Promesas rotas 7

Fic Slash de lyra

Capítulo 7: Remordimientos

Tras despedirse de los productores con los que estaba hablando, David siguió al cantante sin dejar de sonreír por el camino, imaginándose cuales eran sus intenciones y poniéndose duro solo de pensar en nuevas maneras en las que gozar entre sus piernas.

—Bill, estaba muy ocupado—riñó David sin perder a sonrisa.

—Te…necesito…—logró decir Bill ahogando un sollozo.

David solo asintió y le cogió del codo, llevándole por entre la gente, llegando al baño y encerrándose dentro con el cantante. Sin soltarle le empujó contra la pared y comenzó a desnudarle de cintura para abajo mientras se pasaba la lengua por los labios.

—Te gustó tanto la primera vez que has vuelto a por más, ¿eh?—logró preguntar David entre jadeos.

—Cállate—susurró Bill cerrando los ojos.

No quería oír salir de sus labios la maldita verdad, que disfrutó en sus brazos…que disfrutó que le hiciera daño…pero en esos momentos se sentía tan inseguro, que le daba igual el dolor…solo buscaba placer.

Se mordió los labios cuando le sintió bajarle los pantalones, arrastrando con ellos su ropa interior, obligándole a inclinarse con las piernas separadas y apoyarse en la pared con las dos manos mientras que él se bajaba la cremallera de los suyos y sacaba su erección al aire.

Sin perder en ningún momento la sonrisa de los labios, David se lamió una mano con avidez para pasarla por su erección a modo de lubricante. Luego la pasó por la entrada del cantante y alzando sus caderas con ambas manos comenzó a penetrarle sin ninguna clase de suavidad, arrancándole un pequeño grito de dolor.

Pero lo ignoró encogiéndose de hombros y siguió avanzando por su cuerpo, que comenzó a temblar bajo sus manos de remordimiento.

Ahogando los sollozos Bill le sintió avanzar por su cuerpo de tan brusca manera, como comenzaba a embestirle con violencia mientras resoplaba a la altura de su cuello, dejando en él su cálido aliento.

Sintió que le bajaban las lágrimas, pero no hizo nada para secárselas. Lo quería así, sentir un dolor físico tan parecido al que le hacía Tom con sus actos, con cada palabra que salía de sus labios.

.

Contuvo el aliento cuando notó que le clava los dedos en la piel, señal de que ya iba a terminar, y con una fuerte embestida le sintió derramarse dentro de él mientras se acercaba a su oído y gemía de placer.

David salió de su cuerpo sin decir nada, soltando sus caderas para recomponer sus ropas y recuperar el aliento perdido mientras que el cantante hacía lo mismo aún de cara a la pared.

—No has usado nada—le recriminó Bill en voz baja.

No pudo evitar reírse en voz alta y poniéndole una mano en la espalda le hizo girar y mirarle de frente con ojos asustados.

—Bill…Bill…yo solo lo hago sin nada contigo, no tienes nada que temer—dijo David sonriendo ampliamente—Pero tú…

Dejó la frase en el aire, no hacía falta decir que lo sabía. Que desde hacía tiempo buscaba consuelo en sus compañeros, que no podía recurrir a su hermano sin sentirse sucio y usado.

Le soltó y cogiendo una toallita de papel que había al lado del lavabo se la tendió sin mirarle.

—Límpiate la cara, estás hecho un desastre—le ordenó con voz dura.

Y tras decir esas palabras abrió la puerta del baño y salió, dejando al cantante solo con su humillación.

Cerrando la puerta por dentro de nuevo, se tragó las lágrimas que luchaban por salir de su garganta. Se acercó al espejo y se limpió esas lágrimas negras que resbalan por su cara.

Echó un último vistazo a su ropa y cara, no quería que nada le delatase de haber pasado un rato agonizante. Cogió aire y salió del baño como si nada hubiera pasado, regresando al reservado en donde solo estaba ya Gustav, quien le miró preocupado.

—Te vi ir a por David—murmuró con dolor Gustav.

Pero Bill no le contestó. Cogió la cerveza que pidió y no probó y se la tomó de un trago, arrugando la frente cuando la sintió bajar hasta su revuelto estómago.

— ¿Por qué lo haces con él?—preguntó Gustav preocupado.

— ¡Cállate!—ordenó Bill con voz dura—No te atrevas a actuar como si fueras mi hermano.

—Al menos yo me molesto en saber si estás bien o no—saltó Gustav a su vez—No te abandono a pesar de haber visto el dolor en tus ojos…

—Solo lo haces por tu interés, para saber si esta noche me podrás follar una vez más—cortó Bill con dureza.

Dolido por sus palabras, Gustav se levantó y decidió dejarle solo. Lo había malinterpretado todo, la preocupación que sentía por él por sus ganas de hacerle el amor…. ¿no entendía que se había enamorado sin poderlo evitar? ¿Qué no podía vivir sin él?

Viendo como su amigo se iba de su lado, Bill se levantó también y sin poder retenerse lanzó con rabia al suelo la copa que tenía en la mano, ignorando la mirada de las personas que se giraron el escuchar el sonido de los cristales rotos.

Echó a correr, empujando a quien se encontraba en su camino. Salió de la fiesta pero no dejó de correr. Solo se paró cuando sintió que le faltaba el aliento y una arcada le sacudía el cuerpo. Inclinándose con las manos apoyadas en las rodillas comenzó a vomitar sobre el asfalto, manchándose la ropa sin poder evitarlo.

Se limpió la boca con el dorso de la mano. Levantó la cabeza y tras echar un vistazo reconoció el camino de vuelta al hotel y hacia el se dirigió dando tumbos sin parar de sollozar por lo bajito.

&

—No le veo por ningún lado—dijo Tom a sus compañeros.

Vio como Georg solo se encogía de hombros y Gustav se dedicaba a mirar al suelo sin decir nada, como si tuviera miedo a alzar la mirada. Recordando lo unido que últimamente estaba a Bill, le cogió del brazo y le obligó a mirarle.

—Tú sabes algo—se encaró con él.

— ¡Suéltame!—dijo Gustav furioso.

Echó a andar hasta el reservado y se sentó tras pisar los cristales de la copa que dejó caer el malhumorado cantante.

Pero Tom no desistió y le siguió, sentándose a su lado y tomándole de nuevo del brazo.

—Cuéntame que le pasa a Bill…os he visto juntos, te tiene que haber dicho algo—exigió de nuevo.

—Tienes envidia, ¿verdad? —saltó Gustav con rabia—De que no confíe en ti para contarte sus problemas…para decirte que es muy desdichado…

Antes de que pudiera seguir preguntando, David les interrumpió con cara de enfado.

—Tom, me acaban de llamar del hotel. Al parecer tu hermano se ha emborrachado y ha llegado en mal estado. No soy vuestra niñera, hazte cargo de él—ordenó sin más.

Soltó de golpe a Gustav y enseguida salió de la fiesta maldiciendo a David por lo bajo. Era un cretino, al principio le creyeron su amigo pero tras un tiempo vieron que solo se limitaba a hacer su trabajo, que como ya había dejado claro no era ser el canguro de unos adolescentes que se divertían cuando podían.

.

Llegó al hotel al cabo de 15 minutos, en donde fue recibido por el director que llevaba una cara malos amigos.

— ¿Y mi hermano?—preguntó ignorando su enfado.

—El señor Kaulitz descansa ya en su habitación, un botones le acompañó y le dejo acostado en su cama. No toleramos un comportamiento así en nuestro hotel…

—Mensaje captado—cortó Tom enfadado.

Corrió a los ascensores y subió a la planta en donde se encontraban sus habitaciones. Llegó a la de Bill y llamó con insistencia, pero no obtuvo ninguna respuesta.

—Tal vez pueda ayudarle—escuchó una voz a sus espaldas.

Se giró y vio a uno de los botones con una llave electrónica en sus manos. Se apartó de la puerta y dejó que se la abriera. Se lo agradeció entre dientes y la cerró tras de sí, cogiendo aire para enfrentarse a su díscolo hermano.

Se lo encontró tal y como le había dicho el director, tumbado boca abajo en la cama y con las ropas manchadas. Arrugó la frente y se le acercó, poniendo los brazos bajo su cuerpo y alzándolo con suavidad.

Le cogió entre sus brazos y se lo llevó al baño, donde apoyándole en el lavabo abrió el grifo de la ducha y comenzó a desnudarlo sin que en ningún momento su hermano fuera consciente, sin que abriera los ojos y se enfadase por verle.

Le hizo sentarse en el fondo de la bañera y lavó su cuerpo, arrugando la frente al ver unos moratones en sus caderas. Pasó las manos enjabonadas por ellas, viendo bien claro la señal de unos dedos marcados. ¿Le habían pegado?

Dejó de lavarle y le secó con cuidado, volviendo a vestirle con una muda limpia y echándole de nuevo en la cama, en donde le arropó y se quedó mirando cómo se giraba en ella y se acomodaba suspirando.

— ¿Bill?—no pudo evitar llamarle.

Necesitaba saber que le había pasado. Se sentó en la cama y le despejó el pelo de la cara, viendo como le sonreía en sueños.

— ¿Me lo quieres contar?—preguntó esperanzado.

Pero Bill ni se inmutó, solo resopló y continuó dormido…o eso creía hasta que separó sus labios protestando.

—No insistas….Gustav…—murmuró Bill arrastrando las palabras.

¿Gustav? Así que él lo sabía, y no se lo quería decir. Se levantó de la cama y comprobando que le podía dejar solo unos minutos salió al pasillo y se encaminó a la habitación de su amigo.

Pero no llegó a ella, el ascensor se abrió cuando pasó por el y salieron sus compañeros, que se le quedaron mirando sin decir una palabra.

—Ya me los estás contando—se encaró de nuevo con el batería.

— ¿Está bien?—preguntó Gustav ignorando sus palabras.

—No, no lo está. Tiene unas señales en su cuerpo como si….

Dejó de hablar al ver las miradas que intercambiaban entre ellos, como si él fuera el único que ignoraba lo que le pasaba a su hermano.

—Ahora mismo me lo vais a contar, los dos—insistió con voz firme señalando su habitación.

Sus compañeros le siguieron en silencio. Sabían que no tenían otra opción, que no pararía hasta que conociera toda la verdad, por muy dolorosa que fuera.

Continúa…

Gracias por la visita.

por lyra

Escritora del fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!