Secretos de la mafia 3

Fic Toll de BitchUnleashed

Capítulo 3

Entró solo a la tienda y le atendieron muy bien como en la tienda anterior. Compró todo lo necesario, desde boxers hasta medias e inclusive un bonito cinturón que vio por ahí y le sería útil. Una vez en caja salió a llamar a Tom y este ingresó rápidamente a pagar con su tarjeta de crédito de montos ilimitados.

—¿No te olvidas de comprar nada?— Le preguntó volviendo a sonreír cuando salieron de la tienda, cargando las bolsas al maletero junto con las demás.
—Creo que no.— Sonrió aliviado. Tom no estaba enojado.

Volvieron a subirse al auto y notando que pronto iba a caer el atardecer decidieron regresar al aeropuerto y, luego de subirse al jet y ocupar los mismos asientos, partieron de regreso a Alemania. Estaban terminando de ver la película cuando Tom oyó el estómago de Bill protestar.

—¿Tienes hambre?— Le preguntó con su habitual sonrisa, únicamente dirigida al menor.

—Si.— Confesó este algo sonrojado.

Tom le dedicó una sonrisa aún más amplia y llamó a la azafata que enseguida les trajo unos bocadillos y jugo de naranja.

—Come esto hasta que lleguemos a casa y puedas cenar bien.— Sonrió Tom ignorando a la azafata que se le insinuaba desde el final del pasillo. Pero Bill no pudo hacerlo.

—¿Te la has tirado?— Le preguntó en voz baja, engullendo un sándwich de pan de miga.

—No fue nada.— Aseguró en voz baja igualmente, quitándole importancia al asunto con un gesto.

—¿No fue bueno?— Sonrió divertido.

—Nada.— Susurró frunciendo los labios y el menor rió. —¿Quieres ver otra película?— Preguntó sonriendo.

—Seguro.— Asintió y tomó un poco de jugo.

La nueva peli comenzó y para dar mejor ambiente, ya que era una película de terror, Tom ordenó bajar las luces. Entretenido estaba, en una escena donde el asesino perseguía a la rubia de senos grandes, cuando sintió un tibio peso caer suavemente sobre su brazo y hombro. Volteó a mirar y sonrió mordiéndose los labios al ver a Bill dormido apoyado en él. Lucía exageradamente tierno, con la boquita entreabierta echándole el cálido aliento a través de la ropa y algunos mechones de cabello tapándole los ojos de largas pestañas.
Suspiró y con cuidado le colocó los mechones detrás de la oreja para luego acariciarle una mejilla y lentamente pasar un brazo por su espalda logrando que el menor se acomodara en su pecho y el pudiera besarle el cabello con satisfacción.

Cuando finalmente llegaron a Alemania y aterrizaron en su propio hangar Bill seguía dormido, hasta le había rodeado la cintura con los brazos y parecía muy cómodo allí, prácticamente sobre él.
Sonriendo se paró con cuidado de no despertarle y le tomó en brazos bajando del jet y sentándose en la parte trasera del Audi aun con el menor descansando entre sus brazos. Pensó que tenía el sueño profundo y al llegar a la casa le bajó del coche dificultosamente, una vez más en brazos y le llevó a la habitación, donde le recostó en la cama tras quitarle las zapatillas y sin poder, o querer, contenerse se quitó también las zapatillas y se recostó a su lado.

Se quedó un rato observándole, admirando como el reflejo de la luna le daba una belleza única y sonrió ampliamente cuando Bill giró y suspirando volvió a acomodarse sobre su pecho.
Alzó una mano y con mucho cuidado comenzó a acariciarle el cabello, embobado como nunca… Se atrevió a besarle la frente y se maldijo cuando notó que despertaba.
Apoyó su mano en la espalda del menor mientras este fruncía el ceño y le temblaban los párpados antes de finalmente abrirlos mientras respiraba profundamente.

—¿Tom?— Murmuró con voz ronca, extrañado de hallarse casi encima del mayor.

—Hola.— Sonrió este. –Ya estamos en casa.

—Ah…— Musitó y volvió a apoyar su rostro en el pecho del mayor, sintiendo como este subía y bajaba lentamente e incorporándose bruscamente. –Lo siento.— Susurró sentado junto al trenzado, frotándose la cara con las manos.

—Está bien.— Sonrió sentándose también y calzándose. —¿Quieres cenar?

Bill asintió sin mirarle. Sentía sus mejillas arder y solo permanecía cabizbajo, fingiendo estar adormilado, escondiendo el rostro tras su cabello. ¿Se puede saber que rayos hacía encima de Tom?

—En seguida traigo algo.— Dijo Tom y se fue de la habitación.

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• Día 7 •

—Irgendwie, irgendwo, irgendwann…— Cantaba Bill al ritmo de la música que escuchaba en el equipo, tirado en el sofá de su habitación leía una revista moda.

—¡BILL!— Gritó Tom escandalosamente entrando en la habitación de repente.

—¡Ah! ¡¿Qué?!— Exclamó asustado lanzando la revista al aire sin darse cuenta volteando a ver al trenzado…. Mientras este rompía a reír.

—Nada.— Rió acercándose. Bill suspiró.

—Por Dios, eres un idiota.— Bufó cruzándose de brazos.

—¿Cómo estás?— Sonrió sentándose a su lado y besándole sonoramente una mejilla. Ya le había visto en la mañana, pero no iba desaprovechar la oportunidad.

—Bien.— Murmuró mirando a un lado. —¿En dónde estabas? Estoy aburrido…— Se quejó dejándose caer contra el respaldo del sofá.

—Hablando con Bob.— Explicó mirándole con una bonita sonrisa cuando el menor se incorporó.

—¿Ha venido?— Preguntó esperanzado.

—No. Ha ido a mi antigua casa. Bueno, sigue siendo mía.— Sonrió. –Todos creen que estás ahí, así que quiso entrar pero no le dejé.

—¿Por qué? No estoy ahí.— Frunció el ceño.

—Pero ‘Bobo’ no lo sabe y no quiero que lo sepa, así que sostendré la mentira todo lo que pueda.— Sonrió, Bill bufó.

—No le digas ‘Bobo’, ‘Tomto’.

—De acuerdo, princesa.— Sonrió y rió cuando el menor le miró alzando una ceja. –Es ‘Bobo’ o Princesa.

—¿Qué tal Bill y Bob? No son nombres complicados…

—Bill y ‘Bobo’.— Negoció. El pelilacio suspiró.

—Bien.— Farfullo. —¿Y de qué hablaste con él?

—¿Con ‘Bobo’?— Bromeó y rió al verle rodar los ojos. –Me ofreció dinero y cuando le rechacé dijo que iba a cortarme los huevos y me los iba a hacer comer. En mi opinión, tu hermano tiene una extraña y dolorosa fijación con mis testículos.— Dijo alzando una ceja. Bill rió.

—Es un poco sádico.— Sonrió. –Le hecho mucho de menos…— Confesó mirando el suelo. –Y a mamá, y papá…

—Yo también.— Murmuró apoyándose en el respaldo.

—¿Qué?— Frunció el ceño confundido.

—Que yo también hecho de menos a mi padre.— Explicó mirándole serio. Bill entendió que se refería a la muerte de Jörg Kaulitz.

—Lo lamento mucho.— Dijo en voz baja.

—Tú padre no estaría orgulloso de oírte decir eso.— Sonrió suavemente.

—Pero papá no está oyéndome y es la verdad. No se que haría si papá falleciera.— Alzó los hombros.

—Seguirías adelante, así como yo lo estoy haciendo.

—Soy una buena victima, pero no se si me valla tan bien de victimario.— Bromeó apoyándose en el respaldo nuevamente y haciendo reír al mayor. –Bob me ayudaría.

—Eso sin duda.— Sonrió y le miró a los ojos, observando como se iluminaban cundo hablaba de su hermano mayor. –Le admiras mucho ¿no?— Bill asintió tímidamente.

—Bob ha estado conmigo siempre, no tengo un solo recuerdo sin él. Él si que es indispensable.— Sonrió.

—Si, ¿sino quién te ayudaría a secuestrar niños?— Bromeó.

—Ya te dije que no soy un niño.— Sonrió con una ceja en alto.

Tom sonrió de lado. ¿Eso era lo que él creía? ¿O creía algo que no era? ¿Acaso Bill se le insinuaba?

—Seguro.— Rió por lo bajo.

—‘Tomto’.— Sonrió dándole un suave codazo.

—Oye.— Le llamó mirándole.

—¿Qué?— Volteó a verle y entonces Tom adelantó su rostro y le besó en los labios rápidamente sin que Bill pudiera hacer nada por evitarlo. —¡¿Qué haces?!— Preguntó escandalizado, limpiándose los labios y alejándose hasta pegarse al brazo del sofá.

—Ves que si eres un niño.— Sonrió y jugueteó con su piercing con la lengua.

—¿Qué?— Frunció el ceño.

—Si no fueras un niño aceptarías lo mucho que te gusto. Pero en vez de eso, te has alejado con ganas de más.

—¡¿Qué?!— Rió irónico, levantándose. –Me he alejado porque eres un pervertido. Ahora comprendo lo que buscabas encerrándome aquí. ¡Quieres abusar de mí!— Le acusó alejándose, caminando hacia atrás.

—¿Eh? Ay Bill, vamos, si hubiera querido violarte ya lo habría hecho.— Sonrió levantándose, tratando de acercarse.

—No te acerques.— Le señaló con el índice. –No se a que mierda esperas, pero no des un solo paso más.

Tom rió por lo bajo y negando dio media vuelta y caminó a la puerta.

—Cuando te calmes regreso.— Sonrió y le guiñó un ojo antes de irse.

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• Día 10 •

Al final ese día Tom no regresó, mando a la mucama con la comida de Bill y solo se atrevió a volver al día siguiente pidiendo disculpas que el menor aceptó pero sin creerle completamente.

Ahora ambos estaban almorzando en la terraza, disfrutando del día soleado que la primavera les regalaba.

—Tengo que viajar a Londres.— Soltó Tom de repente. —¿Quieres venir?— Bill alzó los hombros. –Demoraré en una hora o un poco más, pero luego podemos ir a dar una vuelta…

—Como quieras…— Murmuró sin inmutarse.

Tom le miró suspirando. Ya le había pedido disculpas, ¿qué más quería ese niño? Pensó mientras se levantaba negando.

—Salimos en una hora, por si te interesa.— Dijo serio y se fue de allí a paso apurado.

Bill le quedó mirando con el ceño fruncido. ¡Él era quien se sentía “ultrajado”! A Tom no le quedaba el papel de ofendido…

Una hora más tarde un guardaespaldas se presentó en la habitación para llevarle al hangar y eso no lo pudo soportar.

—¿Quién eres tú?— Preguntó frunciendo el ceño.

—David, es un placer.— Sonrió de lado el hombre.

—¿Dónde está Tom?— Preguntó mientras se montaban en un auto desconocido.

—En el jet.— Explicó secamente y no volvieron a hablar en todo el camino.

Cuando llegaron al hangar y pudo subir al jet, ahí dentro, sentado en el lugar de siempre estaba Tom ojeando unos papeles. Resoplando se sentó junto a él y se puso el cinturón para luego cruzarse de brazos.

—¿Todo bien?— Murmuró Tom sin alzar la vista. Bill no respondió, entonces el trenzado le miró finalmente.

—A ti ¿qué te importa?— Respondió Bill de mala gana y volteó a mirar por la ventana mientras despegaban.

—¿De nuevo esas contestaciones?— Preguntó Tom inclinándose al oído del pelilacio, olvidando los papeles, en realidad ya los había visto pero quería que el menor escarmentara.

—Déjame.— Bufó revolviéndose. –No quiero oírte.

—Te hubieras quedado.— Resolvió alzando los hombros.

—Perfecto, quiero bajarme ahora mismo.— Dijo y se quitó el cinturón, pero cuando se levantó Tom le empujó de nuevo al asiento.

—Quédate ahí sentado y no jodas.— Ordenó molesto. –Mocoso…— Bufó.

—Tarado.— Le sacó la lengua.

—¿Te das cuenta que solo eres un niño?— Alzó una ceja.

—Por supuesto que no.— Frunció el ceño.

—Si, se nota.— Rió por lo bajo y se quitó el cinturón para levantarse y luego de tomar los papeles nuevamente irse a la parte trasera del jet, donde los podría repasar con tranquilidad.

Cuando llegaron a Londres les recibió un Audi Q7 color negro, como todos, y se montaron en él con las mismas caras enfurruñadas que habían cargado desde que almorzaran. No tardaron mucho en llegar a un edificio en el centro y luego de estacionar en el parking de este Tom bajó del auto.

—¿Vienes o te quedas?— Le preguntó manteniendo la puerta abierta.

—Aquí estoy bien, gracias.— Contestó altivo.

—Vienes.— Asintió como si no le hubiera oído y se apartó para dejarle pasar. Bill se le quedó mirando. –Abajo.— Ordenó.

Bill bufó y sin otra opción bajó del coche. Caminó junto al trenzado y entraron al edificio que parecía ser una empresa de algo. Subieron hasta el último piso y allí Tom entró en una oficina con un guarda espaldas y le dejó esperando en el pasillo con dos más.

Rodó los ojos, estaba muy enojado. Quería desquitarse y no sabía como…

Al cabo de casi una hora Bill ya estaba aburridísimo, había terminado por sentarse en el suelo contra la pared y contar las pintitas que veía en el mármol del suelo.

—Doscientos treinta y cuatro, doscientos treinta y cinco, doscientos treinta y seis…

—Vámonos.— Sonrió Tom saliendo de la oficina con el guardaespaldas tras él.

—¡Al fin!— Suspiró Bill teatralmente, levantándose de un salto. –Me estaban saliendo raíces.— Exageró.

—Seguro.— Rió por lo bajo y le pasó un brazo por los hombros a lo que Bill le miró muy serio. –Olvida toda la mierda, estoy feliz.— Sonrió ampliamente. —¿A dónde quieres ir?

—No lo se.— Alzó los hombros. —¿Por qué estás tan feliz?

—Todo sale como yo quiero.— Explicó simplemente y tomaron el ascensor para regresar al parking. –El mundo no es tan cruel al final de cuentas…

—Estoy secuestrado, lejos de mi país y mi familia, por si no lo has notado…

—Bill.— Frunció el ceño mirándole. –Estás en Londres, a punto de ir a donde sea que se te antoje y sabes que solo tienes que pedir lo que quieras y te lo daré. No es como si realmente estuvieras “secuestrado”— Hizo comillas. –Tómalo como unas vacaciones lejos de tu familia.

—Que yo no quería tomar…— Alzó una ceja.

—Algún día me lo agradecerás.— Sonrió acariciándole el cabello y salieron del ascensor al llegar al parking. –Entonces ¿a dónde quieres ir?— Le preguntó cuando estaban en el auto.

—Ya te dije que no se.

—¿Qué quieres?— Sonrió.

—Una mascota.— Dijo lo primero que le vino a la mente.

Tom sonrió asintiendo y luego de darle una dirección al guardaespaldas que conducía salieron del parking y en menos de media hora aparcaban nuevamente pero en la puerta de una tienda de mascotas. Bajaron del coche y antes de ingresar Bill tomó al trenzado por un brazo.

—Solo lo dije por decirlo, no iba enserio.— Explicó mirándole.

—En realidad me gustaría hacerte este regalo, Bill. Ha modo de disculpa, no es tan divertido si estás enojado.— Sonrió suavemente.

—Lo se.— Murmuró mirando el suelo. –Creo que lo había olvidado, pero que mandaras al hombre ese en vez de ir tú a buscarme me lo recordó.— Explicó con una suave sonrisa, mirándole otra vez.

—Si, lo siento.— Se disculpó frunciendo un poco la nariz. –Fue a propósito, lo confieso.— Rió por lo bajo, acariciándole una mejilla, notando como el menor se ponía algo tenso. –No te sientas incómodo.— Sonrió apartando la mano. –Eres un muchachito muy atractivo…

—Hm ¿gracias?— Dudó sonrojándose.

—De nada.— Sonrió asintiendo. –Vamos.— Abrió la puerta de la tienda y le dejó pasar.

Continúa…

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