«Psicología perfecta» de infectedsecret
Capítulo 15
Por Tom
Acomodé la gorra sobre mi cabellera y sonreí observando el reflejo frente al gran espejo.
Acababa de bañarme y alistarme para la fiesta que dará Andreas, mi mejor amigo. Me encontraba acabando por arreglar y/o acomodar cada cosa en mi vestimenta que no estuviese bien colocada en su lugar. Y mi psicólogo, de seguro, se encontraba maquillándose en su habitación. Sí, no me he ido a comprobar ya que hace más de media hora que estoy probándome cada una de mis gorras, intentando encontrar cuál es la indicada para colocarme con la combinación en la vestimenta que traigo el día de hoy.
Hasta el momento, me he colocado una de color negro, ya que mi playera es blanca y mis pantalones, son negros. He intentado utilizar lo más formal de toda mi vestimenta, y creo que lo traigo puesto, es lo ideal. Acomodé una vez más y logré observar a Bill por el reflejo del espejo. Me di la vuelta y sonreí.
– ¿Qué tal estoy? – Preguntó con una sonrisa y yo mordí mi labio inferior. Llevaba unos pantalones oscuros y ajustados, permitiéndole verse algo de todo eso –cosa que no me agradó, en lo absoluto-, una playera ajustada al cuerpo de color blanco con alguno que otro detalle. Unas botas negras que hacían una buena combinación, y su maquillaje se encontraba suave. Lo único: Sus pantalones.
– Tus pantalones son muy ajustados. Revelan lo que me pertenece. – Respondí seriamente, y él sonrió. – Vamos, ¡no me sonrías intentando convencerme! Son demasiado ajustados.
– Todo de mí te pertenece. Además, chiquillo. ¿Quién miraría a un psicólogo mayor afeminado? – Preguntó preocupado y yo alcé mi mano, sonriendo. Él soltó una risita y negó con la cabeza. – ¿Lo ves? Solo tú y nadie más que tú podría hacerlo – De acuerdo, de acuerdo. – Cedí revoleando mis brazos. – Yo solo te aclararé que le moleré el rostro a puñetazos al que note que esté observándote.
– Vamos, Tom. – Se quejó. – He dicho que solo tú puedes verme como algo más. Nadie más podrá hacerlo.
– Bill… tengo un mal presentimiento. – Solté de repente, sintiendo cómo todo comenzaba a pesarme. Bill se acercó rápidamente a mí y permitió que me sostuviese gracias a su cuerpo.
– Siento como si algo malo ocurrirá esta noche.
– Tranquilízate, chiquillo. No ocurrirá nada malo. – Tranquilizó Bill y respiré profundo. -¿Quieres un poco de agua?
– No, no. Estoy bien. – Me enderecé e intenté. Pero por dentro, ese puto presentimiento me carcomía vivo. – Oye, dime. ¿Cómo me veo?
– Sexy y embolsado. – Bromeó él y yo le observé con incredulidad. – Te ves genial, chiquillo. Siempre te verás genial.
– No me tientes, porque acabaré por querer eso y ya es hora de irnos. – Me di la vuelta y observé mi reflejo una vez más. Bill sonrió y se acercó a mi cuerpo, depositando un corto beso sobre la piel de mi cuello.
– Como tú lo desees, chiquillo. – Tocó mi trasero, y luego, me guiñó un ojo. Sonreí sonrojado y me alejé del espejo.
– Oye, aléjame del alcohol. Recuerda, solo bebidas energizantes. – Le aclaré seriamente.
– Sí, chiquillo. Tranquilo que no permitiré que te acerques al alcohol. – Sonrió y tomó las llaves del apartamento. – Además, tú sabes bien que no ingiero alcohol. No me agrada.
– Perfecto. Entonces, el chiquillo se encuentra sano y salvo. – Sonreí y él asintió con la cabeza. – Bien, vamos, entonces.
– Claro. – Tomó el pomo de la puerta de entrada y jaló de él, abriendo paso. Salí del apartamento y un fresco viento de la noche, chocó contra mi rostro. Joder, este puto presentimiento no se fugaba de mí. Que no me calmaría si continuaba allí metido.
– Vamos, chiquillo. – Dijo Bill tomando mi mano, obligándome a que caminara junto a él.
¿Desde cuándo sentía esto en mi pecho? ¿Desde cuándo me sentía tan incómodo solo por una rara reacción? ¿Desde cuándo todo se tornó extraño con tan solo observar a Bill? Oh, maldición. Esto no me hace ninguna gracia.
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– Chiquillo, ¿seguro que te encuentras bien? – Preguntó Bill una vez más, deteniendo el andar de su automóvil. Le observé y fruncí mis labios. – Dime, ¿quieres algo? ¿Necesitas algo?
– No, no. Es solo este presentimiento. – Me quejé intentando dejarle de lado, pero nunca lo logaría. – Es que no me está agradando que me haga sentir tan incómodo solo un estúpido pensamiento.
– ¿Por qué no intentas pensar en otra cosa para quitarte eso de la cabeza? – Preguntó acariciando mi rodilla suavemente.
– No puedo. Se me hace imposible. – Me quejé y alcé mi vista, observándole fijamente. Me acerqué a su rostro lentamente, y sin prisa, fusionamos nuestros labios, dejando unidos nuestros labios por unos segundos.
– Tú solo tranquilízate y no pienses en ello, chiquillo. – Respondió Bill luego de separar nuestros labios. Asentí con mi cabeza e intenté optar por tranquilizarme. Bill abrió la puerta de su lado y abandonó el automóvil. Conté hasta diez y abrí la puerta de mi lado, abandonando yo también el automóvil. Luego de descender del automóvil, cerré la puerta detrás de mí y me coloqué de pie junto a Bill. Tomé su mano y entrelacé nuestros dedos.
– Toooooooooooom. – Dijo alguien a nuestras espaldas, y ambos nos giramos. Andreas se encontraba detrás de nosotros, con una botella de alcohol en su mano y su caminar un poco tambaleante. – Has veniiiido.
– Y aquí vamos con Andreas alcoholizado. – Solté torciendo mi boca y Bill soltó una risita.
Mi mejor amigo se acercó a mí completamente y se colgó de mi cuello, intentando mantenerse en pie. Joder, el aroma a alcohol que su cuerpo emanaba me producía unas asquerosas pero tremendas ganas de vomitar.
– Es grandioso que hayas venido, Toooom. – Soltó duplicando varias veces la única vocal de mi nombre en su abreviatura. – Te estaba esperaaaando, y a Bill también, por supueeesto.
– Sí, Andreas. Te entiendo. Ve a tomar alcohol. – Sonreí dándole unas suaves palmaditas en su espalda. Él sonrió, y tambaleándose un poco, se adentró a su casa. – Hmn, Andreas y el alcohol.
– Parece que se ha pasado con algunas copas de más. – Soltó Bill frunciendo sus labios y yo sonreí. – Acaso… no, nada.
– ¿Acaso qué? – Repetí en una pregunta, alzando una ceja. Apretujé su mano entre la mía y con mi mirada, le indiqué que continuara.
– Oh, que… no sabía que Andreas era homosexual. – Respondió observándome fijamente.
– Ah, eso. – Suspiré desanimado. – Si, él es abiertamente homosexual. Por culpa de él y su puta alcoholización de todos los sábados, a mí me ha follado un tío de la calle.
– De acuerdo, no hacía falta que me recordaras ese detalle, chiquillo. – Respondió Bill, sonriendo irónicamente. Tomé su rostro con una de mis manos y besé sus labios lentamente.
– Muero de sed. ¿Podríamos entrar y beber algo? – Pregunté relamiéndome mis labios. Bill soltó mi mano y rodeó mi cuello con su brazo. Amaba que lo hiciera, ya que aquella era la posición en la cual, él me protegía. – Así me gusta.
– No me agrada mucho la apariencia de esta fiesta. – Opinó Bill seriamente, apretujándome todo lo que logró contra su cuerpo. – A mí también me ha dado aquel mal presentimiento.
– Joder… ya lo había olvidado. – Me quejé y rodeé su figura con mi brazo.
– Déjalo, es solo cosa que nosotros comprendemos. – Me tranquilizó y comenzamos a caminar hacia la entrada de la casa de mi mejor amigo. La música se oía completamente fuerte, tanto que llegaban a dolerte los tímpanos –exagerando, claro-. Sin despegarme de Bill, nos adentramos a la casa, en la cual, todo un conjunto de personas se encontraba bailando desenfrenadamente, en lo que, se puede llamar, pista de baile. Fruncí mis labios y Bill acarició mi hombro. Ambos, nos acercamos hacia lo que era una barra, y tomamos dos vasos de bebidas energizantes. Luego, nos acercamos hacia un sofá que se encontraba despojado, y ambos, nos desplomamos sobre él, optando por comenzar a besarnos importándonos una mierda todo lo demás.
Coloqué mis piernas sobre las de Bill y ladeé mi cabeza, intensificando aquel beso. Bill dirigió sus manos hacia uno de mis glúteos, acariciando suavemente aquella zona. Nuestros músculos gustativos se frotaron con frenesí y comencé a sentirme completamente acalorado.
– Te amo, chiquillo. – Dijo Bill contra mi oído, debido a que la música tapaba cualquier cosa que omitiera sonido alguno. – Me vuelves loco.
– Estoy completamente excitado, Bill. – Ronroneé en su oído y luego, besé su cuello.
– ¿Sabes dónde hay un baño, chiquillo? – Preguntó Bill nuevamente, contra mi oído y yo asentí con mi cabeza. – Dime dónde está y allí haremos lo que tú quieras.
– Oh, mierda. – Dejé el vaso con un poco de bebida energizante sobre una pequeña mesa, y me coloqué de pie, tomando a Bill de la mano. Comenzamos a caminar entre toda la multitud descontrolada, hasta llegar al pasillo de la casa de mi mejor amigo. – Espera, ¿no es mejor ir a su habitación?
– Hmn, claro. No lo había pensando. – Respondió contra mi oído y sonreí. Giramos hacia la derecha, hasta llegar al fondo del pasillo, en donde se encontraba la puerta de la habitación de mi mejor amigo. Tomé el picaporte de la puerta y girándole, empujé la puerta, adentrándonos ambos en la habitación. Cerré la puerta y me acerqué hacia la mesa de noche que se encuentra junto la recámara, quitando de un pequeño cajón una llave. El sonido de la música se había amortiguado un poco y se oía mejor. Me acerqué a la puerta y coloqué la llave en la cerradura, dándole dos vueltas. Dejé la llave sobre la mesa de noche nuevamente y me acerqué a Bill.
– Bien, todo se encuentra bajo control. Andreas no dirá nada sobre esto. – Sonreí y rodeé el cuello de mi psicólogo con mis brazos. – De acuerdo, hagamos lo que tanto deseamos.
– Tú lo has dicho, chiquillo. – Sonrió Bill y ambos, caímos sobre la recámara de mi mejor amigo. Bill se colocó entre mis piernas y llevó sus manos hacia el comienzo de mi playera, jalando la tela hacia arriba, quitándola por completo de mi cuerpo, lanzándola al suelo. Esta vez, fui yo quién llevé mis manos hacia el comienzo de su playera, jalando hacia arriba hasta quitarla de su cuerpo. Ambos sonreímos y Bill se dedicó a soltar el botón de mis pantalones, para luego, jalar de ellos. Quitó mis zapatillas, y luego, deslizó mis pantalones por mis piernas. Con un poco de esfuerzo, se dedicó a quitarse sus botas, para luego dejarlas junto a la recámara. Desabotonó sus ajustados pantalones, y ambos, ya nos encontrábamos en bóxers.
Le dio la vuelta a mi cuerpo, y yo extendí mis brazos hacia adelante. Sentí cómo lentamente retiraba mis bóxers y dejaba mi cuerpo completamente expuesto. Giré mi rostro y observé que se estaba quitando los bóxers, así qué, me mordí el labio inferior, por inercia. Cuando finalizó con la única prenda que vestía su cuerpo, se colocó sobre mi anatomía, rozando mi entrada con su erección.
– Hmn… – Gemí de puro gusto, hundiendo mis dedos en aquella frazada de piel de color bermejo. Sí, mi mejor amigo es tan… ‘así’ que hasta frazadas de su estilo tiene. – Aah… hazlo.
– Tranquilo, chiquillo. No hay prisa; acabamos de llegar. – Respondió él tranquilamente y yo estaba que iba a estallar. – Pero si así lo deseas…
Sonreí. Pero de un instante a otro, Bill penetró mi agujero con su masculinidad sin alerta alguna. Solté un estruendoso gemido y él, se quedó quieto en mi interior.
– Hmn… joder… – Jadeé apretujando la frazada con mis manos, cerrando mis ojos con la excitación impregnada en mi sistema. Luego de unos segundos, Bill comenzó a embestirme lenta y suavemente, sin apresurarse demasiado. Recostó todo su pecho sobre mi sudada espalda y estiró sus brazos, tomando mi mano con la suya. Entrelazó nuestros dedos, y luego de dejar un beso sobre la piel de mi nuca, comenzó a embestirme más rápido, logrando que mi cuerpo ascendiera y descendiera al compás del suyo. Joder, que tocaba las estrellas cada vez que Bill me hacía esto. Sentía siempre como las corrientes eléctricas azotaban mi cuerpo, sin permitir que sintiera más que la pasión y la lujuria carcomerme vivo. Bill es mi vida.
– Acabaré… – Gemí apretando mis ojos fuertemente. Sin percatarle de nada, exploté, humedeciendo la frazada de piel con mi semilla. Luego le diría a Andreas que fue un accidente; él me comprendería, es mi mejor amigo. Bill soltó un jadeo y luego, explotó en mi interior. Solté un último gemido y permití que mi cuerpo se desplomara completamente sobre la tela de piel. Bill salió de mi interior y se desplomó a mi lado, observando hacia el techo. Me acerqué a él y deposité mi cabeza sobre su pecho, sintiendo su acelerada respiración.
– Te amo, chiquillo. Te amo con locura. – Dijo él rodeando mi figura con su brazo.
– Yo te amo mucho más. – Besé su pecho y regresé a mi antigua posición.
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Por narrador omnisciente.
El rubio recorría toda su casa, desesperado, deseando encontrar a la persona que estaba sacándole de sus casillas.
– ¿Dónde está Thomas, Nicholas? – Preguntó un Andreas completamente cegado por la ira.
Su amigo frunció los labios y negó con la cabeza. – No lo sabes… ¡no lo sabes!
– Tranquilízate, Andreas. – Dijo una muchacha delgada, acercándose al rubio. – Me pareció verle con una tía de rastas bicolores. Creo que se dirigieron hacia tu habitación.
El rubio observó a la muchacha y ella torció la boca.
– Oh… no. Demonios. – El rubio comenzó a caminar entre la pequeña multitud de gente que había en la sala, y se dirigió hacia el pasillo. Giró hacia la derecha, corriendo, y llegó hasta su habitación. Se dispuso a tomar el pomo de la puerta, pero escuchó el sonido de una llave y muchas risitas del otro lado de la puerta. Y cuando menos lo imaginó, su mejor amigo abrió la puerta, encontrándose con el rubio.
– Andreas. – Sonrió nervioso el de rastas, intentando no ser tan estúpido ante una persona que se encontraba en estado de alcohol. – ¿Qué te trae por aquí?
– ¡Salgan de mi habitación, malditos asquerosos! – Exclamó señalando hacia afuera. Tom y Bill pegaron un respingo y como el rubio se los había ordenado, salieron de la habitación.
Andreas comenzó a exclamar cosas inentendibles y se adentró a su habitación, en busca de algo. Se acercó a su mesa de noche, y de otro cajón, quitó un revólver. Bill tomó a Tom de la mano, y este, se aferró al cuerpo de su psicólogo. – ¡Son un asco, malditos!
Andreas apuntó hacia la pareja a la cual les estaba diciendo de todo. Recargó el arma, y se dispuso a jalar el gatillo, pero Nicholas se colocó en el medio y su cabeza fue quien recibió la bala.
– ¡¡Nicholas!! – Exclamó Tom observando el cuerpo inerte del que también era su amigo. –Nicholas… no.
Bill se alejó de Tom, acercándose al cuerpo del amigo de su pareja, y Andreas notó aquella acción. Recargó el arma y apuntó directamente hacia el estómago de Bill.
BOM.
Un estruendoso sonido se dejó oír en aquel ambiente silencioso. Tom exclamó como un desesperado y se acercó a su psicólogo, que esta vez fue quien recibió el balazo de Andreas, en su estómago.
– ¡Bill! – Dijo cuando se arrodilló junto a su psicólogo, tomando su rostro con sus manos. –Bill… aguanta. ¡Una ambulancia, por favor!
Todos los que se encontraban en el pasillo, quitaron sus celulares de sus bolsillos, llamando todos a la vez a un hospital.
– Bill… – Llamó Tom en un hilo de voz, tomando la mano de Bill. – Resiste, por favor.
– Tom… – Logró decir Bill y llevó su mirada hacia su estómago. Su blanca playera se había tornado de color bermejo. Tom negó con la cabeza y comenzó a lagrimear. – No resistiré, chiquillo…
– No, Bill. Debes resistir. – Dijo Tom desesperado, con su rostro inundado de lágrimas. –Debes quedarte aquí, no debes abandonarme. Recuerda la ayuda que necesito de ti, recuerda cuánto te necesito, recuerda que…
– Te amo, chiquillo. – Sonrió Bill y sus ojos se cerraron lentamente. Tom comenzó a remover el cuerpo de Bill, intentando que reaccionara.
– Bill… Despierta. No debes abandonarme, Bill. – Lloró Tom sobre el pálido rostro de su psicólogo. Pero Bill, no reaccionaba. – ¡No puedes abandonarme! ¡No puedes! ¡No puedes dejarme, Bill!
La mano de Bill se soltó de la de Tom y cayó junto a su cuerpo.
– Te amo, Bill. – Susurró Tom en un hilo de voz, pero su psicólogo no le respondió. -¡BILL!
F I N
Bueno, acá está. Nunca creí haberlo terminado así, pero sabía que tenía que hacer algo totalmente distinto a lo que vengo haciendo. No siempre todo tiene su final feliz. Para terminar con psico, les quería agradecer a todas por leer la fic & seguirla cada vez que Bianqi & yo subíamos.
Quiero saber lo que opinan, si lloraron, si se enojaron & esas cosas nada más. :B Okei, sin más ni más, me retiro. Hermosas. ♥