Fic de LadyScriptois

Capítulo 2

Los hermanos llegaban tarde a su departamento cargando con varios ramos de rosas en sus manos.

— Demasiadas flores – dijo molesto el mayor cuando logró cerrar la puerta.

—Son lindas – dijo alegre Bill, olfateando un ramo que tenía en las manos.

—Estas son lindas. – le quitó el ramo que tenía y le entregó el que él le había regalado. — Las demás no, solo estas deben gustarte, son de la mejor floristería del país y las encargué especialmente para ti. – decía Tom celoso.

—Sí, son las más lindas – concedió para la felicidad de su hermano.

Internamente se reía de lo infantilmente celoso que podía llegar a ser Tom algunas veces. Dio un beso en la comisura del labio de su novio y fue a darse un baño.

Tom esa noche vivió los celos en carne propia. Había sido la presentación de fin de año de la academia a la que pertenecía Bill y ver como muchos comían su cuerpo con la mirada descaradamente y luego, frente a sus ojos, lo llenaban de flores, le molestó. Pero más fue la frustración de tener que soportarlo todo sin poder reclamarlo como suyo delante de todas esas personas. Aunque él confiaba en Bill y sabía que él era solo suyo, al igual que lo era él, ahora era solo y para Bill.

&

Bill terminaba de vestirse, se había tardado varios minutos y sabía que Tom lo esperaba como lo venía haciendo desde hace meses atrás, específicamente desde que era novios.

Bill ya no dormía en su habitación, dormía con Tom, pero seguía utilizando la suya para actividades como estudiar, ducharse y vestirse, pero posiblemente dentro de poco tiempo dejaría de usarla por completo, porque con el pasar de las semanas en la peinadora del mayor de los Kaulitz habían más cremas y maquillaje, en su escritorio mas libros y cuadernos y sus camisetas se había transformado en las pijamas favoritas de Bill.

El pelinegro terminó de vestirse y fue a su encuentro a la habitación de Thomas.

— ¿Qué ves? – preguntó Bill, refiriéndose a la TV acostándose a un lado de Thomas, quien lo observó detenidamente para luego apegarlo mas a él.

—Nada lo suficientemente interesante. – dijo apagando la televisión.

— ¿Por qué hiciste eso? No tengo sueño. – dijo con un puchero.

— ¿Quieres que la encienda?

—No

— ¿Dime quien te entiende? – rio Tom, dándole un beso a Bill.

—No lo se. – sonrió, dándole otro beso

— Hace tiempo que buscaba tu pijama. – dijo Tom mirando acusador a Bill.

— A mí me queda mejor.

— Te verías mejor sin ella – dijo seductor a un oído de Bill, logrando que se sonrojara.

El pelinegro sabia que a Tom le gustaba mucho su cuerpo y eso no lo incomodaba, al contrario. Tal vez si fuera alguien más se sentiría intimidado, pero era Tom.

— ¿Cómo lo sabes? – preguntó sonrojado el menor

— Solo lo se. – Tom no le dio mayor importancia y se concentró en besar nuevamente a Bill.

Quería una sesión de besos esa noche, tal vez un poco elevados de tono, todo dependía de Bill. Aun que realmente lo que quería era ver con sus propios ojos que lo que decía era cierto, pero no lo haría, no hasta que Bill se sintiera preparado.

Una cosa era mostrarle con palabras lo mucho que le fascinaba y deseaba todo de él, pero por más que él quisiera, hasta que Bill no le mostrara que estaba preparado, él no se lo demostraría con carisias. Temía asustar o incomodar a Bill.

— Deberías comprobarlo. – le dijo tímido el menor a Tom entre el beso.

Tom lo miró a los ojos sorprendido y emocionado, y sin saber exactamente lo que las palabras de Bill querían decir, le besó esta vez más apasionado.

Recorrió con pasión y delicadeza cada uno de los rincones de la boca de su pequeño, saboreando y memorizando su sabor para luego abandonarla y besar esmeradamente su blanco cuello adornado por lunares.

Poco a poco se fue posicionando entre las piernas de Bill y tomó el borde de la camisa que le quedaba como vestido.

Tom dejó su tarea de repartir besos en el cuello de Bill para poseer de nuevo su boca, mientras con sus manos levantaba la tela que lo cubría, deslizándola suavemente por el cuerpo de Bill y tocando con la punta de sus dedos la piel expuesta en el paso, logrando con eso estremecer al menor.

Estar de esa forma con Bill se sentía muy bien para Thomas, y la erección que tenía lo corroboraba. Por su parte Bill, con esas leves caricias sentía muchas sensaciones en su bajo vientre, caricias nunca sentidas y que su cuerpo le hacía pedir por más.

Rozando sus costados, siguió subiendo el camisón lentamente hasta lograr retirarlo del cuerpo de Bill. Dejando su cuerpo expuesto a la atenta mirada de Tom, cubierto tan solo por unos bóxer color blanco e iluminado por la luz de la veladora.

— No me mires así. – pidió Bill, avergonzado.

—No puedo mirarte de otra forma. – decía sin despegar la mirada de aquella delgada, blanca y sensual figura que se encontraba bajo de él, escasa de musculatura y levemente curvilínea, simplemente perfecta para Tom.

Subió con admiración su mirar por todo el cuerpo de Bill hasta llegar a su rostro, donde se topó con aquellos cristales avellana que lo hipnotizaba.

—Dios, eres tan hermoso.

Con delicadeza, como si temiera romperlo acarició toda la piel expuesta del cuerpo de Bill, acariciando sus piernas mientras besaba el cuello de Bill y bajaba por su pecho, besando toda la piel a su paso.

—Ah… Tomi… – gimió reprimidamente sentir la cálida lengua de Tom recorrer uno de sus ya erectos pezones.

Le brindo la misma atención al otro pezón y jugueteó con el aro que este tenía, haciendo gemir casi inaudiblemente a Bill. Tom se estaba volviendo adicto a esos soniditos de pasión que se escapaban de los labios de Bill.

—Dime si hago algo que no quieras. – la voz de Tom sonaba ronca de la excitación

Besando nuevamente a Bill, tomó el borde la cinturilla de la única prenda que cubría el cuerpo del menor.

—Uhm… Tom… detente – pidió Bill.

— Lo siento…

—No, solo… me da vergüenza… estar desnudo frente a ti. – Bill se sonrojó y apartó su mirada de la de Tom.

—Oye… – le llamó tomando su rostro y haciendo que lo mirara. —No tienes por qué avergonzarte, ¿Sabes que te amo, cierto?

—Lo se, y yo a ti, pero…

—Está bien, bebé…No quiero incomodarte. – le besó castamente. — Y si…

—Solo… No me mires mucho. – pidió sonrojado y Tom asintió, antes de besarle con dulzura.

Tom se sacó los pantalones de pijama que utilizaba para dormir, quedando así en las mismas condiciones que Bill.

— Ya estamos iguales. – se recostó de nuevo sobre Bill alineando sus cuerpos mientras lo besaba, logrando que sus erecciones se frotaran levemente

— Ah… Uhm…– gimió agudamente Bill en el oído de Tom, mientras este frotaba con mayor insistencia sus erecciones. — Tomi… yo… uhm…

—Shh. – le susurró al oído. —Aun no.

Tomó los bordes de la ropa interior de Bill y la deslizó por sus piernas hasta retirarla completamente, dejando al aire el erecto, rosado y goteante miembro del pelinegro que reclamaba atención.

— No mires… – le recordó avergonzado, al estar totalmente desnudo.

— Ya es tarde. Eres tan perfecto. – rápidamente se sacó también su ropa interior quedando tan expuesto como Bill.

Tom tomó el miembro de Bill en sus manos y pasó sutilmente su pulgar por la punta haciendo convulsionar de placer el cuerpo de Bill.

Empezó a marcar un ritmo lento con su muñeca, el menor cerraba fuertemente sus ojos y pequeñas lágrimas de placer escapaban por sus ojos, mientras movía sus caderas en busca de más contacto y apretaba fuertemente las sabanas blancas de la cama.

—Gime para mí. – le susurró, cuando notó que Bill se mordía fuertemente los labios para que no se le escaparan más gemidos.

—Siento… Que… – intentó decir algo, pero arqueando violentamente la espalda, se corrió entre ambos cuerpos sudados.

—Te amo – le susurraba Tom, mientras observaba como lo más hermoso del mundo la cara de Bill durante su orgasmo, sin dejar de marcar un vaivén entre ellos que empezaba a simular embestidas

Las oleadas de placer que recorrieron el cuerpo de Bill lo dejaron cansado luego del orgasmo, sin embargo, su cuerpo estaba sensible al tacto y con Tom besando y acariciando sobre él le hacia sentirse excitado de nuevo.

— Déjame hacerlo. – le pidió Tom, mientras lo besaba. —Te prometo que seré cuidadoso. – lo besó castamente.

— Puedes… — susurró.

Bill estaba ansioso y excitado, pero no tanto como lo estaba Tom. Se estaba volviendo loco con el calor que emanaba el cuerpo de Bill y, en esos momentos, solo pensaba en fundirse en él.

Tom extendió un brazo hasta la veladora y de una de las gavetas sacó un pequeño frasquito y lo abrió, untando un poco del contenido en sus dedos.

Bill abrió más sus piernas cuando comenzó a sentir las caricias que daba su hermano en sus glúteos, estremeciéndose y ondulando su cuerpo cuando sintió que hurgaba entre ellos. Tom se concentró en introducir un dedo cubierto por el frío lubricante con cuidado en aquella pequeña entrada caliente, sin hacerle daño al pelinegro.

—Uhg… duele Tomi. – gimoteó Bill al sentir la incomodidad de aquel dedo frío que se colaba en si.

—Es normal, cariño. Dime si se vuelve insoportable. –le pidió, Tom, sabiendo que posiblemente sentiría un poco de molestia y recibió un asentimiento por parte del pelinegro.

Comenzó a realizar movimientos en aquel pequeño orificio, introduciendo y retirando su dedo, hasta que sintió que el cuerpo de Bill cada vez lo recibía mejor, así que añadió uno más.

—Ah… – gimió en el oído de Tom al sentir la nueva intromisión, aun que era incomodo al principio, a Bill le estaba comenzando a gustar.

— Dios, me encantan tus gemidos – le dijo Tom aumentando la velocidad de sus dedos.

El mayor estaba duro como nunca en su vida y Bill bajo su cuerpo no ayudaba en nada, así que sin más, coló un tercer dedo, estimulando lo suficiente para luego retirarlos de la estrecha entrada de Bill y tomó el lubricante.

Bill observaba atento como Tom esparcía aquel gel por toda su longitud. Era la primera vez que veía el miembro de Tom y era innegable que el trenzado estaba demasiado bien dotado. Un miembro largo, grueso, tan erecto y duro que por un momento Bill dudo si eso cabria en el.

—Tal vez duela. – le confesó Tom a Bill mientras se posicionaba entre sus piernas. — ¿Estás seguro?

—Sí. – Bill tomó firmemente las sabanas al sentir la punta del pene de Tom rozarle su sensible entrada.

Tom quería entrar de una sola estocada, se estaba volviendo loco. Sin embargo, era Bill, era su primera vez, era la persona que más amaba. Por nada del mundo le haría daño. Así que decidió contener sus ganas y entrar lentamente, lo que estaba torturando al pelinegro, por que así el dolor era mas prolongado.

—Tom… detente. – pidió el pelinegro con la voz quebrada.

Sentir como tan solo la punta del miembro del trenzado se habría paso en él y sentía que lo estaban desgarrando por dentro.

—Me está doliendo mucho…

— ¿Quieres que nos detengamos?

— No, no. – negó Bill, él quería entregarse a Tom y estaba totalmente seguro de eso. Solo que había mucho dolor y ardor de por medio. — Solo… – beso a Tom y lo recostó a la cabecera de la cama posicionándose a horcadas sobre el de trenzas. — Solo déjame hacerlo a mí.

Tom se sorprendió por el cambio repentino de posición y por lo apasionado que estaba Bill. Sus pieles estaban cubiertas por una fina capa de sudor, haciendo ver a Bill sumamente sensual e inocente con su mirada, que al igual a la de él estaba llena de pasión, lujuria y amor.

—No te hagas daño – fue lo único que pudo decir Tom al ver y sentir a Bill posicionando su miembro en su entrada.

El pelinegro se aferró a los hombros de Tom clavando sus uñas con perfecta manicura en ellos. Cerró sus ojos fuertemente y se dejo caer.

—Ahg…– gimió Bill al sentir el fuerte dolor

—Demonios, Bill. – apenas pudo articular Tom, al sentir la fuerte presión que rodeaba a su miembro y sorprendido por la poca delicadeza que tuvo Bill al introducirlo. – Te vas a lastimar.

—Oh, no… Uhg… – de sus ojos brotaban lágrimas, su cabeza la había dejado caer hacia atrás y sus cabellos negros caían como cascada en su espalda mientras dejaba su cuello expuesto. La intromisión había sido tan dolorosa que si no hubiese sido por las fuertes manos de Tom que sostenían sus caderas, posiblemente no hubiese podido mantener la posición.

Cuando sintió que el dolor pasaba para darle entrada a un rayo de placer escondió su cara en el cuello de Tom y se preparó para terminar de introducir la gran virilidad de Tom en su cuerpo.

—Ah… – bajó sus caderas y enterró sus uñas en la espalda de Tom. Lo más doloroso había pasado, ahora solo debía esperar a que llegara el placer.

—Bill… Bill… relájate un poco – le pidió Tom, mientras acariciaba la espalda del pelinegro. —Si te tensas no pasara el dolor.

Estar dentro de Bill era una sensación tan indescriptible para Tom. El menor era tan estrecho, tan cálido por dentro, y le apretaba tanto que el mayor sentía que en cualquier momento esparciría su semilla en el interior de Bill.

—Ah… Mmm… – Bill comenzó a elevar sus caderas cuando sintió que el dolor era soportable.

Seguía escondido en el cuello de Tom y le gemía en el oído. Justo como Tom lo había soñado decenas de veces.

—Te sientes tan bien. – Tom lo tomaba de las caderas y le ayudaba a marcar el ritmo.

Crearon un ritmo exacto y necesitado para ambos, miles de te amo y gemidos salían de los labios del menor y eso solo lograba excitar mas a Tom.

Bill montaba frenéticamente a su hermano. Tom tocaba algo dentro de él que lo hacia sentir tan excitado y a punto de estallar, y así lo hizo, manchando su vientre y el de Tom.

Cayó rendido y cansado en los brazos del trenzado, así que este supo que era hora de hacer él el trabajo forzado.

Bill gimió por el pequeño dolor que sintió al sentir salir a Tom de su cuerpo para luego ser apoyado de espaldas en la cama. Tom se posicionó entre las piernas de su sensual hermanito y se introdujo de nuevo en él de una sola estocada.

Las embestidas de Tom siguieron cada vez mas precisas y profundas, tocando una y otra vez ese punto de placer de Bill que lo hacia ver las estrellas. Y Tom sentía ver las estrellas cuando veía a Bill.

El pelinegro totalmente invadido por el éxtasis, con sus cabellos negros desordenados en la almohadas por los movimientos de Tom, sus labios entre abiertos hinchados por tantos besos apasionados y de su garganta saliendo los mas sonoros jadeos y sollozos de placer. Era el cielo para Tom.

—Mmm, vamos Tom… – le pedía Bill a Tom. Lo estaba disfrutando tanto. —Ahmm…. – Bill se contrajo con fuerza torno al miembro de Tom.

— No hagas eso – se estremeció Tom de placer al sentir como los músculos internos de Bill se contraían alrededor de su miembro.

Tom sabia que estaba cerca del clímax así que tomó la nueva erección de Bill, la cual se había formado de nuevo por el roce de ambos cuerpos y en su próstata.

Luego de dos fuertes orgasmos el cuerpo de Bill estaba sensible de una forma casi dolora y con el mínimo roce de la mano de Tom en su miembro, se corrió por tercera vez en aquella noche.

— Tom… – sollozó Bill – Hazlo ya… Ah… Córrete en mí. – besó el lóbulo de la oreja de Tom y esa petición bastó para el.

Cuatros fuertes embestidas después Tom vacío violentamente su caliente semen en las entrañas de Bill. El pelinegro sintió una sacudida fuerte en su interior que le hizo doblar sus dedos y casi ondular su cuerpo de no ser por el peso de Tom, que se encontraba jadeando y con la respiración agitada por el fuerte orgasmo que había tenido.

—Te amo – le dijo a Bill, quien se encontraba jadeando para recuperar el aire.

—Yo más a ti.

—Gracias. – lo besó. —Por entregarte a mí.

—Lo hice por amor.

F I N

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por administrador

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