Secretos de la mafia 13

Fic Toll de BitchUnleashed

Capítulo 13

Bill respiró profundo y cerrando los ojos presionó sus labios contra los del trenzado, que increíblemente no se alejó como esperaba que hiciera. Todo lo contrario, con una mano le tomó suavemente por la mejilla y comenzó a besarle suavemente.
Su corazón enloqueció en su pecho y separó los labios esperando que entrara en su boca como sabía hacer, pero en vez de eso el mayor inhaló aire violentamente y se alejó.

—Lo siento…— Jadeó Tom amagando levantarse, pero Bill le tomó por un brazo y, antes de que lograra escapar, tiró de él haciéndole sentarse en el borde de la cama. —Bill…

—No, espera.— Murmuró sentándose también, quedando frente a él. —Quiero decirte algo.— Tom le miró. —Se que dije que debíamos empezar de nuevo… Pero solo fue porque creí que tú querías hacerlo.

—Y si quiero…— Remarcó enseguida.

—Pero yo no.— Le interrumpió. —En realidad a mí no me importa si somos hermanos, primos, o victimas y victimarios…— Tom se mordió los labios reprimiendo una sonrisa, bajando la mirada. —Nada de eso me importa. Porque la verdad es que ya está todo hecho…— Murmuró.

—Bill eso…

—Espera.— Le silenció. —Lo que diga un papel o quien sea no hará que lo que pasó no haya pasado.— Continuó en voz baja. —Ya nos besamos, ya hicimos el amor, ya nos amamos… Y por más que intentemos con todas nuestras fuerzas ser hermanos, sabes que no nos va a salir.— Sonrió amargamente. —Porque no somos hermanos…

—No.— Susurró sin mirarle.

—Bob y yo lo somos. Y no tenemos la misma sangre, pero somos hermanos y siempre los seremos.— Explicó. —En cambio tú y yo si tenemos una misma sangre, pero no fuimos ni somos ni jamás seremos hermanos. Entonces quiero que sepas que puedes decir que somos hermanos, puedes seguir ignorándome…— El mayor le miró. —Puedes hacer lo que desees Tom, pero no intentes ser mi hermano.

—Solo quería hacer lo correcto.— Murmuró mirándole a los ojos. Disculpándose mudamente.

—No existe tal cosa.— Sonrió. —Ya no…— Negó. —A esta altura no tengo idea de nada.— Suspiró. —Y te amo…— Le recordó. —De eso si estoy seguro.

—Pero ¿cuál es el precio de todo esto?— Preguntó amargamente. —¿Estar juntos a escondidas por el resto de nuestras vidas? No podemos Bill, es demasiado…

—Claro que podemos.— Frunció el ceño. —Lo hemos hecho durante más de dos meses y nadie se ha enterado.

—¿Y eso quieres? Vivir en un eterno secuestro…

—Te quiero a ti, no me importa como.— Se arrodilló y le tomó por las mejillas. —Te amo Tom. ¿Qué parte no comprendes?

—Claro que comprendo. Yo también te amo.— Frunció el ceño. —¿O crees que no?

Bill sonrió ampliamente y emocionado le rodeó el cuello con los brazos besándole desesperadamente, recibiendo finalmente aquella lengua dentro de su boca. El mayor le tomó por la cintura y le acarició sin miedo al fin, gimiendo contra sus labios cuando sintió que el menor se le sentaba en el regazo con las piernas a los lados y se mecía suavemente. Con firmeza, le tomó por la cadera deteniéndole y separó sus labios suavemente.

—Yo también te amo.— Susurró Tom, sus labios aun se rozaban y ninguno abrió los ojos. —Y es por eso que no quiero que sufras…

—No hay manera de que eso suceda si tú estás conmigo.— Aseguró abriendo los ojos y besándole suavemente una vez más. El trenzado le acarició una mejilla.

—No te pongas gay ahora, por favor.— Susurró sonriendo.

—Tú lo haces.— Rió suavemente. —¿Cómo que no quieres que sufra? Cumple con tu papel de victimario.— Bromeó.

—Tú se una buena victima y hazme caso.— Sonrió y le besó una vez más antes de empujarle lejos de su regazo. —Duerme.

—Quédate conmigo.— Pidió abriendo las mantas y metiéndose bajo ellas, haciéndole un espacio.

—Bill, tampoco podemos burlarnos…— Negó.

—Solo dormir.— Aseguró en tono de cansancio. Tom suspiró.

—Entonces vamos a mi cama.— Murmuró levantándose.

Bill asintió sonriendo y salió de la cama de un salto siguiendo al trenzado hasta el final del pasillo del lado derecho. Nunca había entrado a la habitación de Tom. Era extraño si, pero nunca había sentido curiosidad ni nada… Simplemente pasaban la mayoría del tiempo en su habitación o en el resto de la casa…
Así que entró y lo primero que hizo fue mirar alrededor. Sonriendo suavemente al notar el presente estilo victoriano con un toque de modernidad y otro toque de Tom.

—¿Por qué no me invitaste antes?— Preguntó curioso.

—No lo se.— Mintió. Porque este era mi centro de vigilancia” , pensó.

Durante el “secuestro” ahí, en la mesa del rincón que ahora estaba vacía, había tenido los monitores con los que vigilaba a Bill y los cuales gracias a ellos había podido salvarle de David. Pero, en cuanto el menor se fuera, había mandado a quitar las cámaras de la habitación y todos los monitores y artefactos descansaban en el sótano.
Ahora, con la habitación libre de evidencias, es que se atrevía a invitar al pelilacio al interior.

Se metieron a la cama, que era tan o más cómoda que la de Bill y enseguida este buscó su refugio entre los brazos del trenzado, quien le acogió al instante.

—¿Estamos bien?— Preguntó alzando el rostro, apoyando una mano en el pecho de Tom.

—Lo estamos.— Asintió este sin expresión alguna.

—Pero… ¿Estamos juntos?— Insistió. Quería estar seguro para no meter la pata.

—Si.— Sonrió suavemente y le acarició el cabello. —Pero vamos con calma ¿si?— Bill asintió. —Tenemos que ver primero que haremos con tu familia y el resto del mundo…— Suspiró.

—Mi familia.— Asintió. —El mundo que se joda.— Sonrió y se inclinó para besarle en los labios suavemente.

—Buenas noches.— Murmuró contra sus labios y se separó estirándose un poco hasta la mesita para apagar la lámpara.

—Te amo.— Susurró Bill apoyando su mejilla en el pecho del mayor y suspirando.

—Te amo.— Sonrió acariciándole el cabello y cerrando los ojos para dejarse caer dormido.

&

Estaba aburrido. Desde que Tom le secuestrara había abandonado sus estudios y todavía no había retomado. Sentía que estaba soberanamente al divino botón en este mundo. No tenía nada que hacer…

Resoplando pensó que por suerte Bob le había llamado y le había dicho que en un rato le iría a visitar.

Pero mientras tanto tenía que entretenerse de algún modo ¿no? Había dado vueltas por toda la casa y terminó en el cuarto de Tom sin darse cuenta. Pensó que era una buena oportunidad para ver más a fondo que había ahí dentro. No iba a revisar, no. Solo iba a echar un vistazo…

Comenzó observando las fotografías, de Tom con su madre y su padre, con algunos amigos… Revolvió un poco los papeles en el escritorio de la esquina… Entró al vestidor…

—Ha, y luego el que tiene una fábrica textil soy yo.— Bufó viendo las cantidades industriales que había allí de tela en camisetas, jeans, trajes… Y miles de zapatillas y zapatos de todos los colores habidos y por haber.

Curioseó un poco los estampados de las camisetas de tallas grandes y al fondo entre ellas encontró una carpeta de CDs. Sería la música que a Tom le gustaba. La abrió sin dudar, esperando encontrarse con algo de rap o por el estilo, pero en vez de ello solo halló muchos CDs enumerados.

—Día uno, día dos, día tres…— Leía los rotulados, y seguía así hasta llegar a ‘Día 73’, luego de ese habían algunos que decían ‘Bill y Tom’ con marcador rojo.

Frunció el ceño preguntándose que sería. Eso no podía ser música…
Se mordió el labio inferior y, sin pudor, cerró la carpeta y corrió fuera de la habitación con dirección a la suya propia, cerró la puerta y se encerró en la sala de TV donde abrió la carpeta y buscó de inmediato el CD que decía ‘Bill y Tom’.

—¿Bill?— Dijo Tom de repente asomándose por la puerta.

—¿Qué?— Preguntó sobresaltándose, dejando la carpeta en el sofá, fuera de la vista del trenzado y acercándose a él. —Me asustaste.— Sonrió.

—Ha llegado Bob.— Le sonrió este suavemente. —Y no quiere entrar a menos que sea contigo.— Rió abriendo la puerta del todo y dejando a Bill salir de la salita de TV.

—Tenía que ser ‘Bobo’.— Sonrió el menor y parándose de puntitas le besó suavemente en los labios antes de salir corriendo hacia la entrada.

Recibió a su hermano con un fuerte abrazo y logró hacerle ingresar a la casa. Era la primera vez que Bob iba y le dio un tour por todo el lugar.

—Hey Bob, aquí entre nos…— Le hizo una seña de que se acercara. —Hay que reconocer que es una casa bonita…— Murmuró para que nadie más oiga. —Y la decoró Tom.

—Pues… si, tiene buen gusto.— Concedió en voz baja y siguieron por el jardín entre risas.

—¿Quieres ver mi habitación?— Le preguntó notado que no se la había enseñado aun.

—Claro, a eso vine. A ver en donde te tiene encerrado.— Bromeó.

Subieron al segundo piso y luego de mostrarle todo acabó por llevarle a la terraza.

—Esta es la mejor parte…— Sonrió Bill.

—No está mal.— Asintió sin querer darle demasiado crédito a Tom.

—¿Sería demasiado imposible que tú y Tom se lleven bien algún día?— Preguntó suavemente.

—Algún día…— Suspiró. —Lo podría intentar, por ti Bill.— Aclaró. —Pero no seré el que de el primer paso.— Advirtió enseguida.

—Los dos son unos tontos. No hay motivos de que se lleven así…

—Es una enemistad que lleva años hermanito. No la puedes romper así de fácil.— Sonrió divertido. Bill rió.

—Voy al baño.— Rodó los ojos sonriendo y entró a su habitación a una breve visita al sanitario. Salió y su hermano seguía en la terraza. —¿Quieres algo de beber?— Preguntó llamándole la atención. —Podemos merendar aquí si quieres.

—Seguro.— Asintió sonriendo y su hermanito asintió echando a correr fuera de la habitación, seguramente hacia la cocina.

Suspiró pensando que al fin de cuentas Bill parecía estar bastante bien viviendo con Tom. Demasiado bien para su gusto… Pensaba seriamente en que quizás ya habían congeniado solo un poco durante el secuestro y ahora habían terminado por sellar una amistad.

Regresó a la habitación viendo como mantenía el estilo del resto de la casa pero con todas las porquerías de Bill en cada rincón. Caminó por ella y llegó a la sala de TV que tanto le había llamado la atención, tenía que reconocer que debía darle puntos a Tom por ello, era ingenioso. ¿Quién tenía una habitación dedicada exclusivamente al PS y las películas? Más encima dentro de la propia habitación…

—Muy ingenioso.— Asintió en voz baja y husmeó un poco entre los estantes viendo los nombres de los juegos de PS.

Volteó dirigiéndose a los estantes de DVDs pero la carpeta sobre el sofá llamó su atención. Más bien el CD dentro de ella que decía ‘Bill y Tom’.
¿Acaso ya tenían filmes familiares? ¿Era un chiste? ¡No habían pasado ni tres semanas!

—Tienen que estar bromeando.— Resopló sacando el CD de la carpeta y poniéndolo en el reproductor de DVD que había bajo la enorme TV.

No tardó ni tres segundos en arrepentirse de haber sido tan curioso.

—No…— Jadeó sintiéndose mareado, sin poder apartar sus ojos de la pantalla y las imágenes que esta le mostraba.

Oyó a Bill entrar en la habitación anunciando que traía dos tazas de té y unas galletas recién horneadas que una tal Nora les había preparado pero ningunas de sus extremidades respondió y solo pudo quedarse ahí, apretando los puños y poniéndose rojo de ira.

—¿Bob?— Preguntó Bill entrando y abriendo los ojos de sobremanera al ver en alta definición y con el mejor audio del mercado una escena muy erótica de él y Tom haciendo el amor en su propia cama. —¿Qué… haces?— Preguntó en voz muy aguda y la bandeja con el té y las galletas se le zafó de las manos cayendo al suelo y volcando todo. Su hermano no respondió. —¡BOB!— Gritó saltando por encima del enchastre y corriendo a apagar el televisor.

—Tommm…

—Oh Dios… Bill, Bill… 

Seguía oyéndose a través del sistema Home Theater.

—¡No!— Exclamó sintiendo que le llenaban los ojos de lágrimas y desconectando todos los cables de un tirón. —Oh Dios.— Sollozó colocándose en cuclillas y escondiendo el rostro tras sus manos.

—Lo voy a matar…— Susurró Bob de repente.

—¿Bob?— Murmuró levantándose y mirándole con las mejillas empapadas.

—Lo voy a castrar.— Aseguró en voz baja mirándole con cara de psicópata. —Lo voy a… ¡Asesinar!— Gritó y de un momento a otro salió corriendo de la habitación en busca de un solo y explícito hombre.

—¡Bob!— Exclamó corriendo tras su hermano.

Corrieron uno tras otro por las escaleras hacia el piso de abajo y Tom no se hizo de buscar demasiado. Tan solo estaba en el living, sentado en el sofá mirando televisión.

—¡Tú!— Exclamó Bob y sin pensárselo mucho tomó al trenzado por el cuello de la camiseta y le plantó un buen derechazo en plena cara.

—¡Bob no!— Saltó Bill intentando detenerle.

Pero de un manotazo su hermano le aventó al sofá y antes de que pudiera volver a abrir los ojos, ambos, Tom y Bob, ya estaban revolcándose por el suelo entre patadas y puñetazos.

—¡Tobi!— Gritó sin saber que hacer, no podría detenerlos ni aunque les apuntara con un tanque. Esta era oportunidad que los involucrados en la pelea habían estado esperando por años. —¡Saki! ¡¡¡Alguien!!!

—¡Hey!— Exclamó Saki llegando primero, seguido de Tobi y otros dos hombres.

Entre los cuatro lograron separarlos y entre dos tomaban a cada uno, que jadeando seguían forcejeando por volver a enredarse.

—¡Suéltenme!— Gritó Tom y se lamió la herida que Bob había logrado hacerle en el labio, le sangraba.

—¡No!— Exclamó Bill. —No suelten a ninguno. Son unos críos.— Bufó secándose las lágrimas que aun tenía en las mejillas.

—¡Ha venido a atacarme sin razón!— Se quejó Tom.

—¡¿Sin razón?!— Exclamó Bob. —¡Maldito pedófilo, incestuoso, repugnante! Te voy a matar… Te lo juro Tom, de esta no te salvas.— Advirtió mirándole con odio.

El trenzado se quedó mudo inmediatamente. Si tenía razón… mucha razón. Se calmó rápidamente y sus hombres le liberaron viendo que no volvería a hacer ninguna estupidez.

—¿Le has contado?— Le preguntó a Bill en voz baja. Este le tomó de un brazo y se lo llevó al hall de entrada, lejos de los oídos de Bob y los guardaespaldas.

—Yo no le contado nada pero tus videitos han sido lo suficientemente gráficos.— Explicó en voz baja con una ceja alzada, con un tono demasiado severo para Tom.

—¿Qué videos?— Preguntó con miedo. —¿Estuvo revisando mi habitación?— Preguntó ahora molesto.

—Yo los tomé pero ese no es el problema. El problema es que se te ocurrió grabarnos cuando hacíamos el amor y sin mi permiso.— Le acusó entrecerrando los ojos. —¡¿Qué mierda tenías en la cabeza?!— Le empujó furioso.

—No fue a propósito, fue sin darme cuenta.— Confesó, realmente no había tenido esas intenciones.

—Ah claro, escondiste una cámara en mi habitación y la encendiste justo cuando follábamos y ¡oh! No te diste cuenta…— Ironizó. —¡Eres un maldito!— Le empujó de nuevo.

—Cálmate. Hablo en serio. Solo eran cámaras de seguridad, las puse durante el secuestro para tenerte vigilado. No tenía idea del giro que daría la situación…— Explicó en voz baja. Bill le miró desconfiando.

—Ese CD no llevaba reproduciéndose más de cinco segundos, me fijé muy bien. Es imposible que en cinco segundos hayamos hecho todo lo que… llevábamos haciendo.— Recordó que la escena era de cuando estaban a pleno…

—Ahm… Okay…— Tosió incómodo. —Hice algunas… ediciones especiales.— Confesó sonrojándose y desviando la mirada.

—Eres un asco.— Susurró. —No puedo creer que me hallas hecho esto.— Murmuró dándole la espalda, se sentía muy decepcionado.

—Bill, lo siento.— Murmuró acercándose, rodeándole con sus brazos suavemente. —Perdóname, por favor…

—No Tom.— Negó revolviéndose. —Me has humillado… delante de Bob.— Le miró dolido. —Nunca me sentí tan decepcionado.— Confesó suspirando y regresó al living dejando a Tom consternado y sin creer que realmente Bill no fuera a perdonarle…

Continúa…

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