Administración: Haruxita publicaba con nosotros en el formato anterior, luego continuó con sus historias en Wattpad, en donde fue censurada. Ahora dejaré a su disposición los capítulos que alcanzó a subir con nosotros de esta obra (14 de 20) Si alguno de ustedes tiene el resto de capis, por favor contacte con nosotros al correo: fics1tokiohotel@gmail.com
Ahora disfruten del fic.

«Por ti me convertí en Princesa» Fic Twc de Haruxita
Introducción
«he brief flash to my owls
aware dog is there
and love in angle is then…”
El moreno cambió la letra y desafinó aposta. Era su pequeña venganza con Hildy por escoger precisamente ese tema de entre todos los del karaoke.
Como era de esperarse, semejante afrenta fue respondida con una lluvia de palomitas.
— Idiota. ¡Tenías que arruinarlo! ¡Angel es mi tema favorito!
Bill le sonrió con osadía recogiendo algunas de las palomitas que habían caído en su cabello y echándoselas a la boca. Se bajó con agilidad de la mesita de café que hacía las veces de escenario y le arrojó el micrófono a su amiga.
— Mi turno de escoger tu te…
Un fuerte portazo lo interrumpió y desvió la atención de ambos hacia el recién llegado que no sólo no saludó, sino que subió las escaleras hecho una exhalación.
La chica hizo un mohín preguntando silenciosamente al moreno, quien se encogió de hombros, dudando por un momento antes de subir las escaleras, tras su hermano.
&
Entró con furia dando un nuevo portazo y pateando todo lo que se atravesó en su camino. Arrojó su mochila contra la pared del fondo sin preocuparle que su móvil fuera dentro.
Quería gritar, romper cosas, golpear a alguien. Lo que fuera con tal de menguar en algo esa sensación en su pecho, que en apariencia lucía parecida a la rabia, pero en esencia era de una naturaleza muy diferente.
No le sorprendió que su hermano menor le hubiera seguido los pasos, tampoco que entornara la puerta y agitara un “trapo” blanco pidiendo tregua. Trapo que resultó ser una braga de su madre.
—Entra de una vez, antes que me arrepienta. – graznó, luego de mascullar para sí «payaso».
El moreno cerró la puerta con suavidad y se apoyó contra la hoja, manteniendo sus manos en la espalda.
Su hermanito no era bueno dando consejos, ni siquiera era capaz de resolver sus propios problemas, pero era muy bueno escuchando. No importaba donde se encontrara, que estuviera haciendo o con quien, siempre dejaba todo tirado para estar a su lado y darle esa sonrisa de «no importa cómo, pero lo resolveremos».
Sin embargo, esta vez el problema en el que estaba metido era de tal calibre que no veía salida posible.
Se arrojó pesadamente sobre su cama y apoyó sus zapatillas en la pared, entre los afiches del Ferrari F430 Spider y de Max Chilton. Sección de pared que lucía más ennegrecida que el resto, producto de años de recibir el mismo tratamiento.
Como esperaba, Bill se ubicó a su lado izquierdo, rozando su brazo. Plantó sus pies descalzos (se había quitado las zapatillas para subirse a la mesa) sobre el poster del piloto y, como cada vez que se acostaba en esa cama, no falló en acariciarle suavemente el rostro con el pie izquierdo y bajar en línea recta hasta…
— Supongo que si pudieras ser más marica esparcirías polvo de hadas.
— No es en mi pared en la que está pegado, y no me digas que lo admiras solo por la forma en que conduce. No soy tan crédulo como mamá. – repuso, tomándole la mano con cariño.
Entrelazó los dedos con los del moreno y suspiró, cansado. La furia se había esfumado dejando el más puro y profundo miedo.
— Todo se fue a la mierda…
—¿Qué pasó?
— Erika regresó.
Bill bufó. La presencia de la ex de su hermano nunca acarreaba nada bueno. Se preguntó qué se traería entre manos esta vez.
— Está saliendo con Rölf.
— Tal para cual, ese par de víboras se merecen el uno al otro.
— Ella le contó.
Bill dejó abruptamente de acariciarle el dorso de la mano con el pulgar y se incorporó asustado
— ¿Todo?
— No.
— Menos mal.
— No es tan idiota, le dijo sólo lo suficiente para arruinarme y quedar bien parada.
— Maldita perra. Pensar que le pagamos hasta el último centavo que nos pidió. – hizo una pausa, como analizando qué tan grave era la situación y luego agregó – ¿Qué fue exactamente lo que le dijo?
— Que no soy el mujeriego que todo mundo se piensa, que durante todo el noviazgo no follamos, que lo más lejos que llegamos fue esa mamada que me hizo casi a la fuerza. – Tom dio una fuerte patada en la pared dejando una gruesa marca con su zapatilla. – Me fui a la mierda, Bill. Por culpa de esa perra bocona, todo se fue a la mierda.
— Ya pensaremos en algo. – dijo, con sus usual calma, dándole un ligero besito en la frente. Al inclinarse un par de mechones resbalaron del moño en que traía tomado el cabello.
— Bill… ¿Qué mierda es esto? – preguntó, haciendo el ademán de jalarle la goma con lacitos de colores e incluso un… ¿oso en miniatura?
— ¡No me la quites! – chilló llevándose una mano a la cabeza y apartando la de su hermano. – Debo llevarla toda la noche.
— Sigo sin saber por qué.
— Más temprano Hildy y yo jugamos verdad o consecuencia…
— Dime, por favor, que perdiste.
— ¡Hey, soy marica no una chica! Hay una enorme diferencia. – aseguró, alzando una ceja para enfatizar sus palabras.
— Que te he visto en la ducha, ni tan enorme.
— Eso es porque no me has visto últimamente.
El rubio tuvo que reconocer que el gesto de su hermano (llevándose la mano a su cremallera) le arrancó una sonrisa. Bill era tan espontáneo y arrebatado que no le cupo duda que sería capaz de bajarse los pantalones para probar su punto.
— De acuerdo, te creo, te creo.
Bill sonrió, divertido, y se incorporó, jalándolo de un brazo.
— Bajemos, no quiero que te quedes ahogándote en tu miseria. Aún hay algo de pizza y unas cuantas cervezas.
— No quieeeero. – refunfuñó, más de mimado que por seguir molesto, haciendo un puchero que en otro tiempo conseguía engañar a su hermano.
— Vamos, prometo no obligarte a cantar.
Tom abrió la boca para negarse pero sabía que era inútil. Cuando a su hermano se le metía algo en la cabeza él indefectiblemente acababa por acceder.
— Está bien, pero que Hildy mantenga sus garras alejadas de mis rastas.
— “Es tu culpa por ser tan adorable«. – chinchó, imitando la voz de su amiga, al pellizcarle la mejilla.
&
— ¡Bill! ¡Quítame a esta acosadora de encima!
— ¿Qué tipo de macho eres que no puedes lidiar con una enana de 40 kilos? – se burló el moreno, regresando de la cocina con un bowl de nachos.
— ¡Hey! No es mi culpa que en mi familia las mujeres nos desarrollemos tardíamente. Y tampoco es mi culpa que Tomi sea tan…
— ¡»Adorable«! – repitieron los gemelos a coro.
— Vamos, encanto, echa fuera. – insistió por enésima vez, apretujando al chico de rastas. – Dile a tía Hildy quien es el malvado que se robó el brillo de esos ojitos para ir a darle una paliza.
El rubio bufó, pero no podía enfadarse con la chica, sabía que tras sus tonterías se ocultaba un profundo cariño hacia él y a su hermano.
— Es algo un poco más complicado esta vez.
— ¿Adivina quién regresó? – Agregó Bill, sentándose en la alfombra a lo indio monopolizando las palomitas, había tal resentimiento en su voz que la chica no precisó de más pistas.
— Mi ofrecimiento sigue en pie. Y además puedo partirle la cara, esa va por mi cuenta.
El último comentario consiguió arrancarle una mínima sonrisa a Tom.
— Eso sí sería digno de verse.
— ¿Qué hizo la perra esta vez?
Los gemelos se miraron un momento, Tom finalmente suspiró y asintió. Bill comprendió que le estaba dando permiso para hablar.
— Voy por el vodka.
— ¡Bill! ¡No es momento de emborracharse! – Gruñó la pelirroja.
— Lo que te voy a contar amerita vodka.
Una prueba de qué tan desesperado era el estado de Tom fue que durante todo el relato permitió que la chica tuviera su cabeza en el regazo y acariciara sus rastas.
Con su usual mordacidad el moreno fue desgranando la dolorosa historia, cómo Erika había descubierto la homosexualidad del mayor de los Kaulitz, cómo había usado esta información para obligar al rubio, a la sazón el estudiante más popular de la secundaria, a salir con ella. Y cómo, cuándo comprendió que no podía «convertirlo«, pidió una pequeña fortuna por su silencio. Tom empleó el dinero que llevaba dos años ahorrando para comprarse un auto y el restante lo aportó Bill subastando parte de su colección de vinilos en Ebay.
Ella era la culpable de que Tom continuara trabajando en el taller mecánico.
Hildy escuchó el largo relato en silencio. Aunque su creciente grado de indignación era más que evidente en su mandíbula que se iba contrayendo hasta niveles imposibles.
Pero fue la última parte la que le arrancó un sentido «No, es que yo la mato. Yo mato a esa perra». Usualmente los gemelos no prestaban atención a ese tipo de declaraciones puesto que la chica era dada a la teatralidad. Empero, esta vez el brillo asesino en sus ojos era autentico y se veía bastante determinada a convertir sus palabras en hechos.
— Nadie se mete con mi adorable Tomi y sale libre de polvo y paja.
— Necesitamos pensar en algo rápido… – afirmó el moreno, con determinación. – algo que no implique pasar los próximos veinte años en la cárcel. – Agregó, apenas su amiga abrió la boca.
— ¿Tan siquiera amenazarla?
— El daño en mi «reputación» – dijo el rubio, dibujando unas comillas con sus dedos – , ya está hecho. Vengarnos no lo arreglará.
— Podemos convencerla de retractarse, puedo ser muy persuasiva.
— ¡Hildy, por última vez, nadie va a golpearla! No necesitamos empeorar las cosas.
— ¿Y si sales oficialmente del clóset? Los secretos sólo le dan más poder a quienes los han robado.
— Eso está fuera de discusión, sería como apagar el incendio con gasolina.
— Bill no ha tenido mayores problemas.
— Eso es porque Bill no podría convencer a alguien de que es hetero aunque se le fuera la vida en ello. Además él no se mueve en un ambiente completamente machista y homofóbico como yo. ¿Acaso olvidas lo que sucedió la primera (y última) vez que fue a verme correr?
El aludido desvió la mirada, no le agradaba recordar ese incidente, pese a que habían pasado casi tres años aun dolía en el pundonor.
— Entonces la solución es obvia.
Los gemelos la miraron como si le hubiera crecido una trompa en medio del rostro.
— Hay que restablecer tu odiosa reputación de macho mujeriego y sin sentimientos.
— Por supuesto, como es tan sencillo. Me tomó años construirla y a la perra solo dos segundos enviarla por el desagüe.
— Has desechado las demás opciones. Aunque no nos agrade la idea… – inhaló profundamente, como si estuviera a punto de decir una blasfemia. – Necesitamos conseguirte una barba.
— ¿Hallo? Eso es lo que nos metió en este lio en primer lugar. ¿Lo olvidas?
— La susodicha no tiene porqué enterarse que tú bateas para el otro equipo.
— Da igual, no quiero pasar nuevamente por idas al a cine en que se espere que no veamos la película, besos con sabor a cereza, sandía o el labial que esté de moda, ni tener que toquetear tetas. ¡Tetas! – Puso tal cara de asco que la chica se preguntó cómo conseguía mantener engañado a todo el mundo, incluyendo a su propia madre.
Continúa…
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Me encantó. Estaba buscando esta historia como loca 😍 Gracias por subirlo!
No pensé que leer algo de esta temática sería así de divertido. Tmb pensé q nunca más lo volvería a leer, así q gracias por esto.