«Por ti me convertí en Princesa» Fic Twc de Haruxita

Capítulo 3: Prueba de fuego

Tom pasó una noche terrible repitiéndose que si Bill enviaba a Mina y a su elaborado plan a la mierda estaba obligado a acatar su decisión en silencio y sin replicar.

Para cuando despertó, Bill ya se había largado (presumiblemente a casa de la pelirroja). Ello no era para nada una buena señal. Su hermano era más bien remolón, no se levantaba temprano a menos que tuviera un muy buen motivo y aun así escatimaba hasta el último minuto entre las sábanas. Tom no estaba muy seguro de que Hildy fuera a abogar a su favor esta vez.

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Esa tarde, Al regresar a casa, la chica esperaba por él en la sala. Hermosa, como siempre, pero con una mirada tan dura que estuvo tentado de regresar a la calle con tal de no enfrentar la diatriba que le aguardaba. Ya no le cupo duda que Bill aún continuaba molesto por el altercado del día anterior.

Esperaba que la presencia de Mina significara que el plan aún seguía en pie. El sentido del humor de su hermano era un poco retorcido, pero no al extremo de someterse a todo el engorroso proceso de caracterización sólo para darle una lección. No le quedaba más que aferrarse a esa esperanza.

Con un ademán – bastante más delicado de lo usual – su hermano le indicó que se sentara junto a él en el sillón.

Había pensado en la forma apropiada de pedir perdón durante todo el día, pero ninguna sonaba sincera porque, básicamente, una parte de él continuaba creyendo que su hermano estaba exagerando un poquito. Sin embargo, el motivo por el cual un montón de excusas aún continuaban girando en su cabeza, era esa molesta vocecilla que le repetía que el moreno estaba haciendo un gran esfuerzo y comportarse como un idiota no había sido una buena manera de agradecérselo.

—Bill, yo…

“Sé que hiciste un gran esfuerzo y comportarme como un idiota no fue la mejor forma de agradecértelo”.

—…yo. – abrió y cerró la boca un par de veces como un bagre fuera del agua. Era una frase, una jodida frase que le salvaría el culo. Estaba en la punta de su lengua, pero no conseguía verbalizarla.

—No, Tom. No digas que lo sientes, porqué sé que no lo haces. No te preocupes, la tontería de la barba sigue en pie. Y no me lo agradezcas, agradécele a esa tonta pelirroja que solía ser mi amiga antes de obligarme a ver dos veces “Princess Diaries”.

—¿“Princess Diaries”? ¿Qué mierda es eso?

—No quieres averiguarlo. La ignorancia es felicidad, créeme.

—Entonces ¿Sigues enojado conmigo?

—Bill no está enojado, está dolido. Mina, por otro lado, viajó desde Wiesbaden sólo para estar con su estúpido noviecito y es lo que hará.

El chico murmuró algo más por lo bajo pero Tom no pudo entenderle.

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A inicios de los años 90, una de las primeras medidas tomadas durante la reunificación de las dos Alemanias fue cerrar las empresas que eran consideradas poco productivas.

Veinte años después, el antiguo cordón industrial de Magdeburg lucía como el set de una película apocalíptica. Gran parte de la maquinaria había sido retirada y, en lugar de cientos de operarios, los únicos que pululaban por el lugar eran ratas, yonkis y los adictos a la velocidad, que se reunían cada fin de semana para realizar carreras clandestinas.

Cuando el Chevy Nova arribó a la explanada, el estado de ánimo de Bill, mejor dicho: Mina, había cambiado drásticamente. Aunque tratara de ocultarlo tras una apariencia de seriedad, ciertos gestos – como frotarse los hombros o llevarse la mano al pendiente de tanto en tanto – la delataban.

Tom sabía que su novia estaba nerviosa y se sintió culpable por ponerle en esa situación. Si él hubiera sido más cuidadoso, o al menos hubiera sabido cómo lidiar con Erika, ella no tendría que estar en ese predicamento.

Durante toda esa semana se había dejado contagiar por el entusiasmo de la chica, al punto de creer de forma egoísta que esa podía una solución fácil a su pesadilla. Mina cargaría con todo el peso de la situación y el obtendría los beneficios sin tener que mover un dedo.

Para su desgracia no era el cabrón irreflexivo y sin sentimientos que aparentaba ante los demás. Tom sabía que a Bill no sólo le desagradaban sus amigos, les temía. Nadie pasa por acosos y humillaciones constantes en secundaria sin volverse extremadamente cauteloso y desconfiado. El que sus amigos fueran “un montón de homófobos descerebrados” – en palabras del propio moreno – no ayudaba en nada a que este se sintiera más seguro.

El chico de rastas se talló la nuca, rogando por tomar la decisión correcta. Su cabeza estaba hecha un completo lio

Finalmente envió todo a la mierda.

Este era su problema y encontraría la forma de resolverlo o asumiría las consecuencias, pero sin arriesgar la integridad de su hermanito en el proceso.

Puso en marcha el motor, lo que asustó un poco a la morena y confirmó que estaba en lo correcto.

—Tomi. ¿Qué haces?

—Te llevo a casa, aún estoy a tiempo de ir y regresar antes que las carreras comiencen.

—Y una mierda. No pasé por todo esto para que te arrepientas en el último momento.

—Alguien puede reconocerte.

—No lo hicieron en el taller, donde era de día y estaban todos sobrios.

—Bill, no quiero que…

—Tomi, no necesito que me cuides, puedo hacerlo perfectamente bien yo solo. Ya no soy un crío. Y mi nombre es Mina, no lo olvides.

Era por ese tipo de cosas que Tom amaba a su gemelo. Más que por llevar la misma sangre o haber compartido una matriz, era la absoluta incondicionalidad que Bill le profesaba por sobre cualquier mal entendido o pelea momentánea.

Se deshizo del cinturón de seguridad y estrujó a Mina en un abrazo. Por desgracia fueron regresados bruscamente a la realidad, cuando un golpeteo en la ventana se tornó insistente y alguien gritó «¡Hey, vayan al mirador!».

Tom sintió a la chica tensarse en sus brazos, el fisgón no era otro que Georg Listing. No necesitaba ver, reconocería esa voz en cualquier parte.

No pudo evitar que su novia le traspasara parte de su nerviosismo. El juego había comenzado y ya no había vuelta atrás. Sin apartarse alzó su diestra y realizó el gesto universal de “jódete”.

—La diversión para después, Kaulitz. Rölf ya llegó.

—¿Y el moretón?

—No se ha quitado los anteojos, supongo que eso responde a tu pregunta.

—¿Moretón? – inquirió la chica, deshaciendo el abrazo. – Tomi, ¿le pegaste a ese sujeto?

—No, nena. Digamos que el tipo tropezó y tuvo la mala suerte de caer sobre mis puños.

Mina puso la misma cara de reprobación que usaba Bill cuando el player hacía acto de presencia. Sólo que esta vez ambos estaban involucrados en este juego y era mejor ser convincentes.

Un silbido de admiración lo obligó a voltear.

—¿Estrenando chica nueva? No la había visto antes por aquí, y estoy seguro que recordaría una cara como esa.

Si el chico de rastas no hubiera visto mil veces esa falsa expresión abochornada se estaría sintiendo un completo patán como, podía apostar, lo estaba su mejor amigo..

—Es mi novia, imbécil.

—Carajo, lo siento. Es que después de Erika juraste no volver a tener novia y…

—Listing, callado te defiendes mejor.

—…pero te aseguro que las otras no fueron nada serio. – afirmó, dirigiéndose a la chica.

—¡Gerhart!

—Mejor no la sigo cagando – canturreó.-. Yo me… no tardes.

Una vez quedaron solos nuevamente, Tom se agarró del volante sin atreverse a levantar la mirada. Esperaba cualquier cosa menos una risa explosiva. Tuvo que mirar de reojo para convencerse que su novia no estaba teniendo un ataque de histeria.

No, allí estaban esos brillantes ojitos achinados, prueba de que la tensión había pasado, al menos por el momento.

—¡Dios! ¿Viste su cara? Ojalá hubiera podido grabarlo. – al parecer el enfado y los nervios se habían esfumado, porque Mina volvía a ser la chica entusiasta de siempre. Tanto que daba botes, de rodillas en el asiento, para reafirmar sus palabras. – ¿Sabes? Si Listing no fuera un idiota integral, hasta sentiría pena por él.

—No cantes victoria, que la noche es larga.

—No seas aguafiestas, creo que esto puede ser divertido. Había olvidado que los heteros pierden la cabeza ante un par de tetas.

—No que las tuyas sean muy grandes.

—Aun así no le quitabas las manos de encima, dos veces. – Tom hizo el ademán de ir por la tercera, pero la chica lo esquivó con gracia y bajó del auto. – It´s Showtime.

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—¡Wow! Conque así es como debe lucir la novia de un piloto.

Mina se había quedado un tanto boquiabierta mirando a Marie, la chica que solía dar la largada. Tom tuvo una rápida imagen mental de su novia en botas altas, un mínimo hot-pant de látex y una camiseta que se pegaba demasiado a unas tetas falsas (bastante más voluminosas que las que usaba esa noche) y no le agradó en lo absoluto. Suficiente revuelo estaba causando con ese vestido, que le daba una engañosa apariencia de niña buena.

—Jamás, ni en un millón de años ¿Me escuchaste?

—Yo nada más decía, recuerda que Mina no es ese tipo de chica. Tomi, dame tu chaqueta.

—¿Por qué?

—Sólo hazlo.

—No jodas. Si tienes frío ponte la que dejaste en el auto.

Bill le sonrió de forma extraña. Por algún motivo su lenguaje corporal de no concordaba con la conversación que estaban teniendo.

—Eres el macho alfa, Tomi. Se supone que tienes el impulso imperioso de reafirmar tu posesión sobre tu presa, o sea novia de turno. Debes quitarte la chaqueta y ponérmela para que todos sepan que te pertenezco.

—¿De dónde sacas toda esa mierda?

—Hildy se ha tomado muy a pecho esto de convertirme en la novia perfecta para el tonto mujeriego que se supone eres.

—Y tú le sigues la corriente. – farfulló, quitándose la prenda solicitada a pesar de la protesta.

—Es divertido.

Tom le puso la chaqueta sobre los hombros y, sin mediar aviso siquiera, la besó en los labios.

Lamentó que, por culpa del altercado del día anterior, no hubieran ensayado esa parte. Pero para ser algo improvisado no resultó tan mal, Mina se agarró de su camiseta y respondió al beso con algo de timidez.

—¿Moros en la costa? – preguntó, mientras él le acariciaba el cabello.

—He visto al diablo.

—Olvida el plan, a esa perra la dejo calva.

—¿Cómo?

Para cuando Tom comprendió las palabras de la chica, esta se había terminado de poner la chaqueta y caminaba decidida hacía donde se encontraba su ex. Allí se iba a liar parda si no conseguía dar con la morena antes que ella llegara con Erika.

Corrió de prisa entre los asistentes y los automóviles, pero pronto le perdió la pista. No había mucha gente esa noche, pero el que los conocidos con los que se topaba lo detuvieran para comentar la pelea del viernes pasado jugaba en contra.

Estuvo a punto de ser atropellado por una motocicleta y ni siquiera se dio cuenta cómo es que la botella de cerveza terminó en su mano.

Inopinadamente el corazón, que hasta hacía un segundo latía a mil, se le fue al hígado cuando divisó el familiar “Kaulitz 1”. Por la posición no le podía ver el rostro a Mina, pero Erika aún conservaba sus extremidades y no presentaba lesiones apreciables a simple vista.

Quizá no todo estaba perdido, a juzgar por la forma en que conversaban animadamente. Sopesó qué tanto lo odiaría su hermano si simplemente observaba todo desde una distancia prudente, sin intervenir.

“Es probable que tenga que aguantar un mes del famoso ‘Y luego el marica soy yo’. Eso sí me vuelve a hablar”.

Debiendo escoger entre la sartén y el fuego, al final se decidió por lo primero, únicamente para probarle a su hermanito que las bolas no las tenía sólo para rascárselas.

—Lindo brazalete, ¿regalo de tu novio?

—¿De Tomi? – risita de anuncio comercial. – Él no podría ni escoger un cepillo de dientes. De mi padre, por mi cumpleaños.

Abrazó a la morena por la espalda y metió la mano bajo el vestido de la forma más casual que pudo. Mejor detener esa conversación ahí, no le agradaba nada el rumbo que estaba tomando. La chica apretó la mano exploradora y luego la quitó con suavidad.

—Mina, las carreras están por empezar.

—Vamos, pero antes tendrás que explicarme un par de cosas, Tomi. – dijo, alzando una ceja.

La rubia los miró con expresión de triunfo y se marchó, dándole un beso en la comisura del labio.

—Adiós, Tom. Siempre es un placer verte.

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—No entiendo ¿Porque no le dijiste que esa pulsera te la compré yo?

—Porque una novia trofeo no sirve a nuestros propósitos. Necesitas a alguien que esté por sobre tus posibilidades.

—Vaya, gracias por lo que me toca, Princesa. Y espero que mamá no se entere que le sacaste el brazalete que le regaló Gordon.

—No lo hará, lo regresaré esta misma noche.

—Más te vale, o ambos estaremos en problemas. ¿Y qué es eso de «tenemos que hablar»?

—Atando cabos sueltos.

—¿Cuáles cabos sueltos? ¿No se suponía que el plan era infalible?

—Y lo es, dentro de lo posible. Terminaste con Erika hace cuatro meses.

—¿Qué con eso?

— Tomi, ¿cuándo estrenarás ese cerebro? Piensa: el noviazgo con Mina no puede ser reciente o la gente empezaría a sospechar. La única manera de que eso fuera creíble era inventar un noviazgo de verano que se mantuvo como relación a distancia.

—¿Que la idea no era arreglar las cosas, no enredarlas aún más?

—A veces, para encontrar la salida es necesario dar un par de vueltas más. Ahora no solo hay una novia celosa que ha empezado lentamente a marcar territorio, sino que tienes la excusa perfecta para haberte negado a los avances de Erika.

—Pues tu super idea acaba de mandar a la mierda mi fachada de mujeriego que se suponía debíamos preservar. Es de lejos lo más imbécil que se te ha ocurrido, y eso incluye las galletas de crayones.

—¡Tenía cuatro años! Y a mi favor puedo decir que no quedaste con secuelas permanentes. Tomi, no había otra forma. Era eso o admitir que eres un muerdealmohadas.

—¡Y-yo no…! –miró alrededor, pese a que el edificio lucía vacío, y le susurró bien cerquita de su oído- yo no soy un muerdealmohadas.

Mina lo miró con tristeza por un momento, y le acarició las rastas. A Tom le pareció que incluso tenía los ojos un poco vidriosos, pero había tan poca luz que no podía asegurarlo.

—Mi Tomi. Ojalá algún día comprendas que vivir en negación es odiarse un poco a uno mismo. Pero si estás decidido a vivir en Narnia, yo te protegeré de las brujas malvadas.

—¿Y te dejarás una melena, como Aslan? – el comentario la hizo sonreír y le dedicó una mirada de picardía de soslayo.

—¿Por qué no? Te apuesto a que me vería muy sexy.

—Si la idea era esconderse para no ser encontrados, hicieron un gran trabajo. Llevo quince minutos buscándolos. – Ambos se voltearon, asustados, hacia el lugar donde provenía la voz. Una figura delgada se acercaba a ellos con las manos en los bolsillos de su chaqueta. – Rölf anda diciendo que no quieres correr contra él porque sabes que vas a perder.

Tom hizo un sonido de fastidio y se cruzó de brazos.

—Que diga lo que quiera, de todas maneras le patearé el culo.

—Eso esperamos. No nos hagas quedar mal, campeón. Entonces… esta es la famosa novia misteriosa de la que todo el mundo habla. Te ha mejorado el gusto, Kaulitz- La recién llegada rodeó a la morena y le dio una mirada evaluativa que puso nervioso a Tom. No hubo necesidad que Mina le indicara cómo comportarse esta vez, instintivamente le rodeó la cintura y la apegó a su cuerpo de forma posesiva.

—Veo que las noticias vuelan.

—En especial cuando alguien anda por el vecindario destilando veneno. Ya que tu noviecito nunca ha tenido modales me presento. Soy Natalie.

—Mina -. Hicieron el ademan de saludarse con un beso en la mejilla, pero el rubio remolcó bruscamente a su novia hacia la salida de la vieja bodega.

Si Tom hubiera volteado a mirar, como lo hizo su novia, habría visto a la chica mirándolos con una sonrisa torcida en los labios.

—Tomi, eso fue innecesariamente mal educado.

—Ya la oíste, estamos atrasados.

Él no cesaba de repetirse que esa idea siempre había una locura. Si se coquetea con el desastre este termina ocurriendo.

—Tomi ¿Por qué esa chica está vestida como dominatriz?

—Es corredora.

—¿Entonces donde está tu traje de cuero?

—Corredora de motos. El traje la protege.

—Suena peligroso, ya quiero verla correr – Tom rodó los ojos.

—No. No lo harás.

—¿Por qué?

—Porque Mina ha cumplido con su propósito. Ahora regresaremos a los piques, patearé el trasero de Rölf, nos vamos a casa y tú no te volverás a poner ese tonto disfraz nunca más.

—Tomiiii, no es justo. Me estoy divirtiendo.

El chico de rastas la jaló de la mano que no le había soltado en ningún momento y la empujó contra el muro exterior del edificio. Apoyando las palmas a ambos lados de su cabeza.

—No estamos aquí para que te diviertas. Viniste, te vieron, ahora nos vamos.

—El concepto de macho posesivo se te subió rápidamente a la cabeza.

“Eso es jugar sucio. No, ese puchero”.

—Por favooor, Tomiii. Nunca he visto a una chica correr – Sabía que estaba siendo vilmente manipulado, pero esa expresión lastimera siempre podía con él.

—A ti no te gustan las mujeres – La chica le enrostró lo absurdo de su argumento con una mueca que a todas luces gritaba “Quiero verla en la moto, no me la quiero tirar”.

– Además, Naty siempre corre al final.

—Porfavorporfavorporfavor.

—¿Alguna vez te han dicho que eres una peste? –al puchero y los ojitos tristes se le sumó un jaloncito en los bajos de su camiseta -Está bien, pero vas a… – No alcanzó a imponer sus condiciones porque la chica lo estrujó en un apretado abrazo.

&

Nadie supo quién hizo la llamada a la policía. Las carreras llevaban años realizándose en el mismo lugar y, salvo en época de comicios, las patrullas jamás los molestaban.

La mayoría tuvo tiempo de huir, pero las carreras pendientes de esa noche quedaron suspendidas hasta nuevo aviso. Quien más lo lamentó fue Tom, que tuvo que aguantar el semblante triste de su novia.

—Yo quería verla correr.

—Yo tampoco alcancé a correr, y ahora Rölf anda diciendo que yo hice esa maldita llamada ¿Eso no te importa?

—Tomi. Tú jamás pierdes ¿Qué emoción hay en verte correr, si ya de antemano sé el resultado?

Por algún motivo eso no sonó halagador.

El móvil del chico de rastas silbó un par de veces, lanzó un improperio al leer el mensaje y le pasó el aparato a la chica para regresar su atención al volante.

—¿Qué dices? ¿Mina está preparada para el segundo acto?

Ella alzó la mirada de la pantalla y preguntó, con algo de recelo.

—¿Quiénes irán?

—Los mismos de siempre – la morena alzó una ceja, impaciente. – ehm… no sé. El equipo, sus ligues y los que se dejen caer.

—Es mucha gente – no le pasó desapercibido el gesto de agarrar el pendiente. El temor estaba de regreso. Se preguntó dónde estaba la chica decidida y segura de sí misma que había enfrentado a Erika armada solo con su sonrisa.

Quería ir a la fiesta en casa de Andreas, y quería ir con Mina.

Más allá del plan maestro, le agradaba la compañía de la chica. Con el disfraz puesto, su hermano se comportaba de forma diferente. Era menos ácido, aunque no perdía el ingenio. Y, de alguna forma extraña, intuía que los altos muros que había construido para protegerse se volvían algo más flexibles. Quizás a Bill le viniera bien abrir su círculo un poco más allá de Hildegard Stein.

Aunque él tuviera que lidiar con sus propios temores.

—Viene Natalie.

Continúa…

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por Haruxita

Escritora del Fandom

Un comentario en «Princesa 3»
  1. ¿No les da miedo Natalie? Pues a mí sí, además Tom es muy extraño cuando ella está presente, ¿no creen?
    Me encantó que Bill tuviera las ideas, pero bueno Tom… jijiji.

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