«Psicología perfecta» de infectedsecret
Capítulo 6
Por Bill
– Gracias por traerme a casa, Bill. – Sonrió Mark bajando de mi auto. – Llámame cuando te
encuentres en tu apartamento.
– Claro. – Asentí sonriendo. – Mañana te veo, ¿verdad? Da igual. Adiós, Mark.
– Adiós, Bill. – Respondió luego de soltar una pequeña risita.
Di marcha a mi automóvil y me alejé de su casa. Aún no comprendo por qué continúa su ‘relación’ con Lena. Es su “pareja”. Ella es obsesiva y siempre busca el modo de controlar a mi mejor amigo. Hay veces que me cuestiono: ¿Cómo puede continuar soportándola? He oído algunas de sus discusiones y ella es completamente caprichosa. Y ahora que mi amigo siente esto por su paciente, ¿cómo continuará disimulando su amor por ella? Si me encontrara en su lugar, le diría que no podría continuar más con algo que no posee sentimiento por parte de ninguno de los dos. Bueno, es que tengo suerte de no ser un tío tan hermoso que se consigue una mujer de un día para otro. Soy un tío que no depende de mujeres, no depende de pareja. Soy un tío soltero. Además, ¿quién buscaría relación con un tío como yo? Parezco una muchacha, una de esas que se regalan, según mi mejor amigo en estado ebrio. Sí, él se emborracha y habla de mi apariencia. Lo sé, no tiene sentido, pero si me tomo las cosas en serio de alguien, son las de mi mejor amigo. En fin, mi mejor amigo cuenta como un papel bastante importante en mi vida. Es la opinión que más me interesa.
Bien, ¿por qué hablo de estas gilipolleces? Cuántas cosas sin sentido dices, William Trümper.
De un momento a otro, apreté el freno todo lo que pude y mi automóvil dio un estruendoso salto y un chillido agudo salieron de las ruedas. Oh, bien, Bill. Casi más asesinas a una persona por pensar en otra cosa y no prestarle atención a la carretera. Y encima, una avenida, no carretera.
– Deberías tener más cuidado, jovencito. – Dijo un anciano acercándose a mi ventanilla.
Alcé la vista y mis ojos dieron con los suyos, que se encontraban entrecerrados por su edad.
– No querrás ir a prisión por asesinar a este anciano, ¿verdad?
– Lo siento, señor. Tendré más cuidado. No volverá a ocurrir. – Me disculpé en un tono suave y el anciano sonrió, alzando su bastón en señal de aceptación a mis disculpas.
Suspiró y pronto, lentamente, se alejó.
La luz del semáforo se tornó verde y giré mi automóvil hacia la derecha, deteniendo mi andar justo frente de la casa de mi padre. Y aún en donde yo me alojaba.
Apagué el motor y me quedé quieto por un momento. Joder, mi cabeza era un campo de entrenamiento, de esos en donde te lanzan balones y tú tienes que atraparlos porque si no, te quitan un pedazo de cuerpo. Bueno, así me siento yo. Parece que el destino me lanza millones de balones. Uno detrás de otro, sin detenerse para permitirme respirar. Maldita sea, soy psicólogo, tengo que resolver esto antes de que mi cabeza estalle.
– ¿Cómo te llamas? – Pregunté.
– Tom. – Dijo con una hermosa sonrisa en sus labios.
¿Qué es lo que te ocurre con ese niñato, Bill? ¿Acaso… te gusta? Oh, no, no, no. Eso no puede ser posible. No puede gustarme un niño de dieciocho años, no… y menos si es mi paciente, no, claro que no… no es… Pero si es así, ¿por qué no logro dejar de pensar en él? ¿Por qué analizo sus problemas en mi mente todo el tiempo? ¿Qué ocurre con Tom? Es un joven agradable, no lo dudo, pero… joder, es menor, es mi paciente, no puede gustarme… es un niñato.
Golpeé mi cabeza contra el volante de mi automóvil y maldije en voz baja. No puede estar ocurriendo esto. Maldición.
– Billy, pequeño. Acércate. – Me levanté de la silla en la cual estaba sentado y me puse de pie junto a la cama, en donde ella reposaba. Era mi madre.
– ¿Sí? – Dije tomando su fría mano entre las mías, permitiendo la transmisión de un poco de calor.
– Respóndeme algo. – Tosió un poco y me observó detenidamente. – ¿Ya sabes qué es lo que quieres en un futuro?
– ¿Qué? – Pregunté sorprendido. ¿Desde cuándo se adentraba al tema del ‘futuro’? – ¿Por qué me lo cuestionas?
– Te he visto con un niño en la salida de tu escuela. Logré convencer a tu padre de recogerte y te vi. – Quedé estático y solté su mano debido al golpe/impacto de sus palabras.
Ella lo sabía. Y falleció en silencio, ocultando ese secreto. Ella calló por mí. Y eso es lo que más me culpabiliza ahora. Siempre me había protegido, pero eso a mí, no me agradaba. No siempre debía ser el niño consentido de la familia. Aún así, con esa idea de recordárselo día y noche, mi madre no cambiaría ni aún se lo suplicaras de rodillas.
– ¿Problemas, hijo? – Casi más, mi corazón colapsa al oír la grave voz de mi padre. Tomé mi pecho, a la altura de mi corazón, y levanté mi cabeza, observándole mientras respiraba agitadamente.
– Gracias por lograr que tu único hijo casi falleciera de un infarto. – Dije sarcásticamente, observando su mueca serena y tranquila.
– Noto que tienes problemas, ya que no has oído la puerta de tu automóvil abrirse y luego cerrarse. – Respondió seriamente, sin dejar de lado su mueca tranquila.
– Estaba pensando en mamá. – Dije bajando mi tono de voz. – Ya sabes… la extraño increíblemente.
– Oh… tu madre. – Suspiró desviando su mirada.
– Le recuerdo bastante últimamente. – Respondí y él asintió con la cabeza. – Es muy extraño recordarle tanto.
– Es normal. No deberías sorprenderte, William. – Respondió evadiendo todas mis respuestas.
– ¿Continúas llamándome William? Ya te he dicho. Llámame Bill, papá. – Me quejé observando mis uñas.
– William. – Repitió y bufé molesto. Joder, si hay algo que odio de mi padre con toda mi alma, es que me llame por ni nombre completo.
Fruncí el ceño y negué con la cabeza. Hace veintitrés años que no deja de llamarme William, cuando todos los que me conocen, lo hacen. Es muy serio para una relación de padre e hijo, ¿no creen? Yo opino que sí. Todo el mundo me llama Bill, menos él. Menos Gordon Trümper, mi padre. Que me llame así, no me agrada. Es mi padre, debería haber un mísero calificativo que lograra describir nuestro lazo familiar.
Gordon es muy serio, de allí se destaca mi personalidad tan… formal. Fui educado así desde muy pequeño, y por mi padre, ya que mi madre, estaba muy enferma desde aquellos momentos. Ella siempre le pedía a Gordon que cambiara para mí. Además, siempre me aclaraba: No quiero que salgas rayado como tu padre. Yo siempre reía ante tales ocurrencias de mi madre. Luego de todo, un poco de razón poseía. Bueno… más que un poco. ¡De acuerdo! Mucho.
– ¿Algo más debes llevarte? – Preguntó Gordon de pie en el umbral de la puerta de la cocina, al mismo tiempo que yo, acababa de acomodar las últimas cosas en unas cajas.
– No, está bien así. – Sonreí poniéndome de pie.
– Hoy pasó por aquí la inmobiliaria, así que, tu apartamento ya se encuentra amueblado. Lo único que hace falta son tus cosas y tu ropa. – Dijo y yo sonreí. Había sido la única vez que no me llamó William en dos oraciones.
– Qué extraño. No me llamaste William. – Dije riendo y él carraspeó, cambiando de posición.
– Hablé tan rápido que lo olvidé, William. – Dio media vuelta y se adentró a la cocina. Yo dejé de sonreír y rodé los ojos.
– ¿Por qué no te quitas esa jodida costumbre de llamarme William? – Me quejé yendo hacia la puerta de la cocina, en donde mi padre se encontraba preparando un café.
– ¿Te agradaría un café? – Preguntó evadiendo mi queja completamente. Joder, que cuando hacía eso, le odiaba.
– No me cambies de tema, te he hecho una pregunta. – Reproché cerrando mis puños, al mismo tiempo en que apretaba los dientes dentro de mi boca.
– Tú no me has respondido si quieres un café o no, William. – Respondió tranquilo, entrecerrando los ojos.
– ¡He dicho que dejes de llamarme William! – Exclamé tomando una taza de la alacena, lanzándola hacia el suelo, donde se quebró en mil pedazos.
– Era la taza que tu abuelo te había obsequiado cuando eras un crío, Bill. – Dijo y yo, tenía ganas de ahogarle con una bolsa de consorcio. Me llama Bill luego de quebrar la taza que mi abuelo difunto me obsequió, ¡es un idiota! Pero, me guardé las ganas de golpearle.
– Tu pareja no aceptará tanta violencia. – Dijo y me quedé de a cuadros. ¿Novia? Sería lo último en mi vida.
– No tengo novia, papá. – Aclaré seriamente. – Y no quiero tener una. Las mujeres son mucho para mí. No creo poder valorarlas lo merecido.
– Yo no he hablado de mujeres, Bill. – Respondió y tomó su taza de café. – Nunca le especifiqué.
– ¿Qué dices? – Pregunté sorprendido.
– Tal vez no sea una novia. Puede ser libremente un hombre. – Esperen. ¿Gordon Trümper había dicho eso?
– ¿Qué? – Me encontraba atónito. Estaba que no caía a tierra firme.
– Sabes de lo que hablo. Y sabes lo que opino al respecto. – Respondió entrecerrando los ojos, bebiendo un sorbo de su café.
– ¿Insinúas que…? – No logré acabar la frase, ya que mi padre asintió con la cabeza antes de que pudiera acabar.
– No importa si eres homosexual, Bill. – Respondió.
– ¡Papá! – Exclamé en su cara. ¿Cómo podía decirme eso? ¿Cómo podía tan solo imaginarlo?
– Lo supuse cuando me dijiste que estabas pensando en tu madre. – Comenzó a decir. – Al decirme eso, imaginé que recordabas cuando ella dijo que te vio. Y eso, me lleva a la respuesta de que estás pensando en un hombre.
Él lo sabía. Sabía que había estado con un niño cuando tenía tan solo doce años. Lo sabía y nunca me lo había dicho. Y tampoco lo he notado.
– Tú lo sabías… y nunca me has dicho nada. – Dije con mis ojos abiertos, observando el suelo.
– No tenía qué decirte. Eras mayor y podías hacer lo que se te antojara. – Respondió tranquilo.
– Me iré. – Fue lo único que dije y me dirigí a la sala de estar por las cajas de mi mudanza.
– Junto a la salida están las llaves de tu apartamento. – Dijo desde la cocina. – Dile a Yulia que te ayude con las cajas.
– Yulia. – Llamé elevando la voz, al mismo tiempo que tomaba una caja, oyendo unos tacones dar contra el suelo. Pronto, ante mí, estaba ella. Nuestra criada, y mi nana desde que soy un pequeño crío.
– ¿Sí? Dime qué necesitas. – Sonrió acomodando su vestimenta.
– Necesito llevar estas cinco cajas hasta mi automóvil, Yulia. – Respondí señalando las demás cajas que se encontraban sobre el suelo.
Me acerqué hasta la puerta de la salida y tomé las llaves que estaban colgadas junto a ella.
Luego de mi mudanza, será un gran día. Mañana veré a Tom, nuevamente.
Y aquí vamos de nuevo, Tom en mi alocada cabeza.
Continúa…
Tal vez, sea más aburrido que el anterior, pero los detalles, eran necesarios para los próximos capítulos que se vienen bien cargaditos (?) :B Okei, me voy a avisar y a seguir transcribiendo. Espero que les guste. <3