará tu cuerpo, serás presa de tiburones, ¿eso quieres? —Bill escuchó todo aquello prendido de su cuello y aún así le abrazó más.
—Sobreviviré, he estado sin comer por mucho y he dormido en las calles en invierno… será lo mismo.
—No lo será —se separó de él y otro movimiento del barco le alertó que éste estaría por partir—. Niño tonto, debes irte…
El de rastas se percató de hombres que entraban al almacén para cerrar la compuerta gigante.
—¡Tom, vamos a partir! —le advirtió su amigo Georg— ¿Qué haces? —Tom se sintió descubierto, miró a Bill quien se había recostado sobre las telas, le miraba suplicante.
—¡Ya voy! ¡Solo acomodo la carga! —miró a Bill— polizón, la pasarás muy mal, y no podré ayudarte, que te quede claro que te advertí —le susurró y volvió a cerrar la caja de madera.
La oscuridad era horrenda, el barco se movía… sería un largo viaje y no sabía si sobreviviría o no… ¿Aquel hombre llamado Tom podría ayudarle? No estaba seguro, pero la esperanza de cambiar de vida le hizo suspirar, América… quería que el tiempo volara y comenzar de nuevo.
Continúa…
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