Secretos de la mafia 12

Fic Toll de BitchUnleashed

Capítulo 12

Tom estaba sentado en el living con su laptop en el regazo. Revisando unos contratos y algo de papeleo virtual. Tenía que presentarlo todo al día siguiente y por suerte ya casi acababa, solo le faltaban por leer unas tres o cuatro páginas cuando oyó el motor de un coche estacionando en la entrada. Que extraño… si no le habían notificado nada es porque era alguien conocido.
No tardó en abandonar el trabajo y salió al porche a ver de quien se trataba. Se sorprendió al ver a Bill y Bob allí.

—Hola.— Sonrió el menor. Por suerte lucía menos enojado que días atrás…

—Hola.— Le devolvió el saludo serio.

—Hola Tom…— Murmuró Bob. Tom le devolvió un asentimiento.

—¿Quieren pasar?— Preguntó dudoso.

—Si.— Asintió Bill.

—Yo les espero aquí.— Negó Bob apoyándose en el capó del auto de brazos cruzados.

Tom frunció la boca hacia un lado y no le quedó más que asentir y dejar pasar a Bill. Se sentaron en el sofá grande del living y el pelilacio no tardó en comenzar a hablar.

—He venido a pedirte disculpas… El otro día te traté muy mal y no lo merecías.— Dijo en voz baja. —Estaba muy shockeado por la noticia y…

—Bill, no tienes que disculparte.— Interrumpió Tom. —Te entiendo perfectamente.

—No, enserio. Tienes razón, tenemos que comenzar de nuevo.— Asintió con una sonrisa muy suave.

Tom sintió como que se le venía el mundo abajo. Decir él que no, era muy fácil, Bill podría hacerlo cambiar de opinión sin problemas. Pero si el que se rendía era Bill…

—¿Si?— Preguntó desilusionado.

—Si… Lo he comprendido. Lo que hicimos en el pasado fue inconscientemente. No sabíamos que éramos… hermanos.— Explicó costosamente. —Pero ahora que lo sabemos es como una nueva oportunidad, y debemos tomarla.

—Sssi…— Asintió lentamente.

—¿Te parece bien?— Preguntó sonriendo.

—Si, si.— Asintió más enérgico, aunque serio.

—Súper.— Sonrió emocionado. —Podríamos…

—Bill…— Sonrió Nora apareciendo con una bandeja con cafés.

—Nora.— Sonrió Bill levantándose, se acercó a la mujer y le dio un amistoso abrazo. —¿Cómo estás?

—Bien. ¿Has vuelto?— Preguntó con ilusión.

—No…— Negó Bill.

—Aún.— Completó Tom.

—¿Aún?— Frunció el ceño el menor.

—Ya que vamos a comenzar de nuevo… ¿Por qué no te mudas otra vez?— Sugirió con una suave sonrisa.

—¿De verdad?— Preguntó sonriendo.

—Claro. Nora ya extraña hacerte el desayuno…— Bromeó y la mujer asintió sonriendo.

—Pues… si.— Asintió sonriendo. Tom le devolvió la sonrisa.

—Ay, ustedes son la pareja más bonita.— Suspiró la cocinera con una amplia sonrisa y se fue dejando la bandeja de café en la mesa de centro.

Nadie en la casa Kaulitz excepto Saki y Tobi sabía de su lazo sanguíneo, y claro que sabían mantener la discreción.
Cuando la mujer se alejó dejando ese comentario flotando en el aire ambos se sonrojaron y no pudieron evitar echarse una fugaz mirada y reír por lo bajo.

Iba a ser algo complicado…

&

Al día siguiente Tom se encargó de ir a por Bill a la casa Trümper, cargaron las ocho maletas al R8 y mientras le esperaba con el coche en marcha el menor se despedía de su madre y su hermano, ambos del corazón…

—¿Seguro qué no prefieres venir conmigo a casa de la abuela?— Preguntó Lilian.

Los trámites del divorcio con Gordon ya habían comenzado y, en los meses que durara, ella ya se había mudado a casa de sus padres, explicando penosamente todo el repentino drama familiar.

—No ma.— Sonrió Bill negando. —Debo darle una oportunidad a Tom.— Explicó en voz baja.

—Te voy a extrañar…— Suspiró ella abrazándole.

—Nos vamos a seguir viendo a diario…— Rió por lo bajo. —No exageres.

—No será igual.— Insistió.

—Te amo ma.— Sonrió mirándole y le besó una mejilla.

—Y yo a ti bebé.— Le acarició una mejilla y le dejó en manos de su hijo biológico.

—Bien Bill.— Sonrió Bob no muy conforme con la situación. —Si ese estúpido te molesta solo tienes que llamarme y…

—¿Le cortarás los huevos y se los harás comer?— Preguntó sonriendo ampliamente.

—¿Te lo ha contado?— Preguntó sorprendido.

—Fue un secuestro… Divertido.— Definió sonriendo suavemente. —Tuvo sus momentos…— Recordó al difunto David. —Pero en general no fue tan traumático.— Rió por lo bajo. Bob le sonrió.

—Te quiero eh.— Le abrazó amistosamente. —Siempre serás mi hermanito.— Le murmuró contra el cabello.

—Y tú mi hermano mayor.— Sonrió Bill y luego se separó. —Espero que me vayan a visitar…

—No se si somos bienvenidos…— Murmuró Lilian viendo de reojo al Audi.

—Es mi casa.— Anunció Bill. —Yo decido quien es o no bienvenido.

—Si ¿no?— Sonrió Bob.

—Claro.— Alzó los hombros. —Así que vayan…— Los otros dos asintieron. —Adiós.— Sonrió.

—Hasta pronto cariño.— Sonrió su madre.

—Chao Bill.— Le guiñó un ojo su hermano.

Bill les sonrió una vez más y tomó otra maleta del suelo y finalmente se subió al auto.

—¿Otra más?— Se quejó Tom viendo la valija. —¿Qué tienes, una fábrica textil?

—No…— Frunció la nariz. —Además es pequeña.— Se excusó enseguida. Era por lo menos, la mitad más chica que el resto. —Y es una mudanza permanente ¿no? Tenía que traer toda mi ropa… Y mis cosas.

—Yo podía comprarte.— Alzó los hombros arrancando hacia la salida.

—Ya se, Tom.— Sonrió. —Pero no es necesario.— Aseguró y no se dijo más nada en todo el camino.

Al llegar a la casa Nora fue la primera en recibirles y ofrecerse a ayudar a Bill a desempacar que aceptó encantado ya que era realmente mucha ropa.

Horas más tarde Nora tuvo que dejarle ya que debía preparar la cena, pero para cuando la misma estuvo servida Bill pudo acabar por si mismo de colgar todo en las perchas del vestidor de su habitual habitación.

Suspirando bajó al comedor donde ya le esperaba Tom con los platos servidos.

—¿Todavía falta?— Le preguntó este sonriendo divertido.

—No.— Sonrió Bill con autosuficiencia. —Ya terminé.

—Gracias a Nora…— Le picó.

—Bla, bla, bla.— Sonrió y se metió un bocado de Canelones a la boca.

Tom rió por lo bajo y comenzó a comer también.

&

Al día siguiente Bill se despertó muy temprano. Era muy extraño volver a dormir en esa cama, y mucho más hacerlo solo…
Se levantó y duchó como solía hacerlo hace tan solo unos días y entonces bajó al comedor encontrando allí a Tom esperándole para desayunar.

—Buenos días.— Le saludó este con una amplia sonrisa.

—Hola.— Sonrió sentándose en su lugar de siempre. —De vuelta en casa.— Bromeó y Tom rió por lo bajo. —No, en serio. Siento como si estos días no hubieran existido…— Confesó sin perder su dulce sonrisa.

—Pero si han existido.— Le recordó con pesar, tornándose serio.

—Lo se.— Murmuró desilusionado.

Quería empezar bien el día y ya había metido la pata.
Desayunaron en silencio y estaban terminando cuando Bill oyó unos ladridos.

—¿Es Scotty?— Preguntó con una amplia sonrisa.

—Si.— Asintió Tom sonriendo.

Bill se mordió los labios emocionado y dejando su café con leche sin terminar salió corriendo hacia el patio trasero donde su perro, que lucía incluso más grande, le recibió tirándosele encima y lamiéndole la cara.

—¡Scott!— Rió tendido en el césped con el can encima. —Scotty ya…— Le empujó y sentándose le abrazo. —Te extrañé, tonto.— Le sonrió acariciándole entre las orejas. —¿Tú me extrañaste?— El perro ladró. —Ay si, yo también te quiero.— Le sonrió ampliamente.

—Se le vio pachucho en estos días que no estabas…— Comentó Tom desde el porche.

—Es que le hice falta.— Bromeó.

—Si.— Asintió. “También a mí” pensó.

—Ahora que puedo salir podemos ir a pasear por el centro.— Le sonrió al perro. —Y quizás te consiga una novia ¿eh? ¿Qué opinas?— El perro ladró nuevamente.

—No quiero más cachorros aquí eh…— Advirtió enseguida.

—Solo dije novia, no familia.— Rodó los ojos.

—Como sea, cuidado con eso.

&

Se había duchado y había bajado a tomar un té antes de ir a dormir. Hace casi dos semanas que Bill se había mudado definitivamente como su hermano y había noches, como esa, en que le costaba conciliar el sueño sabiendo que le tenía tan cerca y a la vez tan lejos…

Estaba a mitad del pasillo del segundo piso, dirigiéndose a su habitación cuando oyó los gritos provenir desde la última puerta del lado izquierdo. La habitación de Bill.

—¡Muérete!— Le oyó decir a todo pulmón y se oyó el estruendo de algún jarrón romperse en mil pedazos contra el suelo. —¡Ahg!

Frunció el ceño y sin importarle estar en pantuflas y desarmado echó a correr a la habitación entrando estrepitosamente y respirando aliviado al ver a Bill sano y salvo, arrodillado sobre la cama y mirando con atención por el borde de esta hacia el suelo.

—¿Qué ha pasado?— Le preguntó acercándose, el menor se incorporó y volteó a mirarlo.

—Hay una rata.— Susurró señalando debajo de la cama, no pasando por alto que el mayor solo vestía unos pantalones de chándal grises y traía el torso al descubierto…

—Ahh…— Susurró y se sentó en una esquina de la cama con los pies sobre ella. —¿Por eso gritabas?— Le preguntó en voz baja.

—Si, odio las ratas.— Asintió volviendo a su posición, a tratar de ver si el roedor salía de su escondite.

El mayor alzó una ceja viéndole inclinarse más y con ello alzar el trasero. El menor solo llevaba puestos una camiseta ajustada, como todas las que tenía, y sus típicos boxers oscuros. Tiene un trasero tan bonito…Pensó suspirando. Redondito y un poco respingón, perfecto.

—Se ha metido bajo la cama cuando la quise atrapar con el florero.— Explicó el menor en susurros.

—¿La quisiste atrapar?— Rió por lo bajo.

—Bueno, le lancé el jarro queriendo matarla.— Rodó los ojos sentándose sobre sus talones y regresando a mirar a Tom. —Haz algo.— Le exigió alzando una ceja.

—¿Yo?— Bill asintió. —¿Y yo por qué? Mejor llama a Scotty, dile que se la coma…

—No es gato.— Negó con los ojos entrecerrados. —Y además, esas cosas tienen enfermedades.— Señaló el suelo.

—¿Por qué hablamos así?— Preguntó frunciendo el ceño. Seguían susurrando…

—Para que crea que no estamos y salga y la atrapes.— Explicó volviendo a husmear bajo la cama.

—¿Y no te parece que sería mejor que crea que nos hemos olvidado de ella? Las ratas viven entre nosotros normalmente.

—Mm, es verdad.— Asintió ya en voz alta. —Si tienes razón.— Tom sonrió suavemente. —Bien… Si, la rata no está… Ya se fue.— Dijo inclinándose por el borde de la cama, como tratando de que el animalejo le oyera mejor. —¿Crees que entienda alemán?— Preguntó curioso. Tom empezó a reír. —¿Qué?— Le miró sin comprender.

—No se si entienda alemán.— Bromeó. —¿Por qué mejor no hablas tú en idioma ratón?— Sugirió sonriendo divertido.

—¿Existe el idioma ratón?— Frunció la nariz. Tom rió nuevamente, entonces Bill tomó un almohadón y se lo lanzó sin miramientos. —Eres un idiota.— Rió. —Te estás burlando de mí.— Se quejó cruzándose de brazos.

—No, ya basta.— Sonrió. —Probablemente la cosa esa ya se ha ido y no la hemos visto.

—¿Y si no se fue?— Alzó una ceja. —No quiero dormir con ratas.

—Bueno, ve a la habitación de huéspedes.— Resolvió alzando los hombros.

—Y aquí quedan todas mis cosas. Mi ropa Tom.— Insistió. —La morderá…

—¿Y qué quieres que haga?— Cuestionó desconociendo la respuesta.

—Pues atrapa a la rata y mátala.— Se descruzó de brazos extendiéndolos mientras elevaba el tono de voz en la última palabra.

—Estás loco.— Bufó levantándose de la cama y tomando a Bill por un brazo suavemente. —Mañana llamaré al fumigador y ninguna otra rata te molestará ¿si?— Prometió tirando de él fuera de la habitación, cerrando la puerta al salir para que ningún roedor escapara.

Bill solo pudo resoplar y seguir a Tom hasta una habitación al otro lado del pasillo. Más cerca de la habitación del trenzado, pero sin las comodidades a las que su habitación le tenía acostumbrado. Por empezar todo era más pequeño, los metros cuadrados, el armario, la cama…
El mayor se encargó de abrir las sábanas de la cama de una plaza y esponjar la almohada para entonces “escoltar” al pelilacio bajo las sábanas y arroparle como todo un hermano mayor modelo.

—¿Sobrevivirás?— Le preguntó de broma, pero el menor no estaba de humor. —Hey, solo es por esta noche.— Aseguró con una suave sonrisa. —¿Tan malo es?

—La cama es pequeña.— Se quejó suavemente. Sacando sus brazos por encima de las mantas, dejando estas hasta su pecho.

—Lo siento, pero el otro cuarto de huéspedes que tiene cama matrimonial se ha convertido en tu habitación.— Sonrió arrodillándose junto a la cama. —Solo podría ofrecerte que duermas en mi habitación…— Bill alzó las cejas, no creyendo lo que oía. —Y yo aquí, por supuesto.— Aclaró de inmediato.

—Ahh…— Murmuró desilusionado, entonces no. —No, está bien…— Negó y suspiró bajando un poco más las mantas. La cama enserio le parecía pequeña. —Rata de mierda.— Resopló.

—Bill la boca.— Frunció el ceño. Excepto en situaciones “extraordinarias”, no le agradaba que Bill, o su Bill, se expresara de ese modo.

—¿Qué?— Alzó los hombros.

—No me gusta que hables así….

—Pues así hablo yo.— Contestó de mala manera.

¿Qué le había dado a Tom? ¿Un repentino ataque de hermano mayor? Era ridículo. Hace un mes le pedía por más, y entre maldiciones, mientras se lo tragaba hasta el fondo… Ahora le molestaba que dijera “mierda”.

—No me contestes.— Frunció el ceño.

—No jodas.— Bufó.

—Respétame.— Exigió molesto.

—Oblígame.— Murmuró apoyándose en sus codos con una mirada decidida.

Se sentía estúpido discutiendo desde la cama mientras Tom se veía más grande de lo que era en el suelo a su lado. Pero no lo calculó bien y sin querer terminó tan cerca del rostro del mayor que sus alientos se mezclaban.

Se derritió ahí mismo. Su mirada se suavizó al instante que su respiración se agitaba un poco. Y Tom no se alejaba… Al contrario, se inclinó un poco y sus labios se rozaron…

Continúa…

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