Secretos de la mafia 4

Fic Toll de BitchUnleashed

Capítulo 4

Estuvieron en la tienda alrededor de diez minutos mirando entre todos los ejemplares, había desde gatos hasta iguanas o serpientes. Y aunque casi todos le tentaban hubo un perrito que le flechó como si se tratara de cupido y Bill no pudo apartar sus ojos de aquel cachorrito negro con algunas manchas blancas.

—Ah, ese no es de raza.— Explicó el empleado despreciando al animal de grandes y profundos ojos negros. —Una señora lo trajo porque se lo había encontrado en la calle y no podía cuidar de él.

—Lo quiero.— Sonrió Bill ampliamente, mirando a Tom con ojitos brillantes. Este asintió de inmediato. —¿No es hermoso?

—Lo es.— Asintió el trenzado. Era un perrito adorable.

—¿Están seguros?— Preguntó el empleado. No podía creer que hubieran bajado de aquel cochazo y se decantaran por ese perro tan feo y más encima callejero…

—Si, ¿cuánto cuesta?— Preguntó Tom.

—Pues… diez euros como mucho.— Contestó abriendo la jaulita en la que estaba el cachorrito y sacándolo para entregárselo al adolescente.

—Hey.— Sonrió Bill tomándolo en brazos y amándolo desde ese mismo instante. —Eres lindo…— Susurró acariciándolo y caminando por la tienda con el animal en brazos.

Tom sonrió satisfecho y luego de pagar salió de la tienda con una bolsa donde había una correa y unos platitos donde le podrían dar de comer y beber.

—Espero que no valla a hacer pis en el auto.— Bromeó mientras subían. Bill rió y se sentó dejando al cachorro descansar en su regazo.

—No lo se. Tú quisiste comprarlo.— Rió suavemente.

—¿Cómo le vas a poner?

—Terry.— Alzó los hombros.

—¿Terry?— Frunció el ceño.

—¿Bruno?— Tom negó. —Hmm… ¿Scott?

—Scotty.— Sonrió.

—Scotty…— Lo pensó. —Si, me gusta.— Sonrió ampliamente. —Scotty.— Le sonrió al perrito aunque este no le miraba. —Gracias.— Le dijo a Tom, mirándole.

—De nada.— Sonrió este guiñándole un ojo. —¿Amigos otra vez?— Preguntó ofreciéndole el puño.

—Si.— Sonrió Bill chocando el puño con el suyo.

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• Día 15 •

Estaba en la terraza jugando con Scotty, Tom acababa de irse porque tenía “asuntos que resolver” así que esperaba que la mucama llegara con la cena.

—Scotty, ven.— Le llamó y el perrito reaccionó con rapidez corriendo a su lado. —Buen chico.— Sonrió acariciándole el lomo y el cachorro cerró los ojos como disfrutando de esa suave caricia.

—¿Bill?— Sonó una voz desde la habitación, era un hombre y no era Tom. Se levantó regresando y vio al guarda espaldas de la otra vez. —Ahí estás.— Sonrió. —Traje tu comida.

—¿Y la de Scotty?— Preguntó serio, ese no le caía bien. Siempre estaba mirándole extraño.

—Aquí está.— Dijo tomando los platitos violetas de Scotty del estante inferior del carrito.

—Gracias, puedes retirarte.— Dijo mientras se sentaba en la mesa y tomaba un poco de jugo. Pero el hombre se quedó ahí. —¿Qué necesitas?— Preguntó frunciendo el ceño, de repente se sentía un poco mareado. El hombre sonrió. —¿Qué…?— Miró la copa de jugo, ahora que la miraba veía unos diminutos grumitos arriba. —Oh…

—¿Estás bien?— Sonrió el hombre acercándose. Bill se levantó y retrocedió unos pasos sintiéndose desvanecer.

—Maldito…— Susurró antes de desmayarse y caer en los brazos de David.

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—Maldición.— Murmuró Tom notando que se olvidaba algo. —Regresa.— Le ordenó al conductor. —Me he olvidado el contrato.— Explicó.

Eso por tanto repasarlo. Lo había leído tantas veces que se lo había dejado olvidado en alguna parte de su habitación.
Ahora solo quedaba regresar.

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Lo venía planeando desde que le viera aquel día en el parque. Era él quien le había tomado en brazos y susurrado al oído, sintiendo el dulce aroma de su cabello y la tibieza de su cuerpo por encima de la ropa. En ese mismo instante, cuando Bill le pateara y lograra zafarse de él, se había prometido que no pararía hasta volver a tenerle entre sus brazos y hacerle el amor lentamente. Disfrutando de su cuerpo inocente y puro, virgen…

Había puesto en el jugo un polvillo que un colega le había conseguido y ahora le tenía ahí, tendido en la cama a su completa disposición. Estaría dormido pero no había otra opción, ahora tenía que apurarse y procurar no dejar ningún rastro. Esa misma noche se fugaría y nadie volvería a saber de él, pues también había robado dinero a su jefe con el que podría vivir como un rey por al menos dos años hasta que pudiera instalarse y empezar una nueva vida. Con el recuerdo de esta noche apasionada en la que hubiera poseído el cuerpo del hermoso Bill Trümper primero que nadie.

Le desnudó lentamente, acariciando y besando su piel. Poniéndose duro al verle nada más en ropa interior y lamiéndose los labios al verle desnudo.

—Al fin serás mío.— Susurró sonriendo, comenzando a desnudarse también.

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Bajó del auto corriendo y el primer lugar en el que se le ocurrió buscar fue su habitación. En algún lado tenía que estar… Chequeó en la cama, bajo ella, en la mesita, en los miles de cajones, hasta en el baño, y como un bobo no se dio cuenta de que estaba en el escritorio donde estaban los monitores con las cámaras de la habitación de Bill.
Riendo por lo bajo se acercó a tomar los papeles, pensando que tenía la cabeza en cualquier lado… Pero la risa se le esfumó al mirar el monitor número 3. El que enfocaba la cama…

—¿Qué mierda…?— Farfulló enfurecido. Arrugando los papeles en su mano y pateando la silla antes de salir corriendo.

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Una vez desnudo le separó las piernas y arrodillándose entre ellas se inclinó para besarle y lamerle el cuello mientras introducía un dedo en su esfínter, no quería hacerle daño…

—Mhm…— Oyó un suave gemidito ronco. Alzó la mirada sonriendo y vio como Bill luchaba por abrir los ojos. —No…— Susurró derramando una lágrima.

—Sh, sh… No temas.— Le susurró contra los temblorosos labios, moviendo ese dedo lentamente y sacándolo para volver a meterlo junto con otro.

—Déjame…— Sollozó el menor alzando una mano y acariciándole el rostro en un intento por arañarle. Se sentía muy débil y se temía que no podría defenderse por más que lo intentara.

—Seré bueno.— Sonrió y le besó la mano. —Lo prometo…— Dijo volviendo a besar su cuello.

Quitó los dedos y comenzaba a frotarse contra él cuando oyó un disparo. Alzó la mirada viendo como el picaporte de la puerta, la cual había cerrado con llave, estaba destrozado por el balazo y como la misma se habría con fuerza dejando entrar a su jefe.

—Aléjate de él.— Ordenó Tom serio, apuntándole con su 9 mm.

—Tom.— Musitó David sorprendido.

¿Qué hacía su jefe ahí? ¿Qué no se había ido? Estaba metido en problemas, graves problemas…

—¡¡Que te alejes!!— Gritó Tom dando un paso y agitando un poco el arma. —Te voy a matar maldito gusano traicionero.— Siseó enfurecido oyendo un pequeño sollozo de Bill. —Llévenselo de aquí.— Ordenó a los guardaespaldas que ya estaban en la habitación y de inmediato estos tomaron a David de los brazos y a rastras se lo llevaron lejos.

Respiró profundamente, sintiendo lo enfurecido que estaba, como el odio corría por sus venas. No podía creer que David le hubiera hecho eso. Era uno de los mejores hombres que tenía, con una puntería increíble y mucho ingenio para idear emboscadas… Era imposible.

Le iba matar, literalmente. A él si que le iba a cortar los testículos y se los iba a hacer tragar y saborear mientras le rogaba que parase. Iba a torturarlo hasta que muriera de dolor. Iba a sacarle los ojos para que no volviera a mirar a Bill, iba a cortarle las manos para que no volviera a tocarle, quebrarle las piernas para que no pudiera acercársele, iba a…

—Hhmm…— Sollozó Bill desde la cama. De inmediato corrió junto a él y dejando su arma en la mesita se recostó a su lado. —Tom…— Susurró con los ojos cerrados.

—¿Te duele algo?— Le preguntó preocupado. —¿Qué te hizo?

—No estabas…— Susurró aun bajo los efectos de la droga que David le había suministrado.

—Lo… lo siento.— Murmuró acariciándole una mejilla. —Lo siento.— Susurró maldiciéndose.

—Me dejaste con él.— Le recriminó suavemente, volteando el rostro a un lado sin mirarle.

—No…— Murmuró destrozado. —No, él es… un mal nacido. Es un maldito bastardo. Lo voy a matar Bill, te lo juro.— Prometió apoyando su frente en un hombro desnudo del menor. —Lo voy a hacer sufrir tanto… hasta que no me pida de rodillas y llorando que lo mate de una buena vez no voy a parar.

—No.— Negó en voz baja y giró todo su cuerpo hacia el mayor, abrazándole y escondiendo el rostro en su cuello. —No te vallas. Quédate conmigo.— Pidió entre susurros.

—Bill…— Suspiró abrazándole por la espalda. Era tan delgado y suave, parecía tan frágil… —Oh Bill…

—No me dejes… No me dejes, por favor.— Susurró apretándose contra él.

—Nunca.— Prometió presionándole a su vez contra su cuerpo. —Nunca más volveré a alejarme de ti.

Bill suspiró contra su piel y se separó suavemente para tomarle en brazos y poder recostarle bajo las mantas. Se quitó los zapatos y se metió junto a él, aceptándole nuevamente entre sus brazos. Suspirando mientras sentía la calidez del cuerpo desnudo del menor.

—Tom…— Murmuró este alzando el rostro, encontrándose de frente con el del mayor. No lo dudó en su estado y acercándose besó suavemente los labios del trenzado.

Este se quedó quieto y sorprendido. ¿Acababa de besarle? Pero… creía que no quería saber nada de él. ¿No le había hecho un berrinche cuando él le besara?

Iba a seguir haciéndose preguntas pero decidió que mejor se olvidaba de todas esas nimiedades y le respondía el beso al pelilacio ya que volvía a besarle suavemente.

—¿Estás bien?— Le preguntó preocupado. Quizás solo estaba fuera de si mismo por lo que usara David para dejarle en ese estado.

—Estoy asustado…— Explicó Bill en voz baja, mirándole con ojitos brillantes.

—Estoy aquí contigo, nadie volverá a acercarse a ti con malas intenciones.— Le aseguró acariciándole una mejilla. —No dejaré que nadie te haga daño…

—Gracias.— Susurró sonriendo. —Pero no me refería a eso…— Hizo un pequeño puchero.

—¿No?— Sonrió embobado. Bill negó lentamente.

—Yo… estoy asustado porque creo que me gustas.— Confesó haciendo que Tom sintiera su estómago y corazón dar un agitado vuelco.

—¿En serio?— Preguntó estúpidamente.

—Ajá…— Asintió. —Pero yo no… no lo se.— Suspiró.

—¿El qué?— Preguntó de inmediato. Él le podía hacer saber.

—No se…— Gimoteó escondiendo el rostro en su cuello nuevamente. —Nunca me ha gustado un chico.— Confesó sonrojándose, Tom podía sentir sus mejillas hirviendo. —No se que debo hacer.

—¿Y por qué no me dejas a mí hacerlo todo?— Sonrió levantándole el rostro por el mentón. Bill estaba sonrojado casi hasta las orejas. —Tú solo debes aprobar, o no, lo que yo proponga.

—¿Solo eso?

—Ajá. No es complicado ¿o si?— Bill negó sonriendo suavemente. —¿Puedo besarte?— Propuso.

—Si.— Aprobó en un susurro mientras cerraba los ojos y pronto sentía esos carnosos y tibios labios contra los suyos. —¿Ves que no soy un niño?— Susurró contra ellos.

—Lo veo.— Sonrió y volvió a besarle.

Pellizcó sus labios suavemente con los propios y, mientras le acariciaba una mejilla suavemente y bajaba una mano a su cintura, lamió sus labios con cuidado y, cuando Bill separó solo un poco los labios, introdujo su lengua lentamente.
Le rodeó por completo la cintura con su brazo pegándole a su cuerpo mientras recorría su boca suavemente, sintiendo esa tímida e inexperta lengua frotar la suya. Le oía respirar pesadamente y cuando sintió las manos del menor en su pecho le liberó

—Ah…— Jadeó Bill con su pecho subiendo y bajando. Le miró sonriendo sonrojado y Tom le besó una mejilla.

—Duerme un poco ¿si?— Sonrió contra su mejilla.

—¿Te vas a quedar conmigo?— Preguntó abrazándose a su cintura.

—Claro. Prometí que no iba a dejarte solo nunca más y voy a cumplir.— Aseguró contra su cabello mientras el menor se acomodaba en su pecho.

.

• Día 16 •

Al día siguiente Bill despertó algo mareado, le dolía la cabeza y sentía una incomodidad en el trasero. ¿Qué mierda había pasado?

Podía sentir sus brazos alrededor de un tibio cuerpo, cuyo perfume reconocía y le asustaba un poco. Aunque… ¿Por qué el estaba desnudo y Tom no? Eso si había sucedido lo que el creía. Y si había sido así, ¿por qué lo había permitido?

—Mhmm…— Se quejó abriendo los ojos lentamente. Ahí estaba, acomodado sobre Tom que dormía tranquilamente con un brazo alrededor de su cintura.

Podía ver su ceño fruncido y cuando le vio abrir los ojos de golpe recordó lo que había sucedido.

—David…— Susurró sintiendo que se le llenaban los ojos de lágrimas.

—Hey…— Murmuró Tom abrazándole de inmediato. —Él no está aquí…— Susurró contra su cabello.

—Tom…— Sollozó escondiendo el rostro en su cuello.

El mayor le abrazó con fuerza, susurrándole al oído que todo estaba bien, temiéndose que el menor no recordara lo sucedido entre ellos…

—Tranquilo…

—¿Por qué me hizo eso?— Preguntó sintiéndose miserable.

—Está enfermo.— Contestó serio. —Pero lo va a pagar Bill.

—Si…— Gimoteó sentándose en la cama y secándose las lágrimas. —Me las va a pagar…— Susurró enfurecido. —Yo mismo me encargaré.— Aseguró levantándose de la cama y corriendo a encerrarse en el baño.

Tom se levantó de la cama, siguiéndole preocupado pero solo recibió un portazo en la cara. Todo estaba jodido.

—¿Bill?

—Enseguida salgo.— Dijo este desde el baño. —Espérame.— Pidió mientras se oía el ruido del agua caer.

Tom se sentó en la cama suspirando, había prometido a Bill que no le volvería a dejar solo así que esperó pacientemente durante quince minutos en los que se puso las zapatillas y luego Bill salió vistiendo de negro de pies a cabeza y con el largo cabello atado en una cola media.

—¿Bill?

—Vamos.— Dijo este serio. —Llévame con David.

—¿Qué? ¿Estás bien?— Preguntó acercándose. Bill asintió y notando como sus manos temblaban ligeramente suspiró y le abrazó. —Tranquilo.

—Quiero un arma.— Gimoteó Bill aferrándose a su pecho.

—Bill, yo puedo encargarme…

—Quiero hacerlo.— Dijo alzando el rostro, mirándole a los ojos. —Quiero verlo y sentirlo.

Tom sonrió suavemente, acariciándole una mejilla y asintiendo le tomó una mano y le llevó fuera de la habitación. Bajaron las escaleras y en el pasillo de camino a la cocina pararon en un armario en la pared el cual abrieron. Había algunas escobas y otros instrumentos de limpieza colgados en la pared de frente. Tom corrió una franela en la pared lateral y había una pantallita táctil en la que Tom apoyó su mano y entonces la pared de frente se puso de costado e ingresaron en un ascensor que les llevó vario pisos bajo tierra, cuando bajaron de él pasaron a un pasillo largo e iluminado.
Bill siguió a Tom por el pasillo observando todo, guardando los detalles en su memoria. El pasillo terminó y luego de que Tom apoyara cada dedo en otra pantallita en la pared una nueva puerta corrediza se abrió y entonces ingresaron a un cuarto blanco con muchos estantes en las paredes donde habían armas de todo tipo. Desde revólveres de mano, pasando por cuchillos, hasta ametralladoras y algunos mini tanques que no sorprendieron al menor…

—Elige la que más te guste.— Concedió Tom colocando una mano en la espalda de Bill.

Este asintió y se acercó a los estantes. Observó todo con mucho detenimiento, sopesando los pros y contras de cada arma. Ideando en su mente que podría hacer con cada una. Al final se decantó por un pequeño revólver de mango de madera oscura y estructura de plata. Era elegante y justo lo que estaba necesitando.
Volteó mirando a Tom y este le sonrió de lado.

—Y quiero ocho cuchillas.— Dijo serio.

Continúa…

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