Mini-Fic de LeNa

Pretty Toy: Capítulo 3

Habían pasado dos días desde la primera vez que Tom había decidido atacar a su hermano de la forma más cruel posible. Bill se pasó todo el día siguiente tumbado en la cama, sintiendo como el líquido en su pecho se iba secando, y el dolor de su trasero, siempre alejado de cualquier tacto, iba aminorando. No sólo la fraternal relación con su hermano se perdió aquella noche; su orgullo se fue con ella… Se sentía hundido, muerto por dentro…

No tenía fuerzas para moverse, no tenía fuerzas para resistir, porque todas las gastaba pensando en qué le estaba ocurriendo a su gemelo. No comió, no bebió nada, ni siquiera se movió de la posición en la que lo había visto Tom antes de salir de la habitación. Scotty había estado protegiéndole, tumbado a los pies de la cama, vigilando la puerta, que estaba entornada… Había oído los pasos de Tom merodear por el pasillo, dejando en el aire alguna frase como que debía comer algo… “Creo que ya he comido suficiente para el resto de mi vida…”, pensaba cada vez que lo oía decirle aquello. Tom no le había ido a visitar aquel día, ni al día siguiente hasta ya entrada la noche…

La imagen del rubio, irrumpiendo escandalosamente en la habitación le estremecía. Se sobresaltó en la cama en cuanto oyó el ruido de la puerta, como si se hubiera resquebrajado. Como un loco, Tom se acercó peligrosamente a la cama. Scotty ladraba mostrando sus dientes, intentando proteger a Bill, pero el rubio apenas le hizo caso al perro, hasta que saltó hacia él para morderle. Sólo pudo arañarlo con las uñas, porque Tom fue rápido, y le propinó tal patada al animal, que lo dejó tirado en el suelo. Lo cogió de las patas traseras, y estiró de él hacia el cuarto de baño de la habitación; allí lo encerró. Bill gritaba, pidiéndole que no le hiciera daño al perro, cuyos aullidos eran lo más parecido a un lloriqueo.

– ¡Cabrón! –gritó Bill, saltando sobre la espalda de Tom, mientras éste cerraba la puerta del lavabo.- ¡No le hagas daño, puto maníaco!

Bill comenzó a golpearle como podía. El mayor recibía los golpes con una sonrisa, aunque le dolieran en realidad. Se acercó a la cama, y se tiró de espaldas, dejando a Bill tumbado de nuevo. Le dio un codazo en el estómago, haciendo que le soltara el cuello, y se levantó de golpe, viendo como su hermano se retorcía sobre el colchón, sujetándose la zona agredida con los brazos.

– Eres realmente patético… -susurró, burlándose de él.

En ese momento despareció de la habitación, y en cuestión de segundos, volvió a entrar, con un cubo en la mano. Lo alzó lo suficiente, y con fuerza, derramó todo su contenido sobre Bill. Era agua, y estaba realmente fría. El pequeño volvió a sobresaltarse, escupiendo el agua que le había entrado en la boca, al tenerla abierta, intentando recuperar la respiración. Aún sentía el dolor de su estómago, pero ahora lo que más sentía era rabia, furia… Aquello no iba a perdonárselo nunca, y quería hacer lo posible para que no se lo pasara tan bien…

Se levantó de la cama como pudo, aún con una mano puesta contra su cuerpo. Se acercó a Tom, y cuando lo tuvo lo suficientemente cerca, lo empujó… Pero no tenía fuerzas; estaba demasiado débil después de pasarse dos días tumbado, y con el estómago vacío. Pero le sobraban energías para gritar… A Tom no le hizo ninguna gracia que su hermano hubiera decidido plantarle cara.

– ¡Déjame en paz! ¿¡Me oyes!? –le gritó, sin poder hacer nada más, cuando el puño cerrado del chico fue a parar a su ojo.

Apenas fue consciente de lo ocurrido cuando cayó al suelo por el duro golpe. El agresor se agachó, tumbándose sobre el agredido, apoyado en sus manos. El chico gemía de dolor en el suelo. La cabeza le daba vueltas, y no era consciente de lo cercano que tenía aquel rostro del suyo.

– No te atrevas a rechazarme… -susurró amenazante a su oído. Con una mano le acarició el pelo, apartando esos mechones que le caían sobre el rostro y colocándolos tras su oreja.- No sé qué haría sin ti… -dijo ahora en un tono dulce, acariciando con la punta de su nariz, los labios entreabiertos de su hermano…

Bill no se movía. Le había dado en el mismo ojo por segunda vez. Estaba cansado de ser el saco de boxéo, pero no podía ser nada más. Tom lamió la húmeda mejilla de su hermano en un gesto demasiado lascivo, que asqueó al pequeño, luego se levantó. Bill no supo lo que estaba haciendo, hasta que sintió que le cogía del tobillo, y comenzaba a estirar de él, arrastrándole por el suelo.

Bill lo miró sorprendido, y empezó a agitarse para intentar zafarse de él. Daba patadas al aire con su pierna libre hasta que Tom la cogió con su mano, y continuó arrastrando de un más que asustado Bill. Se cogió a todo lo que podía, se aferró al marco de la puerta una vez Tom lo hubo traspasado. Le dolían los brazos, y por mucho que resistiera, nunca sería suficiente. El mayor estiraba cada vez con más fuerza hacia el pasillo. Bill intentaba cogerse como podía, llegando a dejarse varias uñas en el intento, cuando Tom por fin consiguió soltarlo del marco de la puerta, y estiró de él escaleras abajo…

&

De nuevo lo había aprisionado. Le había vuelto a atar las manos, esta vez a la espalda, y lo había obligado a sentarse en una silla en medio del salón, atándole los pies a las patas de ésta. Parecía que aquel juego le había gustado… Estaba desnudo a su merced, helado de frío por el agua que se iba secando lentamente sobre su cuerpo… Tom estaba arrodillado ante él, ajustando los nudos de aquella sabana que de tanta utilidad le estaba siendo. Luego se levantó, yendo hacia el mueble del salón donde estaba el aparato de sonido de Gordon, y dándole al botón de encendido. En ese momento, una curiosa canción comenzó a sonar…

“Un juguete bonito…Un juguete bonito para jugar…”

La voz siniestra del cantante comenzó a sonar cada vez más fuerte. Tom movía la rueda del volumen; era sábado, todos los vecinos sabían que estaban en casa, y se imaginarían que aquella, era noche de fiesta… La música no supondría un problema, y la usó para poder acallar los gritos de Bill, que por una vez, deseaba oír él…

Miró ahora a su hermano, acercándose a él de nuevo con gesto amenazante. Bill no evitó echarse a llorar, ya no le importaba nada. Una vez estuvo frente a él, Tom abrió las piernas de su hermano, colchándose entre ellas de pie, para poder sentirse más cerca de su víctima. Le acarició el rostro con suavidad, como lo haría un cariñoso amante, y Bill le apartó la cara en un gesto despectivo.

Tom se puso serio de golpe, pero el pequeño no lo pudo apreciar, ya que ni siquiera lo miraba a los ojos. Entonces el mayor se separó lo suficiente, y se arrodilló de nuevo, entre las piernas de Bill. Al ver aquel movimiento, se alteró imaginando lo que estaba a punto de hacer… Tom cogió el miembro flácido de Bill con su mano, y comenzó a masajearlo con lentitud, intentando que con su gesto, pudiera llegar a excitarlo. De nuevo, y aunque le resultara totalmente inútil, se agitó en la silla, intentando detener la mano de Tom, intentando resistirse a esas sensaciones que se estaban acumulando en ese punto de su cuerpo.

No podía resistirlo, no podía controlarlo… Poco a poco, Tom consiguió su propósito, pero no era suficiente, y con su lengua, lamió la punta del pene de Bill, haciendo que se estremeciera; de asco, de rabia, tal vez de placer… No quería sucumbir, no quería dejarle ganar sobre las reacciones de su propio cuerpo, y a Tom le estaba gustando mucho el hacerlo… Saboreó el miembro de Bill con lujuria, recorriendo cada centímetro con su lengua viciosa, y dibujando líneas de saliva que fue repasando con pequeños soplos, demasiado fríos para Bill… Tom estaba disfrutando de su sabor, al mismo tiempo que disfrutaba viendo el gesto que Bill intentaba contener…

“Una pistola en el suelo… Un agujero en tu cabeza…”

El pequeño sentía que no podría retenerse por más tiempo. Intentaba alejar de su mente cualquier pensamiento que tuviera que ver con la realidad que estaba viviendo. Deseaba que alguien entrara ahí, un disparo y todo se acabaría… Intentó centrarse en la canción que aún podía oírse de fondo… Era aún peor…

“Justo como una puta… Desearías estar muerto…”

Prefería que acabaran con su vida antes de darle el gusto a Tom de ver como se corría gracias a él… Toda esa excitación fue aumentando, un hormigueo comenzó a recorrerle el cuerpo. Estaba apunto…

– ¡NO! ¡NO! –Gritaba, intentando evitar que sucediera lo que probablemente sería inevitable. No quería admitir que la lengua de Tom le estaba proporcionando un placer desconocido para él. Algo realmente exquisito… No quería aceptarlo.- ¡Déjame!

Pero a Tom, eso sólo lo incitó a seguir, cada vez más rápido. Bill observaba, jadeante, extasiado, y asqueado al mismo tiempo, como su miembro aparecía y desaparecía en la boca de Tom. Aquello no podía estar pasando, no podía ser real, no podía gustarle que su propio hermano, el loco que le había dado una paliza, el demente que lo había violado, le estuviera haciendo una mamada…

Estaba perdiendo la cabeza. Su vista comenzó a nublarse, el mundo a su alrededor se detuvo… Sólo podía oír el leve murmullo de la canción, sonando demasiado lejana para él, y la humedad de la lengua de Tom, repasando cada centímetro de su piel con avidez… Hasta que finalmente estalló… Estalló de la forma más descomunal que hubiera podido experimentar jamás, descargándose por completo, sin darse cuenta que había empezado a hacerlo en la boca de Tom, y que éste se apartó enseguida… Pero aquella apoteósica sensación parecía dolerle, quemarle… No estaba bien, no era normal… Él también se estaba volviendo loco…

Poco a poco, fue recomponiéndose a sí mismo, interrumpiendo el sonido de la sala con sus escandalosos jadeos. Fue entonces, cuando vio el gesto siniestro de Tom. Lo miraba furioso. En sus labios podía verse la prueba de lo que acababa de pasar. El rubio se pasó los dedos por esa zona, limpiándose aquel espeso líquido que miró asqueado, y que luego se limpió en la rodilla de Bill.

– ¿Has visto lo que has hecho? –preguntó, levantándose del suelo con gesto amenazante. Usaba un tono de voz curioso, parecía bromista incluso, pero Bill se asustó, aquello no estaba siendo una broma.

– Tom, lo siento… Yo…

Furioso, Tom se dejó llevar por la rabia que se contuvo en su cuerpo durante esos cortos segundos, y sin dejarlo acabar de hablar, lo empujó sobre la silla… Cayó de espaldas, clavándose la madera del respaldo en su espalda, dolorosamente. Las patas carcomidas se resquebrajaron, y sus piernas quedaron libres.

– No tendrías que haberlo hecho…

Bill, retorciéndose en el suelo, no lograba comprenderlo. Había sido él quien había insistido hasta el final, había sido él quien le había incitado a correrse. Por un momento, pensó que tendría que haberlo avisado, pero todo estaba siendo demasiado fuerte, demasiado intenso como para poder pararse siquiera a pensarlo, mientras Tom le devoraba la polla como un desesperado.

El mayor se inclinó en el suelo, mirándole a los ojos, cogiéndole el rostro de modo que le impedía poder desviar la mirada. Entonces, sorprendido, Bill descubrió tristeza en los ojos de su hermano. Le brillaban como si estuviera a punto de llorar. Pensó que quizá estaría fingiendo, pero no se esperó que en cuestión de segundos, Tom estallase en sollozos, y sus lágrimas fueran vertidas libremente. El rubio no podía dejar que lo viera, y le obligó a apartarle los ojos de encima, hundiendo su rostro en el hueco del hombro de Bill. No lo comprendía, y por un momento, olvidó cualquier mal que le hubiera hecho; sólo por un momento.

– ¡Te quiero, cabrón! -estalló el rubio.

Tom cogió el cuello de Bill con ambas manos, sin llegar a apretar demasiado, pero lo suficiente para levantarlo un poco, y zarandearlo. Ahora volvió a mirarle a los ojos. Bill estaba confuso, inquieto; él también sentía ganas de llorar.

– ¡Maldito idiota! –gritaba, llorando desconsoladamente.- ¿¡Por qué, joder!? ¿¡¡Por qué!!? –Le cogió la cara con ambas manos, y lo besó pasionalmente, con sus labios temblorosos saboreando los de Bill, en busca de algún consuelo, de algún apoyo.- Imbécil… Imbécil… Imbécil…

Sólo por esa vez, Bill correspondió al beso de su hermano. Le dolía en el alma verlo de aquel modo, y Tom no se esperó que los labios de Bill se movieran, y que su lengua fuera introduciéndose lentamente en su boca. Para Bill aquello era algo desconocido, no era realmente consciente de lo que estaba haciendo. Sólo se dejaba llevar. Para Tom, aquello fue como si le abriesen las puertas del cielo. Bill, alguien inalcanzable en ese sentido para él, alguien a quien admiraba, odiaba y respetaba, le estaba correspondiendo después de todo lo que le había hecho.

Sus manos se perdieron por su rostro acariciando su suave piel, como si pudiera desvanecerse en cuanto dejara de tocarle. Sollozaba contra su boca, estaba siendo algo increíble, algo que realmente llevaba deseando desde hacía tiempo. Sus lenguas se entrelazaron; la de Tom, deseosa de sentir el calor de Bill en sí mismo, sin tener que forzarlo… Pero de nuevo, esa voz, esa imagen, aparecieron en su mente como el momento clave en el que el flash salta de la cámara, reteniendo el momento. Se separó del chico, dejándolo atónito, jadeante y confuso. Seguía llorando, negando con un movimiento de cabeza, intentando expulsar esa imagen. No era real, no lo era… Bill no podía quererle, era su hermano, y más allá de eso, no había nada.

– No… No… No… -sollozaba, contemplando esa belleza divina para él.

Bill era todo lo que él no era y deseaba ser, y aquella, no era la mejor forma de actuar, pero no tenía otro remedio. No quería seguir sintiéndose como un puñetero bicho insignificante, al que nadie tiene en cuenta. No quería darse cuenta de que realmente no era así. Bill lo tenía todo; él no.

– No pienso seguir siendo tu puta sombra… No quiero serlo más…

Bill siempre había admirado a su hermano. De siempre, le había encantado su vitalidad, su manera de ser, su pillería, su espontaneidad, no comprendía por qué estaba diciendo aquello, y se culpaba por no haberse dado cuenta de lo que realmente sentía su hermano, hasta a aquel momento. Tom se dio cuenta de lo dulce y comprensivo que estaba siendo Bill; no quería darle pena. Estaba volviendo a mostrarse débil ante él, y eso no podía permitírselo. Volvió a colocar sus manos alrededor de su cuello.

– Y no voy a volver a serlo… -susurró amenazante, ejerciendo presión en el cuello de Bill, lentamente.

“En tus ojos, en tu cuello… En tu mente, en tu corazón…”

Había vuelto a la realidad, Tom parecía dividirse en dos personalidades. ¿Qué demonios le estaba pasando? Poco a poco, sintió que el aire iba entrando cada vez menos en sus pulmones, y su cuello ardía bajo sus manos. Tom estaba sentado sobre sus piernas, y en un acto para poder liberarse, le dio un rodillazo en la entrepierna, haciendo que Tom le soltara de golpe, y se cayera a su lado en el suelo, retorciéndose de dolor.

Aquello podía ser la oportunidad perfecta para escapar y pedir ayuda. Intentó levantarse como pudo, clavándose las pequeñas astillas esparcidas por el suelo. Le costó más de lo que había imaginado, y con las manos atadas a la espalda, le supuso todo un reto. Tom intentaba respirar, cubriéndose la zona agredida con las manos. Finalmente, se decidió a actuar, no podía perdonárselo, aunque fuera su hermano… Tom se movió en su sitio, intentando coger a Bill del tobillo, pero fue más rápido, y corrió hacia la puerta de la casa.

– ¡¡Bill!! –gritó la forzada voz amenazante de Tom, intentando levantarse del suelo, mientras veía como el pequeño intentaba abrir la puerta como podía. No tardó en ir recuperándose de esa traición.

Bill se dio media vuelta para intentar mover el pomo con las manos, pero era imposible, estaba la llave puesta. Tom se acercaba peligrosamente. Al ver que no podía abrirla, ni siquiera con la boca, se dirigió a la ventana más cercana, y comenzó a golpearla con el hombro. La música seguía sonando escandalosamente fuerte, y por ello, los vecinos no se dieron cuenta cuando el cristal se rompió en pedazos. Bill fue a gritar para que lo ayudaran, pero justo en ese momento, las manos de Tom le taparon la boca, y todo intento por intentar hablar, fue inútil. El mayor lo alzó en el aire como pudo, con un solo brazo, y estiró de él de nuevo hacia las escaleras, hasta acabar en su propia habitación…

Lo tiró boca abajo sobre la cama, y rápidamente se deshizo de sus pantalones y camiseta, y se lanzó contra él, desatándole las manos, e impidiéndole alzar la cabeza de la almohada…

– Por favor para…

– Lo estás deseando…

Cogió ambos brazos del chico que estaba a gatas sobre la cama, dándole la espalda, y estiró hacia atrás, al mismo tiempo que comenzaba a indagar en su interior, en aquella zona tan sensible e íntima.

– ¡No, por favor…! –lloraba, suplicando que no siguiera.

“En tus ojos, en tu mente… En tu corazón, en tu alma…”

Lo violó, con más violencia y rudeza que la primera vez, incluso. Bill sintió como con cada embestida de Tom, su cuerpo parecía quebrarse interiormente, y de nuevo sintió ese hilo de sangre resbalándose entre sus muslos… Fue su castigo, su castigo por haber intentado compadecerse de su hermano, cuando él no quería que lo hiciera. Sufrió sus golpes, puñetazos, palmadas en el trasero, sus arañazos por la espalda, los golpes de su cadera…

Perdió la noción del tiempo, dejó escapar a la cordura, y se dejó, sin poder hacer nada para ayudarse a sí mismo, o para ayudarle a él… Tom no paró de saciarse con el cuerpo de Bill hasta que finalmente llegó al clímax, descargándose en su interior por completo… Bill cayó sobre el colchón cuando le hubo soltado los brazos. Los tenía doloridos. Le escocía la garganta de haber gritado con todas sus fueras para intentar que alguien le ayudara, pero sus gritos habían sido acallados por la almohada contra la que lo retenía. Tenía los ojos hinchados y rojos de llorar. Las lágrimas surcaban libremente sus mejillas, y el dolor de su cuerpo era tal, que ni siquiera sentía poder tener fuerzas para moverse.

Cayó como un peso muerto, y eso es lo que deseaba; estar muerto. Sintió cómo su zona rectal se humedecía del placer que había experimentado el chico. No salió hasta no haberse desahogado totalmente, manteniendo alzadas las caderas de su víctima. Luego le dio una palmada, apretando con fuerza la nalga derecha, y agotado a la vez que extasiado, se tumbó sobre su espalda, rodeándole con los brazos, como un cariñoso amante. Sus labios besaron su hombro, mientras con los movimientos de su cabeza, apartaba los cabellos que le provocaban un cosquilleo en la nariz.

– Eres mío, Bill… De nadie más…

&

Habían ganado otro premio más, y como siempre, lo estaban celebrando en el AfterShowParty que habían preparado los organizadores… El lugar estaba a rebosar de personas famosas; cantantes, actores, presentadores de televisión; todos riendo, charlando, bailando, celebrando la noche como si fuera algo realmente especial. Pero había un chico que no se lo tomaba de aquel modo. Tom estaba sentado en uno de los sofás de piel del local, con su copa en la mano a la que apenas le quedaba un sorbo. Muchas eran las personas que se habían acercado a hablarle, y muchas más las chicas que querían compartir su júbilo ante su triunfo, con él, pero no estaba de humor, y se había escabullido hasta tal punto de encontrarse en el rincón más escondido de la sala, ajeno a todos y a todo…

Hacía varios meses que no se sentía realmente bien. No sabía a qué se debía, ni tampoco si sería algo grave. Tal vez fuera tan sólo una mala racha que suelen pasar todos los adolescentes. Sin saber por qué, comenzó a verlo todo con otros ojos… Bill se había convertido en un personaje realmente importante en el mundillo de la música y la fama.

Habían empezado a renegar de él a la hora de firmar contratos, a la hora de elegir las entrevistas, programas de televisión, o seleccionar las canciones para el nuevo CD. Se sentía dado de lado, olvidado, y había luchado porque eso no pasara, siendo casi imposible conseguirlo. Bill ya no le prestaba la misma atención que antes, aunque realmente, era el único que mantenía algo parecido a la relación que mantenía con él desde antes de que todo aquello comenzara.

Había empezado a ver a Bill con otros ojos, se sentía celoso por él, pero al mismo tiempo, estaba orgulloso por ver cómo su hermano conseguía lo que en la infancia le fue imposible experimentar. Lo extrañaba, echaba de menos aquel temeroso niño que acudía a él en busca de ayuda. Echaba de menos que lo despertara en mitad de la noche diciendo que tenía una nueva canción en mente y que tenía que ayudarle a componer la melodía. Echaba de menos pelearse con él por el desayuno, jugar con él… Ahora, apenas tenían tiempo para hablar de algo que no fuera de la banda. Tom echaba de menos tocarlo, tumbarse con él a contemplar el techo, hablando de temas estúpidos y sin importancia.

Creía estar volviéndose loco cuando la descabellada idea de sentirse atraído por su hermano, se le plantó en la cabeza. No podía sentirse así; no era normal, pero era lo que deseaba… Quería tener todo lo que él tenía, quería ser como él; lo deseaba a él…

Bill estaba a lo lejos, hablando con unos hombres que a Tom le resultaban familiares de haberlos visto por televisión. El pequeño reía y conversaba realmente animado, ignorando todo por lo que estaba pasando su hermano. Ni siquiera lo miró, ni siquiera se preocupó de él, después de que llevara casi una hora sin dar señales de su presencia en aquella fiesta. Tom apuró el último sorbo de su vaso, y lo dejó sobre la mesa. En ese momento, sintió que alguien se sentaba a su lado.

Era él, ese tipo de aspecto extraño y algo siniestro, muy alto y delgado, pálido y desarreglado. Era curioso que siempre apareciera cuando se sumía en los mismos pensamientos. Aquel tipo se llamaba Bo; no le había dado más detalles de su identidad, y ya se le había acercado demasiado simpático la primera vez que lo vio hacia ya varios meses… Se pasaron varios segundos en silencio, mirando al frente, concretamente a Bill. Tom recordó el primer encuentro con aquel tipo, aquella noche en la que discutió con Bill sobre la poca atención que estaba recibiendo.

El pequeño intentaba hacer que no se sintiera tan mal, que todo lo que estaba diciendo era absurdo. Fue cuando lo abrazó con fuerza, cuando Tom se sintió flotar en una nube, y por ello, se había asustado y había salido corriendo del estudio, llegando a aquel parque, donde, como siempre hizo a partir de aquel día, Bo se sentó a su lado, para apoyarle en sus decisiones y decirle lo cabrones que estaban siendo todos con él…

– Bonita fiesta… -comenzó Bo, mirando a su alrededor. Tom no dijo nada.- Y sería aún mejor si levantaras el culo y fueras allí, para demostrarles a todos quién eres… Hay una morenaza que está deseando bailar contigo…

– ¿Quién cojones te ha invitado? –dijo despectivo.

Realmente, no sabía cómo se las había apañado para entrar ahí, pero siempre conseguía colarse en cualquier sitio en el que estuviera. Estaba cansado de que le atosigara siempre con lo mismo.

– Tú me has invitado chaval… -contestó sin darle importancia al tono insolente del chico. Le dio un sorbo a su bebida, la saboreó, y se acercó a él en el sofá.- Estoy harto de que siempre te estés escondiendo… Eres realmente patético en eso… -Tom lo miró serio, enfadado. No quería hacerle caso, ya le había comido lo suficiente la cabeza como para seguir escuchándole.

– Déjame en paz, ¿quieres? No te necesito…

Bo empezó a reír a carcajada limpia, como si lo que Tom había dicho fuera la mayor estupidez que hubiera oído.

– Chaval… Hazme caso, y deja de ignorar todo lo que te están haciendo en tus propias narices… -señaló a la sala, en general, pero Tom sabía exactamente a quién se refería.- Tú eres un dios… Hay cientos de pivitas coladas por ti, nadie toca la guitarra como lo haces tú… Bill no compondría esas jodidas canciones si no fuera por ti, pero te hundes en tu propia mierda, y no haces nada para evitarlo…

– ¡Cierra la puta boca! –exclamó Tom, con ganas de darle un puñetazo a aquel hombrecillo. Bo se reía de él.

– Mírate… Eres grande Tommy, realmente eres un genio… Pero todo genio necesita su empuje, su sustento, y tú te vuelcas demasiado en él… -Tom lo miró confundido. Siempre lo apoyaba, intentaba animarlo, de la peor forma posible, y luego lo hundía, posiblemente para intentar incitarle a hacer algo.- Tú no serías nada sin Bill… Puede que tú le ayudes, pero te puedo asegurar que si tú no estuvieras, nada de eso importaría…

Tom volvió a hundirse, clavando la mirada en su hermano, que seguía hablando animadamente con el mismo grupo de personas. Bo también miró en esa dirección.

– Él es el alma de este grupo, y tú no eres más que otra marioneta… Eres aún inferior, para él, de lo que son tus otros dos compañeros… -Señaló a Gustav y a Georg que estaban hablando con una mujer.- Por eso te has creado esta imagen de chulito de mierda, para intentar llamar la atención, para poder hacer algo por ti mismo sin tener que depender de tu hermano… -Se acercó a su oído para susurrarle:- Para él no eres nada, sólo un crío inútil…

Tom estaba más furioso que nunca, pero no quería dejarse llevar por sus emociones, seguramente las utilizara para humillarlo más… Tenía ganas de llorar de la rabia que se le estaba acumulando en el pecho.

– Lárgate… -le pidió, intentando evitar esos sollozos que pretendían ahogarle.

– Oh… -hizo Bo, como si le estuviera hablando a un niño pequeño.- Tranquilo Tommy… Yo soy el único que te apoya, no prescindas de mí…

Por muchas veces que Tom hubiera insistido, ese tipo siempre volvía a aparecer, como un espectro que pasa desapercibido por todos menos para él.

– Le quieres demasiado… ¿Sabes por qué? –Tom no pudo contener una lágrima que surcó libre su mejilla.- Porque te sientes demasiado débil… Él es todo lo que tú quieres ser… No puedes evitarlo, y por eso sientes que…

– ¡Callate joder! –exclamó, interrumpiéndole.

– ¡Admite de una jodida vez que lo deseas! Ya no es tu hermano, Tom… Es sólo un capullo que se ha aprovechado de tu talento, y que te ha tirado como si fueras un puto condón usado…

– No digas tonterías… -Bo le dio una palmada en la cara, y se la cogió con fuerza.

– Dime que me equivoco… Dime que cuando te vas a la cama no es en él en quien piensas… Dime que cuando te estás follando a una de tus groupies no te imaginas que te lo estás follando a él… Dime que ahora mismo no deseas levantarte para ir a besarle… ¡Dímelo! –gritó.

– ¡NO! –contestó Tom del mismo modo, llamando la atención de varias personas que se encontraban cerca de ellos. Tom les miró con desprecio, y volvieron a ignorarle. Bo había vencido.- Es mi hermano… No puede ser…

– Por Dios, deja de lloriquear y sé un hombre… Por muy jodido y raro que sea, es lo que sientes, y no debes detenerte hasta conseguirlo…

– ¿Y si… -Ya no podía negarse, no podía resistir más… Habían sido demasiados meses queriéndose ocultar a sí mismo la verdad.- ¿Y si él no quiere? Va a rechazarme… -suspiró, tapándose la cara con las manos, y apoyando sus codos en sus rodillas.

Bo pasó su mano por encima de la espalda de Tom, como si quisiera consolarle. Bajó la cabeza lo suficiente para hablarle al oído.

– No podrá resistirse… Y si lo hace, oblígale… -Tom se incorporó, haciendo que él lo siguiera. Lo miró confuso y sorprendido. ¿Tenía que forzar a su propio hermano?- Has sufrido demasiado por su culpa… Ahora es el momento de que tú seas el rey, y él sea tu sombra… Te mereces triunfar Tom, demuéstraselo…

Bill observaba a su alrededor en busca de su hermano. Hacía largo rato que no lo veía, y pensó que tal vez estuviera con alguna chica, desahogándose en los baños. Pero lo vio; sentado en el sofá, al fondo de la sala. Miraba a su lado, y hablaba, pero a Bill le sorprendió, que con Tom, no hubiera nadie… Tom estaba hablando solo…

&

Hasta ahora, todo lo ocurrido ha pasado antes del Prólogo, ahora hemos vuelto a la imagen del principio… Bill se ha despertado, y está tumbado con Tom… Se levanta y se mira en el espejo, recordándolo todo…

Continúa…

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