Fic Toll de BitchUnleashed
Capítulo 5
Tom asintió y se acercó al mostrador que había en el centro de la habitación, abriendo los delgados cajones que tenía, enseñando cuatro colecciones diferentes de doce cuchillas cada una.
Bill se acercó y señaló el segundo cajón, donde estaban las cuchillas de oro con mango bordado.
Tom asintió nuevamente y luego de colocar ocho de ellas en una funda Bill colocó el arma y salieron de allí. Regresaron al ascensor y subieron solo un piso.
Llegaron a un amplio salón poco iluminado donde bien al fondo en un rincón había tres guardaespaldas sentados en un semi círculo y delante de ellos había un hombre tirado en el suelo, rendido, con visibles golpes. Era David.
No tardaron en llegar a él y los tres hombres se levantaron de inmediato.
Serio en todo momento, Bill abrió la funda en una silla y, con toda la tranquilidad y bajo la atenta mirada de Tom y los guardaespaldas, tomo cuatro cuchillos en una mano y uno más en la otra.
—Hola Billy…— Sonrió cínico, David, respirando pesadamente desde el suelo. Había recibido una buena paliza por parte de sus ex compañeros.
El menor no respondió pero giró y le miró despectivamente. El hombre vestía solo los pantalones del traje que siempre usaba. Su pecho estaba manchado con la sangre que había caído de su nariz y estaba descalzo.
—Levántate.— Ordenó mirándole con una ceja alzada.
—Si, mi amor.— Sonrió y se levantó dificultosamente. Observando como Tom tomaba asiento en otra de las sillas.
—Aléjate.
—¿Te puedo dar un abrazo antes de que empecemos a jugar a los pistoleros?— Preguntó acercándosele.
—No.— Contestó Bill sin inmutarse.
—Vamos…— Sonrió acercándose más. –Si anoche lo pasamos bien…— Se acercó hasta casi estar pegado al menor y este alzó la mano en que tenía una cuchilla y se lo clavó en el abdomen sin dudar. —¡AHH!— Gritó retrocediendo. –Pedazo de…— Rió en una mueca de dolor.
—Si yo te digo aléjate, te alejas. Y si te digo que no, es no.— Dijo Bill con la vista fija en el suelo, enojado. –¡Ahora aléjate!— Bramó señalando el gran espacio a su alrededor con la cuchilla ensangrentada.
David le miró lleno de odio, pero luego sonrió y se lamió los labios para alejarse algo encorvado, con una mano en la herida de su abdomen.
Bill volteó lanzando la cuchilla “sucia” al suelo y tomó otra oyendo las risas suaves de los cuatro hombres detrás de él. Le hubiera gustado reír con Tom pero no iba a desconcentrarse así que suspiró y dejó todas las cuchillas sobre la silla.
—Necesito un asistente.— Dijo de repente mirando a Tom y los otros tres monos. Para su sorpresa todos levantaron una mano. Sonrió de lado. –El que sea.— Murmuró tomando la silla con cuidado y colocándola en el centro del lugar. Pronto Tom estuvo a su lado. –Tienes que alcanzarme las cuchillas o el arma cuando te diga.— Explicó mientras Tom se le acercaba aun más.
—Ten cuidado.— No pudo evitar decirle mientras le besaba en la sien.
Bill le miró sonriendo suavemente y volvió a enseriarse tomando un cuchillo y dando unos pasos al frente. David estaba a unos cuatro o cinco metros más adelante, sonriéndole asquerosamente.
—Cuidado con esos cuchillitos, te puedes cortar.— Sonrió David.
—¿Yo?— Sonrió Bill irónico. –Yo estoy muy bien, en cambio tú…— Rió por lo bajo y negó.
—Tienes una sonrisa muy linda…
—Gracias. Tú me das asco.— Sonrió. —¿Me harías el favor de moverte un poco?— Preguntó moviendo su mano hacia los lados enseñando a David el movimiento que quería que emplease. –Es más divertido así.
—Estoy bien aquí.— Negó el hombre. Bill se frotó los ojos en gesto de cansancio.
—Muévete.— Ordenó serio. El otro no hizo caso. Bill resopló y volteó a mirar a Tom. –Dame dos.— Dijo y el trenzado le tendió dos cuchillas de inmediato. —¿A dónde la quieres?— Preguntó sonriendo.
—¿Es en serio?— Sonrió. Bill asintió. –La rodilla.— Alzó los hombros.
Bill asintió sonriendo y apuntando a David lanzó una de las cuchillas que este esquivó riendo, pero mientras reía pillo el menor lanzó con velocidad y puntería de envidia acertando a la rodilla izquierda.
—¡AGH!— Gritó David cayendo al suelo mientras las lágrimas se le escapaban sin que lo pudiera evitar. –Maldito niño…
—Eres increíble.— Rió Tom. –Lo hiciste a propósito.— Apostó al primer tiro “fallido”. Bill le sonrió asintiendo y corrió hacia David.
—Te dije que te movieras.— Le sonrió inclinándose y quitándole la cuchilla de la rodilla sin inmutarse mientras David soltaba otro grito de dolor. –Deja de llorar.— Bufó regresando con Tom y lanzando esa cuchilla lejos también. —¿Ahora?— Preguntó tendiendo una mano sobre la que Tom depositó una nueva cuchilla.
—¡Saki! Di dónde.— Sonrió mirando al rubio grandote.
—La mano derecha.— Contestó este. –No lo vas a lograr.— Le desafió.
—Yo digo que si.— Sonrió Tom.
—Nah.— Negaron los otro tres. La mano era bastante difícil teniendo en cuenta la agilidad de los movimientos.
—Veamos.— Sonrió Bill volteando hacia David. –Levántate.— Le ordenó.
—Chúpamela.— Siseó este tomándose la rodilla. Bill suspiró.
—David deja de mariconear y levántate, vamos.— Dijo jugueteando con la cuchilla en su mano.
—Mátame ya ¿a qué esperas?
—Pero si lo estamos pasando bien… Anda, si te levantas ya no te tiro más nada.— Sonrió.
—Si estarás bueno condenado…— Bufó David levantándose con una dolorosa expresión.
—Estaría genial tener una de esas rudas de circo, para atarlo y lanzarle mientras gira.— Comentó Bill mientras tomaba él mismo otra cuchilla las cuales lanzó sin previo aviso mientras David se lamentaba con la vista fija en el suelo.
—¡AHHGG!!— Gritó de agonía sintiendo como recibía puñaladas en ambas manos y por el impacto se le clavaban a la pared de atrás dejándole como crucificado.
—No solo en la derecha, en ambas.— Sonrió Bill mirando a los tres hombres de atrás mientras estos le aplaudían riendo. –Dame las que quedan.— Pidió a Tom. Recibió tres cuchillas en mano y se acercó a David. –Estas manchando la pared.— Le dijo con una ceja alzada.
—No vales la pena, solo eres una nena que llora mientras le follan.— Rió adolorido.
—Pero no me has follado ¿cómo sabes eso?— Frunció el ceño. —¿Te das cuenta de que estoy jugando al circo contigo y ni siquiera te has dado el gusto de cogerme?— Le preguntó sonriendo.
David le miró con odio y entonces sintió como lanzaba dos cuchillas una a cada pie. Gritó una vez más y más lágrimas se le salieron. No podía creer que iba a morir en manos de un niñito que ni siquiera había podido violar…
—Me sobra una.— Suspiró Bill frunciendo la nariz. –Ya se.— Sonrió bajando la cuchilla. –Vamos a jugar un juego…— Dijo cortándole el botón del pantalón.
—No…— Susurró aterrado.
—Si.— Rió. —Mi hermano Bob tiene una meta en la vida, que creo que yo voy a cumplir primero que él.— Sonrió en voz alta y oyó a Tom reír. —¿Sabes qué? Mejor no.— Negó y volteó lanzando la cuchilla lejos y regresando con Tom. –He traído esta belleza, así que vamos a darle un uso.— Sonrió tomando el revolver.
Tom le devolvió la sonrisa ampliamente y entonces Bill giró apuntando a David a la cabeza. Este cerró los ojos suspirando, pensando que todo acabaría pronto.
—No seré tan bueno contigo.— Sonrió el menor bajando un poco el arma. –Tú no lo fuiste conmigo…— Hizo un falso puchero apuntándole a la entrepierna.
—Joder…— Susurró David maldiciendo el día en que se le ocurriera fijarse en ese crío. –No me diste tiempo a hacerlo.
—Jamás hubiera sido bueno.— Aseguró serio y en voz alta. –Es de este tamaño.— Hizo un gesto con la mano libre, acercando el índice y el pulgar, oyendo las risas de los cuatro detrás.
—Ven a verlo, apuesto que ni siquiera prestaste atención.— Sonrió David.
—Mamá y papá bala lo harán por mí.— Sonrió Bill y dio primer disparo. –Mamá ira por el izquierdo.— Dijo acertando al testículo izquierdo. –Y papá al derecho.— Finalizó acertando al otro.
David gritó como nunca antes. El dolor era demasiado y acabó por desmayarse, deslizándose inconsciente al suelo mientras sus manos y pies se desgarraban por las cuchillas clavadas en ellos.
Bill suspiró mirándole y volteó a ver a Tom. Todos estaban serios.
—Bien hecho.— Sonrió el trenzado acercándose, abrazándole mientras le quitaba el arma y la lanzaba al suelo. –Estoy orgulloso de ti.— Le susurró contra el cabello, besándoselo.
—Gracias.— Sonrió suavemente y alzando el rostro unió sus labios con los del mayor.
No lo podría olvidar nunca.
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• Día 30 •
Luego de que Bill asesinara a David las cosas cambiaron radicalmente. Su relación con Tom había cambiado por completo y ya no estaba obligado a quedarse solo en la habitación. Podía andar libremente por la casa y mandar a los empleados como si de un jefe más se tratara. Bill sabía que podría irse si así lo quisiera, pero… no quería.
—¿Qué pasa?— Le preguntó Tom sentándose a su lado en el sofá del living de la casa.
Bill llevaba un rato ahí con la televisión encendida pero sin mirar realmente.
—¿No sabes nada de Bob?— Preguntó en voz baja. Estaba algo deprimido respecto a eso.
—Me ha llamado.— Asintió, sonriendo suavemente cuando los ojitos del menor se iluminaron. –Me ha pedido por favor que no te haga daño.— Rió por lo bajo.
—Se preocupa por mí.— Sonrió mirando el suelo.
—¿Y yo no?— Bromeó.
—Si…— Murmuró sonriendo, rodeándole la cintura con los brazos mientras el mayor le pasaba un brazo por encima de los hombros y le besaba el cabello.
—¿Por qué ya no te maquillas?— Preguntó de repente.
—Porque no tengo maquillaje.— Alzó el rostro rodando los ojos. Tom sonrió y le besó en los labios. –Oye…— Se sonrojó.
Pero Tom solo rió por lo bajo y atrapó sus labios en un prolongado beso que Bill respondió torpe y tímidamente. Moviendo su lengua lentamente y dejando al mayor llevar el control en todo momento.
—Eres hermoso sin maquillaje.— Aseguró el trenzado al separarse y mirarle embobado.
—Eres tan gay a veces…— Rió escondiendo el rostro en su pecho.
—Hey.— Frunció el ceño. –Tú lo eres.— Sonrió y tomándole por los hombros volvió a besarle. –Gay.— Susurró contra sus labios mientras el otro reía y volvía a besarle.
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• Día 35 •
—Bill…— Le susurró al oído mientras el menor dormía. Se había recostado a su lado y entre besitos suaves y caricias trataba de despertarle. –Hey, Bill…— Sonrió y le besó una mejilla.
—Mhmm…— Gruñó el pelilacio colocándose de lado y alzando una mano golpeó a Tom en una mejilla inconcientemente.
—Auch.— Frunció el ceño quejándose en voz alta y entonces Bill comenzó a despertar.
—¿Tom?— Murmuró con voz ronca, parpadeando suavemente.
—Si…— Canturreó frunciendo la nariz. –Me pegaste.— Rió por lo bajo.
—Lo siento.— Sonrió suavemente, frotándose los ojos adormilado.
—Buen día.— Sonrió e inclinándose sobre su rostro le besó en los labios.
Bill frunció los labios y la nariz con una sonrisita y le devolvió el beso con dulzura, para luego sentarse contra las almohadas y acomodarse un poco el despeinado cabello.
—Feliz no cumpleaños.— Sonrió Tom tendiéndole una caja envuelta en papel de regalo un poco más chica que una caja de zapatos.
—Gracias.— Rió divertido. –No cumpleaños…— Se mofó en un susurro. —¿Qué es?— Sonrió agitando un poco el regalo.
—No, no.— Le tomó la muñeca con cuidado. –No lo agites.— Sonrió mirándole.
—¿Se rompe?— Alzó una ceja.
—Creo que si, no estoy seguro. Pero por las dudas…— Alzó los hombros.
—¿Lo abro?
—Si, es una idea ingeniosa.— Bromeó asintiendo y recibiendo un suave empujón por parte del menor.
Este rompió el envoltorio murmurando “para la suerte” con una amplia sonrisa y alzó las cejas sorprendido al descubrir que era una especia de neceser y al abrirlo ahogó un grito al encontrarlo lleno de maquillaje.
—¿Te gusta?— Preguntó expectante. Quizás esas no eran las marcas que Bill usaba, o les tenía alergia, o…
—Si…— Sonrió en voz baja, no sonaba muy emocionado. –Si, gracias.— Se mordió los labios.
Con todo esto de que era algo más que solo “la victima” para Tom no sabía como carajo comportarse y se había puesto estúpidamente tímido. Se odiaba por eso pero no lo podía evitar. Bastaba con que el trenzado le mirara para que se convirtiera en un tomate hirviendo.
—¿Si?— Dudó, no lucía demasiado… satisfecho. –Pero… ¿Si? Osea ¿si? ¿Te gusta?
—Si, si.— Asintió y le miró. –Me encanta.— Sonrió y juntando valor alzó un poco el rostro y le besó suavemente en los labios. –Gracias.— Y le besó otra vez, separándose rápidamente para admirar su regalo.
—¿Podrías agradecerme mejor no?— Le murmuró al oído, rodeando su cintura con un brazo.
Bill rió por lo bajo sonrojándose y volteó a mirarle con una suave sonrisa. Entonces Tom sonrió también y atrapó sus labios en un apasionado beso que el menor respondió sin titubear.
—De nada.— Bromeó Tom al separarse y entre risas volvieron a besarse.
Continúa…
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