Mini-Fic de LeNa

Pretty Toy: Capítulo 1

La música apagaba las voces y los gritos de la gente que llenaba aquella inmensa sala de discoteca. El alcohol corría sin miramientos, las risas intentaban sobresalir por encima de la estruendosa música dance, las voces se alzaban más de lo normal contra los oídos de sus oyentes, y no se evitaban las carcajadas cuando alguien se marcaba un gracioso bailoteo. Brindaron una y otra vez, sentados en aquellos sofás de piel roja, alrededor de la mesa de cristal, que apenas levantaba dos palmos del suelo. No querían controlarse, aquella noche no. Y no era para menos. Acababan de ganar uno de los premios musicales más importantes de todo aquel mundillo, siendo una banda apenas conocida internacionalmente, y que prácticamente acababa de nacer, después de dos años desde su primer single. No se imaginaban vivir aquello por nada del mundo, y ahora que les había ocurrido, los Tokio Hotel no dudarían en disfrutar al máximo de la noche…

Le empezaba a doler la cabeza, pero estaba tan contento que apenas le daba importancia. Había bebido demasiado para una sola noche, y casi no se mantenía en pie. Nunca había sido de esos que salen a la pista a bailar y a flirtear con las chicas, siempre se había apartado a un rincón, y desde allí observaba. En mitad de la pista de baile estaba su hermano, acompañado por una preciosa chica de larga melena oscura. Se le arrimaba de la forma más descarada, y cuando le hablaba al oído, lo hacía lo más provocativamente posible, acariciando con sus labios el lóbulo de la oreja de Tom. Éste sonreía con picardía. También había bebido mucho, y sentía que si no fuera porque esa chica lo sostenía, rodeándole el torso con sus brazos, se caería al suelo. Ella se aprovechaba de su alto estado de embriaguez, palpando cada zona de su cuerpo que no hubiera podido llegar a tocar en esa situación, si él no hubiera estado borracho. El guitarrista se daba cuenta, por muy ebrio que estuviera, pero la dejó hacer, de todas formas, no le iba a dar la satisfacción de llevárselo a la cama, ya que ni él mismo se veía capaz de hacerlo. Bill, sentado en el sofá, se reía de la cómica situación. Ella hacía lo posible por excitarle, sin conseguirlo, y él no hacía más que tambalearse. En un momento, los brazos de la chica no tuvieron la suficiente fuerza para agarrarlo, y el chico perdió el equilibrio, derramando el contenido con cubitos de la copa que llevaba sosteniendo desde hacía largo rato, sobre le pecho de la chica. Ella se apartó enseguida, sobresaltada por el contacto con el frío líquido, y el trozo de hielo que se le había introducido por el escote de su camiseta blanca. En cuanto vio que comenzaba a transparentarse, no le dio importancia, y se agachó hacia el rapero, que había acabado tirado en el suelo, riéndose a carcajada limpia. El pequeño de los gemelos reía del mismo modo, retorciéndose sobre el sofá. Sus acompañantes apenas le prestaron atención, ya que cada uno iba a la suya. La chica se inclinó hacia Tom, colocando sus brazos de un modo que lo primero que vio él, cuando se detuvo, fueron sus enormes pechos. Ella lo había hecho aposta, y estiró ambas manos para que él se cogiera y se volviera a poner en pie. El guitarrista sabía lo que ella quería, pero no iba a poder satisfacerla como ella esperaba, así que rechazó su ayuda de un modo sutil, y se quedó en el suelo, bebiendo del poco contenido que quedaba en su copa. Bill supo enseguida que su hermano necesitaba una ayuda para poder escapar de los brazos de aquella chica, y como pudo, se levantó del sofá, y fue zigzagueando hacia la pista de baile. Se paró frente a su gemelo, y los dos comenzaron a reírse de nuevo. La chica ya no sabía qué hacer, intentó unirse a sus risas, pero no era capaz, ya que no sabía de qué se reían. El pequeño de los gemelos, finalmente se decidió a levantar a su hermano, y con la ayuda de aquella chica, colocaron los brazos del caído alrededor de sus hombros, y lo alzaron entre los dos.

– Hermanito… -empezó a decir Tom, totalmente borracho.- Quiero presentarte a Mery… Está buenísima… -La chica lo miró ofendida.

– Me llamo Cassandra… -contestó, dejando colgar a Tom del brazo que se sujetaba a Bill. Éste hizo lo posible para evitar que se cayera, mientras no podía parar de reír.

– Ah… Vale… -Hizo un gesto con la mano, quitándole importancia a lo que ella había dicho.

– ¿Eso significa que no vamos a follar? –Bill abrió mucho los ojos y la boca, dejando escapar sus escandalosas carcajadas.

– ¿Te lo habías planteado en algún momento? –preguntó Tom, riéndose con su hermano.

Ella, enfurecida, le dio un empujó en el pecho y se fue, sin llegar a ver que con esa pequeña agresión, los había mandado a los dos al suelo.

Por suerte no cayeron sobre nadie que estuviera bailando a su alrededor, y se retorcieron en el suelo, riéndose de la chica, de la caída, de la borrachera que llevaban, de nada en particular. Bill se cubría la boca con las manos, dando patadas al aire. Tom se sujetaba el estomago, después de dejar rodar su vaso por el suelo. En ese momento, Gustav, el batería de la banda, los vio desde su posición. Su estado no era precisamente lúcido, pero al menos se sostenía en pie, y todavía era consciente de lo que ocurría a su alrededor. Llamó a uno de los guardaespaldas que les acompañaban, y junto a él, fueron a la pista de baile, donde se encontraron a los gemelos, uno encima del otro, riéndose. El chico rubio se encargó de coger a Bill, mientras el hombre de dos metros que le acompañaba, cogió a Tom.

– ¡Ey Gusti…! –comenzó a decir el guitarrista.- ¿Quieres follar? –Y de nuevo, los hermanos comenzaron a reírse.

– Encantado de conocerte, Cherry… -murmuró Bill, a la chica que supuestamente estaba ahí, sin prestarle atención a Gustav.

Los llevaron de nuevo al sofá, donde los dejaron sentados, medio adormilados, entre risas.

– Empiezo a encontrarme mal… -dijo Bill de repente.

El color de su piel empalideció, y sin darles tiempo a reaccionar a los demás, vomitó a un lado del sofá. Tom se apartó enseguida, aún riéndose, mientras gritaba asqueado.

– ¡Tapitas con la próxima bebida! –reía a carcajada limpia.

Gustav se acercó a Bill, mientras éste se asomaba por encima del posabrazos del sofá, y continuaba vomitando en el suelo. Tom se apoyó sobre el batería, como si fuera un colchón la mar de cómodo.

– Deberíamos llevaros al hotel… Ya habéis tenido mucha fiesta por hoy… -comentó Gustav, mientras que con un gesto de su mano, hacía que el guardaespaldas se acercara.

– Qué asco… -murmuró Bill, limpiándose los restos que habían quedado en su boca, con el sofá. Hizo que Gustav le soltara.- Me encuentro mejor…

– Ya, claro…

El hombre de seguridad se agachó a la altura de Tom, y de nuevo volvió a estirar de él, hacia la salida trasera del recinto. Ya había dado la orden a través del Walki, para que llevaran el coche allí. Bill, obligado por su compañero, se puso en pie, y empezó a seguir a aquel hombre que arrastraba de su hermano…

No tardaron en llegar a la puerta, sobre la cual se iluminaba un aviso de “Salida de Emergencia”, y tras abrirla, se encontraron en un callejón, que nada tenía que ver con el lujo que se respiraba en el interior del local. Frente a ellos estaba la furgoneta negra con los cristales tintados. El guardaespaldas los hizo entrar en la parte de atrás, y luego se dirigió al conductor. Bill se recostó sobre su asiento, echando la cabeza hacia atrás y cerrando los ojos para poder encontrar un momento tranquilo. Tom, por su parte, aún sentía la música de la discoteca, y se agitaba sobre su asiento, moviendo también el de su hermano, que estaba a su lado. Bill le pidió que parara, pero Tom no le hizo caso, sino que le animó a que se uniera a su diversión, cuando el coche comenzó a moverse, en dirección al hotel en el que se hospedaban aquellos días. Por suerte, al día siguiente no tenían nada que hacer por la mañana, y podrían descansar bien de la más que segura resaca, lo mejor posible…

En menos de diez minutos el coche aparcó en el parking subterráneo del hotel, tras haber esquivado a las fans que esperaban impacientes en la puerta. Bill pudo bajar por su propio pie, pero Tom seguía tambaleándose y riéndose de cualquier cosa que veía, por muy poca o ninguna gracia que tuviera. El menor le ayudó a bajar, cargando todo su peso sobre él.

– Te quiero hermanito… -Se le trababan las palabras, mientras era arrastrado por Bill, tras recibir un beso en la mejilla.

El guardaespaldas los acompañó hasta el piso donde se encontraban sus habitaciones, soportando los comentarios estúpidos de un Tom totalmente ido y las quejas de un Bill que intentaba aparentar haberse recuperado de su embriaguez. El momento en el ascensor fue casi insoportable para aquel hombre, y dio gracias cuando Bill, quien decía encontrarse bien, se ofreció a llevar a su hermano a su habitación, dejando al guardaespaldas, vigilando al principio del pasillo. Le costó poder introducir la tarjeta que hacía la función de llave, en la rendija de la puerta. Le temblaba el pulso, a la vez que Tom se mecía sobre él, rodeándole el cuello con el brazo, y dejando caer todo su peso a un lado. Ayudó a su hermano a ponerse firme sobre sus pies, y justo antes de que volviera a dejarse caer, pudo introducir la llave, y la puerta se abrió. Volvió a estirar de Tom hacia el interior de la suite, la cual era igual a la suya. Finalmente pudo dejarlo tumbado en la cama, y, agotado, se sentó a su lado, mientras Tom continuaba riendo. Poco después se levantó, y tras dar dos pasos, tuvo que apoyarse contra la pared para no caerse.

– Me voy a duchar… -murmuró, con la intención de salir por la puerta, hacia su habitación. Tom permanecía tumbado boca arriba en la cama, ahora más tranquilo, y con su brazo cubriéndole los ojos.- ¡Mierda…! No tengo la llave… -dijo, hurgando en sus bolsillos.

– Puedes ducharte aquí… -señaló Tom, sin saber realmente hacia dónde.

Bill no se lo pensó dos veces, ya que todavía sentía el olor a vómito sobre su ropa, y del asco que le producía sentía que volvería a vomitar.

– ¿Tienes alguna camiseta que no sea un vestido? –rió Bill.

Tom se inclinó sobre el colchón, con toda la intención de contraatacar a la ofensiva de Bill sobre su ropa, pero no dijo nada, y se quedó contemplando a su hermano, mientras se quitaba la camiseta. No comprendía lo que sentía. No podía alejar los ojos del cuerpo del cantante por mucho que lo intentara. Su torso desnudo era delgado, sin apenas muestras de un músculo desarrollado, y sus brazos eran muy finos, sin aparentar demasiada fuerza. Sus movimientos eran sensuales, lentos, provocativos, pero él siempre se había movido así. ¿Qué le pasaba? Bill, entonces, cuando se deshizo completamente de su camiseta maloliente, se fijó que Tom le observaba. Prácticamente, estaba boquiabierto, sin pestañear, con la mirada perdida en algún punto de su cuerpo, pero no le dio importancia, o tal vez fuera que su grado de embriaguez no le dejaba verlo con claridad.

– ¿Tienes ropa o no? –insistió, sacando a Tom de ese extraño agujero en el que parecía haberse evadido de la realidad. Por fin le miró a los ojos, y sin mediar palabra, negó con un movimiento de cabeza.- ¿Calzoncillos normales? –Y volvió a negar, antes de sucumbir de nuevo a las formas del cuerpo de Bill. La tenue iluminación de la habitación provocaba sombras a lo largo de su torso, como si fueran manos rodeándole, y moviéndose tentadoras, para que Tom se acercara.- Pues déjame unos tuyos… -dijo finalmente, acercándose a una de las maletas de Tom.

Éste le señaló una en concreto, y cuando la abrió, encontró montones de calzoncillos y gorras. Cogió el más pequeño que encontró, y con él en la mano, se metió en el cuarto de baño. Una ducha fresca le ayudaría a bajar su malestar.

Pero el agua estaba demasiado fría como para poder soportarlo, así que se decantó por una ducha de agua tibia, que sería aún más relajante. Abrió el grifo, y alzó la palanquita para que el agua comenzara a salir a través de la alcachofa de la ducha. Se miró al espejo antes de continuar desnudándose. Tenía un aspecto asqueroso. Agradeció que sólo sería aquella noche, no quería volver a descontrolarse tanto; no le gustaba. Llevaba el maquillaje corrido, de cuando intentó despejarse los ojos con la mano, debido al escozor que le producía el humo del local. Se deshizo de las botas tejanas, y después, sus pantalones y calzoncillos. Entonces se metió en la bañera, sintiendo enseguida el agua caliente contra su cuerpo. Realmente lo necesitaba. Parecía que la cabeza le fuera a explotar…

Tom miraba al suelo. Las piernas le temblaban como si tuvieran vida propia. No se sentía en sus cabales, y casi podía verse ahí sentado en el borde de la cama, pensando en algo que llevaba meses rondándole la cabeza, pero que ahora lo había dejado descaradamente claro. Sólo esperó que Bill no se hubiera dado cuenta, o que lo hubiera achacado a su enorme borrachera. No era que Bill no hubiera cogido su llave, sino que Tom se había encargado de quitársela del bolsillo de la chaqueta cuando él se peleaba con la puerta de la habitación, sin darse cuenta. Llevaba meses queriendo tenerlo a solas para poder hacer lo que tanto tiempo llevaba queriendo hacer. No sabía cómo había nacido ese sentimiento en él, sólo sabía que era de lo más sórdido, que no era normal mantenerlo en su cabeza. Y lo había ocultado durante años, cuando fue Bill el que empezó a destacar por encima de todos… Pero ahora que había conseguido tenerlo a solas en su habitación, sólo para él, sin la presencia de nadie a su alrededor que pudiera descubrir el más mínimo indicio de que algo sucedía, no estaba dispuesto a desaprovechar la oportunidad… Sabía que Bill no lo aceptaría, pero no estaba dispuesto a pedirle permiso.

Se levantó de la cama, caminando con pasos arrastrados hacia la puerta del cuarto de baño. Allí, se apoyó contra la madera blanca, alzando ambos brazos y pegando la oreja, para poder oír mejor el ruido del agua. Se imaginaba el cuerpo desnudo de Bill completamente húmedo, con su larga y preciosa melena negra, adhiriéndose a su espalda y sus hombros. Sus manos recorriendo cada centímetro de su piel, extendiéndose el jabón y acariciándose los cabellos para lavarlos, dejando ese agradable aroma siempre presente en él. Sintió como ese cúmulo de sensaciones que le provocaba imaginarse a su hermano en la ducha, comenzaban a concentrarse en un punto determinado de su anatomía. No podía soportarlo. Había aguantado demasiado tiempo, se había ocultado demasiado tiempo, y aquello había sido una tortura para él. Se sentía inferior a él, y sólo había una manera de poder contentar a esas emociones escondidas, sólo una manera para dejar de sentirse un ser despreciable… Poseyéndolo.

No lo pensó más. Abrió la puerta del cuarto de baño sigilosamente, para que Bill no pudiera oírle. Luego la cerró de igual modo. Por suerte, el cantante no se había percatado de nada, y continuaba con su relajante ducha. El vaho había empañado el espejo y la mampara de la bañera completamente. Aún así, podía ver la sombra de su cuerpo moviéndose tras ella. De repente le oyó quejarse.

– Mierda… Mi cabeza… -murmuró.

Tom se quedó petrificado al oírlo, deseando que no le descubriera. Suspiró aliviado cuando vio que no lo hizo y que continuó jugando con la boca, llenándola de agua para después escupirla. El guitarrista no podía más. Sabía que si no llega a ser gracias al alcohol que corría por sus venas, no hubiera sido capaz siquiera de meterse en el baño. Finalmente, decidido, se quitó la gorra y el pañuelo, dejando sus largas rastas rubias sueltas. Luego, acelerado, se deshizo de la enorme camiseta, de los zapatos, y finalmente, de los pantalones y los calzoncillos. Su erección era más que latente. Miró su borrosa figura en el espejo. Parecía la sombra de un demente, un loco. Se enfureció al verse así, y enseguida dejó de hacerlo, y se acercó lentamente, intentando mantener el equilibrio, hacia la mampara, aferrándose a ella como había hecho con la puerta, anteriormente. Golpeó el cristal levemente, haciéndole saber que estaba ahí. Bill se sobresaltó al oírlo. Abrió los ojos de golpe, encontrándose con una sombra al otro lado de la mampara.

– ¿Tom? –preguntó inquieto. La sombra no se movió. De repente, sintió que aquella oscura forma le aterrorizaba. No podía ser nadie más: era él, estaba seguro.- Deja de hacer el tonto, tus bromas dejan de tener efecto con los años… -dijo, intentando quitarle importancia, y al mismo tiempo, intentando apaciguar sus nervios. No sabía por qué no podía.- To…

De repente la mampara fue abierta, y frente a sí se encontró a su hermano, completamente desnudo, y con las rastas sueltas cayéndole por la espalda. Quiso sentir alivio, pero no lo hizo. Había algo en Tom que le inquietaba. Su mirada. Se había quedado parado ante él, con la misma mirada que le había lanzado en la habitación, pero con pinceladas de perversión. Los ojos del guitarrista recorrieron su cuerpo de arriba abajo, deteniéndose en la zona más íntima de Bill. Éste hizo lo posible por cubrirse, intimidado por el descarado scanner que su hermano parecía estar haciéndole. No comprendía a qué venía su actitud, y quiso pensar que tal vez se debiera a su estado. El de Bill había ido apagándose, pero aún se sentía algo ido. Tom no esperó a que volviera a hablar, y, firmemente, entró en la bañera, cerrando la mampara tras de sí. Bill fue retrocediendo para cederle sitio.

– ¿Ahora también tengo que cogerte para que puedas ducharte? –intentó añadirle broma al incómodo momento.

Tom continuaba mirándolo, sin prestar atención al agua que le golpeaba la espalda, humedeciéndole las rastas. Bill se fijó en la erección de su hermano. ¿Qué estaba ocurriendo? Si no hubiera sido por los efectos del alcohol, en ese momento se hubiera encarado a él, pero no lo hizo. De repente su miedo se convirtió en curiosidad; curiosidad por saber qué pretendía hacer Tom.

El rubio estaba ansioso por tocarle. Sentía que todo su cuerpo ardía en deseos de avanzar y sentir el fuego que el cuerpo de Bill desprendía. Se acercó a él lentamente, mientras el menor retrocedía, hasta encontrarse de espaldas a la pared, sintiendo el frío de las baldosas húmedas contra su piel. Finalmente, casi sin darse cuenta, Tom ya estaba aferrado a él. Podía sentir su respiración contra su boca. Podía sentir su erección chocando contra su pelvis. Colocó sus manos a cada lado del rostro de Bill, y verlo temblar le excitaba aún más. Sabía que hiciera lo que hiciera, lo tenía a su merced. No iba a dejarlo escapar.

– Tom… ¿Qué estás haciendo? –preguntó Bill, con la voz temblorosa. Las piernas le flaqueaban, y la figura imponente de su hermano le hacía sentirse indefenso.- ¿Qué te pasa? –Tom lo miró a los ojos. Eran crueles, perversos.

– Tú, eres lo que me pasa… Bill… -susurró, mientras con la mirada lamía cada centímetro de su rostro.

Entreabrió los labios, y casi sin darle tiempo a reaccionar, sus bocas se fundieron en una sola. Bill abrió mucho los ojos, sorprendido. El piercing de Tom chocaba en su labio, mientras la lengua de su hermano luchaba contra su boca cerrada para buscar el contacto con ese músculo húmedo. Al ver que Bill no cedía, le lanzó una aterradora mirada, al tiempo que se separaba a escasos milímetros de él. Con un rápido movimiento de su mano, rodeó el fino y largo cuello de Bill, ejerciendo presión sobre él, poco a poco. El menor sentía ahogarse.

– Abre la boca… -ordenó con un tono de voz firme, y a la vez aterrador.

– T… To… -Bill intentaba hablar pero no podía.

Con sus manos se aferró a la de Tom, intentando deshacerse de ella, pero no podía. La falta de oxigeno, su concentración para poder respirar, se lo impedía. Abrió mucho la boca, intentando obtener esa bocanada de aire. Tom continuó ejerciendo presión, y con una malvada sonrisa, volvió a buscar los labios de Bill, sediento de ellos. Su lengua se introdujo en su boca ansiosa por encontrarse con esa bolita de metal que tanto había querido saborear. El cantante seguía sin poder respirar bien, y eso ayudaba a Tom para poder seguir comiéndole la boca a su antojo. Le mordió el labio inferior con fuerza, llegando a crearle un ligero corte. Sabía tan bien. Su lengua era tan dulce, suave y húmeda, que bien podría habérsela arrancado para saborearla cuando él quisiera. Bill no podía aguantar más, sentía que estaba apunto de desmayarse, cuando Tom por fin lo soltó, sin dejar de saborear sus carnosos labios. La respiración del moreno contra la boca de su hermano era agitada. Jadeaba como si hubiera corrido una maratón, recuperando el aire de Tom. Éste, ahora, abandonó los labios de Bill para descender por su barbilla, sus pómulos, su cuello, ahora enrojecido. Lamía cada centímetro de su piel tras darle pequeños mordiscos, el dolor de los cuales intentaba apaciguar con su lengua. Quería hacerle sufrir, pero no podía resistirse a lamerlo como su fuera un caramelo; era delicioso. Saboreó la suavidad de su piel, mientras descendía hacia su clavícula, y sus manos se habían colocado tras su cuello. Era como un vampiro sediento de sangre, su sangre, su cuerpo; él. Bill se sentía incluso más ido que antes. Recuperar el aliento le había sido difícil al darse cuenta de lo que estaba haciendo Tom. ¿Qué le ocurría? Por Dios, era su hermano; el mismo chico que presumía de haberse tirado a media Europa femenina. Le empujaba por el pecho, pero él no cedía, y continuaba mordiéndole el cuello y los hombros, cada vez con más fuerza.

– Para… ¿Qué estás haciendo? –Intentaba que su voz sonara dura e imponente, pero no lo conseguía. Más bien era una súplica.- ¡Para, joder! –exclamó totalmente asustado, abandonándose a ese miedo que había comenzado a sobrecogerle, y golpeando el pecho de Tom con el reverso de sus puños.

Al guitarrista apenas le costó inmovilizar las muñecas de Bill, con una sola mano, sosteniéndolas por encima de su cabeza.

– ¡Estate quieto! –ordenó.

Bill se agitaba de forma brusca, haciendo lo posible por liberarse de su prisionero. Al ver que no le obedecía, y que comenzó a gritarle que parara, con su mano libre le dio un fuerte guantazo en la cara, acallando esos gritos que podrían haberlo descubierto. La voz de Bill calló en seco. Todo a su alrededor comenzó a darle vueltas, y sentía que el dolor de su cabeza se había incrementado. Era como si le estuvieran dando con un gran mazo.

– Más te vale tener la boca cerrada… -amenazó el mayor, lamiendo la zona agredida de la cara de Bill, con su repugnante lengua.

Su cabello mojado le tapaba el rostro, ocultando esas lágrimas que habían empezado a surgir de sus ojos. Supo que era mejor no decir nada. La mano de Tom le cogió con fuerza de la cara, haciendo que sus labios se pronunciaran, para volver a atragantarle con su viciosa lengua. Luego, esa misma mano, comenzó a descender a lo largo de su cuerpo, dibujando con sus dedos, las formas de su torso. Aquello hubiera sido lo único agradable del momento, si no hubiera sido porque le clavaba las uñas sin piedad. Bill se dejó llevar por el dolor, y sus sollozos comenzaron a interrumpir el ruido del agua de la ducha. Tom sonrió triunfante al ver que estaba haciéndole sufrir. Verlo indefenso y temeroso entre sus brazos le calentaba sobremanera. Tenía el poder sobre él. Sólo en ese momento, podía sentirse superior.
Poco a poco, la mano libre que le quedaba, fue descendiendo cada vez más, hasta posarse en el sexo de Bill. Éste se escandalizó cuando sintió los dedos de Tom acariciándole, esta vez, sin dañarle. De nuevo se agitó violentamente para que dejara de tocarle, pero Tom volvió a hacer uso de su fuerza, y esta vez, el puño, fue a parar a las costillas de su hermano. Bill se retorcía de dolor, intentando agacharse sin poder hacerlo debido a sus manos alzadas contra la pared que el mayor aún sostenía con fuerza.

– ¡Te he dicho que te estés quieto! –gritó furioso.- Sabes que no puedes resistirte… -dijo insinuante, haciéndole saber que si no le obedecía, esos pequeños golpes le habrán parecidos caricias con lo que estaba dispuesto a hacerle.

Bill obedeció temeroso, no tenía fuerzas para defenderse. Aquello le había dejado demasiado atónito, y aquella agresión, junto al alcohol en su sangre, le habían debilitado.

– Bien, Billy… Así me gusta… Buen chico… -susurraba, mientras iba depositando cortos besos en el rostro, cuello y clavícula de su presa.- Vamos a jugar a un juego… -Se llevó la mano a la boca, y lamió varias veces la palma con decisión. De nuevo, su mano volvió a descender, y esta vez, agarró con fuerza el miembro del menor.- Y tú, vas a ser mi juguete… Mi precioso juguete…

– Tom, por favor…

– Shhhh… -le interrumpió. Verlo enfadado le atemorizaba, pero ese tono dulce pero diabólico que estaba usando, era aún peor.- Te va a gustar…

Su mano comenzó a moverse de arriba abajo alrededor del miembro de Bill, consiguiendo el efecto que deseaba; ponerlo erecto. El moreno intentaba resistirse, pero no podía, y no comprendía cómo su cuerpo le traicionaba en una situación como aquella. Le repugnaba, y aún así su sexo respondió a la excitación que le provocaba la masturbación que Tom le estaba regalando. Se mordió el labio para evitar dejar escapar un gemido que quedó atrapado en su garganta. Tom pudo verlo, y el masaje que le proporcionaba fue adquiriendo más velocidad. La excitación de Tom era tal que sentía que podría correrse nada más ver el sufrimiento por el que estaba pasando Bill, quien no pudo resistirse más, y acabó gimiendo sigilosamente, con los ojos llenos de lágrimas. No era gozo lo que sentía, sino dolor. Tom dejó de acariciarle durante unos segundos, en los que alzó la mano, y cogió una de Bill, para colocarla en su propio miembro.

– Tócame… -ordenó. Bill quiso apartar la mano.- ¡Te he dicho que me la toques, Bill! –gritó contra su oído.

El pequeño no quería verlo, no quería hacerlo, entonces Tom volvió a golpearle en el costado… No podía negarse. Era horrible. Su mano temblaba cuando agarró el miembro de su hermano, a la vez que éste volvía a masturbarle agarrándole firmemente, sin piedad. Bill le masajeaba con miedo, lentamente, temeroso de poder hacerle el daño que él le estaba haciendo, y así recibir otro golpe. Sentía que por mucho que se esforzara, no podría contentar a Tom; estaba sacando fuerzas de flaqueza para impedirse a sí mismo llegar al orgasmo. El rubio lo miró furioso. No estaba haciendo lo que le había ordenado; se estaba resistiendo. Cogió con fuerza de nuevo ambas manos de Bill, y lo empotró contra la pared, reteniéndolo entre ésta y su cuerpo. Tom comenzó a mover las caderas, de modo que ambos sexos se rozaran. El placer era máximo. Bill seguía horrorizado, mientras sentía los jadeos de su hermano golpeándole en la mejilla, como si le quemaran. Ahora sí que no podía resistirse. Los roces con la polla de Tom eran exquisitos, por muy horrorosa que fuese la situación. No podía evitar gemir, y le dolía ver a su hermano disfrutando. Su cara de placer, su mirada morbosa. ¿Cómo podía estar disfrutando con aquello? Los movimientos del guitarrista eran cada vez más rápidos y bruscos, de modo que a veces era él el único que podía sentir placer. Todo ese éxtasis que sentía ardía con más fuerza en ese punto de su cuerpo. Su excitación ya había empezado fuerte, y con los roces, esa excitación acabó haciéndole llegar al orgasmo de una forma apoteósica. Se empujó más contra Bill, mientras continuaba rozándole para alargar ese estado de máximo placer, descargándose por completo contra la pierna del pequeño, que empezó a sentir ese espeso calor en su piel…

Tom se separó, respirando entrecortadamente, y soltando a Bill poco a poco. Éste seguía empalmado, y, llorando, se dejó caer al borde de la bañera, deslizándose por la pared. Tom no iba a dejar que él acabara desahogándose; debía sufrir. Cogió a Bill de la cabellera, estirándole el pelo sin apenas darle tiempo a reaccionar. El cantante se aferraba a la mano de Tom, que de nuevo le dañaba, mientras veía cómo le acercaba a esa zona que tan mal trago le había hecho pasar.

– Bésala… -Bill dudó en hacerlo. Lo miraba repugnado, asustado. Tom le agitó la cabeza con brusquedad.- ¡Bésamela! –Y Bill obedeció.- Límpiame… -Volvió a ordenar antes de que los labios del chico establecieran contacto.

Bill se la cogió con miedo, con manos temblorosas. Estaba húmeda, y no sólo del agua. Finalmente, y con besos cortos, empezó a quitar el líquido blanco y espeso que manchaba el miembro de su hermano. Sintió ganas de vomitar.

– Usa la lengua… -Bill así lo hizo.

Tom agarró con más fuerza la cabeza de Bill, en un momento en el que éste tenía la punta de su pene en la boca, y se lo hizo meter entero, casi llegando a atragantarle. Luego la sacó de su boca, y soltó a Bill con brusquedad, quien cayó al suelo resbaladizo de la bañera, tosiendo. Ahora las lágrimas no tenían que luchar para poder salir, y los sollozos de Bill se oían por encima del agua de la ducha. Tom se agachó. Cogió el rostro de Bill con una mano, y le hizo alzarse un poco, lo justo para mirarle a la cara.

– Si dices algo… No voy a ser yo quien lo pase mal… -amenazó. Lo soltó con brusquedad otra vez, haciendo que la frente de Bill chocara contra el suelo. Sintió que su cráneo se resquebrajaba.- Estoy harto de ver que todos te consideran mejor que yo… Ahora serás mi puta, y yo seré tu Dios… Así que no me jodas…

Y salió de la bañera dejando a un Bill prácticamente inconsciente. Lo había conseguido; Bill estaba a su merced; y al mismo tiempo que se esforzaba para hundirlo, disfrutaba sexualmente. Recogió la ropa del suelo, y del bolsillo de sus pantalones, cogió la llave de la habitación de Bill y la dejó sobre el lavabo. Ya no era el alcohol el que actuaba por él, y sólo deseaba que al día siguiente, su hermano no se olvidara de aquello…

Continúa…

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