Fic Slash de lyra
Capítulo 2: Me has fallado
Se quedó en su sitio viendo marchar a Bill, mordiéndose los labios cuando le escuchó sollozar y decirle que era tarde para sus disculpas. ¿De qué estaba hablando?
Que él supiera, no le había hecho nada para no merecer su perdón. Se portaba como lo que era, el mejor hermano que podría tener. ¿O acaso no se preocupaba siempre de si estaba bien o mal? ¿De que no cogiera fría en tantos viajes que hacían de noche? ¿De que comiera? ¿De animarle cuando le veía triste? ¿Qué más quería que hiciera?
Decidió que esa noche iba averiguar el porqué de su estado, aunque tuviera que pasarse toda la noche sin dormir hablando y hablando.
Se sentó de nuevo en el sofá a esperar a que les dejaran marchar al hotel, a que Bill se dignara a hablar con él.
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—Has sido maravilloso—dijo Georg con un suspiro.
Abrochándose de nuevo los pantalones observó como el cantante se lavaba las manos en el lavabo dándole la espalda. Sabía que nunca quería hablar tras hacerlo, ni mirarle siquiera, así que abrió la puerta del baño y tras comprobar que no había nadie por el pasillo salió.
Una vez a solas, Bill cerró de nuevo la puerta y dio rienda suelta a las lágrimas que una vez más hicieron acto de presencia. Cogió agua con las manos y se enjuagó la boca. Se sentía mal cada vez que pasaba por eso, tratar de calmar su corazón hambriento con lo primero que se ponía a su alcance.
Se odiaba por hacerlo, pero no veía otra salida y sus compañeros eran discretos. Sabía que nunca dirían nada, y menos a Tom, conociéndole tan bien como lo hacían.
Cogió una toallita de papel y se secó, procurando no mirarse al espejo. No quería verse en esos momentos, con los labios ligeramente hinchados tras lo ocurrido. Pero no lo pudo evitar y alzó la mirada, encontrándose con sus ojos, pensando que fuera había otros iguales que no le miraban de la manera que él desea.
Sacudió la cabeza y tirando la toallita al suelo decidió salir del baño y enfrentarse a Tom con la cabeza bien alta, que no viera en sus ojos el miedo que le daba que se enterara de su secreto.
Que era gay. Que se lo montaba con la mitad del grupo porque él no le hacía todo el caso que debería.
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—Está todo preparado, solo falta Bill….
—Estoy aquí—dijo entrando por la puerta.
David se giró y le sonrió.
—Pues nos vamos entonces—dijo cogiendo el móvil.
Los chicos se pusieron en marcha y caminaron tras el productor con paso cansino, incluso el cantante, cuya energía le había abandonado en el momento en que Tom le rozó los labios con su cálido aliento.
—Bill, me gustaría hablar contigo un momento—dijo Tom andando a su lado.
—No—murmuró Bill con frialdad.
—Espera—suplicó Tom cogiéndole del brazo.
— ¡He dicho que no!—gritó Bill soltándose.
— ¿Qué pasa aquí?—preguntó Tom al aire.
Vio cómo Bill caminaba sin volverse, como se metía las manos en los bolsillos como si estuviera enfadado por algo.
—Déjale Tom—murmuró Gustav al pasar por su lado.
— ¿Qué lo deje? ¡Es mi hermano!—exclamó Tom enojado.
—Por eso mismo—contestó Georg por su amigo,
Se quedó parado sin comprender. Solo logró entender que había algo suyo que le molestaba a Bill y parecía que lo sabía el grupo menos él. En esos momentos estaba decidido más que antes a averiguar lo que le pasa a su hermano, y si él no quería hablar, se lo preguntaría a sus amigos. Se lo sacaría a la fuerza si fuera necesario.
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Entraron en el ascensor sin hablar entre ellos. Durante el corto trayecto en coche desde la sala en la que tuvo lugar el concierto nadie dijo nada, menos al ver que los hermanos no se dirigían la mirada. Cada vez que discutían se dejaban de hablar hasta que lo solucionaban, y si alguien se metía o trataba de poner paz, salía escarmentado.
Dando la espalda a Tom, Bill se miró en el espejo mientras se alisaba el pelo con los dedos, mirando a través de sus gafas oscuras, viéndolo todo como si una sombra negra lo cubriera, la misma que sentía cernirse sobre su cuerpo.
El sonido del móvil de Tom le sacó de sus pensamientos, y arrugó la frente como si ese sonido le levantara dolor de cabeza.
Antes de que sonase más en mitad de ese gran silencio, Tom se dispuso a contestar, sonriendo al reconocer el número.
—Hola preciosa—saludó sonriendo.
Los demás le miraron sin poder evitar imitarle. Todos menos Bill, quien agachó la mirada sin volverse, sin poder evitar escuchar la conversación con el corazón encogido en un puño.
—Nos vemos en media hora—dijo Tom antes de colgar.
— ¿Una cita?—preguntó Gustav sonriendo ampliamente.
Tom asintió y le tocó el hombro a Bill, quien se volvió como si le hubiera picado con algo.
—Perdona—se disculpó en vano.
— ¿Qué quieres?—preguntó Bill con frialdad.
—Bueno, aquí no te lo quiero pedir—susurró Tom avergonzado.
—Entonces, ¿para qué me tocas?—peguntó Bill de nuevo enfadado.
—Joder, no se puede hablar contigo—contestó Tom de igual manera.
Llegaron a su piso y las puertas se abrieron, viendo como el cantante salía el primero atropellando a los demás por al camino, pero no lo bastante rápido, pues en dos zancadas fue alcanzado por su hermano.
—Tengo que pedirte algo—dijo Tom olvidando el anterior enfado.
Se paró en mitad del pasillo y se le quedó mirando de brazos cruzados sin camuflar su enfado.
—Habla—siseó Bill resoplando.
Tras mirar a sus amigos que estaban a escasos pasos, cogió aire y se encaró con Bill.
—Necesito un par de preservativos—pidió Tom en voz baja—Y sé que llevas en tu neceser, aunque no sé para qué.
— ¿Has registrado mis cosas? ¿Qué te da ese derecho?—gritó Bill sin importarle atraer las miradas de sus compañeros.
—Se te cayeron y los vi… ¿me vas a dar uno o no? —insistió Tom.
—No—contestó Bill girándose.
Se quedó con la boca abierta viendo como Bill entraba en su habitación y cerraba la puerta con un sonoro portazo.
—Yo te presto—ofreció Georg sonriendo, mostrando que se había enterado de toda la conversación.
—Gracias, no sé qué haría sin vosotros—dijo Tom resoplando.
Georg y Gustav intercambiaron una mirada cómplice llena de dolor. Si no fuera por ellos, Bill no pasaría por lo que estaba pasando. Si ellos no estuvieran cuando más necesitaba el cariño de alguien, sentirse querido cuando le habían rechazado, no se sentirían tan mal consigo mismo.
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Tras coger los envoltorios que su amigo le ofreció, Tom se lo guardó en la cartera y corrió a su habitación para cambiarse de camisetas. Una vez ante el espejo eligió una negra que se puso con cuidado de no despeinar su coleta, sonriendo satisfecho ante el resultado.
El sonido de una llamada en su puerta le hizo salir corriendo a ver quién era mientras miraba la hora en su móvil. Le quedaban menos de dos minutos para bajar a recepción y reunirse con esa adorable chica que conoció hacía solo dos noches.
—Eres tú—dijo asombrado al ver parado ante el umbral a su hermano.
— ¿Puedo pasar?—pidió Bill en un tono normal.
—Claro—contestó Tom sin pensárselo dos veces.
Abrió más la puerta y una vez que entró la cerró sin dejar de mirar el móvil. Antes su principal preocupación era averiguar lo que le pasaba a Bill, en esos momentos era deshacerse de él lo más rápido posible para reunirse con la chica que le esperaba en recepción.
— ¿Vas a salir?—preguntó Bill al verle cambiado de ropa.
—Sí, he quedado—contestó Tom pasado a su lado.
Se puso ante el espejo de nuevo y se colocó la gorra que se quitó cuando se cambió de camiseta.
— ¿Querías algo?—preguntó a través del espejo.
Se había fijado en que Bill no le quitaba la vista de encima, y eso le había hecho sentirse incómodo, molesto al ser el centro de la atención de su hermano, más al ver la triste expresión de su cara, el dolor que en sus ojos se asomaba.
—Venía a darte esto—susurró Bill desviando la mirada avergonzado.
Se giró tras ponerse la gorra y vio lo que le tendía Bill, molesto porque no se lo hubiera dado cuando se lo pidió y le hubiera hecho recurrir a sus amigos en una situación así.
—Ya no lo necesito, gracias—murmuró Tom de mala manera.
— ¿No? ¿Es que lo vas a hacer sin…?—preguntó Bill asustado.
—No es asunto tuyo con quien lo haga y cómo, solo te diré que me has fallado cuando te necesitaba—acusó Tom sin mirarle.
Con los preservativos aún entre sus dedos, Bill le vio coger su cazadora y ponérsela mientras abría la puerta y salía de la habitación, dejándole solo y roto de dolor.
Se mordió los labios para no ponerse a gritar desesperado. Solo quiso hacer las paces con Tom, al ver que se había puesto celoso y lo pagó gritándole sin que supiera el porqué.
Sintió que le faltaba el aire, que necesitaba en esos momentos un abrazo…sentirse querido y necesitado por alguien.
Salió de la habitación de y se dirigió a la que le caía más cerca, sin fuerzas para dar un paso más.
—Bill—saludó Gustav abriendo la puerta.
Pasó sin decir nada mientras se iba desnudando por el camino tragándose las lágrimas que querían salir, dejándolas en el fondo de su cuerpo, junto con esos sentimientos que jamás verían la luz y que le oprimían con fuerza el pecho.
Continúa…
Gracias por la visita.
Pobre mi bebe como sufre 😪🤧😪😪😪amor no correspondido 😭🤧