«Por ti me convertí en Princesa» Fic Twc de Haruxita
Capítulo 4: La novia de mi amigo tiene polla
La casa de Andreas era bastante más lujosa de lo que un universitario promedio se podía permitir. El bar y la nevera siempre estaban bien aprovisionados y una asistente iba dos veces por semana a asear y cocinar.
La mayoría de quienes habían pasado alguna vez por ese lugar no dejaban de manifestar su profunda envidia por la suerte del chico.
Tom, que conocía la historia completa, daba gracias de no estar en sus zapatos. El motivo: Ingrid.
Era una de las chicas más atractivas de la secundaria, inspiración de pajas y sueños húmedos de sus compañeros desde los catorce. Hasta el momento nadie había conseguido llevársela al huerto. Andreas se encargaba de ello. Más le valía o la beca «cuida de tu hermana mientras estamos en América» se acabaría más rápido que las Coronas un viernes por la noche.
Él, que desde que podía recordar había estado metiéndose en peleas, dando y recibiendo golpes para defender a su hermanito, no podía sino sentir empatía por su amigo. Aunque en ese preciso momento lo que sentía más bien eran unas ganas incontrolables de retorcerle el cuello, de forma dolorosa a ser posible.
Desde que llegaron, el dueño de casa no le había quitado los ojos de encima a Mina y no se cuidaba en disimularlo. ¿Que nunca había oído del código de amistad que decía «la novia de un amigo tiene polla*»? En este caso la tenía, literalmente. Pero aquél no era el punto. Le estaba costando horrores seguir el hilo de la conversación por estar pendiente de cada gesto del descarado rubio para con su novia.
Llevaba un rato aguantándose las ganas de mear, incluso bebía su cerveza con la zurda, todo con tal de no soltar la mano de su chica, mano que le tenía agarrada desde que se sentaron en el sillón.
Mina, a quien Tom notó con algo de timidez al principio, se fue relajando gradualmente… en especial cuando la mayoría de la gente se desperdigó y en la sala solo quedó un reducido grupito al que Tom había denominado «El equipo».
Luego de su metida de pata en los piques, su mejor amigo se conducía con cautela e incluso le había respaldado en algunas mentiras. Andreas, por otra parte…
Andreas era otro cantar.
—¿Por qué no nos habías dicho que tenías novia, Tom? En especial una novia tan…
—Piensa bien lo que vas a decir, Andy. Podrían ser tus últimas palabras.
—No, déjalo, Tomi. Yo también quiero saber por qué no le habías hablado de mí a tus amigos ¿Tengo motivos para estar celosa?
Mina era increíble. Su numerito de novia encantadora, pero soterradamente posesiva, Había conseguido lo que parecía imposible. En una sola noche había echado por tierra todos los rumores (rumores fundados, por lo demás) que esparció Erika.
—Estás en problemas Kaulitz. Será mejor que confieses y quizá tu muerte sea misericordiosa.
—Nat. Ve a la cocina, algo se te quema.
La chica le sonrió de forma intrigante y se sentó en el apoyabrazos del sillón, al lado de la morena.
Tom no pudo sino ver en ello una abierta provocación, considerando que había bastantes sitios disponibles.
Se pasó la mano libre por la cara, fastidiado. Ahora tenía que cuidar dos frentes, nadie le sacaba de la cabeza que algo se traía entre manos la corredora, y su súbito interés por Mina no dejaba de inquietarle. Rogó estar volviéndose paranoico y que de verdad no se tratara de lo que el temía.
—¡Ay! Tomi, me estás apretando la mano.
Mierda.
No se había percatado que estaba haciendo demasiado evidente su mal humor. Frotó la mano lastimada con su pulgar y le besó el dorso, como cuando eran pequeños y Bill se lastimaba la rodilla al caer de la bicicleta.
No alcanzó a procesar las palabras que Mina le dijo al oído porque Natalie atacó de improviso.
—No dejes ir a tu nueva novia, Kaulitz, es una buena influencia. Parece imposible, pero creo que podría llegar a civilizarte.
—Vete a la mierda Nat.
—Puede que muchas te envidien, Mina. Pero los que realmente conocemos a Tom sabemos que no es un trabajo fácil lidiar con el ego desmesurado y los modales de camionero ebrio de tu novio.
Usualmente pasaba de las pullas de la corredora, pero esa noche estaban comenzando a cabrearlo. Tenía la réplica mordaz en la punta de la lengua, sin embargo Mina fue más rápida.
—Tal vez ustedes no conocen al mismo Tom que yo. Tal vez no se han dado el tiempo para hacerlo.
Tom supo de inmediato que quién hablaba no era su novia. Podía tener una linda y encantadora sonrisa en sus labios, pero en ese apenas perceptible dejo de resentimiento se podía oír claramente a su hermano. No le cupo dudas de ello cuando puso la otra mano sobre la suya, resguardándola entre ambas.
Georg pareció oler que el ambiente se había tornado súbitamente denso y les lanzó un pequeño salvavidas para aligerar la tensión.
—Mina. Es un nombre un tanto curioso ¿Es un apodo?
—En realidad es diminutivo de mi nombre de pila, el cual no diré ni bajo tortura china.
Y ahí estaba, como por arte de magia la chica volvía a derrochar encanto. Un par de parpadeos, un delicado ajuste en su cabello y todos (Nat incluida) volvían a babear por ella.
Ahora que Tom lo recordaba, a él tampoco le quiso explicar el significado de ese nombre tan particular. Aunque en esos días se le había hecho tan familiar.
—¿Y tu apellido?
—Murray.
—¿De verdad? ¡¿Como la novia de Drácula?!
“Joder, voy a matar a Hildy”
Inopinadamente Tom comenzó a sudar frío. Ya sabía que ese nombre le sonaba de alguna parte, pero la película la habían visto hacía tanto que no había atado cabos.
—¡Por supuesto! —el chico de rastas comenzó a sentirse enfermo. De pronto el elaborado plan no parecía serlo tanto y todo se iba por el escusado. Pero por algún motivo su novia reía de buena gana—. Estoy bromeando. Hago este chiste desde siempre y es increíble que sigan cayendo. Mi apellido es Fürstin**.
Tom agradeció que su botella estuviera ya vacía o se habría atragantado con la cerveza. Bill tenía unas formas bien retorcidas de devolverle la mano y ahora, con un simple gesto se estaba cobrando por años de joda.
Porque Tom sabía, por sentido común, que luego de una broma como la primera todos se creerían la segunda mentira por inverosímil que esta fuera.
—Eso salta a la vista —si no se hubieran encontrado en su casa Tom le habría metido a Andreas la botella vacía por el culo, a ver si le quedaban ganas de hacerle cejitas a su novia.
—Pero esta «Princesa» tiene dueño— espetó, sin intentar ocultar su molestia siquiera.
—Si que te ha pegado fuerte el bichito, Kaulitz. ¿Quién lo hubiera dicho? – La sonrisa torcida de Nat lo descompuso. En especial porque, pese a hablarle a él, no le quitaba la mirada de encima a Mina. -Esa es una historia que muero por oír.
—¿De qué hablas, Nat?
—¿Cómo alguien como Mina terminó de novia con un cro magnon como tú?
No era partidario de la violencia contra las mujeres, pero las ganas de borrarle esa estúpida sonrisa con una bofetada bien pegada se iban incrementando.
Con el mal rato apenas y recordaba detalles vagos de la historia que el par de conspiradores habían inventado. Intentó zafar pero hasta Georg se puso del lado de la corredora. Jodido traidor.
—En realidad fue un accidente, un afortunado accidente. – intervino Mina.
Quizá percibió su tensión, o solo lo hizo porque en ese momento quedaba bien, pero en cuanto él se volteó a verla ella le dio un fugaz beso en los labios. Ocasión que Tom aprovechó para marcar territorio, cogiéndola del cuello y dilatando el beso lo suficiente para que los chicos silbaran y Nat declarara a viva voz que se marchaba a vomitar.
Cuando se separaron, las mejillas de la chica tenían un lindo tono rosa y sus ojitos brillaban de forma traviesa. Murmuró algo sobre una mancha de carmín mientras frotaba el pulgar contra su labio inferior.
Un sobreactuado carraspeo los regresó violentamente a la realidad.
—¿Un accidente de verdad o es algún tipo de metáfora? -inquirió Gustav. Tomando la palabra por primera vez en lo que iba de la noche.
—Ohh. Un accidente de verdad. El verano pasado un sujeto chocó a mi abuela al salir del estacionamiento del supermercado, afortunadamente aparte del shock ella resultó ilesa, pero su auto no tuvo la misma suerte. Yo viajé para acompañarla unos días y encargarme de sus trámites, entre ellos lidiar con cierto mecánico que parecía no tener prisa en arreglar su auto.
Ese era su pie, Tom no recordaba sus líneas pero Mina le acababa de dar material suficiente para improvisar.
—No fue deliberado, al menos no al principio. Tenía mucho trabajo pendiente y como la señora aseguró que no pensaba volver a manejar lo fui dejando de lado. Hasta que un día se aparece esta preciosidad por el taller (encima enojada, que se ve tan sexy) y me amenaza con ir a diario hasta que le entregue el auto terminado. No era como si tuviera muchos incentivos para apurarme.
—Tuve que ponerme firme y amenazar con demandarlo.
—¿Y funcionó?
—Y de qué manera. En dos días tenía el auto de regreso en casa de mi abuela.
—Pero, como no iba a dejarla escapar, la invité a salir.
—Fue bastante molesto, la verdad. Me acosó de forma insistente hasta que me di cuenta de que la única forma de quitármelo de una vez por todas de encima era saliendo con él.
—Sabía que esta historia iba a ser interesante. ¿Y adónde te llevó?
—¿Esa primera cita? A cenar y luego a un mirador. No le hizo mucha gracia cuando le dije que iba demasiado rápido. – Hubo risas generalizadas, aunque Tom no vio exactamente de quienes porque se había bajado la gorra y empezado a hundirse en el sillón. Esa absurda historia lo estaba dejando en ridículo ante todos sus amigos y no podía hacer nada por detener a Mina sin ponerse en evidencia. – pensé que con eso se daría por vencido, pero no fue así, continuó llamando a diario. A la postre terminé accediendo a una segunda cita, y a una tercera. Para cuando me di cuenta estábamos saliendo.
—¿No te molestó que no te presentara a sus amigos?
—Para ser sincera, yo no planeaba nada más serio que un ligue de verano. Tom era un tanto…
—¿Bruto?
—Gracias, Gerhart, amigo.
—Iba a decir inapropiado, pero si, había un poco de eso también. Sin embargo la pasaba bien con él, cuando no estaba tratando de meterse bajo mi falda era bastante agradable. – si Tom no hubiera estado con la cabeza baja habría visto la mirada de ternura que le dirigió la chica. – Para no alargarme tanto con la historia, pospuse mi regreso dos veces para “cuidar a mi abuela”- remarcó la frase dibujando unas comillas con sus dedos. –cuando la fecha definitiva llegó se me habían acabado las excusas y tuve que aceptar que me había terminado enamorando.
—Eso prueba que el amor no sólo es ciego, también algo estúpido. Las relaciones a distancia de por si no funcionan, agregar a Kaulitz en la ecuación me parece simplemente una locura.
—Nat, ¿porque no agarras tu bilis y te la metes por…?
Mina, que esa noche parecía determinada a apagar todos los incendios, se le adelantó nuevamente.
—Si insinúas que soy una estúpida por ser novia de Tomi, no me siento ofendida. Estoy estúpidamente enamorada de él y no tengo inconveniente en reconocerlo.
La satisfacción del chico de rastas ante la cara de desconcierto de la corredora era casi palpable.
—Ya escuchaste a mi mujer. ¿Alguna otra pregunta?
—Sólo una, ¿a tu noviecita no le molestan los cuernos?
La discusión habría acabado de manera bastante fea si Georg no hubiera salido al rescate.
—Mina, ¿qué te pareció Devilish? Aunque por desgracia no alzaste a vernos correr a todos.
—¿Devilish? No entiendo. ¿Qué es Devilish?
—El nombre de nuestro equipo.
—No gracias a ti.
—¡Hey! Era un gran nombre.
—¿Por qué presiento detrás de esto que hay una historia absurda que se mueren por contar?
—Quizá porque conoces a nuestro querido Tom y sabes qué tan absurdo puede llegar a ser.
—En mi defensa puedo alegar que la idea NO fue mía.
—De hecho la idea fue mía— Georg alzó la mano y se veía bastante satisfecho de sí mismo—. Si lo piensas no es TAN mala.
—¿Alguien va a contarme de una vez o se la llevarán en rodeos toda la noche?
—Ese par de idiotas —Andreas, que regresaba con una cerveza en la mano, intervino— querían que nos hiciéramos llamar «The hell satan’s«. Estuvieron jodiendo más de un mes con eso. Hasta diseñaron el logo.
—Íbamos a mandarnos a hacer unas chaquetas —explicó Tom, entusiasmado con el recuerdo.
—¿»Hell satan’s»? ¿Dónde he oído eso antes?
—En un capítulo de los Simpsons.
—Un capitulo clásico, Homero se vuelve motociclista y…
—No puedo creerlo. Estoy saliendo con un niño de diez años. —La carcajada de Mina fue autentica. Aunque los motivos no eran los que la mayoría en esa habitación suponían.
Bill conocía de sobra ese viejo episodio, había estado presente casi todas las veces que su hermano lo había visto y ahora, Tom estaba seguro, no dejaría de molestarlo con ello cada vez que se presentara la oportunidad.
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Cerca de las tres de la mañana, cuando Andreas se largó a la licorería, Tom recién pudo ir al baño, no sin antes enviarle una elocuente mirada a Georg, esperaba que hubiera comprendido el mensaje sin tener que hacer aspavientos.
Bill, siendo Bill, era coqueto. Eso era algo que le fluía de forma natural. Pero como Mina parecía ser aún más notorio. Cada pequeño gesto llamaba poderosamente la atención. Era algo inevitable, no era como si pudiera hacer algo por impedirlo, a nadie se le ocurriría pedirle al pavo real que escondiera su cola, solo porque es demasiado hermosa.
Debería estar satisfecho, ese era el objetivo del plan: tener una hermosa barba de la cuál presumir y acallar los rumores.
Empero, el que sin importar donde fueran, todos los sujetos se le quedaran mirando (con cara de querer hacerle bastante más que invitarle una cerveza) lo comenzaba a desquiciar. Máxime porque ella no hacía nada por evitarlo y él deseaba creer que era porque no se daba cuenta.
Regresó a la sala, más que mosqueado. El jueguito se le había escapado de las manos (si es que alguna vez estuvo bajo su control) al menos había cumplido su objetivo, pero no estaba dispuesto a seguir aguantando más mierdas.
De manera que iba a coger a Mina, se marcharían a casa y ya vería luego que les inventaba para explicar el que nunca más la llevara con él a los piques.
Aunque para eso primero debía localizarla, la sala ahora estaba ocupada por el grupo de amigas de Ingrid que intentaron a toda costa que se quedara bebiendo con ellas. Ninguna había visto a Mina, aunque no se podía fiar mucho de ellas.
Tras una rápida inspección dio con uno de los chicos en la cocina, preparándose un sándwich.
—Gustav. ¿Has visto a Mina?
—Debe estar con Natalie, creo que dijeron algo sobre salir a fumar.
“¡Por todas las putas!”.
—¿Y Geo?
—Con su novia.
Lanzó un par de maldiciones y tal vez un ocasional golpe de puños contra la nevera. Valiente super macho que no podía mantener a su novia a raya.
—No es culpa de Geo, trató de intervenir, pero ya conoces a Natalie.
Ese era precisamente el problema. Que conocía a Natalie, bastante bien para su desgracia. También conocía a su hermano, aunque después de esa noche ponía eso último en duda. Bill no era afecto a entablar fácilmente amistad con extraños, menos con alguien tan intimidante como la chica, pero por algún incompresible motivo se había comportado como una polilla ante la flama.
&
Las encontró en la terraza, compartiendo uno de los cigarrillos especiales de Nat. ¿Dónde demonios había quedado aquello de “Mina no es esa clase de chica”? Para colmos su novia se veía tan cómoda con ella, como si fueran intimas amigas.
—Nos vamos.
—¿Tan pronto?
—Creo que tu noviecito teme que yo te pervierta o algo peor.
No supo que lo cabreó más, el tonito de complicidad de Nat o que Mina le riera el chiste. De alguna manera tuvo la impresión -pese a lo inverosímil que pudiera parecer – de que su novia correspondía a los coqueteos de la corredora.
—¿Te vas o te quedas?
—Kaulitz. Si estás tan apurado, lárgate. Yo llevaré a Mina a tu casa cuando me vaya por la mañana.
—¡Y una mierda! No la voy dejar más tiempo cerca de ti.
La morena suspiró, encogiéndose de hombros. Se acercó a él y le cogió la mano.
—Me marcho contigo, Tomi. Gracias por los cigarrillos, Natalie. Disfruté mucho la charla.
—Llámame.
—Lo haré. No olvides lo que me prometiste.
—Jamás olvido nada, en especial cuando me lo pide una chica tan linda.
Mina se sonrojó y Tom juraría que le oyó una suave risita, como un gorjeo. La jaló de la mano para apurar el paso, pero cuando estaban a punto de flanquear las vidrieras la corredora llamó a su novia, que se deshizo del agarre para correr a su lado.
Tom no supo que cuchichearon, de regreso en la casa la acorraló contra la pared para interrogarla pero su novia contratacó.
—Tomi. ¿Me quieres explicar qué demonios te sucede? Te has comportado como un patán cada vez que Natalie anda cerca.
El chico de rastas guardó silencio. Había cosas que ni siquiera a su hermano le había contado.
Como lo sucedido esa noche en el hospital, un par de años atrás, esa frase que lo venía atormentando desde el encuentro en la vieja bodega abandonada.
«Algún día, cuando tengas algo que realmente valga la pena, me cobraré».
—No me agrada. Solo eso.
—Pues a mí me pareció muy interesante.
—¿De verdad? No me di cuenta. ¿Qué demonios pretendes? Me has estado humillando toda la noche.
—¿Humillando?
—Le has coqueteado a Nat en todo momento, por si fuera poco te desapareces con ella. ¿Quién sabe qué hubiera pasado si me demoro un poco más en encontrarlas? ¿Y qué es eso de qué me fue difícil conquistarte? La idea era recobrar mi imagen de conquistador, por si lo has olvidado.
—Tomi, para empezar te recuerdo que no me van las chicas, lo único que hubiera pasado es que habríamos terminado la conversación que dejamos a medias cuando nos interrumpiste. Y en cuanto a lo otro, no he hecho más… – miró alrededor y bajó la voz, no fuera que las paredes tuvieran oídos – no he hecho más que ceñirme al plan.
—Pues no lo parece.
—Tomi, ya te lo expliqué. ¿Qué mérito tiene llevarse al huerto a la chica fácil de la secundaria? ¿Quieres dejar de hablar por el orgullo herido y enfocarte en el plan por una vez? Se supone que a Mina no la conquistaste con regalos, ni tu reputación de super macho.
—¿Entonces de que mierda se enamoró Mina?
La chica lo miró y sonrió de medio lado.
—De tu estúpido sentido del humor, la forma como hinchas los carrillos aguantando la risa, o de cómo puedes hablar durante quince minutos sin decir absolutamente nada.
—¡Pero esas son estupideces!
—¿Quién te dijo que el amor es cohere…? Sonríe.
—¿Qué?
—Sonríe, alguien se acerca y no quiero que parezca que discutimos.
—Bi… Mina, estamos discutiendo.
—Exacto —Tom obedeció de mala gana, entendiendo el punto—. Ahora tómame las manos. Obedece, Tomi… ahora álzalas y bésalas.
—¿Te estás divirtiendo? – masculló, siguiendo a su pesar las instrucciones.
—Mucho.
Tom debió sentirse enfadado por la amplia sonrisa de Mina, pero la chica no se estaba burlando, lo miraba con algo de ternura.
—Tomi. El que finjas celos le da más realismo a la historia, pero no olvides que es una actuación. Y para que quede claro, quizás el maquillaje acentúe un poco mis gestos, pero yo no le estaba coqueteando… solo hablábamos. Ven aquí — rodeó sus hombros con sus brazos y lo atrajo hacia si para susurrarle al oído—. Tras los tacones y el maquillaje sigue estando Bill, tu Bill. Yo jamás te jugaría sucio.
Antes de dejarlo ir, apretó el agarre y le dio un besito en las rastas. Tom se separó unos centímetros y le acarició la mejilla.
—Y tú siempre serás mi princesa.
Por primera vez no usó esa palabra en tono de burla, ella pareció entenderlo porque sonrió. El momento fue roto por una voz a sus espaldas.
—La habitación de Ingrid está desocupada. Digo, por si desean estar más cómodos.
—¡Lárgate Schäffer!
—Gracias Gusti, tomaremos tu sugerencia.
El intruso se marchó, Mina cogió de la mano a un boquiabierto Tom y lo remolcó hasta el cuarto indicado.
—¿Gusti? ¿Desde cuándo le llamas Gusti? ¿Y qué demonios…?
Pero no obtuvo respuesta. Llegando al dormitorio la chica cerró la puerta tras ellos y se sentó en la cama.
—Por fin ¡Ya no me aguantaba más!
Tom, que seguía un poco shockeado, sufrió un pequeño deja-vu cuando su novia se recostó en la cama y, con mirada traviesa, le extendió la mano.
—Tomi.
De estarle sucediendo a otro habría sido gracioso. Un sujeto petrificado ante una chica hermosa que se le insinuaba desde una cama.
Era la historia de su vida, aun no se topaba con una chica que no hubiera intentado meterse en sus pantalones, al menos una vez.
Sin embargo esta no era una chica cualquiera, era su hermanito. ¡Pero si no hacían cinco minutos que se lo recordó!
—Y-yo mejor voy por una cerveza.
—Tomiii, mis pies me están matando. Porfaaa.
Nunca ver esa expresión compungida le había provocado tanto alivio. Se debería dar de cabezazos contra la pared por idiota. Bill era Bill, y lo seguiría siendo aun con tetas y maquillaje. Tenía que dejar de proyectar sus experiencias con chicas en Mina, aunque le costara esfuerzo con esa apariencia tan convincente.
—Por favooor.
—Está bien. Eres más molesta que una pulga en la oreja —pero Mina ignoró olímpicamente sus reclamos. Le sonrió ampliamente, como cada vez que veía complacidos algunos de sus caprichos—.Y quítate las medias.
—No son medias, son pantys.
—Son la misma cosa.
—No. Las medias…
—Mina, te las quitas tú o te las quito yo.
La chica continuó con su disertación sobre la diferencia entre pantys y medias a la que no prestó mayor atención. Había algo con Mina que no había dejado de darle vueltas en la cabeza desde el martes.
¡Si tan sólo encontrara una chica (una chica de verdad) como ella! Alguien con quien pudiera divertirse sin complicaciones, que le siguiera el juego en sus tonterías, tuviera una personalidad atractiva y, lo más importante, una chica que no esperara ser follada al final de la cita. Su vida sería al menos la mitad de complicada.
Una florida maldición de labios de su novia espantó sus cavilaciones.
Las elegantes pantys blancas que había llevado toda la noche tenían un feo desgarrón en la parte superior.
—¡Tomii! ¡Mis pantys! —Se lamentó la chica, acabándoselas de sacar— Mierda. Y no son nada de baratas.
—No es para tanto, yo te compraré otras.
—Gracias Tomi, pero no. Estás ahorrando y no quiero…
—No me iré a la quiebra por un par de medias.
—Pantys.
—Como se llamen. Pero la próxima vez se más cuidadosa.
—No fue mi culpa, son las putas uñas ¿Qué es eso tan gracioso?
—Te comportas como princesa pero hablas como camionero.
La chica se dejó contagiar con la risa.
—Están todos en la fiesta, nadie puede oírnos —.Agregó, arrojando las pantys arruinadas a su cara.
La chica se acomodó en la cama y moviendo graciosamente sus pies lo instó a empezar con su labor.
Tom sonrió para sí, a veces su madre lo reñía por malcriar demasiado a su hermano. Él sabía que tenía razón, pero no tenía ninguna intención de dejar de hacerlo.
Mientras, se las componía lo mejor posible en relajar los pies adoloridos entre las risas de los «Tomi, me haces cosquillas» y los quejidos de los «¡Ay! Apretaste muy fuerte».
—Lo siento.
—Está bien, debe doler un poquito. Solo no seas tan brusco.
Aparentemente, luego de varios intentos y las respectivas quejas de parte de la chica, consiguió el ritmo perfecto porque todo lo que se oía era un ronroneo sostenido, roto solo por ocasionales jadeos. Y la suave contorsión de su novia sobre la cama.
—¿Satisfecha? —inquirió rato después, dando el masaje por concluido.
Acabó con las sus manos acalambradas, pero supuso que había hecho un buen trabajo porque Mina le sonrió con cara adormilada.
—Completamente, tienes manos mágicas – murmuró, estirándose de forma gatuna en la cama—.Vas a tener que hacérmelo más seguido, se siente genial.
—Solo si tú me lo haces a mí.
—¿Ahora? —La chica se incorporó, de rodillas en el lecho. Tenía el cabello completamente revuelto y los párpados se le cerraban solos.
—Ahora nos vamos a casa, pero cuando haya tenido un mal día en el taller te la cobraré.
Su respuesta le valió una linda sonrisa interrumpida por un bostezo.
-Tomi, Tomiii. Eres un ángel.
Conocía de sobra ese tonito.
«¿Y ahora qué demonios quiere?»
Mina, que se había conseguido sentar precariamente al borde de la cama, hizo otra vez ese movimiento gracioso con sus pies.
—Cenicienta necesita sus zapatillas de cristal.
—Eres la novia más molesta que he tenido —bufó, calzándola, sin embargo su sonrisa desestimó sus palabras—. ¿Estás lo suficientemente despierta como para caminar? – rogó por no tener que cargarla hasta el auto.
—Sí, solo déjame apoyarme en ti
El chico peinó lo mejor que pudo esa suerte de melena con sus dedos. Le acarició la mejilla con ternura y le dio un beso en la frente antes de ayudarla a ponerse en pie.
Podían quedarse hasta la mañana siguiente, si no habían camas disponibles el sofá siempre era una buena opción, pero Mina había estado sometida a demasiado estrés y luego de su pelea Tom quería aprovechar que habían hecho las paces para acabar bien la noche.
Al dejar la habitación ninguno de los dos se percató que había alguien más en el pasillo.
&
Ya en casa la chica se desvió hacía el cuarto de su madre, que por esos días fungía como su habitación.
—Tomiii.
—Mina, estoy cansado. Lo que sea que tengas que pedirme puede esperar hasta mañana.
—Esto no puede esperar, necesito que me ayudes a quitarme el vestido. Si duermo con el se arruinará.
A regañadientes, Tom entró al cuarto, donde la morena lo esperaba de espaldas y con el cabello recogido entre sus manos.
—No entiendo cómo te metes en estos vestidos tan ajustados sin problemas y luego no puedes salir. – farfulló, bajando la cremallera con suavidad.
—Eso es porque tengo un duende que me ayuda a vestirme.
—¿Un duende pequeño y chillón?
—Le diré que dijiste eso – amenazó, divertida, dejando el vestido con cuidado sobre la cama.
Tom se enzarzó en una pequeña pelea con el broche del brassiere, provocando las risas de la chica.
—Si te sigues riendo tendrás que dormir con todo y tetas.
Pero la chica no paró, aunque hizo el esfuerzo.
—Es que, es demasiado…
—¿El que es «demasiado»?
—El super macho que no se la puede con un simple bra.
—Ja-ja. Si es tan fácil como dices, quítatelo.
—Soy gay, no tengo ni la necesidad ni el interés en saber nada de brassieres. Para eso estás tú. Pero sólo para demostrarte lo torpe que eres… —arguyó, quitándose las tetas falsas y extendiéndoselas– ten esto —pasó los brazos a través de los tirantes del bra, lo giró y al primer intento consiguió quitar el broche—¡Voila!
Era el momento perfecto para que Tom se cruzara de brazos y dijera que ya que se consideraba tan autosuficiente no lo jodiera más para ayudarlo a desvestirse, o que de tanto fingir ser una chica se estaba transformando en una, o su típico “Es porque eres marica”. Pero para ello hubiera necesitado articular algún sonido, o al menos tener el cerebro operativo. El cual, en ese instante ni siquiera era capaz de enviar la orden de cerrar la boca, que se había quedado abierta ante la chica con el bra colgando de una mano.
Quizás Mina tenía razón y el maldito maquillaje lo confundía, o el cabello revuelto… o tal vez esas estúpidas pantaletas con tres diminutas mariposas moradas.
Quizás esa noche se habían metido tanto en la farsa que a él le estaba costando dejar de pensar en su hermano como Mina, pese a que se había quitado gran parte del disfraz.
Podría serlo, debía serlo, porque la gente normal no tenía ese tipo de pensamientos ante la semi desnudez de sus hermanos. Ni se les secaba la garganta, ni…
—Está bien, no pongas esa cara, no es la gran cosa. Con práctica conseguirás hacerlo y le podrás quitar el bra a tu próximo ligue.
Por fin su cerebro pareció reaccionar, por fortuna su hermano malentendió su reacción.
—No es gracioso, Bill.
—No bromeaba, mientras sigas en negación estarás obligado a depender de una barba para evitar los rumores.
—Para eso está Mina.
—Mina nació para sacarte de un problema puntual en que estabas metido. No estará aquí por siempre, Tomi.
Lo tenía claro desde el principio, incluso él mismo estuvo dispuesto a ponerle fin esa noche.
¿Entonces por qué repentinamente lo embargó esa sensación de pérdida?
Continúa…
Gracias por la visita. Te invitamos a dejar un comentario.
Chan, chan, chan Tom empieza a engancharse de Mina y se pone todo nervioso. Me encanta este Tom tan tímido.