Fic Slash de lyra
Capítulo 4: Ya es tarde
De pie parado en mitad del pasillo se mordía los labios pensativo. ¿Bill saliendo descalzo de una habitación que no era la suya?
Se acercó a la puerta y leyó el número.
“¡La habitación de Gustav!”—suspiró aliviado.
Sabía que últimamente él y Bill pasaban mucho tiempo juntos, lo que le había dado hasta un poco de envidia, pero era lógico teniendo en cuenta que últimamente estaba raro y discutía con él muy a menudo.
Como esa misma noche, tras su estúpido comportamiento, por tratarle de esa cruel manera. Segura que Bill quería desahogarse con alguien y quien mejor que con su compañero de grupo.
Sonrió al imaginárselos sentados hablando seriamente, a Gustav consolando a su hermano porque un idiota le había tratado muy mal. Era una suerte poder contar con un amigo en esas ocasiones, un hombro sobre el que llorar…
Y sin duda Gustav era el más apropiado. No se lo imaginaba hablando con Georg…siempre estaba de broma y nunca podías hablar de nada en serio con él.
Pero Gustav era distinto. Le había pillado en varias ocasiones mirando a Bill detenidamente, más cuando habían discutido por alguna tontería, como si supiera que iba a ir después a contárselo…a desahogarse con él.
Suspiró y se alejó de la puerta, caminando hacia su habitación que estaba al final del pasillo, pensando en dejar para el día siguiente esa con versación que tenía pendiente con Bill…y una merecida disculpa.
Tenía que intentar llevarse mejor con él, no hacerle enfadar tanto. Porque eso era lo que parecía. Él no era consciente de ello, pero casi todo lo que hacía o decía parecía molestar a su hermano…pero él siempre se enojaba con facilidad…
Entró en su habitación y se desnudó bostezando. Se quedó en boxers y así se acostó en su cama cerrando los ojos, tratando de no pensar en el duro día de trabajo que le esperaba…sesión de fotos, una entrevista,…más fotos….
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Tras terminar de lavar su cuerpo, salió tiritando de la ducha y se ajustó una toalla a su cintura, tapando esa desnudez que tanto le incomodaba, pues pensaba que siendo gemelos eran iguales hasta en el más íntimo detalle.
Cogió otra toalla y se frotó el pelo con vigor, ahogando los sollozos que se le escapaban de los labios sin poderlos contener. Nunca podía evitar llorar después de hacerlo, de dejar que otros disfrutaran de su cuerpo ya que Tom nunca lo haría.
Salió del baño dejando caer ambas toallas al suelo, metiéndose bajo las sábanas sin ponerse nada. Se sentía muy mal, como si estuviera enfermo. Solo deseaba cerrar los ojos y caer en un profundo sueño.
Pero sus ruegos no fueron escuchados y a pesar del cansancio dio vueltas en la cama sin poder cerrar los ojos, porque cada vez que lo intentaba veía la imagen de Tom flotar en el aire, como se estaba arreglando para esa cita que tenía con una chica, mientras que él le observaba ante el espejo, con el dolor asomado a sus ojos porque para él nunca haría eso.
Ponerse guapo….más si se podía…
Estaba a punto de amanecer cuando consiguió cerrar los ojos y quedarse dormido al menos por unas cuantas horas…las suficientes para no ver la soledad en la que se encontraba…
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— ¿Qué tal anoche?—preguntó Georg con una amplia sonrisa.
Sentado a su lado, Tom solo se encogió de hombros como respuesta, tratando de desayunar aunque sin muchas ganas. Se concentraba en su café, pensando que jamás les diría a sus compañeros que la maravillosa cita terminó una escasa media hora después porque él se rajó. Se reirían de él, por haber dejado de ser ese machote que tanto presumía ser.
— ¿Dónde está Bill?—preguntó David acercándose a su mesa.
Tom levantó la cabeza y miró por el comedor, viendo que su hermano no aparecía por ningún lado.
—Seguirá durmiendo—contestó Gustav por el guitarrista.
—Que se dé prisa, nos vamos en una hora—avisó David antes de dejarles solos.
—Subiré a despertarle—se ofreció Gustav levantándose.
—No, deja, que ya voy yo—cortó Tom.
Cogió un par de tostadas y las envolvió en una servilleta para que al menos comiera algo, sabiendo que en cuanto viera que no le daba tiempo a arreglarse pasaría del desayuno y se pondría con su pelo.
Llegó a su habitación y llamó a la puerta, pero no obtuvo ninguna respuesta. Pensando que estaría en el baño y lo más seguro que duchándose, decidió esperar 10 minutos.
Transcurrido el tiempo, levantó la mano y llamó de nuevo, pero con igual resultado. Resopló y sacó el móvil, marcando su número de memoria.
—Dime…—le contestó la voz adormilada de Bill.
—Te digo….se te ha hecho tarde, ábreme, que te he subido el desayuno—dijo Tom sonriendo.
Escuchó como gruñía y le colgó sin responderle. A los pocos segundos la puerta se abrió y entró en la habitación, encontrándose a Bill envuelto en las sábanas y en mal estado.
—Bill…vaya cara…—no pudo evitar decir.
Pero Bill no le contestó. Regresó a la cama y se tumbó de nuevo en ella haciéndose un ovillo y gimiendo por lo bajo.
Dejó en la mesilla lo que le había subido y se sentó en la cama, poniendo una mano en su espalda que la sábana ha dejado destapada, notando como se ponía tenso a su contacto. La retiró corriendo y se le quedó mirando, esperando a que hiciera algún comentario sobre su estúpido comportamiento de la noche anterior, pero Bill no separó los labios.
Llevado por un impulso se tumbó a su lado y levantando una mano le retiró el pelo que caído sobre su cara le impedía verlo. Pero ni por esas abría su hermano los ojos.
— ¿Puedes mirarme, por favor?—pidió resignado.
Lentamente separó sus párpados y logró enfocar la vista en la persona que tanto daño le hacía sin ser consciente de ello.
—Quiero disculparme por lo que pasó anoche, no debí tratarte de esa manera—se disculpó Tom de todo corazón.
—Déjalo, ya no importa—murmuró Bill cerrando los ojos de nuevo.
¡Ahora se disculpaba! Cuando el mal ya estaba hecho, cuando ya no había marcha atrás.
—A mí sí me importa—insistió Tom seriamente cogiéndole del brazo.
Pero Bill se soltó y se levantó de la cama enojado, sujetando mejor la sábana bajo la cual tapa su desnudez de los ojos de su hermano.
—Claro, para ti es muy importante que te perdone, así te puedes sentir bien contigo mismo, darte palmaditas en la espalda por actuar como un buen hermano—estalló Bill sin poder evitarlo.
— ¿Se puede saber qué demonios te pasa?—preguntó Tom levantándose de la cama.
Vio cómo Bill se frotaba la frente con dos dedos y suspiraba molesto.
—He pasado mala noche, no he dormido nada…voy a vestirme. Vete, por favor—pidió Bill sin volverse.
Pero Tom no le obedeció. En vez de irse, lo que hizo es correr a su lado y abrazarle muy fuerte. Vio con alivio que no le rechazaba, que se recostaba en su pecho suspirando de nuevo.
—Déjame ayudarte…cuéntame que es lo que te pasa—suplicó besándole la frente.
Pero solo consiguió que Bill gruñera y tratara de soltarse, apoyando las manos en su pecho y empujando hacia atrás.
—Suéltame, por favor—suplicó a punto de llorar.
—No, te quiero ayudar—insistió Tom cogiéndole con fuerza por la cintura.
— ¿Es que no ves que no hay nada que puedas hacer?—rompió a llorar Bill—Ya es muy tarde para disculparte….para este abrazo…
— ¿Cómo? —dijo Tom confuso—No entiendo….
— ¡Eres un imbécil!—gritó Bill dándole un codazo en las costillas.
Eso le pilló desprevenido, cortándole la respiración por unos segundos, que aprovechó Bill para escabullirse de sus brazos y encerrarse en el baño, perdiendo la sábana por el camino.
Cayó de rodillas al suelo, apretando su dolorido estómago con una mano, jadeando, intentando respirar con normalidad de nuevo.
¿Tarde para disculparse? ¿Para un abrazo?
¡Cada día entendía menos a su hermano!
Continúa…
Gracias por la visita.