«Por ti me convertí en Princesa» Fic Twc de Haruxita

Capítulo 8: Dulce tortura. O la magia del por favor

— Al final sí resultaste hetero.

—Bill, ¿qué estás…?

—Te enamoraste de ella. ¿Lo vas a negar?

Se le secó la garganta, ahora quién temblaba era él. Bill había descubierto su vergonzoso secreto.

Estaba perdido.

Si fuera cualquier otra persona, él lo negaría y se mantendría en su mentira hasta la muerte. Pero se trataba de Bill, su Bill, quién lo cuestionaba y para colmos estaba sufriendo por ello. Tom jamás había tolerado que aquello sucediera si estaba en sus manos evitarlo.

—¡No te atrevas a negarlo, Tom, no soy estúpido!

—No lo sé… supongo que sí. Mi cabeza esta revuelta, no sé qué pensar.

—La cabeza no tiene nada que ver con esto, Tom. -Dijo, poniendo la palma contra su pecho.

—Perdóname. Juré que siempre te cuidaría y acabé lastimándote.

—¿De verdad crees que te mereces mi perdón? ¡Me trataste como mierda!

Ahora sí entró en pánico. ¿Qué demonios iba a hacer si Bill no quería saber nada más de él? Sabía que se lo tenía merecido por gilipollas, pero no sería capaz de soportarlo.

—Si pudiera me patearía yo mismo por lo que hice. Sabes que haría cualquier cosa por ti.

El moreno suspiró y dibujó una diminuta sonrisa que bastó para llenar su pecho de esperanza.

—Supongo que en parte fue mi culpa. Me esforcé tanto en crearte la novia perfecta que te lo acabaste creyendo.

—Bill, jamás permitiría que nadie nos separara.

—¿Ni siquiera tu amada Mina?

Su corazón latió acelerado.

—Ni siquiera Mina.

—¿Terminarás con ella?

Pánico nuevamente. Haría cualquier cosa por Bill, pero no quería perder a Mina, que luego de esto probablemente no regresaría. No culpaba a Bill por estar enfadado, quién se dejó llevar fue él.

Bajó la mirada, lo ojos comenzaban a picar y no quería que su hermano lo viera lagrimeando.

—No es necesario que agregues nada, ya comprendí.

—Bill…

—Me cambiaste por una mujer, ¡una mujer que ni siquiera existe!

¿Así acababa todo? ¿Iba a perder a su hermano porque se sentía atraído por Mina?

—No me puedes hacer escoger.

—Sí, sí puedo.

—No, no puedes.

—¿Por qué no, señor sabelotodo?

—Porque Mina es parte de ti, y a mí me gustas completo.

—¿Qué dijiste?

¡Scheiße!

¿Qué demonios había dicho?

Estaba desesperado, pero no iba a anteponer sus temores a los sentimientos de su hermano. Si Bill lo iba a odiar que fuera por las razones correctas y no creyendo que lo había reemplazado por una novia ficticia.

—Cada vez que beso a Mina me gusta, me gusta mucho. Me encanta besarla y tocarla.

—Tom, ahórrame los detalles. Yo estaba ahí.

—¡Exacto! Tú estabas ahí y yo lo supe todo el tiempo. Yo sabía que a quien realmente besaba era a ti y me importó un carajo. Si me preguntas, la respuesta es sí; Estoy enamorado de Mina, y como Mina es parte tuya, supongo que por extrapolación también estoy un poco enamorado de ti. Ahora dime, ¿qué tan enfermo es eso?

Se suponía que debería sentirse liberado de ese gran peso en su conciencia. Pero todo lo que sentía era absoluto pánico. Esa había sido desde el principio una situación de perder-perder. No importaba si confesaba o no. Su hermano lo iba a odiar de todas formas. 

Pero Bill no arrancó de su lado, asqueado, como él temía que hiciera. Muy por el contrario, su rostro se iluminó con una enorme sonrisa y lo abrazó con fuerza.

—Tomi. Es la primera vez que te escucho hablar abiertamente de tus sentimientos. Sé lo mucho que te debe haber costado atreverte.

—¿No me odias?

—Eres mi Tomi, no podría odiarte. No te odié cuando pensaba que me habías cambiado por Mina. Y mira que eso dolió bastante.

—Pero soy un pervertido.

—Prometo guardarte el secreto.

Tom no acababa de comprender que parte de esa situación le causaba tanta gracia a Bill. Para él era algo terrible. Pero si su hermano lo aceptaba, se aferraría a ello.

—¿De verdad no te doy repulsión? – insistió, apartándolo un poco para verlo a los ojos.

—¿Te sentirías mejor si dijera que sí?

—¡No!

—Entonces deja de joder.

—No entiendo cómo te lo tomas con tanta normalidad.                                         

            El semblante alegre de Bill titubeó, pareció cavilar durante un largo momento, sin embargo se recompuso pronto. Abrió la boca como para decir algo pero luego movió la cabeza negativamente. Tom se quedó con la duda sobre qué iba a decir.

—No es tu culpa, soy un gran besador. – dijo finalmente con total desparpajo, haciéndolo reír.

—Bill, ante todo eres mi hermanito. No me gustaría que las cosas se pusieran raras entre nosotros.

—¿Raras? Define «raras».

—No quiero que te sientas incómodo por culpa mía. Si necesitas que me mude de habitación, o que tengamos horarios para el baño…

—Tomi, ¿qué tonterías estás diciendo? Tú no eres un psicópata sexual. Sé que soy irresistible, pero confío en tu autocontrol.

—Idiota. – dijo, dándole una amistoso golpe en el brazo.- No se puede hablar en serio contigo.

—Me alegra tenerte de regreso.

—Y a mí me alegra que no importa las estupideces que yo cometa, siempre estés a mi lado.

—¡Hey! No digas eso.

—Es cierto.

—Has llamado «estupidez» a estar enamorado de mí. Eso no es nada amable. -Bill tenía eso. Nunca sabías cuando estaba hablando en serio o cuando bromeaba.- Tomiiii, – pidió, picándole el costado con un dedo, esgrimiendo un puchero- ¿Puedo dormir contigo?

—Me parece que no has estado prestando atención a todo lo que hemos hablado esta noche.

—Vamos, como si no te hubiera visto despertar con una erección cada mañana durante los últimos cinco años.

—¡Bill! ¿Tienes que decirlo de esa forma?

—¿Prefieres un lindo eufemismo? De acuerdo. Me importa una mierda si despiertas «alegre», quiero dormir contigo.

—¡Bill!

—Pero omití la palabra con «e».

En ocasiones el sarcasmo del moreno lo dejaba sin palabras. Suspiró y prefirió no seguirle dando material.

—Nunca he comprendido por qué te gusta tanto mi cama.

Bill lo miró de una forma extraña y con un guiño respondió.

—¿Qué no es obvio? -para Tom no lo era.-Tu cama es más cómoda, Tomi.

Tom no se lo creyó pero no iba a discutirle, estaba demasiado contento, no sólo por haber hecho las paces, sino por no haber perdido el cariño de su hermanito.

Ya acostados, Bill se acurrucó en su pecho y se agarró a él con tanta fuerza que temió le hubiera roto una costilla. Esa noche fue una verdadera tortura. Una dulce y larga tortura.

Durmió poco y mal, constantemente obligándose a pensar en cosas desagradables para no excitarse con la cercanía de su hermanito. Pero no había forma en que le hubiera negado ese capricho. Se la debía, era su manera de resarcirlo por haberlo expulsado de ella el día anterior.

&

La tarde siguiente Mina volvió a ser la misma de siempre. Tom tuvo un estremecimiento cuando finalmente fue autorizado a entrar al cuarto de Simone, la chica lucía radiante, como una pequeña estrella.

Se cruzó de brazos y se le quedó viendo desde el umbral, embobado, sin decidirse a pasar.

—Entra, Tomi. Esta cremallera no se sube sola, lo sabes. -dijo la chica, dedicándole una mirada coqueta.

—Me preguntaba si mi hermano se molestará mucho si le digo a mi novia que se ve preciosa hoy.

La chica hizo un evidente esfuerzo por mantenerse seria y evitar una sonrisa, que de todas maneras se coló a sus ojos.

—Hablé con Bill está mañana y hemos aclarado los malos entendidos. –dijo ella dando las últimas cepilladas a su largo cabello negro, como si fuera algo cotidiano para los alter egos charlar con sus creadores,

Mina se incorporó y fue hasta donde se encontraba su novio, Tom se preguntó cómo demonios le haría para aguantarse las ganas de besarla hasta llegar a las carreras.

—¿Ah, sí?

—Acordamos que cada uno te tendría en su respectivo tiempo y no se entrometería en el tiempo del otro.

Esa era una clara alusión al incidente de la pulsera.

De cerca la morena se veía aún más irresistible. Tom no supo si Bill se estaba vengando sutilmente de esa manera, o tan sólo se había esmerado más de lo usual en arreglarse ese día. Aunque cabía una tercera posibilidad y era que él cada día estaba más enamorado.

Se sentía un poco nervioso, tanto que las manos le temblaron un poco al cerrar el vestido. -de un suave tono de lila esta vez- Aun estaba muy reciente la toma de conciencia sobre sus sentimientos y se encontraba un poco sobrepasado por toda la situación.

—Tomi, tranquilo, todo saldrá bien.

—¿Tan evidente soy?

—Sólo un poquito. ¿Olvidas que te conozco bien, novio mío?

            La morena volteó, las manos de Tom se fueron por acto reflejo hasta su cintura, ella correspondió descansando las suyas en sus hombros. Tom tragó grueso. Si cuando se involucró en ese ardid hubiera sabido lo que acabaría sucediendo no habría…

            Pero perdió el hilo de sus pensamientos cuando Mina lo besó. No era ese nimio piquito con que él la saludaba en casa, sino un beso de los que compartían en público. Un beso de novios, recatado – porque ella no gustaba de dar espectáculos –, pero beso de novios a fin de cuentas.

            Cuando los labios de Mina abandonaron los suyos – así se sintieron, abandonados – Tom apoyó su frente contra la de la chica, jadeando suavemente.

Tuvo la impresión de que había algo más en el aire, algo que no podía precisar porque su cerebro de momento se encontraba fundido. ¿Cómo era posible que un simple beso lo dejara en ese estado?

            Dio un repentino respingo cuando su cabeza se despejó lo suficiente para que las piezas calzaran.

—¡Ingrid!

—¡¿Qué?! – Mina lo apartó bruscamente, sus ojos brillando como los de un enfurecido basilisco.

—Esa noche, en la alacena… tú no viste a Ingrid abriendo la puerta. ¿Verdad?

            Una sonrisa y un sonrojo acusador, la chica se acomodó el cabello con un gesto coqueto y lo cogió de la mano, remolcándolo fuera del cuarto.

—Vamos, se hace tarde, luego me acusas ante los chicos de demorar mucho en arreglarme.

            Tom meneó la cabeza, a sabiendas de que tenía una sonrisa estúpida pintada en el rostro, y se dejó guiar.

No sabía muy bien qué pensar pero no estaba en condiciones de cuestionarse una mierda.

&

            El chico estaba sentado en la alfombra, con la espalda apoyada en la cama y el vestido de su novia en la mano. Llevaba tanto rato intentando no pensar en aquello que no sólo había conseguido precisamente lo opuesto, sino que le estaba empezando a doler la cabeza.

Repasó con un dedo las diminutas flores de encaje, sin verlas realmente. Había preguntas que era mejor no formular, pero la incertidumbre lo estaba matando. Pasó saliva, era increíble cómo se le seca la garganta a alguien cuando espera oír algo que no va a ser de su agrado.

—¿Por qué haces eso? – preguntó finalmente, arrojándose al vacío.

—Porque si no me quito el maquillaje, por la mañana pareceré un panda. Uno realmente sexy, pero panda al fin y al cabo.

—Me refiero a ese beso en los piques.

—¿Qué hay con eso?

—Bill, sabes que tengo que lidiar con todo esto, que metas lengua no ayuda en nada.

—En el calor del momento me pareció apropiado. – replicó, encogiéndose de hombros.

 —¿Apropiado? Mina no es de esas.

—Perdón, lo olvidaba: no hay que mancillar la virginal reputación de tu amada novia.

—No empieces con celos estúpidos. Sabes bien cómo es esto, para ti es sólo diversión pero a mí me pasan cosas contigo. Cosas que uno no debería pensar de su gemelo.

—¿Tomi, estas confesando que tienes sueños húmedos conmigo? – inquirió con picardía, remarcando sus palabras con un elocuente movimiento de cejas.

—Ándate a la mierda.

            Tom se marchó enojado a su habitación. Bill llegó un momento más tarde, se había puesto jeans y la primera camiseta que encontró, cerró la puerta y se reclinó contra ella.

—Tomi, lo siento, no quise burlarme. Bueno sí, pero la idea era que tú te rieras conmigo. Estás tomando esto como una gran tragedia.

—¿Y cómo debo tomarlo?

—Como lo que es. – dijo, sentándose en el borde de la cama de su hermano. – Tomi, ¿me deseas?

—No pienso responder.

—¿Eso es un sí?

—¡Yo no dije eso!

—Tampoco lo has negado.

—Bill, no juegues conmigo, por favor.

—Sabes que nunca lo haría. -Se inclinó sobre él y lo besó en los labios.

—¿Por qué haces esto? ¿Lástima?

—Sólo quiero que dejes de atormentarte. Quiero que entiendas que no eres un monstruo ni un pervertido. Que no me asusta lo que sientes por mí, ni me molestan las… cosas que piensas. Quiero que dejes de sentir culpa –dijo bajito, acariciándole las rastas con ternura.- porque yo no te voy a juzgar.

Bill continuó besándolo, de forma tentativa primero para luego, cuando Tom se relajó bajo él, profundizar y entregarlo todo.

            Sus pensamientos automáticos lo bombardearon con los mensajes acusatorios de siempre: “Lo que haces está mal, es un error. Te estás aprovechando de Bill”. Se esforzó por concentrarse en las palabras de su hermano, las voces contraatacaron respondiendo que para Bill ello era sólo un juego.

            Pero se trataba de Bill. Si bien el chico no lo deseaba, ni lo amaba de la misma manera, Tom tenía la certeza que nadie jamás lo querría como lo hacía su hermano.

            Sabía que no podían llegar más lejos de unos cuantos besos y caricias superficiales, y que luego tendría que encerrarse en el baño a pajearse. Pero ese beso fue en extremo catártico.

&

Lo primero que vio fue una pequeña montaña de pañuelos sobre la mesita ratona y otros tantos regados en la alfombra.

Eso solo podía significar una cosa.

—¿Otra vez estás viendo esa mierda?

Su hermano alzó su cabeza desde el sillón en que estaba recostado, tenía el cabello revuelto y los ojos hinchados.

—No importa cuántas veces la veas. Jack no subirá a la tabla.

—Había espacio de sobra, pudo haberlo salvado.

A un gesto suyo su hermano le hizo espacio en el sillón y apoyó la cabeza en su hombro.

—Por eso no me gusta que veas esa porquería, siempre terminas deprimido.

—No le digas así, es un clásico.

—Ya sé que te podría animar

Bill lo miró con grandes ojos.

—¡Gomitas!

—No, mejor que eso.

—¡Muchas gomitas!

—¡Que no! – lo miró de soslayo y meneó sus cejas. – Creo que nos vendría bien, hace tiempo que no lo hacemos.

&

            No podía recordar cuanto hacía que no iban juntos al cine, si no tenía en cuenta su primera “cita” con Mina, desde luego. Experimentó un poco de culpabilidad por ello, pero a Bill no parecía importarle, quizá porque no bien compró los tickets lo arrastró a la dulcería.

En más de una ocasión se preguntó si ese entusiasmo desbordante que exhibía gran parte del tiempo no se debía a una sobredosis de dulces en su primera infancia.

Adoraba verlo de esa manera, feliz y despreocupado, como si su mayor problema en el mundo fuese que su butaca favorita estuviera tomada.

—Bill, deja de joder, la fila posterior está desocupada.

—A mí me gusta la H-6.

—Es casi lo mismo.

—Tú lo has dicho: “casi”. No es lo mismo.

            La terquedad de su hermano llegaba a tal extremo que podía apostar su cabeza, sin temor a perderla, a que se pasaría los 137 minutos que duraba la película quejándose de la pésima ubicación.

Haciendo de tripas corazón (y pateándose mentalmente por continuar alentado a ese pequeño monstruo caprichoso), tuvo que recurrir a su cacareado arrastre entre las mujeres para que las chicas sentadas en el H-5, H-6 y H-7 accedieran a moverse dos butacas hacía la derecha.

Si pensó que con ello los reclamos habían terminado, la gélida mirada que obtuvo del moreno le dio una pista de lo que le esperaba a la salida de la función.

—…sólo digo que no era necesario que te mostraras tan entusiasmado.

—Por última vez, ¿te conseguí el puto asiento o no?

—Pero…

            Le cogió la mano y la retuvo con fuerza cuando Bill intentó zafarse. Su corazón bombeaba adrenalina a gran velocidad, a esa hora de la noche aún circulaba gente, gente que al mirarlos sólo vería a una pareja de gays. Se le aceleró la respiración, pero no soltó el agarre.

—Coqueteé un poco, ¿y qué? no significa nada. Sé de eso, tengo una novia coqueta de la que estoy muy enamorado. ¿Recuerdas?

Bill desvió la mirada y farfulló —»Gracias»—

Tom estaba acostumbrado a la posesividad de su gemelo, pero aquello había sido casi una escena de celos. De celos nada fraternales.

Se obligó a pasar de ello, Bill era Bill y tendía a sobreactuar en ocasiones, por su bien era mejor que lo tuviera presente.

&

Era una noche muy calurosa, pero eso a Bill parecía no importarle, había venido a dormir a su cama como se había hecho costumbre los últimos días. Ello explicaba que estuvieran totalmente destapados.

—¡Bill! No hagas eso.

Bill sonrió y se mordió la lengua de la forma que acostumbraba cuando estaba en medio de una travesura.

Estaban acostados de lado, a escasos centímetros uno del otro, cada uno con una palma apoyada sobre el colchón. El moreno se hallaba muy entretenido acariciándole la mano con su índice. Por salud mental, Tom quiso creer que su hermanito no tenía idea de las reacciones que tan insignificante estímulo desencadenaban en él.

—¡Bill! Quita la mano

—Quítala tú.

—Yo la puse primero.

—De acuerdo -y agregó por lo bajo.- aguafiestas.

Su hermano dejó su mano bajo la almohada, cerró los ojos y se acomodó para dormir. Si lo conocía bien, el asunto no había acabado ahí.

Y estaba en lo cierto.

El moreno no se había dado por vencido, solo había cambiado el flanco de ataque.

Apenas un minuto más tarde Tom cayó bajo el implacable asalto de los pies exploradores de su hermanito.

—¡Bill!

—No estoy haciendo nada, estoy dormido.

Tom bufó y se dio la vuelta hacia la pared, no había espacio suficiente para quedar fuera de su alcance.

—¿Quieres dejar de torturarme?

—Tomi. ¿Por qué no te relajas y me dejas mimarte un poco? -dijo en un susurro, cerrando la escasa distancia y acariciando lentamente el sendero de su columna con la punta del dedo, haciéndole estremecer.

—Estamos cruzando la línea, Bill.

—Son sólo caricias, Tomi.

—Exacto. No deberíamos.

Un beso en su omóplato y un…

—Por favor.

—No me hagas eso.

—¿El qué?

—Cuando los demás dicen «por favor» es sólo eso. Cuando tú dices «por favor» una magia siniestra ocurre y no puedo negarme.

Por favoor.

A regañadientes, pero con un escalofrío de anticipación, se giró nuevamente para encarar a su hermanito que lo recibió con un cálido beso en los labios.

Con la certeza de que estaba cometiendo un gran error, pasó su mano por la cintura y lo atrajo más hacia su cuerpo. Bill sonrió, lo cogió de las rastas con determinación y le llenó el rostro de fugaces besitos.

Su cuerpo estaba ardiendo y no se relacionaba mucho con que esa fuera la noche más tórrida de todo el verano.

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a dejar un comentario.

por Haruxita

Escritora del Fandom

2 comentario en “Princesa 8”
  1. Solo una cosa: más por favor. Para mi este capi fue un boom, no solo por la reacción de Bill ante los sentimientos de Tom, sino por como Tom no puede evitar hacer lo que Bill quiera. Ahora q lo pienso, ambos darían todo por el otro. Eso es tan lindo e intenso a la vez.

  2. la ida al cine fue como una cita y a Tom no le importo q los vieran como una pareja gay 🥲 el chico esta progresando y esos besos OMG, me dan envidia pero de la buena

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