
Fic de LadyScriptois
Capítulo 1
Con sus ropas ajustadas por la lluvia y tiritando debido al frío, iba un pálido y joven pelinegro de tan solo dieciséis años, en el único taxi disponible que pasó por esa calle a esas altas horas de la noche. El chico iba con un nudo en la garganta y lágrimas de rabia que no dejaría salir de sus ojos.
Estaba desilusionado y molesto, nunca pensó que él lo olvidaría.
El pelinegro, de nombre Bill, vivía con su hermano mayor Thomas, quien era mayor que él por solo cinco años y utilizaba trenzas azabaches, ropas anchas y bandas en la cabeza cubriendo parte de su frente, excepto cuando debía ir a trabajar que utilizaba trajes muy finos. Llevaban alrededor de dos años viviendo juntos, es decir, tan solo ellos dos. Sus padres se habían mudado temporalmente a Asia, con planes de extender el negocio familiar, pero debido al gran éxito que tuvieron, decidieron quedarse más tiempo en aquel continente. Todo eso sucedió cuando los Señores Kaulitz, consideraron que su primogénito, Thomas, estaba listo para tomar las riendas de la cadena hotelera.
Así, los Señores Kaulitz se encargaban de los negocios asiáticos, Thomas de los europeos desde Alemania y cuidaba de su hermano menor Bill. Sin embargo, el menor de los Kaulitz no consideraba que su hermano estaba haciendo un muy buen trabajo.
Llegó a su destino pasada la media noche, con mucho frío y el maquillaje corrido, entró cabizbajo al elevador y de igual forma caminó el recorrido hasta llegar a la puerta del apartamento. Aun que realmente quería mata a Thomas, trataría de entrar lo mas sigiloso posible, por que pensaba que se encontraría con el lujoso apartamento a oscuras y su hermano profundamente dormido en su habitación y, a pesar de lo molesto que se encontraba, no quería despertarlo.
Claro, que lo hubiera logrado si no hubiese olvidado sus llaves.
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Thomas o como le decían desde niños Tom, estaba lejos de estar durmiendo y se encontraba en la amplia cocina del departamento tomando un jugo de naranja para reponer energías luego de la actividad tan agotadora que acababa de finalizar.
El trenzado escuchó como alguien golpeaba la puerta de entrada del lugar. Así que, extrañado, se dirigió a esta y miró por la mirilla de la puerta, asombrándose al ver quien era.
— ¿Por qué estás aquí? – preguntó confundido Tom.
—Aquí vivo. – dijo simplemente Bill, tratando de tragarse el coraje y entrando al apartamento, dejando las cosas que traía en el sofá. —Por si no recuerdas eso también.
—Lo se, es decir, ¿No se supone que estabas en tu habitación? – Tom seguía confundido y ahora un poco molesto. Para él no estaba bien que su delicado hermanito estuviera en la calle a esas horas, claro que no. — Sabes bien que no me gusta que estés fuera hasta tan tarde y sin informarme antes. – dijo el mayor con voz firme. — No creas por que no están mamá y papá ahora puedes hacer lo que quieras.
—Oh, claro. Escucha hermano responsable: Si, se supone que debo durmiendo, por que mañana tengo que despertarme temprano para ir a la escuela. – dijo alzando la voz Bill. — ¿Y sabes qué más? También se supone que debería estar aquí desde hace varias horas.
— Y si lo sabes ¿Por qué llegas a estas horas? – dijo Tom alzando la voz también.
—Porque no pasaba un taxi, porque si no lo has notado, el hecho de que este empapado es porque afuera está cayendo un coñazo de agua.
— ¿Y por qué carajos no me dijiste que fuera por ti? ¿Se puede saber dónde estabas? – y eso fue la nota que derramó el vaso para Bill.
— ¿Es en serio, Tom? – Bill estaba sorprendido de la desfachatez que podía tener su hermano cuando se lo proponía. — ¿Quieres saber dónde estaba? Estaba afuera de la academia de danzas, mojándome como un perro esperando a que mi maravilloso y responsable hermano fuera a recogerme, pero al parecer a este se le olvido. Y no solo conforme con olvidarse de mí, no responde su celular de mierda. ¿Para qué tienes un celular de última tecnología si eres incapaz de responder una llamada?
— ¡Oh, Bill! Demonios – se llevó las manos a la cara cuando cayó en cuenta que se olvidó completamente de recoger a su hermano en la academia.
El chofer asignado para Bill enfermó y mientras buscaba un remplazo, Tom se encargaba del trasporte de Bill.
Cuando iban camino a la academia Bill se dio cuenta que no llevaba las llaves del apartamento, pero Tom necesita dejarle rápido en la academia e irse a su oficina por una reunión importante, así que le aseguró que él le recogería.
— Lo olvide por completo – dijo con el arrepentimiento pintado en el rostro.
— ¿No me digas? – dijo con falsa ingenuidad el menor y luego bufó, cruzándose de brazos, vio de soslayo a Tom, que le miraba con gesto de perdón y se sintió desfallecer.
Seguía enojado con su hermano, pero ya menos, la cara de arrepentimiento de Tom lo había logrado. A veces se odiaba por caer tan fácil o no poder ser lo suficiente firme cuando de Tom se trataba, pero no podía hacer nada, simplemente lo amaba.
—En serio, lo siento. – Tom estaba arrepentido. – Me ocupé y lo olvidé.
Bill lo comprendía, la posición de su hermano no era fácil, estaba a cargo de una cadena hotelera, aun que no por ello dejaba de ser un joven de veintiún años que se divertía cuando podía.
—Ya, no te preocupes – dijo dirigiéndose a él y abrazándolo, enredando sus brazos en su cuello y besando su mejilla cuando Tom le correspondió abrazándolo por la cintura.
A Bill le gustaba abrazar a su hermano y que él lo abrazara, le gustaba besarle cuando podía y si de él dependiera estuviera pegado a él todo el tiempo, simplemente le gustaba expresar su cariño, pero no lo hacía del todo, solo lo que la barrera de lo fraternal le permitía, porque el sentía algo más que amor de hermanos hacia Tom.
— Se que la empresa te consume mucho tiempo. – le miró con ojos compresivos y Tom se sintió culpable. No era precisamente por estar ocupado en el trabajo que se olvidó de Bill, y por ello se sentía un completo imbécil.
—Tom, amor ¿Por qué tardas? – se escuchó la voz fina y femenina de quien llamaba a Tom, haciendo presencia en el lugar solo en ropa interior.
Tom sintió como Bill bajaba los brazos de su cuello y le dirigía una mirada de desilusión.
—Con permiso. – tomó sus cosas y se dirigió a su habitación rápidamente, no quería que Tom viera que sus ojos se cristalizaron.
Estaba nuevamente enojado, que su hermano se hubiese olvidado de él lo molestaba pero toleraba, pero que Tom se olvidara de él solo por un revolcón con alguien que posiblemente nunca más en su vida volvería a ver, le desilusionaba y destrozaba. Sabía que Tom era un hombre con un lívido bastante alto, pero él era su hermano, su pequeño.
—Estúpido. – dijo con rabia, dándole una mordida a la oreja del osito que Tom le regaló la semana pasada.
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El trenzado no sabía cómo pedirle disculpas a su hermanito, sabía que se había enojado y con razón, lo dejó plantado solo por un par de tetas.
Despidió a la chica lo más rápido que pudo y se dirigió al cuarto del joven de tez blanca y cabellos con destellos claros.
— ¿Puedo pasar? – preguntó el mayor, asomando su cabeza por la puerta
—Si quieres – dijo Bill desde la cama sin mirarlo, enfocando supuestamente su atención en el iPad que tenía en sus manos.
—Lo siento.
—Ya lo dijiste y ya te disculpé. Así que, si no tienes algo más que decir: con permiso, voy a dormir. – dejó el dispositivo en su veladora y se recostó en su almohada disponiéndose a dormir.
— ¿Pero sigues enojado? – preguntó interesado el de trenzas, acercándose a la cama
— ¿Y?
— ¿Cómo qué: y? No asumas esa actitud, en serio vengo a disculparme.
—Disculpas aceptadas, ahora: largo.
—Bill…
— ¿Bill qué? Bill nada…
—Te comportas como un niño malcriado.
—Tengo dieciséis, es lógico. – se defendía, mientras se sentaba en la cama para mirarle la cara a Tom. — En cambio tú, con veintiún años, aun olvidas tus responsabilidades por la primera oportunidad de sexo fácil que se te presente. – le recriminó. Controla tus hormonas que ya no eres un adolescente alborotado.
—No olvido mis responsabilidades. Estoy pendiente de ti, te llevo y traigo a todos lados, estudias en la mejor escuela, pago tu academia de danzas, complazco todos tus caprichos. ¿Oh, el niño se aburrió de su celular? Voy y te compro otro. ¿Bill está deprimido y quiere que su hermano se quedé a su lado? Allá va Tom a cambiar su agenda. – recordó. — Así que no me etiquetes de esa manera por un error.
Tom se sentía ofendido y consternado por las acusaciones de Bill.
—Tú no pagas nada, lo hacen nuestros padres. – murmuró.
—No, se cubre con el dinero de la empresa de nuestros padres y que en estos momentos soy yo quien está haciendo que produzca tanto dinero como lo está haciendo – a Tom no le gustaba fanfarronear acerca de ello pero era cierto y en ese momento simplemente lo dijo.
—No me importa. – dijo caprichoso. —De igual forma me olvidaste por el sucio y asqueroso sexo. No puede ser que no puedas permanecer al menos tres días sin follar, tienes complejo de conejo ¿O qué? – Bill también estaba exasperado, al igual que Tom.
—Yo al menos disfruto mi juventud. Además, tú, como bien dices, con tus dieciséis años cumplidos, deberías hacer lo que hago yo y aprovechar el sexo fácil que se te presente y no “esperando el amor de mi vida” – dijo lo último imitando la voz de Bill.
No debió haber dicho eso.
Había sido golpe bajo. Bill confió en Tom que se sentía atraído por los chicos y que aún era virgen, a pesar de que le avergonzaba mucho. Le confió que aún tenía miedo de entrar en una relación con un hombre y mucho más al sexo, que sentía que solo lo haría con el amor de su vida, con alguien que él realmente amara y que le haga sentir amado.
Tom la había cagado y se dio cuenta muy tarde.
—Yo… Bill… – no sabía que decir esta vez. Demasiadas disculpas por esa noche y sentía que una mas no sería aceptada – No lo quise decir, realmente no quise… Yo…
—No lo sientas, Tom – Bill sonaba calmado y con la voz ahogada. — Tal vez tengas razón. – le miró a su hermano por un momento y luego bajó la mirada. — Tal vez deba intentar, es solo sexo, no puedo desperdiciar mi tiempo guardándome para el amor de mi vida. – dio un suspiro que sonó como lo más triste y cansado para Tom, luego lo miró y le sonrió débilmente a su hermano mayor. — Ahora sí, creo que debemos dormir. – murmuró, tomando las sábanas y acostándose de costado, dándole la espalda a Tom.
Tom no estaba seguro sobre que decir o hacer. Así que, simplemente salió de la habitación con una opresión en el pecho que no entendía, pero lo único que si tenía claro es que no quería a Bill entregándose a alguien más, ni a alguien más tocando la nívea piel de Bill o tomando su delicado cuerpo.
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Un par de semanas pasaron desde aquel día donde los hermanos Kaulitz habían discutido.
Su relación había vuelto a la normalidad, o dentro de lo que es normal para los hermanos normales. Ya no había más besos, abrazos o muestras de cariños por parte de Bill hacia Tom, más que las necesarias para dos hermanos. Eso a Tom lo tenía confundido y necesitado, por más extraño que sonase, el primogénito de los Kaulitz sentía un vacío generado por las ausentes muestras de afecto del menor de los hermanos.
—Bill. – le llamó Tom desde su estudio, al verlo pasar muy arreglado aquella noche. — ¿A dónde vas? – preguntó, cuando su hermanito se encontraba en el lugar.
El de trenzas pensó que su hermanito se veía muy hermoso y provocativo, e inmediatamente se riñó internamente por pensar así de él.
—Con unos amigos de la academia.
— ¿Necesitas que te lleve?
—No, uno de ellos pasará por mí y luego me traerá – dijo e inmediatamente se fue.
A Tom eso le tenía preocupado, Bill últimamente salía más con sus amigos, iba más de fiesta y temía pensar que era debido a la discusión pasada. Tal vez, Bill si tenía pensado conocer a alguien y dar ese paso que tan intranquilo tenía a Tom.
No quería que Bill lo hiciera.
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Esa semana el trenzado trabajaba duramente desde la mañana hasta pasada las tres de la tarde, así tenía tiempo de acompañar a Bill a la academia de danzas desde las cuatro de la tarde hasta que saliera. Quería estar más pendiente de Bill y más cerca de él, tal vez así no lo sentiría tan ausente. Sentía que su relación se enfriaba y todo él necesitaba la calidez de estar con Bill.
Al principio al de cabellos con destellos no le agradaba la idea, es más, lo incomodaba. Él estaba intentando alejarse de Tom, para olvidarse de lo que sentía por él.
En una conclusión llegó el día de aquella discusión: él quería entregarse en cuerpo y alma a alguien que él amara y sentirse correspondido, pero a quien él amaba no le correspondía, no de la forma que él quería. Por ello decidió que lo mejor era intentar olvidar y aunque estaba seguro de que tal vez nunca lograría querer a alguien como quería a Tom, también estaba seguro de que Tom nunca lo llegaría a querer como él lo quería.
Con ese pensar se prometió intentar olvidar el amor que sentía hacia su hermano, por eso ahora intentaba socializar más, conocer a más chicos y ser un poco más abierto.
Ese día estaban en la academia danzas, Bill culminaba su ensayo junto a un grupo de chicos, miraba una que otra vez a Tom y se sonrojaba levemente al ver que Tom tenía su mirada fijamente posada en él.
El trenzado, al igual que días atrás, estaba sentado en una de las butacas que se encontraban bajo el escenario donde su hermanito ensayaba, que con aquella iluminación, con las mallas ajustadas, el camisón largo que llevaba puesto, sumado a la coleta alta que recogía sus negros cabellos dejando escapar uno que otro mechos que caía en su rostro y cuello, y los movimientos precisos y sensuales pero a la vez tan inocentes que realizaba, tenía totalmente hipnotizado a Tom.
Solo salió de su trance cuando su hermano se dobló para cambiar la música, dejando su trasero respingado y unos chicos, que igual que él se encontraba observando el ensayo, comenzaron a hacer comentario al respecto.
—Uuuh, mira eso Kevin – le dijo uno de los chicos al otro. —Esta como quiere el precioso.
—Demasiado perfecto su trasero.
Con esos comentarios, la sangre de Tom comenzaba a hervir en sus venas, no le gustaba la forma en la que hablaban de Bill
—Si como mueve las caderas mientras baila es en la cama… – continúo el otro chico.
—Te apuesto a que es virgen – dijo uno seguro de lo que decía, quien por lo que había oído se llamaba Kevin. – Solo debes mirarle.
—Pues yo encantado le quito lo virgen. Con esas caderas tan angostas debe ser tan apretadito.
Tom quería partirle la cara a esos tipejos por atreverse hacer esos comentarios, pero las imágenes que se desarrollaban de Bill en su mente mientras aquellos hablaban le impedía reaccionar y solo se encontraba perdido en Bill y en su imaginación.
—Le recostaría en la cama, abriría sus bellas piernas y le penetraría hasta que me pida que pare, mientras el gime como una misma gatita en celo.
Tom no pudo evitar imaginar eso, pero siendo el que tomaba a Bill y lo hacía gemir de placer. Se sintió enfermo y furioso y aún más cuando fue consiente de la casi erección que se había formado solo al pensar en eso.
Con la sangre hirviendo y la frustración al tope, se levantó del lugar y sin inmutarse subió al escenario tomó las cosas de Bill, su mano y jalo de él hasta llegar el estacionamiento y subir al auto
—No preguntes. – le dijo a Bill.
Con la mirada fija en la carretera, como si fuera lo más interesante del mundo, llegaron a casa con una velocidad un poco más alta de lo permitida.
— ¿Ahora si me puedes decir que mierda te sucede? – le demandó Bill a su hermano nada más llegar al apartamento.
—No, y no vuelvas a utilizar más esas cosas tan ajustadas, solo logras provocar con eso. – contestó y se dirigió a su habitación. Necesitaba una ducha de agua fría y dormir para ver si lograba calmarse.
En la sala solo quedo un Bill con varias interrogantes: ¿Qué le sucedía a Tom?, ¿Provocar qué? y ¿A quién?
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Desde ese día, el mayor no dejó de acompañar a su hermano a los ensayos, notando que, por desgracia, ese tal Kevin y su hermanito se hacían demasiado amigos.
También esa noche y las siguientes, Tom solo soñaba que le hacia el amor a Bill y este jadeaba bajito y sensualmente en su oído diciéndole cuanto le amaba y gustaba lo que el mayor le hacía.
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Mas semanas habían pasado desde que aquella discusión que confundió a Thomas, asiéndole querer y desear a su pequeño hermano de una manera que nunca lo había hecho o que tal vez siempre lo había hecho, pero no con tanta intensidad y necesidad.
Por más descabellado que sonase, y que por muy loco y enfermo que para él mismo Tom pareciese, no le quedó más que admitir a él mismo que quería a su hermano más allá de lo fraternal.
Se sentía atraído a cualquier gesto o movimiento del pelinegro, sonreía como tonto cuando este se acercaba a él y seguía extrañando la cercanía perdida para con Bill, seguía extrañando sus cálidos abrazos y besos en la mejilla y, aunque los extrañaba, deseaba más que eso.
Por su parte, Bill sentía que el amor por Tom estaba igual o más intensificado que antes. Aunque se quería alejar no podía, Tom era como un imán para él, y por eso estaba tan triste, porque sentía que no podía hacer algo para dejar de amar a Tom y que tampoco había fuerza humana que hiciera que su hermano mayor le correspondiera ese amor que él consideraba enfermizo.
Era un viernes en la noche y Bill se arreglaba esmeradamente para salir a una fiesta, esa noche tal vez, se entregaría a Kevin. El pelinegro creía que si le hacía entender a su cuerpo que no le pertenecía a Tom, tal vez su corazón también dejaría de pertenecerle.
A Bill le parecía que Kevin era un chico que le quería y le cuidaría. Aunque, aquel chico realmente quería su cuerpo y coronar siendo el primero en probarlo.
—Estas muy lindo. – esa voz hizo temblar a Bill y sonrojarse, era la primera vez que Tom le decía algo como eso.
—Gra-gracias. – dijo sin atrever a mirar directamente a esos intensos ojos color avellana.
— ¿Una ocasión especial? – preguntó adentrándose en la habitación y sentando en la orilla de la cama detrás de Bill.
—Saldré con Kevin. – dijo nervioso, tratando de continuar con su maquillaje.
—Ese chico no me gusta. – sentenció Tom, sonando firme, enojado y muy celoso.
—Me quiere. – fue lo único que pudo decir Bill, ante el tono de su hermano.
—Por supuesto que no te quiere Bill, no seas ingenuo. – bufó el trenzado.
Bill culminó lo que estaba haciendo y volteó a ver a Tom.
— ¿Cómo lo sabes? – preguntó con tristeza.
—Él solo quiere tu cuerpo, yo lo oí. – dijo como si fuera obvio – Él quiere sexo, solo eso.
—Bueno… tú dijiste que hay que aprovechar la juventud… y bueno – decía Bill dudoso y avergonzado por estar hablando de entregarle su cuerpo a otro con la persona que él quería que tomara su cuerpo por siempre.
—Ni lo pienses. – Tom sonaba demandante y luego suspiró. — Simplemente no lo hagas Bill.
— ¿Por qué? Tú mismo dijiste que… – Bill pensó que su hermano se iba alegrar porque él al fin había encontrado la seguridad de entregarse a alguien pero parecía que no era así.
—Olvida lo que te dije, Bill – miró a los ojos a su hermano, que le miraba con las mejillas sonrojadas y los labios recién acariciados con gloss. Se perdió un momento en ellos para luego continuar. —Debes entregarte por amor, como decías antes, ¿Entiendes? – el menor asintió, perdido. — Prométeme que te entregarás a alguien por amor, que te entregarás a alguien a quien ames.
— ¿Y cómo hago si amo a alguien que no me ama? – preguntó con una lágrima corriendo por su mejilla, con lo cual Tom no tardó en acercarse a su hermano y secar aquella gota de tristeza.
— ¿Quién podría no quererte, Bill? – preguntó dulcemente. — Eres tierno, inteligente, puro, amoroso y sobre todo muy hermoso. – dijo todo aquello sin dejar de ver a Bill a los ojos. — Eres perfecto. – susurró, sorprendiéndose de sus palabras. — Nadie dudaría en amarte. – y estaba seguro de lo que decía, ni él mismo, a pesar de ser incorrecto, pudo evitar amar a Bill.
Bill sentía tantas cosas en su estómago, su corazón latía tan rápido, sentía que era un momento importante y sin saber exactamente como, hizo lo que nunca en su vida hubiese pensado hacer.
Se colgó del cuello de Tom en un abrazo desesperado y recargó su cabeza en su hombro para luego susurrarle un débil: Yo te amo, pero que fue audible y como el mayor tesoro para Tom.
El mayor rompió el abrazo delicadamente y Bill consiente de lo que acababa de decir supuso que iba a ser rechazado, así que cerró los ojos fuertemente.
Tom le miraba con una sonrisa y lleno de ternura al ver la carita de Bill.
—Bill abre los ojos. – le susurró al oído y este, reciamente, negó infantilmente con la cabeza. —Por favor. – volvió a decirle
El de cabellos lisos y negros, respiró profundo y decidió abrir despacio los ojos, encontrándose con un Tom sonriente y mirándolo directamente.
—Yo también te amo.
Se quedaron en silencio, perdiéndose en los ojos de otros y Bill preguntándose si esa era la realidad.
El mayor ya demasiado tentando por el rostro sonrojado de Bill y sus labios rosado, solo dudó unos segundos en acortar la distancia que los separaba para probar los labios del menor, sintiéndole suspirar y estremecerse cuando empezó a marcar el lento ritmo de aquel beso.
—Te amo. – le confesó el de trenzas a su hermanito, besándole despacio y con dulzura.
—Y yo a ti. – le respondió, dejándose hacer pasivamente.
Con delicadeza, recorrió el labio inferior de Bill con la punta de su lengua para finalmente obtener una entrada a la cálida cavidad del menor y hacerle gemir quedadamente, mientras se aferraba más a Tom.
Continúa…
Gracias por la visita.
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