
Fic Slash de lyra
Capítulo 14: Recuerda la promesa que hiciste
—Perdona….esto no….no sé qué me ha pasado.
La torpe disculpa resonó en la oscura habitación. A esas palabras le siguió un suspiro de resignación y tras unos segundos la luz se hizo. Recostado sobre la gran cama del hotel, Tom miraba al techo sin saber exactamente qué era lo que le había pasado.
Nunca antes había estado echado al lado de una preciosa chica, que para más información estaba medio desnuda y dejaba ver toda su ropa interior, y no podía hacer nada. Literalmente.
Recordaba que en el ascensor ya estaba muy excitado, desde que sus labios se rozaron, pero fue entrar en la habitación, acostarse en la cama sin dejar de quitarse la ropa y todo empezó a ir mal. Cuando pasó los dedos por su sedoso pelo, la imagen de Bill le vino a la memoria.
Cerró los ojos y era como si lo tuviera delante, o más bien debajo de él, con sus sexos frotándose para darse placer.
Se tuvo que morder los labios para no gritar su nombre bien alto cuando se sintió derramarse en sus boxers. Fue entonces cuando pidió un tiempo muerto y se recostó contra el cabecero de la cama, tratando de pensar si había tenido ese profundo orgasmo por el mero hecho de pensar en su hermano.
Maldijo por lo bajo y se pasó las manos por la cara. Eso no le podía estar pasando, no se podía estar enamorando de Bill justo cuando le había suplicado que lo olvidara, que lo suyo nunca iba a poder ser…
—Tom, no pasa nada—replicó la chica a su lado—Estás cansado, habéis dado una gran actuación y es normal que te sientas así.
Gimió contra las manos. Por suerte, la chica no se había enterado de que él ya había acabado….
—Mejor me voy y te dejo descansar—siguió diciendo la chica—Y mañana si ya estás mejor y me quieres llamar, lo intentamos.
La sintió inclinarse sobre él y se descubrió la cara, recibiendo en los labios su beso de despedida, pero que no respondió porque no le había gustado su contacto. Era como si de repente las chicas le resultasen abominables.
La vio levantarse y recoger sus ropas. Inclinarse y coger su minifalda, enseñándole la escasa ropa que llevaba, a saber, un diminuto tanga. Arrugó la frente al pensar que no le atraía para nada.
Solo podía pensar en una persona en esos momentos. En su amado hermano pequeño.
— ¿Puedes conseguirme un coche?—preguntó la chica sacándole de sus pensamientos—Vine en un taxi, pero…
—Si, ahora te consigo otro—cortó Tom en un susurro.
Se estiró y cogió el teléfono que había en una de las mesillas. Marcó el número de recepción y pidió un coche, cuyo gasto cobrarían a la cuenta personal de su habitación.
—Te esperará abajo el tiempo que te haga falta—explicó tras colgar.
—Gracias—contestó la chica ajustándose las medias.
Las subió por sus muslos y las dejó bien puestas. Recogió su top ajustado verde y se lo puso sin apartar los ojos de la persona que tumbada en la cama la observaba sin decir nada.
Terminó de vestirse, y como ya se había despedido de él, y sentido que su beso no era correspondido, se llevó una mano a los labios y lanzó otro al aire.
—Hasta la próxima, Tom Kaulitz—se despidió con una sonrisa.
Abrió la puerta de la habitación y se fue contoneando sus caderas por el pasillo, dejando por fin que el guitarrista recuperara el aliento…pero no la cordura…
Tumbado de espaldas en la cama y llevando solo unos boxers, miraba al techo con los ojos llenos de lágrimas mientras bajaba una mano y se tocaba, sin poder apartar de sus pensamientos a Bill, sin poder evitar sentir ganas de gritar bien alto….”yo también te amo”…
&
Aún no se podía creer lo que acababa de suceder, y menos aún que le tuviera por fin entre sus brazos, dormido plácidamente tras haberle hecho el amor con todo cariño y cuidado.
Tom tenía razón, Bill al final aceptaría que estar a su lado era lo mejor que le podía haber pasado, a pesar del tiempo transcurrido y de los problemas non los que se juntó por el camino.
Le escuchó suspirar y cogiéndole con más fuerza entre sus brazos, le atrajo hacia él y le besó en la frente, dejando los labios puestos, sintiendo la calidez de su suave piel traspasarle y calentarle.
—Bill……—suspiró sonriendo.
Seguía sin creérselo. Nunca se quedaba a dormir tras hacerlo, pero estaba claro que las circunstancias habían cambiado. El que Tom se hubiera enterado de todo de esa manera, y haberle descubierto con el productor en medio de…. Todo eso le había hecho sentirse más hambriento de cariño, y en vista que Tom no se lo daba, cosa que aún no entendía, pues le tocaba a él dárselo con todo su corazón.
Suspiró resignado, ¿qué podía haber pasado entre los dos hermanos para que el menor actuara de esa manera? Buscando el afecto que le faltaba en brazos de sus compañeros, el abrazo tan necesitado en sus propios brazos.
Dejó de pensar cuando el sintió despertar. Le escuchó suspirar en sueños y acomodarse sobre su pecho, luciendo una sonrisa en sus labios que poco a poco se iba ensanchando.
—Dormilón—le llamó sonriendo él también.
Pero su sonrisa murió en sus labios al ver que la suya también cesaba. Le sintió ponerse tenso entre sus brazos y tratar de escapar de ellos. Le soltó y se incorporó mientras le veía huir de su lado.
—Se me ha hecho tarde—murmuró Bill recogiendo sus ropas.
Se vistió dándole la espalda, no quería que fuera testigo de sus lágrimas, hacerle más daño con su dolor. Cuando despertó estaba soñando con Tom, y al sentirse tan bien en esos brazos sonrió pensando que el sueño se había hecho realidad.
Pero al escuchar su voz, todo se rompió. El sueño, la promesa hecha a Tom. No podía sacarle de su cabeza, y menos de su corazón. Solo aprender a vivir con el dolor, tratando de no dañar a los demás.
— ¿Has dormido bien?—preguntó Gustav procurando no sonar dolido.
Se mordió los labios mientras se ponía los pantalones y pensaba. ¿Qué le podía decir? ¿Qué durmió bien porque se imaginó que estaba en los brazos de su propio hermano?
Decidió mentirle, solo por su bien. No hacerle más daño, con uno de los dos que sufriera ya era suficiente.
—Si—contestó en un susurro,
Recogió la camiseta y se la puso. Solo entonces se giró y logró mirarle a los ojos sin que los suyos se les llenasen de lágrimas.
—Gracias por lo de esta noche. Necesitaba sentirme querido…
—Sabes que yo siempre te querré—aseguró Gustav con firmeza.
—Lo sé—susurró Bill.
Terminó de calzarse y cogiendo la cazadora que tiró en la puerta salió de la habitación sin volver la vista atrás. Sí, siempre le querría, tanto como él a Tom. Un amor no correspondido….
.
Bajó a desayunar tras darse una larga ducha. Necesitaba despejarse y sacarse a Bill de la cabeza, más aún tras su tremendo fracaso. Ocupó una de las mesas del vacío comedor, esperando que alguno de sus compañeros bajase a hacerle compañía.
Su relación con ellos se había enfriado tras haber descubierto el secreto de su hermano, pero por el bien del grupo y porque no le gustaba llevarse mal con los que habían sido más que unos compañeros desde que eran pequeños, decidió tratar de olvidar el pasado y volver a confiar en ellos. Se habían convertido en su segunda familia, y les tocaba pasar mucho tiempo juntos.
Estaba tomándose su café cuando vio a Gustav parado en la puerta. Le hizo una señal con la mano y mientras le veía acercarse pudo sentir el dolor que emanaba de su amigo, y la tristeza que brillaba en sus ojos.
Esperó a que se sentase a su lado y tras servirse su desayuno se decidió a preguntarle el porqué de su estado.
—Bill—respondió Gustav sin dar más explicaciones.
—Dale más tiempo—pidió Tom, odiándose a sí mismo.
“Eso, que le dé más tiempo y logre olvidarse de mi cuando yo no puedo sacármelo de la cabeza….eres un genio, Tom” —se riñó con ironía.
—Ya no hace falta, anoche vino a mi habitación—explicó Gustav en voz baja.
— ¿Ah, sí?—logró Tom susurrar.
—Sí, pero sé que no le hice feliz—contestó Gustav dolido—Aún hay algo que se lo impide, que hace que la sonrisa de sus labios sea solo una mueca.
—Lo siento mucho—dijo Tom conteniendo su sonrisa, y odiándose por eso.
Alegrarse de la desgracia de su amigo, sonreír porque Bill no le había olvidado.
— ¿Qué hay entre vosotros?—preguntó de repente Gustav.
Casi se atragantó con el café. Dejó la taza en la mesa y se pasó una servilleta por los labios que se mordía con fuerza. ¿Le habría contado algo Bill? Fijo que tras haberle visto marcharse con la chica la noche anterior, porque sabía con toda certeza que le vio, necesitara desahogarse y puede que le contara a Gustav todos sus males, el origen de sus problemas: el amor hacia su hermano.
Cogió aire y se preparó para responderle, pero se calló cuando Gustav se le adelantó.
—Sé que no es la primera vez que os peleáis por algo, pero ¿por qué no hacéis las paces de una vez?—casi le suplicó—Bill lo está pasando realmente mal, hasta el punto de haber llegado a hacer eso con todos nosotros. Tú le niegas tu cariño y apoyo, y con lo frágil que es, pues lo ha buscado en los brazos de otro.
Se quedó callado escuchando a su amigo. Había acertado en todo. No había apoyado a Bill, le había obligado a olvidarle de la noche a la mañana, sin ayudarle en nada ni consolarle cuando lo necesitaba.
Y si, Bill era la persona más frágil que había conocido. Podía resquebrajarse como un cristal con solo echar el aliento en él. Suspiró sonriendo ante ese pensamiento. Echar su aliento sobre los labios de su hermano…
— ¿Y qué vas a hacer?—interrumpió Gustav sus pensamientos.
—Lo que tuve que hacer desde el primer momento—contestó Tom levantándose.
— ¿Harás las paces?—preguntó Gustav emocionado.
Si ya no estaban enfadados, tal vez el cantante podría entregarse a él sin ningún rastro de tristeza, y los dos serían felices para siempre.
—Algo parecido—contestó Tom guiñándole un ojo.
Echó a correr por el comedor, subiendo por las escaleras los 4 pisos que le separaban de la persona que tanto amaba. Casi sin aliento, llamó a la puerta de la habitación de Bill, esperando inclinado mientras respiraba con esfuerzo.
La puerta se abrió y el cantante le mira extrañado.
— ¿Te pasa algo?—preguntó Bill preocupado.
Se incorporó y le miró con firmeza a los ojos. Se puso serio y entró en la habitación, obligándole a retroceder con el miedo reflejado en la cara.
—Tú eres lo que me pasa—dijo Tom cerrando tras de sí la puerta.
Dio un paso en su dirección, tratando de no sonreír al verle huir de él. Siguió avanzando hasta que logró lo que se proponía, que tropezara con la cama y cayera de espaldas en ella.
Se puso entre sus piernas y se inclinó sobre él sin dejar de fijarse en esos labios que temblaban emocionados. Decidió dejar de hacerle sufrir, ya llevaba mucho tiempo haciéndolo.
Se tumbó encima de él y sin darle tiempo a reaccionar, ni a él mismo a recapacitar, mandó a la mierda todos los sentimientos contradictorios que le imploraban que no lo hiciera porque su amor no podía ser y se apoderó de los labios de su hermano.
Comenzó a besarle con suavidad, levantando las manos hacia su rostro, recorriéndoselo con la yema de los dedos como si hiciera mucho tiempo que no le viera y no le reconociera.
Porque así había sido. Había estado ciego todo ese tiempo, no ver que estaba sufriendo por él en silencio, que le necesitaba más que el aire que respiraba.
Le besó porque él también le amaba, porque quería recuperar al hermano dulce que siempre fue y que por su culpa había pasado solo por ese calvario.
Con el miedo a abrir los ojos y despertar de ese bonito sueño, Bill se dejaba besar mientras las lágrimas le bañaban el rostro que le acariciaba Tom con tanta suavidad. No podía creerse que estuviera pasando, que de verdad le estuviera besando. No podía creerse que al final fuera a ser feliz.
No pudo evitar sollozar contra sus labios, que fueron acariciados por esa lengua que los hacía temblar más todavía. Como todo su cuerpo, recorrido por miles de escalofríos bajo el suyo, tratando de levantar las manos para abrazarle bien fuerte para que no escapase, pero que por los nervios no podía.
Tom lo sintió y muy a su pesar interrumpió el beso y se apoyó en el colchón con las manos para ver ese rostro emocionado. Esperó con paciencia a que se recuperase de la impresión, que cesase el llanto y pudiera mirarle para poder disculparse.
Pero Bill solo pudo cubrirse la cara con ambas manos y romper a llorar con más fuerza. Rodó en la cama y se quedó de costado, encogiéndose todo lo que pudo mientras su cuerpo era sacudido por los sollozos.
Maldiciéndose por lo bajo, Tom se levantó de la cama y se le quedó de pies observando. ¿Se había equivocado? ¿Había llegado tarde? ¿Ya le había olvidado?
Rodeó la cama y se puso de rodillas. Levantó una mano y le acarició con suavidad el pelo mientras susurraba que por favor dejase de llorar.
—Bill, lo siento—susurró de nuevo.
Bill logró dejar de llorar, descubrirse la cara y mirar a Tom con los ojos llenos de lágrimas. Un ligero hipo le recorría el cuerpo y le impedía hablar. Quería decirle que no tenía nada que perdonarle, que era él quien no le podía olvidar y merecía su perdón.
Pero Tom lo vio en sus ojos y negó con la cabeza mientras lograba esbozar una amplia sonrisa.
—No me olvides nunca, por favor—le suplicó.
Eso le hizo soltar un profundo sollozo, que se incorporase y con los labios temblorosos le besase en los suyos, esa vez sin cerrar los ojos. Le atrajo hacia él y le hizo un hueco en la cama, y otro más en su ya no triste corazón.
Tom se echó a su lado y le dejó besarle, ahora le tocaba a él. Como también recorrerle la cara con sus temblorosas manos. Le atrajo a sus brazos y le abrazó bien fuerte mientras el beso cesaba.
Suspirando porque se había acabado, Bill enterró la cara en la curva de su cuello, besando esa vena que sentía palpitar con fuerza.
—Recuerda la promesa que me hiciste—dijo Tom de repente.
El cantante se puso tenso en sus brazos. ¿A qué promesa se refería? ¿A la de olvidarle? ¿Cómo hacerlo tras ese magnífico beso? ¿Tras descansar entre sus brazos medio desfallecido?
—Cuando éramos pequeños—explicó Tom tratando de calmarlo—Me prometiste ser siempre feliz, no dejar que nadie te hiciera llorar. Prometiste que siempre habría en tu corazón un hueco para mí.
—Y siempre lo habrá—logró decir entre hipos Bill.
—Y yo te prometí estar siempre a tu lado, no darte nunca la espalda y mi incondicional apoyo—siguió diciendo Tom—Y ya ves lo bien que he cumplido mi promesa…
—Pues hagamos una nueva—dijo Bill más animado.
Se incorporó y se recostó poniendo una mano sobre su pecho, mirándole fijamente a los ojos.
—Yo, Bill Kaulitz prometo no olvidarme jamás de mi hermano, tenerle siempre en mi corazón y no volver a defraudarle—susurró con firmeza.
Tom se aclaró la garganta. Era su turno, renovar esas promesas que se hicieron cuando apenas contaban con 7 años y sus padres se divorciaron. Era una época en la que necesitaban estar muy unidos, apoyarse y consolarse tras lo pasado.
Y lo que comenzó como un juego entre ellos, con el tiempo de volvió más serio. Bill dejó de ser feliz, dejó que él le hiciera llorar, y hacerle creer que jamás podría estar en su corazón de otra manera si no era amándole.
—Prometo estar a tu lado cuando más falta te haga, a no darte nunca la espalda…a sacarte de esta vida que has llevado—prometió poniendo la mano en su pecho sobre la suya—Prometo amarte porque ese es mi sueño.
Tragando las lágrimas que acudían a su garganta, Bill asintió emocionado y selló los labios de Tom con los suyos, sellando así sus promesas.
.
Se quedaron remoloneando en la cama unos minutos más, besándose sin parar, mirándose a los ojos con el aliento entre cortado, sin fuerzas para hablar. Pero sus ojos lo decían todo, en ellos brilla la felicidad, al amor que siempre sintieron el uno por el otro.
Decidieron bajar a desayunar, a pesar de la hora que era. Se habían retrasado y fijo que en el comedor ya no quedaba nadie. Se levantaron de la cama y sin soltarse de las manos salieron de la habitación.
Una vez en el hall se separaron pero no mucho. Entraron en el comedor, viendo que sus amigos seguían desayunando en el. Se sentaron sin decir nada y mientras que Tom se servía otro café en vista que el primero se le enfrió, Bill cogió una tostada para untarla con mantequilla.
Alargó la mano hacia ella, pero Gustav se le adelantó y se la acercó. La cogió sin mirarle, pero sintió como le rozaba la punta de los dedos con los suyos y alzó la mirada extrañado, luciendo una gran sonrisa en los labios.
Gustav la vio y se la devolvió. Pero el cantante la borró de inmediato. Tenía que llevárselo a aparte y tratar de explicarle que lo suyo nunca podría ser, y que ya era feliz, aunque sin mencionarle el motivo.
A la media hora se les unió el productor, informándoles de que el trabajo se terminó y regresaban a casa. Tendrían unos días libres hasta el próximo concierto, lo que fueron festejados con risas y aplausos por todos, cantante incluido.
David le miró extrañado, era la primera vez que le veía festejar algo que no fuera estar en sus brazos, algo que ya nunca más sucedería. Había sido avisado por los demás productores, si no los cuidaba mejor, ya se podía dar por despedido.
.
Subieron a terminar de recoger sus cosas y en menos de una hora se encontraban de nuevo en el autobús, camino del apartamento. Los hermanos estaban sentados muy juntos, hablando en voz baja. Hacían planes para esos días, se les antojaba escaparse a una playa desierta para amarse sin ser molestados.
Un suspiro atrajo la atención del cantante. Logró apartar los ojos de los de Tom y los fijó en los del batería, sentado unas butacas más allá sin apartar la mirada.
Se volvió hacia Tom y le miró suspirando. Él también había visto la triste expresión que llevaba su amigo.
—Ve con él—dijo Tom sin más.
—Tengo que disculparme, y agradecerle todo el cariño que me ha dado—susurró Bill en voz baja.
Tom asintió y soltó su mano, que bajo la mesa se la cogió y acarició. Le vio levantarse y caminar hacia el batería suspirando. Consciente de que sobraba, se levantó también y se subió a acostar un rato, con la certeza de que Bill subiría a hacerle compañía cuando terminase esa conversación pendiente.
.
—Gustav—llamó Bill sentándose a su lado.
—Ya veo que habéis hecho las paces—dijo Gustav tratando de sonar fuerte.
—Si—asintió Bill sonriendo.
—Y también veo que ya eres feliz, que tu sonrisa ha vuelto…y sigue siendo muy bella…—no pudo evitar decir Gustav.
—Oye Gustav, yo…
—No, no digas nada—cortó Gustav levantando una mano—Sé que lo nuestro no puede ser. Yo nunca te haría tan feliz, como lo hace Tom. Pero recuerda lo que te dije.
Asintió suspirando, y tras ver que se encontraban a solas, pues el productor estaba sentado en la cabina con el chófer, Tom les había dejado hablar a solas y su compañero se encontraba en el baño, se inclinó sobre su amigo y le besó dulcemente en la mejilla.
—El mejor amigo que jamás pueda tener—susurró Bill tras el beso.
Le apretó la mano con cariño y se levantó para reunirse con Tom, sin dejar de recordar lo que le dijo el batería, sin saberlo, a modo de despedida.
“Siempre te querré”
.
Subió las escaleras y se asomó a la cama de Tom. Se había quedado dormido esperándole. Se descalzó y se tumbó a su lado, corriendo la cortina para tener algo más de intimidad. Sus compañeros sabían que antes de estar enfadados, compartían la cama siempre que podían, así que no les parecería raro.
Se acomodó a su lado, levantando una mano con la que le rozó los labios, sonriendo cuando Tom le besó la punta de los dedos.
—Estás despierto—dijo Bill sonriendo.
—Te estaba esperando—contestó Tom poniéndose de costado—No has tardado, ¿todo bien?
—No, pero pronto lo estará—contestó Bill con pesar—Solo necesita olvidar.
—No es fácil, para ti no lo fue—dijo Tom atrayéndole a sus brazos.
—Lo sé—susurró Bill contra su cuello.
Se acomodó sobre su pecho y cerró los ojos suspirando, pensando en todas las tonterías que había hecho por el amor de su hermano.
Tom le leyó el pensamiento y le besó en la frente. Bill tenía que olvidar el pasado, vivir el presente. Saber que nunca más le iba a dar la espalda, que le amaría hasta la eternidad porque se lo había prometido.
Y él siempre cumplía sus promesas.
F I N
Gracias por la visita.
Me encantan las historias de lyra gracias 🥰🥰🥰☺️