Fic Slash de lyra
Capítulo 12: No me ames por favor
Todo ocurrió a clamara lenta. Vio como en la cara de Bill aparecer una expresión de asombro, seguida de un gemido de dolor que se escapó de sus labios entre abiertos cuando recibió su puño directamente en ellos.
Estiró una mano tratando de cogerle, pero llegó tarde. Cerró el puño donde antes estaba su camiseta, y solo cogió el aire que le rodeaba. Gritó muy fuerte su nombre sin dejar de negar con la cabeza….echó a correr escaleras abajo y se quedó cortado ante la escena…
Con el inconsciente cantante entre sus brazos, Gustav lloraba mientras le apartaba el pelo de la cara y se la besaba.
—Mírame, por favor—susurraba al oído.
Pero del cantante no salía ningún sonido. Todos se le quedaron mirando, esperando en vano. Hasta que el productor logró reaccionar y pasando sobre él corrió a pedirle al chófer que parase de inmediato mientras cogía su móvil y llamaba una ambulancia con dedos temblorosos. Por fortuna no habían abandonado la ciudad y la ambulancia no tardaría mucho en llegar.
Mientras esperaban, Tom se arrodilló al lado de su hermano, acariciándole la mejilla con suavidad, conteniendo el aliento cuando un débil gemido salió de sus labios.
—Bill, lo siento…..—se disculpó llorando.
El cantante logró abrir los ojos tras varios intentos, fijó en él la mirada y a pesar del dolor logró esbozar una sonrisa.
—Lo hice por ti…—logró susurrar.
Tom le miró sin comprender. Miró a su amigo en busca de una explicación, pero solo le vio negar con la cabeza.
—Te quería olvidar….pero no puedo…. —susurró Bill de nuevo.
Cayó de nuevo en la inconsciencia, dejando a Tom con una pregunta en los labios… ¿quería olvidarle? ¿Por qué ese empeño en recordarle?
Trasladaron al herido al hospital más cercano, en la ambulancia solo le acompañó Tom, mientras que los demás subieron a un taxi y partieron tras ellos de inmediato.
Llegaron a tiempo de ver cómo le metían en una sala de observación mientras que le negaban al guitarrista la entrada.
—Espera aquí, ya te llamamos—le pidió una enfermera.
No le quedó más remedio que obedecerla. Paseó la mirada por la sala de espera, viendo como el productor hablaba por el móvil inclinando la cabeza. Sus amigos le miraban sin saber que decir, temiendo su reacción.
Habían visto la cara del productor, tenía la mejilla inflamada del puñetazo recibido y temían que a ellos también les hiciera lo mismo.
—He hablado con la discográfica—anunció David tras colgar el móvil—Avisarán a tus padres, me han pedido que os busque alojamiento y nos quedemos hasta que saber el estado de Bill.
— ¿Quieres saber cuál es el estado de mi hermano? Está jodido, por culpa vuestra—gritó Tom señalándolos.
—Te repito que nosotros no le hemos forzado a hacer nada que él quisiera—respondió David de la misma manera.
—Os teníais que haber negado, los enfermos sois vosotros….y a ti—dijo señalando al productor con un temblorosos dedo—Voy a hacer que te despidan.
—Tom, no—intervino Gustav.
— ¿Y a ti qué demonios te pasa? Dice que le amas, pero permites que otros le usen en su beneficio propio—se enfrentó al batería.
—Has oído lo que ha dicho, tú eres el origen de sus problemas—le recordó Gustav—Habla con él antes de hacer algo de lo que más tarde te arrepientas.
Una enfermera entró en la sala y le anunció que el cantante ya estaba despierto. Tom se apresuró a seguirla, prometiéndose acabar esa conversación pendiente que tenía con sus compañeros.
Recorrió un largo pasillo hasta llegar a una pequeña habitación en donde había una camilla en mitad de ella. Bill descansaba con los ojos cerrados. Tenía el labio inferior ligeramente hinchado y una venda sobre él paraba la pequeña hemorragia.
—Tom—llamó un médico en voz baja.
Rodeó la camilla y se acercó en donde estaba, viendo que le señala una pantalla blanca en donde había unas radiografías colgadas.
—Se las hemos hecho por precaución, nos dijeron que se cayó por las escaleras—le explicó el médico.
—Sí, traté de cogerle, pero llegué tarde—recordó Tom con dolor.
—No te preocupes ahora por eso. En las radiografías no se ve nada, solo una ligera contusión que se curará con reposo—le siguió explicando el médico.
—Pensaba que se había despertado—comentó Tom señalando la camilla.
—Y lo está, puedes hablar con él un rato, te dejamos.
Hizo una señal a las dos enfermeras que se ocupaban de su hermano y se sentó en la silla que le habían acercado. Se cruzó de brazos esperando, pero Bill se negaba a abrir los ojos y mirarlo.
—Estamos solos—murmuró Tom tratando de no sonar duro.
Le vio resoplar, arrugando la frente cuando sintió un latigazo en la herida. Se llevó a ella la mano, cogiendo la gasa que se lo cubría y apretándola con suavidad.
— ¿De verdad me quieres olvidar?—no pudo evitar preguntar Tom.
—Es necesario—logró susurrar Bill.
— ¿Por qué? —quiso saber Tom.
—Porque….te amo…—respondió Bill en voz muy bajita.
— ¿Me amas?—repitió Tom extrañado.
—Sí, Tom—susurró Bill abriendo al fin los ojos—Te amo con toda mi alma y ni puedo evitarlo. Me entrego a los demás pensando que eres tú el que me haces gozar, pero solo consigo sentirme cada vez peor, odiándome a mí mismo por usar a mis compañeros,…por amarte cuando no debo…
Tomó aliento tras ese largo discurso en el que Tom no había intervenido. Sintió que las lágrimas le caían por las mejillas y se las limpió con el dorso de la mano suspirando. La expresión de Tom no podía ser más clara.
Estaba confuso, no sabía que su hermano pequeño albergara esos sentimientos, y era su obligación hacerle entrar en razón.
—Pero Bill….tu y yo…—empezó a decir Tom.
—Somos hermanos, lo sé—terminó Bill la frase por él.
—No debemos…
—Amarnos…eso ya lo sé…pero no puedo evitarlo, a pesar de todo el daño…—susurró Bill con dolor.
Se quedaron mirando en silencio. No sabían que más se pudieran decir que no hubieran dicho ya. Que eran hermanos, que su amor estaba prohibido…
— ¿Y qué hay de Gustav?—preguntó Tom sin poder contenerse.
— ¿Gustav? Ya te dije que lo nuestro terminó, o más bien nunca empezó—contestó Bill suspirando— ¿Cómo querer a otra persona estando tú ocupando mi corazón?
—Tienes que dejar de pensar así—dijo Tom con firmeza levantándose—Solo conseguirás hacerte daño, y a mí de paso.
— ¿A ti?—preguntó Bill extrañado.
—Si, a mí. A partir de ahora te veré con otros ojos, cada vez que vea los tuyos fijos en mi sabré lo que estás pensando, y me culparé por ello. No podemos amarnos, somos hermanos—dejó Tom bien claro.
Maldijo por lo bajo al ver como Bill rompía a llorar y se cubría la cara con ambas manos, pero se quedó en su sitio. No era aconsejable que le abrazara y consolara tras haber escuchado sus palabras.
— ¿Y cómo lo hago?—preguntó Bill entre sollozos— ¿Cómo te saco de mi mente….cómo te expulso de mi corazón?
—No lo sé—susurró Tom suspirando.
Se pasó las manos por la cara, gimiendo tras ellas. La vida le había dado un giro de 180º. Ahora ya no odiaba a Bill por haberse acostado con todo el mundo, ahora solo sentía lástima por él. Le estaba perdiendo, ya nunca jamás volvería a ser ese dulce hermano que buscaba su cariño cuando algo le salía mal, cuando necesitaba su consuelo….que le amara con toda su alma…
—Bill, lo siento—dijo tras unos minutos—Esto….esto no puede ser…inténtalo.
—Ya lo hago…y mira el resultado—susurró Bill entre sollozos—Usado por todos, amado por nadie…
—Eso no es cierto…—empezó a decir Tom.
Pero entró una enfermera y los interrumpió. Vio el estado en el que se encontraba el cantante y echó al hermano, prometiéndole que le podría volver a ver más tarde cuando se hubiera recuperado del llanto, ya en una habitación privada.
Salió y se reunió con sus compañeros en la sala de espera. Se les quedó mirando con los brazos cruzados y mordiéndose los labios. Miró al productor y suspiró antes de hablar.
—No haré esa llamada, en parte eres inocente del estado de Bill—dijo con calma—Pero me tienes que prometer que nunca más le vas a volver a tocar, ni te atrevas a mirarle.
David asintió en silencio. Se merecía su enfado, y estaba muy asustado. La discográfica le culpaba en parte, por no haber podido cuidar de 4 adolescentes. Se defendió diciendo que no era su niñera, y que no podía estar pendiente de lo que hacían en mitad de un largo viaje.
Tras aceptar a regañadientes su parte de culpa, solo le tocaba esperar la bronca del guitarrista, que no se hizo de rogar nada más hablar con su hermano.
—Y tú—siguió Tom dirigiéndose al bajista—Tampoco le vuelvas a aceptar. Si Bill llama a tu puerta, no se la vuelvas a abrir.
Georg asintió encogiéndose de hombros. Como ya dijera en alguna ocasión, a él le daba igual. No estaba enamorado del cantante tal y como le pasaba a su compañero de grupo, ni se lo tiraba solo por el placer que le producía poder aprovecharse de un desvalido, como hacía el productor.
Tom se giró y se llevó al batería aparte, mirándole fijamente a los ojos.
—Prométeme que lo intentarás—susurró con firmeza—prométeme que harás que Bill solo piense en ti, que te quiera de la misma manera que tú le quieres.
—Tom, me pides mucho—dijo Gustav negando con la cabeza—Bill me ha dejado claro que jamás tendré su corazón, y no ha vuelto a recurrir a mí, para no hacerme daño….
—Al menos inténtalo—repitió Tom desesperado—Por favor, cuida muy bien de mi hermano.
— ¿Y eso no lo puedes hacer tú?—preguntó Gustav extrañado.
—Ya no puedo cuidar de él de la misma manera que hacía como cuando éramos pequeños—contestó Tom suspirando—Todo lo que hubo entre nosotros, esa estrecha relación de hermanos que tanto nos unía está ahora rota.
— ¿Os habéis peleado? —quiso saber Gustav.
—Nos hemos distanciado, y es lo mejor que nos podía haber pasado—dijo Tom sin más.
Suspiró y comenzó a pasear por la sala, rezando en silencio por haber hecho lo correcto. A partir de entonces y con todo el dolor de su corazón, tendría que tratar con mucho tacto a Bill, hablarle lo necesario y apenas mirarlo.
Así vería que lo suyo no podía ser, que le era indiferente y recurriría a la persona que estaba a su lado, consolándole por todo el daño que le provocaba su hermano.
Por mucho dolor que sintiera en su corazón, tenía que hacerle entender que lo suyo no podía ser, que solo eran hermanos y que su estrecha relación había terminado.
Suspiró frotándose la cara con las manos. Se le presentaba por delante un duro trabajo, el de olvidar a Bill, el de suplicarle que por favor, no le amase…
Continúa…
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