«Por ti me convertí en Princesa» Fic Twc de Haruxita
Capítulo 13: Petting (grado 3)
—¡Tomi, puedes venir un momento!
Cuando el chico acudió al llamado lo hizo con la disposición de subir la cremallera de un vestido y, tal vez, obtener a cambio un par de arrumacos antes de partir.
No estaba en lo absoluto preparado para la visión que aguardaba por él, de pie frente al espejo, y ello se notó en su reacción.
— A juzgar por tu cara de bobo, me veo bien.
Tom consiguió articular un par de balbuceos inconexos, aun reponiéndose de la impresión.
Había una larga lista de cosas que estaban “Bien”: Un motor bien afinado, un buen riff de guitarra, incluso los waffles de la abuela estaban “Bien”.
“Bien” no aplicaba en este caso.
“Bien” se quedaba corto para referirse a ese Bill en camino a convertirse en Mina. Pasmoso tal vez, excitante, lúbrico…
—Totalmente follable —. Dijo finalmente, cuando recuperó el habla, traicionado por su escasa retórica e impetuosidad— ¿Por qué no me llamaste para que te ayudara con el pantalón?
—Porque hubiéramos terminado haciendo todo menos ponerme el pantalón.
Tom no hizo ni el menor intento de negarlo.
Cada vez le costaba más contenerse. Dicho de otra manera: las voces que frenaron su relación con Bill (casi consiguiendo que lo perdiera, de paso), y que insistían en repetirle lo reprochable de sus deseos, habían ido perdiendo intensidad progresivamente… en especial luego de su breve viaje a Travemünde.
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—Bebé ¿Por qué me torturas de esta manera? —se quejó, dando un fuerte jalón a las cintas del corsé.
—Fue idea de las chicas. Si Mina consiguió convertir a un patán mujeriego en un chico dulce y monógamo, era de esperarse que ella también fuera influenciada de alguna manera y se «liberara» un poco de su imagen de niña buena.
Otrora habría rebatido el apelativo «dulce», argumentando que eso era cosa de maricones; pero había emprendido el largo camino de la aceptación, y ello incluía su intrínseca ternura, que él porfió durante toda su adolescencia por mantener bien oculta.
Sin embargo, tan sólo para no perder la costumbre, encontró algo de que quejarse.
—De verdad no sé en qué mierda pensabas cuando presentaste a esas dos.
—En ti.
—¿Es broma, verdad?
Bill se volteó, mortalmente serio, y le acarició suavemente la mejilla-. Tomi, es tiempo de que sepas una cosita.
El de rastas palideció dramáticamente, ese tono lo asustó sobremanera.
Temiendo lo peor, dejó que su hermano le cogiera la mano y lo condujera hasta la cama. Tom se sentó en el borde, se mantuvo en silencio y con la cabeza gacha en todo momento.
—¿Recuerdas cuando Mina salió con Nat?
¿Cómo no hacerlo? Fue una de las peores noches de su vida. Creía que ese asunto estaba superado, pero por lo visto aún quedaban esqueletos por sacar del armario.
Asintió. Bill debió percibir su tensión porque le apretó la mano, en un intento por confortarlo.
—Verás, Natalie me agradó desde un principio, pero tú famoso discurso de «ella no es de fiar» me hizo sentir un poco inseguro. Aún no llevaba mucho tiempo interpretando a Mina y no me sentía en mi elemento. Había tantas cosas que podían salir mal… así que le pedí a Hildy que me apañara.
—Espera, ¿qué?
—Que le pedí a Hildy que me…
—Ya te oí, es sólo que… ¿Hildy de chaperona? ¡Pero si no se le pude dejar a cargo ni de un par de tostadas!
—Deberías darle más crédito, puede ser bastante inquisitiva cuando lo desea.
Tom rodó los ojos, esa discusión era estúpida y no conducía a ninguna parte.
—Bill, son tus propias palabras.
—Sólo es gracioso cuando yo lo digo. Bueno, tú preguntaste y yo respondí. ¡Fin de la historia!
El moreno dio por finalizada la charla de forma sospechosamente rápida, sin contar con que evitaba la mirada del de rastas.
—¿Por qué presiento que la historia no termina ahí?
—Porque no lo hace. Pero como no es un asunto que nos involucre a nosotros, o a Mina, no es de tu incumbencia.
—¡¿Me vas a dejar con la curiosidad?!
—Amor, confía en mí: NO QUIERES SABERLO. -arguyó, dándole un piquito.- Y ahora termina de ponerme el corsé, aún falta maquillarme. Tu noviecita debe estar deslumbrante esta noche.
—En realidad preferiría que no llamara tanto la atención.
—¿Qué? ¿El «super macho» está inseguro de su habilidad para mantener la atención de su novia?
—Ya cállate.
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Con un último jalón antes de hacer el nudo, Tom terminó de ajustar la prenda. Abrazó a su pareja por la espalda con fuerza, rozando su erección contra su trasero.
—Mira como me tienes. No creo que pueda salir así —jadeó trabajosamente, mordiéndolo en el cuello. Pese a las protestas de Mina (y de Bill) Tom se había hecho el hábito de marcarla «por descuido», no fuera alguien a olvidar que la morena tenía novio. Un novio bastante celoso.
Bill ronroneó en sus brazos por un momento, pero luego lo apartó con suavidad.
—No me tientes, Tomi. Son unos pantalones muy ajustados y no quiero tener que volver a sufrir para ponérmelos.
—Por favooor. Sólo una frotadita —insistió, volviendo a pegarse a él con más ahínco.
Bill, con los ojos cerrados y jadeando levemente por la boca entreabierta, se resistía a duras penas.
—Sé un buen chico y te daré tu premio al irnos a la cama.
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Luego que Tom «desvirgara» a Mina, le tomó el gustito a frotarse contra Bill. Lo habían hecho en un par de ocasiones y había debido esforzarse por durar, superado por el cúmulo de sensaciones nuevas e intensas. Ni hablar de cuando Bill le quitó sus bóxers y enredaron sus piernas, peleando por el control. La fricción fue tan deliciosa que no se supo cuál de los dos «ganó» esa pugna, porque ambos se corrieron entre una de sus múltiples vueltas.
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Tom lo deseaba tanto y estaba tan caliente, que envió la fiesta de sus amigos a la mierda. Si era necesario suplicarle a Bill que lo llevara a la cama a la de ya, estaba más que dispuesto a hacerlo.
—Mis bolas empiezan a doler —gimoteó, apoyando su cabeza en el hombro desnudo, componiendo su mejor cara de cachorro. Supo que había dado resultado cuando el reflejo de su hermano en el espejo se mordió los labios y le dirigió una mirada de determinación.
Pero no acabaron en la cama, precisamente. Bill parecía tener otros planes en mente.
De un fuerte manotazo, el moreno despejó la cubierta del tocador y sentó a su hermano en el. Con un par de hábiles movimientos abrió su pantalón y lo bajó lo suficiente para que la polla de este se irguiera, libre y anhelante. Tom inclinó su cabeza hacia atrás y jadeó de anticipación.
Había sendas diferencias entre sus dos amores, y éstas abarcaban más allá de las simples apariencias. Mina era más traviesa y juguetona, en tanto que Bill…
Bill era apasionado y de armas tomar.
Del montón de ropa tirado en un rincón, cogió una de sus camisetas y con ella le envolvió la dureza cuidadosamente.
—¿Qué crees que haces?
—Evitar que salpiques mi traje. Descuida, se siente bien —dijo, y ante la mirada desconfiada del de rastas agregó con malicia—: ¿De verdad todo este tiempo creíste que tu pijama se ensuciaba al limpiar la corrida?
“Jo-der”
—¿C-cuantos años llevas masturbándote con mi ropa?
—Los mismos que llevo espiándote en la ducha y pensando en ti cada vez que besaba o follaba a alguien -respondió, comenzando a frotar suavemente la enfundada polla—. Te he amado toda mi vida, Tomi, y deseado casi un tercio de ella.
El chico de rastas se agarró de los bordes del tocador con ambas manos. Era demasiada información por asimilar y hacerlo en medio de las placenteras atenciones de su hermano no lo hacía más sencillo.
Su boca se entreabrió, por acto reflejo, en cuanto los labios de Bill se acercaron a reclamar los suyos. Porque eso era lo que hacían realmente, exigir algo que siempre fue suyo por derecho.
Aferró el trasero del moreno con ambas manos, más que con glotonería, con desesperación. Necesitaba sentirlo más intensamente, una simple paja ya no lo satisfacía. Empujó las caderas de Bill contra las suyas, aplastando su polla y la mano que la estimulaba.
El moreno emitió un hondo gemido, pero no dio su brazo a torcer.
—Tomi, no me voy a quitar estos pantalones.
—¡Pero estás tan cachondo como yo!
Bill le dio una mirada oscura, sus pupilas estaba tan dilatadas que la línea de color alrededor era apenas visible, aun teniéndolo a escasos centímetros de su rostro.
—Necesito jodidamente entrar en ti, si me quito los pantalones lo siguiente que haré será correr a por el lubricante.
La idea excitó a Tom hasta un punto que se tornó doloroso. Por un completo segundo estuvo dispuesto a acceder, pero el deseo salvaje pintado en el rostro de su hermano no era un buen augurio. Bill había prometido largos preparativos y un mínimo de dolor para su primera vez, cosa que ciertamente no conseguiría esa noche.
—M-mañana —consiguió balbucear, dejando resbalar sus manos desde los pantalones de cuero hasta el borde del tocador.
—Mañana —repitió Bill, con una gigantesca sonrisa. Lo besó por última vez, antes de quitar la camiseta de su polla y desaparecer.
—¿Beb…? ¡Oooooh, jodeeeer!
Su polla estaba rígida en extremo, sobre estimulada al punto de palpitar con cada sutil roce de esa lengua. El contacto era mínimo e insuficiente. Tom necesitaba más, quería que Bill lo tomara en su boca por completo. Necesitaba acabar con esa agonía que se disparaba a cada lamida.
Sus sienes palpitaban y la garganta ardía, ronca de tantos gemidos. Y probablemente tendría que cambiarse de ropa antes de salir, porque se sentía bañado en sudor. Pero nada de eso importaba, porque en cada nueva (y, dios bendito, más prolongada) lamida Tom descubría que sí se podía sentir aún más placer sin morirse en el interin.
Porque eso era precisamente lo que sentía, que moría con cada húmeda caricia. Que esos dientes mordisqueando suavemente su cabeza lo harían explotar en más de un sentido.
Un par de pulgares se presionaron en cada ingle, seguidos de un bramido ronco que lo sorprendió al caer en cuenta que había sido emitido por el mismo.
No sabía cuánto más aguantaría, parecía poder correrse en cualquier segundo. A la próxima lamida o quizás a la siguiente.
Abruptamente, las deliciosas sensaciones se detuvieron y tuvo ante él el rostro sudado de Bill, del costado de cuya boca bajaba un hilo de saliva.
Fue al encuentro de esos labios, dándole la bienvenida a esa lengua caliente que le dio una probada de su propio sabor.
Su polla latía, necesitaba correrse. Solo un bombeo más. Una mordida…
—Mírame, Tomi —susurró Bill, casi sin aliento —. Mírame mientras te succiono hasta la última gota.
El de rastas no supo de donde extrajo energías para musitar: «Joder».
Bill volvió a perderse entre sus piernas. A duras penas Tom consiguió estirar su cuello y espiar. Todo lo que conseguía ver era una gran maraña de cabello, hasta que de pronto sucedió: Bill alzó su mirada y la fijó en él. No dejó de mirarlo en los 27 segundos que Tom tardó en venirse.
Hubiera deseado acatar la orden hasta el final, pero la descarga fue tan intensa (y, joder, efectivamente Bill no dejó de chupar y TRAGAR hasta la última gota) que se desplomó exangüe contra el espejo del tocador.
Fue su primera mamada (si no contaba aquella que le hizo Erika, la cual no pudo disfrutar del todo porque «algo» en su cabeza no paraba de repetir que aquello no era correcto).
Las sensaciones lo tomaron por sorpresa, aunque no creyó que ningún tipo de mentalización previa lo hubiera preparado para esa experiencia.
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Como era de esperarse, llegaron bastante tarde al club. Tom tuvo que darse una nueva ducha y cambiarse de ropa, en tanto que Bill metió un buen rato la cabeza bajo el chorro de agua helada, para enfriar sus pensamientos.
No obstante todas sus previsiones, el de rastas cargó toda la noche una enorme sonrisa de idiota. Ni hablar de Mina, en cuando la pelirroja la vio –Tom no tuvo ni tiempo de preguntar que hacía Hildy en ese lugar- le entregó su vaso a Natalie, que casualmente estaba a su lado, y la jaló con un “quiero saberlo todo”.
La cara que le dio la corredora no le gustó nada. De pronto parecía que todo mundo estaba más enterado de su vida sexual que él mismo.
—¿Y tú, no vas a preguntar? –espetó, desafiante.
La rubia le pasó el brazo en que sostenía su cerveza por el hombro y le susurró al oído –“No es necesario… pero de todas formas no me pienso perder los detalles”.
Y se marchó tras sus dos amigas, dejando a Tom colorado hasta las orejas.
Continúa…
Grado 3: Caricias sexuales bajo la ropa. Incluye desde meter la mano bajo la ropa hasta estar totalmente desnudos y practicar sexo oral, masturbación mutua, frot o tribadismo.