«Por ti me convertí en Princesa» Fic Twc de Haruxita
Capítulo 5: El arte de la improvisación
Bill aún no le devolvía la memory card.
En realidad cuando llegó del trabajo, el día anterior, no se atrevió a pedírsela por razones obvias y cuando regresaron esa madrugada tenía otras cosas ocupando su cabeza.
De manera que, sin forma alguna de poder usar la play, se vio obligado a (intentar) matar el aburrimiento haciendo zapping toda la mañana.
—No me interesa lo que… ¡ya nos hemos documentado suficiente!… -Tom chequeó el reloj, apenas pasaban de las doce. Algo debió haber sucedido para que su hermano saltara de la cama tan temprano, más aun habiéndose acostado a la hora que lo hicieron. – Escúchame bien, Hildegard, no veremos “The Devil Wears Prada” y es mi última palabra.
Bill colgó el móvil y, tras adueñarse de su coca cola, se derramó en el sofá.
—¿Qué quieres almorzar? Creo que quedan macarrones del miércoles, o podríamos pedir una pizza.
—Yo comeré lasaña. – Tom, cuya mayor proeza culinaria consistía en agregarle aceite a los fideos para no se pegaran, lo miró cómo diciendo “Hazla”. -Elke me ha invitado a almorzar.
El chico de rastas meneó la cabeza, disimulando una sonrisa. El círculo de amistades de su hermano era muy pequeño pero, en compensación, lo mimaban mucho. ¿Cómo Bill no iba a ser malcriado si se había acostumbrado a obtener todo lo que quería a base de pucheros y miraditas de cachorro?
—Salúdamela. – pese a que no trataba mucho a la madre de la pelirroja, la mujer le agradaba, ella siempre era amable con él. – ¿Así que pasarás la tarde viendo películas de chicas?
—Más le vale que no, si quiere enterarse de primera mano de todos los cotilleos.
—¿Cuáles cotilleos?
—La presentación de Mina en el círculo de los idiotas. Se muere por saber cómo salió el plan
—¿Aun no le has contado nada? ¿Cómo aguantaste tanto tiempo?
—Es mi pequeña venganza por obligarme a ver todas esas odiosas películas de orcos que se transforman en princesas.
—Tengo una duda, si Mina es la princesa, ¿tú vendrías siendo…?
Bill sólo lo miró con su acostumbrada expresión de circunstancias, le cogió el control remoto y se puso a cambiar canales.
—¡Estaba viendo la F1!
—Tú lo has dicho, estabas. – replicó, de forma cantarina, con una carita de malicia que decía a leguas que si hacía el menor intento de recuperar el control lo iba a joder todavía más.
Y hablando de recuperar cosas…
—Bill, ¿cuándo me vas a devolver la tarjeta?
—Cuando la encuentres.
—No estaba en el bra de Mina, ni en las tetas falsas.
—¡Por supuesto que no! La cambié de lugar.
—No pienso meterte mano en los pantalones, Bill. Te aviso. – del moreno podía esperar cualquier cosa, en especial si andaba en plan de joda.
—Lo sé, no tocas ni tu propia polla para pajearte. De verdad no sé cómo lo haces para mear.- replicó, muy campante.
Cuando su hermano le regaló ese masturbador en su último cumpleaños, supo que iba a tener que aguantar sus bromas a perpetuidad. Precisamente por eso intentó devolvérselo (varias veces) pero, como solía suceder, Bill lo sacó por cansancio y acabó guardando el chisme en el fondo del clóset, lo que sólo provocó más risas de parte del moreno. Para más inri lo pescó usándolo en la ducha.
—Fue sólo en esa ocasión, y por pura curiosidad.
—Y justo en esa única y extraordinaria ocasión te descubrí. Tomi, las casualidades no existen.
—Se te hace tarde, la lasaña se va a enfriar. – espetó con algo se dureza. Aparentemente ese día andaba de suerte, porque Bill lo dejó estar.
Desde algún tiempo el moreno se había tornado bastante pesado con el tema, parecía determinado a sacarlo del closet a como diera lugar.
No mentía cuando afirmaba que lo había hecho por curiosidad, en parte era cierto, al menos la primera vez si lo fue. Las otras había sido culpa de la calentura, y ese era el quid del asunto, culpa. Si sólo se tratara de una nada deseable pero inofensiva vagina de goma el asunto no habría pasado a mayores. Pero por mucho que se mentalizara en que era un simple artilugio de plástico, una vocecita cabrona en su cabeza no dejaba de repetirle que se estaba follando el trasero de Dolph Lambert*.
—¡Al fin!
—¿Qué?
—¡Hildy ya está aquí! -gritó el chico, saltando por sobre la mesita de café y corriendo a la puerta. – ¡Ya era hora, muero de…! Ahh… eras tú.
—¿Te dejaron de portero, Kaulitz?
No tenía planes para esa tarde, y sus amigos no lo visitaban sin avisar antes. Aunque esa norma quizás no aplicaba a Geo. Se preguntó que bicho le habría picado.
—Quita, Listing. Estas estorbando la entrada. -Tom nunca se había alegrado tanto de ver la pequeña figura de la chica asomar en el umbral. Al menos el altercado entre esos dos sería breve. – Vamos Bill, dejemos a los machos hablar de sus asuntos.
—¿Tarde de chicas, entonces?
—Geo, no te metas con mi hermanito o te juro que cuando menos lo esperes te pondré un laxante en la cerveza. – Sólo él tenía permitido molestar a Bill de esa forma, porque sólo él lo hacía sin intención de burlarse realmente.
Su hermano se marchó con mala cara, farfullando un «vuelvo mañana» que, ante la ausencia de mochila, le hizo pensar a Tom que tenía algo de improvisado y todo que ver con la presencia de su mejor amigo.
Bill y sus amigos no se llevaban, había esperado que a través de Mina los aprendiera a conocer mejor y al menos tolerara la presencia de estos en casa. Pero aún no los trataba lo suficiente, además había algo jamás que cambiaría y eso era la forma en que los chicos veían a Bill.
Tiempo atrás los gemelos tuvieron una fuerte discusión por esa causa. Bill le enrostró que así como él no era bienvenido en los piques, ninguno de «esa tropa de imbéciles» era bienvenido en su casa. Por ese motivo su mejor amigo raramente se dejaba caer sin previo aviso, sólo iba cuando sabía de antemano que no se iba a encontrar con el moreno.
Más tarde se preocuparía por eso, ahora lo que importaba era que tenía un huésped auto-invitado al que había que alimentar.
—Tengo macarrones con…
Un fuerte ruido en el segundo piso llamó la atención de Geo.
—¿Qué fue eso?
—El gato.
—Tú no tienes gato.
—No dije que fuera mi gato, es de la vecina. Esa mierda se mete todos los días a robar comida y deja todo lleno de pelos. Una vez lo pillé durmiendo en la frutera, es una pesadilla. No es nada gracioso. – espetó ante la enorme sonrisa del chico de melena.
—Oh. ¡Si lo es! Pagaría por verte correr tras él.
—Ja-ja. Por idiota te toca cocinar.
—¿No que tenías macarrones?
—Pero como eres tan buen amigo me prepararás una gran olla de fideos para que yo no tenga que cocinar en varios días.
El chico le respondió con un gesto obsceno, pero resignado se metió a la cocina.
&
—¿Pasó algo? ¿Porque te dejaste caer de improviso? – preguntó luego, mientras esperaban en la sala a que la pasta se cocinara. – Sabes que Bill se pone incómodo.
—Algún día deberías dejar de bailar al son que marca el marica de tu hermano. Él pone las reglas y tú obedeces sin chistar.
—Te advierto que lo del laxante no era en sentido figurado. Sólo por si no quedó suficientemente claro.
Odiaba siempre estar medio del conflicto, defendiendo a sus amigos ante su hermano y a Bill ante ellos. Por fortuna Bill nunca lo había puesto en la tesitura de tener que escoger, tenía bastante claro hacia donde se inclinaría la balanza.
—Para que no digas que no sigo las reglas del todopoderoso Bill Kaulitz, si te llamé. ¿Que ella no te dio el mensaje?
—¿Ella? ¿Quién?
—¿Cómo que quién? Mina. Espera… ¿La de esta mañana era otra? Mierda, podías avisarme de estas cosas para no andar metiendo la pata cada vez.
—¿Cuál metida de pata? ¿Qué mierdas hiciste ahora Geo?
—Nada… casi nada. Te llamé en cuanto desperté, contestó una chica, yo pensé que era tu novia. Tienes una enorme caraculo, luego de como saltaste sobre Andreas y Nat cada vez que se atrevían siquiera a mirarla pensé que de verdad ibas en serio con ella.
—¡Por supuesto que voy en serio con ella!
En su cabeza revisó los eventos de esa mañana rápidamente para intentar entender lo que había pasado.
Otra vez se había despertado de madrugada un sábado. Malhumorado, sin haber descansado lo suficiente – y a sabiendas que por mucho que vegetara en la cama no habría manera que se volviera a dormir – se duchó y bajó a desayunar. Luego de eso se quedó pegado viendo tele y no volvió a subir.
La única otra persona que estaba en esa casa y que pudo haber contestado el móvil era…
—¿Qué exactamente hablaste con ella?
—No gran cosa, sonaba medio rara, supuse que estaban follando, pero ella me dijo que andabas en el baño y que me devolverías el llamado cuando volvieras, cosa que nunca hiciste.
Por supuesto que sonaba “rara”. Bill tenía el mal hábito de responder el teléfono aun estando dormido. Seguramente Geo insistió tanto que contestó en la semiinconsciencia, ello explicaba por qué no lo había mencionado.
—No me dijo nada. Supongo que debió estar muy cansada, se volvió a dormir y luego olvidó contarme.
—Yep, “cansada”. ¿Así que… recuperando el tiempo perdido?
Las cejas de Georg sólo se movían de esa manera por un motivo. La mera idea era demasiado perturbadora, pero analizándolo fríamente tenía bastante lógica. ¿Era lo que hacían las parejas, no? En especial si no se han visto en meses y tienen la casa para ellos solos.
Fue a la cocina por otra lata de coca cola sólo para ganar algo de tiempo. Era pésimo improvisando. Cada vez que se veía sometido a ese predicamento recurría a la solución fácil – nunca se la curraba mucho para inventar sus aventuras, no era como si encontrara algún morboso placer en ello, ¡era sexo hetero por Dios! – simplemente tomaba detalles de diferentes videos porno e intentaba que el resultado tuviera algo de coherencia y fuera al menos creíble.
Pero Mina no era el tipo de chica que se prestara para el tipo de cosas que él solía describir en sus relatos. Más aun, no tenía la menor idea de cuál sería el comportamiento de Mina en la cama. Cuando ocurrió lo de Ernst, Bill dejó muy en claro que a Mina no…
—A Mina no le agrada que hable de nuestra intimidad. – Explicó, regresando a su sillón, rogando porque su voz sonara tajante. – Dice que por algo se le llama «vida privada».
—No seas mezquino, Kaulitz. Además sé que anoche tuvieron una «reconciliación» bastante agitada.
—¿Reconciliación?
—No te hagas el tonto, que todos nos dimos cuenta que anoche se pelearon bastante feo por culpa de Natalie. Pero sólo yo los escuché haciendo las paces. No me habías contado que eras tan hábil con los dedos, compañero.
Esa era el tipo de situaciones en que por ningún motivo se debe preguntar “¿De qué demonios estás hablando?” a riesgo de quedar como idiota. Para su suerte (buena o mala, eso le tocaba averiguarlo) fue providencialmente salvado por la campana.
—¡Hey! Hablando de la reina de Roma.
Se ganó un fuerte tirón en el cuello por lo rápido que giró la cabeza hacia la escala. Llegaría el día en que dejaría de quedarse boquiabierto el verla aparecer de improviso, pero para ello faltaba mucho. Sin duda ella se dio cuenta, porque su cara de preocupación de pronto lucía una pequeña sonrisa.
—Princesa, ¿te caíste de la cama?
—Lo siento Tomi. No sé qué me sucedió, se me debieron pegar las sabanas. Te juro que no suelo dormir tanto.
Tom fue al encuentro de su novia, no sin antes darle una colleja en la nuca a Geo, que estaba haciendo un mal trabajo conteniendo la sonrisa de gato Cheshire que se le escapaba al ver a la chica.
—Buenas tardes, nena. –dijo, cogiéndola del cuello para darle un besito en los labios y agregó, apenas en un susurro. –Gracias por regresar, no sabía que inventarle.
—Nada de gracias, me debes un almuerzo, y no me conformaré con pizza. –la llevaría a cenar fuera si se lo pedía, se lo había ganado.
—¿Por qué estás descalza?
—Aun me duelen los pies como para ponerme los tacones y Mina no tiene zapatillas, era esto o mis pantuflas. – y, guiñándole, agregó la que se estaba convirtiendo en su clave para entrar en personaje. –It´s Showtime.
Tom la tomó de la mano, rogando porque todo saliera bien, nada de eso estaba considerado en sus planes.
—Princesa, adivina quién nos cayó de visita. ¿Recuerdas a Georg? Estaba en la fiesta en casa de Andreas.
—¿Cómo olvidarlo? Es el chico que me confundió con una puta.
La cara de Georg era un poema. Bill estaba usando a Mina para vengarse, debería sentirse mal por su amigo, que se deshacía en excusas nuevamente, debería.
—¿Por qué no vas a la cocina? Creo que se quema algo.
—¡Mierda, los fideos!
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—Linda trenza.
—No jodas.
Georg finalmente se había marchado, dejando el ambiente algo tirante entre ellos. En el rato que llevaban lavando los trastes y ordenando la cocina era la primera vez que Mina respondía los intentos de Tom por entablar conversación.
—Hablo en serio, Mina luce diferente hoy.
—La palabra que buscas es «desastrosa«.
—No, para nada. Me gusta esa imagen más… «doméstica«.
—¿»Doméstica«? Mina es una niña bien, no tiene un lado «doméstico«. Esto –dijo, haciendo un ademán que la abarcó completa- es todo improvisado. Tuve que hacerme una trenza porque no disponía de tiempo suficiente para acomodarme el cabello, y una cola de caballo es demasiado corriente. Y como aún no he aprendido a ponerme sola los vestidos tuve que usar pantalones.
—Te estás exigiendo demasiado. Todos cometemos errores y tenemos días malos. Que Mina no sea perfecta no significa que no haga bien su trabajo. Al contrario, creo que esos errores la hacen adorable.
—No quiero ser adorable. Quiero que todo salga acorde al plan, sin sorpresas ni sobresaltos. El auto ya estaba en marcha cuando me di cuenta que se suponía que Mina estaba en casa y que el tarado de Listing esperaría verla. Tuve que escalar el limonero, por suerte se me quedó la ventana del baño de mamá abierta, pero en el apuro me caí.
—¿Ese fue el estruendo que escuchamos? Pensé que era Bigotes.
—Era Bigotes, me tropecé con él en el pasillo. Hoy todo salió mal, no debí levantarme de la cama.- farfulló, coronando su reclamo con un puchero. Había sólo una forma de responder a ello.
Tom lo acogió en sus brazos. Bill, aun vestido como Mina se entregó al achuchón sin protestar.
Tocaba ver cómo se las arreglaba para encontrar el momento apropiado para contarle que su inocente masaje había dado píe – vaya ironía – a un pequeño mal entendido.
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Una de las desventajas de ser el más joven del taller era que en ocasiones debía encargarse de ciertas labores que los demás no deseaban realizar.
Él solía concentrarse completamente en su trabajo sin importarle que sucedía con los autos antes de que llegaran al taller pero, a cada pasada del cepillo, no podía evitar cuestionarse en que carajos andaba metido el dueño del Mustang para acabar con la mitad del capó cubierto de concreto.
La repentina silbatina y sonido de tacones anunciaron su llegada. Aunque le agradaba que lo fuera a ver seguía poniéndose un tanto nervioso. Un taller mecánico no era lugar para una chica, aunque esta chica tuviera polla.
—Lo estás haciendo mal, debes cepillar suavemente y con un movimiento circular.
—Muy graciosa.
—¿Te castigaron?
—Algo así. Voy a tomarme un descanso, así que soy todo tuyo por diez minutos. -Dijo, dejando el cepillo de dientes a un lado y quitándose los implementos de seguridad. No le gustaba usarlos, pero había tenido una desagradable experiencia manipulando ácido muriático que lo volvió precavido.
—Olvídalo, vine a secuestrarte.
—No tengo tiempo que perder, ya ves lo entretenido que estoy. – Recién cuando se quitó las antiparras pudo ver bien a la chica. – ¿Me quieres decir que mierda es eso?
—Son shorts
—Ya lo sé. ¿Qué pasó con las medias?
—Hace mucho calor para usar… ¿qué haces? – preguntó, al ver que Tom se quitaba su camisa a cuadros y se la ataba a la cintura.
—El culo se te ve enorme con ese short. Además es demasiado corto, todo mundo se te queda mirando.
—En primera, mi culo no es enorme, es lindo. Segundo, has salido con chicas cuya falda era tan corta como su entendimiento y por último ¿qué tiene que me lo miren? No es como si pudieran hacer algo más.
Tom resopló, Mina estaba tan resuelta que no serviría de mucho explicarle que con las otras chicas no le importaba
—Da igual. No quiero que te miren y punto.
Mina sonrió con malicia.
—Estás celoso.
—¿Qué?
—Eres un novio celoso. – canturreó, dando un par de saltitos y batiendo palmas,
Puso mala cara y cogió la botella de agua. No quería entrar en el bucle infinito de «no soy celoso-no soy coqueta» que había provocado su primera discusión de pareja el viernes pasado.
Mina se apoyó en el costado del auto, alzando una pierna, provocándolo deliberadamente.
Tuvo que recordarse que aquella hermosa chica a su lado no era una frágil novia que había salido de la nada. Era el gamberro de Bill, que bien podía arreglárselas solito si se topaba con algún aprovechado en la calle. Pero no podía evitar que su nueva apariencia despertara su lado sobreprotector.
—Sólo cuídate, ¿quieres? Hay mucho idiota rondando.
Mina le guiñó uno de sus hermosos ojos maquillados.
—Vamos, son casi las tres de la tarde y estoy segura que aún no has comido.
—No puedo. – respondió, indicando el auto con la cabeza.
—No ira a ninguna parte, ¿necesito recordarte que me debes un almuerzo?
—¿No puede ser otro día?
Sabía que la respuesta sería negativa aun antes de formularla, pero la hizo de todas maneras, sólo para en su fuero interno quedarse con la idea de que al menos lo había intentado. En lo que no tranzó fue en la camisa, que se mantuvo en su lugar, cubriendo el «pecaminoso» short.
&
—¿Qué?
—Nada.
—Tom, no has dejado de mirarme desde que empecé a comer.
—Oh, ¿eso era lo que hacías? Pensé que estabas en alguna especie de rito satánico que incluía descuartizar a ese pobre calzone.
Hay miradas que matan, hay miradas que mandan al diablo, la que Mina le dio era más bien de las incluyen maldiciones y un par de mentadas de madre.
Su hermano había conseguido crear un personaje creíble y querible, para ello se había valido de su encanto y coquetería natural, además de ciertos ademanes suyos un tanto femeninos. Sin embargo el moreno tenía un pequeño defecto, casi insignificante en su vida diaria pero que en una chica como Mina estaba completamente fuera de lugar. Al momento de sentarse a la mesa sus modales se iban al carajo. En palabras del propio Tom Kaulitz “Hermanito, comes como troll borracho”.
Tal vez hubiera sido aconsejable practicar en casa antes de lanzarse directamente a los leones y comer en ese restaurant, con tantas personas observando, pero después de lo ocurrido el sábado pasado no tuvieron alternativa.
Ese almuerzo había sido incómodo y tenso. Mina comió en silencio, ante la permanente supervisión del chico de rastas que tosía o le daba pataditas bajo la mesa cuando los bocados que cogía con el tenedor eran desmesurados.
Al marcharse Geo, su hermano le recordó el por qué no aceptaba extraños en casa, ni las cuatro raciones de ravioles al pomodoro que el chico dejó en la nevera lo ablandaron un poco.
—¿Por qué mejor no pides el postre?
—No voy a rendirme.
—Lo has hecho bastante bien hasta el momento. Ni siquiera te escurre salsa por la barbilla.
Tom notó claramente el segundo en que Mina estuvo a punto de salirse de personaje y mandarlo a él y a los calzone a la mierda, pero la chica se recompuso rápidamente. Quizá recordando todos los sacrificios que había realizado como para arrojar todo por la borda por un momento de furia.
—Gofres… – masculló de mala manera, dándose por vencida por fin. – y que sea porción doble.
Continúa…
*Dolph Lambert: Pornostar de la compañía Bel Ami.
Gracias por la visita. Te invitamos a dejar un comentario.
Jajaja, Mina es todo un caso, me hace reír con cada ocurrencia que tiene. Ohhhh, mi hermoso Bill es un encanto, cómo no amarlo? Ya quiero leer más.
Uhuh… me dejo intrigada, intento imaginar que es lo que sigue *-* y me gusta. Acaso los descubriran? Y como es que surge el amor en los gemelos xq hasta ahora hay como algunos guiños al respecto, mas no es muy claro.